lunes, 29 de agosto de 2016

SANTO CURA DE ARS: HE PERDIDO A DIOS Y EL CIELO...

 Por una blasfemia, por un mal pensamiento, por una botella de vino, por dos minutos de placer . Por dos minutos de placer perder a Dios, tu alma, el cielo... para siempre! 


Hijos míos, si veis a un hombre levantar una gran hoguera, apilar la leña, y le preguntáis qué es lo que hace, os responderá: Preparo el fuego que debe quemarme. 
¿Qué pensaríais si vierais a este mismo hombre aproximarse a la llama de la hoguera y, cuando está encendida, echarse dentro? ¿qué diríais?............

Al pecar, eso es lo que nosotros hacemos. No es Dios quien nos echa al infierno, somos nosotros por nuestros pecados. El condenado dirá: He perdido a Dios, mi alma y el cielo: y es por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa! ¿Se levantará para volver a caer?


COMENTARIO DE SAN JERÓNIMO: JUAN BAUTISTA


Conforme está escrito en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Conforme está escrito en Isaías. En cuanto soy capaz de recordar y buscar en mi mente, repasando con la máxima atención tanto la traducción de los setenta, como los mismos textos hebreos, nunca he podido encontrar que esto esté escrito en el profeta Isaías. Lo de: «Mira, envío mi mensajero delante de ti», está escrito, sin embargo, al final del profeta Malaquía (Ml 3,1), ¿cómo es que el evangelista Marcos dice aquí «conforme está escrito en el profeta Isaías?» Los evangelistas hablaban inspirados por el Espíritu Santo. Y Marcos, que esto escribe, no es menos que los demás. En efecto, el apóstol Pedro dice en su carta: «Os saluda la elegida como vosotros, así como mi hijo Marcos (I Pe 5,13)

¡Oh apóstol Pedro, tu hijo Marcos, hijo no según la carne, sino según el espíritu, instruido en las cosas espirituales, ignora esto! Y lo que está escrito en un lugar, lo asigna a otro. «Conforme está escrito en el profeta Isaías: Mira, envío mi mensajero delante de ti». Porfirio (1), aquel impío, que escribió contra nosotros y que vomitó su rabia en muchos libros, se ocupa de este pasaje en su libro decimocuarto, y dice: «Los evangelistas fueron hombres tan ignorantes, no sólo en las cosas del mundo, sino incluso en las divinas Escrituras, que lo escrito por un profeta lo atribuyen a otro (Mt 3,3)

Esta es su objeción. ¿Qué le responderemos nosotros? Gracias a vuestras oraciones me parece haber encontrado la solución. Conforme está escrito en el profeta Isaías. ¿Qué es lo que está escrito en el profeta Isaías? «Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del señor, enderezad sus sendas». Esto es lo que está escrito en Isaías (Is 40,3). Ahora bien, esta misma afirmación se halla expuesta más ampliamente en otro profeta. El evangelista mismo dice: Este es Juan el Bautista, de quien también Malaquías dijo: «Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino». Por tanto, lo que dice que está escrito en Isaías, se refiere a este pasaje: «Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas». Para probar que Juan era el mensajero, que había sido enviado, no quiso Marcos recurrir a su propia palabra, sino a la profecía del profeta.

   Apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión.. (Mc 1,4). Juan apareció: nuestro Dios existía. Lo que apareció, dejó de ser y, antes de aparecer, no existió. Por el contrario, el que existía existía antes y existía siempre y nunca ha tenido principio. Por ello, de Juan el Bautista se dice apareció, esto es, egueneto, mientras del Señor y Salvador se dice existía. Cuando se dice existía significa que no tiene principio. Él mismo es el que dijo: «El que me ha enviado (Ex 3,14): pues el ser no tuvo principio. Apareció Juan en el desierto, bautizando y predicando. En el desierto apareció la voz que tenía que anunciar al señor: otra cosa no debía proclamar sino la venida del Salvador. Apareció Juan en el desierto. ¡Feliz innovación: abandonar a los hombres, buscar a los ángeles, dejar las ciudades y encontrar a Cristo en la soledad! Apareció Juan en el desierto, bautizando y predicando: bautizaba con su mano, predicaba con su palabra. El bautismo de Juan precedió al bautismo del Salvador. Del mismo modo como Juan el Bautista fue el precursor del Señor y Salvador, así también su bautismo fue el precursor del bautismo del Salvador. Aquél se dio en la penitencia, éste en la gracia. Allí se otorga la penitencia y el perdón, aquí la victoria.

   Acudía a él gente de toda la región de Judea (Mc 1,5). A Juan acude Judea, acude Jerusalén; mas a Jesús, el Señor y Salvador, acude todo el mundo. «En Judá Dios es conocido, grande es su nombre en Israel (Sl 75,2). A Juan, pues, acuden Judea y Jerusalén, mas al Salvador acude todo el mundo.

