miércoles, 25 de mayo de 2011

ENTREVISTA A MONSEÑOR OCTAVIO RUIZ ARENAS

Entrevista con el secretario del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización

MONTEVIDEO, miércoles 25 de mayo de 2011 (ZENIT.org) Ante el creciente secularismo, el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización fue instituido el año pasado para propiciar “una empuje misionero de manera que se promueva una nueva evangelización”, según indica el Motu Propio Ubicumque et Semper, publicado el 12 de octubre de 2010.

El primer presidente, de este dicasterio, monseñor Rino Fisichella aseguró que con este nuevo organismo de la Santa Sede se busca hacer frente al “subjetivismo de nuestros tiempos” que se encierra “en un individualismo privado de responsabilidades públicas y sociales”.

El arzobispo colombiano, monseñor Octavio Ruiz Arenas, quien se desempeñaba como vicepresidente de la Comisión Pontificia para América Latina, fue nombrado el pasado 14 de mayo, primer secretario del nuevo dicasterio..

En entrevista con ZENIT, desde la capital Uruguaya, donde se realizó la XXXIII Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), monseñor Ruiz habló de su nueva misión en la Santa Sede.

- ¿Cómo recibe este nuevo nombramiento del Santo Padre?

Monseñor Octavio Ruiz: Recibo este nombramiento del Santo Padre con humildad y gratitud. Humildad porque se trata de una gran responsabilidad, en que la que deberé aprender mucho, orar intensamente, estudiar y reflexionar para tratar de cumplir de la mejor manera con este servicio eclesial. Con gratitud, porque es por la bondad del Santo Padre y por el aprecio que me tiene, ya que fui durante más de once años uno de sus colaboradores en la Congregación para la Doctrina de la Fe, que ahora me llama a ser el Secretario de este nuevo dicasterio de la Santa Sede, que está tan profundamente arraigado en su corazón.

- ¿Cómo su experiencia en el episcopado colombiano y luego como y vicepresidente de la CAL?

Monseñor Octavio Ruiz: Mi experiencia primero como obispo auxiliar de Bogotá y luego como arzobispo de Villavicencio han sido muy enriquecedores en mi experiencia pastoral, ya que en ambos lugares tuve la ocasión de trabajar intensamente en la elaboración de los respectivos planes de pastoral, enmarcados precisamente en la preocupación de poner en marcha la convocación que había hecho el papa Juan Pablo II a la nueva evangelización. Mi experiencia como vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina durante cuatro años me ha permitido tener un contacto directo y fraternal con las directivas del CELAM, con las conferencias episcopales y con muchas organizaciones eclesiales latinoamericanas, que de una u otra manera están interesadas en llevar a cabo esa tarea evangelizadora. Igualmente tuve la ocasión no solo de visitar gran parte de los países latinoamericanos y del Caribe, sino que pude seguir muy de cerca los procesos que han ido iniciando las conferencias episcopales para la "misión continental".

- Este dicasterio se centra en la evangelización de Europa, según dijo el Papa. ¿Por qué cree que un colombiano ha sido nombrado secretario?

Monseñor Octavio Ruiz: El papa Benedicto XVI tienen un gran interés en el continente europeo, que bien sabemos ha sido invadido por el secularismo, que ha llevado de olvidar y dejar de lado sus raíces cristianas. La Iglesia tiene que volcarse con decisión y entusiasmo a rescatar la mecha encendida que todavía brilla en esos países. Hay tener en cuenta, además, que el mismo papa ha expresado que si bien es cierto que la nueva evangelización se encamina principalmente, en este momento, a Europa sin embargo América Latina también está llamada a realizar esa nueva evangelización, por los problemas que está afrontando, por el influjo de nuevas corrientes culturales, por el debilitamiento de la vida cristiana en nuestros países y por el avance de muchos grupos religiosos no católicos que están reclutando a nuestros fieles.

Ahora bien, cuando el papa Juan Pablo II comenzó a hablar de nueva evangelización lo hizo haciendo un llamado a América Latina, convocación que no cesó de hacer a lo largo de su pontificado en múltiples circunstancias, en sus viajes, en sus diálogos durante las visitas ad limina. En este sentido el nombramiento de un obispo latinoamericano no debe extrañar, ya que se trata de una región enorme del mundo, en donde se encuentra casi la mitad de los católicos, que ya durante casi treinta años viene reflexionando y haciendo el esfuerzo de realizar la nueva evangelización.

- Sin embargo en América Latina también crece este proceso de secularización…

Monseñor Octavio Ruiz: Sin duda alguna América Latina también está gozando pero al mismo tiempo sufriendo las consecuencias de un mundo globalizado. Los influjos externos, los avances tecnológicos de los medios de comunicación, el flujo migratorio y muchas otras circunstancias no eximen a nuestro Continente de estar aquejados por la secularización y la pérdida de fe. A ello se añade la indiferencia religiosa y el avance del agnosticismo.

- ¿Cómo hacer que esta nueva evangelización sea más eficaz y coherente?

Monseñor Octavio Ruiz: La nueva evangelización tiene que apuntar mucho hacia lo que decía el Beato Juan Pablo II: nuevo ardor, nuevos métodos, nuevas expresiones. Se trata de anunciar el Evangelio de siempre, el único, es decir la persona misma de Jesucristo, con toda la claridad e integridad de la que nos hablaba Pablo VI en la Evangelii nuntiandi. Tenemos pues que buscar el modo de conocer la cultura particular de cada pueblo en el que se hará la nueva evangelización, para encontrar las expresiones adecuadas, que sin traicionar el mensaje, lleguen al oído de las gentes. Los métodos son de gran importancia, pues hay que encontrar el modo de ir hacia los alejados, pero con tal ardor y tal convicción y testimonio personal, que atraiga el mensaje de un Dios vivo, cercano y lleno de amor que quiere dar sentido a nuestra existencia. Pero no podemos quedarnos en simples estrategias o técnicas, pues no podemos olvidar que el gran evangelizador es el Espíritu Santo, por lo cual necesitamos mucha oración y un convencimiento y alegría de haber encontrado personalmente a Jesucristo, dentro de esta gran comunidad que es la Iglesia.

- El año que viene se realizará un sínodo dedicado a la Nueva Evangelización ¿Qué espera usted de esta trascendental reunión?

Monseñor Octavio Ruiz: En el próximo Sínodo convocado por Benedicto XVI para octubre de 2012 tendremos la oportunidad de escuchar los delegados de toda la Iglesia. Allí será la oportunidad de conocer las grandes inquietudes del mundo actual y de los distintos continentes, sus preocupaciones, sus esperanzas. Al mismo tiempo podremos poner en conocimientos los esfuerzos que ya se están realizando para llevar a cabo la nueva evangelización. Los resultados que salgan de allí y la sucesiva exhortación apostólica que nos dará el Santo Padre, constituirán el plan de ruta del Consejo Pontificio para la promoción de la nueva evangelización.

