jueves, 27 de abril de 2017

JOSEPH RATZINGER: LA ALEGRÍA PASCUAL


La claridad y la alegría, que para gran parte de nosotros están unidas al pensamiento de la Pascua, no pueden cambiar nada respecto al hecho de que el contenido profundo de este día sea para nosotros más difícil de comprender que el de la Navidad. El nacimiento, la infancia, la familia, todo eso es parte de nuestro mundo de experiencias. Que Dios haya sido un niño y haya hecho así grande a lo pequeño, y humano, cercano y comprensible a lo grande, es un pensamiento que nos toca de un modo muy directo. Según nuestra fe, en el nacimiento en Belén, Dios ha entrado en el mundo y esto lleva una huella de luz hasta los hombres, los cuales no están en grado de acoger la noticia tal y como es.

Con la Pascua es distinto: aquí Dios no ha entrado en nuestra vida habitual, sino que, entre sus confines, ha abierto un paso hacia un nuevo espacio más allá de la muerte. Él no nos sigue ya, sino que nos precede y sostiene la antorcha en el interior de una extensión inexplorada para animarnos a seguirle. Pero, desde el momento en el que nosotros ahora sólo conocemos aquello que está a este lado de la muerte, no podemos relacionar ninguna de nuestras experiencias con esta noticia.

Ningún concepto puede venir en auxilio de la palabra; permanece una salida en lo desconocido; y en esto percibimos dolorosamente la miopía y limitación de nuestros pasos. Y, con todo, es estimulante pensar que ahora, por lo menos a través de la palabra de uno que sabe, experimentamos aquello frente a lo que nadie puede quedar indiferente. Con enorme curiosidad, en los últimos años, se han recogido las narraciones de personas que, habiendo pasado por una muerte clínica, afirman haber percibido lo imperceptible y pueden aparentemente decir qué hay después de la oscura puerta de la muerte. Esta curiosidad muestra cómo se abre camino en nosotros de un modo apremiante la cuestión de la muerte. Pero todas estas narraciones son inadecuadas, puesto que todos estos testigos no habían muerto realmente, sino que han debido sólo probar la particular experiencia de una condición extrema de la vida y de la conciencia humana. 

Ninguno puede decir si su experiencia se habría confirmado en el caso de que hubiesen muerto realmente. Pero Aquel del que habla la Pascua, Jesucristo, realmente «descendió al reino de los muertos». Él ha respondido a la petición del rico Epulón: «¡Envía arriba a alguno del mundo de los muertos, para que así creamos!» Él, el verdadero Lázaro, ha venido de allá a fin de que nosotros creamos. ¿Lo hacemos ahora? No llega trayendo noticias y emocionantes descripciones del más allá. En cambio, nos ha dicho que prepara las moradas.

¿No es ésta la más emocionante novedad de la Historia, aunque sea dicha sin despertar sensaciones? La Pascua tiene que ver con lo inconcebible; su evento nos sale al encuentro en un primer momento sólo a través de la Palabra, no a través de los sentidos. Tanto más importante es entonces dejarse aferrar un día por la grandeza de esta Palabra. Pero, puesto que ahora pensamos con los sentidos, la fe de la Iglesia ha traducido desde siempre la Palabra pascual también en símbolos que hacen presagiar lo no dicho de la Palabra. El símbolo de la luz (y con él el del fuego) juega un papel importante; el saludo al cirio pascual, que en la iglesia oscura pasa a ser el signo de la vida, es para el vencedor sobre la muerte. El acontecimiento de entonces viene así traducido en nuestro presente: donde la luz vence la oscuridad, acontece algo de la resurrección. La bendición del agua pone de relieve otro elemento de la creación como símbolo de la resurrección: el agua puede tener en sí algo de amenazador, ser un arma de la muerte. Pero el agua viva de la fuente representa la fecundidad que, en medio del desierto, edifica oasis de vida. 

Un tercer símbolo es de otro tipo distinto: el canto del Aleluya, el canto solemne de la liturgia pascual, muestra que la voz humana no sabe solamente gritar, gemir, llorar, hablar, sino justamente cantar. El hecho de que, además, el hombre sea capaz de evocar las voces de la creación y transformarlas en armonía, ¿no nos permite presagiar, de modo maravilloso, de qué transformaciones somos capaces nosotros mismos y la creación? ¿No es éste un signo admirable de esperanza, en virtud de la cual podemos presagiar el futuro y, a un tiempo, acogerlo como posibilidad y presencia?

En las grandes solemnidades de la Iglesia, la creación participa en la fiesta; o viceversa: en estas solemnidades entramos en el ritmo de la tierra y de las estrellas, y hacemos nuestro su conocimiento. Por esto, la nueva mañana de la naturaleza que señala la primera luna llena de la primavera forma parte tan real del mensaje pascual: la creación habla de nosotros y a nosotros; nos comprendemos correctamente a nosotros mismos y a Cristo sólo si aprendemos a escuchar también las voces de la creación.

La aflicción se convertirá en alegría

Todo aquello que podemos ver es –como por Isaías– el Cordero, del cual el apóstol Pedro dice que fue predestinado «ya antes de la fundación del mundo». Pero la mirada sobre el Cordero –sobre Cristo crucificado– coincide ahora precisamente con nuestra mirada al cielo, con nuestra mirada sobre la eterna providencia de Dios. En este Cordero, sin embargo, entrevemos lejana, en los cielos, una apertura; vemos la benignidad de Dios, que no es ni indiferencia ni debilidad, sino suprema fuerza. De este modo, y únicamente en esto, vemos los santuarios de la creación y percibimos en ellos algo similar al canto de los ángeles, podemos incluso intentar acompañar un poco a aquel canto en el Aleluya del día de Pascua. Desde el momento en que vemos el Cordero, podemos reír y podemos dar gracias; gracias a él también nosotros comprendemos qué significa adoración.

Todas las palabras del Resucitado llevan en sí la alegría –la sonrisa de la liberación: ¡Si vierais aquello que yo he visto y veo!–, si un día alcanzáis a ver el todo, entonces reiréis. Hubo un tiempo en el que el risus paschalis, la risa pascual, era parte integrante de la liturgia barroca. La homilía pascual debía contener una historia que suscitase la risa, de tal modo que la iglesia retumbase en carcajadas. Ésta podía ser una forma un poco superficial y exterior de alegría cristiana. Pero, ¿no es en realidad algo muy bello y justo el hecho de que la risa se hubiese convertido en un símbolo litúrgico? Y ¿no nos gusta quizá que en las iglesias barrocas escuchemos todavía, por el juego de los amorcillos y de los ornamentos, la risa en la cual se anunciaba la libertad de los redimidos? Y ¿no es un signo de fe pascual el hecho de que Haydn dijera, respecto a sus composiciones, que al pensar en Dios sentía una alegría cierta y añadiese: «Yo, apenas quería expresar palabras de súplica, no podía contener mi alegría, y hacía lugar a mi ánimo alegre y escribía allegro sobre el Miserere»?

La visión de los cielos del Apocalipsis dice lo que nosotros vemos en Pascua a través de la fe: el Cordero muerto vive. Puesto que vive, nuestro llanto termina y se convierte en sonrisa. La visión del cordero es nuestra mirada a los cielos abiertos de par en par. Dios nos ve y actúa, si bien de forma diversa a como pensamos y a como nosotros quisiéramos imponerlo. Sólo a partir de la Pascua podemos en realidad pronunciar de un modo completo el primer artículo de fe; sólo a partir de la Pascua éste se ve cumplido y consuela: yo creo en Dios, Padre omnipotente. 

