viernes, 19 de mayo de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: OCUPA TU LUGAR!!!


Mucho hablamos de la humildad y del valor que tiene para la vida cristiana. Santa Teresa de Jesús, la maravillosa doctora de la Iglesia, ha sintetizado el significado de la humildad en la siguiente frase: “Humildad es andar en verdad”.

Con ella, nos debemos alejar de dos males, que se ubican en los extremos. Uno engendrado por la propia soberbia, a la que se opone la humildad, atribuyéndome lo que no me corresponde y pavoneándome de mis dones y carismas. En el lado contrario está la conocida “falsa humildad”, propia de aquellos que se sienten muy disminuidos, piensan que no pueden hacer nada y que lo suyo no tiene valor. Nunca aceptan propuestas, porque ellos no tienen como hacer aquello que se les propone.Incluso hacen sinónimo de humilde: el no aceptar nada.

Diríamos aplicando la definición de la santa doctora del Carmelo, ni tanto ni tan poco. Incluso y si me permiten, yo presentaría esta propuesta suya diciendo: “ocupa tu lugar”. No te coloques donde no te corresponde, ni tampoco pienses que no hay un sitio para ti. “Ocupa tu lugar”. Todos necesitamos que despliegues tus talentos, y Dios especialmente cuenta contigo. , Esto es ser humilde…

jueves, 18 de mayo de 2017

ROMANO GUARDINI: QUÉ ES LA VOLUNTAD DE DIOS?


-- Un día Jesús estaba ornado en cierto lugar. Cuando terminaba su oración, uno de sus discípulos le pidió: “Señor enséñanos a orar así como Juan enseñó a sus discípulos”. Era un momento muy importante. Jesús tenía que decirles cómo hacer lo más grande e íntimo: acercarse a Dios, recibir sus dones, compartirlo con los demás hombres. Les iba a enseñar lo que debían pedir y con qué sentimientos hacer una oración perfecta. Les enseña el Padrenuestro.


El Padrenuestro no es una oración, entre muchas, sino la oración más genuinamente cristiana. Es coesencial de lo que se debe pedir y encierra la actitud para rezar honestamente.

Significado de “hágase tu voluntad”
En el Padrenuestro encontramos una rara súplica: “hágase tu voluntad” ¿Alguna vez hemos meditado con seriedad el significado de esta expresión? Primeramente, debe quedar claro que la voluntad de Dios es algo grande y de mucho valor, que hemos de pedir se haga en nosotros, recurriendo, incluso, a la solemnidad de la oración. Nos parece algo muy raro, porque no tenemos la costumbre de considerar la voluntad de Dios como un valor, algo importante que está en la mayoría de los casos, de modo serio y sobremanera apremiante.

Nuestra extrañeza llega al colmo cundo seguimos nuestra meditación. Acerca de la voluntad de Dios,¿tengo que pedir que se cumpla? Sí es así, es porque hay la posibilidad de que no se cumpla. ¿Acaso Dios no es todopoderoso?¿Su voluntad no es ya una acción? Y el Padrenuestro me pide rezar para que se cumpla su voluntad.¡menuda ocupación la que me han echado encima!¡Ésta voluntad quizá sea algo muy delicado que está en peligro!

Siguiendo, caminando de asombro en asombro. Esta voluntad es tan exquisita y valiosa, que tenemos que dirigir nuestra súplica al poder más grande, a Dios. Que los hombres roguemos Dios para que se haga su voluntad es realmente raro.

Qué nos revela este conjunto de realidades?¿Qué nos dice del sistema de sentimientos que suscita esta oración?

El Padrenuestro encierra varias cosas: la grandeza de la voluntad de Dios y, al mismo tempo, su delicadeza; la debilidad de la voluntad de Dios en nuestro mundo y encomendada a la diligencia del hombre; la invocación que el hombre hace a Dios, pidiéndole asistencia para poner en sintonía de su actividad de hombre con la actividad poderosa de Dios. Detrás de todo esto,¿no sientes que se esconde el misterio del Dios viviente?

Qué es la voluntad de Dios?
En que consiste la voluntad de Dios? Nos hemos acostumbrado a pensar en Dios en sentido moral. Él es para nosotros la suma de todas nuestras obligaciones, una especie de personificación de toda la ley moral.¡Pero, Dios es mucho más!

Para nosotros la voluntad de Dios es implemente lo que debe ocurrir, lo que se debe realizar en el mundo que ha creado, lo que debe resultar de todas las fuerzas de la naturaleza, de la creatividad humana, de la libertad espiritual para que todo el mundo llegue a ser como él lo ha pensado. Todo esto es la voluntad de Dios. La voluntad de Dios es la perfección de lo que Dios ha creado, al centro de la cual está el hombre y su libertad.

¡Esto es una verdad incontestable, que apenas podemos comprender! Pero hay más. La voluntad de Dios es todo lo que Dios exige del hombre, como hombre. Es la voluntad de realización que él ha puesto en mí, que me pide cumplir y que yo, en conciencia, debo hacer, como ser concreto y único, situado en el universo. Yo soy lo que soy gracias a la universalidad de la historia y del mundo y el mundo es gracias a mí.

La voluntad de Dios como actividad de Dios
Hay algo más en la voluntad de Dios. Ella no sólo se sitúa sobre mí y frente a mí para decirme lo que debo hacer o cómo debo er. No es una orden militar, que está en mis manos y que hay que cumplir, sino que es una fuerza viviente que está en mi interior y lo anima. Ella no es solo mandamiento, sino emoción interna. Es la forma particular de Dios, que está obrando en mí, exhorta, impulsa, ayuda, sostiene, produce, forma, lucha, vence, perfecciona.

La voluntad de Dios obra en mi interior. Ella es la fuerza que Dios me da para que haga lo que él me pide. Desde este punto de vista la voluntad de Dios se llama gracia. Cuando la voluntad de Dios se cumple, hay dos fuerzas; es don y acción de la voluntad de Dios…, y obra suya, gracias a mi voluntad. Todo es un misterio de unidad!

La voluntad de Dios como actividad constante
Hay algo más todavía en la voluntad de Dios. Ella no está en mí como algo ya concluido, sino como realidad que se renueva todos los días y me da constantemente sus avisos. Si no cumplo con los deberes que tengo, no se cumple la voluntad de Dios ¿Quiere decir esto que terminó la voluntad de Dios y que ya no tengo obligaciones? En absoluto. La voluntad de Dios inmediatamente me da disposiciones nuevas para hacer. Aunque haya nuevas cosas para activarse, la voluntad de Dios ha sufrido cambios porque algo malo ha sucedido: el mal no estaba incluido en su mandato.

Cuando el pecado ha sido cometido, la voluntad de Dios, desde siempre única y eterna, viva y constantemente creadora, me indica a mí como culpable. El pecado h quedado en mi interior y siento vivo sus efectos. Las consecuencias están a ojos vistas. Es un pecado delante de Dios.
En el momento actual, la voluntad de Dios me dice que la haga ahora, porque ella existe para mi propio beneficio. Esto quiere decir que la voluntad de Dios no es lgo definitivo y ya hecho, de una vez por toda, sino que se hace en cada instante, y compromete mi libertad, mis actitudes, mis obras y vuelve a dirigirse a mí, como algo nuevo cada vez, en cualquier situación en que me encuentre.