Por Carmen Elena Villa

martes, 24 de mayo de 2011

BENEDICTO XVI: LOS DIEZ JUSTOS QUE NO SALVARON SODOMA Y GOMORRA

El tercer capítulo del nuevo libro que el papa Joseph Ratzinger está escribiendo de semana en semana. Sobre la oración. Aquí la oración de Abraham por las dos ciudades pecadoras. Profecía del único Justo capaz de quitar los pecados de todos


por Benedicto XVI




Queridos hermanos y hermanas,

en las dos últimas catequesis hemos reflexionado sobre la oración como fenómeno universal, que -incluso de distintas formas- está presente en las culturas de todas las épocas. Hoy, sin embargo, querría comenzar un recorrido bíblico sobre este tema, que nos conducirá a profundizar en el diálogo de alianza entre Dios y el hombre, que anima la historia de salvación, hasta su culmen, la palabra definitiva que es Jesucristo. Este camino nos hará detenernos en algunos textos importantes y figuras paradigmáticas del Antiguo y Nuevo Testamento. Será Abraham, el gran Patriarca, padre de todos los creyentes (cfr Rm 4,11-12.16-17), el que nos ofrece el primer ejemplo de oración, en el episodio de intercesión por la ciudad de Sodoma y Gomorra. Y quisiera invitaros a aprovechar el recorrido que haremos en las próximas catequesis para aprender a conocer mejor la Biblia, que espero que tengáis en vuestras casas, y, durante la semana, deteneros a leerla y meditarla en la oración, para conocer la maravillosa historia de la relación entre Dios y el hombre, entre el Dios que se comunica con nosotros y el hombre que responde, que reza.

El primer texto sobre el que vamos a reflexionar, se encuentra en el capítulo 18 del Libro del Génesis; se cuenta que la maldad de los habitantes de Sodoma y Gomorra estaba llegando a su cima, tanto que era necesaria una intervención de Dios para realizar un gran acto de justicia y frenar el mal destruyendo aquellas ciudades. Aquí interviene Abraham con su oración de intercesión. Dios decide revelarle lo que le va a suceder y le hace conocer la gravedad del mal y sus terribles consecuencias, porque Abraham es su elegido, elegido para construir un gran pueblo y hacer que todo el mundo alcance la bendición divina. La suya es una misión de salvación, que debe responder al pecado que ha invadido la realidad del hombre; a través de él, el Señor quiere llevar a la humanidad a la fe, a la obediencia, a la justicia. Y entonces, este amigo de Dios se abre a la realidad y a las necesidades del mundo, reza por los que están a punto de ser castigados y pide que sean salvados.

Abraham afronta enseguida el problema en toda su gravedad, y dice al Señor: “Entonces Abraham se le acercó y le dijo: «¿Así que vas a exterminar al justo junto con el culpable? Tal vez haya en la ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él? ¡Lejos de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?” (vv. 23-25). Con estas palabras, con gran valentía, Abraham plantea a Dios la necesidad de evitar la justicia sumaria: si la ciudad es culpable, es justo condenar el crimen e infligir la pena, pero -afirma el gran Patriarca- sería injusto castigar de modo indiscriminado a todos los habitantes. Si en la ciudad hay inocentes, estos no pueden ser tratados como culpables. Dios, que es un juez justo, no puede actuar así, dice Abraham, justamente, a Dios.

Si leemos, más atentamente el texto, nos damos cuenta de que la petición de Abraham es todavía más seria y profunda, porque no se limita a pedir la salvación para los inocentes. Abraham pide el perdón para toda la ciudad y lo hace apelando a la justicia de Dios; dice, de hecho, al Señor: “Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él?” (v. 24b). De esta manera pone en juego una nueva idea de justicia: no la que se limita a castigar a los culpables, como hacen los hombres, sino una justicia distinta, divina, que busca el bien y lo crea a través del perdón que transforma al pecador, lo convierte y lo salva. Con su oración, por tanto, Abraham no invoca una justicia meramente retributiva, sino una intervención de salvación que, teniendo en cuenta a los inocentes, libera de la culpa también a los impíos, perdonándoles. El pensamiento de Abraham, que parece casi paradójico, se podría resumir así: obviamente no se pueden tratar a los inocentes como a los culpables, esto sería injusto, es necesario, sin embargo, tratar a los culpables como a los inocentes, realizando un acto de justicia “superior”, ofreciéndoles una posibilidad de salvación, por que si los malhechores aceptan el perdón de Dios y confiesan su culpa, dejándose salvar, no continuarán haciendo el mal, se convertirán estos, también, en justos, sin necesitar nunca más ser castigados.

Es esta la petición de justicia que Abraham expresa en su intercesión, una petición que se basa en la certeza de que el Señor es misericordioso. Abraham no pide a Dios una cosa contraria a su esencia, llama a la puerta del corazón de Dios conociendo su verdadera voluntad. Ya que Sodoma es una gran ciudad, cincuenta justos parecen poca cosa, pero la justicia de Dios y su perdón ¿no son quizás la manifestación de la fuerza del bien, aunque si parece más pequeño y más débil que el mal? La destrucción de Sodoma debía frenar el mal presente en la ciudad, pero Abraham sabe que Dios tiene otro modos y medios para poner freno a la difusión del mal. Es el perdón el que interrumpe la espiral de pecado, y Abraham, en su diálogo con Dios, apela exactamente a esto. Y cuando el Señor acepta perdonar a la ciudad si encuentra cincuenta justos, su oración de intercesión comienza a descender hacia los abismos de la misericordia divina. Abraham -como recordamos- hace disminuir progresivamente el número de los inocentes necesarios para la salvación: si no son cincuenta, podrían ser cuarenta y cinco, y así hacia abajo, hasta llegar a diez, continuando con su súplica, que se hace audaz en las insistencia: “Quizá no sean más de cuarenta..treinta... veinte... diez” (cfr vv. 29, 30, 31, 32), y según es más pequeño el número, más grande se revela y se manifiesta la misericordia de Dios, que escucha con paciencia la oración, la acoge y repite después de cada súplica: “perdonaré... no la destruiré... no lo haré” (cfr vv. 26.28.29.30.31.32).

Así, por la intercesión de Abraham, Sodoma podrá ser salvada, si en ella se encuentran tan sólo diez inocentes. Esta es la potencia de la oración. Porque a través de la intercesión, la oración a Dios por la salvación de los demás, se manifiesta y se expresa el deseo de salvación que Dios tiene siempre hacia el hombre pecador. El mal, de hecho, no puede ser aceptado, debe ser señalado y destruido a través del castigo: la destrucción de Sodoma tenía esta intención. Pero el Señor no quiere la muerte del malvado, sino que se convierta y que viva (cfr Ez 18,23; 33,11); su deseo es perdonar siempre, salvar, dar la vida, transformar el mal en bien. Si bien, precisamente es este deseo divino el que, en la oración se convierte en el deseo del hombre y se expresa a través de las palabras de intercesión. Con su súplica, Abraham está prestando su propia voz, pero también su propio corazón, a la voluntad divina: el deseo de Dios es misericordia, amor y voluntad de salvación, y este deseo de Dios ha encontrado en Abraham y en su oración la posibilidad de manifestarse en modo concreto en en la historia de los hombres, para estar presente donde hay necesidad de gracia. Con la voz de su oración, Abraham está dando voz al deseo de Dios, que no es el de destruir, sino el de salvar a Sodoma, dar vida al pecador convertido.

Y esto es lo que el Señor quiere, y su diálogo con Abraham es una prolongada e inequívoca manifestación de su amor misericordioso. La necesidad de encontrar hombres justos en la ciudad se vuelve cada vez más, en menos exigente y al final sólo bastan diez para salvar a la totalidad de la población. Por qué motivo Abraham se detuvo en diez, no lo dice el texto. Quizás es un número que indica un núcleo comunitario mínimo (todavía hoy, diez personas, constituyen el quorum necesario para la oración pública hebrea). De todas maneras, se trata de un número exiguo, una pequeña parcela del bien para salvar a un gran mal. Pero ni siquiera diez justos se encontraban en Sodoma y Gomorra, y las ciudades fueron destruidas. Una destrucción paradójicamente necesaria por la oración de intercesión de Abraham. Porque precisamente esa oración ha revelado la voluntad salvífica de Dios: el Señor estaba dispuesto a perdonar, deseaba hacerlo, pero las ciudades estaban encerradas en un mal total y paralizante, sin tener unos pocos inocentes desde donde comenzar a transformar el mal en bien.