De hecho, sólo a partir del Cordero sabemos que Dios es realmente el Padre y es realmente omnipotente. Quien lo ha entendido no puede estar ya verdaderamente triste y desesperado. Quien lo ha entendido opondrá resistencia a la tentación de ponerse del lado de los verdugos. Quien lo ha comprendido no experimentará la angustia extrema cuando él mismo esté en la condición del Cordero. Puesto que se encuentra en el lugar más seguro. La Pascua nos invita, en resumen, no sólo a escuchar a Jesús, sino, en el instante en el que se le escucha, a aprender a ver desde el interior. La máxima solemnidad del calendario litúrgico nos anima, mirándole a Él, a Aquel que ha muerto y ha resucitado, a descubrir la apertura en los cielos. Si comprendemos el anuncio de la resurrección, entonces reconocemos que el cielo no está totalmente cerrado más arriba de la tierra. Entonces algo de la luz de Dios –si bien de un modo tímido pero potente– penetra en nuestra vida. Entonces surgirá en nosotros la alegría, que de otro modo esperaríamos inútilmente, y cada persona en la que ha penetrado algo de esta alegría puede ser, a su modo, una apertura a través de la cual el cielo mira a la tierra y nos alcanza. Entonces puede suceder lo que prevé la revelación de Juan: todas las criaturas del cielo y de la tierra, bajo la tierra y en el mar, todas las cosas en el mundo están colmadas de la alegría de los salvados. En la medida en la que lo reconocemos, se cumple la palabra que Jesús dirige en la despedida, en la que anuncia una nueva venida: «Vuestra aflicción se convertirá en alegría». Y, como Sara, los hombres que creen en virtud de la Pascua afirman: «¡Motivo de alegre sonrisa me ha dado Dios: quienquiera que lo sepa, sonreirá conmigo!»

Del libro Imágenes de esperanza (ed. San Pablo).

domingo, 16 de abril de 2017

JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO: RESUCITÓ ,ALELUYA!!!


¡Aleluya, aleluya!, éste es el grito que, desde hace veinte siglos, dicen hoy los cristianos, un grito que traspasa los siglos y cruza continentes y fronteras. Alegría, porque Él resucitó. Alegría para los niños que acaban de asomarse a la vida y para los ancianos que se preguntan a dónde van sus años; alegría para los que rezan en la paz de las iglesias y para los que cantan en las discotecas; alegría para los solitarios que consumen su vida en el silencio y para los que gritan su gozo en la ciudad.

Como el sol se levanta sobre el mar victorioso, así Cristo se alza encima de la muerte. Como se abren las flores aunque nadie las vea, así revive Cristo dentro de los que le aman. Y su resurrección es un anuncio de mil resurrecciones: la del recién nacido que ahora recibe las aguas del bautismo, la de los dos muchachos que sueñan el amor, la del joven que suda recolectando el trigo, la de ese matrimonio que comienza estos días la estupenda aventura de querer y quererse, y la de esa pareja que se ha querido tanto que ya no necesita palabras ni promesas. Sí, resucitarán todos, incluso los que viven hundidos en el llanto, los que ya nada esperan porque lo han visto todo, los que viven envueltos en violencia y odio y los que de la muerte hicieron un oficio sonriente y normal.

No lloréis a los muertos como los que no creen. Quienes viven en Cristo arderán como un fuego que no se extingue nunca. Tomad vuestras guitarras y cantad y alegraos. Acercaos al pan que en el altar anuncia el banquete infinito, a este pan que es promesa de una vida más larga, a este pan que os anuncia una vida más honda. El que resucitó volverá a recogeros, nos llevará en sus hombros como un padre querido como una madre tierna que no deja a los suyos. Recordad, recordadlo: no os han dejado solos en un mundo sin rumbo. Hay un sol en el cielo y hay un sol en las almas. Aleluya, aleluya.

DIÁCONO JORGE NOVOA: HA RESUCITADO Y VIVE PARA SIEMPRE!!!



Por qué buscan entre los muertos al que vive? Ha Resucitado! Dónde lo buscas tú?

Seguramente habrás escuchado, que tal o cual líder político, religioso, incluso artista o deportista connotado, al morir, se dice que sigue viviendo, y de hecho está presente en los recuerdos de sus seguidores o amigos, en sus enseñanzas que siguen inspirando, a tantos y tantos hombres y mujeres. Incluso en los muros de nuestras ciudades se pueden leer inscripciones que dicen que Vive...Es una expresión, y significa que vive en sus seguidores, orientándolos e inspirándolos en  sus decisiones.

Es ésta la forma en que Cristo Vive? Qué afirmamos cuando decimos que Resucitó y Vive para siempre? Es cierto que vive en sus seguidores por sus enseñanzas, su vida está presente en nosotros, y se vuelve palpable en el mundo, pero Él tiene vida en sí mismo, y esto únicamente puede decirse de Él. 

Ahora hay uno  que ha pasado por la muerte venciéndola, volviéndose portador de una vida más fuerte que la muerte, porque ella  no pudo retenerlo. Y como pregunta San Pablo :"dónde está muerte tu aguijón?" Por ello, el Padre le dio, un nombre sobre todo nombre, para que TODA rodilla se doble, en el cielo, la tierra y el abismo, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor....

Sentado a la derecha del Padre, es portador de la Vida Eterna, que donará a los que quieran recibirla, ya María goza de esta  Vida Eterna plena, y  y nos ha prometido a nosotros, que si nos unimos a Él, viviremos para siempre..

Para los que están cansados,  y se sienten desorientados,
para los que cargan cruces pesadas y se sienten agobiados ,
para los que sufren intolerancias por su nombre,
para los que no se dan por vencidos 
y no se cansan de obrar el bien...Y para ti, que pasas tu existencia entre las luces y sombras de cada día...

Cristo ha Resucitado! No busques entre los muertos al que Vive para siempre!..
Santa Pascua para ti y los tuyos..

sábado, 15 de abril de 2017

HANS URS VON BALTHASAR: VIGILIA PASCUAL


Con la muerte de Jesús la Palabra de Dios llega a su fin. La Iglesia ha velado en silencio junto al sepulcro, en la fatiga de María traspasada por todas las espadas de dolor; toda fe viva, toda esperanza viva se ha depositado ante Dios; ngo resuena ningún aleluya prematuro. La Iglesia vigilante y orante tiene tiempo de rememorar el largo camino que Dios ha recorrido con su pueblo desde la creación del mundo, a través de todas las etapas de la historia de la salvación; siete acontecimientos se presentan ante su mirada espiritual: la Iglesia ve la salvación incluso en las situaciones más difíciles, como en el sacrificio de Abrahán, como en el paso del mar Rojo, como en el llamamiento a volver del Exilio; y la Iglesia comprende que todos ellos eran auténticos acontecimientos de la gracia: también el sacrificio de Abrahán y la promesa de Dios; también el aparente hundimiento en el mar era la salvación de Israel y la ruina de sus enemigos, el exilio era también una larga purificación y un retorno a Dios.

