martes, 17 de enero de 2017

PADRE ANTONIO ROYO MARÍN: LA ORACIÓN VOCAL


El primer grado de oración al alcance de todo el mundo, lo constituye la vocal. Es aquella que se manifiesta con las palabras de nuestro lenguaje articulado, y constituye la forma casi única de la oración pública o litúrgica. No se requiere una fórmula determinada, si bien las ofrecen insuperables el Padrenuestro y el Avemaría.

Para que sea verdadera oración vocal ha de tener, según Santo Tomás, dos condiciones: atención y profunda piedad. Santa Teresa coincide plenamente con el Doctor Angélico cuando escribe con su gracejo inimitable:

“Porque la que no advierte con quien habla y lo que pide y quien es quien pide, y a quien, no la llamo yo oración aunque mucho menee los labios. Porque algunas veces sí será aunque no lleve este cuidado, más es habiéndole llevado otras. Más quien tuviere de costumbre hablar con la majestad de Dios como hablaría con su esclavo, que ni mira su dice mal, sino lo que se le viene a la boca y tiene aprendido por hacerlo otras veces, no la tengo por oración, ni plegue a Dios que ningún cristiano la tenga de esta suerte”.(Morada primera 1,7).

De esta luminosa doctrina se desprenden las siguientes consecuencias prácticas:
1- No es conveniente multiplicar las palabras en la oración, sino insistir sobre todo en el afecto interior. Nos lo advierte expresamente el Señor en el Evangelio: “ Cuando orareis no habléis mucho, como los gentiles, que piensan serán escuchados a fuerza de palabras. No os asemejéis a ellos, pues vuestro Padre conoce perfectamente las cosas que necesitáis antes de que las pidáis” (Mt 6,7-8). Ténganlo en cuenta tantos devotos ty devotas que se pasan el día recitando plegarias inacabables, con descuido acaso de los deberes más apremiantes.

2- No se confunda la prolijidad en las fórmulas de oración – que debe cesar cuando se haya logrado el afecto o fervor interior- con la permanencia en la oración mientras dure ese fervor. Esto último es conveniente y debe prolongarse todo el tiempo que sea posible, incluso varias horas, si es compatible con los deberes del propio estado. El mismo Cristo nos dio ejemplo de larga oración pasando a veces en ella las noches enteras ( Lc 6,12) e intensificándolas en medio de su agonía de Getemaní (Lc 22,43), aunque sin multiplicar las palabras, sino repitiendo siempre la misma fórmula: “fiat voluntas tua”.

3- Como el fin de la oración vocal es excitar el afecto interior, no hemos de vacilar un instante en abandonar las oraciones vocales – a no ser que sean obligatorias- para entregarnos al fervor interior de la voluntad cuando éste h brotado con fuerza. Sería un error muy grande querer continuar entonces el rezo vocal, que habría perdido ya toda su razón de ser y podría estorbar al fervor interior… No olvidemos nunca que es de suma importancia en la vida espiritual el rezo ferviente de las oraciones vocales. Nunca se pueden omitir del todo, ni siquiera en las más altas cumbres de la santidad. Llega un momento, como veremos, en el que empeñarse en continuar el procedimiento discursivo de la meditación ordinaria representaría una imprudencia y un gran obstáculo para ulteriores avances; pero esto jamás ocurre con la oración vocal. Siempre es útil y conveniente, ya sea para excitar el fervor interior, ya para desahogarlo cuando es demasiado vehemente. La enemistad con las oraciones vocales es un signo de mal espíritu, en el que han incurrido una verdadera legión de almas ilusas y de falsos místicos.

HORACIO BOJORGE SJ: QUÉ ES LA ACEDIA?


LA ACEDIA: PECADO CAPITAL


De la Acedia no se suele hablar. No se la enumera habitualmente en la lista de los pecados capitales1. Algunos Padres del desierto, en vez de hablar de pecados o vicios capitales, hablan de pensamientos. Por ejemplo, Evagrio Póntico, enumera ocho pensamientos. Con este nombre, estos padres de la espiritualidad ponen de relieve que estos vicios, en su origen, son tentaciones, o sea pensamientos; y que si no se los resiste, acaban convirtiéndose en modos de pensar y de vivir. Cuando se acepta el pensamiento tentador, uno termina viviendo como piensa y justificando su manera de vivir.. Difícilmente se encontrará su nombre fuera de los manuales o de algunos diccionarios de moral o de espiritualidad2. Muchos son los fieles, religiosos y catequistas incluidos, que nunca o rarísima vez la oyeron nombrar y pocos sabrán ni podrán explicar en qué consista.

Sin embargo, como veremos, la acedia sí que existe y anda por ahí, aunque pocos sepan cómo se llama. Se la puede encontrar en todas sus formas: en forma de tentación, de pecado actual, de hábito extendido como una epidemia, y hasta en forma de cultura con comportamientos y teorías propias que se trasmiten por imitación o desde sus cátedras, populares o académicas. Si bien se mira, puede describirse una verdadera y propia civilización de la acedia.

La acedia existe pues en forma de semilla, de almácigo y de montes. Crece y prospera con tanta mayor impunidad cuanto que, a fuerza de haber dejado de verla se ha dejado de saberla nombrar, señalar y reconocer. Parece conveniente, pues, ocuparse de ella. En este primer capítulo comenzaremos con las definiciones que se han dado de ella. Si al lector este camino le resulta difícil o árido, le aconsejamos empezar por el capítulo cuarto y seguir luego con el segundo, tercero, y los demás.