En todo esto, hay mucha rigidez, nada se olvida, nada se pasa por alto. Lo que existe, existe y queda incluido en las exigencias de la voluntad de Dios, y que hay que asumirlo hasta ls últimas consecuencias. Pero también hay un amplitud inefable. En todo momento hay una voluntad de Dios y, en todas partes, siempre hay un camino.

La voluntad de Dios como camino
Si a un oficial militar le dan una orden y no la cumple, la orden ha dejado de existir. Existía pero ha cesado por haber sido mal cumplida y no hay caminos posibles.

Delante de Dios las cosas son diversas. Con él siempre hay un camino. Cualquier cosa ocurra, buena o mala, la voluntad de Dios es el juez, y va más allá. Ella acoge lo ya hecho y exige el paso siguiente y de este modo hace caminar las cosas y nada se para. Puede ser que el camino, al andar los pasos, se vaya haciendo más duro y abnegado, porque seguimos cargando las consecuencias de nuestros pecados y equivocaciones, pero es un verdadero camino. No es una senda que tenemos trazada delante de nosotros y que, al abandonarla, nos quedamos absolutamente sin caminos, sino una senda que estamos construyendo con nuestros pies, partiendo de Dios, senda que se hace nueva a cada paso que damos.

La voluntad de Dios es el amor del Padre
La Biblia nos ofrece un nombre bellísimo para bautizar la voluntad de Dios: “Amor del Padre”.La voluntad de Dios no es una ley impersonal, sino la viviente fuerza creadora de Dios, del hombre, del mundo…No es la orden de un tirano a los hombres, sino la disposición personal que hace un padre a su hijo o a su hija. Es la voluntad tierna hacia su hijo, amado con exclusividad, y que es más que un mandato, es una fuerza animadora que sostiene y ayuda. Es la gracia de Dios. Es su amor que nos abre el corazón a sus mandamientos, y nos da las fuerzas para cumplirlos. Es el gran poder del amor, que todo lo da: la existencia, la fuerza, las obras. Todo lo que hay, lo que hacemos, lo que podemos se convierte en patrimonio nuestro, gracias al amor de Dios. Este es el pacto entre el poder de Dios y la libertad del hombre, cuyo secreto es: cuanto más fuerte y poderosa es la gracia, tanto más es libre la libertad humana.

Los mandatos de Dios no son tan rígidos, como para anular la voluntad, cuando no los ha cumplido, y acabar con todo. Al contrario, con una fuerza de amor creador que siempre se renueva y que el cuidado amoroso del padre para con sus hijos mantiene en actividad. Dios acompaña todos los acontecimientos y colabora con la libertad del hombre…Misterio insondable de su paciencia que todo lo hace posible porque puede y quiere.

Secreto cristiano para hacer la voluntad de Dios
Hemos comprendido ya cómo hemos de rogar para que se haga la voluntad de Dios, como nos lo enseñó Jesucristo. El núcleo del problema es: Cuanto más un hombre se entrega íntimamente a Cristo, tanto más se despierta en él la pasión por la voluntad de Dios. Conciencia de que esta voluntad ocupa el primer lugar como valor, como afecto, como dinamismo.

Tanto más firme será la adhesión a la voluntad de Dios cuanto más el hombre conoce su pecado, su flaqueza, su pobreza. Entonces será más íntima su pasión por ella y le pedirá al Señor del universo que se encargue él de llevar a término la perfección que da sentido al mundo.

Se despierta, contemporáneamente, en el hombre la confianza de que la voluntad de Dios se cumplirá, por sobre todo, y que aquella debilidad terminará triunfando sobre los poderes egoístas y oscuros. Cuanto es más íntimo, en el cristiano, el respeto a Dios, tanto más le pide no evadir su voluntad, y no perder jamás el sentido de la misma, imposible de recobrar. Por eso pide a Dios que tenga paciencia.

Por otro lado, se dice a sí mismo. Es imposible destruir la voluntad de Dios. Esta voluntad que reinaba en el mundo ¿no parecía destruida? pero, ¿no vino lo extraordinario de la salvación y se pudo hablar de dichosa culpa? Y la creación, que estaba destrozada,¿no fue de nuevo aceptada, con la esperanza de cielos nuevos y tierras nuevas?

De esta esperanza no se puede deducir absolutas garantías. Estamos en el deber de tener paciencia, estar atentos y hacer obras, esperando íntimamente que se cumpla la voluntad de Dios.

lunes, 8 de mayo de 2017

JACINTA Y FRANCISCO DE FÁTIMA


FRANCISCO Y JACINTA fueron beatificados en mayo de 2000.

Francisco nació en Aljustrel, Fátima, el 11 de junio de 1908. Fue bautizado el 20 de junio de 1908.

Enfermó de neumonía en diciembre de 1918. Y falleció en Aljustrel a las 22 horas del 4 de abril de 1919. Fue enterrado en el cementerio de Fátima y después trasladado a la basílica el 13 de marzo de 1952.
Su gran preocupación era la de "consolar a Nuestro Señor". El espíritu de amor y reparación para con Dios ofendido fueron notables en su vida tan corta. Pasaba horas "pensando en Dios". Fue un contemplativo.

Jacinta también nació en Aljustrel el 11 de marzo de 1910 y fue bautizada el 19 de ese mismo mes.

Víctima de una neumonía, enfermó en diciembre de 1918. Estuvo internada en el hospital de Vila Nova de Ourém, y luego en Lisboa, en el hospital de doña Estefanía, donde murió a las 22:30 del 20 de febrero de 1920.

Se llevó el cuerpo al cementerio de Vila Nova de Ourém; el 12 de septiembre de 1935 fue trasladada al cementerio de Fátima y el 1 de mayo de 1951 se trasladó su cuerpo finalmente a la basílica del Santuario. 

Su vida se caracterizó por el espíritu de sacrificio, el amor al Corazón de María, al Santo Padre y a los pecadores. Llevada por la preocupación por la salvación de los pecadores y el desagravio al Inmaculado Corazón de María, de todo ofrecía un sacrificio a Dios, como le recomendara el Angel, diciendo siempre la oración que Nuestra Señora les había enseñado: " Oh Jesús, es por vuestro amor, por la conversión de los pecadores ( y añadía por el Santo Padre) y como reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María".

jueves, 4 de mayo de 2017

SAN JUAN PABLO II: FÁTIMA, UNA MUJER VESTIDA DE SOL, VINO DEL CIELO A LA TIERRA


1. "Yo te bendigo, Padre, (...) porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11, 25).

Con estas palabras, amados hermanos y hermanas, Jesús alaba los designios del Padre celestial; sabe que nadie puede ir a él si el Padre no lo atrae (cf. Jn 6, 44), por eso alaba este designio y lo acepta filialmente: "Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito" (Mt 11, 26). Has querido abrir el Reino a los pequeños.