Así la Iglesia reconoce también, en la segunda lectura, que su propia muerte en el bautismo es un morir con Jesús para tener la salvación definitiva con él a un nuevo vivir para Dios, a una nueva vida sin pecado ni muerte. Este milagro no lo opera una simple ceremonia, sino un verdadero ser crucificado con Cristo del antiguo hombre pecador, que es el paso previo para que se pueda producir el morir y ser sepultado con Cristo. Esto es esencialmente un don que Dios concede al que se bautiza,y una exigencia de verificarlo en su existencia todos los días de su vida. Las dos cosas son inseparables para que este don de Dios en Cristo pueda realizarse en la vida del cristiano: lo que él es, debe llegar a serlo; lo que tiene, ha de desarrollarlo.Por eso el cambio que se produce entre el Sábado Santo y Pascua sólo puede ser ambas cosas en una: alegría por el don supremo que hemos recibido y firme decisión de mantener nuestras promesas bautismales.Con razón éstas se renuevan en la liturgia de la vigilia pascual.

Ahora sólo las santas mujeres pueden percibir el mensaje del ángel. Éste las invita a aproximarse y ver el sitio vacío donde yacía el cadáver de Jesús. "No está aquí".Ya no es visible, ni tangible, ni localizable en el espacio y en el tiempo: hay que renunciar a eso. Nadie en la historia del mundo ha dejado tras sí un sitio vacío como el que ha dejado el que ayer yacía enterrado aquí. El, que entró en la historia con tanta fuerza, ya no es aprehensible dentro de ella . Ha Resucitado,como había dicho,ha abierto en la historia cerrada una brecha que ya no se cerrará nunca.Los guardias que custodiaban la tumba no han podido impedir esa abertura, que se ha mostrado tanto más llamativa cuantos más intentos se han hecho de cerrarla. Lo que se regala a las mujeres en lugar de ese vacío es la alegría de comunicar el mensaje a los discípulos, una alegría que se hace más profunda aún cuando el propio Señor se les aparece y renueva la misión: "Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán". allí, donde toda ha comenzado, en la cotidianidad de una profesión mundana, debe comenzar la vida nueva, en lo insignificante lo inconcebible único.

BENEDICTO XVI: QUÉ SIGNIFICA QUE DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS?

– Santidad: ¿Qué hizo Jesús en el tiempo que separó a la muerte de la resurrección? Y, ya que en el Credo se dice que Jesús después de la muerte descendió a los infiernos: ¿Podemos pensar que es algo que nos pasará también a nosotros, después de la muerte, antes de ascender al Cielo?

Benedicto XVI. – En primer lugar, este descenso del alma de Jesús no debe imaginarse como un viaje geográfico, local, de un continente a otro. Es un viaje del alma. Hay que tener en cuenta que el alma de Jesús siempre está en contacto con el Padre, pero al mismo tiempo, este alma humana abraza hasta los últimos confines del ser humano. En este sentido baja a las profundidades, hasta los perdidos, hasta todos aquellos que no han alcanzado la meta de sus vidas, y trasciende así los continentes del pasado.

Este descenso del Señor a los infiernos significa, sobre todo, que Jesús alcanza también el pasado, que la eficacia de la redención no comienza en el año cero o en el año treinta, sino que llega al pasado, abarca el pasado, a todas las personas de todos los tiempos.

Dicen los Padres de la Iglesia, con una imagen muy hermosa, que Jesús toma de la mano a Adán y Eva, es decir a la humanidad, y la encamina hacia adelante, hacia las alturas. Y así crea el acceso a Dios, porque el hombre, por sí mismo, no puede elevarse a la altura de Dios. Jesús mismo, siendo hombre, tomando de la mano al hombre, abre el acceso. ¿Qué acceso? La realidad que llamamos cielo. Así, este descenso a los infiernos, es decir, a las profundidades del ser humano, a las profundidades del pasado de la humanidad, es una parte esencial de la misión de Jesús, de su misión de Redentor y no se aplica a nosotros. Nuestra vida es diferente, el Señor ya nos ha redimido y nos presentamos al Juez, después de nuestra muerte, bajo la mirada de Jesús, y esta mirada en parte será purificadora: creo que todos nosotros, en mayor o menor medida, necesitaremos ser purificados. La mirada de Jesús nos purifica y además nos hace capaces de vivir con Dios, de vivir con los santos, sobre todo de vivir en comunión con nuestros seres queridos que nos han precedido.

viernes, 14 de abril de 2017

R.P HORACIO BOJORGE: UN CORAZÓN FELIZ...

Un corazón feliz. Es todo lo que pido.
Pero que sea feliz con sólo tu victoria.
Que te crea si dices que “todo está cumplido”y espere firmemente que así verá tu gloria.

Un corazón feliz. De todo desasido.
Y con los brazos libres para abrazarlo todo.Para quererlo todo como Tú lo has querido; y que en vida y en muerte, viva y muera a tu modo.

No sé si lo que pido será mucho pedir...
¿Puedo beber el cáliz de Pasión que has bebido?
Lo que Tú resististe ¿lo podré resistir?

La Bienaventuranza de los que te han seguido:
- “si a mí me persiguieron os van a perseguir” –
es lo que Tú me ofreces. Y es todo lo que pido.

HANS URS VON BALTHASAR: VIERNES SANTO


Las grandes lecturas de la liturgia de hoy giran en torno al misterio central de la cruz, un misterio que ningún concepto humano puede expresar adecuadamente. Pero las tres aproximaciones bíblicas tienen algo en común: que el milagro inagotable e inefable de la cruz se ha realizado por nosotros. El siervo de Dios de la primera lectura ha sido ultrajado por nosotros, por su pueblo; el sumo sacerdote de la segunda lectura, a gritos y con lágrimas, se ha ofrecido a sí mismo como víctima a Dios para convertirse, por nosotros, en el autor de la salvación; y el rey de los judíos, tal y como lo describe la pasión según san Juan, ha cumplido por nosotros todo lo que exigía la Escritura, para finalmente, con la sangre y el agua que brotó de su costado traspasado, fundar su Iglesia para la salvación del mundo.

El siervo de Yahvé. Que amigos de Dios intercedieran por los hombres, sobre todo por el pueblo elegido, era un tema frecuente en la historia de Israel: Abrahán intercedió por Sodoma, la ciudad empecatada; Moisés hizo penitencia durante cuarenta días y cuarenta noches por el pecado de Israel y suplicó a Dios que no abandonará a su pueblo; profetas como Jeremías y Ezequiel tuvieron que soportar las pruebas más terribles por el pueblo. Pero ninguno de ellos llegó a sufrir tanto como el misteriosos siervo de Dios de la primera lectura: el hombre de dolores despreciado y evitado por todos, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes,…que entregó su vida como expiación. Pero este sacrificio produce su efecto: sus cicatrices nos curaron: Se trata ciertamente de una visión anticipada del Crucificado, pues es imposible que este siervo sea el pueblo de Israel, que ni siquiera expía su propio pecado. No, es el siervo plenamente sometido a Dios, en el que Dios se ha complacido , sólo Dios, pues ¿quién sino Él se preocupa de su destino? Durante siglos este siervo de Dios permaneció desconocido e ignorado por Israel, hasta que finalmente encontró un nombre en el Siervo Crucificado del Padre.