1.1.) ¿Qué es la Acedia? Definiciones


Una primera idea de lo que es la Acedia nos la dan las definiciones, aunque ellas solas no sean suficientes para un conocimiento cabal de su realidad.

El Catecismo de la Iglesia Católica (=CIC) la nombra — acentuando la í: acedía — entre los pecados contra el Amor a Dios. Esos pecados contra la Caridad que enumera el Catecismo son: 1) la indiferencia, 2) la ingratitud, 3) la tibieza, 4) la acedía y 5) el odio a Dios.

El Catecismo la define así: "La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino" (CIC 2094). Nuevamente, en otro lugar, tratando de la oración, la enumera entre las tentaciones del orante: "otra tentación a la que abre la puerta la presunción, es la acedía. Los Padres espirituales entienden por ella una forma de aspereza o desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón. `El espíritu está pronto pero la carne es débil' (Mateo 26,41)" (CIC 2733).

Por la naturaleza de la obra, el Catecismo no entra en detalles acerca de la conexión que tienen entre sí estos cinco pecados contra la Caridad. En realidad puede decirse que son uno solo: acedia, en diferentes formas. La indiferencia, la ingratitud y la tibieza son otras tantas formas de la acedia.

En cuanto al odio a Dios no es sino su culminación y última consecuencia. De ahí que por ser fuente, causa y cabeza de los otros cuatro, amén de muchos otros, la acedia sea considerada pecado capital, y no así los demás3. Y aunque el odio a Dios sea el mayor de estos y de todos los demás pecados4, no se lo considera pecado capital, porque no es lo primero que se verifica en la destrucción de la virtud sino lo último, y no es causa sino consecuencia de los demás pecados5.

1.2.) Tristeza, Envidia y Acedia


El Catecismo relaciona la acedia con la pereza6. No se detiene a señalar su relación con la envidia y la tristeza7. Sin embargo, la acedia es propiamente una especie o una forma particular de la envidia. En efecto, Santo Tomás de Aquino, que considera a la acedia como pecado capital, la define como: tristeza por el bien divino del que goza la caridad8. Y en otro lugar señala sus causas y efectos: es una forma de la tristeza que hace al hombre tardo para los actos espirituales que ocasionan fatiga física9.

La acedia se define acertadamente, por lo tanto, como perteneciente al género de las tristezas y como una especie de la envidia. ¿Qué la distingue de la envidia en general? Su objeto. El objeto de la acedia no es — como el de la envidia — cualquier bien genérico de la creatura, sino el bien del que se goza la caridad. O sea el bien divino: Dios y los demás bienes relacionados con El.

Nos importa mucho en este estudio establecer y mantener la distinción entre envidia y acedia, por eso evitamos usarlas como sinónimos, como suele hacerse en el uso común. En nuestro estudio entendemos la envidia como un pecado moral y la acedia como un pecado teologal, como la forma teologal de le envidia.

Secundaria y derivadamente, la acedia se presenta, en la práctica, como una pereza para las cosas relativas a Dios y a la salvación, a la fe y demás virtudes teologales. Por lo cual, acertadamente, el catecismo la propone, a los fines prácticos, como pereza10.

Sobre la tradición monástica y patrística, y las dos líneas de interpretación de la acedia como pereza o como tristeza, ver G. BARDY, Art.: Acedia, en Dictionnaire de Spiritualité. Ascétique et Mystique T.I, cols 166-169; también B. HONINGS, Art.: Acedia, en Diccionario de Espiritualidad Dirigido por Ermanno Ancilli, Herder, Barcelona 1983, T.I, Cols. 24-27 que concuerda con Bardy. Sobre la Acedia Monástica volveremos en 5. y sobre Acedia y Pereza en 7.1..

1.3.) ¿Es Posible la Acedia?


Tal como se presenta por sus definiciones, podrá parecerle a alguno que la acedia pertenezca a ese tipo de pecados que se suele dar por imposibles e inexistentes a fuerza de absurdos, aberrantes o monstruosos. Por ejemplo el odio a Dios, o la apostasía. Pero es que pertenece a la noción y a la esencia del pecado, el hecho de que sea aberrante y monstruoso, y de que, sin embargo, no sólo exista a pesar de ser absurdo e inconcebible, sino que muchísimas veces ni siquiera se lo advierta allí donde está a fuerza de considerarlo como un hecho natural y obvio.

Por eso, conviene que después de ver su definición, pasemos a describirla, ilustrarla con casos y ejemplos, señalarla en los hechos y por fin tratar de comprender su fisiología espiritual.

1.4.) Acedia = acidez , impiedad


El nombre de la acedia es figurado y metafórico. Encierra un cierto simbolismo que también, a modo de definición, ilustra acerca de su naturaleza. La palabra castellana es heredera de un rico contenido etimológico que orienta para comprender mejor su sentido

Las palabras latinas acer, acris, acre, aceo, acetum, acerbum, portan los sentidos de tristeza, amargura, acidez y otras sensaciones fuertes de los sentidos y del espíritu. Los estados de ánimo así nombrados son opuestos al gozo, y las sensaciones aludidas son opuestas a la dulzura.

