viernes, 26 de agosto de 2016

LA ANUNCIACIÓN (LC 1,28-29)


Lc 1,28-29
Y habiendo entrado el Angel donde estaba María le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Y cuando ella esto oyó, se turbó con las palabras de él, y pensaba qué salutación sería ésta. (vv. 28-29)

La salutación (v.28) Alégrate
La palabra griega chaire puede tener, en efecto, dos significaciones. Puede ser un simple saludo: "Salve", pero puede también tener la significación más fuerte, más grávida de sentido, de una invitación a la alegría.: Alégrate. Es interesante comprobar que la fórmula chaire, en los setenta, se presenta siempre en un contexto en el que se invita a Sión a la alegría desde una perspectiva de futuro (Jer 2,21-23; Sof 3,14-15; Zac 9,9). En la Anunciación el ángel utiliza la fórmula que emplearon los profetas, para invitar a la Sión escatológica a que se alegre por la salvación que Dios va a otorgarle.

Basándose en el texto hebreo, el P. Lauretin, piensa que las palabras del ángel "concebirás en tu seno" (Lc 1,31), corresponden a las de Sofonías 3,15, "Yahveh está entre tus muros" (literalmente en tu interior; los Setenta, "en ti"). María es descrita en varias ocasiones como la ciudad nueva de la presencia de Dios, el tabernáculo escatológico de la presencia de Dios en medio de los hombres.

En los Padres griegos y en la liturgia Bizantina, las palabras del ángel se han comprendido y explicado casi universalmente como una invitación a la alegría. Así San Sofronio escribe: ¿Qué dirá el ángel a la Virgen bienaventurada y pura? ¿Cómo le comunicará el gran mensaje? "Alégrate, llena de gracia el señor es contigo". Cuando se dirige a ella, comienza por la alegría, él, que es el mensajero de la alegría.

Algunos, manifiestan la presencia de esta acentuación en todo el Evangelio de Lucas (Lc 1,38.44.46ss) (Lc 2,10). Esto recuerda el tema de la Hija de Sión, la alegría que los profetas del AT le deseaban al Pueblo de Israel -a la mujer Sión- se propaga y va a concentrarse en una mujer individual, María, que reúne en su persona, por así decir, los deseos y las esperanzas de todo el pueblo de Israel.

El saludo del ángel, salve, “jaire”, en griego; “ave”, en latín” ha dado lugar a muchas interpretaciones. Por un lado, la más literal, del verbo “jairóo”, en griego, que significa alegrarse, ser feliz. Los romanos decían “ave”, en este sentido, como se ve en la burla que hacen los soldados romanos a Jesús en la Pasión:

Y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla ante él, le hacían burlas diciendo: “¡Salve, Rey de los judíos!”(Mt 27,29). Pero lo más probable es que San Lucas utilice “jaire” en el sentido de alegría mesiánica que tiene en otros libros del Antiguo Testamento, como por ejemplo:

¡Exulta sin freno, hija de Sión,
grita de alegría, hija de Jerusalén!
He aquí que viene a ti tu rey:
justo él y victorioso,
humilde y montado en un asno,
en un pollino, cría de asna (Zac 9,9; Jl 2,21-27, So 3,14-29).
Kecharitôménê (llena de gracia)

Un estudio sobre la historia de la exégesis de esta palabra, ha mostrado que la interpretación dominante en la antigüedad apunta a la perfecta santidad de María. La traducción que ha prevalecido es "llena de gracia". La expresión llena de gracia es importantísima, tanto para la piedad cristiana como para la reflexión teológica. De hecho es el fundamento bíblico más importante del dogma de la Inmaculada Concepción.

Es un saludo inusitado, pues no tiene ningún paralelo en toda la Biblia. Los Padres de la Iglesia enseñaron que con este singular y solemne saludo se manifestaba que la Madre de Dios era asiento de todas las gracias divinas y, en consecuencia, jamás estuvo en pecado. La expresión griega que usa San Lucas es “kejaritomene”, un participio pasivo, pretérito de in verbo intensivo y causal, en verbo “jaritoo” que significa “colmar de gracia divina”. La traducción literal sería: “hecha abundantemente objeto de la gracia o benevolencia divina”. Por eso, las traducciones protestantes y algunas, que dicen “agraciada”, se quedan cortas.