Porque es este el camino de salvación que también Abraham pedía: ser salvados no quiere decir simplemente escapar del castigo, sino ser liberados del mal que nos habita. No es el castigo el que debe ser eliminado, sino el pecado, ese rechazo a Dios y del amor que lleva en sí el castigo. Dirá el profeta Jeremías al pueblo rebelde: “¡Que tu propia maldad te corrija y tus apostasías te sirvan de escarmiento! Reconoce, entonces, y mira qué cosa tan mala y amarga es abandonar al Señor, tu Dios” (Jer 2,19). Es de esta tristeza y amargura de donde el Señor quiere salvar al hombre liberándolo del pecado. Pero es necesaria una transformación desde el interior, una pizca de bien, un comienzo desde donde partir para cambiar el mal en bien, el odio en amor, la venganza en perdón. Por esto los justos tenían que estar dentro de la ciudad, y Abraham continuamente repite: “Quizás allí se encuentren...” “allí”: es dentro de la realidad enferma donde tiene que estar ese germen de bien que puede resanar y devolver la vida. Y una palabra dirigida también a nosotros: que en nuestras ciudades haya un germen de bien, que hagamos lo necesario para que no sean sólo diez justos, para conseguir realmente, hacer vivir y sobrevivir a nuestras ciudades y para salvarlas de esta amargura interior que es la ausencia de Dios. Y en la realidad enferma de Sodoma y Gomorra aquel germen de bien no estaba.

Pero la misericordia de Dios en la historia de su pueblo se amplía más tarde. Si para salvar Sodoma eran necesarios diez justos, el profeta Jeremías dirá, en nombre del Omnipotente, que basta sólo un justo para salvar Jerusalén: “Recorred las calles de Jerusalén, mirad e informaos bien; buscad por sus plazas a ver si encontráis un hombre, si hay alguien que practique el derecho, que busque la verdad y yo perdonaré a la ciudad” (Jer 5,1). El número ha bajado aún más, la bondad de Dios se muestra aún más grande. -y ni siquiera esto basta, la sobreabundante misericordia de Dios no encuentra la respuesta del bien que busca, y Jerusalén cae bajo asedio de los enemigos. Será necesario que Dios se convierta en ese justo. Y este es el misterio de la Encarnación: para garantizar un justo, Él mismo se hace hombre. El justo estará siempre porque es Él: es necesario que Dios mismo se convierta en ese justo. El infinito y sorprendente amor divino será manifestado en su plenitud cuando el Hijo de Dios se hace hombre, el Justo definitivo, el perfecto Inocente, que llevará la salvación al mundo entero muriendo en la cruz, perdonando e intercediendo por quienes “no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Entonces la oración de todo hombre encontrará su respuesta , entonces todas nuestras intercesiones serán plenamente escuchadas.

Queridos hermanos y hermanas, la súplica de Abraham, nuestro padre en la fe, nos enseñe a abrir cada vez más, el corazón a la misericordia sobreabundante de Dios, para que en la oración cotidiana sepamos desear la salvación de la humanidad y pedirla con perseverancia y con confianza al Señor que es grande en el amor.


Roma, 18 de mayo de 2011

DIÁCONO JORGE NOVOA:EL ESPÍRITU DEL SEÑOR ESTÁ SOBRE MÍ... (Lc 4,16-21)


Al comienzo de la vida pública de Jesús, en la sinagoga de Nazaret, vemos como el Espíritu Santo reposa sobre el Señor, "El Espíritu del Señor está sobre mí..." dice Jesús.

lunes, 23 de mayo de 2011

PBRO MIGUEL PASTORINO: EL ALFARERO (JER. 18)

El capítulo 18 de Jeremías, expresa la sabiduría de Dios, que interroga a la criatura, para animarla en el camino. Dios nos propone vivir desde lo nuevo, y se compromete a obrar con nosotros esta novedad.


domingo, 22 de mayo de 2011

CONCLUSIÓN DEL CELAM EN MONTEVIDEO: CONFERENCIA DE PRENSA

Monseñor Carlos Aguiar Retes responde a la pregunta de los periodistas: ¿Qué és el CELAM?


Monseñor Santiago Silva Retamales nos presenta las líneas del plan pastoral del CELAM


Monseñor Aguiar Retes y Monseñor Rúben Salazar nos presentan los desafíos en orden a la misión

martes, 17 de mayo de 2011

LOS OBISPOS INGLESES RECUPERAN LA ABSTINENCIA DE LOS VIERNES

LOS OBISPOS INGLESES RECUPERAN LA ABSTINENCIA DE LOS VIERNES


Destacan que la penitencia identifica a los católicos con Cristo en la Cruz


LONDRES, martes 17 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Los obispos de Inglaterra y de Gales, están recuperando la práctica de abstenerse de carne los viernes, como penitencia para identificarse con Cristo en la cruz.

En las resoluciones publicadas después de la asamblea plenaria de primavera, que concluyó el pasado jueves, los obispos anunciaron el restablecimiento de esta práctica, que entrará en vigor el 16 de septiembre.

“Todos los viernes están considerados por la Iglesia como día de penitencia, por ser este día el de la muerte de Nuestro Señor”, como recuerda la declaración con las resoluciones de la Asamblea. “La ley de la Iglesia exige a los católicos abstenerse de carne los viernes, o de algún otro tipo de comida, u observar cualquier otro tipo de penitencia señalado por la Conferencia Episcopal”.

Los obispos desean restablecer la práctica de la penitencia de los viernes en las vidas de los fieles como una marca clara y distintiva de su propia identidad católica”, anunció la declaración.

Los obispos añadieron que es “importante que todos los fieles se unan en la común celebración de la penitencia de los viernes”.

“Respetando esto, y de acuerdo con el pensamiento de la Iglesia entera, la Conferencia Episcopal desea recordar a todos los católicos de Inglaterra y Gales la obligación de la penitencia de los viernes. Los obispos han decidido restablecer la práctica, que debe ser cumplida de abstenerse de la carne”, declara la resolución.

Los prelados dijeron que aquellos que no comen carne normalmente, deberían abstenerse de otro tipo de comidas durante los viernes.

La fecha de restablecimiento de los viernes sin carne, será el 16 de septiembre, el aniversario de la visita de Benedicto XVI a Reino Unido, realizada el año pasado.

“Muchos pueden desear ir más allá de este simple acto de testimonio común y dedicar cada viernes a la oración y al sacrificio”, concluye la declaración de los obispos. “De todas esas formas, unimos nuestros sacrificios al sacrificio de Cristo, que entregó su propia vida por nuestra salvación”.

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En la red:

Noticias de la sesión plenaria con enlace a las resoluciones: http://www.catholic-ew.org.uk/Catholic-Church/Events/Bishops-Conference-May-2011

MARC OUELLET: HOMILÍA EN LA MISA DE APERTURA DEL CELAM

El cardenal Marc Ouellet en la homilía de la misa de inauguración del CELAM en la Catedral de Montevideo.

