viernes, 26 de diciembre de 2014

MEDJUGORJE 25 DE DICIEMBRE 2014



     Queridos hijos! También hoy, les traigo en mis brazos a mi Hijo Jesús, y a Él le pido la paz para ustedes y la paz entre ustedes. Oren y adoren a mi Hijo, para que en vuestros corazones entre su paz y su alegría. Oro por ustedes para que cada vez estén más abiertos a la oración. Gracias por haber respondido a mi llamado.”

martes, 23 de diciembre de 2014

DIÁCONO JORGE NOVOA: UNA NOCHE EN BELÉN...


La gente agolpada de forma poco habitual, en la tranquila Belén, intentaba ubicarse en algún sitio. El censo decretado por el Emperador, había congregado a los descendientes de David, que venidos desde los más inescrutables rincones de Israel, buscaban un lugar para descansar.

Eran tantos y estaban tan apresurados, que en medio del día que moría lentamente, llegaba la noche amenazante para los visitantes circunstanciales que buscaban alojamiento. En esa persistente búsqueda, el NO había caído una y otra vez, sobre el matrimonio de María y José.

Era un NO que se asociaba a la noche. Un NO de puertas cerradas para los visitantes, pues, "en la posada no había lugar para ellos", y en medio de tantos NO, con la sensación de abandono y orfandad que producen. Surge la pregunta; ¿quién velará por nosotros? Pues, este inhóspito recibimiento presagiaba un rechazo. Ante el multiforme NO del hombre a Dios, se aproxima el eterno SI de Dios que avanza presuroso entre las situaciones humanas que obstaculizan su realización. El SI eterno desembarcó en el si temporal de María y José, encontrando un hueco con forma de hogar, en donde recalar para quedarse con nosotros. Cálidamente preparado por Dios desde la eternidad en María.

La noche, lentamente y en forma imperceptible, comenzó a ser invadida por una luz peculiar, que no tiene su origen en la que refleja la luna. Los pastores que cuidaban "por turnos el rebaño" se pusieron en camino, atraídos por aquel espectáculo maravilloso, pudiendo comprobar con sorpresa, que la luz venía de un establo. Y era tan potente, que la estrella que se había posado sobre él, parecía una vela mortecina a punto de extinguirse.
A mediada que los intrigados pastores se aproximaban, crecían los interrogantes sobre lo que estaban presenciando, ¿qué habrá dentro de la cueva que produce esa luz potente?
Los pastores al entrar en aquel recinto sagrado sintieron, como Moisés, que la tierra que pisaban era santa. La luz misteriosa la irradiaba el Niño. Era una luz tan amable, con un fulgor comparable al del sol, en el que la pobreza del establo había cobrado un brillo sin igual. Su Madre era en aquel establo la Luna, invadida por la acción de su Hijo, irradiaba una luz tan dulce como su rostro. En medio del silencio sagrado, María y José recordaban lo anunciado por el profeta Isaías: "En medio de la noche brilló una gran Luz…".
Los rostros en torno al Niño se llenaron de asombro y admiración. Las voces endebles de los hombres fueron socorridas por los coros angélicos que glorificaban a Dios. A medida que los pastores iban llegando, se arrodillaban, y se decían suavemente uno a otro, "venid adoremos al Niño".
La noche no pudo contener tanta Luz, de esta Gloria da testimonio la Iglesia. En medio de la noche de todos los tiempos, " brilla una gran luz ". Adoremos al Señor con un silencio lleno de esperanza que embargue nuestro corazón. Venid amigos, adoremos al Señor.
Para todo peregrino que no entra en el establo, la pregunta que éste suscita permanece sin respuesta. Los que observan desde fuera Belén, no comprenden su Belleza Eterna. Tal vez, podamos acercarnos humildemente a su Verdad, y adorar al Niño con los magos y pastores, contemplando el rostro dulce de su Madre y la nobleza sutil que se desliza en la mirada de José su custodio. Al encontrarlo en el pesebre podemos intentar inclinarnos ante él, para beber de su secreto gozo, de su verdad inefable y de su silencioso encanto.
"La noche no interrumpe tu historia con el hombre, la noche es tiempo de salvación"

MONSEÑOR JAIME FUENTES: QUÉ LE DIRÉ A MI DIOS EN ESTA NAVIDAD?