1)Porfirio de Tiro (233-304), filósofo neoplatónico. Fue discípulo de Plotino en Roma y polemizó contra los cristianos. Su obra más importante es «ISAGO», introducción a las categorías de Aristóteles, que tuvo gran influjo en toda la filosofa medieval.

domingo, 28 de agosto de 2016

CARD. GIACOMO BIFFI: SAN AGUSTÍN UN MAESTRO PARA ESCUCHAR


Es una circunstancia providencial, que no queremos dejar pasar. Agustín -con sus escritos admirables, con su figura de Pastor ejemplar y, ante todo, con su inquieta actitud de búsqueda de Dios- sigue siendo para todos un maestro que siempre vale la pena escuchar.
"Fuimos bautizados, y se disipó en nosotros la inquietud de la vida pasada" (Confesiones 9, 6, 4).

Con estas palabras simples y breves, Agustín evoca la conclusión de una larga y enmarañada aventura interior. El renacimiento "del agua y del Espíritu" tiene lugar durante la Vigilia pascual, la noche entre el 24 y el 25 de abril del año 387, en el baptisterio octagonal que Ambrosio, el gran obispo de Milán, recientemente había terminado de erigir. Finalmente había llegado "a casa", porque había llegado al conocimiento vivo del Señor Jesús y a la comunión con Él; lo cual, aún en los años más turbios y confusos, había sido el anhelo casi inconsciente de todo su ser.

En su larga dispersión, en medio de la diversidad de las opiniones, y en la maraña de los vicios, había mantenido una especie de inconsciente atracción hacia la persona de Cristo. "Aquel nombre de mi Salvador, de tu Hijo, mi corazón aún tierno lo había absorbido en la leche misma de mi madre, y lo conservaba en lo profundo. Así que cualquier obra en la que Él faltase, así fuese docta y limpia y verdadera, no podía conquistarme totalmente" (Confesiones 3,4,8)


Uno de los momentos decisivos de su conversión se produce cuando se da cuenta de que Cristo no es un personaje literario o una idea filosófica, sino que es el Señor vivo que palpita, respira, enseña y ama en la liturgia y en la vida de la Iglesia, su Esposa y su Cuerpo. Por lo tanto, no es con la investigación erudita y solitaria del intelectual como se puede llegar a Él, sino con la cordial participación en el misterio eclesial, que no es otro que el misterio del Hijo de Dios crucificado y resucitado que se entrega a los suyos. En tal comunión de vida, el individuo se trasciende a sí mismo y verdaderamente realiza de manera integral su naturaleza humana como ha sido querida y pensada por el Padre desde toda la eternidad: "Nos hemos transformado en Cristo. En efecto, si Él es la cabeza y nosotros los miembros, el hombre total es Él y nosotros" (Tract. In Ioan. 21, 8), dice audazmente Agustín.

Esta activa pertenencia eclesial, sean cuales fueren las virtudes y la santidad de los hombres de Iglesia, funda la certeza salvífica de los creyentes. "Lo he dicho frecuentemente y lo repito insistentemente - dice el obispo de Hipona a los fieles "cualquier cosa que seamos nosotros, vosotros estáis seguros, tenéis a Dios por Padre y a la Iglesia por madre" (Contra litt. Pet. 3, 9, 10). Los escolásticos le darán un nombre tosco ("ex opere operato"), pero en verdad, no hay nada más misericordioso de parte de Dios, ni más consolador para nosotros que esta certeza: la certeza de que en la Iglesia que enseña, que actúa, que celebra está siempre operante la inmanencia salvífica de Cristo. Quizá fue ésta justamente el provecho más fuerte de su estancia en Milán. Ambrosio no fue para Agustín un interlocutor disponible para coloquios personales, pacientes y clarificadores; tanto menos se prestó a hacerle de director espiritual. Sin embargo su aporte a la conversión del maestro africano fue decisivo, justamente porque aquel obispo era un "liturgo" excepcional, que con su presidencia homilética y ritual, sabía verdaderamente comunicar el sentido de la presencia activa del Salvador en todos los actos religiosos comunitarios. Posidio, el biógrafo del obispo de Hipona, recapitula todo con una frase lacónica y convincente: "de Ambrosio recibió la enseñanza salvífica de la Iglesia Católica y los sacramentos divinos" (Vita Agustini 1, 6).

De Ambrosio, Agustín había aprendido que "hablamos con Cristo cuando oramos y lo escuchamos cuando se lee la Palabra de Dios" (cf. De oficiis 1, 20, 88) De Ambrosio había aprendido a traspasar las "imágenes" (aquello que los ojos ven) para llegar a captar la "verdad" (el Cristo que bajo las imágenes está siempre actuante).

"Oh Señor Jesús - había exclamado el obispo de Milán el día de Pascua del año 381 - en nuestra sede has hoy bautizado mil. Y cuántos has bautizado en la Urbe de Roma, cuántos en Alejandría, en Antioquía, en Constantinopla... Pero no han sido Dámaso ni Pedro ni Ambrosio ni Gregorio quienes han bautizado: nosotros te prestamos nuestros servicios, pero tuyas son las acciones sacramentales" (Cf. De Spiritu Sancto I, 17.18: "nostra enim sercitia sed tua sunt sacramenta"). Nosotros podemos celebrar en los ritos el misterio de Cristo, porque es Cristo quien antes celebra en los ritos, el misterio de la salvación del mundo; y en esta celebración, que es Suya, nos compromete y nos renueva.