XXXIII ASAMBLEA GENERAL DEL CELAM


Se inauguró la XXXIII Asamblea Ordinaria del CELAM en Montevideo


CARDENAL OUELLET EXHORTÓ A LOS PASTORES A ENTREGARSE CON ENTUSIASMO A LA GRAN MISIÓN CONTINENTAL


En una Celebración Eucarística presidida por el Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Comisión para América Latina, Cardenal Marc Ouellet, P.S.S fue inaugurada esta tarde la XXXIII Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano.


La Misa fue concelebrada por el Presidente del CELAM, Cardenal Raymundo Damasceno Asis, el Nuncio Apostólico en Uruguay, Mons. Anselmo Guido Pecorari, el Arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno, el Presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya, Mons. Carlos Collazzi, 50 Obispos de los 22 episcopados de América Latina y el Caribe y los integrantes de la Conferencia Episcopal Uruguaya, alrededor de 50 Presbíteros y unos 40 Diáconos.


Fuente: CEU


MIGUEL ANGEL FUENTES IVE¿CONOCE EL DEMONIO LO QUE PENSAMOS Y LO QUE DECIMOS?


Consulta: Estimado Padre, escribo desde Brasil. Creo en la Biblia Sagrada como la Palabra de Dios; pero acerca de Satanás, me gustaría que me hiciera algunas aclaraciones: ¿sabe el demonio lo que pensamos?, ¿oye lo que decimos?, ¿hay peligro de rezar en voz alta, en el sentido de que, sabiendo lo que pedimos a Dios, él perjudique nuestros planes?

Respuesta:
Estimado:

El pensamiento del hombre, considerado en sí mismo, no puede ser conocido sino por Dios y por la persona de quien tal pensamiento procede, como explica Santo Tomás 1 . Esto mismo dice la Sagrada Escritura: El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce? Yo, Yahveh, exploro el corazón, pruebo los riñones, para dar a cada cual según su camino, según el fruto de sus obras (Jer 17, 9-10). También San Pablo lo atestigua: ¿Qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? (1Co 2, 11).

Pero el demonio puede conjeturar cuáles son nuestros pensamientos por otra vía indirecta, a saber, nuestros estados anímicos y físicos, del mismo modo que un médico reconoce una afección psíquica por ciertos síntomas externos. Nuestros pensamientos, en efecto, se traducen en alteraciones físicas, como el abatimiento corporal, la mirada opaca y la lentitud de movimientos manifiestan pensamientos de preocupación. Si esto ayuda a que los hombres entrevean con cierta probabilidad cuáles son los pensamientos ocultos de algunas personas, mucho más puede hacerlo tanto el ángel bueno como el malo, pues tienen más experiencia que nosotros sobre el modo de proceder de los hombres en general y de muchos de ellos en particular (por ejemplo, nuestros ángeles guardianes conocen muy bien nuestro modo habitual de pensar y obrar, sobre todo cuando tenemos mucha confianza con ellos y acostumbramos a comunicarnos en la oración; y del mismo modo, los demonios conocen a los pecadores, especialmente aquellos habituados a seguir sus inspiraciones). De aquí que San Agustín diga que “los demonios a veces descubren con toda facilidad las disposiciones de los hombres, y no sólo las que manifiestan de palabra, sino también las concebidas en el pensamiento” 2 , porque en el cuerpo se refleja el estado del alma; pero el mismo santo, en su obra “Retractaciones” afirma que no puede asegurar cómo sucede esto 3 . Este conocimiento es, sin embargo, no sólo indirecto sino también puramente conjetural, es decir, aproximado. Porque una misma persona puede tener movimientos físicos parecidos a pesar de que sus pensamientos o deseos de la voluntad sean distintos (por ejemplo, puede palidecer y quedarse helado ante un pensamiento nefasto que lo asusta, como, por ejemplo, pensar en la muerte de un ser amado, o ante un pensamiento que considera demasiado bueno, como la posibilidad de que le propongan matrimonio); más diferencia hay entre personas distintas que pueden reaccionar con parecidas manifestaciones orgánicas ante fenómenos psíquicos diversos. Ni el ángel bueno ni el malo pueden ir más allá de estos hechos externos y tratar de atar cabos para deducir cuáles podrán ser nuestros pensamientos. Dice al respecto Lépicier: “Si bien en el presente estado de vida no podemos ejercitar nuestras facultades mentales sin el concurso de los sentidos, ya internos, ya externos, no obstante, sí puede una sola y misma modificación orgánica dirigirse a varios objetos; o en otros términos, puede servir para expresar diversos conceptos formales. Con nuestra voluntad libre podemos imprimir a nuestras operaciones mentales una infinidad de aspectos, y dirigirlas a finalidades diversísimas, de forma que no sea posible, ni siquiera a la aguda inteligencia angélica, conocer, contra nuestra voluntad, cuál sea nuestro propósito actual o la finalidad de nuestras operaciones mentales” 4 . Y esto siempre y cuando Dios no quiera, por su parte, entorpecer las observaciones de los demonios respecto de alguna persona en particular. De aquí, por ejemplo, las grandes dudas que asaltaban a los demonios respecto de Jesús, como se pone en evidencia en las tentaciones en el desierto donde el diablo pone a prueba a Nuestro Señor para saber si realmente Él es el Mesías.

En cambio, de modo directo, es decir, los pensamientos tal cual están en nuestra mente o los deseos e intenciones en nuestra voluntad, no los pueden conocer, a menos que nosotros le abramos voluntariamente el alma. Así explica Santo Tomás hablando no sólo de los demonios sino de los ángeles en general 5 . En las “Colaciones de los Padres del Desierto” Juan Casiano escribía: “Los espíritus inmundos no pueden conocer la naturaleza de nuestros pensamientos. Únicamente les es dado columbrarlos merced a indicios sensibles o bien examinando nuestras disposiciones, nuestras palabras o las cosas hacia las cuales advierten una propensión por nuestra parte. En cambio, lo que no hemos exteriorizado y permanece oculto en nuestras almas les es totalmente inaccesible. Inclusive los mismos pensamientos que ellos nos sugieren, la acogida que les damos, la reacción que causan en nosotros, todo esto no lo conocen por la misma esencia del alma, antes bien, por los movimientos y manifestaciones del hombre exterior” 6 .

Respondiendo, pues, a sus preguntas, debo decirle: el demonio no sabe lo que pensamos ni lo que queremos a menos que nosotros voluntariamente le permitamos que lo conozca; puede sospechar lo que pensamos, pero no puede estar seguro. No hay ningún peligro en rezar en voz alta, pues aunque sepa cuáles son nuestros planes nada puede contra ellos sin la permisión de Dios. Por otra parte, en nuestras oraciones no hay nada que debamos ocultar ya que, como explican San Agustín y Santo Tomás, todo cuanto podamos rezar correctamente, se puede resumir, en última instancia en el “Padrenuestro” (“la oración dominical es perfectísima, porque, como escribe San Agustín, si oramos digna y convenientemente, no podemos decir otra cosa que lo que en la oración dominical se nos propuso” 7 ), y esta oración el demonio la conoce y nada puede hacer contra ella; podrá poner obstáculos, pero chocará siempre contra la eficacia que Jesús ha dado a las oraciones que hagamos en su nombre: Todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis (Mt 21, 22; cf. Mc 11, 24); Todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré (Jn 14, 13-14).
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1 Cf. Santo Tomás, De malo, 16, 8.
2 San Agustín, Sobre la adivinación de los demonios, c. 5.
3 San Agustín, Retractaciones, L. 2, c. 30.
4 Lépicier, A. M., Il mondo invisibile, Vincenza (1922), 43, n. 4.
5 Cf. Santo Tomás, Suma Teológica, I, 57, 4.
6 Juan Casiano, Colaciones, 7.
7 Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 83, 9.