Por designio divino, "una mujer vestida del sol" (Ap 12, 1) vino del cielo a esta tierra en búsqueda de los pequeños privilegiados del Padre. Les habla con voz y corazón de madre: los invita a ofrecerse como víctimas de reparación, mostrándose dispuesta a guiarlos con seguridad hasta Dios. Entonces, de sus manos maternas salió una luz que los penetró íntimamente, y se sintieron sumergidos en Dios, como cuando una persona -explican ellos- se contempla en un espejo.

Más tarde, Francisco, uno de los tres privilegiados, explicaba: "Estábamos ardiendo en esa luz que es Dios y no nos quemábamos. ¿Cómo es Dios? No se puede decir. Esto sí que la gente no puede decirlo". Dios: una luz que arde, pero no quema. Moisés tuvo esa misma sensación cuando vio a Dios en la zarza ardiente; allí oyó a Dios hablar, preocupado por la esclavitud de su pueblo y decidido a liberarlo por medio de él: "Yo estaré contigo" (cf. Ex 3, 2-12). Cuantos acogen esta presencia se convierten en morada y, por consiguiente, en "zarza ardiente" del Altísimo.

2. Lo que más impresionaba y absorbía al beato Francisco era Dios en esa luz inmensa que había penetrado en lo más íntimo de los tres. Además sólo a él Dios se dio a conocer "muy triste", como decía. Una noche, su padre lo oyó sollozar y le preguntó por qué lloraba; el hijo le respondió: "Pensaba en Jesús, que está muy triste a causa de los pecados que se cometen contra él". Vive movido por el único deseo -que expresa muy bien el modo de pensar de los niños- de "consolar y dar alegría a Jesús".

En su vida se produce una transformación que podríamos llamar radical; una transformación ciertamente no común en los niños de su edad. Se entrega a una vida espiritual intensa, que se traduce en una oración asidua y ferviente y llega a una verdadera forma de unión mística con el Señor. Esto mismo lo lleva a una progresiva purificación del espíritu, a través de la renuncia a los propios gustos e incluso a los juegos inocentes de los niños.

Soportó los grandes sufrimientos de la enfermedad que lo llevó a la muerte, sin quejarse nunca. Todo le parecía poco para consolar a Jesús; murió con una sonrisa en los labios. En el pequeño Francisco era grande el deseo de reparar las ofensas de los pecadores, esforzándose por ser bueno y ofreciendo sacrificios y oraciones. Y Jacinta, su hermana, casi dos años menor que él, vivía animada por los mismos sentimientos.

3. "Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón" (Ap 12, 3).
Estas palabras de la primera lectura de la misa nos hacen pensar en la gran lucha que se libra entre el bien y el mal, pudiendo constatar cómo el hombre, al alejarse de Dios, no puede hallar la felicidad, sino que acaba por destruirse a sí mismo.

¡Cuántas víctimas durante el último siglo del segundo milenio! Vienen a la memoria los horrores de las dos guerras mundiales y de otras muchas en diversas partes del mundo, los campos de concentración y exterminio, los gulag, las limpiezas étnicas y las persecuciones, el terrorismo, los secuestros de personas, la droga y los atentados contra los hijos por nacer y contra la familia.

El mensaje de Fátima es una llamada a la conversión, alertando a la humanidad para que no siga el juego del "dragón", que, con su "cola", arrastró un tercio de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra (cf. Ap 12, 4). La meta última del hombre es el cielo, su verdadera casa, donde el Padre celestial, con su amor misericordioso, espera a todos.

Dios quiere que nadie se pierda; por eso, hace dos mil años, envió a la tierra a su Hijo, "a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19, 10). Él nos ha salvado con su muerte en la cruz; ¡que nadie haga vana esa cruz! Jesús murió y resucitó para ser "el primogénito entre muchos hermanos" (Rm 8, 29).

Con su solicitud materna, la santísima Virgen vino aquí, a Fátima, a pedir a los hombres que "no ofendieran más a Dios, nuestro Señor, que ya ha sido muy ofendido". Su dolor de madre la impulsa a hablar; está en juego el destino de sus hijos. Por eso pedía a los pastorcitos: "Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, pues muchas almas van al infierno porque no hay quien se sacrifique y pida por ellas".

4. La pequeña Jacinta sintió y vivió como suya esta aflicción de la Virgen, ofreciéndose heroicamente como víctima por los pecadores. Un día -cuando tanto ella como Francisco ya habían contraído la enfermedad que los obligaba a estar en cama- la Virgen María fue a visitarlos a su casa, como cuenta la pequeña: "Nuestra Señora vino a vernos, y dijo que muy pronto volvería a buscar a Francisco para llevarlo al cielo. Y a mí me preguntó si aún quería convertir a más pecadores. Le dije que sí". Y, al acercarse el momento de la muerte de Francisco, Jacinta le recomienda: "Da muchos saludos de mi parte a nuestro Señor y a nuestra Señora, y diles que estoy dispuesta a sufrir todo lo que quieran con tal de convertir a los pecadores". Jacinta se había quedado tan impresionada con la visión del infierno, durante la aparición del 13 de julio, que todas las mortificaciones y penitencias le parecían pocas con tal de salvar a los pecadores.

Jacinta bien podía exclamar con san Pablo: "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24). El domingo pasado, en el Coliseo de Roma, conmemoramos a numerosos testigos de la fe del siglo XX, recordando las tribulaciones que sufrieron, mediante algunos significativos testimonios que nos han dejado. Una multitud incalculable de valientes testigos de la fe nos ha legado una herencia valiosa, que debe permanecer viva en el tercer milenio. Aquí, en Fátima, donde se anunciaron estos tiempos de tribulación y nuestra Señora pidió oración y penitencia para abreviarlos, quiero hoy dar gracias al cielo por la fuerza del testimonio que se manifestó en todas esas vidas. Y deseo, una vez más, celebrar la bondad que el Señor tuvo conmigo, cuando, herido gravemente aquel 13 de mayo de 1981, fui salvado de la muerte. Expreso mi gratitud también a la beata Jacinta por los sacrificios y oraciones que ofreció por el Santo Padre, a quien había visto en gran sufrimiento.

5. "Yo te bendigo, Padre, porque has revelado estas verdades a los pequeños". La alabanza de Jesús reviste hoy la forma solemne de la beatificación de los pastorcitos Francisco y Jacinta. Con este rito, la Iglesia quiere poner en el candelero estas dos velas que Dios encendió para iluminar a la humanidad en sus horas sombrías e inquietas. Quiera Dios que brillen sobre el camino de esta multitud inmensa de peregrinos y de cuantos nos acompañan a través de la radio y la televisión.
Que sean una luz amiga para iluminar a todo Portugal y, de modo especial, a esta diócesis de Leiría-Fátima.