¿QUÉ LE DIRÉ A MI DIOS EN NAVIDAD?
+ Mons. Jaime Fuentes
Obispo de Minas

¿Qué le diré a mi Dios el único que existe
que nació justamente en Navidad
(como me dijo una nena con cara de sabihonda)
para perdonar los pecados de los hombres
y enseñarnos el camino del cielo?
¿Qué le diré a Jesús dormido en los brazos de su Madre bendita entre las mujeres como duermen todos los niños acunados por sus benditas madres?
Además de otras cosas que no vienen a cuento
siento que tengo que pedirle un poquito de luz
de la UTE del cielo para ver con ojos nuevos el misterio del amor
del matrimonio inseparable hasta la sepultura.
Jesús Niño duerme en los brazos de María
Jesús Hombre enseña a los hombres con amor de hermano
Jesús Dios nos juzgará por supuesto
nada da lo mismo nada es igual
porque somos criaturas y vamos al muere
porque sólo Él es Dios y vida eterna.
Jesús Niño Jesús Hombre
vivió en familia y aprendió lo elemental
a decir mamá y papá
a comer y a rezar y a agradecer
a trabajar y a servir y a descansar.
Santa vida ordinaria colmada de besos
y de algunas lágrimas
de menudos servicios ocultos
que los hace cualquiera
y los hizo Dios-con-nosotros.
Un niño su padre y su mamá
una familia más
son ellas las que salvarán
la cordura de este mundo loco.
Le pediré a Jesús un borrador
para limpiar de raros pensamientos
las intenciones de algunos ideólogos
que corrompen las almas de los niños.
Dicen que nadie nace sexuado dicen;
que tenemos el derecho de elegir lo que seremos dicen;
que es lo mismo la mujer que hace de hombre dicen.
Y al revés.
Dicen que no hay que discriminar
y estoy de acuerdo faltaría más
entonces que no rechacen al que piensa distinto
viva la diversidad.
Le pediré a mi Dios en Nochebuena
que les dé sabiduría a los que mandan
y un poco de coraje ¡caramba!
a los padres de los niños.
Los reciben de Dios
papá y mamá
una obra de arte serán por arte de ellos
¿y dejarán que algunos la deshagan
sin decir ni pío?
Porque Jesús Dios es un niño eterno
que nace cada día
¡Feliz Navidad!

PAPA FRANCISCO A LA CURIA ROMANA

martes, 16 de diciembre de 2014

RANIERO CANTALAMESSA: PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR


 Una antigua costumbre prevé para la fiesta de Navidad tres misas, llamadas respectivamente «de medianoche», «de la aurora» y «del día». En cada una, a través de las lecturas que varían, se presenta un aspecto distinto del misterio de forma que se tenga de él una visión por así decirlo tridimensional. El evangelio de la Misa de medianoche se concentra en el evento, en el hecho histórico. Se describe con una desconcertante sencillez, sin ostentación alguna. Tres o cuatro líneas de palabras humildes y corrientes para describir el acontecimiento, en absoluto, más importante en la historia del mundo: la llegada de Dios a la tierra.

La tarea de mostrar el significado y el alcance de este acontecimiento lo confía, el evangelista, al canto que los ángeles entonan después de haber dado el anuncio a los pastores: «Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor». En el pasado esta última expresión se traducía de manera distinta: «Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad». Con este significado la expresión entró en el canto del «Gloria» y se hizo habitual en el lenguaje cristiano. Tras el Concilio Vaticano II se suele indicar con ella a todos los hombres honestos, que buscan la verdad y el bien común, sean o no creyentes.

Pero se trata de una interpretación inexacta y por ello actualmente en desuso. En el texto bíblico original se trata de los hombres a los que ama Dios, que son objeto de la buena voluntad divina, no que ellos tengan buena voluntad. De este modo, el anuncio resulta todavía más consolador. Si la paz se otorgara a los hombres por su buena voluntad, entonces se limitaría a pocos, a los que la merecen; pero como se otorga por la buena voluntad de Dios, por gracia, se ofrece a todos. La Navidad no apela a la buena voluntad de los hombres, sino que es anuncio luminoso de la buena voluntad de Dios hacia los hombres.