La raíz griega de donde derivan los términos latinos es kedeia: "Akedeia — ha observado un reseñista de la primera edición de esta obra — es falta de cuidado, negligencia, indiferencia, y akedia descuido, negligencia, indiferencia, tristeza, pesar. Se refiere de modo particular — en los griegos — al descuido de los muertos, insepultos, por lo cual no tenían descanso. Es una negación de la kedeia, alianza, parentesco; funeral, honras fúnebres. Es decir, son los cuidados que brotan de la alianza, del parentesco, de la afinidad que brota de la alianza matrimonial. Todo esto tiene grandes resonancias con la relación nueva de parentesco con Dios que brota de la alianza — el Goel, que ha estudiado Bojorge11, de la alianza nupcial que se sella con la encarnación del Verbo y su muerte y resurrección, de la caridad como amistad con Dios, que se funda en la communicatio del hombre y Dios y de la societas, la unión que Dios nos dio con su hijo12. El gozo de esta kedéia es la caridad y mueve toda la vida desde tal relación nueva con Dios. Lo persigue y destruye la acedia, en los hombres y en la sociedad"13.

Como puede verse los opuestos griegos kedeia-akedeia recubren una área semejante a los pietas-impietaslatino, y a nuestro piedad-impiedad. La acedia — ya se verá — es opuesta y combate las manifestaciones de la piedad religiosa. Según la etimología latina acedia tiene que ver con acidez. Es la acidez que resulta del avinagramiento de lo dulce. Es decir, de la dulzura del Amor divino. Es la dulzura de la caridad, la que, agriada, da lugar a la acedia. Ella se opone al gozo de la caridad como por fermentación, por descomposición y transformación en lo opuesto. A la atracción de lo dulce, se opone la repugnancia por lo agriado.

Podría calificársela, igualmente y con igual propiedad, de enfriamiento o entibiamiento. Como se dice en el Apocalipsis acerca del extinguido primitivo fervor de la comunidad eclesial: "tengo contra ti que has perdido tu amor de antes" (Apoc. 2,4); "puesto que no eres frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca" (Apoc. 3,16).

La relación simbólica entre lo ácido y lo frío era de recibo en la antigüedad. En la antigua ciencia química y medicinal se consideraba que "las cosas ácidas son frías"14. La acedia puede describirse, por lo tanto, ya sea como un avinagramiento o agriamiento de la dulzura, ya sea como un enfriamiento del fervor de la Caridad. Por eso no ha de extrañar que haya autores que hayan preferido referirse a la acedia en términos de tibieza15.

Con esto hemos avanzado un paso más hacia la comprensión de este vicio capital. Como decadencia de un estado mejor, esta pérdida del gozo, de la dulzura y del fervor, y su transformación en tristeza, avinagramiento o frialdad ante los bienes divinos o espirituales, parece emparentar con la apostasía o conducir a ella. Es, en muchos casos, un apartarse de lo que antes se gustó y apreció, porque ahora, eso mismo, disgusta, entristece o irrita. En este sentido, se puede decir que la acedia supone una cierta ruptura entre el antes y el ahora de la persona agriada y ácida. O una ruptura entre su estado ideal y su estado decaído.

1.5.) Sus Efectos


Al atacar la vitalidad de las relaciones con Dios, la acedia conlleva consecuencias desastrosas para toda la vida moral y espiritual. Disipa el tesoro de todas las virtudes. La acedia se opone directamente a la caridad, pero también a la esperanza, a la fortaleza, a la sabiduría y sobre todo a la religión, a la devoción, al fervor, al amor de Dios y a su gozo. Sus consecuencias se ilustran claramente por sus efectos o, para usar la denominación de la teología medieval, por sus hijas: la disipación, o sea un vagabundeo ilícito del espíritu, la pusilanimidad, el torpor, el rencor, la malicia, o sea, el odio a los bienes espirituales y la desesperación16. Esta corrupción de la piedad teologal, da lugar a la corrupción de todas las formas de la piedad moral. También origina males en la vida social y la convivencia, como es la detracción de los buenos, la murmuración, la descalificación por medio de burlas, críticas y hasta de calumnias.

miércoles, 11 de enero de 2017

HORACIO BOJORGE: LA TENTACIÓN

Hay muchas tentaciones. Pero Jesús parece referirse aquí a una particular que es la raíz de todas o a la que todas pueden reducirse. En la clave del pensamiento filial, podemos interpretar que es aquella tentación que nos hace caer del amor filial, que nos aparta del amor al Padre hacia otros amores alternativos.

La tentación es inevitable. Adán y Eva fueron sometidos a ella aún antes del pecado original, es decir, siendo aún seres humanos inocentes. La tentación no es, por lo tanto, una consecuencia de la condición pecadora de la naturaleza humana caída por el pecado original. 

La tentación es algo inherente a nuestra condición de creatura libre y espiritual, que ha de elegir libremente responder con amor al amor de Dios. Es decir que, el bien y el mal, que se propone a la elección de la persona humana, no son de naturaleza material ni abstracta. El bien del hombre, como creatura compuesta que es - por su cuerpo, animal, material y orgánica, y por su alma, espiritual -, es, sin duda complejo y compuesto. Hay ‘bienes’ que el hombre tiene en común con los seres materiales, animales y orgánicos, como por ejemplo los alimentos. Y hay bienes que tiene en común con los seres espirituales. Pero el Bien adecuado para un ser de naturaleza personal, ha de ser otra persona. La tentación o la prueba no es otra cosa, que elegir a quién amar. Lo que se decide en la prueba o tentación es: si me juego por la comunión con las Tres Personas divinas; o con los bienes que me propone el Tentador. 