Agradezco a monseñor Serafim, obispo de esta ilustre Iglesia particular, sus palabras de bienvenida, y con gran alegría saludo a todo el Episcopado portugués y a sus diócesis, a las que amo mucho y exhorto a imitar a sus santos. Dirijo un saludo fraterno a los cardenales y obispos presentes, en particular a los pastores de la comunidad de países de lengua portuguesa: que la Virgen María obtenga la reconciliación del pueblo angoleño; consuele a los damnificados de Mozambique; vele por los pasos de Timor Lorosae, Guinea-Bissau, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe; y conserve en la unidad de la fe a sus hijos e hijas de Brasil.

Saludo con deferencia al señor presidente de la República y demás autoridades que han querido participar en esta celebración; y aprovecho esta ocasión para expresar, en su persona, mi agradecimiento a todos por la colaboración que ha hecho posible mi peregrinación. Abrazo con cordialidad y bendigo de modo particular a la parroquia y a la ciudad de Fátima, que hoy se alegra por sus hijos elevados al honor de los altares.

6. Mis últimas palabras son para los niños: queridos niños y niñas, veo que muchos de vosotros estáis vestidos como Francisco y Jacinta. ¡Estáis muy bien! Pero luego, o mañana, dejaréis esos vestidos y... los pastorcitos desaparecerán. ¿No os parece que no deberían desaparecer? La Virgen tiene mucha necesidad de todos vosotros para consolar a Jesús, triste por los pecados que se cometen; tiene necesidad de vuestras oraciones y sacrificios por los pecadores.

Pedid a vuestros padres y educadores que os inscriban a la "escuela" de Nuestra Señora, para que os enseñe a ser como los pastorcitos, que procuraban hacer todo lo que ella les pedía. Os digo que "se avanza más en poco tiempo de sumisión y dependencia de María, que en años enteros de iniciativas personales, apoyándose sólo en sí mismos" (san Luis María Grignion de Montfort, Tratado sobre la verdadera devoción a la santísima Virgen, n. 155). Fue así como los pastorcitos rápidamente alcanzaron la santidad. Una mujer que acogió a Jacinta en Lisboa, al oír algunos consejos muy buenos y acertados que daba la pequeña, le preguntó quién se los había enseñado: "Fue Nuestra Señora", le respondió. Jacinta y Francisco, entregándose con total generosidad a la dirección de tan buena Maestra, alcanzaron en poco tiempo las cumbres de la perfección.

7. "Yo te bendigo, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños".

Yo te bendigo, Padre, por todos tus pequeños, comenzando por la Virgen María, tu humilde sierva, hasta los pastorcitos Francisco y Jacinta.

Que el mensaje de su vida permanezca siempre vivo para iluminar el camino de la humanidad.

miércoles, 3 de mayo de 2017

EL PADRE PÍO Y NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

El Padre Pío escribió a menudo de su amor por la Madre de Dios, recordándonos:“descansar vuestro oído sobre Su Corazón Maternal y escuchar Sus sugestiones, y luego sentir todos los mejores deseos de perfección nacidos en usted”. El Padre consideró a Nuestra Señora como la gran fuerza armonizante y directriz detrás del Santo Sacramento de la Penitencia, y dijo que “para comprender y hacer más fructífero el sacramento, usted debe confiarse a la inspiración y guía de la Santísima Vírgen.”
 
Como verdadero hijo de Nuestra Señora, el Padre Pío amó el Rosario y se sabía querezaba las 15 decenas del Rosario tanto como 35 veces en el día. En muchas fotografías, se lo mostró con la mano derecha dentro del bolsillo en el que siempre conservaba las cuentas de su Rosario. En verdad, él urgía a todos los católicos a “amar a la Madonna y a rezar el Rosario, pues el Rosario es el arma contra los males del mundo.”
 
Cuando se lo consultaba sobre el papel de Nuestra Señora en el plan de Dios para la salvación, el Padre Pío respondía que “todas la gracias dadas por Dios pasan a través de Su Santísima Madre.” Fue en ese entendimiento que casi diariamente, en la última década de su vida en esta tierra, ofrecía la Misa de la Inmaculada Concepción. Se dice de haberlo escuchado decir que (Nuestra Señora) “me acompaña al altar y permanece a mi lado cuando ofrezco la Santa Misa.”
 
El Padre Pío y Nuestra Señora de Fátima 
 
El Padre Pío expresaba diariamente su especial devoción a Nuestra Señora de Fátima, cuando se arrodillaba y rezaba en Su capilla dentro del monasterio, ante una gran pintura, rodeado por velas ardientes. En verdad, él atribuía a la Virgen de Fátima el haberle salvado la vida.
 
En 1959, la Imagen Peregrina de Nuestra Señora de Fátima visitó Italia. Al mismo tiempo, el Padre Pío se puso muy enfermo y se le diagnosticó un tumor canceroso fatal. El 6 de agosto, la imagen de Nuestra Señora llegó a San Giovanni Rotondo. Levantándose de su lecho de enfermo, el Padre Pío rezó delante de la imagen y besó su pié. Cuando la imagen partía en helicóptero, él dijo: “Oh, Madre mía, cuando Tu llegaste a Italia me encontraste con esta enfermedad. Tu viniste a visitarme aquí a San Giovanni y me encontraste aún sufriendo de ella. ¡Ahora Tu te vas y no fui librado de mi enfermedad”
 
Cuando el Padre Pío dijo esta oración, ocurrió un milagro. En lo alto del monasterio, el helicóptero con la imagen de Nuestra Señora voló repentinamente en círculo tres veces sobre el monasterio. El piloto diría luego que él no pudo explicar como ocurrió. Al mismo tiempo el Padre Pío sintió inmediatamente que lo recorría un escalofrío. Su cuerpo fue penetrado por un chorro de luz y sintió estallar el tumor. El gritó, “¡Estoy curado! ¡Nuestra Señora me ha curado!”
 
“Doy gracias a la Virgen de Fátima,” escribió poco después. “El mismo día que Ella partíó, me sentí bien otra vez. He vuelto a celebrar Misa desde hace tres días.”

martes, 2 de mayo de 2017

LUCÍA DE FATIMA: DEVOCIÓN DE LOS CINCO PRIMEROS SÁBADOS


La Hermana Lucía, explica a Doña María de Miranda, su madrina, esta devoción de los CINCO primeros sábados de mes, con una carta:

1 Noviembre, 1927; La Hermana Lucía escribió:

"Yo no se si tú ya sabes acerca de la devoción reparatoria de los CINCO PRIMEROS SÁBADOS al Corazón Inmaculado de María. Como todavía está reciente, me gustaría inspirarte a practicarla, porque es pedida por Nuestra querida Madre Celestial, y Jesús ha manifestado un deseo de que sea practicada.

También me parece que serías muy afortunada querida madrina, no solo de saberla y de darle a Jesús la consolación de practicarla; sino también de darla a conoce, y hacerla abrazar por muchas otras personas. Consiste en esto:

"Durante cinco meses, en los PRIMEROS SÁBADOS, recibir a Jesús en la Sagrada Comunión, recitar un Rosario, tener quince minutos de compañia a la Virgen, mientras se meditan los misterios del Rosario, y hacer una confesión".