Jesús es un hombre de palabra. Cada día, mas allá de toda espera, su última promesa se realiza realmente: "He aquí que estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del tiempo" (Mt. 28, 20). Es una frase de una sencillez absoluta, pero bajo cierto punto de vista es el centro y el sentido de todo el evento cristiano. Al tomarla en serio, todo cambia: nuestro modo de pensar, de celebrar, de vivir, se hace diferente. No es una expresión retórica, como cuando se dice que los héroes de la patria, los gigantes de la cultura y de la ciencia, los grandes filántropos, viven eternamente en medio de su pueblo; que en el fondo es una manera gentil de decir que están muertos. Jesús está realmente con nosotros: aquí está la fuente de nuestra inalterable serenidad en medio de las oposiciones y los conflictos, de aquí mana la energía de nuestro dinamismo apostólico.

Es justamente esta actualidad del único Sacerdote de la Nueva Alianza la que congrega a la Iglesia y garantiza su fidelidad. Él la atrae y la enamora, de manera que ninguna estrella mundana alcanza a apresarla y ningún sortilegio de encantadoras ideologías logra seducirla. Como dice Ambrosio: "No valen de nada los encantadores donde el cántico de Cristo se canta cada día; ella tiene ya su encantador, el Señor Jesús..." (Hexamerón IV, 33). Una Iglesia que se absorbiera de tal manera en el trabajo -sin duda meritorio- a favor de los seres humanos, que no elevara más el himno cotidiano de alabanza a su Señor, se parecería más a la Cruz Roja Internacional que a la Nueva Eva, la Esposa fiel del Nuevo Adán y la Madre de los nuevos vivientes; y terminaría por dedicar sus canciones a los aventureros de turno. Pues necesitaría cantar para alguien.

Jesús está siempre con nosotros, pero no ha sido dicho que nosotros estemos siempre con Él. Nos es garantizada la fidelidad de Cristo: nuestra fidelidad sin embargo se comprueba y consolida en los hechos, cada día. Pero esto es otro discurso.

FRASES ESCOGIDAS DE SAN AGUSTÍN


"Únicamente sabe vivir bien, quien bien sabe rezar."

"Ningún bien es perfectamente conocido si no es perfectamente amado."

"Es difícil ver a Cristo entre la turba; alguna soledad es necesaria para nuestra mente; en la soledad de la atención se ve a Dios. De la turba es el estrépito, esta visión exige el secreto... No quieras buscar a Jesús en la turba, nunca es Él uno más de la turba; precede a toda turba."

"Sean vuestras Escrituras mis más puras delicias. Que no saque de ellas error. Miradme y tened piedad de mí, Señor, Dios mío, luz de los ciegos y fuerza de los débiles y descubrid los secretos de vuestra palabra."

"Habéis perdido el sentido de utilidad del dolor, y os habéis convertido en los más miserables" (dicho a los paganos).

"Habla con obras y no con la lengua."

"Quítale al peregrino la esperanza de llegar, y al instante se le quiebran las fuerzas de marchar."

"Quien no es tentado no es probado, y quien no pasa por la prueba, no adelanta."

"No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad."

"Ama y haz lo que quieras. Porque si es el Amor el que guía tu vida, realizarás grandes empresas."

"La simulación de la humildad es la más grande soberbia."

"¡Oh Dios, Tú nos hiciste para Ti, y nuestro corazón queda insatisfecho hasta que en Ti descanse!"

"Si quieres amar a Cristo, extiende tu caridad por el mundo entero, pues los miembros de Cristo se extienden en todo el mundo."

"Cuando oramos nos son necesarias las palabras no para informar o presionar a Dios, sino para tener presente en nuestra mente el objeto de nuestra oración."

"Me encontré con un conciudadano pagano, y le pregunté por qué no se unía a nosotros. `Señor Obispo -me contestó- ¿cómo podría unirme a cristianos, uno de los cuales me ha robado, mientras otra trafica, cerca de mi casa, con un negocio infamante?' "

"¡Oh Verdad! En todas partes tú estás al alcance de los que te consultan, y respondes a un mismo tiempo a todos los que te preguntan, aunque sean cosas diversas. Claramente tú respondes, pero no todos oyen claramente. Todos te consultan sobre lo que quieren, mas no todos oyen siempre lo que quieren. Óptimo siervo tuyo es quien no atiende tanto a oír de ti lo que él quisiera, cuanto a querer aquello que de ti oyere."

"Veía una cosa y creía lo contrario" (sobre el buen ladrón en el Calvario).

"La sed del alma es el deseo. Esa divina fuente tiene sed de ser buscada con sed, tiene sed de hartar nuestra sed de felicidad" (sobre las palabras de Cristo crucificado: "Tengo sed").

"Predicando la palabra de verdad, engendraron las Iglesias" (sobre la acción misionera de los Doce).