La palabra clave para entender el sentido de la proclamación angélica es por lo tanto la última, la que habla del «querer», del «amor» de Dios hacia los hombres, como fuente y origen de todo lo que Dios ha comenzado a realizar en Navidad. Nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos «según el beneplácito de su voluntad», escribe el Apóstol; nos ha dado a conocer el misterio de su querer, según cuanto había establecido «en su benevolencia» (Ef 1,5.9). Navidad es la suprema epifanía de aquello que la Escritura llama la filantropía de Dios, o sea, su amor por los hombres: «Se ha manifestado la bondad de Dios y su amor por los hombres» (Tito 3, 4).

Sólo después de haber contemplado la «buena voluntad» de Dios hacia nosotros podemos ocuparnos también de la «buena voluntad» de los hombres: de nuestra respuesta al misterio de la Navidad. Esta buena voluntad se debe expresar mediante la imitación de la acción de Dios. Imitar el misterio que celebramos significa abandonar todo pensamiento de hacer justicia solos, todo recuerdo de ofensas recibidas, suprimir del corazón todo resentimiento aún justo, y ello respecto a todos. No admitir voluntariamente ningún pensamiento hostil contra nadie; ni contra los cercanos ni contra los lejanos, ni contra los débiles ni contra los fuertes, ni contra los pequeños ni contra los grandes de la tierra, ni contra criatura alguna que existe en el mundo. Y esto para honrar la Navidad del Señor, porque Dios no ha guardado rencor, no ha mirado la ofensa recibida, no ha esperado a que otro diera el primer paso hacia Él. Si esto no es posible siempre, durante todo el año, por lo menos hagámoslo en tiempo de Navidad. Así ésta será de verdad la fiesta de la bondad.

lunes, 15 de diciembre de 2014

CARLO MARÍA MARTINI: LA LUZ BRILLA EN LAS TINIEBLAS


Si hay una expresión que puede ayudarnos a comprender lo que está a punto de suceder en medio de nosotros, es ésta del evangelio de Juan: "La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no lo han extinguido" (Jn 1,5).

Habla de tinieblas, de noche y de luz. Parece que estamos ante uno de nuestros nacimientos populares, en el que sólo la cueva está iluminada con una tenue luz, mientras que el entorno está en penumbra.

Las tinieblas simbolizan todo lo que está en el mundo es confusión, falta de sentido, autosuficiencia, esfuerzo por construirnos sólo con nuestras pobres y escasas fuerzas. Este empeño desemboca frecuentemente en amargura y desesperación o,como poco, en resignación ante las muchas cosas que no podemos hacer ni conseguir. Tinieblas son, en nosotros y fuera de nosotros, la falta de razones para esperar y vivir, nos afanamos día tras día con la esperanza de algo mejor que nunca llega, intentamos aturdirnos con las pequeñas cosas de cada día, sin reflexionar nunca a fondo sobre lo que proporciona su sentido a nuestro vivir.

A menudo esta confusión es muy extensa. está en cada uno de nosotros, y está a gran escala en la sociedad, en muchas realidades que nos rodean, en muchas cosas absurdas que no deberían existir, cerca o lejos de nosotros.

Por todo esto, sentimos profundamente el sufrimiento ante estas tinieblas del mundo.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

JUAN PABLO II: VIRGEN DEL ADVIENTO



Ruega por nosotros, 
Madre de la Iglesia.

Virgen del Adviento,

esperanza nuestra, 
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.


Madre de los hombres, 
de la mar estrella,
llévanos a Cristo, 
danos sus promesas.

Eres, Virgen Madre, 
la de gracia llena,
del Señor la esclava, 
del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos, 
hacia tu belleza,
¡Amen!

jueves, 4 de diciembre de 2014

DIÁCONO JORGE NOVOA: VENDRÁ COMO LADRÓN POR LA NOCHE...