"La confesión puede hacerse unos pocos días antes, y si en esta confesión previa, has olvidado la intención (requerida), la siguiente intención se puede ofrecer, siempre y cuando en el PRIMER SÁBADO uno reciba la Sagrada Comunión en estado de Gracia, con la intención de hacer reparación por las ofensas en contra de la Santísima Virgen, y que afligen Su Inmaculado Corazón".


"Me parece, querida Madrina, que somos afortunados de poder darle a nuestra querida Madre Celestial esta prueba de amor, porque nosotros sabemos que Ella desea que se le ofrezca esto. En cuanto a mí, yo reconozco que nunca estoy tan contenta como cuando llega el PRIMER SÁBADO".

"¿No es verdad que nuestra felicidad más grande es pertenecerle completamente a Jesús y a María, y amarles a ellos, y a ellos solamente, sin reserva?"

"Esto lo vemos claramente en las vidas de los santos... Ellos estaban contentos porque amaban, y nosotros, mi querida madrina, nosotros tenemos que buscar de amar como ellos lo hicieron; no solamente para disfrutar a Jesús, lo cual es lo menos importante "porque si no lo disfrutamos aquí abajo, nosotros lo disfrutaremos al arriba", sino para darles a Jesús y María la consolación de ser amados... y que a cambio de este amor ellos podrían salvar muchas almas."

HORACIO BOJORGE SJ: FÁTIMA Y LA CIVILIZACIÓN DE LA ACEDIA

Introducción
La Acedia
El tema que pienso exponer en esta conferencia es: Fátima y la civilización de la Acedia. Ya conocen muchos de ustedes los dos libros: En mi sed me dieron vinagre. La Civilización de la Acedia. Ensayo de Teología Pastoral [1] y Mujer ¿por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la Civilización de la Acedia.[2]. Y saben que en ellos llamo la atención sobre el hecho de la acedia y expongo en qué consiste. Un hecho espiritual poco reconocido y que, sin embargo, puede ser considerado como el mal espiritual de nuestra civilización y que la define.

Abundan los diagnósticos sobre nuestras sociedades. Diagnósticos económicos, socio-políticos, culturales, de las ideologías o las ideas filosóficas que las orientan, etc. Pero el nuestro, es un diagnóstico estrictamente espiritual, profético, acerca del mal espiritual de nuestra civilización. Un diagnóstico espiritual que excede, por lo tanto, lo que las ciencias humanas pueden alcanzar.

Un prominente norteamericano, William J. Bennett, que fue ministro de Cultura y Educación de Estados Unidos durante la administración del presidente Ronald Reagan, afirmó en 1995, en una conferencia, coincidentemente con nuestro diagnóstico, que la raíz de los males sociales y culturales señalables en la sociedad norteamericana, es de índole espiritual y consiste en la acedia. Una resistencia a tener en cuenta las realidades religiosas de la fe cristiana a la hora de tomar las decisiones que afectan el bien común.

La Acedia y Fátima

En mis observaciones y reflexiones sobre la acedia, nunca me había detenido a meditar sobre la relación existente entre la acedia de nuestro siglo XX y las apariciones marianas de Cova de Iría, (que se prolongan en los mensajes a Lucía en Pontevedra y Tuy), conocidas como las apariciones de Fátima. No había reparado en la patente relación que existe entre el mensaje que en ellas ha dado Nuestra Señora del Corazón Inmaculado, y la acedia que aqueja nuestra  civilización. He caído, pues, en la cuenta, con sorpresa, que el mensaje de Fátima tiene relación directa con ella.
En efecto, Fátima no es un mensaje devocional que se presente en forma ahistórica y de espaldas a los sucesos mundiales del siglo. Llamativamente, Nuestra Señora se ocupa, en sus mensajes, de hechos históricos tales como las dos guerras mundiales y Rusia, o lo que es lo mismo, de la revolución marxista.

1917: La revolución bolchevique
Se ha observado[3] que 1917 es, en plena primera guerra mundial, el año del triunfo de la revolución bolchevique que instala en Rusia el primer estado no sólo ateo, sino anti-teo[4]. Un gobierno que se propone, por primera vez en la historia, como parte de su plan de creación de una nueva humanidad, la erradicación de la religión, que es, en los hechos y principalmente, la erradicación de la fe cristiana, ortodoxa y católica, empezando por el ámbito de las Repúblicas Socialistas Soviéticas Unidas. Pero no sólo en ese ámbito. Pronto comenzará a exportar la revolución anticristiana. Es conocida la participación que tuvieron, en las persecuciones sangrientas durante las revoluciones mexicana y española de las décadas siguientes, los agentes políticos revolucionarios rusos o de la internacional marxista. Recuérdese que Trotsky se asila en México, donde es, a pesar de todo, asesinado.

Las persecuciones multifacéticas al pueblo católico en el siglo XX

El siglo XX podrá pasar a la historia como un siglo de acedia, de odio a Dios en la figura de sus creyentes más pequeños (Mateo 25,31ss). Refresquemos un poco la memoria acerca de las persecuciones padecidas por el pueblo católico en este siglo.

Etnocidios

Aunque todavía está por hacerse el balance total de las persecuciones y de los mártires católicos y ortodoxos del siglo XX, es posible recordar a vuelo de pájaro: la matanza de casi dos millones de armenios, a manos del imperio otomano que, ya desde el siglo XIX había venido persiguiendo a las etnias cristianas sometidas a la dominación turca en Siria y el Líbano. Hay que recordar la persecución en México con la gesta de los Cristeros; la opresión política en Francia, Uruguay y tantos otros países, por influjos masónicos. La persecución de los católicos en el Tercer Reich y en los territorios ocupados: Polonia, Austria y Europa Oriental. Luego de la Segunda Guerra, la terrible persecución comunista en las naciones de Europa Oriental que le fueron discrecionalmente entregadas en Yalta: Polonia, Checoeslovaquia, Hungría, Bulgaria, Rumania, Alemania Oriental. Sin olvidar las naciones de la Yugoslavia de Tito y la radical dictadura albanesa.

La persecución en la URSS fue dantesca y demoledora. Tras una pausa durante la Segunda Guerra, por razones políticas internas,  Stalin la retomó con redoblada furia y fue continuada por sus sucesores.
Este siglo vio también instalarse el marxismo en China continental, donde arrasó la Iglesia católica china. Las matanzas de católicos en África han sido tremendas también y en algunos casos con el virtual exterminio del clero y religiosos.

Persecuciones psicológicas y psicopolíticas

A los martirios sangrientos hay que agregar otras formas de persecución y discriminación mediante medios psicopolíticos
El comunismo ruso comenzó con los lavados de cerebro mediante los cuales se buscaba, aplicando la psicología de los reflejos condicionados de Pavloff, el fundador de la psicología conductista materialista, manipular la conducta humana y determinarla, mediante la aplicación de premios y castigos, para lograr la conversión de los creyentes en buenos ciudadanos soviéticos. Esta reconversión o apostasía era la meta que buscaban los tribunales del pueblo, los interrogatorios policiales, las prisiones, campos de concentración, trabajos forzados, el estado policial. Todo apuntaba a que los creyentes confesaran sus errores y los de la Iglesia y se plegasen a la ideología marxista.
Esa técnica se aplicó luego, aún en el así llamado mundo libre donde la ideología marxista se infiltró en los medios intelectuales y académicos del catolicismo, sin excluir el clero. Se conoció entonces la teología de la liberación marxista, que logró los objetivos psicopolíticos a los que apuntaba: dividir a la Iglesia y sembrar en ella la confusión, la división y las acusaciones mutuas. Una situación de la que le cuesta reponerse al catolicismo, que sigue siendo sometido a encontradas agresiones psicopolíticas, como es actualmente la así llamada teología india.