"Cristo es el origen de nuestra vida, el término a donde nos dirigimos y el camino por donde avanzamos".

"¡Oh, Dios mío, si nos engañamos, sois Vos mismo quien nos engaña, porque es imposible que una religión falsa pueda ofrecer tantas señales divinas!"

"Roma ha hablado, la causa ha terminado."

"Si alguien vive fuera de la Iglesia, no es del número de sus hijos; y no queriendo tener a la Iglesia por Madre, no tendrá a Dios por Padre."

"Meditad bien vuestra respuesta y elegid con toda libertad: Si confesáis los milagros de Jesucristo y de los apóstoles, al hacerlo así confesáis que la religión cristiana es obra de Dios, pues sólo Dios puede obrar milagros verdaderos, y no puede hacerlos sino a favor de una religión verdadera y divina. Si negáis estos milagros, atestiguáis mejor aún la divinidad de la religión cristiana. Porque si una religión, enemiga de todas las pasiones, incomprensible en sus dogmas, severa en su moral, se ha establecido sin el auxilio de los milagros, este mismo hecho es el mayor y más inaudito de los milagros. Dadle todas las vueltas que queráis: este dilema es un círculo de hierro del que no podéis salir."

JOHN H. NEWMAN: SAN AGUSTÍN , UNA CONQUISTA SEÑALADA DE LA GRACIA


Permitidme hablaros de otra señalada conquista de la gracia divina en edad tardía, y apreciaréis cómo hace Dios un confesor, un santo y doctor de su Iglesia a partir del pecado y la herejía juntos. No bastaba que el padre de las escuelas cristianas de Occidente, autor de mil obras y campeón de la gracia fuera un pobre esclavo de la carne, sino que era también víctima de un intelecto equivocado. El mismo que por encima de otros iba a exaltar la gracia de Dios experimentó como pocos la impotencia de la naturaleza. Agustín, que no tomaba en serio su alma ni se preguntaba cómo podría limpiase el pecado, se aplicó a disfrutar de la carne y el mundo mientras le duraba su juventud y la fuerza, aprendió a juzgar sobre todo lo verdadero y lo falso mediante su capricho personal y su fantasía, despreció a la Iglesia Católica, que hablaba demasiado de fe y sumisión, hizo de su propia razón la medida de todas las cosas, y se adhirió a una secta pretendidamente filosófica e ilustrada, ocupada en corregir las vulgares nociones católicas sobre Dios, Cristo, el pecado, y el camino de la salvación. En esta secta permaneció varios años, pero lo que pretendió no le satisfizo. Le agradó por un tiempo, hasta que descubrió entonces que no había encontrado la verdad y se preguntaba dónde hallaría y quién le llevaría hasta ella.

¿Por qué no entró enseguida en la Iglesia Católica?. Porque aunque no veía la verdad en ningún otro sitio, aún no estaba seguro de que se encontraba allí. Imaginaba algo como estrechez e irracionalidad en la doctrina católica, sencillamente porque no poseía el don de la fe. Un gran conflicto se inició en su interior: el conflicto de la naturaleza con la gracia, de la naturaleza -la carne y la falsa razón- contra la conciencia y la voz del espíritu divino, que le invitaban a cosas mejores. A pesar de hallarse todavía en pecado, Dios le visitaba y concedía los frutos de influencias saludables que a la larga iban a salvarle. Pasó el tiempo; y mirándole como su ángel guardián podía hacerlo, se diría que a pesar de mucha resistencia a la gracia y encontrarse todavía alejado de Dios, el favor divino se abría paso en su alma, y él se aproximaba a la Iglesia. No lo sabía, no era capaz de examinarse a sí mismo, pero un intenso interés hacia él y una alegría particular crecía entre los habitantes del cielo. 

Finalmente entró en contacto con un gran santo, y aunque al principio pretendía no reconocerle como tal, su atención se detuvo en él, y no pudo evitar de aproximársele más y más. Comenzó a observarle, a pensar en él, a preguntarse si aquel hombre virtuoso era feliz. Aparecía con frecuencia en la Iglesia para oírle predicar, y un día se animó a pedirle consejo sobre el camino que buscaba. Se le planteó entonces un conflicto final con la carne.
Era duro, muy duro, abandonar por siempre satisfacciones de años. ¿Cómo podría arrancarse del atractivo pecado y andar el camino severo que lleva al cielo?. Pero la gracia de Dios le atrajo con mayor fuerza, y le convenció a la vez que le vencía. Convenció a su razón y prevaleció sobre él. Y el que sin ella habría vivido y muerto como hijo de las tinieblas, llegó a ser bajo su poder admirable un ejemplo vivo de santidad y verdad.

¿Verdad que este hombre se encontraba mejor equipado que cualquier otro para persuadir a sus hermanos, como él mismo había sido persuadido, y predicar la doctrina que antes había despreciado?

