jueves, 13 de julio de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA : SOY CATÓLICO A MI MANERA...

Soy católico, pero no voy a misa. En realidad creo en Dios, pero no en la Iglesia. Las respuestas que seguramente recibirás, con algunas variantes, irán en esta dirección. ¿Qué encierra este "soy católico"? Probablemente un sentimiento de pertenencia, que vendrá por el Bautismo o la primera Comunión, o por el vínculo con algún colegio católico, nunca falta tampoco, quien guarda un grato recuerdo de su paso en la niñez o juventud, por ser como  lo llaman, un "ayudante en la misa".

Resultado de imagen para restaurante personas eligiendo enSoy católico a mi manera. Esta frase, no solo no tiene ningún fundamento, sino que en sí misma es contradictoria. Utilizarla es afirmar y negar una realidad al mismo tiempo, lo que resulta imposible. Quien hace esta afirmación, desconoce el carácter de revelación que tiene la religión cristiana. Las verdades reveladas no son realidades que se nos presentan "a la carta", para que cada uno, como en un restaurante, vaya eligiendo, por un lado las que más le agradan y por el otro, vaya rechazando las que le desagradan. La fe católica tiene su fundamento en la revelación de Dios.

Y aquí tenemos, unas características muy concretas:

Dios se manifiesta dándose a conocer. Esto supone un marco posible de comprensión por parte del hombre. El hombre puede entrar en esta relación con Dios por ser criatura suya, y haber sido dotado por Él, de la potencialidad necesaria para vivir esta comunicación. También esta afirmación supone una comprensión de Dios, muy concreta, que manifiesta su voluntad de darse a conocer. Por otra parte, se desprende que el hombre no puede alcanzar el conocimiento de lo que Dios es en sí, si éste no se lo revela. Podemos por la razón afirmar la existencia de Dios y sus atributos. Como dice san Pablo a los romanos: podemos elevarnos por medio de las criaturas al Creador. Ellas manifiestan al hombre una acción superior. Pero, quién es Él en sí, únicamente podemos alcanzarlo por la Revelación. Una acción que tiene su iniciativa en Dios.

Dios nos da a conocer quién es Él y cual es su plan de salvación. Esta acción de Dios, se realiza progresivamente y alcanza su "plenitud" en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Con Él,  Dios lleva a término su Revelación. Jesucristo es la Palabra definitiva de Dios a los hombres. Ya no es un mensaje que envía a través de un mensajero, sea ángel, profeta o un rey, ahora el mensaje y su emisario son uno y el mismo. Este es Evangelio, es decir, buena noticia de Jesucristo el Hijo de Dios. Toda su existencia es Palabra de Dios, que concreta en la "carne humana" el misterio más insondable que se denomina, "Dios con nosotros". A los pastores en la noche santa, se les anuncia un signo y se les comunica una "gran alegría", ha nacido el salvador. Se concreta en la carne el anuncio esperado, y de modo inaudito la realidad  limitada ahora es habitada por Dios.

La vida de Jesús es la clave que abre las puertas de la existencia humana. Sus palabras y obras, son y siempre serán, la Verdad sobre la existencia humana, sobre su destino y el camino que deben transitar para alcanzarlo. ¿Quiénes conservaron el tesoro de sus enseñanzas y las verdades encerradas en los acontecimientos de su vida?¿Quiso Él guardar, de algún modo concreto, el tesoro de su paso en medio nuestro? 

Sí, la Iglesia nace de este deseo de Jesús por comunicar esas verdades a todas las generaciones, y no solo intelectualmente, sino celebrándolas en la fe. Luego de la Pascua, el testimonio ocular de los testigos, es iluminado por la acción del Espíritu Santo que los conduce a la verdad plena. De allí, que el Espíritu Santo  y los obispos, como sucesores de los apóstoles, garantizan en una única acción, la proclamación de esta verdad plena a todos los hombres de todos los tiempos. Esta acción ininterrumpida, fruto de la fidelidad de Dios, es obra del Espíritu Santo en la Iglesia. Como dice san Pablo: Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.

Soy católico a mi manera. Una afirmación tan sencilla, encierra errores muy importantes que no debemos soslayar. No somos un grupo de amigos que con el transcurso del tiempo, interpretamos lo que Jesús nos enseñó, y le vamos dando un toque más liberal o pragmático. Tampoco nuestro credo debe ser considerado, como la "carta de un restaurante", que nos permite seleccionar lo que más nos apetece. No hay católicos a su manera. Hay católicos prácticos, y otros que no lo son. Han recibido el Bautismo, y esto tiene gran importancia, pero lamentablemente ha quedado, en algunos,  en una foto o en alguna filmación…

HORACIO BOJORGE: EL DEMONIO DE LA ACEDIA (2)

viernes, 7 de julio de 2017

JOSE L. IRABURU: LA PARRESIA


La Sagrada Escritura emplea a veces el término parresía para designar la audaz confianza con que los enviados por Dios dan entre los hombres valiente testimonio de las verdades divinas, aún arriesgando a veces su prestigio o incluso su vida. (El Diccionario de la Real Academia da a la palabra otro significado).

Parresía significa libertad de espíritu o de palabra, confianza, sinceridad, valentía; parresiázomai quiere decir hablar con franqueza, abiertamente, sin temor, con atrevida confianza (cf. Hans-Christoph Hahn, Diccionario teológico del NT, Sígueme, Salamanca 19852, I,295-297).

«De acuerdo con su sentido originario, el término parresía (pan-rhêsis-erô, de la raíz wer-, de donde deriva también el latino verbum, y quizá el alemán wort y el inglés word, palabra) expresa la libertad para decirlo todo» (295). Y como la realización concreta de esa libertad ha de superar a veces dificultades muy grandes, surgen como significados ulteriores de parresía la intrepidez y la valentía.
En el griego profano estas palabras se usan primero en el campo de la política, para adquirir más tarde un sentido moral más general. En la versión que los LXXhicieron de las antiguas Escrituras son términos que se emplean raramente (12 veces el sustantivo, 6 el verbo) (295-296).

En cambio, en la plenitud de los tiempos, cuando la revelación de la Palabra divina alcanza su máxima luminosidad y, consiguientemente, cuando el enfrentamiento entre la luz divina y la tiniebla humana viene también en Cristo a ser máxima, estas palabras tienen mucho más uso. Y así «en el Nuevo Testamento parresía aparece 31 veces (13 en los escritos de Juan, 8 en Pablo, 5 en Hechos, 4 en Hebreos). Y el verbo parresiázomai se halla 9 veces (7 en Hechos, 2 en Pablo)» (296).
Jesús habla a los hombres con absoluta libertad, sin temor alguno, con parresía irresistible, sin «guardar su vida». Hasta sus contradictores lo reconocen: «Maestro, sabemos que eres sincero, y que con verdad enseñas el camino de Dios, sin que te dé cuidado de nadie» (Mt 22,16).