El sumo sacerdote. En la Antigua Alianza el sumo sacerdote podía entrar una vez al año en el Santuario y rociarlo con la sangra sacrificial de un animal. Pero ahora, en la segunda lectura, el sumo sacerdote por excelencia entra con su propia sangre (Hb 9,12), por tanto como sacerdote y como víctima a la vez, en el verdadero y definitivo santuario, en el cielo ante el Padre; por nosotros ha sido sometido la tentación humana; por nosotros ha orado y suplicado a Dios en la debilidad humana, a grito y con lágrimas; y por nosotros el Hijo, sometido eternamente al Padre, “aprendió”, sufriendo, a obedecer sobre la tierra, convirtiéndose así en autor de salvación eterna para todos nosotros. Tenía que hacer todo como Hijo de Dios para poder realizar eficazmente toda la profundidad de su servicio y sacrificio obedientes.

El rey. En la pasión según san Juan Jesús se comporta como un auténtico rey en su sufrimiento: se deja arrestar voluntariamente; responde soberanamente a Anás que él ha hablado abiertamente al mundo; declara su realeza ante Pilato, una realeza que consiste en ser testigo de la verdad, es decir, en dar testimonio con su sangre de que Dios ha amado al mundo hasta el extremo. Pilato le presenta como un rey inocente ante el pueblo que grita crucifícalo. “¿A vuestro rey voy a crucificar?”, pregunta Pilato y, tras entregar a Jesús para que lo crucificaran, manda poner sobre la cruz un letrero en el que estaba escrito: “El rey de los judíos”. Y esto en las tres lenguas del mundo, irrevocablemente. La cruz es el trono real desde el que Jesús “atrae hacia él” a todos los hombres, desde el que funda su Iglesia, confiando su Madre al discípulo amado, que la introduce en la comunidad de los apóstoles, y culmina la fundación confiándole al morir su Espíritu Santo viviente, que infundirá en Pascua.
Los tres caminos conducen, desde sitios distintos, al “refulgente misterio de la cruz” (fulget crucis mysterium); ante esta suprema manifestación del amor de Dios, el hombre sólo puede prosternarse en actitud de adoración.

jueves, 13 de abril de 2017

TRIDUO PASCUAL


Todos los años en el "sacratísimo triduo del crucificado, del sepultado y del resucitado" o Triduo pascual, que se celebra desde la Misa vespertina del Jueves en la cena del Señor hasta las Vísperas del Domingo de Resurrección, la Iglesia celebra, "en íntima comunión con Cristo su Esposo", los grandes misterios de la redención humana.

Jueves SantoLa visita al lugar de la reserva


141. La piedad popular es especialmente sensible a la adoración del santísimo Sacramento, que sigue a la celebración de la Misa en la cena del Señor. A causa de un proceso histórico, que todavía no está del todo claro en algunas de sus fases, el lugar de la reserva se ha considerado como "santo sepulcro"; los fieles acudían para venerar a Jesús que después del descendimiento de la Cruz fue sepultado en la tumba, donde permaneció unas Cuarenta horas.

Es preciso iluminar a los fieles sobre el sentido de la reserva: realizada con austera solemnidad y ordenada esencialmente a la conservación del Cuerpo del Señor, para la comunión de los fieles en la Celebración litúrgica del Viernes Santo y para el Viático de los enfermos, es una invitación a la adoración, silenciosa y prolongada, del Sacramento admirable, instituido en este día.

Por lo tanto, para el lugar de la reserva hay que evitar el término "sepulcro" ("monumento"), y en su disposición no se le debe dar la forma de una sepultura; el sagrario no puede tener la forma de un sepulcro o urna funeraria: el Sacramento hay que conservarlo en un sagrario cerrado, sin hacer la exposición con la custodia.

Después de la media noche del Jueves Santo, la adoración se realiza sin solemnidad, pues ya ha comenzado el día de la Pasión del Señor.

Viernes Santo
La procesión del Viernes Santo

142. El Viernes Santo la Iglesia celebra la Muerte salvadora de Cristo. En el Acto litúrgico de la tarde, medita en la Pasión de su Señor, intercede por la salvación del mundo, adora la Cruz y conmemora su propio nacimiento del costado abierto del Salvador (Cfr. Jn 19,34).

Entre las manifestaciones de piedad popular del Viernes Santo, además del Vía Crucis, destaca la procesión del "Cristo muerto". Esta destaca, según las formas expresivas de la piedad popular, el pequeño grupo de amigos y discípulos que, después de haber bajado de la Cruz el Cuerpo de Jesús, lo llevaron al lugar en el cual había una "tumba excavada en la roca, en la cual todavía no se había dado sepultura a nadie" (Lc 23,53).

La procesión del "Cristo muerto" se desarrolla, por lo general, en un clima de austeridad, de silencio y de oración, con la participación de numerosos fieles, que perciben no pocos sentidos del misterio de la sepultura de Jesús.

143. Sin embargo, es necesario que estas manifestaciones de la piedad popular nunca aparezcan ante los fieles, ni por la hora ni por el modo de convocatoria, como sucedáneo de las celebraciones litúrgicas del Viernes Santo.

Por lo tanto, al planificar pastoralmente el Viernes Santo se deberá conceder el primer lugar y el máximo relieve a la Celebración litúrgica, y se deberá explicar a los fieles que ningún ejercicio de piedad debe sustituir a esta celebración, en su valor objetivo.

Finalmente, hay que evitar introducir la procesión de "Cristo muerto" en el ámbito de la solemne Celebración litúrgica del Viernes Santo, porque esto constituiría una mezcla híbrida de celebraciones.

Representación de la Pasión de Cristo

144. En muchas regiones, durante la Semana Santa, sobre todo el Viernes, tienen lugar representaciones de la Pasión de Cristo. Se trata, frecuentemente, de verdaderas "representaciones sagradas", que con razón se pueden considerar un ejercicio de piedad. Las representaciones sagradas hunden sus raíces en la Liturgia. Algunas de ellas, nacidas casi en el coro de los monjes, mediante un proceso de dramatización progresiva, han pasado al atrio de la iglesia.

En muchos lugares, la preparación y ejecución de la representación de la Pasión de Cristo está encomendada a cofradías, cuyos miembros han asumido determinados compromisos de vida cristiana. En estas representaciones, actores y espectadores son introducidos en un movimiento de fe y de auténtica piedad. Es muy deseable que las representaciones sagradas de la Pasión del Señor no se alejen de este estilo de expresión sincera y gratuita de piedad, para convertirse en manifestaciones folclóricas, que atraen no tanto el espíritu religioso cuanto el interés de los turistas.

Respecto a las representaciones sagradas hay que explicar a los fieles la profunda diferencia que hay entre una "representación" que es mímesis, y la "acción litúrgica", que es anámnesis, presencia mistérica del acontecimiento salvífico de la Pasión.

Hay que rechazar las prácticas penitenciales que consisten en hacerse crucificar con clavos.

El recuerdo de la Virgen de los Dolores
145. Dada su importancia doctrinal y pastoral, se recomienda no descuidar el "recuerdo de los dolores de la Santísima Virgen María". La piedad popular, siguiendo el relato evangélico, ha destacado la asociación de la Madre a la Pasión salvadora del Hijo (cfr. Jn 19,25-27; Lc 2,34ss) y ha dado lugar a diversos ejercicios de piedad entre los que se deben recordar:

- el Planctus Mariae, expresión intensa de dolor, que con frecuencia contiene elementos de gran valor literario y musical, en el que la Virgen llora no sólo la muerte del Hijo, inocente y santo, su bien sumo, sino también la pérdida de su pueblo y el pecado de la humanidad.