TESTIMONIO DEL DIRECTOR DE LA ÚLTIMA CIMA

El director del documental "La última Cima", Juan Manuel Cotelo, cuenta lo que ha ocurrido en su vida luego de conocer al padre Pablo Domínguez.

domingo, 15 de mayo de 2011

MARC OUELLET. HOMILÍA EN MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS


El cardenal Marc Ouellet presidió la misa que se celebró en Tres Cruces, al pie de la enorme cruz y del monumento de Juan Pablo II erigido como recordatorio de la misa celebrada en ese lugar en año 1987, dando gracias a Dios por su beatificación. Presentamos la homilía del cardenal Marc Ouellet prefecto de la Congregación para los obispos.

DIÁCONO JORGE NOVOA: MOISÉS ANTE LA ZARZA QUE ARDE SIN CONSUMIRSE


Moisés es el instrumento elegido por Dios, para conducir al Pueblo de la esclavitud a la libertad. En el relato que meditamos, Él está cuidando el rebaño de suegro Jetró, y al llevarlos a pastar se acerca al Horeb, la montaña de Dios, y se siente atraído por una zarza que arde sin consumirse...


GUZMÁN CARRIQUIRY SECRETARIO DE LA C.A.L


El Papa nombró a un laico uruguayo secretario de la CAL

Ciudad del Vaticano, MAY 14 (AICA): El Santo Padre Benedicto XVI nombró secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL) al profesor Guzmán Carriquiry, de 67 años, hasta ahora subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos. En su carácter de nuevo secretario de la CAL asistirá a la próximo XXXIII Asamblea General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que tendrá lugar en Montevideo a partir del próximo lunes 16 de mayo.

El profesor Carriquiry nació hace 67 años en Montevideo, Uruguay. Es casado, tiene cuatro hijos y ocho nietos. Colabora con la Santa Sede desde hace unos 40 años. Es el laico que ostenta el cargo de mayor jerarquía en la Curia Romana.

Algunos datos

Guzmán Miguel Carriquiry Lecour es “uno de los más relevantes laicos católicos de nuestro tiempo. Con su hombría de bien y sus grandes virtudes personales, da un valiente testimonio en la defensa y propagación de la fe, y realiza brillantes aportes a la vida académica”.

Es egresado de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, de los cursos de Derecho y Ciencias Sociales, en la que fue diplomado como Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.

Hasta la víspera de su nombramiento, era subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos, por designación pontificia de Juan Pablo II y confirmación de Benedicto XVI.

Tuvo diversas responsabilidades en la Santa Sede, participó como experto "auditor" en cuatro Asambleas del Sínodo mundial de Obispos, por respectivas designaciones de Pablo VI y Juan Pablo II (1974, 1980, 1987, 1997). Tuvo protagónica participación en delegaciones oficiales de la Santa Sede en conferencias de las Naciones Unidas.

Participó en más de 50 Congresos internacionales de Organizaciones Internacionales Cató1icas, enviado como delegado de la Santa Sede. Fue Perito, por designación pontificia, en la III, la IV y la V Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano (Puebla, 1979; Santo Domingo, 1992; Aparecida, 2007) y participante en numerosas otras Conferencias, Congresos y Seminarios en América Latina.

Asimismo, tuvo responsabilidad organizativa de Encuentros Mundiales de Jóvenes con el Santo Padre. Desempeñó cargos dirigentes en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Montevideo, Uruguay); en diversos institutos de enseñanza de Montevideo (Liceos y pre-universitarios); en el Instituto Superior de Ciencias, Filosofía y Letras (incorporado a la Universidad Católica de Chile); en el Seminario Latinoamericano de Verona (Italia); en la Pontificia Universidad Urbaniana. Profesor Extraordinario visitante de la Universidad FASTA (Argentina).

Fue galardonado con títulos honoríficos como "Comendatore" de la República Italiana (1992), "Cavaliere di Gran Croce dell'Ordine di San Gregorio Magno (Vaticano, 1994), "Gran Oficial" de la Orden Bernardo O'Higgings (Chile, 1999), "Gran Oficial de la Orden de Mayo al mérito (Argentina, 2001).

Autor de numerosos libros y publicaciones, entre las que se señalan "Una apuesta por América Latina" (Buenos Aires, 2005 con prólogo del cardenal Jorge Bergoglio); "América Latina: catolicidad y globalización", Embajada de la Argentina ante la Santa Sede, Roma, 2003; "Los laicos y la cuestión social", Pontificio Consejo Justicia y Paz/IMDOSOC, México, 2006; "En camino hacia la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano", Claretiana, Buenos Aires, 2006 y muchos otros.

Guzmán Carriquiry es, además, promotor de los nuevos movimientos y comunidades eclesiales; permanente protagonista y animador de los espacios de encuentro y evangelización propios de los laicos de la Iglesia.+

viernes, 13 de mayo de 2011

LA VOZ DE LOS PADRES PARA ESTE IV DOMINGO DE PASCUA


San Agustín, in Joanem tract 45
O de otro modo: Hay muchos que por la manera ordinaria que tienen de obrar se llaman hombres buenos, que al parecer observan lo que en la Ley se manda; sin embargo, no son cristianos y las más de las veces se jactan como los fariseos: "Pues qué, ¿nosotros somos también ciegos?" ( Jn 9,40). Como que ignorando a qué fin dirigir sus acciones, obran inútilmente; pero el Señor, bajo la figura de rebaño y de puerta por la que se entra al redil, les dice: "En verdad, en verdad os digo: que el que no entra por la puerta", etc.
Digan en hora buena los paganos, digan los judíos o los herejes, nuestra vida es buena; si no entran por la puerta ¿de qué les sirve? La buena vida debe proporcionar a cada uno la vida eterna, y no puede decirse que viven bien los que ignoran por ceguedad el fin del bien vivir, o por orgullo lo menosprecian. Nadie puede tener esperanza de vivir siempre, si no conoce la vida (que es Cristo) y entra por esta puerta en el redil. Todo aquel que quiere entrar en el redil, entre por la puerta; y no solamente predique a Cristo, sino busque su gloria y no la gloria propia. Pero Cristo es una puerta humilde; el que entra por esta puerta debe bajar su cabeza para que pueda entrar con ella sana. Mas aquel que no se humilla sino que se ensalza, ése quiere escalar el muro; por tanto, se eleva para caer. Muchas veces tales hombres pretenden persuadir a los demás a que vivan bien sin ser cristianos; éstos quieren subir por otra parte, robar y matar. Son, pues, ladrones, porque se apropian lo ajeno; son salteadores, porque matan lo que roban.

San Agustín, De verb Dom. Serm 49
Entra por la puerta el que entra por Cristo, el que imita la pasión de Cristo, el que conoce la humildad de Cristo, que siendo Dios se ha hecho hombre por nosotros. Conozca el hombre que no es Dios, sino hombre, porque el que quiere parecer Dios siendo hombre, no imita a Aquel que siendo Dios se hizo hombre. Porque no se te ha dicho: seas algo menos de lo que eres; sino, reconoce lo que eres.
"A éste abre el portero".

