martes, 13 de diciembre de 2016

ADVIENTO: TIEMPO DE LA ATENCIÓN DE MARÍA


a) La Anunciación: atención al momento divino

El pasaje de la Anunciación pone ante nuestros ojos, para que lo contemplemos, el momento de la comunicación de Dios, y el modo de comportarse de María delante del ángel. ¿Qué hace María? Escucha, se turba, pregunta, se pregunta. Es una actitud de diálogo sencillo, instintivo, lleno de fe y al mismo tiempo delicado, atento, perfectamente proporcionado a la situación que es también nueva, imprevista e inédita. María está enraizada en la fe de Israel, testigo privilegiado de la comunicación de Dios, lleva en su corazón las esperanzas de su Pueblo.


b) La Visitación: atención al momento cotidiano de la existencia humana

También encontramos la Visitación ¿Qué hace María? Va en dirección de su prima que la necesita. Dios no ha producido ningún sentimiento de alineación, lo anunciado no ha provocado en Ella un distanciamiento de las realidades cotidianas, por una infravaloración de lo ordinario. La atención al momento divino la sumerge en una más apreciable atención a lo cotidiano de la existencia humana. Podría quedarse contemplándose a sí misma y las promesas del mensaje recibido. María se pone en camino, sirve, ayuda, come y comparte la suerte de su prima con alegría. Ella esta atenta al momento humano de la existencia, está atenta a las situaciones, a las personas y a las cosas. Lo cotidiano desde la fe se torna valioso y desafiante.


En ambos hechos hemos descubierto esta actitud de atención de María, al momento divino de la acción de Dios en el mundo y al momento cotidiano de la existencia humana. Ha respondido fundamentalmente al momento de Dios, llamado en la Escritura kairos, tiempo oportuno y propicio para la obra de la salvación.


Veamos un poco, esta actitud que hemos llamado "atención" y que el es modo de ser de María que Lucas privilegia, sea ante el misterio divino, sea ante las sencillas realidades de la vida.


Atención es una actitud vigilante del corazón, es una transparencia de mirada, una prontitud para notar los signos de la voluntad de Dios a nuestro alrededor, y que nos invitan a entregarnos. Es manifestación de la presencia de un amor rico en detalles.


En cambio, desatención es la falta de vigilancia, el estar entumecidos, encerrados en si mismos; desatención es estar demasiado centrados en nosotros mismos, magnificando nuestros contratiempos y minimizando los ajenos.


Desatención es salir con una observación hiriente, sin pensar que alguno de los presentes pueda quedar herido; es no darnos cuenta de lo sucede a los otros. Son numerosos los conflictos que nacen de la falta de atención. No debemos tener miedo de mencionar cosas sencillas para favorecer en nosotros la atención.


La atención es una cualidad humana necesaria, ella permite reconocer la acción de Dios en el camino. La atención es finalmente una gracia que hay que pedir y buscar con insistencia.