Él habla en el nombre de Dios públicamente, sin temor a nadie, libremente, sin ambigüedades (cf. Jn 7,26; 18,20; Mc 8,32). Como ya pudimos comprobar ampliamente en el primer capítulo, Él, cuando habla, cuando actúa, no trata de guardar su vida. Solo la protege, eso sí, hasta que llegue su hora, como cuando quieren matarle en Nazaret (Lc 4,30). No ejercita una parresía imprudente, como en algún momento hubieran querido sus familiares (Jn 7,3ss). Pero es evidente que hablando y actuando se entrega a la muerte.

La prudencia de Jesús, que es según el Espíritu divino, nada tiene que ver con la prudencia de la carne, que ante todo pretende evitar la cruz y obtener ventajas temporales. Por eso en Cristo prudencia y parresía no están en contradicción, sino que se identifican. Es prudente Jesús porque entregando su vida, la pierde, para la gloria de Dios y el bien de los hombres.
En los apóstoles, por obra del Espíritu Santo, sigue viva y actuante la misma prudente parresía del Maestro. «Los apóstoles daban con gran fortaleza el testimonio (martyrion) que se les había confiado acerca de la resurrección de Jesús» (Hch 4,33; con parresía, Hch 4,13; 9,27 y passim). «Los Hechos nos narran continuamente que Pedro, Pablo y otros se presentaban y anunciaban sin temor alguno ante los judíos y ante los paganos las obras de Dios» (Hahn 296).
Esa fuerza espiritual para comunicar a los hombres mundanos la Palabra divina no es una fuerza humana, es sobre-humana, es fruto del Espíritu Santo, «desciendo del Padre de las luces» (Sant 1,17), y es don recibido como respuesta a la oración de petición:

«Ahora, Señor, mira sus amenazas, y da a tus siervos firmeza (parresía) para hablar con toda libertad tu Palabra... Y cuando acabaron su oración, retembló el lugar en que estaban reunidos, y quedaron todos llenos del Espíritu Santo, y hablaban la Palabra de Dios con osada libertad (parresía)» (Hch 4,29.31).
San Pablo, por ejemplo, manda a los efesios «suplicar por todos los santos, y por mí, para que al hablar se me pongan palabras en la boca con que anunciar con franca osadía (parresía) el misterio del Evangelio, del que soy mensajero, en cadenas, a fin de que halle yo en él fuerzas para anunciarlo con libre entereza (parresía), como debo hablarlo» (Ef 6,19-20; cf. Flp 1,20; 1Tes 2,2; 1Tim 3,13; Flm 8; 1Jn 2,28; 3,21; 4,17; 5,14; Heb 3,6; 10,35).

Todos los fieles cristianos, pero de un modo muy especial quienes han sido consagrados por Dios para el ministerio apostólico, deben estar llenos de parresía en el Espíritu Santo, de modo que, sin amilanarse en absoluto ante los hombres y los ambientes mundanos –vecinos y familiares, prensa, radio, televisión, políticos e intelectuales de moda–, den vigorosamente el testimonio de Cristo, pues Él, «despojando a los principados y a las potestades [del mundo y del diablo], los expuso a la vista del mundo con osada gallardía (parresía), triunfando de ellos por la Cruz» (Col 2,15).

Obviamente, la parresía recibe toda su fuerza de la Cruz de Jesús. Se posee en el Espíritu esa fuerza espiritual en la medida en que se toma la Cruz. Puede el enviado ser «testigo-mártir de la verdad» que salva en la medida en que da su vida por «perdida», es decir, en la medida en que no tenga nada propio que conservar, proteger o guardar, en la medida en que, centrado en la Cruz y en la Eucaristía, «entregue» su vida para la gloria de Dios y el bien de los hombres. Por eso, allí donde disminuye el amor a la Cruz y a la Eucaristía, cesa la fuerza apostólica evangelizadora. El vigor espiritual no alcanza ya sino para proponer a los hombres aquellos valores que el mismo mundo acepta, al menos en teoría.

Santa Teresa echaba de menos en la Iglesia la palabra de profetas y de apóstoles, encendida en el fuego poderoso del Espíritu divino: «... no se usa ya este lenguaje. Hasta los predicadores van ordenando sus sermones para no descontentar. Buena intención tendrán y la obra lo será; mas así se enmiendan pocos. Mas ¿cómo no son muchos los que por los sermones dejan los vicios públicos? ¿Sabe qué me parece? Porque tienen mucho seso los que los predican. No están sin él, no están con el gran fuego de amor de Dios, como lo estaban los apóstoles, y así calienta poco esta llama. No digo yo sea tanta como ellos tenían, más querría que fuese más de lo que veo. ¿Sabe vuestra merced en qué debe ir mucho? En tener ya aborrecida la vida y en poca estima la honra; que no se les daba más, a trueco de decir una verdad y sustentarla para gloria de Dios, perderlo todo que ganarlo todo; que a quien de veras lo tiene todo arriscado por Dios, igualmente lleva lo uno que lo otro» (Vida 16,7).

jueves, 6 de julio de 2017

HABLEMOS SOBRE LAS PASIONES...

Qué es una pasión? Escuchamos habitualmente expresiones tales como: los jóvenes se apasionan con la música, de una muchacha se dice que está apasionadamente enamorada de un joven. Algunos se apasionan con los deportes, y otros lo hacen con los pasatiempos… En estas expresiones nos referimos a la intensidad de los sentimientos, ella es una calidad de la pasión…

Utilizaremos un ejemplo para ilustrar diversas pasiones… Cuando le avisan a Pedro que hay un asado (u otra comida que te guste mucho) se le hace agua la boca; él ama, desea y goza comiendo ese asado, pero cuando le invitan a excederse, lo rehusa y si le insisten, se irrita con su anfitrión, incluso lo entristece que insistan nuevamente con el ofrecimiento. Una variada gama de pasiones se dan cita en este ejemplo: amor, deseo, placer, tristeza, irritación, etc...Claro que en este ejemplo el objeto es trivial: un simple asado o cualquier otra comida.

Las pasiones están al servicio del bien del hombre. Lo impulsan a buscar su bien directamente en unos casos, o a buscarlo indirectamente en otros tratando de evitarle un mal. Todas las pasiones están ordenadas, directa o indirectamente, al bien del hombre. Pero, aunque todas apuntan al bien del hombre, no todas lo buscan por igual. Y esa diferencia no estriba precisamente en que unas le empujan a lo bueno y otras le apartan de lo malo. No: la base de la diferencia entre ellas es otra. Mientras Pedro no se encuentra con dificultad alguna, puesto que ni siquiera va a pagar esta comida, Pedro ama el asado, lo desea, le gusta…Solo cuando aparece la amenaza de una posible indigestión, trata de evitar seguir comiendo, se atreve a contradecir al amigo que le insiste y se irrita ante la terca insistencia...

