
Pero esto no significa precisamente que el amor y la misericordia de Dios sean injustos. La justicia es un atributo de Dios tanto como el amor y la misericordia. Por eso en el sermon de la montaña se insiste en que Jesús no vino a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento, y se dice expresamente que ningún precepto de la ley, en la medida en que procede de Dios, puede abolirse (Mt 5,17-19). Toda interpretación del Sermón de la Montaña que desconozca esto -también cuando se trata de la aplicación del amor a los enemigos y del desarme en el ámbito de la sociedad- será siempre una interpretación sesgada. El orden intramundano, tanto público como privado, no es abolido, simplemente es superado mediante el comportamiento de Dios en Cristo y en el comportamiento de los discípulos de Cristo. La primera lectura expresa drásticamente esta superioridad de los pensamientos sobre la idea humana de la justicia y la equidad: los caminos del Señor están tan por encima de los pensamientos humanos como lo está el cielo d ela tierra. Y el pensar y obrar divinos están caracterizados `precisamente como misericordia y perdón, que como gracia seguramente seguramente incluye en sí la exigencia del a conversión; esto, considerado desde le punto de vista de la gracia, no es más que lo justo.
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