- la "Hora de la Dolorosa", en la que los fieles, con expresiones de conmovedora devoción, "hacen compañía" a la Madre del Señor, que se ha quedado sola y sumergida en un profundo dolor, después de la muerte de su único Hijo; al contemplar a la Virgen con el Hijo entre sus brazos – la Piedad – comprenden que en María se concentra el dolor del universo por la muerte de Cristo; en ella ven la personificación de todas las madres que, a lo largo de la historia, han llorado la muerte de un hijo. Este ejercicio de piedad, que en algunos lugares de América Latina se denomina "El pésame", no se debe limitar a expresar el sentimiento humano ante una madre desolada, sino que, desde la fe en la Resurrección, debe ayudar a comprender la grandeza del amor redentor de Cristo y la participación en el mismo de su Madre.

Sábado Santo
146. "Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y el ayuno su Resurrección".

La piedad popular no puede permanecer ajena al carácter particular del Sábado Santo; así pues, las costumbres y las tradiciones festivas vinculadas a este día, en el que durante una época se anticipaba la celebración pascual, se deben reservar para la noche y el día de Pascua.



La "Hora de la Madre"


147. En María, conforme a la enseñanza de la tradición, está como concentrado todo el cuerpo de la Iglesia: ella es la "credentium collectio universa". Por esto la Virgen María, que permanece junto al sepulcro de su Hijo, tal como la representa la tradición eclesial, es imagen de la Iglesia Virgen que vela junto a la tumba de su Esposo, en espera de celebrar su Resurrección.



En esta intuición de la relación entre María y la Iglesia se inspira el ejercicio de piedad de la Hora de la Madre: mientras el cuerpo del Hijo reposa en el sepulcro y su alma desciende a los infiernos para anunciar a sus antepasados la inminente liberación de la región de las tinieblas, la Virgen, anticipando y representando a la Iglesia, espera llena de fe la victoria del Hijo sobre la muerte.


Domingo de Pascua


148. También en el Domingo de Pascua, máxima solemnidad del año litúrgico, tienen lugar no pocas manifestaciones de la piedad popular: son, todas, expresiones cultuales que exaltan la nueva condición y la gloria de Cristo resucitado, así como su poder divino que brota de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte.

El encuentro del Resucitado con la Madre


149. La piedad popular ha intuido que la asociación del Hijo con la Madre es permanente: en la hora del dolor y de la muerte, en la hora de la alegría y de la Resurrección.

La afirmación litúrgica de que Dios ha colmado de alegría a la Virgen en la Resurrección del Hijo, ha sido, por decirlo de algún modo, traducida y representada por la piedad popular en el Encuentro de la Madre con el Hijo resucitado: la mañana de Pascua dos procesiones, una con la imagen de la Madre dolorosa, otra con la de Cristo resucitado, se encuentran para significar que la Virgen fue la primera que participó, y plenamente, del misterio de la Resurrección del Hijo.

Para este ejercicio de piedad es válida la observación que se hizo respecto a la procesión del "Cristo muerto": su realización no debe dar a entender que sea más importante que las celebraciones litúrgicas del domingo de Pascua, ni dar lugar a mezclas rituales inadecuadas.

Bendición de la mesa familiar


150. Toda la Liturgia pascual está penetrada de un sentido de novedad: es nueva la naturaleza, porque en el hemisferio norte la pascua coincide con el despertar primaveral; son nuevos el fuego y el agua; son nuevos los corazones de los cristianos, renovados por el sacramento de la Penitencia y, a ser posible, por los mismos sacramentos de la Iniciación cristiana; es nueva, por decirlo de alguna manera, la Eucaristía: son signos y realidades-signo de la nueva condición de vida inaugurada por Cristo con su Resurrección.

Entre los ejercicios de piedad que se relacionan con la Pascua se cuentan las tradicionales bendiciones de huevos, símbolos de vida, y la bendición de la mesa familiar; esta última, que es además una costumbre diaria de las familias cristianas, que se debe alentar, adquiere un significado particular en el día de Pascua: con el agua bendecida en la Vigilia Pascual, que los fieles llevan a sus hogares, según una loable costumbre, el cabeza de familia u otro miembro de la comunidad doméstica bendice la mesa pascual.

El saludo pascual a la Madre del Resucitado


151. En algunos lugares, al final de la Vigilia pascual o después de las II Vísperas del Domingo de Pascua, se realiza un breve ejercicio de piedad: se bendicen flores, que se distribuyen a los fieles como signo de la alegría pascual, y se rinde homenaje a la imagen de la Dolorosa, que a veces se corona, mientras se canta el Regina caeli. Los fieles, que se habían asociado al dolor de la Virgen por la Pasión del Hijo, quieren así alegrarse con ella por el acontecimiento de la Resurrección.

Este ejercicio de piedad, que no se debe mezclar con el acto litúrgico, es conforme a los contenidos del Misterio pascual y constituye una prueba ulterior de cómo la piedad popular percibe la asociación de la Madre a la obra salvadora del Hijo.

Directorio de Piedad Popular

domingo, 9 de abril de 2017

DOMINGO DE RAMOS

Leas palmas y los ramos de olivo o de otros árboles

"La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos "de la Pasión del Señor", que comprende a la vez el triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión".

La procesión que conmemora la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular. A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión.

Sin embargo es preciso instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido. Será oportuno, por ejemplo, insistir en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que estos no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición.

La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual.

sábado, 8 de abril de 2017

MONSEÑOR PABLO GALIMBERTI : SEMANA SANTA ,UNA HISTORIA SIEMPRE PRESENTE

Empecemos hablando de “historia”. Lo común a los diversos enfoques es el intento de buscar, averiguar u observar. En pequeña escala todos lo hacemos. Para conocer un incidente que conmueve al barrio, país o al mundo. Para escuchar las noticias policiales, políticas, religiosas, culturales o los avisos mortuorios. Los programas deportivos, no los partidos,me están cansando, ahora con informaciones sobre la pelota oficial de fútbol del mundial de Brasil.

La historia en cuanto experiencia humana, no como ciencia, no la entiendo como páginas que arrancamos al calendario y dejamos a nuestras espaldas.Los antiguos decían que la historia es “maestra de la vida”. En algunas familias la generación joven de mujeres habla de “las recetas de la abuela”, que al parecer tenían sabores que hoy escasean.

Son parte de la propia identidad algunas vivencias afectivas que dejaron huellas; pienso en el vínculo con una madre o un padre, esposa o esposo. Difícilmente se podrá decir, aunque los hayamos acompañado hasta su última morada en la tierra, que “ya fueron” y sus recuerdos se borraron. Sus rostros, palabras y gestos, como  “ángeles” protectores siguen trabajando. Como me dice un hermano “haciendo horas extras”.

Los hilos de la memoria nos ayudan a tejer y dar significados al momento presente, a la página en blanco en la que hoy escribimos nuestra propia historia.
Emociona pisar la tierra que pisó Jesús de Nazaret y mirar el cielo estrellado, el mismo que contemplaban sus ojos. Para mí no fue una gira turística ni arqueológica. Y hasta me molestaban las cámaras de algunos turistas.

Los acontecimientos que recordamos en Semana Santa  están enclavados en una trama con espesor histórico. Acontecieron en un lugar geográfico, Palestina, y en un tiempodeterminado, “bajo Poncio Pilato”, procurador romano de Judea desde el año 26 al 36, según disposiciones del César romano.