Muchos fieles, sobre todo jóvenes, e incluso sacerdotes y religiosos, se involucraron más o menos profundamente con los movimientos revolucionarios violentos, inspirados por la ideología marxista y financiados por la Unión soviética o por otras fuentes oscuras, interesadas en el resquebrajamiento de la unidad católica y  en el desdibujamiento de la identidad católica. Se ha podido demostrar que la teología marxista de la liberación y hasta la guerrilla, recibían apoyo intelectual y ayuda económica de organizaciones protestantes relacionadas con el  stablishment  protestante y el Consejo Mundial de las Iglesias [5]. El compromiso de estos católicos con la izquierda violenta dio bienvenido pretexto a la represión militar y a las acciones de la inteligencia militar y policial de todas las corrientes e ideologías, en el tejido social y humano del pueblo de Dios.
La Iglesia era atacada por unos como aliada del capitalismo y por otros como aliada de los terroristas. Y el efecto fue la efectiva división de los católicos por motivos ideológicos y políticos.

Esas eran formas de persecución psicopolíticas de las que apenas si nos vamos haciendo conscientes y debido a las cuales se incurre insensiblemente en cismas y apostasías.

Persecuciones legales y jurídicas

Para completar el cuadro de las multifacéticas formas de la acedia anticatólica en este siglo, pueden agregarse las formas de discriminación y de opresión jurídica de los católicos. En En mi sed me dieron vinagre me he referido al así llamado Ateísmo estructural y a la Acedia jurídica. Ha habido una oposición y obstaculización crónica e insidiosa de la vida católica por vía legal. Se ha impuesto a naciones católicas constituciones y filosofías jurídicas liberales, racionalistas, positivistas, antiteas. Se ha dejado a los católicos desamparados en sus derechos al respeto de sus símbolos e imágenes religiosas, que suelen ser manoseados o profanados impunemente por los señores feudales de la publicidad.
Francia lideró, con su ejemplo, desde el siglo XIX la opresión jurídica y legal de los católicos. Prohibió las órdenes y congregaciones religiosas. Los gobiernos de Uruguay y México siguieron su ejemplo. Otras leyes francesas introducían vejaciones que dieron lugar a la enérgica encíclica Vehementer Nos de san Pío X, a comienzos del siglo.

La tiranía escolar

Pero quiero señalar una forma de persecución por lo general poco tenida en cuenta, por revestirse de formas particularmente secretas e insidiosas, y que, sin embargo, tiene graves y devastadoras consecuencias sobre la identidad del pueblo de Dios. Me refiero a la dictadura escolar que practican las democracias, uno diría que con buena conciencia y sin percibir su olor a tiranía. Dictadura escolar a la que se ve sometido el pueblo católico en la mayoría de los países latinoamericanos.
Si hay un sector de servicios que no se privatiza en ninguno de los feudos del actual orden mundial, es el de la educación. Al respecto, los estados siguen imponiendo sus programas en las disciplinas humanas: historia, filosofía. La tendencia es también a abolir esas disciplinas. ¿Qué consecuencias tiene esta política escolar para la identidad y la autoconciencia católica?

Sus consecuencias

Como consecuencia de esta tiranía docente, el pueblo católico se ve impedido de transmitir de una generación a otra, en el ámbito escolar, sus tradiciones doctrinales e históricas, las gestas de sus mayores, la historia de su pueblo. Esta situación, sostenida a lo largo de más de un siglo, ha ido produciendo una pérdida importante y extendida de la memoria y de la identidad colectiva, un debilitamiento del sentido de pertenencia. El conocimiento de la propia historia, de la figura y doctrina de los Santos Padres, de los Santos, y ¿por qué no? también de sus pecadores, se va convirtiendo cada vez más en el privilegio de unos pocos que van siendo cada vez menos, incluso entre los clérigos y religiosos. La ignorancia de los católicos acerca de sí mismos es pavorosa.

La acedia como causa de la persecución

¿A qué se deben todas estas formas de violencia que apuntan al etnocidio, al exterminio demográfico, o a la desaparición cultural del pueblo católico? ¿A qué se debe este odio inexplicable contra un tipo humano excelente como el que nace de la fe? ¿Cómo se explica que en vez de apreciar sus virtudes, incluso ciudadanas, y de fomentar su existencia y su excelencia, se esté siempre al acecho de sus defectos para pretextar los intentos de exterminio o de desidentificación?
Podrían darse, si se reconociese este hecho que tan pocos reconocen, ensayarse muchas respuestas, de orden histórico, político, ideológico o social. Nuestro diagnóstico, lo hemos dicho, es espiritual. Se trata de acedia. Una acedia que ha adquirido dimensiones políticas, de civilización, de legislación de teorías jurídicas, de ideas filosóficas justificatorias... pero que es de naturaleza espiritual: demoníaca. Opuesta al Espíritu Santo, con una forma de oposición que más que en una herejía doctrinal respecto de la persona del Espíritu Santo, de su naturaleza o de su condición trinitaria, o de su misión salvífica, consiste en una negación de sus obras y en una resistencia práctica a su acción específica. Se dice, por ejemplo, que la evangelización de América fue un mal.

Acedia y resistencia al Espíritu Santo

Este diagnóstico se ve confirmado por el Magisterio. En su Encíclica sobre el Espíritu Santo Dominum et vivificantem Juan Pablo II describe la acedia en términos de resistencia práctica al Espíritu Santo y se la ubica, como hemos hecho en el capítulo séptimo de En mi sed me dieron vinagre, en el contexto de la resistencia de la carne al Espíritu Santo, de la que habla San Pablo. Dice el Papa:
“Por desgracia, la resistencia al Espíritu Santo que San Pablo subraya en la dimensión interior [...] que tiene lugar en el corazón humano, encuentra [...] especialmente en la época moderna, su dimensión externa, concentrándose como contenido de la cultura y de la civilización, como sistema filosófico, como ideología, como programa de acción y formación de los comportamientos humanos. Encuentra su máxima expresión en el  materialismo, ya sea en su forma teórica –como sistema de pensamiento – ya sea en su forma práctica – como método de lectura y de valoración de los hechos – y además como programa de conducta correspondiente.
El sistema que ha dado su máximo desarrollo y ha llevado a sus extremas consecuencias prácticas esta forma de pensamiento, de ideología y de praxis, es el materialismo dialéctico e histórico, reconocido hoy como núcleo vital del marxismo”.