No es que el pecado sea mejor que la obediencia, o el pecador sea mejor que el justo. Pero Dios, en su misericordia, usa el pecado contra el pecado mismo, convierte las faltas pasadas en un beneficio presente; mientras borra el pecado y debilita su poder, lo deja en el penitente de modo que éste, conocedor de sus artimañas, sepa atacarlo con eficacia cuando lo descubre en otros hombres; mientras Dios con su gracia limpia el alma como si nunca se hubiera manchado, le concede con ternura y compasión hacia los demás pecadores y una experiencia sobre cómo ayudarlos, mayores que si nunca hubiera pecado; finalmente, en esos casos extraordinarios a los que me he referido, nos presenta, para nuestra instrucción y consuelo, lo que puede obrar a favor del hombre más culpable que acuda sinceramente a El en busca de perdón y remedio. La magnanimidad y el poder de la gracia no conocen límite. El hecho de sentir dolor por nuestros pecados y suplicar el perdón de Dios es como una señal presente en nuestros corazones de que Él nos concederá los dones que le pedimos. En su poder está hacer lo que desea en el espíritu del hombre, porque es infinitamente más poderoso que el malvado espíritu al que se ha vendido el pecador, y puede expulsarle del alma.

(Tomado de Discursos sobre la fe; Ediciones Rialp, S.A, pág.80-83)

sábado, 27 de agosto de 2016

CONFESIONES: SANTA MÓNICA

"Vos, Señor, usando conmigo de vuestra paternal benignidad, desde lo alto del cielo extendisteis vuestra mano poderosa y sacasteis a mi alma de una profundidad tan oscura y tenebrosa como ésta, habiendo mi madre, vuestra sierva fiel, derramado delante de Vos más lágrimas por mí que las otras madres por la muerte corporal de sus hijos. Porque con la fe y espíritu que Vos le habíais dado, veía ella la muerte de mi alma. Mas Vos, Señor, os dignasteis oír sus oraciones; Vos os dignasteis oírla y no despreciasteis sus lágrimas, que copiosamente corrían de sus ojos, hasta regar con ellas la tierra en todos los sitios en que se ponía a hacer oración por mí en presencia de vuestra divina Majestad, que se dignó oírla y atender a su llanto y oración...

Porque, ¿de dónde sino de Vos le había de venir aquel sueño que tuvo, con el cual la consolasteis tanto que me permitió vivir31 en su compañía, comer a su mesa y habitar en su casa, lo que antes no había querido consentir por lo mucho que ella aborrecía y detestaba los errores y blasfemias de mi secta?


Un día, pues, estando dormida, soñó que estaba puesta de pie sobre una regla de madera, y que se le acercó un joven gallardo y resplandeciente con rostro alegre y risueño, estando ella muy afligida y traspasada de pena, el cual le preguntó la causa de su aflicción y tristeza, y de tantas lágrimas como derramaba todos los días, no para saberlo de su boca, sino para tomar de aquí ocasión de instruirla y enseñarla, como suele suceder en tales sueños. Ella le respondió que era mi perdición lo que la hacia llorar, y él le mandó entonces y le amonestó (para que viviese más segura en este punto) que reflexionase con atención y viese que donde ella estaba, allí mismo estaba yo también. Luego que oyó esto miró con atención y me vio estar junto a sí en la misma regla. ¿De dónde le vino este consuelo sino de aquella suma bondad con que atendíais a los gemidos de su corazón? ¡Oh!, ¡cuán bueno sois, Dios y Señor mío todopoderoso, que de tal suerte cuidáis de cada uno de nosotros, como si fuera el único de quien cuidáis, y de tal modo cuidáis de todos como de cada uno de por sí!

20. ¿De dónde sino de Vos le vino también aquella respuesta que me dio tan pronta y oportuna, cuando al referirme el sueño que - había tenido, y procurando yo interpretarle diciendo: Que antes bien el sueño significaba que ella podía vivir con esperanzas de ser algún día lo que yo era, respondió inmediatamente y sin detenerse en nada: No por cierto, no es así, porque a mí no se me dijo: donde él está, allí también estás tú, sino al contrario: donde tú estás, allí también está él..

Yo os confieso, Señor, que, según lo que me acuerdo y varias veces he contado, más me movió esta respuesta que Vos me disteis por boca de mi piadosa madre, que el sueño mismo que me refirió y con que tan anticipadamente anunciasteis la alegría y gozo que había de tener, aunque de allí a mucho tiempo, para darle desde entonces algún consuelo en la aflicción y solicitud que tenía por mí. Pues ella, bien lejos de turbarse con la falsedad de mi interpretación, aunque verosímil y aparente, se impuso al instante en la verdad, y vio prontamente cuanto había que ver acerca del suceso, y lo que yo verdaderamente no había advertido antes que ella lo dijera.

Aun después de todo esto estuve yo casi por espacio de nueve años revolcándome en lo profundo del cieno, y rodeado de tinieblas de error y falsedad. Y aunque muchas veces procuré levantarme y salir del abismo profundo, con el hincapié y conatos que hacía, me hundía más adentro; y entretanto aquella viuda casta, piadosa, templada, y tal cuales son las que Vos amáis, ya más alegre con la esperanza que le habíais dado, pero no por eso menos solícita en llorar y gemir, no cesaba de importunaros a todas horas con sus oraciones y lágrimas por mi conversión, y aunque eran bien admitidos en vuestra divina presencia sus fervorosos y continuos ruegos, no obstante Vos dejabais que me envolviese y revolviese todavía más en aquella espesa oscuridad de mis errores".