Hay semejanzas y enormes diferencias con las fechas patrias que festejamos.Después del himno se hace una evocación de la fecha y se termina con ofrendas florales a los pies de monumento al Prócer.

Cuando los cristianos celebramos, abrimos las ventanas del presente y dejamos que la Palabra de Dios, proclamada, despierte nuestras fibras dormidas y que la ráfaga del Espíritu que sopló el mismo Cristo Resucitado continúe lavando culpas, sanando heridas y abriendo caminos.

No dudamos que la promesa de Jesús de estar con sus discípulos todos los días hasta el fin de los tiempos, tiene la misma realidad que la noticia que escuchamos por la mañana informando sobre un terremoto o fallecimiento. Además esa palabra tiene la garantía de ser la más fidedigna jamás pronunciada en el universo. Porque sin dejar de ser palabra de escritores humanos, es palabra inspirada, con garantía de veracidad.

Los días de la Semana Santa evocan los pasos de Jesús desde su entrada a Jerusalén, el Domingo de Ramos, hasta el gozoso Aleluya del sábado santo, en la noche de Pascua, cuando abrimos el corazón para que la luz de Jesucristo nos purifique y nos regale alas para levantar nuestra condición humana tantas veces cansada por las responsabilidades de la vida o por nuestros errores y miserias.
El futuro ya está aquí. Vean, toquen, confíen, abran el corazón y reciban el Soplo de mi Cuerpo Resucitado, que saliendo del sepulcro, es capaz de dar vida nueva a todos los sepulcros y absurdos de la humanidad.

¿Será posible que un hecho del pasado produzca efectos en el presente? ¿O tendrá sólo un efecto psicológico, estilo Maracaná?

La “realidad” de la Semana Santa y de la Resurrección de Jesucristo no la medimos con el termómetro de nuestras fluctuantes emociones.Esa realidad se nos impone como un torrente que no  podemos contener  en nuestras pequeñas manos. Pero estamos seguros que lo que “creemos”, “comemos” y “bebemos” es el mismísimo Cuerpo Glorioso del Hijo de Dios.El protagonista de la Semana Santa, Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios, que asumió realmente nuestra condición humana. “El que me ve a mí, ve al  Padre” le respondió Jesús al discípulo Felipe. Preparémonos con los ojos de la Fe para “ver” grandes cosas.

HANS URS VON BALTHASAR: DOMINGO DE RAMOS


Si se pronuncia homilía, las dos lecturas pueden constituir el marco de la misma: Jesús no retrocede se somete a todos los ultrajes de los hombres. Es precisamente esto, su entrega y abnegación hasta la muerte en cruz en medio de la historia, lo que hace de él el Señor de la historia. Lo que sucedió una vez en la historia- porque la pasión no es mito sino que ocurrió realmente “bajo Poncio Pilato”, sobre el suelo firme de la historia, es la visibilización de lo que acontece de principio a fin de la tragedia de la humanidad: Dios es golpeado, cubierto de insultos y salivazos, mientras él, por nosotros y para tomar sobre sí nuestra inmundicia, se rebaja hasta el extremo, hasta someterse incluso a la muerte. De la gran pasión según san Mateo pueden extraerse algunos temas fundamentales:

La cena. La entrega eucarística de Jesús se produce después que ha revelado el nombre del traidor que le va a entregar (26,25) por tanto con la pasión ya sobre la mesa y con la certeza de que esta misma noche todos sus seguidores, incluido Pedro, y precisamente él (26,30-35),van a caer por su causa. Jesús sabe que debe sufrirlo todo en la soledad más completa; en el monte de los Olivos los discípulos se dormirán antes de la consumación de la pasión, nadie puede seguir realmente a Jesús (tú me seguirás más tarde, responde Jesús a Pedro: Jn 13,36).La carga del pecado del mundo comienza, en la más absoluta soledad, con el Padre que desaparece, a mostrar su peso insoportable. Jesús, ante el peso excesivo que se carga sobre sus espaldas, tiene que rezar: “Si es posible que pase y se aleje de mí este caliz” (en el AT el cáliz es la imagen de la ira de Dios por el pecado). Pero el que se ha entregado eucarísticamente tiene que tomar sobre sí lo aparentemente insoportable, según la voluntad del Padre: en nuestro lugar, por nosotros.

Traición y juicio. Jesús es traicionado por un cristiano y negado explícitamente por el discípulo en el que más confía, el representante de la futura Iglesia, nadie cree que este hombre que se deja condenar sin oponer resistencia pueda ser el Mesías combativo que esperan los judíos; hay miedo a ser reconocido como discípulo del condenado. Los judíos cometen la segunda traición: este hombre, que se tiene por Mesías y por Juez del mundo (26,63-64), no se corresponde en absoluto con la imagen política del Mesías que ellos habían imaginado (en el fondo se trata de una traición a la fe pura de Abrahán);al igual que Judas piensa como un judío cuando traiciona a Jesús, así también los judíos piensan como auténticos paganos cuando entregan a Jesús al gobernador romano. Ahora es el pueblo judío el que le traiciona. El interrogatorio ante Pilato, el pagano no puede conducir a nada, pues ahora falta toda mediación (de la revelación bíblica).Por eso Jesús, la Palabra de Dios, después de haber declarado que es “el rey de los judíos”, calla y no contesta a una sola pregunta. No puede ni quiere detener el destino que está en marcha, ni siquiera quiere dirigirlo a su manera. El destino termina en la cruz, donde ahora también el Padre le abandona para dejar que se consume la pasión: El escarnio del mundo le acompañan hasta el final, hasta que da su último grito y se abisma en las sombras de muerte.

El fin del mundo..Solo Mateo describe el episodio de la cruz con colores escatológico: tinieblas, temblor de tierra, apertura de las tumbas( pero los muertos no salen de ellas hasta después de la resurrección de Jesús), el velo del Templo que se rasga, todo ello como signo de que el culto de Israel ha pasado. La cruz, que se levanta en medio de la historia, es también su final: toda la historia corre a su encuentro. El juicio del mundo tiene lugar aquí “ahora comienza un juicio contra el orden presente. La puesta en escena apocalíptica no es simplemente un lenguaje figurado propio de la Biblia; con cada muerte se abre realmente al mundo de la muerte y del abismo para, en virtud de la resurrección de Cristo, dar a la humanidad posibilidad de resucitar con Cristo (Ef 2,6)

viernes, 7 de abril de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: SUBAMOS A JERUSALÉN


"Subamos a Jerusalén" (Lc 9,51), invitación que realiza el Señor a los suyos, sabiendo que de hacerlo, su vida corría serios riesgos. Pedro, por ello, reacciona diciéndole que no debe ir.

Ellos han compartido este tiempo de gracia, tiempo de salvación,  siendo testigos de las maravillas obradas por ÉL. Lo vieron calmar la tempestad, caminar sobre las aguas, curar a muchos enfermos, liberar a posesos del demonio, y a este elenco breve, podríamos agregarle  un sinnúmero de cuentas, de las obras del Señor. La Buena Noticia del Reino ha sido recibida por los sencillos de corazón, y su fama se ha propagado de una región a otra, de forma que acudían a escucharlo, porque "enseña con autoridad". Como le dice Nicodemo: "no podrías realizar estas obras, si Dios no está contigo".