El verbo utilizado aquí charitoun es extremadamente raro en griego, se halla solamente dos veces en todo el NT; en Lc 1,28 (kecharitômenê) y en Ef 1,6 (echaritôsen), en ambos casos es una forma del verbo echaritóô. Ahora bien los verbos que terminan en óô son causativos; indican una acción que produce un efecto en el objeto. Por ejemplo, leukóô, blanquear; deulóô, reducir a esclavitud; eleutheróô, poner a uno en libertad.

Estos verbos significan un cierto cambio en la persona o en la cosa en cuestión. Pues bien: dado que la radical del verbo charitóô es charis (gracia), la idea que expresa es la de un cambio operado por la gracia. Además, la forma verbal que Lc emplea es un pasivo, el participio perfecto; kecharitôménê significa, pues, que en la persona a la que se refiere el verbo, María, la acción de la gracia de Dios ha operado ya un cambio, ha sido transformada por la gracia de Dios.

Crisóstomo explica el texto (donde aparece el verbo) de la carta a los Ef, "observad que Pablo no dice eucharisato hêmin sino euchritósên hêmás. He aquí dos verbos que se parecen mucho, pero cuyo sentido es diferente. El primero indica que nos ha sido otorgada una gracia. Pablo hubiera podido, sin duda, escribir: "la maravillosa gracia que Dios nos otorgó". Pero es esto precisamente lo que no hace. Emplea la segunda forma verbal, que significa: "Dios nos ha trasformado por esta gracia maravillosa". El segundo incluye un matiz que no se halla en el primero; indica, en particular, el efecto producido en las personas por el don de la gracia. En Lc 1,28 esto se refiera María; en Ef 1,6, se aplica a todos los cristianos, pero María es la primera de todos los creyentes, es su arquetipo.

¿Qué es lo que la gracia de Dios ha producido en María?. Algunos como Brown y Fitzmyer, piensan que aquí se trata de la gracia de la maternidad divina, que el ángel le anuncia. Pero, en realidad la utilización del participio perfecto de la voz pasiva utilizado por Lc indica que la transformación de María por la gracia ya ha tenido lugar mucho tiempo antes del momento de la Anunciación.

Finalmente, la expresión el Señor es contigo no significa simplemente un deseo (como cuando decimos “vaya Vd con Dios”, sino una realidad: El Señor está en medio de ti, como en los textos de los profetas antes citados. Se turbó nuestra Señora por la presencia del Arcángel y por la confusión que producen en las personas verdaderamente humildes las alabanzas dirigidas a ellas.

Todas las palabras de este mensaje del Arcángel parecen estar cuidadosamente escogidas para que una persona como María, que conocía muy bien las profecías y la historia de su pueblo, entendiera sin duda que el hijo anunciado no iba a ser otro que el Mesías prometido. En concreto, en este texto hay rastros de las siguientes profecías:
Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahvé(Gn 6,8)

Y díjole el Angel de Yahvé: Mira que has concebido, y darás a luz un hijo, al que llamarás Ismael, porque Yahvé ha oído tu aflicción( Gn 16,11)

Dijo Isaías: «Oíd, pues, casa de David:
¿Os parece poco cansar a los hombres,
que cansáis también a mi Dios?
Pues bien, el Señor mismo
va a daros una señal:
He aquí que una doncella está encinta
y va a dar a luz un hijo,
y le pondrá por nombre Emmanuel.(Is 7,13-14)

La mujer dio a luz un hijo y le llamó Sansón. El niño creció y Yahvé le bendijo (Jue 13,24).
Concibió Ana y llegado el tiempo dio a luz un niño a quien llamó Samuel, «porque, dijo, se lo he pedido a Yahvé». (1Sam 1,20)

Se yerguen los reyes de la tierra,
los caudillos conspiran aliados
contra Yahvé y contra su Ungido:
Voy a anunciar el decreto de Yahvé:
El me ha dicho: «Tú eres mi hijo;
yo te he engendrado hoy. (Sal 2,2-7)

Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme, eternamente. (2 Sam 7,16)

Grande es su señorío y la paz no tendrá fin
sobre el trono de David y sobre su reino,
para restaurarlo y consolidarlo
por la equidad y la justicia,
Desde ahora y hasta siempre,
el celo de Yahvé Sebaot hará eso. (Is 9,6)

Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. El constituirá una casa para mi Nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre y él será para mí hijo. (2 Sam 7,12-14)

A él se le dio imperio,
honor y reino,
y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su imperio es un imperio eterno,
que nunca pasará,
y su reino no será destruido jamás. (Dan 7,14)