
“Tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas,
y reconforta en los duelos”
Estas palabras del himno parecen de otro mundo y a duras penas podemos traducirlas. Su valor expresivo está en el conjunto, que ha previsto el lugar de cada palabra y el sonido de cada sílaba.
“Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos”.
Que la claridad sea, a la vez, intimidad y valentía, amor y plenitud creadora, luz, es un misterio que reside en Dios. Nos alegramos que sea así! Hay hombres de aguda inteligencia y voluntad exacta , claros, fríos y tajantes como un día invernal. Otros, en cambio, son cálidos, pero desordenados, rudos o limitados…¿Te das cuenta del misterio que resuena en este cántico? El corazón se enciende y la inteligencia se ilumina, el amor y la verdad se ha fusionado en algo que no tiene nombre. No es verdad que no tenga nombre. Sí, tiene un nombre: Dios!
No hay comentarios:
Publicar un comentario