En este archivo de audio, meditamos sobre  la segunda carta de Pedro,en ella  los falsos maestros preguntan burlonamente, ¿dónde quedó su Venida? El apóstol  enseña a su comunidad lo que Dios ha revelado por su Hijo Jesucristo...

El vendrá, y por ello, hay que prepararse.. Cómo debo prepararme?

SI TÚ SUPIERAS- 770 AM- RADIO ORIENTAL- 18 A 19 HS

HANS URS VON BALTHASAR: II DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO B)


Is 40,1-5.9-11 ; 2P 3,8-14 ; Mc 1,1-8

 El Bautista aparece en el evangelio como una voz en el desierto. Nuestro mundo es un desierto hoy más que nunca; el desierto crece: materialmente, por la deforestación de los bosques, contra la que todos lo planes de cultivo, conservación y repoblación forestal parecen impotentes, y espiritualmente, por la desertización  del paisaje religioso, pues la humanidad apenas puede oír ya la voz que clama preparadle el camino al Señor. La voz se va extinguiendo en el griterío confuso y turbulento de los medios de comunicación, de las primicias informativas, de las noticias sensacionalistas que se pisan y devoran unas a otras. Y si el profeta aparece con unos hábitos sorprendentemente anti-culturales vestido de piel de camello; saltamontes y miel silvestre como alimento, nosotros hoy estamos bastante habituados a n comportamiento similar por parte de la juventud inconformista; pero estos jóvenes que ahora protestan, a menos que quieran explícitamente convertirse en seres marginales, terminarán entrando por el aro y participarán en el gran juego de los adultos. Hoy sólo es noticia, a lo sumo, la teología que se inmiscuye en los asuntos políticos o promueve cambios sociales. El Bautista lo tendría hoy más difícil que entonces, cuando la gente acudía a oírle, confesaba sus pecados y le concedía al menos un cierto crédito, creyendo que alguien más grande, al que había que preparar el camino, vendría después de él.

 La primera lectura aporta todo el contexto de su mensaje. El contenido de éste es mucho más grande que lo que se puede realizar mañana y pasado mañana: que los israelitas desterrados en Babilonia podrán volver a su patria y reconstruir su templo. El mensaje habla de un futuro, un futuro que está ciertamente próximo y en el que todos los hombres juntos verán la gloria del Señor, en el que Dios mismo, como un pastor, reunirá a toda la humanidad para conducirla finalmente a casa. Este acontecimiento escatológico debe ser proclamado desde lo alto de un monte, pues es un mensaje de gozo. La turbulenta historia del mundo, con sus hondonadas y sus colinas, es decir, con sus caminos escabrosos y tortuosos, se manifestará finalmente como el camino recto y llano por el que Dios ha transitado desde siempre. La historia, que desde el punto de vista intramundano parece encaminarse hacia catástrofes imprevisibles, es, vista desde el final, una vuelta a casa segura y entrañable.
 El tiempo de Dios. La segunda lectura nos dice que no tenemos una visión panorámica del tiempo; calculamos los día y los años, pero nuestros cálculos resultan siempre falsos. En todos los siglos se ha pronosticado el día de la venida de Dios, pero éste nunca ha llegado. Esto ocurre porque el tiempo de Dios no es como el de los hombres: para Dios mil años son como un día. Por eso algunos hablan con un tono de superioridad y de sarcasmo de retraso, de una espera ingenua del fin. Pero el Señor no tarda en cumplir su promesa. Está viniendo constantemente y saca como un pescador la gigantesca red de la historia del mundo sobre la playa. Que el fin del mundo, visto de una forma puramente intramundana, deba ser catastrófico, no turba ni el plan de Dios ni la confianza de los cristianos. Estos simplemente deben procurar que Dios los encuentre inmaculados y en paz con él cuando vuelva. El Adviento prepara esta paz.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

CARDENAL G.DANNELS: ESPERANZA Y CARIDAD


El que confía y espera en Dios debe entregarse enteramente a los hombres como Él. La esperanza se vuelca en la caridad. Esto supone un delicado equilibrio entre dos actitudes: esperar en la confianza y remangarse para entrar en acción. El cristiano se parece al que está sentado en el borde de una silla. Está sentado sobre aquello que dispone de un apoyo seguro: la esperanza. Y en el borde de la silla, porque está dispuesto a levantarse y pagar personalmente. La "poltrona del holgazán" no forma parte del mobiliario.

