miércoles, 18 de diciembre de 2013

DIÁCONO JORGE NOVOA: MARÍA Y EL VALOR DE LA PRONTITUD


Cómo el Padre preparó el momento maravilloso del nacimiento de su Hijo? La obra de Dios ha contado con la colaboración humana, hubo corazones abiertos a este designio eterno, que respondieron a la invitación generosamente. Dios iba a desembarcar en la historia humana, y necesitaba un lugar, que no era inicialmente físico.

Prontitud
La aceptación de la Virgen, su Sí, fue el que abrió las puertas a esta “locura amorosa” de Dios. La escena de la Visitación nos permite conocer otras cuentas de este collar, que Dios en el silencio fue uniendo, eslabón por eslabón, con su Providencia amorosa.

María sale presurosa (v.39), comenta el texto, evitando perder tiempo, podríamos decir nosotros, para ayudar a su prima. La prontitud será un sello distintivo de la Virgen. No queda envuelta en cavilaciones inútiles, haciendo lugar a pensamientos que siempre nos visitan proponiéndonos ocuparnos de nosotros mismos. La prontitud es una disposición del corazón que ama. El amor vuelve ligero lo fatigoso y ayuda a sobreponerse de la “ley de la gravedad”,que reclama el propio “yo”. “Prontitud” no es vértigo incontrolable, es la respuesta del amor ante la necesidad del “otro”.

La prontitud se vincula a los caminos de Dios, que sabemos por el profeta Isaías, “son insondables e irrastreables” y  despiertan el “asombro”. Dios no es una idea o una receta que detalla sus pasos, y que  incluso podemos anticiparnos a lo  que vendrá. Dios es imprevisible, amorosamente imprevisible. El Padre como fuente de  libertad, es  garante de la libertad para su criatura, y “su obra” es expresión de esta verdad.

Prontitud para relacionarse con Dios que nos sale al encuentro en diversas situaciones de la vida cotidiana, en las más simples o complejas. Dios se hace encontradizo, no juega a las “escondidas”, luego de la Encarnación se vuelve compañero de camino de todo peregrino. El tiempo y espacio, el mundo y la materia han quedado penetradas por el paso de Dios.

 María, nuestra Madre, nos enseña la importancia de “ponerse en camino” (v.39), esto expresa nuestra condición de peregrinos, que estamos dispuestos a caminar confiando en el Señor, aunque desconocemos lo que vendrá. 

Eco de esta actitud de la Virgen son las palabras de Madre Teresa:
Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el bastón. ¡Pero nunca te detengas!”



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