La disyuntiva que propone Jesús como la más habitual, es “servir a Dios o al dinero”. Una vez que, por la caída de Adán y Eva,  ha sobrevenido el pecado original, quedamos con una voluntad debilitada para elegir bien. Es decir, para elegir a Dios una y otra vez y en todas las situaciones, por arduas que sean. Por eso, Jesús nos enseña a pedir la gracia que nos asista para no caer en la tentación: para no elegir mal. Elegir mal, no quiere decir solamente elegir un mal en vez de un bien, sino también un bien menor en vez del Bien mayor, adecuado a nosotros.

La elección del bien es un acto de la virtud cardinal de la Prudencia en la que entran en juego las demás virtudes cardinales que hacen posible el acierto en la elección: justicia, fortaleza y templanza. Y la tentación es una propuesta a nuestra prudencia. Que no nos deje el Padre errar en esa decisión es lo que nos hace pedir el Hijo.

DIÁCONO JORGE NOVOA: CASA DE ORACIÓN O CUEVA DE BANDIDOS?

Entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: «Está escrito: Mi Casa será Casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!» Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.

Este relato viene a continuación de la  profecía sobre la destrucción de Jerusalén. Jesús está en el Templo, sabemos del celo que tiene por la casa de su Padre, que será, según su enseñanza, casa de oración. Allí los hombres elevan al Padre sus plegarias personal y comunitariamente, el recinto está consagrado al servicio de Dios y no debe ser profanado. La reprensión claramente va dirigida a los jefes religiosos, hay en el pasaje un "vosotros" (sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del  pueblo) que el mismo texto luego indica, que lo buscaban para matarlo. Son ellos los que han vuelto la casa de oración en cueva de bandidos, son los creyentes los que sufren estas tentaciones.

El texto aparece contraponiendo el designio divino para el Templo, ser casa de oración,  volviéndola por las mezquindades humanas, cueva de bandidos. San Ambrosio comenta: " El Señor no quiere que sea el templo casa de mercaderes, sino de santidad; ni tampoco que se vendan, sino que se den gratuitamente las funciones del ministerio sacerdotal." En el Templo debe respirarse gratuidad, santidad y oración.

El corazón del creyente debe ser "casa de oración", lugar de encuentro con el Padre,  en sencillez  y humildad, porque  cuando hay corrupción, se vuelve "cueva de bandidos", alberga venganzas, codicias, vanidades y tantas tragedias interiores, que profanan lo santo y escandalizan a los sencillos. San Gregorio, interpretándolo en sentido místico, dice " que así como el templo de Dios se encuentra en la ciudad, así en el pueblo fiel se encuentra la vida de los religiosos. Y muchas veces sucede que algunos toman el hábito religioso, y mientras llenan las funciones de las sagradas órdenes, hacen del ministerio de la santa religión un comercio de asuntos terrenales"

Casa de oración o cueva de bandidos? Una respuesta que debemos dar al Señor, sobre nuestra comunidad, familia y sobre nuestro corazón. Qué albergan en su interior estas realidades?

viernes, 6 de enero de 2017

HANS URS VON BALTHASAR: BAUTISMO DEL SEÑOR


Todo lo que Dios quiere. En el evangelio, Juan,el precursor, no se atreve a bautizar al que viene detrás de él y ha sido anunciado por él, pero Jesús insiste porque debe cumplirse todo lo que Dios quiere (la justicia). La justicia es la que Dios ha ofrecido al Pueblo en su alianza y que se cumple cuando el pueblo elegido le corresponde perfectamente. Esto es lo que sucede precisamente aquí, donde Jesús será al alianza consumada entre Dios y la humanidad, pero no sin la cooperación de Israel, que ha caminado en la fe hacia su Mesías y que debe incluir esta su fe en el acto divino de la gracia. Teniendo en cuenta la humildad del Bautista parecía más conveniente dejar a Dios solo la gracia del cumplimiento, pero ahora es más adecuado que resplandezca su obediencia. Muchos años después de la primera Epifanía con la adoración de los Magos, tiene lugar ahora la segunda epifanía con la apertura del mismo cielo. El Dios unitrino confirma el cumplimiento de la alianza; la voz del Padre muestra a Jesús como su hijo predilecto y el Espíritu Santo desciende sobre él para ungirlo como Mesías desde el cielo.