Nótese que el Papa no dice que sea el único sino el más radical. Porque también el régimen racionalista y liberal-naturalista se opone al Espíritu aunque no tan violentamente. Y prosigue:
“Por principio y de hecho el materialismo excluye radicalmente la presencia y la acción de Dios, que es Espíritu, en el mundo, y sobre todo en el hombre, por la razón fundamental de que no acepta su existencia, al ser un sistema esencial y programáticamente ateo. Es el fenómeno impresionante de nuestro tiempo al que el Concilio Vaticano II ha dedicado algunas páginas significativas[6].
“Aunque no se puede hablar de ateísmo de modo unívoco, ni se lo puede reducir exclusivamente a la filosofía materialista, dado que existen varias especies de ateísmo [...] sin embargo, es cierto que un materialismo verdadero y propio entendido como teoría que explica la realidad y tomado como principio clave de acción personal y social, tiene carácter ateo.[...] De aquí se sigue que la religión puede ser entendida solamente como una especie de ‘ilusión idealista’ que ha de ser combatida [...] para eliminarla de la sociedad y del corazón mismo del hombre.
“Se puede decir, por tanto, que el materialismo es el desarrollo sistemático y coherente de aquella resistencia y oposición [de la carne contra el espíritu] denunciada por San Pablo” (Dominum et Vivificantem N. 56)

He aquí, descrita por el Papa, la acedia antitea característica de nuestra civilización, exasperada en su versión soviética, pero que permanece presente en su versión globalista del nuevo Orden Mundial tal como lo concibe Francis Fukuyama, teórico y asesor del Departamento de Estado de los Estados Unidos[7].

El ataque a la fe. Declaraciones de Marx, Lenin y el Partido Comunista
Veamos algunos textos que ejemplifican lo afirmado por el Papa.
Como es sabido, el comunismo es, ante todo, una teoría fundada en el materialismo ateo de Feuerbach, Marx y Engels, autores que a su vez son tributarios de las críticas contra la fe cristiana de Kant y Hegel. De estos autores, algunos negaron sistemáticamente la fe y la religión cristiana y otros pasaron a combatirla activamente tratando de erradicarla, como dice el Papa, de la sociedad y hasta del corazón mismo del hombre.

Para Karl Marx, siguiendo a Feuerbach, “es el hombre el que crea a Dios, como producto de su mente, y no Dios el que crea al hombre”. En un texto clásico afirma Marx:
“La lucha contra la religión es, por lo tanto [...] lucha contra el otro mundo, del cual la religión es el olor espiritual [...] la religión es el suspiro de la creatura oprimida; es el corazón del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo. La abolición de la religión, como felicidad ilusoria del pueblo, es necesaria para su verdadera felicidad. La exigencia de quitar las ilusiones sobre su situación es la exigencia de quitar una situación que necesita ilusiones. La crítica de la religión es, pues, en germen, la crítica de este valle de lágrimas, del cual la religión es la aureola”[8].

Las apariciones del Corazón Inmaculado de María, coincidentes con la revolución rusa, parecen una refutación de la negación marxista del corazón creyente y de su negación del Espíritu santo. La Virgen pedirá la consagración  de Rusia a su Corazón Inmaculado, porque en ese país se comienza a instalar un régimen político que procura la abolición de la fe en Rusia como primer paso para su abolición en todo el mundo. A grandes males, grandes remedios. Y a los que niegan la existencia y la acción histórica de Dios, se les responde con una intervención milagrosa de Dios.

Lenin, que instaló el régimen marxista en Rusia con la revolución bolchevique de 1917, afirmaba: “Nosotros debemos luchar contra la religión [léase siempre ‘la fe cristiana’ ortodoxa y católica en Rusia y Ucrania]. Este es el ABC de cualquier especie de materialismo; y por lo tanto del marxismo. Pero el marxismo no es un materialismo que se detenga en el ABC. El marxismo va más allá. Es preciso saber luchar contra la religión y poder dar a las masas una explicación materialista de los fundamentos de la fe y de la religión”[9]
Esta misma fue la doctrina del PCUS, el Partido Comunista de la Unión Soviética hasta su disolución. En 1919 decía:  “El Partido lucha por la abolición completa de toda religión”. En 1971, medio siglo después, propiciaba: “La decisiva derrota de las supervivencias del pasado en la conciencia del hombre y en su conducta, entre las más tenaces de las cuales se cuentan los prejuicios religiosos”[10].

La Cruzada antitea
El régimen marxista instalado en Rusia, es decir en la URSS, no es un mero hecho político. Tiene un sentido espiritual. Es una cruzada antitea moderna. Es un intento demoníaco de abolición de la fe cristiana que se programa para imponerse en el mundo entero por todos los medios, primero políticos. Más tarde, con el desarrollo de la psicología de la propaganda política, por medio psicopolíticos. Y por fin, con el afinamiento de una estrategia cultural reclamada por Gramsci, también por medios culturales.
Por eso, la referencia, en Fátima, a la conversión de Rusia si ésta le es consagrada al Corazón de María por el Papa y todos los obispos, es decir por los representantes jerárquicos de todo el pueblo de Dios perseguido, so pena de que sus errores se difundan y sobrevengan terribles guerras y persecuciones sangrientas, es también un hecho espiritual de lucha. Es una cruzada mariana. Nuestra Señora misma reconoce el carácter de guerra espiritual que reviste este enfrentamiento con los poderes demoníacos, cuando afirma: “Finalmente, mi Corazón Inmaculado triunfará y habrá un tiempo de paz”.

El Corazón y las Espinas
Ante la acedia organizada ideológica, política y culturalmente, la Caridad de Dios responde a su modo. El simbolismo del Corazón cercado de espinas visibiliza el carácter peculiar de este enfrentamiento entre el Espíritu Santo de Caridad, que trae gozo y paz, y la acedia, que desertifica a la humanidad y la convierte en una civilización de la muerte.

¿Qué puede oponer al empuje del cerco de espinas el corazón desnudo de la caridad? ¿Ese corazón, sin corazas ni defensas, de Dios? ¿Qué puede oponer a la ofensa de los pecadores? Fácil le sería al fuego quemar las espinas. Pero el fuego de la caridad, el de la zarza ardiendo no es un fuego devorador de los pecadores. Al cerco de las espinas, el fuego de la Caridad que inflama al Corazón Inmaculado sólo opone Caridad. El amor de los niños. La capacidad de sacrificio de Jacinta y Francisco, por compasión con los pecadores que se pierden y se van al infierno, y por compasión con el corazón entristecido de Jesús. La Caridad cercada de espinas triunfa en estos niños dándoles la disposición para sufrirlo todo por amor a Dios y a los hombres que se pierden: las acusaciones de mentirosa por parte de su madre y hermanas que padeció la hasta entonces mimada y mimosa Lucía; el acoso y la sospecha pública de ser una niña embustera; los interminables interrogatorios que alimentaba la sospecha rebuscando alguna contradicción delatora; la burla y la risa sarcástica hasta de autorizados sacerdotes, prestigiosos pero incrédulos; las durezas del párroco, celoso de su autoridad; las amenazas de muerte por parte de autoridades civiles y de soldados; interrogatorios con promesa de ejecución y con ficción de haber ejecutado ya a los cómplices por negarse a revelar sus secretos; torturas morales infligidas a niños menores de edad por autoridades civiles y militares por hechos que no eran delito: ”Lo que habéis hecho a uno de estos hermanitos míos más pequeños, a mí me lo habéis hecho”.