El amor y el odio, el deseo o la aversión, el placer y el dolor versan sobre el bien y el mal considerados sin percepción de dificultad alguna. Pero apenas se presentan algunas dificultades en obtener un bien o evitar un mal, aparecen en escena otro tipo de pasiones: la esperanza o la desesperanza, el miedo o la osadía, y la ira. Las primeras se las llama simples porque no están complicadas mediante el conocimiento de alguna dificultad que obstaculice la consecución de su objetivo. Las segundas se refieren a la consecución de un bien difícil de eliminar, y se llaman pasiones irascibles, aparecen ante la emergencia de un obstáculo.

martes, 4 de julio de 2017

BEATO J.H.NEWMAN: LA VOZ DE LA CONCIENCIA

La voz de la conciencia

Saben muy bien, hermanos míos- y pocas personas lo niegan-, que en el interior de todo hombre  alienta un sentimiento o percepción que le muestra la diferencia entre el bien y el mal, y constituye la regla para medir pensamientos y acciones . Se llama conciencia, y aunque no alcance en todo tiempo la deseable fuerza para dirigirnos, es suficientemente clara y elocuente para influir en nuestras opiniones y modelar nuestros juicios en los variados asuntos que nos ocupan.

Pero la conciencia no es capaz de desempeñar adecuadamente su papel sin una ayuda exterior. Necesita ser orientada y sostenida. Dejada a sí misma, hablará con corrección al principio, pero pronto se manifestará vacilante, ambigua e incluso falsa. Requiere buenos maestros y buenos ejemplos que la mantengan en la línea del deber. Desgraciadamente esa asistencia externa, esos maestros y ejemplos faltan en muchos casos.

Es más, escasean tanto para la mayoría de todos los hombres, que la conciencia pierde frecuentemente el camino, y guía a la persona, en su recta hacia la eternidad, sólo de manera indirecta y circular. Incluso en países que llamamos cristianos, esa luz natural e íntima se oscurece, porque la luz que ilumina a todo hombre venido a este mundo es apartada de la vista.

Es un hecho descorazonador y terrible que en este país, entre gente que presume de cristianismo culto, el sol se encuentre tan eclipsado en los cielos que el espejo de la conciencia sólo capte y refleje unos pocos rayos, y ayude pobre y escasamente a preservar del error las conductas.

Aquella luz interior, aunque dada por Dios, se hace impotente para iluminar el horizonte, señalarnos una dirección, y fortalecernos con la certeza de que hemos sido creados para una morada eterna. Semejante luz fue dispuesta en nuestro interior como criterio del bien y de la verdad. Se nos dio para indicarnos nuestro deber en cualquier situación, instruirnos con detalle acerca de lo que es pecado, enjuiciar todas las cosas que vienen a nuestro encuentro, distinguir entre lo valioso y lo nocivo, protegernos de la seducción ejercida por lo simplemente amable y placentero, y disipar, en fin, los sofismas de la razón. Y sin embargo, miren que idea de la verdad, de la santidad,del heroísmo y del bien poseen la mayoría de los hombres. No me refiero ya si actúan o no impulsados por tan elevados motivos. Esta es otra cuestión. Pregunto sólo si tienen alguna noción de esas cosas; o en caso de que hayan conseguido borrar del alma sus ideas de virtud y bondad, me preguntó entonces si su manera de concebirlas y los individuos  que a sus ojos las encarnan no nos permiten afirmar de innumerables personas que " la luz que hay en ellas es oscuridad" 

domingo, 25 de junio de 2017

MADRE YO CONFÍO EN TI



Gospa yo confío en ti ...¿Por qué te agitas y confundes antes los problemas de la vida? Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te saldrá mejor. Cuando te abandones en Mí de todo corazón todo se resolverá con tranquilidad según los designios de Mi Hijo. No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos. Cierra los ojos y dime con calma: Madre yo confío en ti.

Evita las preocupaciones y angustias y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después. No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame a mí ser tu Madre y actuar con libertad. Abandónate confiadamente en mí. Reposa en mí y deposita en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente: Madre yo confío en ti.

Lo que más daño te hace es tu razonamiento, tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices: Madre yo confío en ti, no seas como el paciente que pide al médico que lo cure pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos maternales, no tengas miedo: Yo te amo. Si crees que las cosas empeoran o complican a pesar de tu oración, sigue aún confiando, cierra los ojos del alma y confía aún más. Continúa diciéndome a toda hora: Madre yo confío en ti.

Necesito tener las manos libres para obrar. No me las ates con tus preocupaciones infantiles. El enemigo no quiere sino eso: agitarte, angustiarte y quitarte la paz. Confía en Mí, reposa en Mí, abandonándote en Mí. Yo consigo de Mi Hijo los milagros en proporción del abandono y la confianza que tu tengas en Mí. Así que no te preocupes, confíame todas tus angustias y quédate tranquilo, sólo dime a toda hora: Madre yo confío en ti. Vas a ver luego los milagros, te los estoy prometiendo porque soy tu Madre y te Amo.

¡Si supieras cuánto TE AMO llorarías de alegría!

sábado, 24 de junio de 2017

SAN JERÓNIMO: COMENTARIO AL ELOGIO DE JUAN BAUTISTA

Es superior a todos los hombres nacidos de mujeres y del concurso del hombre, mas no es preferido a Aquel que nació de una Virgen y del Espíritu Santo. Aunque en las palabras "No se levantó entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan", no puso a Juan por encima de los demás profetas y patriarcas y de todos los hombres, sino que lo igualó. Porque, de que otros no sean mayores que él, no se sigue inmediatamente que él sea mayor que los otros.

Mas nosotros comprendemos simplemente que todo santo que está ya con el Señor es más grande que aquel que aún está en medio de los combates, porque una cosa es ceñir la corona de la victoria y otra luchar aún en el combate.

DIÁCONO JORGE NOVOA: SAN JUAN BAUTISTA

24 de junio es sinónimo de san Juan Bautista, recordarlo y profundizar en su misión profética iluminará los caminos de la evangelización del tercer milenio. Recorramos la Escritura con una mirada contemplativa, hurgando en los distintos pasajes bíblicos donde aparece esta emblemática figura, para "gustar y ver que bueno es el Señor". 

"Contemplar significa mirar prolongada y detenidamente un objeto o un paisaje, experimentando con ello admiración, asombro, fascinación, interés". La mirada creyente no busca solamente altura sino profundidad, descubre una realidad que al tiempo de trascenderlo lo atrae con irresistible fuerza. El que contempla no es un espectador pasivo, aquello que lo atrae, le manifiesta una verdad que lo convoca desde lo profundo de su ser.

Juan Bautista es un santo, agrega San Jerónimo, "también sacerdote", era de linaje sacerdotal (Lc 1,5-8). Su padre Zacarías, oficiaba en el Templo de Jerusalén cuando el arcángel Gabriel le anunció que su oración había sido escuchada ¿Cuál sería la oración de Zacarías? ¿Qué deseos albergaría en su corazón?

Es de suponer que la oración de un sacerdote del Pueblo de Israel, estaría vinculada con la llegada del Mesías, o tal vez, dado que Isabel era estéril, le pediría un hijo a Dios. Para los israelitas la esterilidad era humillante. Si esta era su oración, ella se cumpliría plenamente, Isabel iba a dar a luz un hijo que sería el precursor del Mesías.