                                                                                                              (CONFESIONES, libro 3 capítulo 11)

BENEDICTO XVI: SANTA MÓNICA, MUJER SABIA Y SÓLIDA EN LA FE, LAS INVITA A NO DESANIMARSE

Queridos hermanos y hermanas: Recordamos hoy, 27 de agosto, a Santa Mónica, y mañana recordaremos a su hijo, San Agustín: sus testimonios pueden ser de gran consuelo y ayuda para muchas familias también de nuestro tiempo.


Mónica, nacida en Tagaste, en la actual Argelia (en Souk-Arhas), de una familia cristiana, vivió de manera ejemplar su misión de esposa y de madre, ayudando a su marido Patricio a descubrir, poco a poco, la belleza de la fe en Cristo y la fuerza del amor evangélico, capaz de vencer el mal con el bien. Tras la muerte de él, ocurrida precozmente, Mónica se dedicó con valor al cuidado de sus tres hijos, dos hermanos y una hermana, entre ellos San Agustín, quien al principio le hizo sufrir con su temperamento más bien rebelde. Como dirá después el propio Agustín, su madre le engendró dos veces; la segunda requirió una larga tribulación espiritual, hecha de oración y de lágrimas, pero coronada al final por la alegría de verle no sólo abrazar la fe y recibir el Bautismo, sino también dedicarse enteramente al servicio de Cristo.


¡Cuántas dificultades existen también hoy en la relaciones familiares y cuántas madres están angustiadas porque sus hijos se encaminan por senderos equivocados! Mónica, mujer sabia y sólida en la fe, las invita a no desanimarse, sino a perseverar en la misión de esposas y de madres, manteniendo firme la confianza en Dios y agarrándose con perseverancia a la oración. En cuanto a Agustín, toda su existencia fue una apasionada búsqueda de la verdad. Al final, no sin una larga tormenta interior, descubrió en Cristo el sentido último y pleno de la propia vida y de toda la historia humana.


En la adolescencia, atraído por la belleza terrena, «se lanzó» -así dice- a ella –como él mismo se sincera (Confesiones, 10,27-38)- de manera egoísta y posesiva con comportamientos que crearon no poco dolor en su piadosa madre. Pero a través de un fatigoso itinerario, gracias también a las plegarias de ella, Agustín se abrió cada vez más a la plenitud de la verdad y del amor, hasta la conversión, ocurrida en Milán, bajo la guía del obispo San Ambrosio. Permanecerá así como modelo del camino hacia Dios, suprema Verdad y sumo Bien. «Tarde te amé –escribe en su célebre libro de las Confesiones-, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. He aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba... Estabas conmigo y yo no estaba contigo... Me llamaste, me gritabas, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y echaste de mis ojos mi ceguera» (Ibíd.).


Que igualmente para nosotros obtenga San Agustín el don de un sincero y profundo encuentro con Cristo, un encuentro sobre todo también para todos aquellos jóvenes que, sedientos de felicidad, la buscan recorriendo caminos equivocados y se pierden en callejones sin salida. Santa Mónica y San Agustín nos invitan a dirigirnos con confianza a María, trono de la Sabiduría. A Ella confiamos a los padres cristianos, para que, como Mónica, acompañen con el ejemplo y la oración el camino de sus hijos. A la Virgen Madre de Dios encomendamos a la juventud a fin de que, como Agustín, tienda siempre hacia la plenitud de la Verdad y del Amor, que es Cristo: sólo Él puede saciar los deseos profundos del corazón humano.

viernes, 26 de agosto de 2016

LA ANUNCIACIÓN (LC 1,28-29)


Lc 1,28-29
Y habiendo entrado el Angel donde estaba María le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Y cuando ella esto oyó, se turbó con las palabras de él, y pensaba qué salutación sería ésta. (vv. 28-29)

La salutación (v.28) Alégrate
La palabra griega chaire puede tener, en efecto, dos significaciones. Puede ser un simple saludo: "Salve", pero puede también tener la significación más fuerte, más grávida de sentido, de una invitación a la alegría.: Alégrate. Es interesante comprobar que la fórmula chaire, en los setenta, se presenta siempre en un contexto en el que se invita a Sión a la alegría desde una perspectiva de futuro (Jer 2,21-23; Sof 3,14-15; Zac 9,9). En la Anunciación el ángel utiliza la fórmula que emplearon los profetas, para invitar a la Sión escatológica a que se alegre por la salvación que Dios va a otorgarle.

Basándose en el texto hebreo, el P. Lauretin, piensa que las palabras del ángel "concebirás en tu seno" (Lc 1,31), corresponden a las de Sofonías 3,15, "Yahveh está entre tus muros" (literalmente en tu interior; los Setenta, "en ti"). María es descrita en varias ocasiones como la ciudad nueva de la presencia de Dios, el tabernáculo escatológico de la presencia de Dios en medio de los hombres.