Los niños quedaron inflamados de caridad. De amor a Dios. De compasión por los pecadores. De amor que sufre, sacrifica, no juzga y perdona, no toma nada a mal. Ellos reflejan el amor de Jesús y de María por la salvación de todos los hombres.

Contra la acedia organizada en forma de gobierno y planes quinquenales, en forma de proyecto antiteo que se proponía abolir la fe y arrancarla del corazón de los pueblos cristianos, los Corazones de Jesús y de María, inflamados en el fuego de la Caridad, sitiados por las espinas de la acedia, suscitan la insurrección de los pequeños, de los humildes, pero fuertes y grandes por la caridad y por la sabiduría de la cruz, que los empuja al sacrificio y a la paciencia por amor a los demás.

Fátima no es, pues, solamente un acontecimiento de devoción puramente privada e intimista. Es una especie de jaque mate divino, dado en el tablero de la historia, a las insidias de la acedia de los príncipes de este mundo contra el Señor y su Ungido (Salmo 2).
Fátima es una respuesta divina en la que, imitando a Dios, los suyos podemos aprender cómo se ha de responder a la Acedia histórica, militante y organizada, la acedia programática del Príncipe de este mundo y de las Tinieblas, la de sus agentes y sus colaboradores conscientes [11], y la de las multitudes de los que “no saben lo que hacen”.

Vigencia de Fátima
Fátima no ha perdido su vigencia con la caída de la Unión Soviética y la crisis del comunismo real. Más aún, parece que habiéndose reventado el absceso del antiteísmo soviético, se hubiese difundido más la infección del antiteísmo o del indiferentismo práctico, hasta el punto de afectar el tejido del pueblo católico.
El Mensaje de Fátima sigue siendo actual y su pastoral [12], centrada en las virtudes teologales y principalmente en la caridad, parece constituir lo que el Papa Todo suyo Juan Pablo II, nos propone y recomienda.
La resistencia al Espíritu, como la Serpiente, cambia de piel, pero sigue siendo la misma. Y al hacerse más solapada y semejante al color de las virtudes cristianas se hace tanto más insidiosa y peligrosa. El último cambio de piel, parece ser el del Nuevo Orden Mundial. Del que se ha dicho que  es “La mayor amenaza que la conciencia cristiana haya enfrentado en la historia”[13].

Dios viene, pues, a dar respuesta a la civilización de la acedia con el movimiento que arranca de Fátima y pone en movimiento a los humildes, a los creyentes, a los pequeños, a los inflamados por la caridad, a los pacientes, a los que se sacrifican por los pecadores, a los que oran como les enseñó a los niños el Ángel de la Paz, en las visiones preparatorias desde 1915: “Dios mío, yo creo, te adoro, espero y te amo. Te pido perdón por todos los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman”... “Dios mío, lleva a todas las almas al cielo...”

Es la oración de la caridad, que no se conforma con el ejercicio de la virtud de religión sólo para sí, sino que desea que todos los hombres se salven. Es el anhelo apostólico diametralmente opuesto al de Marx y Lenin, que desean que los hombres dejan de querer, de adorar, de esperar y de amar a Dios, como quien se sacude un yugo de infelicidad.

En la oración que el Ángel de la Paz le enseña a los niños está el secreto de la Paz Mundial.

(Llevaba cinco páginas manuscritas más de texto, pero no hubo tiempo para exponerlas. Si es posible se pondrán a continuación . En ellas se expone más claramente que la situación de guerra en que se encuentra el mundo en el tiempo de estas apariciones se debe a la doctrina del conflicto de origen hegeliano, que promete la unión como fruto de la oposición: tesis, antítesis y síntesis. Y exalta la espiritualidad del amo sobre el esclavo.)


[1] Ed. Lumen, Bs. As. 19992
[2] Ed. Lumen, Bs. As. 1999
[3] Véase Joaquín María Alonso, Fátima ante la Esfinge. El mensaje escatológico de Tuy, Ed. Sol de Fátima, Madrid 1979
[4]  Aunque el término antiteo no sea usual, es, sin embargo necesario. Porque el ateísmo militante y perseguidor, es más que un agnosticismo, es positivamente opuesto a Dios, ya sea como idea ya sea como realidad. La partícula privativa a-teo no pinta suficientemente la positiva oposición combativa que expresa la preposición anti-teo.
[5] Véase: 1) Roberto Jiménez, Teología de la Liberación: Proyecto histórico y tres de sus conceptos claves, en el volumen colectivo: Roberto Jiménez; Joaquín Lepeley; Roger Vekemans S.J.; Juan Cordero, Teología de la liberación. Análisis y confrontación hasta la Libertatis Nuntius (CEDIAL [Centro de Estudios para el Desarrollo e Integración de América Latina] Bogotá – Colombia, sin fecha,  956 págs.) Jiménez traza el organigrama de personas e instituciones, revistas y editoriales, que forman una tupida red internacional, en las páginas 9 a 69. 2) Carlos A. Sacheri, La Iglesia clandestina, Ediciones del Cruzamante, Buenos Aires 19775, en especial págs 67 a 76 donde traza el cuadro del stablishment católico y sus vinculaciones con el stablishment secular, propagado por fuerzas protestantes y sociedades secretas. Sacheri, asesinado en odio a la fe, cita en su trabajo un artículo de John Léo The Catholic Stablishment en la revista Approaches (1968) Nº 9. Los encuentros latinoamericanos de Teología India, como en otro tiempo los de teología de la liberación, son apoyados por una amplia red de organismos protestantes o mixtos como El Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) o la Asociación Ecuméncia de Teólogos del Tercer Mundo (ASETT), Iglesia y Sociedad en América Latina (ISAL), etc.
[6] Gaudium et Spes 19-21
[7] Véase: Alfredo sáenz, El Nuevo Orden Mundial en el pensamiento de Fukuyama, Ediciones del Pórtico, Buenos Aires 1997
[8] Karl Marx, Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, en Karl Marx Frühe Schriften, Ed. Cotta, Stuttgart, 1962, p. 489
[9]  Citado por J. M. Alonso, O.c.
[10] Citado por J.M. Alonso,  O.c.
[11] Alguien me decía que se encuentra, en Internet, un sitio en el que se propone: “Si quiere ser apóstol de Satanás, haga clic aquí”
[12]  Sobre la pastoral que enseña el Mensaje de Fátima podrá consultarse con fruto las Actas del Congreso celebrado allí en 1993: A Pastoral de Fátima. Actas do I Encontro Internacional sobre a Pastoral de Fátima No 75 Aniversario das Aparicoes, Santuario de Fátima, 1993, 562 Págs.
[13]  Federico Mihura Seeber en: Gladius No. 30, p. 75