San Agustín, in Joanem tract 46
O de otra manera: Por este portero debemos entender al mismo Señor. En las cosas humanas hay más diferencia entre un pastor y una puerta, que entre un portero y una puerta, y sin embargo, el Señor se llama a sí mismo pastor y puerta. ¿Por qué no hemos de ver en El al portero? El que se manifiesta a sí mismo, es el mismo que se abre. Si buscas que otro sea el portero, puedes reconocer, sin duda, bajo este nombre al Espíritu Santo, de quien el Señor dice: "El mismo os enseñará toda la verdad" ( Jn 16,13). La puerta es Cristo, que es la verdad. ¿Quién abre la puerta sino el que enseña la verdad? Debemos cuidar, sin embargo, de no estimar más al portero que a la puerta, porque en las casas de los hombres el portero es más que la puerta, y no la puerta más que el portero.

martes, 10 de mayo de 2011

DIÁCONO JORGE NOVOA: PONGAN POR OBRA LA PALABRA ...

En la carta de Santiago, Dios nos advierte sobre la posibilidad de recibir la Palabra de Dios, pero no dejar que Ella se haga presente en mi existencia.Es un buen momento para que la Palabra de Dios se manifieste en nuestra existencia...Jesucristo es la Palabra de Dios a los hombres.

DIACONO JORGE NOVOA: ESPERANDO CON ZAQUEO AL SEÑOR


Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.» 9 Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»

Todos los pasajes evangélicos son fascinantes, atrapantes y cautivantes, llegan para revitalizar nuestra existencia árida, como el agua a calmar la sed de un hombre del desierto. A medida que peregrina por todo su ser, lo va nutriendo de vitalidad, reanimando además de su cuerpo cansado y su mente embotada, sus anhelos, ilusiones y sueños. Nutre su cuerpo débil y su alma desolada, elevándolo por encima de tanta mediocridad para anunciarle una tierra donde" mana leche y miel".

La Palabra de Dios refresca nuestra existencia árida y polvorienta, manifestándonos toda su belleza, "tu Palabra Señor, es la Verdad y la luz de mis ojos". Esta belleza cautivante, nos atrae irresistiblemente al encuentro con el Señor, la Palabra Eterna.

El Concilio Vaticano II ha puesto en el corazón del pueblo sediento, la Palabra, el "agua viva" que revitaliza la vida del cristiano. La Palabra está en medio del Pueblo de Dios y habla al oído del hombre creyente. Nos ha recordado el Salmo: "ojalá escuchen hoy la voz del Señor, no endurezcan el corazón"(Sal 95,8-9). Le necedad del corazón humano cuando no escucha a Dios, es escandalosa. Vaga desconcertado de un lugar a otro, como un alma en pena, buscando una respuesta a sus interrogantes, a pesar de ello Dios no lo abandona.