Isabel, su madre, es al igual que su padre de tribu sacerdotal, ambos son presentados en la Sagrada Escritura como justos (dikaioi). A ellos, el salmo 1 los llama bienaventurados, se describen con una serie de verbos los comportamientos de los justos, primero bajo la imagen de la renuncia; halak ( no camina),'amad ( no se detiene) y yashab (no se sienta) y luego los que manifiestan positivamente sus acción vinculada a la Ley del Señor; se complace y susurra.

"Feliz el hombre que no camina según el consejo de los impíos
y en el sendero de los pecadores no se detiene
y en la reunión de los depravados no se sientamas se complace en la Ley de Yahveh
su ley susurra día y noche.
Es como un árbol plantado
Junto a corrientes de agua
Que da a su tiempo fruto
Y jamás se amustia su follaje
Todo lo que hace sale bien…"(Sal 1)


Los justos viven con una gran rectitud de corazón bajo la ley del Señor alabándolo: "aclamad justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos"(Sal 32) .La conducta del justo consiste en una gran rectitud interior que se manifiesta en la vida exterior; el justo se complace en la Ley (Torah), la lee (y medita) asiduamente, de día y de noche. La existencia de los justos, como el árbol plantado junto a la acequia, tendrá fecundidad oportuna, vigor perenne y bendición en sus empresas. Evidentemente que las raíces de Juan son profundas, su vida, como la del árbol plantado junto al río, será fecunda (Sal 1), arraigado en Dios, se nutre del "río de agua viva" que es la ley del Señor.

Dios en los santos corona su propia obra, lo primero que reconocemos en ellos, es el proyecto de Dios que se manifiesta en todas las dimensiones de su existencia. Al tiempo que también descubrimos, el Sí de estos hombres a Dios, un sí provocado y acompañado por la gracia. Cuando ambas coordenadas se encuentran, Dios se manifiesta con tal profundidad, que si nos encontrásemos con estos hombres, le rogaríamos como en la ciudad de Gadara, le rogaron a Jesús, "retírate". Dios se manifiesta en ellos con sencillez y profundidad, a través de ellos y de su mirada limpia, penetra nuestras existencias cuestionándola. Dios por ellos, oportuna e inoportunamente nos manifiesta la primacía del amor, "que todo lo espera, que todo lo soporta". El velo del vientre materno de Isabel no impidió el saludo de aquel que había sido presentado por el Ángel, como "lleno del Espíritu Santo desde el seno" de su madre.

El Bautista es un mártir

La Palabra de Dios en los mártires es rechazada violentamente, hasta el extremo de mostrarse aparentemente vencida. La sangre derramada, no silencia el eco de la Voz de Dios, que se da por sus testigos. En su sentido etimológico, el mártir es un testigo. El Bautista es mártir, no ha medido las consecuencias de su compromiso en favor de la Palabra. Juan es la Voz, el Señor la Palabra. Ignacio de Antioquía, exclama poco antes de morir "trigo soy de Dios y por los dientes de las fieras he de ser molido, a fin de ser presentado como limpio pan de Cristo".

El Bautista nos habla de un testimonio que se torna molesto para los "poderosos de este mundo". Herodes es demasiado pequeño para enfrentar un instante tan medular, es un hombre "disoluto, violento, corrompido por el poder y la falta de fortaleza espiritual", su imagen aparentemente poderosa se debilita ante la danza insinuante de Salomé (Mc 6,21-29). Herodes no está a la altura del momento histórico, el poder arbitrario y demagógico, siempre queda enredado en su propia vanidad.

La voz de Dios en el Bautista está encarcelada, pero no silenciada, ella como el grano de trigo debe morir, al caer en la tierra producirá frutos abundante. Dios recoge la fidelidad de esta entrega y espera el tiempo en que se cosechará lo que se ha sembrado. La sangre "derramada" por los mártires se convierte en semilla de cristianos

El martirio es una gracia, una verdad solamente comprensible desde el interior de la vida cristiana. Cuando aceptan ser "llevados donde no quieren ir", se apoyan en la solidez del amor del Señor. Las preguntas que Jesús realiza a Pedro luego de la traición, no son únicamente reveladoras del corazón de Pedro, son reveladoras del Corazón de Jesús. 

Canta la Santa Iglesia, en la celebración del martirio de Juan el Bautista:

Varón feliz de méritos excelsos,
que mantienes sin mancha tu pureza
santo eremita, mártir esforzado,
magno profeta.
Hoy, cuando triunfas valeroso, arranca
de nuestro pecho el corazón de piedra
el camino torcido guía, allana las asperezas.

Juan es receptor de la gran tradición de Israel, en él, se concentran todas las expectativas de la Antigua Alianza. Está destinado a personificar de forma concentrada el núcleo ardiente de la primera Alianza, cuando se le preguntó, quién era, no pudo identificarse ni con "el profeta" (semejante a Moisés Dt 18,15), ni con Elías(Ml 3,23), ni con el Mesías, al que tenía que preparar el sendero (Ml 3,1 según Is 40,3)". Como todo enviado en la historia de la salvación, apenas sabe el lugar que ocupa. Dios lo dispone en su tablero de ajedrez, según el plan de la partida en su totalidad, que solo ÉL conoce. Su misión es la más grande que haya recibido ningún nacido de mujer(Mt 11,11), y por tanto la más difícil de comprender.

El Pueblo de Israel, tras la caída del Templo de Jerusalén y el destierro, percibe un gran silencio profético, hay como "un vacío" de quinientos años. Este silencio parece ser la respuesta de Dios a su Pueblo. Para algunos autores como J. Jeremías, "el Espíritu se ha extinguido", el pueblo siente nostalgia por la voz profética que esta ausente. El espíritu profético que se había extinguido, retorna después de una larga interrupción, Dios rompe su silencio y vuelve a hablar como antaño en día de los profetas. La historia de la salvación con la aparición del Bautista, recobra su curso con un arranque imprevisto.

La experiencia religiosa del resto fiel, se hace carne en la persona y las obra del Bautista. ÉL es, la imagen de la humanidad en total apertura a Dios, a quien es necesario ir descubriendo, rastreando e intuyendo. "Juan apareció, nuestro Dios existía" (S. Jerónimo) La Iglesia universal contempla a esta figura paradigmática. Su puesto es central en la historia de la salvación, porque allí, todo lo prometido se vuelve realidad. En la solemnidad de San Juan Bautista, la Iglesia nos invita a mirar esta realidad y sus repercusiones para nosotros.

Hay muchas características para destacar de este profeta privilegiado, otros anunciaron en la alborada del día, lo que Juan iba a contemplar con sus propios ojos. Así, este "más que un profeta", no solo debe anunciar, sino señalar al "cordero de Dios".

Se puso delante de mí...(Jn 1,30)

La representación que habitualmente nos hacemos de la misión de Juan es simplista. Muchos piensan que fue sencillo para Juan. Se adjudica al profeta una especie de clarividencia, una intuición tan luminosa que, "gracias a ella, él recibe la ciencia inmutable del Espíritu como si éste se apoderase de él en tal forma que desapareciera por completo toda vacilación". Según este modelo, habría un camino en el cual se deben ir preparando las cosas; dígase actitudes, realidades sociales, estructuras etc...para que al llegar el Salvador, camine por el.