En los Padres griegos y en la liturgia Bizantina, las palabras del ángel se han comprendido y explicado casi universalmente como una invitación a la alegría. Así San Sofronio escribe: ¿Qué dirá el ángel a la Virgen bienaventurada y pura? ¿Cómo le comunicará el gran mensaje? "Alégrate, llena de gracia el señor es contigo". Cuando se dirige a ella, comienza por la alegría, él, que es el mensajero de la alegría.

Algunos, manifiestan la presencia de esta acentuación en todo el Evangelio de Lucas (Lc 1,38.44.46ss) (Lc 2,10). Esto recuerda el tema de la Hija de Sión, la alegría que los profetas del AT le deseaban al Pueblo de Israel -a la mujer Sión- se propaga y va a concentrarse en una mujer individual, María, que reúne en su persona, por así decir, los deseos y las esperanzas de todo el pueblo de Israel.

El saludo del ángel, salve, “jaire”, en griego; “ave”, en latín” ha dado lugar a muchas interpretaciones. Por un lado, la más literal, del verbo “jairóo”, en griego, que significa alegrarse, ser feliz. Los romanos decían “ave”, en este sentido, como se ve en la burla que hacen los soldados romanos a Jesús en la Pasión:

Y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla ante él, le hacían burlas diciendo: “¡Salve, Rey de los judíos!”(Mt 27,29). Pero lo más probable es que San Lucas utilice “jaire” en el sentido de alegría mesiánica que tiene en otros libros del Antiguo Testamento, como por ejemplo:

¡Exulta sin freno, hija de Sión,
grita de alegría, hija de Jerusalén!
He aquí que viene a ti tu rey:
justo él y victorioso,
humilde y montado en un asno,
en un pollino, cría de asna (Zac 9,9; Jl 2,21-27, So 3,14-29).
Kecharitôménê (llena de gracia)

Un estudio sobre la historia de la exégesis de esta palabra, ha mostrado que la interpretación dominante en la antigüedad apunta a la perfecta santidad de María. La traducción que ha prevalecido es "llena de gracia". La expresión llena de gracia es importantísima, tanto para la piedad cristiana como para la reflexión teológica. De hecho es el fundamento bíblico más importante del dogma de la Inmaculada Concepción.

Es un saludo inusitado, pues no tiene ningún paralelo en toda la Biblia. Los Padres de la Iglesia enseñaron que con este singular y solemne saludo se manifestaba que la Madre de Dios era asiento de todas las gracias divinas y, en consecuencia, jamás estuvo en pecado. La expresión griega que usa San Lucas es “kejaritomene”, un participio pasivo, pretérito de in verbo intensivo y causal, en verbo “jaritoo” que significa “colmar de gracia divina”. La traducción literal sería: “hecha abundantemente objeto de la gracia o benevolencia divina”. Por eso, las traducciones protestantes y algunas, que dicen “agraciada”, se quedan cortas.

El verbo utilizado aquí charitoun es extremadamente raro en griego, se halla solamente dos veces en todo el NT; en Lc 1,28 (kecharitômenê) y en Ef 1,6 (echaritôsen), en ambos casos es una forma del verbo echaritóô. Ahora bien los verbos que terminan en óô son causativos; indican una acción que produce un efecto en el objeto. Por ejemplo, leukóô, blanquear; deulóô, reducir a esclavitud; eleutheróô, poner a uno en libertad.

Estos verbos significan un cierto cambio en la persona o en la cosa en cuestión. Pues bien: dado que la radical del verbo charitóô es charis (gracia), la idea que expresa es la de un cambio operado por la gracia. Además, la forma verbal que Lc emplea es un pasivo, el participio perfecto; kecharitôménê significa, pues, que en la persona a la que se refiere el verbo, María, la acción de la gracia de Dios ha operado ya un cambio, ha sido transformada por la gracia de Dios.

Crisóstomo explica el texto (donde aparece el verbo) de la carta a los Ef, "observad que Pablo no dice eucharisato hêmin sino euchritósên hêmás. He aquí dos verbos que se parecen mucho, pero cuyo sentido es diferente. El primero indica que nos ha sido otorgada una gracia. Pablo hubiera podido, sin duda, escribir: "la maravillosa gracia que Dios nos otorgó". Pero es esto precisamente lo que no hace. Emplea la segunda forma verbal, que significa: "Dios nos ha trasformado por esta gracia maravillosa". El segundo incluye un matiz que no se halla en el primero; indica, en particular, el efecto producido en las personas por el don de la gracia. En Lc 1,28 esto se refiera María; en Ef 1,6, se aplica a todos los cristianos, pero María es la primera de todos los creyentes, es su arquetipo.

¿Qué es lo que la gracia de Dios ha producido en María?. Algunos como Brown y Fitzmyer, piensan que aquí se trata de la gracia de la maternidad divina, que el ángel le anuncia. Pero, en realidad la utilización del participio perfecto de la voz pasiva utilizado por Lc indica que la transformación de María por la gracia ya ha tenido lugar mucho tiempo antes del momento de la Anunciación.