La falta de sentido todo lo convierte en rutina
Zaqueo ha cobrado impuestos durante largas horas, ha visto pasar ante sí, a muchos hombres y mujeres desgastados y cansados. Todo mantiene ese ritmo rutinario, en el cual se podría ir prediciendo lo que ocurrirá a cada instante. La rutina juega ese triste papel de ser un elemento embotante. El aire nuevo que reanima nuestra vida, llega por la rutina contaminado, sofocando el corazón que quiere volar, y le interroga para desalentarlo- ¿"por qué miras tanto el cielo"?.
La cultura actual le propone al hombre vivir de forma extraordinaria (desprecia lo ordinario) o extrema(los famosos deportes x), solamente gustando de esas experiencias únicas se puede ser feliz. ¿Si la felicidad está tan al alcance de la mano, cuál será la causa de que hoy, sea la depresión uno de los peores males?.
Los medios de comunicación infunden permanentemente en los hogares los grandes paradigmas. Si eres mujer; debes ser "modelo publicitario", es "lo máximo". Si eres hombre; "deportista", futbolista. En ambos casos, el dinero funciona como marco atractivo para tomar por uno de estos caminos, anunciando permanentemente un ingrediente de su decálogo, "tanto tienes tanto vales".
Todos opinan sobre las riquezas del Vaticano, condenando a la Iglesia, pero a ninguno se le ocurre juzgar como un disparate, que se paguen 20, 30, 40 y 50 millones de dólares por un deportista. Una pocas voces se oyeron, censurando los miles de millones de dólares que se gastaron en la última Olimpíada. El mundial del 2002 realizado conjuntamente en Corea-Japón gastó más de 2000 millones de dólares en construir y refaccionar estadios. ¿Qué bueno hubiera sido destinar ese dinero para alimentar a grandes poblaciones de Africa? En su lugar, le ofrecieron participar de la Olimpíada a un nadador de Nueva Guinea, que declaró la inexistencia de piscinas en su país. Este hecho, al ser escuchado por una de las grande empresas multinacionales de prendas deportivas, motivó la decisión de construir piletas en Nueva Guinea. No escuelas, pues la educación podría ocasionar la infeliz posibilidad de que alguno de sus futuros usuarios, pensando, quisiera oponerse a este tipo de ayudas esclavizantes.
Este selecto círculo que ha sido propuesto para todos, es alcanzado únicamente por unos pocos. El resto se siente frustrado, ha hecho grandes esfuerzos presentando su cuerpo de manera cadavérica (dando origen a la bulimia y la anorexia), o sometiéndose a todo tipo de sacrificios, y al final, solamente queda la insatisfacción. Y todo esto, para desviar la atención del hombre de las cosas esenciales, ciertamente, ellas no le generan riquezas a las grandes multinacionales. La vorágine del mundo contemporáneo está destinada a evitar que el hombre se adueñe de su vida. ¿De que te sirve ganar el mundo, y todo lo que se encuentre en él, si pierdes la eternidad?
La rutina y la mentira no pueden con el Señor, es el único capaz de sacudirnos de la modorra que nos paraliza, e invitarnos a buscar la Verdad. Su voz potente se posa sobre nuestra realidad llenándola de sentido.
En la cabeza de Zaqueo ha comenzado a recorrer un nombre: Jesús. Ha oído que algunos lo han visitado por la noche, otros, que lo escucharon en la Sinagoga, declaran que su Palabra es portadora de una autoridad que ha impresionado a la mayoría. ¿Quién es éste?. Esa pregunta ha turbado la tarde serena y monótona en la vida de Zaqueo.
El texto describe a Zaqueo, diciéndonos que es jefe de publicanos y rico, observada su posición desde el poder, se la podría catalogar de acomodada. Pero vista desde sus compatriotas su situación es denigrante, los judíos que colaboraban con el Imperio Romano eran considerados pecadores. Nada detiene la acción de Jesús, en sus comportamientos y palabras, él manifiesta que Dios no hace acepción de personas.
Una y otra vez emerge la pregunta ¿Quién es Jesús?
Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo
Zaqueo, sabe que Jesús va a pasar por un lugar determinado, un espacio físico sin mayor sentido, uno de esos tantos lugares que no guardan nada importante para nosotros. No es el pozo de Jacob, ni el monte Carmelo, es un lugar de tantos. Uno de esos lugares a los que estamos totalmente habituados, nunca se nos ocurriría pensar que allí, se nos va a manifestar el Señor.
Zaqueo quiere verlo(Lc 19,3), se acerca como tanta gente para ver a Jesús. Esto que se ha propuesto, choca con dos dificultades. Una que proviene de él; es de baja estatura, y la otra que está fuera de él; hay mucha gente. Ambas realidades entran en una suerte de sociedad, se unen como Pilatos y Caifás para alejarlo de la realización del deseo que anima su búsqueda de la verdad. Estas dificultades buscan desalentarlo.
El encuentro con Jesús es de tal intensidad que siempre aparecerán en el horizonte propuestas que quieran evitarlo. Tú, no puedes verlo - susurra suavemente el enemigo en los oídos de Zaqueo - no pierdas el tiempo, vuelve a tus cosas. ¿Y si toma por otro camino?.
Zaqueo está en apariencia enfrentado a una serie de preguntas que se suceden para desalentarlo, todo parece estar en un nivel muy superficial, pero, no es así.
C.S.Lewis, en su libro "Cartas del diablo a su sobrino", narra una historia que ejemplifica esta realidad. El diálogo se desarrolla entre dos Diablos; Orugario (un diablo aprendiz) y su instructor, llamado Escrutopo. Hay que recordar que en dicho diálogo, el "Enemigo" es Dios.
"Tuve un paciente, ateo convencido, que solía leer en la Biblioteca del Museo Británico. Un día, mientras estaba leyendo, vi que sus pensamientos empezaban a tomar el mal camino. El enemigo estuvo a su lado al instante, por supuesto, y antes de saber a ciencia cierta dónde estaba, vi que mi labor de veinte años empezaba a tambalearse. Si llego a perder la cabeza, y empiezo a tratar de defenderme con razonamientos, hubiese estado perdido, pero no fui tan necio. Dirigí mi ataque, inmediatamente, a aquella parte del hombre que había controlado mejor, y le sugerí que ya era hora de comer. Presumiblemente -¿sabes que nunca se puede oír exactamente lo que dice?-, el Enemigo contraatacó diciendo que aquello era mucho más importante que la comida; por lo menos, creo que esa debería ser la línea de su argumentación, porque cuando yo dije: "Exacto: de hecho, demasiado importante como para abordarlo a última hora de la mañana", la cara del paciente se iluminó perceptiblemente, y cuando pude agregar: "Mucho mejor volver después del almuerzo, y estudiarlo a fondo, con la mente despejada", iba ya camino de la puerta."
En nuestra vida, hay momentos que los juzgamos como aparentemente menores y no lo son, veladamente encierran una cadena de decisiones que afectarán profundamente nuestra vida. Son momentos de decisión.
Sígueme, escuchó aquella tarde Mateo mientras estaba sentado cobrando los impuestos (Mt 9,9),…. y Pedro, Andrés, Santiago y Juan (Lc 5,1-11) dejaron las redes, los botes y lo siguieron.
Estas dos dimensiones siempre están presentes en nuestras vidas cuando nos aproximamos al encuentro con Jesús; por un lado, esta lo que viene de mí, es decir, mi historia personal, mi carácter, mis inclinaciones, mis debilidades, mis virtudes, etc….y por otro lado, esas realidades externas que las llamaríamos, lo que está fuera de mí, la familia, los amigos, el lugar de trabajo, el colegio, la cultura imperante, etc…
Zaqueo es de baja estatura, eso viene de él, en nosotros habrá orgullo, deseos de no perder los privilegios, soberbia, excesiva comodidad, evitar comprometernos, estos y otros muchos ejemplos más, son los que aparecen ante nosotros presentándonos dificultades que muchas veces nos paralizan con un falso sentimiento de indignidad. Hay que enfrentarlos confiando en la gracia de Dios y obedeciendo a su Palabra.
La TV, la cultura de la "muerte", el consumismo, el hedonismo, el materialismo, el indiferentismo, las ideologías ateas, el secularismo; son tan sólo, algunas de las muchas propuestas que se respiran en el aire de nuestras culturas.
Esto viene de fuera, lamentablemente organizado sistemáticamente. Es lo que S. Pablo llama el misterio de la iniquidad, una fuerza que se opone al proyecto de Dios. En ella y por ella se manifiesta el "enemigo".
Para ver a Jesús, Zaqueo debe vencer esas realidades, por cuanto son un obstáculo, un impedimento que lo paraliza en su deseo de ver a Jesús.
El Señor ha vencido al mundo y con su resurrección ha vencido al último enemigo, la muerte. Esta es la prenda de nuestra victoria, Cristo ha resucitado, y ya nada tiene poder sobre él.
El lugar del Encuentro
Las dificultades en la vida espiritual no son invencibles, "el Señor no deja que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas".
Zaqueo enfrenta sus miedos, obstáculos y privilegios y con la ayuda de Dios los vence, se eleva por encima de ellos. El sicómoro, le ha ayudado para levantarse por encima de todo lo que le impide ver a Jesús. Ahora solamente hace falta esperar. El sicómoro es un pequeño árbol de la familia de las higueras, él bendice los deseos de Zaqueo, es una higuera bendita por el Señor de la cuelga Zaqueo como su mejor ofrenda.
Este pequeño arbusto, nos permite meditar sobre una realidad muy importante de la vida cristiana; el instrumento. Nosotros podemos pedir al Señor ser sus instrumentos, al igual que esta pequeña higuera, podemos ofrecernos para ayudar a que otros "vean a Jesús". Nosotros podemos comprometernos para tratar de despejar los distintos obstáculos que impiden a otros "ver a Jesús". El Señor se sirve de higueras pequeñas, frágiles y sencillas que sirven de instrumento para su plan.
Al verlo a Zaqueo sobre ese pequeño arbusto, pensemos en nuestras dificultades, y debilidades, en las parálisis que en sus múltiples formas nos han amenazado. También recordemos todas las bendiciones que Dios ha pronunciado sobre nosotros, cuanta paz descansa en nuestro corazón de creyentes, cuando reconocemos y rechazamos las sugestiones del enemigo. Que gozo embarga nuestra espera.
Tal vez Zaqueo, en alguna otra oportunidad, regresó para ver nuevamente el lugar del encuentro, cuantas cosas le agradecería a Dios. El Señor ha llenado de sentido la existencia de Zaqueo. Esperar al Señor junto a Zaqueo en la higuera, nos exige volver sobre nuestra vida y fundamentalmente sobre el lugar (o los lugares) del Encuentro para nutrir nuestro seguimiento, poniéndonos delante de Jesús humildemente.
En realidad Jesús, al llegar frente a la higuera (el pequeño arbusto), se detiene y llama a Zaqueo por su nombre. Él toma la iniciativa, anda buscando a Zaqueo, como busca a tantos hombres y mujeres hoy, saliéndoles al paso en tan variadas situaciones como tiene la vida. Zaqueo ha sido sorprendido por este llamado de Jesús que ha pronunciado su nombre. Vibra en su corazón la voz de Cristo que lo llama.
Los judíos a quienes consideraban pecadores, no les dirigían la palabra, tal vez Zaqueo haya sufrido este silencio. La voz de Jesús rompe el silencio que pesa sobre Zaqueo, este regalo lo recibe con gran alegría (v 6), la misericordia sin límites del Señor lo llena de gozo, lo ha alcanzado el Evangelio que es " Buena noticia".
Jesús lo invita a bajar, esto supone la condición de asumir y enfrentar todas las faltas cometidas, Zaqueo camina al lado del Señor humildemente, sintiendo el peso de las miradas que enjuician su existencia descalificándolo. Para los espectadores del hecho, Zaqueo es un pecador, ¿cómo es que Jesús entra en la casa de un pecador?. Dado que estos juicios no detienen a Jesús, cae también el Señor, bajo esta malintencionada afirmación; "éste come con pecadores y prostitutas".
Al aceptar la compañía del Señor, acepta el juicio injusto de los hombres y esto lo puede hacer porque antes ha gustado del juicio de Dios, y luego de gustar de la misericordia de Dios el juicio de los hombres le parece sumamente injusto.
¿Cuántos en nuestra vida han actuado como la pequeña higuera (Sicómoro), ayudándonos a elevarnos por encima de todo lo que nos impide ver a Jesús? ¿Cuánto temor al juicio de Dios infundado? ¿Cuánto gozo luego del perdón?. Que bueno es el Señor.
Una palabra portadora de Luz
La presencia de Jesús en la vida de Zaqueo ilumina sus oscuridades, esta dispuesto a reparar las injusticias que ha cometido, está dispuesto a vivir bajo una luz nueva. Reconoce que su existencia, como la de la luna, es recibida totalmente del sol, por eso vive bajo la mirada amorosa del sol.
Con Jesús ha llegado a la casa de Zaqueo la salvación. Él es la salvación. "Hoy ha llegado la salvación a tu casa ". Jesús es el único Salvador.
He aquí un criterio importante que nos permitirá discernir si verdaderamente nos hemos encontrado con el Señor. Si al encontrarnos con el Señor, nuestra vida sigue totalmente igual, sin mayores alteraciones, es decir, "sin cambios". No nos hemos encontrado con el Señor, hemos encontrado una idea del Señor (una ideología), un modo de comportarnos(una moral), pero, no al Señor. Si verdaderamente hay encuentro, a su paso en nuestra vida, nada queda igual. Zaqueo pone todo delante del Señor, pero fundamentalmente se pone él, ante un corazón arrepentido que pide a Dios misericordia, Jesús le revela ese amor de predilección que Dios tiene con los pecadores. "El hijo del hombre (es decir Jesús) vino a buscar lo que estaba perdido". Vino a buscarlo apasionadamente (he deseado comer esta Pascua con ustedes), para conducirlo a la casa paterna sobre sus hombros.
Este pasaje evangélico está presente permanentemente en el mundo, nuestro Señor no descansa, sale todos los días a buscar al que está perdido, desorientado o deprimido. A veces, envía a otros, como lo hizo con Andrés, que nos traen noticias de Él; un amigo, un familiar e incluso un desconocido.
El Señor te ama y te espera. Ha preparado un Banquete y tú eres su invitado. La mesa está servida y el Señor espera a sus invitados, ellos lentamente van llegando. Es una mesa enorme, el número de los invitados "es imposible de contar", la alegría es indescriptible. Cada uno ha vivido una historia maravillosa, todas dan testimonio de este amor que busca incesantemente comunicarse. A Zaqueo lo encontró sobre una pequeña higuera.
Dejemos a Francisco Bernárdez (católico y poeta argentino) nos exprese la experiencia íntima del encuentro con Jesús y su efecto salvífico en el alma del creyente.
"Un regocijo sin fronteras al obstinado sufrimiento ha sucedido.
¿Cómo no estar lleno de gozo cuando se sabe la razón de haber nacido?.
Por vez primera en este mundo sé que se puede ver la dicha y estar vivo.
Dios ha querido libertarme, Dios ha querido rescatarme del olvido".