La luz sobre Israel. Isaías, en el texto elegido como primera lectura, habla del elegido de Dios, que no es Israel como pueblo, sino una figura determinada. Esto queda definitivamente claro cuando Dios dice: “te he hecho alianza de un pueblo, luz de la naciones”. La alianza con Israel está ya pactada desde hace mucho tiempo, pero Israel la rompió, y ahora este elegido viene a concluir la alianza de un modo nuevo y definitivo. Jesús es la epifanía de la alianza cumplida: es hijo de Dios y de una mujer judía, Dios y hombre a la vez, la alianza concluida indestructiblemente. Y como tal es la luz de los pueblos paganos a la vez que encarna en sí mismo el destino de Israel: llevar la salvación de Dios hasta los confines de la tierra. Jesús llevará a cabo esta potente iluminación del mundo en la humildad y el silencio de un hombre concreto, “no gritará”, no actuará con violencia porque “no apagará el pabilo vacilante”; pero precisamente en este silencio “no vacilará” hasta que la justicia de la alianza de Dios se implante en toda la tierra.Él es la luz que se eleva sobre la trágica historia de Israel, pero también sobre la trágica historia del mundo en su totalidad; él abre los ojos a los ciegos, saca a la luz a los que están encerrados en sí mismos, a los que habitan en las tinieblas.
En la segunda lectura Pedro nos dice que la unción de Jesús por el Espíritu Santo, cuando fue bautizado por Juan, era el preludio no solo de su actividad en Israel, sino también de su actividad por toda la humanidad. Pedro pronuncia estas palabras después de haber bautizado al centurión pagano Cornelio y haber comprendido verdaderamente que Dios acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. También la actividad mesiánica de Jesús en Israel, donde pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él, estaba ya concebida para todo el mundo, como lo muestran los evangelios, que informan sobre todo esto, y están escritos para todos los pueblos y para todos los tiempos. En la acción bautismal del Bautista, Israel crece más allá de sí mismo: por una parte se convierte en el amigo del Esposo, en la medida en que se alegra de haber colaborado para que Cristo encontrara a la Iglesia universal como su esposa; pero por otra parte está dispuesto a disminuir para que el amigo crezca, y, en esta humilde disminución dentro de la Nueva Alianza, se equipara a la disminución de Jesús hasta la cruz,concretamente visible en la degollación del Bautista.

jueves, 5 de enero de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: LA VIDA NUEVA, VIDA PLENA...

Venimos compartiendo, una serie de reflexiones, que tienen su origen en el cambio de año, que muchas veces da origen en nosotros al deseo sincero de cambiar, y que se explicita en la frase: Año Nuevo, Vida Nueva". Nuestro Señor, ha mencionado en reiteradas ocasiones, que  vino para que "tengamos vida" incluso la ha calificado de   abundante. " He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia".

La vida de Dios es comienzo de vida eterna ya en el tiempo. La amistad con las personas divinas es principio de esa eternidad, que alcanzará su plenitud en el "más alla". Somos hijos engendrados por el Padre. 

Qué es el "nacer de nuevo" al que alude Jesús en su diálogo con Nicodemo? Hemos sido alcanzados por su Amor, que nos atrae, y nos introduce en los caminos de la Amistad. Elevados por la gracia y engendrados por ella, el Padrenuestro pasa de los labios al corazón. La Pascua celebra su Victoria, y el Señor planta su bandera en nuestra existencia, para dar batalla al pecado y la muerte en nosotros.

La abundancia de la vida Nueva tiene relación al Amor de Dios, que ha sido derramado por el Espíritu Santo en nosotros. Estamos invitados a responder a este Amor, viviendo en él
 y amando con él a nuestro prójimo. Para ello, vamos cada día a beber de las fuentes del Amor, para renovar nuestras fuerzas. 

ÉL te espera, nada debe detenerte, no debes anteponer nada a ir a su Encuentro. Tu llevas toda tu historia, y dejas que su Amor la alcance, y dé paz a tu Vida que tanto la necesita. VIda Nueva, vida plena, vida de gracia y amistad...

BENEDICTO XVI: LA FE COMO RESPUESTA AL AMOR DE DIOS

Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Co5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.
«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).

miércoles, 4 de enero de 2017

HORACIO BOJORGE: EPIFANÍA ( 6 de enero)


                                   Dios a de Reyes magos, seis de enero.
                                   De  es preguntar: ¿Qué me trajeron?
                                   De adulto comprobar: ¿Qué me dejaron?
                                   Y es de viejos, incrédulos y avaros:
                                   sospechar que los Reyes les robaron.

                                   Yo considero estos zapatos míos
                                   y los encuentro llenos de...vacío.
                                   Mas ya sólo tenerlos es regalo,
                                   en los tiempos que corren, nada malo.
                                   Así que: ¡gracias por estos zapatos!
                                   Y mientras me los pongo y me los ato,
                                   descubro otro regalo y me enmimismo:
                                   ¿no es don poder calzarse por sí mismo?

                                   Y al ir desenvolviendo reflexiones
                                   crece mi gratitud por tantos dones.
                                   Caigo en la cuenta, con sorpresa mía,
                                   de que es un día de Reyes cada día.
                                   Porque al calzarse cada día los pies,
                                   recibe el hombre, en don, cuanto hace y es.
                                   Y lo que da la vida, aunque parezca malo,
                                   es, bien mirado, todo de regalo.

                                   Encuentro al despertarme... de mi engaño,
                                   que es corona de gracias todo el año.
                                   Y que la Epifanía manifiesta
                                   que toda nuestra vida es día de fiesta.

                                   Que nadie el Don de Dios, por tanto, mida

martes, 3 de enero de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: LA VIDA NUEVA Y EL PECADO SON INCOMPATIBLES

Tercera entrega sobre "Año Nuevo, Vida Nueva"."Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no le ha visto ni conocido." (1 Jn 2,3-6) Texto que se proclamará hoy en nuestras Misas. La Vida nueva es incompatible con el pecado. El mundo contemporáneo siente fobia cuando se menciona la palabra "pecado", se enoja si se la utiliza y hay presiones culturales de los intelectuales de moda, sobre los ministros de la Iglesia para que se la substituya.

