viernes, 8 de julio de 2011

ROMANO GUARDINI : MANDA TU LUZ DESDE EL CIELO

Después del salmo responsorial de la misa de Pentecostés hallamos la secuencia al Espíritu Santo, antiguo himno litúrgico, cántico sereno e inspirado. No contiene ideas extraordinarias pero en él los pensamientos fluyen con sosegada profundidad. No hay sentimientos tumultuosos sino un tranquilo vaivén de olas, una plácida corriente. Todo se mueve en un espacio íntimo y, a la vez, inmensamente amplio: el corazón del hombre en el que se vive la gracia de Dios.

“Ven, Espíritu divino

Manda tu luz desde el cielo”.

La vida del hombre está llena de misterios y la agitan muchas fuerzas. Una de ellas es la luz, por la que hay que bendecir a Dios. Hay diversas clases de luz. La luz de los cuerpos que viene del o de alguna cosa que arde. Nuestros ojos la perciben y ella nos alumbra el camino y nos posibilita el trabajo.

Existe la luz de la inteligencia que ve el sentido de las cosas y las clarifica. Cuando entendemos algo que al comienzo no entendíamos ni en su naturaleza ni en sus causas nos decimos: “esto ya está claro”.Esta luz nos muestra la verdad y nos da fuerza para que enfrentemos la realidad”.

Existe también la luz de la belleza. Cuando estamos ante un árbol majestuoso o ante un panorama amplio y despejado, o ante una excelente obra de arte, tal vez comprobemos en nuestro interior la claridad de la belleza que se nos está revelando. Esto que no cautiva y esplende es bello. ES un milagro impresionante y una promesa de la eterna perfección.

Aquí se nos dice que existe aún otra clase de luz, la que penetra en el espíritu del hombre, que proviene de Dios. Es luz divina, sagrada. Sagrado dice más que bueno o puro. Es el alimento de la vida de Dios, terrible y amable al mismo tiempo, indeciblemente extraño, pero íntimamente confidencial. Desde allí nos llega esta luz que penetra en nuestro interior.

Romano Guardini (1885-1968)

1 comentario:

Anónimo dijo...

No puedo menos que desear que la Luz del Espiritu Santo traspase nuestras vidas y todos los corazones ardan en esta llama vivificante y sanadora.Alabado sea Nuestro Señor en su infinita Misericordia.