Los discípulos están a su lado, felices, Él colma sus expectativas, y le reconocen como   Mesías: "Tú eres el Cristo", dirá Pedro en Cesárea de Filipos. Por qué arriesgarnos a que te pase algo? Por qué poner en peligro la labor tuya, que vence todo mal? Subir a Jerusalén supone correr ese riesgo. Y llegará, la injusticia,la calumnia, el destrato, la humillación....y todo lo que ya conocen.. Y nuestra amistad nos llevará a beber del amargo cáliz del Señor o a decir que no lo conocemos? Subir a Jerusalén, supone aceptar vivir la hora del Señor como nuestra hora...

Adentrándonos en la Cuaresma, vamos orientándonos para subir a Jerusalén. Hoy somos nosotros los que recibimos esta invitación. El Señor ha entrado en Jerusalén como Rey, es un rey humillado, ultrajado, menospreciado, que camina hacia la Cruz. 

¿Es nuestro Rey? ¿Lo reconocemos presente, en los rechazos, las humillaciones y los sufrimientos que nos tocan vivir? ¿Levantamos nuestra voz, en nuestra Jerusalén de hoy, para no abandonarlo? En las decisiones laborales, familiares, políticas, económicas, afectivas, lo reconocemos como nuestro Rey? Subimos con Él al mundo de las incomprensiones y los rechazos, y permanecemos a su lado? O lo abandonamos? Ir con Jesús a Jerusalén, es para débiles que confían que su Señor los sostiene.

Damos testimonio del amor del Señor en la Cruz. Por  los niños no nacidos, los injustamente abandonados, los mártires de Siria,Iraq y otros tantos, los matrimonios destrozados, los ancianos abandonados y por muchas cosas más, ...CON JESÚS VAMOS A JERUSALEN.

DIÁCONO JORGE NOVOA: LLAMAR PADRE A DIOS, ABRE LAS PUERTAS DEL CIELO!!!

El Padrenuestro remite al corazón de la vida cristiana. Jesús a modo de introducción ha subrayado un aspecto que fundamenta adecuadamente la oración: no hay que usar muchas palabras ni hablar mucho, el Padre sabe lo que necesitamos, su respuesta no está referida directamente a nuestros discursos, no se trata de convencer a Dios.

La oración es el diálogo amoroso que se establece entre los hijos y el Padre, la oración cristiana es la consecuencia  de la condición filial. Porque soy hijo, me dirijo al Padre, y estoy atento a su Palabra.

El reconocimiento de la paternidad, como gracia de revelación, que Cristo nos ha dado a conocer y el Espíritu Santo nos invita vivir, se abre paso liberando nuestros corazones de las cadenas que le impiden vivir en la libertad de los hijos. 

El Padre en la oración me forma como hijo,  por la acción del Espíritu Santo, va corrigiendo mis súplicas, y me va enseñando a pedir lo que me quiere dar. De allí, que en la oración el Padre, misteriosamente me prepara para aquello que me otorgará, que puede incluso no coincidir con mi súplica. A medida que  se avanza en la relación, le conozco y crezco en la confianza, y puedo aceptar un designio distinto del que busco, porque el Padre, sabe lo que me vuelve más hijo, y lo que más conviene a mi condición.

Este es el tesoro escondido en el campo,según la indicación de Jesús, hay que venderlo todo, no se trata de "cosas" , se trata de vivir la condición filial. Ahora conocemos la llave que abre las puertas del cielo, la clave con la cual se ingresa en el Santuario Eterno, se nos ha revelado nuestra condición filial. La invocación de Dios como Padre, me familiariza, me vuelve de la familia de Dios. De allí, que dependerá, del ejercicio del don recibido, del reconocimiento de su paternidad y mi filiación mi camino de santificación. 

Debemos pedir a Jesús, que esta oración que enseñó a los apóstoles, nos la enseñe a nosotros, no en su formulación exterior, sino en su verdad más profunda. Que llamarlo Padre sea vivir la experiencia de los cielos abiertos, como cuando el Señor se bautizó, o en su Transfiguración delTabor, para que interiormente el Espíritu Santo, nos haga escuchar: "tú eres mi hijo".

martes, 28 de marzo de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: CUARESMA; LA PUREZA DEL CORAZÓN PREÁMBULO DE LA VISIÓN


La Cuaresma es un tiempo de gracia, que podemos sintetizarlo maravillosamente con la palabra conversión. Dios tomando la iniciativa, sale al encuentro del hombre y lo invita a penetrar en el recinto sagrado de su propio corazón. Esta invitación que Dios dirige amablemente al hombre, lo dispone para recibir la luz de su presencia, que quiere sanarlo y consolarlo.

Aquella invitación que Dios dirigió a Moisés se expresa nuevamente en cada corazón que Dios visita: quítate las sandalias, pues la tierra que pisas es santa. Este tiempo de gracia, queda invadido por la acción del Espíritu Santo que nos conduce al desierto de nuestro corazón para vivir un encuentro con Dios. Un encuentro de intimidad amorosa en el que Dios purifica nuestro corazón cumpliendo lo anunciado por el profeta Oseas: "La atraeré y la llevaré al desierto, y allí le hablaré a su corazón" (Os 2,14).

Dejémonos en este tiempo conducir por el Espíritu de Señor «al desierto», para experimentar la fragilidad de la criatura, pero también, la cercanía del Dios que nos salva. Recorramos el itinerario que va desde nuestro corazón humano hasta el Corazón de Cristo, y hagamos nuestro, el deseo de S.Agustín: "para que, creyendo, obedezcan a Dios; obedeciéndole, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su corazón; y purificando su corazón, comprendan lo que creen"(1).


San Agustín presenta la obediencia de la fe como luz para la vida creyente, Dios por esta acción va purificando la comprensión de lo que se cree. En este sentido la fe purifica el corazón. “Por lo tanto el primer principio de la purificación del corazón es la fe por la que se purifica la impureza del error, fe que, si se perfecciona por la caridad formada, causa la purificación perfecta(2) Porque la pureza del corazón es el preámbulo de la visión(3).

Desierto y corazón (4)
“En el desierto, el Señor tu Dios te llevaba como un padre lleva a su hijo, a lo largo de todo el camino que han recorrido hasta llegar a este lugar” (Dt 1,31). "En efecto, el desierto es un lugar de aridez y de muerte, sinónimo de soledad, pero también de dependencia de Dios, de recogimiento y retorno a lo esencial. La experiencia de desierto significa para el cristiano sentir en primera persona la propia pequeñez ante Dios"(5).

En la Sagrada Escritura cuando se habla del corazón, se va revelando un rico y profundo significado, y en este sentido, la puerta de acceso a la comprensión de este valioso contenido se encuentra en el libro de los salmos. La afirmación de que el hombre de corazón puro será admitido a la visón de Dios se consolida a lo largo de toda la Antigua Alianza, alcanzando con Jesús su cumbre en el llamado "Sermón del monte"(6) . Dios responde al interrogante que expresa el salmista: ¿Quién puede entrar en la visión de Dios? El hombre de manos inocentes y puro corazón. De allí que brote la exclamación; "dichosos los que viven en tu casa alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación" (Sl 83).