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BENEDICTO XVI: CÓMO DEBEMOS ENTENDER LAS PALABRAS DIRIGIDAS A MARÍA AL PIE DE LA CRUZ?

--Santo Padre, la última pregunta es sobre María. A los pies de la cruz, hay un conmovedor diálogo entre Jesús, su madre y Juan, en el que Jesús dice a María: "He aquí a tu hijo" y a Juan : "He aquí a tu madre". En su último libro, "Jesús de Nazaret", lo define como "una disposición final de Jesús". ¿Cómo debemos entender estas palabras? ¿Qué significado tenían en aquel momento y que significado tienen hoy en día? Y ya que estamos hablando de confianza. ¿Piensa renovar una consagración a la Virgen en el inicio de este nuevo milenio?

--Benedicto XVI: Estas palabras de Jesús son ante todo un acto muy humano. Vemos a Jesús como un hombre verdadero que lleva a cabo un gesto de verdadero hombre: un acto de amor por su madre confiándola al joven Juan para que esté tranquila. En aquella época en Oriente una mujer sola se encontraba en una situación imposible. Confía su madre a este joven y a él le confía su madre. Jesús realmente actúa como un hombre con un sentimiento profundamente humano. Me parece muy hermoso, muy importante que antes de cualquier teología veamos aquí la verdadera humanidad, el verdadero humanismo de Jesús. Pero por supuesto este gesto tiene varias dimensiones, no atañe sólo a ese momento: concierne a toda la historia. En Juan, Jesús confía a todos nosotros, a toda la Iglesia, a todos los futuros discípulos a su madre y su madre a nosotros. Y esto se ha cumplido a lo largo de la historia: la humanidad y los cristianos han entendido cada vez más que la madre de Jesús es su madre. Y cada vez más personas se han confiado a su madre: basta pensar en los grandes santuarios, en esta devoción a María, donde cada vez más la gente siente: "Esta es la madre." E incluso algunos que casi tienen dificultad para llegar a Jesús en su grandeza de Hijo de Dios, se encomiendan a su madre sin dificultad. Algunos dicen: "Pero eso no tiene fundamento bíblico". Aquí me gustaría responder con San Gregorio Magno: "En la medida que se leen -dice--, crecen las palabras de la Escritura." Es decir, se desarrollan en la realidad, crecen , y cada vez más en la historia se difunde esta Palabra. Todos podemos estar agradecidos porque la Madre es una realidad, a todos nos han dado una madre. Y podemos dirigirnos con mucha confianza a esta madre, que para cada cristiano es su Madre. Por otro lado la madre es también expresión de la Iglesia. No podemos ser cristianos solos, con un cristianismo construido según mis ideas. La madre es imagen de la Iglesia, de la madre Iglesia y confiándonos a María, también tenemos que encomendarnos a la Iglesia, vivir la Iglesia, ser Iglesia con María.

Toco ahora al tema de la consagración: los papas --Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo II-- hicieron un gran acto de consagración a la Virgen María y creo que , como gesto ante la humanidad, ante María misma, fue muy importante. Yo creo que ahora es importante interiorizar ese acto, dejar que nos penetre, para realizarlo en nosotros mismos. Por eso he visitado algunos de los grandes santuarios marianos del mundo: Lourdes, Fátima, Czestochowa, Altötting ..., siempre con el fin de hacer concreto, de interiorizar ese acto de consagración, para que sea realmente un acto nuestro. Creo que el acto grande, público, ya se ha hecho. Tal vez algún día habrá que repetirlo, pero por el momento me parece más importante vivirlo, realizarlo, entrar en esta consagración para hacerla verdaderamente nuestra. Por ejemplo, en Fátima, me di cuenta de cómo los miles de personas presentes eran conscientes de esa consagración, se habían encomendado, encarnándola en sí mismos, para sí mismos. Así esa consagración se hace realidad en la Iglesia viva y así crece también la Iglesia. La entrega a María, el que todos nos dejemos penetrar y formar por esa presencia, el entrar en comunión con María, nos hace Iglesia, nos hace, junto con María, realmente esposa de Cristo. De modo que, por ahora, no tengo intención de una nueva consagración pública, pero sí quisiera invitar a todos a unirse a esa consagración que ya está hecha, para que la vivamos verdaderamente día tras día y crezca así una Iglesia realmente mariana que es madre, esposa e hija de Jesús.