No se otorga una confianza plena a Dios si no se le ama. Y no se puede amar a Dios si no se ama al prójimo. Así la fe conduce a la esperanza y la esperanza conduce al amor.

Por otra parte nunca esperamos para nosotros mismos. La esperanza no alcanza su término mientras no se extiende a todos los hombres dentro del universo ¿Cómo puedo esperar el cielo con alegría si sé que allí me encontraré completamente solo?

Fe, esperanza y caridad son las tres grandes virtudes que no pueden prescindir una de otra. La fe ve lo que ya existe, la esperanza nos propone lo que vendrá; la caridad ama lo que existe, la esperanza se ocupa ya de lo que será. En nuestro tiempo,¿la esperanza seguirá siendo la virtud más grande?Como quiera que sea, las tres se mantienen recíprocamente en equilibrio y las tres son necesarias.

martes, 2 de diciembre de 2014

SAN JUAN PABLO II: VIENE EL SEÑOR

Adviento quiere decir Dios que viene, porque quiere que «todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4). Viene porque ha creado al mundo y al hombre por amor, y con él ha establecido el orden de la gracia. Pero viene «por causa del pecado», viene «a pesar del pecado», viene para quitar el pecado.
 
Por eso no nos extrañamos de que, en la noche de Navidad, no encuentre sitio en las casas de Belén y deba nacer en un establo (en la cueva que servía de refugio a los animales).

Pero lo más importante es el hecho de que Él viene.

El Adviento de cada año nos recuerda que la gracia, es decir, la voluntad de Dios para salvar al hombre, es más poderosa que el pecado.

CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS: EL ADVIENTO

El Adviento es tiempo de espera, de conversión, de esperanza:


- espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal;

- conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este tiempo, mediante la voz de los profetas y sobre todo de Juan Bautista: "Convertios, porque está cerca el reino de los cielos" (Mt 3,2);
- esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cfr. Rom 8,24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, por lo que la promesa se convertirá en posesión, la fe en visión y "nosotros seremos semejantes a Él porque le veremos tal cual es" (1 Jn 3,2)

La piedad popular es sensible al tiempo de Adviento, sobre todo en cuanto memoria de la preparación a la venida del Mesías. Está sólidamente enraizada en el pueblo cristiano la conciencia de la larga espera que precedió a la venida del Salvador. Los fieles saben que Dios mantenía, mediante las profecías, la esperanza de Israel en la venida del Mesías.

lunes, 1 de diciembre de 2014

DIÁCONO JORGE NOVOA: ESPERAR Y CONFIAR EN EL SEÑOR

Este archivo de audio, propio del tiempo del Adviento nos introduce en la vigilancia del corazón, fundamento de la vida del creyente, velar y orar nos ayudarán a prepararnos adecuadamente...


Ñ SI TÚ SUPIERAS, 770am, RADIO ORIENTAL, 18 a 19 HS.


DIÁC. JORGE NOVOA: EL ECLIPSE DE LA ANTROPOLOGÍA CRISTIANA


Leyes contrarias a la dignidad de la persona humana se suceden en nuestros parlamentos. Incremento de la violencia en las calles. Desenfreno en la utilización de bebidas alcohólicas y drogas. Proliferación de “centros de reclusión para ancianos”, y podríamos, a este recetario que presenta la cultura actual en muchas de nuestras ciudades, con diversos matices según los países, seguirle agregando otros males que la aquejan.

El individualismo, el consumismo, los estados erigidos en dios, y los líderes políticos como si fueran semi-dioses a los que hay que prestar una adhesión cuasi-religiosa, son algunos de los condimentos actuales de nuestra América Latina. La economía es el nombre clave para la felicidad que se denomina bienestar, y los encargados de guiarla son los profetas modernos. Los centros de poder económicos dan las directivas a gobiernos de derecha e izquierda, que las cumplen celosamente.