Esta percepción inadecuada tiene algo de cierto, pero, vista la misión de Juan en su totalidad, esto resulta un tanto insignificante. Lo que hay que preparar es a la humanidad que debe abrirse a la irrupción de Dios en la historia. Un Dios que está a la puerta. Esto dimensiona la imagen de Juan Bautista en ese aspecto vital que es la fe, Juan prepara un camino que conduce hacia Jesús. No es un camino por el cual vaya a transitar el Salvador, sino, un camino que tiene como destino al Señor. La meta del pueblo que camina es Jesús, ante quien, el Bautista debe "desaparecer" para que Jesús "crezca". Juan hace un camino de fe en el conocimiento y la adhesión al proyecto de Dios. Que incluso ya en el final de su existencia deberá acrisolarse, cuando desde la cárcel manda que sus discípulos pregunten a Jesús; "Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?".

Debe estar atento a la irrupción de Dios, pero siempre en el claroscuro de la fe. Surgen así preguntas existenciales. ¿Por donde vendrá? ¿Dónde aparecerá? ¿Cómo lo reconoceremos? Este moverse intuitivamente, tras las huellas de Dios en la historia de su Pueblo, le permite reconocer la libertad de Dios. Aunque siempre  ha hablado por los profetas ahora lo realiza por su Hijo. La fe se deja sorprender por Dios, para Él no hay imposibles, sus caminos no son los nuestros.

Juan habrá escuchado las alabanzas que su padre y su madre dirigían a Dios, descubriéndole lo favorecidos que eran por esta elección, le habrán recordado, el trance misterioso y maravilloso del anuncio de su nacimiento y lo que vivieron a la hora de ponerle su nombre. Si hay algo, firmemente aceptable y constatable en la vida de Juan, es la libertad de Dios. ÉL camina en medio de ellos, interviniendo en la historia de su Pueblo para consolarlo con la salvación que ya llega. Juan acepta ser en la melodía de Dios, solamente un acorde, tal como Moisés ve "la tierra prometida" pero no entra en ella. Ha percibido que Dios los quiere liberar de esas falsas seguridades, como lo hizo con Abraham, "sal de tu tierra, de la casa de tu padre y ve a una que yo te daré" ¿Dónde esta? No hay respuestas. Así, Juan debe descubrir el proyecto de Dios tal como se le manifiesta e ir recorriendo el camino de la confianza, en el Dios que es Fiel a la Alianza. Por él, se pide "la antigua fidelidad a Dios, al sentido original de esa lealtad que revela la autenticidad de una conversión a Dios en el dar frutos(Mt 3,8) y una renuncia a toda seguridad frente a Dios.

Su figura austera se presenta en las afueras de la ciudad. No es una "caña que se lleva el viento". Anuncia y vive la posibilidad real de la salvación que ya llega, y de la cual ninguno queda excluido. La Palabra de Dios lo conduce al desierto, al comienzo recordábamos que el Bautista era de linaje sacerdotal, siendo que es sacerdote, y sabiendo que llega el Mesías, no lo busca en el Templo. Se deja conducir por la Verdad, puesto que la verdad que él profundiza y comunica, es la verdad revelada en la plenitud de los tiempos.

El sacerdocio antiguo ha pasado, el Mesías trae un sacerdocio nuevo y eterno. De la esterilidad de Israel (Isabel) y su silencio (Zacarías) Dios suscita un clamor fecundo que anuncia la llegada del Mesías. "El que me envió", no la carne estéril ni la mudez provocada por la falta de fe, sino Dios, el Dios de nuestros Padres, el que Es eternamente me conduce hacia Jesús.

El Bautista y la evangelización...

¿Puede este hombre de Dios, ayudarnos a encontrar pistas para la Nueva Evangelización? ¿Puede haber un punto de contacto, entre dos culturas que parecen tan diametralmente opuestas? Una voz clama en el tercer milenio, en continuidad con todas las voces que a lo largo de la historia han clamado, anunciando la necesidad de preparar los caminos del Señor. Una voz que anuncia el misterio oculto en Dios desde la eternidad, y ahora manifestado en Jesucristo. Señalando a nuestra sociedad, la plenitud de la Revelación de Dios en el Señor, una plenitud que trae la Verdad; sobre Dios, el mundo y el hombre.

El Bautista sabe lo que ocurre en Jerusalén, conoce las ambiciones y mezquindades del poder político y religioso de su tiempo, no está al margen del camino como el ciego del Evangelio, esta en el camino que conduce a la salvación. La verdad que proclama golpea con tal intensidad los corazones de sus oyentes, invitándolos a abandonar la vida antigua de pecado, que acude mucha gente al lugar donde se encuentra. Ni el número de los que se convierten, ni las lindas intenciones, lo mueven a seguir en su misión. Se encuentra en el lugar apropiado a la hora justa para cumplir la voluntad de Dios. Esa voluntad que no busca el halago fácil ni el reconocimiento masivo, vivida por Juan en la soledad del desierto, lo ha templado en una vida recta delante de Dios y los hombres.

Solamente bosquejamos algunas pistas para la Evangelización, creo, que ellas pueden ayudarnos. No caben dudas, que el Bautista comprende y vive en profundidad la hora que le toca vivir. Un segundo aspecto a contemplar, es apreciar como esta hora del Bautista lo ubica en un cruce de caminos singular, es decir un lugar para el encuentro. Ambos aspectos pueden orientarnos al meditar en la vida de Juan dándonos pistas para la Nueva Evangelización. Las dos pistas que hemos tomado expresan claramente los motivos que fueron causa de gozo para su padre Zacarías (Lc 1,68-79) y por lo tanto son causa de alegría para nosotros.

" Y será lleno del Espíritu Santo, aún desde el vientre de su madre. Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor, que es el Dios de ellos. Y marchará delante de Él con el espíritu y la virtud de Elías, para convertir el corazón de los padres a los hijos, y los incrédulos a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un Pueblo perfecto" ( Lc 1,15-17)

El Bautista será portador de una santidad extraordinaria, estará lleno del Espíritu profético de la Antigua Alianza ( es más que profeta), asemejándose a Elías, convirtiendo a muchos israelitas al Señor, para preparar un Pueblo que acoja al Mesías.

La hora presente

Juan tenía conciencia de haber sido enviado en la última hora, antes del inminente juicio de Dios (Mt 3,10), para exhortar a la penitencia (Mt 3,8) y para bautizar a los penitentes. Es el pregonero de la salvación de Dios que en camino está a punto de irrumpir, en una última posibilidad de conversión radical, en la imposibilidad de subsistir delante de Dios por medio de algo que no sea esta radical conversión que transforme, desde su raíz, la totalidad de la vida humana hasta el presente.