De dónde proviene la fobia? EL Diablo como padre de la mentira quiere  erradicar su  contenido de la conciencia cultural. Se la vanaliza, o se la ridiculiza, pero lo importante es que sea erradicada del lenguaje del pueblo edificado sobre los principios cristianos. La expresión pecado es presentada como opresora, y quienes la utilizan intentan someter a los hombres en el ejercicio de su libertad. 

La palabra de Dios, proclama a  Jesús como el " cordero de Dios que quita el pecado del mundo". La acción de Cristo es liberadora, vino para liberarnos del pecado y de la muerte. Su obra realizada por amor , y su entrega hasta el extremo, muestran  la gravedad del pecado y su incompatibilidad con la vida nueva que nos ha comunicado por el "Espíritu Santo".

Qué es el pecado? La transgresión voluntaria a la ley de Dios. Lo que me destruye, e impide que vaya por el camino de la santificación. Dejo de ser Hijo para vivir como esclavo. El pecado es muerte y esclavitud. No someterte a la ley de Dios, te lleva a someterte a la ley del Diablo, y este es un camino de destrucción. Dios nos libre de ver opresión donde hay libertad, o al la inversa, ver  libertad donde hay opresión y muerte. Y que grave es enseñar esta confusion como camino de liberación. 

Cuidado porque a veces se proponen identificaciones, porque en el fondo, la confusión es parte del plan de erradicación, es cierto que  muchos pecados son frutos de la debilidad, pero no son identificables, pecado y debilidad. La  psicología falsa habla del pecado del hombre con una autoridad que no le viene de Dios. EL pecado es desenmascarado por la Revelacion de Dios en las Sagradas Escrituras y sin ellas, son teorías humanas que muchas veces desvirtúan la verdad de la fe.

VIda nueva y pecado son incompatibles, de allí que sea una característica el considerarla como batalla, la Tradicion sabia de la Iglesia, habla de mundo, demonio y carne. No te ruborices si escuchas la expresión "pecado", ni evites utilizarla, es un término teológico inequívoco, que por serlo quieren destruirlo o camuflarlo. 

EL pecado está en tu vida? Sí, pero no aceptado pasivamente, ni sus consecuencias propuestas como frutos de la madurez cultural. Los hijos debemos convertirnos, es decir, volvernos cada día más de cara al Padre dandole la espalda al pecado . Es posible con la gracia de Dios. Tu batalla es la que Cristo libra en ti,en tu comunidad y en tu Patria.. La vida nueva y el pecado son incompatibles.

lunes, 2 de enero de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: EL DÍA DESPUÉS

 Abriamos este tiempo de cambios, bajo el lema : Año nuevo,vida nueva! Los lemas están de moda, no sin alguna complicación, a veces se acumulan lemas e incluso  se superponen, y no resulta nada facil, intentar en una oración  vincular las ideas centrales de los lemas propuestos. 

Gracias a Dios, ha dicho nuestro Señor, que " el cielo y la tierra pasarán", calculo que los lemas también , pero su "Palabra no pasará". Qué ocurre el día después? Seguramente muchas propuestas viajaron por nuestra mente, y también muchos propósitos, pero hoy es el día de poner en práctica la decisión central. Tenemos como meta la " vida nueva", es hora se encontrarnos en camino hacia ella, o caminando por ella..

El día después es muy importante, porque vendra  una ola poderosa a tirar todos los castillos que armamos sobre la arena de nuestras vidas. Es necesario perseverar, he aquí una idea importante, no basta la intención de cambiar  para lograrlo,  será necesario perseverar en la dirección elegida.

Qué me ayuda a perseverar? La oración, y el pedido a Dios de su gracias. No podré sin la gracia de Dios lograr los cambios que estoy proyectando, " en vano edifican los albańiles, si el Señor no edifica con ellos".La oración humilde y confiada al Señor alcanza mucho fruto. El día después, puede ser un gran día si perseveras en la decision inicial.. 

domingo, 1 de enero de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA!


Año Nuevo, vida nueva! Es un refrán que incluso inspiró alguna canción. Lo cierto es que las posibilidades son reales, siempre es posible generar cambios en nuestra vida.    Está claro que no siempre son sencillos en su realizacion, hay que combinar el deseo de cambiar, que a veces se torna por la ansiedad, incontrolable, con la concreción de  pequeños pasos. Pequeños pasos! 

Hoy es un día que inspira el deseo de cambios, son algunas instancias que tienen ese encanto, son mojones que suscitan la idea: hoy es un buen día para recomenzar! Año nuevo, vida nueva!

Te propongo una idea para este proyecto. Hoy celebramos a María, como Madre de Dios! María con la visita del ángel recibe una invitación que oriento toda su vida en relación con la misión que Dios le confió.

1- Consagrate a la Virgen! Dá inicio al año con éste cambio. La fórmula podes seleccionarla entre las mucha que existen, y que son bellísimas, por ejemplo: Bendita sea tu pureza.... Y vaya que puede la Virgen enseñarte a vivir esa vida nueva que estás buscando concretar. 
Ya te consagraste? Renueva tu consagracion, tal vez, la rutina ha depositado polvo y es necesario removerlo, para retomar, " el primer amor". 

2- Realizar un gesto especial para honrarla. No hay que pensar en grandes cosas. Lo sencillo cautiva el corazón de nuestra Madre. Llevarle unas flores, cantarle una canción, encenderle una vela, enseñarle a un niño el Avemaría, regalar una medalla Milagrosa, visitar un Santuario, armar en la casa una ermita. Honrarla es también la forma de alegrar el corazón de Jesús. 