Está desapareciendo progresivamente la antropología cristiana que sustentaba nuestras culturas, con diversa cooperación desde los mismos centros de estudio cristiano. La secularización imperante ha marcado de modo diverso a los países latinoamericanos, sin prisa pero sin pausa, con nuevos modelos antropológicos. Esos, que ya presagiaban los obispos en el documento final de Puebla.

Esta visión inmanente imperante se torna sofocante. Nos hemos habituado a conversar sobre divorcios, suicidios, drogas, relaciones sexuales entre jovencitos adolescentes, malos tratos, depresión y pánico. Babilonia está instalada o en vías de instalación, ella es la prefiguración de la ciudad pagana de todos los tiempos, en donde todo se compra y todo se vende…(Ap 17-18)

Ante este panorama, cabe leer la Escritura y recordar el consejo del libro del Apocalipsis: son necesarias, “la paciencia y la fe de los santos”(13,10). Resistiendo activamente a los modelos antropológicos propuestos en programas educativos, leyes y medios. Con comunidades valientes, dispuestas a dar testimonio de la Verdad. Generando espacios de verdadera libertad para servir al bien común. Sería lamentable, que la caída de la Babilonia actual, cosa que el Señor nos ha prometido(14,8), nos encuentre entre los que la lloran a distancia...

miércoles, 26 de noviembre de 2014

HANS URS VON BALTHASAR: PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO B)




Is 63,16b-17.19b ; 64, 3-7 ; 1 Co 1,3-9 ; Mc 13, 33-37


El Año Litúrgico comienza con esta exigencia del evangelio: velad, permaneced despiertos, pues no se sabe cuándo vendrá el Señor. Navidad, es una fecha fija, pero no lo es la venida del Señor a nuestra vida y a nuestra muerte, a la vida y al final de la Iglesia. Tenemos plenos poderes sobre los bienes que Dios ha puesto sobre la tierra, a cada uno se le ha encomendado su tarea. Al portero, que debe estar pendiente de la venida del dueño y además debe velar para que los criados de la casa no abandonen su trabajo –en este portero se puede ver tanto la imagen de la Iglesia como la de cada cristiano-, se le ha encomendado la tarea especial de la vigilancia. Mediante este personaje se interpela en realidad a todos los cristianos: Lo digo a todos: ¡Velad!. La tarea que se nos ha encomendado debe llevarse a cabo; pero no se trata de nuestros propios bienes, sino de los bienes del Señor. Hagamos lo que hagamos, ya estemos realizando un trabajo espiritual o un trabajo temporal, no trabajamos para nosotros mismos, sino para él: no construimos nuestro reino, sino su reino.


En la segunda lectura se dice que hemos sido perfectamente equipados para ese trabajo por el Señor, con los dones de la gracia que Dios nos ha dado para que podamos llevarlo a cabo en ese tiempo intermedio durante el que aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Pero nosotros no esperamos esa manifestación del Señor en la ociosidad, sino que trabajamos activamente, pues el don que se nos ha dado no es para esperar ociosamente sino para actuar, para traducirlo en obras. El don se nos ha dado gratuitamente, en Cristo Jesús hemos sido enriquecidos en todo: el don del saber, el del testimonio, el don de la palabra (el hablar) se nos ha dado para que produzcan fruto que de ellos se espera. Pero Dios tampoco se limita a mirar ociosamente cómo trabajamos, sino que colabora activamente en nuestro trabajo manteniéndonos firmes en los momentos de inseguridad y de cansancio. Su ayuda nunca nos falta cuando nos aplicamos diligentemente al trabajo que nos ha sido encomendado. ¿Pero es éste nuestro caso? ¿Empleamos realmente nuestro tiempo, lleno de ocupaciones y de negocios, en trabajar en pro de la causa que Dios nos ha confiado o tenemos que entonar una mea culpa (como el profeta en la primera lectura), un lamento que debe resonar muy especialmente ahora, al comienzo del Año Litúrgico?