En nuestras vidas, hay horas buenas y malas, momentos difíciles y otros sencillos, alegrías y tristezas, hay encuentros y desencuentros. Experimentamos, cuanta verdad encierra aquel pasaje bíblico, "todo tiene un momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo" como dice el "Cohélet"(Qo 3,1).

Frente a las cuales, podemos tener dos actitudes; vivir o vivirla(s). El infinitivo en los verbos nunca determina al sujeto en su ubicación histórica, no se pude enunciar una frase como esta; yo morir de pena. El depositario de esta confesión no sabría, si consolar, aconsejar o lamentarse con su confidente, pues la acción no declara si le ocurrió en el pasado, si aún está presente, o si (cree que)le ocurrirá en el futuro. No debemos vivir en infinitivo nuestra existencia, con ello corremos el riesgo de estar, como dice el Concilio Vaticano II, presentes físicamente pero no con el corazón. En el lenguaje del Evangelio más atrayente, "viendo no ven y oyendo no oyen".

Juan es un hombre de su tiempo, su vida está arraigada en Dios, y por ello es un hombre de su tiempo, ve el tiempo según el designio de Dios. Ello capacita su mirada para reconocer la presencia o ausencia de Dios en la vida de su Pueblo.

Anunciar que el hacha esta puesta en la raíz (Mt 3,10), descarta cualquier pensamiento superficial que quiera justificar una especie de misión llevada adelante inconscientemente. Para poder gritar sobre la inconsciencia de su Pueblo, primero debe gritar sobre sus ambigüedades e incoherencias. Debe primero recibir la Palabra que Dios le dirige evidenciándole la necesidad de recibir el "perdón de los pecados" por medio del arrepentimiento. Esa pesada responsabilidad es mayor aún, cuanto el Bautista, no reniega de su Pueblo, sufre con Él. Su palabra quiere rescatar cualquier signo de vida por frágil e insignificante que sea, no viene a apagar "la mecha humeante, ni a quebrar la caña cascada". Cualquier indicio de dignidad puede ser una realidad potencial para la conversión. Su propuesta no nace de una debilidad, nace de la experiencia de Dios en su Pueblo Israel.

"Los tiempos de crecimiento y de progreso en la vida de la salvación son infinitamente diversos. Algunas cosas que unos entienden inmediatamente, otros la entienden después de muchos años, después de decenios. En todo hay una extraña Sabiduría, que hasta nos podría parecer fatalismo; y, sin embargo, el hecho de que Jesús vivió y aceptó estas maduraciones lentas nos debe hacer reflexionar: ¡cada cosa a su debido tiempo! No por esto debemos intencionalmente retardar los tiempos y evitar un compromiso total, si no que se trata de reconocer que hay leyes misteriosas que gobiernan el desarrollo, en la naturaleza como en el espíritu, como en los pueblos y en las sociedades. Y hay que poner atención a estas leyes, para que, por una parte, no se nos escape el tiempo justo a causa de su propia pereza, sino que, por otra, ni siquiera creamos poder apresurar y producir rápidamente lo que, en cambio, requiere madurez profunda y personal. Lo que se realiza fuera del tiempo, será siempre algo artificial y postizo, que no podrá menos de ser rechazado, antes o después, por aquel organismo que lo ha integrado en sí mismo. Es cierto que, adhiriendo al designio de Dios, se hace infinitamente más de lo que no se haría si los tiempos fueran establecidos por nosotros". Basta pensar en ese período oculto, pero sumamente fecundo, tanto del Bautista, como de Jesús en Nazaret.

En un cruce de caminos

Los caminos de Dios en Cristo se hacen caminos para el hombre, todo cruce se vuelve lugar para el encuentro, porque Él camina con nosotros. Juan se encuentra en un cruce singular, en su existencia hay dos polos que están ordenados el uno al otro, atrayéndose mutuamente.

Uno de los polos es Dios; quien funda toda la experiencia de Juan, es el "que lo envió" y le dijo "cuando veas". Una serie de signos evidentes le indicarían al destinatario de su confesión, ciertamente que no lo conoce, pero, Aquel que lo envió le aseguró una asistencia especial para que pudiera reconocerlo. La misión recibida de "lo alto" debe ser realizada en "lo bajo". No hay misiones que no tengan nada que ver con el hombre. "Por consiguiente, la "misión" y la "donación" en Dios son exclusivamente temporales(Santo Tomás). La misión que cada uno de nosotros deba realizar tiene su origen en la prolongación de las misiones del Hijo y del Espíritu. Estas misiones son siempre eclesiales, no somos nosotros enviados aisladamente, brota en nosotros por nuestra pertenencia al cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

El otro polo, esta dado por esas palabras que volaron permanentemente sobre la cabeza de Juan, "Este es… " .Esta destinado a Jesús, toda su existencia pende de aquel instante, está totalmente orientado hacia ÉL. Permanentemente ha vivido deseoso de cumplir con este designio, es la Hora del gran consuelo, no se trata de protagonismos menores, es la hora definitiva, Dios visita a su Pueblo.

Nosotros somos portadores de una Buena Noticia. Podemos reconocer al Señor, vivimos permanentemente en medio de lo cotidiano con la capacidad de reconocer al Señor, de reconocer su Reino o las semillas del Verbo presentes en nuestra cultura. Nosotros estamos en ese cruce de caminos de Juan Bautista, entre el que nos "envió" con la posibilidad de "indicar" a otros al Cordero de Dios. Nos nutrimos de una vida que no tiene su origen en nosotros, y que esta destinada, por y en nosotros a comunicarse, a darse a conocer. Somos Testigo y servidores del Reino, como Juan, nuestras vidas estan toda orientadas por el anuncio explícito y el ejemplo, hacia el que nos rescató de la muerte.

El beato Juan Pablo II, desgrana una serie de elementos en la encíclica "Redenptoris missio", que nos permiten reflexionar sobre lo que supone servir al Reino. Estamos al servicio del Reino, en nosotros y por nosotros para el prójimo (que somos Iglesia) cuando encarnamos en nosotros y exhortamos a todos a la conversión. La salvación empieza, ya desde ahora, con la novedad de vida en Cristo. Servimos al reino, difundiendo los valores evangélicos que son expresión del Reino, reconociendo que la realidad incipiente del Reino puede hallarse fuera de los confines de la Iglesia. "La Iglesia, finalmente, sirve también al Reino con su intercesión, al ser este por su naturaleza don y obra de Dios. Nosotros debemos pedirlo, hacerlo crecer dentro de nosotros; pero también debemos cooperar para que el reino sea acogido y crezca entre los hombres".

Cuanta enseñanza para nosotros, que cantidad de proyectos desearíamos ver con mayor claridad. Cuantas veces nos asalta la tentación de querer ver o conocer el desenlace final de nuestras vivencias para resolver si debemos hacer tal o cual cosa.

Conclusión

La Nueva Evangelización siempre exige una aguda mirada sobre la realidad, que penetre hasta los mismos fundamentos culturales que la dirigen, para reconocer su orientación medular. Una mirada creyente, que busque otear en la civilización actual las huellas del Señor, que busque en la identidad fundacional del pueblo, la matriz cristiana que poseen la mayoría de nuestros pueblos latinoamericanos.