La cuaresma es conciencia de nuestra condición de peregrinos, con su consiguiente experiencia de finitud y fragilidad. El hombre debe preparar el corazón para la peregrinación y para ello, debe apoyarse totalmente en Dios. Esto le exige vivir una actitud de humildad, para reconocerse frágil e implorar de Dios el auxilio necesario, para no tomar equivocadamente otro camino, ni dejarse vencer por el abatimiento que trae el desaliento; " enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad; mantén mi corazón entero en el temor de tu nombre" (Sl 85). "¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme;"(Sl 50).

La obstinación del corazón empecatado
La actitud obstinada del Pueblo que abandona a Dios y permanece en el pecado, ha sido descrita como dureza del corazón (cardioesclerosis). Ella se consolida en el hombre, cuando éste, no escucha la voz de Señor. "Pero mi pueblo no escucho mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos" (Sl 80). La dureza del corazón, produce una ceguera tan cruel, que impide reconocer la presencia de Dios y su acción. Esta ceguera para el bien que Dios obra, va sumiendo el alma en una acidez(7)letal.

Dios por medio del salmista indica a su pueblo el camino que debe recorrer: "pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón, que Dios es nuestro refugio" (Sl 61).

Jesús(8)en los relatos evangélicos, aparece juzgando severamente la situación en que se encuentra la mayoría de los miembros de su pueblo, duramente increpado con las palabras del Bautista, llamándolos "sepulcros blanqueados". Reconoce que este pueblo lo honra con sus labios, pero su corazón se encuentra muy lejos de él. La parábola de los viñadores homicidas, refleja claramente la incapacidad para reconocer la obra de Dios, expresada en esa respuesta negativa que se convierte en una interminable cadena de mal, que se va formando y trasmitiendo de generación en generación.

Del corazón que se aleja de Dios vienen "las intenciones malas, asesinatos, adulterios (y) fornicaciones" (Mt 15,19). Quien no percibe la presencia y acción de Dios, esta imposibilitado de conocer la verdad sobre el hombre y la obra redentora de Dios. La ceguera para con Dios, se convierte en ceguera con el hermano, y el corazón endurecido se convierte en amo de su hermano en lugar de ser su servidor.

El faraón(9)en las Escrituras Santas es un ejemplo arquetípico del “endurecimiento del corazón”. Una y otra vez, el Señor nos dirige esta Palabra "ojalá escuchéis hoy mi voz no endurezcáis el corazón" (Sl 94).
La pureza de corazón es el preámbulo de la visión

El Maestro divino proclama "bienaventurados" los limpios de corazón, canonizando a quienes tienen una gran rectitud interior, libre de prejuicios y condicionamientos socioculturales imperantes y, por tanto, dispuestos a cumplir en todo la voluntad divina. Quién es el puro de corazón? Cristo es el puro de corazón, y nos enseña de palabra y obra a vivir esta realidad. Obedeciéndole aprendemos a filializar nuestro corazón, por este camino se alcanza la pureza del corazón. Un corazón puro es un corazón de hijo.

Él proclama bienaventurados a los que no se contentan con la pureza exterior o ritual, sino que buscan la absoluta rectitud interior que excluye la mentira y la doble intención. “Muy insensatos son los que buscan a Dios con los ojos del cuerpo, sabiendo que sólo se le puede ver con el corazón. Así está escrito en otro lugar: Buscad al Señor con sencillez de corazón. Porque corazón limpio es lo mismo que corazón sencillo, y como es necesario tener sanos los ojos para ver la luz natural, así no puede verse a Dios si no está purificado aquello con que podemos percibirle>>(10)

"A los "limpios de corazón" se les promete que verán a Dios cara a cara y que serán semejantes a él (cf 1 Co 13,12; 1 Jn 3,2).. Ya desde ahora, esta pureza nos concede ver según Dios, recibir al otro como "prójimo"; nos permite considerar el cuerpo humano, el nuestro y el del prójimo, como un templo del Espíritu Santo, una manifestación de la belleza divina"(11). Dios bendice a los "sinceros de corazón "( Sl 124) revelándoles su rostro en medio de las situaciones de la vida, manifestándose como luz que testifica la Verdad. "Amanece la luz pare el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre" (Sl 96)

“Aquel cuyo oído del corazón es ya puro, más agudo y sensible, percibe el sonido (de la voz del Señor). Me refiero a la contemplación del universo por la cual alcanzamos a conocer el poder de Dios. Guiado por esto, el alma penetra allí donde Dios mora. La escritura lo llama tiniebla. Significa como queda dicho, lo incognoscible, lo invisible. Una vez allí, contempla el tabernáculo, no hecho por mano del hombre...”(12). La comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cf. Rm 5,5), para hacer de todos nosotros “un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32)(13).


1- S. Agustín, fid. et symb. 10,25.
2-Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica IIa IIe c VII a.2.

3-Catecismo de la Iglesia Católica n 2519.

4- Diccionario del Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1977,p.153-154.Gr. Kardia, heb. leb. En el NT, el término designa a veces la sede de las fuerzas vitales; tiene generalmente un sentido metafórico. No significa exclusivamente la sede afectiva, sino que se refiere a la fuente de diversas manifestaciones del hombre: el lugar escondido, por oposición al rostro o a los labios, la fuente de los pensamientos intelectuales, de la fe, de la comprensión, del endurecimiento; es el centro de las opciones decisivas, de la conciencia moral, de la ley no escrita y del encuentro Dios, que es el único que puede llegar hasta el fondo.

El corazón se anima a la voz de Cristo (Lc 24,32); el Espíritu del Hijo que habita en él (II Cor 1,22; Ef 3,17) revela al hombre el amor de Dios (Rom 5,5; Gál 4,6) y le hace gritar:”Abbà, Padre”.El corazón del creyente no teme está purificado por la sangre de Cristo, por la que se hace un corazón puro, fuerte y en paz. X. Léon Dufour,

5- Juan Pablo II, Mensaje de cuaresma 1988.

6-El Sermón del Monte presenta una síntesis acabada del esbozo iniciado en los Salmos (ver Catecismo Nros 2518-2519.

7- Para penetrar en un diagnóstico espiritual claro y preciso, ver los dos libros del P. Horacio Bojorge sobre la acedia. Se lo puede encontrar en www.multimedios.org.

8- Jesús reconoce la presencia de esta enfermedad espiritual en la historia de Israel: :"... Se le acercaron unos fariseos con propósito de tentarle y le preguntaron:' ¿Es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa?' El respondió: '¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra?' Y dijo: 'Por eso dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre'. Ellos le replicaron: 'Entonces, ¿cómo es que Moisés ordenó dar libelo de divorcio al repudiar?' Díjoles El:'Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así'"(Mt. 19, 3 ss; cf. Mc 10, 2 ss).

9- “También está escrito que “Dios endureció el corazón del faraón” (Ex 9,12) y ¿ cómo le podríamos condenar, si es por fuerza divina como se obstinó y endureció su corazón? Por lo demás, el apóstol se expresa casi en los mismos términos cuando dice:”Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, los entregó Dios a su mente réproba” (Rom 1,28)... Pero si es cierto lo que dice la escritura, y que Dios abandona a sus pasiones ala que libremente se esclaviza en ellas, no se endureció el Faraón porque Dios así lo quisiera, ni la vida indecente s producto de la virtud. San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, p.82.

10- San Agustín, Obras de San agustín XII, BAC Nª 121.

11-CIC n 2519.

12- San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, Sígueme, Salamanca,1993, p. 106
13- NMI, 42.