¿Por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema?. Se trata claramente de un lamento dirigido a Dios, no de una acusación contra Dios; porque ciertamente por Dios no queda, ya que es nuestro redentor desde siempre. Todos nosotros somos los que desde siempre éramos impuros. Estamos tan perdidos en nuestros intereses mundanos que se puede culpar a Dios de habernos entregado al poder de la lógica, al poder de nuestra culpa. Somos conscientes de nuestras propias culpas, toda nuestra justicia y todo nuestro maravilloso y peligroso progreso es como un paño manchado, el presunto florecimiento de nuestra cultura es como follaje marchito, arrebatado por el viento. Por eso a los que aún conocen a Dios y son sabedores de su fidelidad sólo les queda gritar: ¡Ojalá rasgases los cielos y bajases!. Piensa que a pesar de nuestra ingratitud somos todos obra de tus manos, la arcilla que Tú como alfarero siempre puedes remodelar.

MEDJUGORJE 25 DE NOVIEMBRE

Queridos hijos! De modo especial hoy los invito a la oración. Oren, hijitos, para que comprendan quiénes son y a dónde deben ir. Sean portadores de la Buena Nueva y gente de esperanza. Sean amor para todos aquellos que están sin amor. Hijitos, podrán ser y realizar todo solamente si oran y están abiertos a la voluntad de Dios, a Dios, que desea conducirlos a la vida eterna. Yo estoy con ustedes e intercedo día tras día por ustedes ante mi Hijo Jesús. Gracias por haber respondido a mi llamado.

viernes, 21 de noviembre de 2014

DIÁCONO JORGE NOVOA: VER Y OIR AL SEÑOR QUE VIENE


Para comprender interiormente este tiempo litúrgico debemos pedir al Espíritu Santo la gracia de poder ver y oír al Señor que viene en medio del barullo imperante. Únicamente puede Él, permitirnos sintonizar con esta Verdad enseñada por la Iglesia, y que guarda tantas implicancias para nuestra vida de fe. Necesitamos sabiduría para poder percibirlo, y rastrear sus huellas.

“La sabiduría consiste en saber el tiempo de cada cosa. Muchos hombres no lo aprenden nunca y otros lo aprenden sólo en la vejez. De modo perfecto casi nadie lo aprende, por una simple razón: el hombre vive en continuo estado de desorden que nace de la impaciencia”[1].

Vaya si hay barullo en nuestro mundo! Nos hemos consolidado como dueños de todo, el mundo científico-técnico nos ha entronizado en ese lugar, pero, lo que nos resulta cada día más complejo, es ser dueños de nosotros mismos, de nuestras vidas y nuestro tiempo. Por otra parte, cada vez más, sentimos que el tiempo se escapa, como el agua entre los dedos, volatilizándose en una infinita gama de actividades, que para lo único que no dejan tiempo es para Dios.

Nuestra reflexión tendrá como telón de fondo, dos realidades: la Esperanza teologal y el tiempo. La Liturgia del Adviento bebe incesantemente de la virtud teologal de la Esperanza[2]. Dios al comunicar al hombre la Esperanza, lo orienta firmemente hacia el bien. “Esta firmeza en la dirección hacia el bien le sobreviene a la Esperanza, esto es claro, sólo cuando es obra de Dios y se dirige hacia Él, es decir, cuando es virtud teologal”[3]. Ella hace referencia en el hombre, a su ser “status viatoris”, es decir, a la dimensión de caminante. “Este estado expresa más bien la constitución más íntima del ser de la criatura. Es el intrínseco y entitativo “aún no” de la criatura”[4].

El Adviento nos llama la atención sobre la utilización de nuestro tiempo, sobre las opciones que hemos hecho y que consumen nuestros días y horas. En especial, debemos preguntarnos por el domingo, el " día del Señor". El primer día de la semana, el día de la Resurrección de Cristo, la “fiesta primordial de los cristianos”. La “cultura del fin de semana” es anti-litúrgica, propiciatora del ocio y el entretenimiento, desplazando a la celebración dominical del centro de la vida del hombre actual.

“En nuestra vida cronometrada al minuto, la belleza de la Eucaristía sólo puede brillar en el estuche de la moderación del ritmo. La Eucaristía trasciende el tiempo. Ello supone que nos preparamos para la misma por medio de un dominio real del tiempo”[5].