Seguramente con María y a su lado, año nuevo será vida Nueva! Depende de ti, quiera el Señor que hoy sea para ti, ese día... 

martes, 27 de diciembre de 2016

BENEDICTO XVI: SAN JUAN EVANGELISTA


Queridos hermanos y hermanas:
Dedicamos el encuentro de hoy a recordar a otro miembro muy importante del Colegio apostólico: Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago. Su nombre, típicamente hebreo, significa "el Señor ha dado su gracia". Estaba arreglando las redes a orillas del lago de Tiberíades, cuando Jesús lo llamó junto a su hermano (cf. Mt 4, 21; Mc 1, 19).
Juan siempre forma parte del grupo restringido que Jesús lleva consigo en determinadas ocasiones. Está junto a Pedro y Santiago cuando Jesús, en Cafarnaúm, entra en casa de Pedro para curar a su suegra (cf. Mc 1, 29); con los otros dos sigue al Maestro a la casa del jefe de la sinagoga, Jairo, a cuya hija resucitará (cf. Mc 5, 37); lo sigue cuando sube a la montaña para transfigurarse (cf. Mc 9, 2); está a su lado en el Monte de los Olivos cuando, ante el imponente templo de Jerusalén, pronuncia el discurso sobre el fin de la ciudad y del mundo (cf. Mc 13, 3); y, por último, está cerca de él cuando en el Huerto de Getsemaní se retira para orar al Padre, antes de la Pasión (cf. Mc 14, 33). Poco antes de Pascua, cuando Jesús escoge a dos discípulos para enviarles a preparar la sala para la Cena, les encomienda a él y a Pedro esta misión (cf. Lc 22, 8).
Esta posición de relieve en el grupo de los Doce hace, en cierto sentido, comprensible la iniciativa que un día tomó su madre: se acercó a Jesús para pedirle que sus dos hijos, Juan y Santiago, se sentaran uno a su derecha y otro a su izquierda en el Reino (cf. Mt 20, 20-21). Como sabemos, Jesús respondió preguntándoles si estaban dispuestos a beber el cáliz que él mismo estaba a punto de beber (cf. Mt 20, 22). Con estas palabras quería abrirles los ojos a los dos discípulos, introducirlos en el conocimiento del misterio de su persona y anticiparles la futura llamada a ser sus testigos hasta la prueba suprema de la sangre. De hecho, poco después Jesús precisó que no había venido a ser servido sino a servir y a dar la vida como rescate por muchos (cf. Mt 20, 28). En los días sucesivos a la resurrección, encontramos a los "hijos de Zebedeo" pescando junto a Pedro y a otros discípulos en una noche sin resultados, a la que sigue, tras la intervención del Resucitado, la pesca milagrosa: "El discípulo a quien Jesús amaba" fue el primero en reconocer al "Señor" y en indicárselo a Pedro (cf. Jn 21, 1-13).
Dentro de la Iglesia de Jerusalén, Juan ocupó un puesto importante en la dirección del primer grupo de cristianos. De hecho, Pablo lo incluye entre los que llama las "columnas" de esa comunidad (cf. Ga 2, 9). En realidad, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, lo presenta junto a Pedro mientras van a rezar al templo (cf. Hch 3, 1-4. 11) o cuando comparecen ante el Sanedrín para testimoniar su fe en Jesucristo (cf. Hch 4, 13. 19). Junto con Pedro es enviado por la Iglesia de Jerusalén a confirmar a los que habían aceptado el Evangelio en Samaria, orando por ellos para que recibieran el Espíritu Santo (cf. Hch 8, 14-15). En particular, conviene recordar lo que dice, junto con Pedro, ante el Sanedrín, que los está procesando: "No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído" (Hch 4, 20). Precisamente esta valentía al confesar su fe queda para todos nosotros como un ejemplo y un estímulo para que siempre estemos dispuestos a declarar con decisión nuestra adhesión inquebrantable a Cristo, anteponiendo la fe a todo cálculo o interés humano.
Según la tradición, Juan es "el discípulo predilecto", que en el cuarto evangelio se recuesta sobre el pecho del Maestro durante la última Cena (cf. Jn 13, 25), se encuentra al pie de la cruz junto a la Madre de Jesús (cf. Jn 19, 25) y, por último, es testigo tanto de la tumba vacía como de la presencia del Resucitado (cf. Jn 20, 2; 21, 7).
Sabemos que los expertos discuten hoy esta identificación, pues algunos de ellos sólo ven en él al prototipo del discípulo de Jesús. Dejando que los exegetas aclaren la cuestión, nosotros nos contentamos ahora con sacar una lección importante para nuestra vida: el Señor desea que cada uno de nosotros sea un discípulo que viva una amistad personal con él. Para realizar esto no basta seguirlo y escucharlo exteriormente; también hay que vivir con él y como él. Esto sólo es posible en el marco de una relación de gran familiaridad, impregnada del calor de una confianza total. Es lo que sucede entre amigos: por esto, Jesús dijo un día: "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. (...) No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer" (Jn 15, 13. 15).
En el libro apócrifo titulado "Hechos de Juan", al Apóstol no se le presenta como fundador de Iglesias, ni siquiera como guía de comunidades ya constituidas, sino como un comunicador itinerante de la fe en el encuentro con "almas capaces de esperar y de ser salvadas" (18, 10; 23, 8).
Todo lo hace con el paradójico deseo de hacer ver lo invisible. De hecho, la Iglesia oriental lo llama simplemente "el Teólogo", es decir, el que es capaz de hablar de las cosas divinas en términos accesibles, desvelando un arcano acceso a Dios a través de la adhesión a Jesús.
El culto del apóstol san Juan se consolidó comenzando por la ciudad de Éfeso, donde, según una antigua tradición, vivió durante mucho tiempo; allí murió a una edad extraordinariamente avanzada, en tiempos del emperador Trajano. En Éfeso el emperador Justiniano, en el siglo VI, mandó construir en su honor una gran basílica, de la que todavía quedan imponentes ruinas. Precisamente en Oriente gozó y sigue gozando de gran veneración. En la iconografía bizantina se le representa muy anciano y en intensa contemplación, con la actitud de quien invita al silencio.
En efecto, sin un adecuado recogimiento no es posible acercarse al misterio supremo de Dios y a su revelación. Esto explica por qué, hace años, el Patriarca ecuménico de Constantinopla, Atenágoras, a quien el Papa Pablo VI abrazó en un memorable encuentro, afirmó: "Juan se halla en el origen de nuestra más elevada espiritualidad. Como él, los "silenciosos" conocen ese misterioso intercambio de corazones, invocan la presencia de Juan y su corazón se enciende" (O. Clément, Dialoghi con Atenagora, Turín 1972, p. 159). Que el Señor nos ayude a entrar en la escuela de san Juan para aprender la gran lección del amor, de manera que nos sintamos amados por Cristo "hasta el extremo" (Jn 13, 1) y gastemos nuestra vida por él.
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Juan, hijo de Zebedeo
Audiencia General
Miércoles 5 de julio de 2006