Preguntaban a Hans Urs von Balthasar como definía su Teología, y respondía, es "como el dedo indicador de Juan Bautista que remite a la plenitud de la Revelación en Jesucristo". Podemos apropiándonos de esta frase responder, la Iglesia levanta una y otra vez, a tiempo y a destiempo, el dedo indicador de la fe para confesar a Jesucristo, alfa y omega, el mismo ayer, hoy y siempre.

Ante algunas vacilantes preguntas que surgen muchas veces en nuestro horizonte, debemos indicar:

"No se trata, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia, hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celestial. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz" (TMI 29)

Textos utilizados
Teología del Nuevo Testamento, J. Jeremías.
Suma Teológica, Tomo II,1q.43 a.1 Santo Tomás.
Gloria Vol.7 ; Hans Urs von Balthasar.
El Evangelio según San Juan, Carlo María Martini.
Pan para el pueblo, Carlo María Martini.
Los salmos ,Horacio Bojorge SJ.
Evangelio según San Marcos ,San Jerónimo.

Textos del Magisterio de Juan Pablo II




jueves, 22 de junio de 2017

MONSEÑOR JOSEFINO RAMIREZ: SANTA MARGARITA MARÍA Y LA REPARACIÓN

Querido padre Tomás:


La obra "Los miserables" de Victor Hugo tiene un mensaje de mucha actualidad. Trata de un pobre carpintero sin trabajo. Su crimen: haber robado un pedazo de pan para alimentar a sus hijos hambrientos. Su sentencia: cinco años de prisión.Al pretender escapar, es capturado para servir a la cruel justicia del gobierno por quince años más. En la prisión es olvidado por los suyos.

¿No podría ser ésta la historia de Jesús en el Santísimo Sacramento? Para alimentar espiritualmente a los hambrientos hijos de su Padre, Jesús se convierte en el Pan vivo bajado del cielo. Este es su crimen.Él no es retribuido con agradecimiento y adoración, es castigado poniéndolo en la prisión del sagrario.. Ahí en el calabozo es olvidado y abandonado por los suyos. Nos avergonzamos y no lo exponemos.Por estar demasiado ocupados, no lo honramos.la custodia es su trono de donde él quiere librarse para reinar con Rey de Amor.Pero, por el contrario, se le encierra y se le trata como a aquel "criminal" de los Miserables.

Jesús se describe a sí mismo como un prisionero de Amor.No hay exageración en lo que te digo. Todo esto es lo que Jesús reveló a Santa Margarita María. Ella estaba orando cuando se le apareció en el Santísimo Sacramento y le dijo. "He aquí este Corazón que ama tanto y, a cambio, es tan poco amado".Le explicó que la corona de espinas alrededor de su Corazón es un símbolo del dolor que sufre por la ingratitud e indiferencia de sus sacerdotes y de su pueblo a su amor en el Santísimo Sacramento. Luego, Jesús le manifestó que Él sufría más por esta indiferencia e ingratitud de lo que sufrió durante su Pasión. Por esta razón Jesús nos llama a cada uno diciéndonos: "tengo sed, una ardiente sed de ser amado por ustedes en el Santísimo Sacramento".

El Santísimo Sacramento es el Sagrado Corazón de Jesús en medio de nosotros.Hoy Él llora como lloró por Jerusalén ¡Cuanto desea Él reunir a cada uno de nosotros en su Corazón, así como la gallina reúne a sus polloelos debajo de sus alas!

Cambia su llanto en una sonrisa. Establece la adoración perpetua en tu parroquia y cambiarás las espinas de su Corazón en muchas flores de consuelo. Cada hora santa repara toda la indiferencia e ingratitud del mundo.¡Qué gracias tan grande!



Fraternalmente tuyo en su Amor Eucarístico.

miércoles, 21 de junio de 2017

SANTA MARGARITA MARÍA ALACOQUE: PROMESAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

He aquí las promesas de Jesús que aparecen dispersas en los escritos de Santa Margarita, y por medio de ella a todos los devotos de su Sagrado Corazón:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.

2. Pondré paz en sus familias.

3. Les consolaré en sus penas.

4. Seré su refugio seguro durante la vida, y, sobre todo, en la hora de la muerte.

5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.

6. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.

7. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el Océano infinito de la misericordia.

8. Las almas tibias se volverán fervorosas.

9. Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección.

10. Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más empedernidos.

11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás será borrado de El.

12. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.

martes, 13 de junio de 2017

ADORACIÓN EUCARÍSTICA: EL MAESTRO ESTÁ AQUÍ, Y TE LLAMA...



El acto de adoración de Cristo y de la Iglesia no se termina con la celebración eucarística, se continúa en la permanente presencia sacramental, suscitando la participación de los fieles por la adoración al santísimo sacramento. La adoración eucarística fuera de la misa prolonga el memorial invitando a los fieles a permanecer cerca de su Señor presente en el santísimo sacramento:El Maestro está aquí y te llama” (Jn 11, 28) 

Por medio de la adoración eucarística, los fieles reconocen la presencia real del Señor y se unen a su ofrenda de sí mismo al Padre. Su adoración participa a la suya, en cierto modo, por que es por él, con él y en él que toda oración y toda adoración sube y es aceptada por el Padre. Cristo, quien anuncia a la Samaritana que el Padre busca adoradores en espíritu y en verdad (Jn 4, 23-26) es, sin ninguna duda, el primer adorador y vanguardia de todos los adoradores (Heb 12, 2.24).

Permaneciendo ante Cristo, el Señor, disfrutan de su coloquio íntimo, le abren su corazón para sí mismos y por todos los suyos y ruegan por la paz y la salvación del mundo. Ofreciendo con Cristo toda su vida al Padre en el Espíritu Santo sacan de este coloquio admirable un aumento de su fe, esperanza y caridad.[28] “Es hermoso estar con Él y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el «arte de la oración» ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento?”. [29]

Este “arte de la oración” al que Juan Pablo II asocia la adoración eucarística conoce un renovado fervor en nuestra época, en todas partes de la Iglesia, aumentando al mismo tiempo su testimonio de amor a Dios y su intercesión por las necesidades del mundo. La práctica de la adoración refuerza, en efecto, en los fieles, el sentido sagrado de la celebración eucarística que desgraciadamente conoció un periodo difícil en ciertos ambientes. Ya que al reconocer explícitamente la presencia divina en la especies eucarísticas, fuera de la misa, contribuye a cultivar la participación activa e interior de los fieles a la celebración y les ayuda a comprender más claramente que la misa es mucho más que un rito social.