DIÁCONO JORGE NOVOA: LOS CAMINOS DE DIOS

Todos los medios de comunicación están pendientes de la decisión que tomará el senado romano en
estos días. El emperador reunido con sus más cercanos asesores está evaluando la conveniencia de las leyes promulgadas. El mundo está expectante, todos miran a Roma; se han hecho presentes los más importantes y destacados medios de prensa del orbe entero.

Ciertamente, si congeláramos esta escena, que ha intentado recrear la atención del mundo para con la capital del imperio, y entrando en ella, le preguntáramos a un hombre cualquiera de ese tiempo, ¿dónde se está gestando el futuro de la humanidad? ¿quién lo está decidiendo?

Nuestra pregunta suscitaría en él, un asombro similar al que experimentaron los discípulos camino de Emaús ante la demanda de Jesús: “¿qué ha ocurrido?” La respuesta claramente apuntaría hacia el Imperio Romano: allí se están resolviendo los destinos de la humanidad. Allí está el poder que regirá al mundo. Los destinos de todos los hombres están en las manos del emperador romano y su senado que bosqueja cómo disponer del mundo según su proyecto.

Al mismo tiempo, en una parte alejada de ese mismo imperio, dos mujeres se encuentran en uno de los tantos pueblitos polvorientos de Israel. Una, llamada María; la otra, su prima Isabel. Las dos llevan en sus vientres a dos personajes de la historia grande: Isabel, a Juan Bautista; María, a Jesús. La lectura de la realidad aparece harto distinta para quien se coloque desde esta perspectiva. El mundo no ha quedado en manos del azar, no depende en su destino último de la prepotencia de quien ejerce el poder arbitrariamente. No está bajo la amenaza del capricho; no es un hijo abandonado de un padre prófugo. El Creador “no olvida la obra de sus manos.” Y en virtud de su Amor, cumple plenamente con la promesa que había realizado desde el momento de la caída del hombre en el paraíso.

Dios está confundiendo los proyectos de los fuertes con la disponibilidad y el amor de los débiles. Dos mujeres a la vera del camino son las portadoras de los destinos de la humanidad de todos los tiempos. En sus conversaciones sencillas, Dios está tejiendo la historia de la salvación. Su acción está en medio de ellas, se torna palpable, es motivo de gozo para el niño que lleva en el vientre Isabel. Ante la “Madre del Señor”, Juan Bautista salta de gozo. Así como David viene danzando delante del Arca de la presencia que vuelve a estar en medio de su Pueblo, Juan Bautista salta de gozo delante del Arca de la Nueva y Eterna Alianza que deposita al Señor Dios en medio de su Pueblo. María es saludada por ser la portadora, como el Arca, de la presencia de Dios, para convertirse en el primer sagrario, que custodia con la valentía de la fe, el proyecto de Dios que se está realizando.

¿Quiénes son los débiles desde la perspectiva del mundo? María, José, Isabel, Zacarías, Juan Bautista, los pastores fieles, Ana, Simeón; eran llamados despectivamente “anawin”, es decir, los pobres del Señor. Para vivir confiadamente, es necesario pedir la gracia de la mirada de estos “limpios de corazón”: ¡así es como se ve a Dios y su proyecto!

“No tengan miedo” nos dice el Señor. “Dios está con nosotros” cumpliendo su proyecto según su promesa. Si el futuro se abre lleno de incertidumbres busquemos purificar nuestro corazón para mirar desde la esperanza: ¡desde los ojos de Dios!
Diác. Jorge Novoa