Los frutos de la adoración eucarística impactan también el culto espiritual de toda la vida, el cual consiste en el cumplimiento cotidiano de la voluntad de Dios. La contemplación de Cristo en estado de ofrenda y de inmolación en el santísimo sacramento enseña a entregarse sin límites, activa y pasivamente, a entregarse hasta ser distribuido como pan eucarístico que pasa de mano en mano por la santa comunión. Aquél a quien se visita y honra en el tabernáculo nos enseña a perseverar en el amor, día con día, acogiendo todas las circunstancias, los eventos y los minutos que se viven, con su bagaje humano y cargas, sin excluir nada excepto el pecado, tratando siempre de producir el mayor fruto posible. De esta forma se prolonga en el corazón de la comunidad y de los fieles la adoración de Cristo y de la Iglesia actualizada sacramentalmente en la celebración eucarística.

MONS. JOSÉ IGNACIO MUNILLA AGUIRRE: CORAZÓN DE CRISTO ,SANADOR


Introducción:
Constatamos la cantidad de males que padece la humanidad: guerras, pobreza, injusticias, discriminaciones injustas, inseguridad ciudadana, flujos migratorios desesperados, rupturas familiares, etc. Frente a todos estos males morales, son muchos los que apuestan por la superación de los males del mundo, a partir de la transformación de sus estructuras políticas.

Sin embargo, el pensamiento cristiano sostiene que el mal del mundo no podrá ser superado, sino como consecuencia de un cambio profundo en el corazón del hombre. Por ello, nosotros hemos comenzado constatando en la catequesis anterior la situación de “emergencia” en la que se encuentra el “corazón” humano; que es la fuente desde la que se derivan los males sociales.

La transformación de las estructuras injustas es totalmente necesaria, pero sería del todo inútil, si no fuese acompañada de la conversión personal del ser humano. El principio cristiano es que toda la transformación del mundo debe partir de la transformación del hombre. Porque somos nosotros, los hombres, los que construimos el mundo. La crisis del mundo tiene su raíz en el hombre, en el corazón del hombre.

El niño y el puzzle.
El padre estaba trabajando en su despacho y el niño molestándolo un poco, así es que para entretenerlo arrancó de una revista la fotografía de un mapamundi y la recortó en bastantes pedacitos para que el niño hiciera el puzzle. El padre siguió trabajando feliz con la buena idea que había tenido. Pero, al momento, el niño otra vez estaba allí:
-"¡Ya está, papá!".
-"¿Cómo lo has hecho?", le contestó el padre asombrado.
-"Es que por detrás aparecía la foto de un hombre, reconstruí el hombre y quedó arreglado el mundo".

 ¿Cómo se reconstruye el corazón del hombre?

1)      Sólo Dios salva.
Pero, ¿cómo se arregla el corazón del hombre? ¿Es esto posible para nosotros?
Constatamos con nuestra propia experiencia, además de a la luz de la Revelación, que el hombre no puede transformar su corazón con sus solas fuerzas. Ningún hombre es capaz de “autorredimirse”. Nada somos sin la gracia de Dios, tal y como nos lo explica el propio Jesucristo: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5).
Como decía Benedicto XVI a los jóvenes en Colonia: "¿Qué puede salvarnos sino el amor?". En efecto, Dios es Amor; y por ello, sólo Él puede salvar, sanar y transformar al hombre…

2) Encarnación, el camino de salvación
Dios es todopoderoso. El podría haber optado entre muchos caminos para salvar al hombre. Sin embargo, su amor infinito le ha llevado a elegir el “camino” de la encarnación… Se ha hecho uno de nosotros, para salvarnos desde nuestra propia condición humana. Lo sorprendente es que para salvar al hombre, se ha hecho hombre. O dicho de otro modo, el que venía a “sanar” nuestro corazón enfermo, ha querido hacerlo sirviéndose para ello de un “corazón de hombre” –el Corazón de Jesús- como instrumento de salvación.
El propio nombre de “Jesús”, significa “salvador”. Recordamos el texto de los Hechos de los Apóstoles: “Él es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hch 4, 11-12)

 3)      Misterio de la Redención
Jesucristo es el Salvador, y todos los episodios de su vida son redentores… Así podemos decir que Jesús nos salva naciendo en Belén, en su vida oculta en Nazaret, en su predicación del Reino, haciendo milagros, venciendo las tentaciones del desierto, curando enfermos, etc, etc. Pero hay un momento especialmente redentor de la vida de Cristo: su muerte y resurrección.

En el episodio de Getsemaní se da a conocer el sentido profundo de la redención de la humanidad. Solamente Jesús es capaz de comprender la hondura de la ofensa del pecado de los hombres. Hay que conocer el amor de Dios Padre -como lo conoce Jesús- para entender la gravedad del “desprecio” al Amor de Dios… Jesús tiene plena conciencia de que en la cruz va a asumir los pecados de toda la humanidad, y de cada uno de nosotros en particular. Las palabras pronunciadas por Cristo en la institución de la eucaristía, la víspera de su pasión, no dejan lugar a dudas: “Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros… Ésta es mi sangre derramada por el perdón de los pecados

La cruz es la síntesis de toda la Redención de Jesús. Porque en ninguna parte nos ha mostrado tanto el amor que nos tiene, la misericordia del Padre y la gravedad del pecado. "Mirarán al que atravesaron". Miramos con fe y gratitud la cruz del Señor: 

Atravesado por amor. Jesús nos dice que nos ama hasta el extremo. Por amor al hombre se da, se entrega. Por amor al hombre se deja herir, se deja traspasar. “A mí nadie me quita la vida, sino que yo la doy voluntariamente…” (Jn 10, 18)

Atravesado por nuestros pecados. Esa lanza que se hunde atravesando el Costado de Cristo significa el pecado del hombre. "Ha sido atravesado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes" (Is 53, 5).

Atravesado para nuestra salvación. Sigue diciendo Isaías: "…sus heridas nos han curado". La sangre y el agua que brota del Costado de Cristo –imagen de los sacramentos de la Iglesia- es fuente de salvación.

 4)      El Espíritu Santo nos ofrece un “corazón nuevo”
-         El Espíritu Santo formó en las entrañas de la Virgen María el Corazón de Jesús.
-         Del Corazón de Jesús traspasado por la lanza, brotó el Espíritu Santo (simbolizado por el agua).
-         El Espíritu Santo tiene ahora la tarea de formar en cada uno de nosotros un nuevo corazón, a imagen del Corazón de Cristo.

 El Espíritu Santo lleva a cabo la obra de la santificación en nuestras vidas: la transformación del corazón egoísta en un corazón semejante al de Jesús. Sólo así podremos construir la tan deseada Civilización del Amor, capaz de transformar las estructuras injustas de nuestra sociedad.

Necesitamos más unidad entre nosotros para poder construir el Reino de Dios, sin caer en la tentación de buscar cada uno sus intereses particulares (¡Cor unum et anima una! ¡Un solo corazón y una sola alma!). Este fue el ideal por el que Jesús oró al Padre en su oración sacerdotal: "Que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti…" (Jn 17, 21).

No olvidemos que el ideal de la unión entre los hombres requiere la unión en Cristo. Sólo seremos capaces de construir un mundo unido y justo, si el Corazón de Cristo es nuestro punto de encuentro. 

Profecía de Ezequiel
“Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios”.  (Ez 36, 24-28)