Finalmente, la expresión el Señor es contigo no significa simplemente un deseo (como cuando decimos “vaya Vd con Dios”, sino una realidad: El Señor está en medio de ti, como en los textos de los profetas antes citados. Se turbó nuestra Señora por la presencia del Arcángel y por la confusión que producen en las personas verdaderamente humildes las alabanzas dirigidas a ellas.

Todas las palabras de este mensaje del Arcángel parecen estar cuidadosamente escogidas para que una persona como María, que conocía muy bien las profecías y la historia de su pueblo, entendiera sin duda que el hijo anunciado no iba a ser otro que el Mesías prometido. En concreto, en este texto hay rastros de las siguientes profecías:
Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahvé(Gn 6,8)

Y díjole el Angel de Yahvé: Mira que has concebido, y darás a luz un hijo, al que llamarás Ismael, porque Yahvé ha oído tu aflicción( Gn 16,11)

Dijo Isaías: «Oíd, pues, casa de David:
¿Os parece poco cansar a los hombres,
que cansáis también a mi Dios?
Pues bien, el Señor mismo
va a daros una señal:
He aquí que una doncella está encinta
y va a dar a luz un hijo,
y le pondrá por nombre Emmanuel.(Is 7,13-14)

La mujer dio a luz un hijo y le llamó Sansón. El niño creció y Yahvé le bendijo (Jue 13,24).
Concibió Ana y llegado el tiempo dio a luz un niño a quien llamó Samuel, «porque, dijo, se lo he pedido a Yahvé». (1Sam 1,20)

Se yerguen los reyes de la tierra,
los caudillos conspiran aliados
contra Yahvé y contra su Ungido:
Voy a anunciar el decreto de Yahvé:
El me ha dicho: «Tú eres mi hijo;
yo te he engendrado hoy. (Sal 2,2-7)

Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme, eternamente. (2 Sam 7,16)

Grande es su señorío y la paz no tendrá fin
sobre el trono de David y sobre su reino,
para restaurarlo y consolidarlo
por la equidad y la justicia,
Desde ahora y hasta siempre,
el celo de Yahvé Sebaot hará eso. (Is 9,6)

Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. El constituirá una casa para mi Nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre y él será para mí hijo. (2 Sam 7,12-14)

A él se le dio imperio,
honor y reino,
y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su imperio es un imperio eterno,
que nunca pasará,
y su reino no será destruido jamás. (Dan 7,14)

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT: DEFORMACIONES DEL CULTO A MARÍA


En efecto, hoy más que nunca, nos encontramos con falsas devociones que fácilmente podrían tomarse por verdaderas. El demonio, como falso acuñador de moneda y ladrón astuto y experimentado, ha engañado y hecho caer ya a muchas almas por medio de falsas devociones a la Santísima Virgen y cada día utiliza su experiencia diabólica para engañar a muchas otras, entreteniéndolas y adormeciéndolas en el pecado, so pretexto de algunas oraciones mal recitadas y de algunas prácticas exteriores inspiradas por él.

Como un falsificador de moneda no falsifica ordinariamente sino el oro y la plata y muy rara vez los otros metales, porque no valen la pena, así el espíritu maligno no falsifica las otras devociones tanto como las de Jesús y María la devoción a la Sagrada. Comunión y la devoción a la Virgen porque son entre las devociones, lo que el oro y la plata entre los metales.

 Es, por ello, importantísimo:

1° conocer las falsas devociones para evitarlas y las verdaderas para abrazarlas,

 2° conocer cuál es, entre las diferentes formas de devoción verdadera a la Santísima Virgen, la más perfecta, la más agradable María, la más gloriosa para el Señor y la más eficaz para nuestra santificación, a fin de optar por ella.
Hay, a mi parecer, siete clases de falsos devotos y falsas devociones a la Santísima Virgen, a saber:

1° los devotos críticos;

2° los devotos escrupulosos;

3° los devotos exteriores;
4° los devotos presuntuosos;
5° los devotos inconstantes;
6° los devotos hipócritas;
7° los devotos interesados. 

a. Los devotos críticos

Los devotos críticos son, por lo común, sabios orgullosos, engreídos y pagados de sí mismos, que en el fondo tienen alguna devoción a la Santísima Virgen, pero critican casi todas las formas de piedad con las que las gentes sencillas honran ingenua y santamente a esta buena Madre, sólo porque no se acomodan a sus fantasías. Ponen en duda todos los milagros e historias referidas por autores fidedignos o extraídas de las crónicas de las Ordenes religiosas, que atestiguan la misericordia y poder de la Santísima Virgen. Se irritan al ver a las gentes sencillas y humildes arrodilladas para rogar a Dios ante un altar o imagen de María o en la esquina de una calle... Llegan hasta a acusarlas de idolatría, como si adorarán la madera o la piedra. En cuanto a ellos así dicen no gustan de tales devociones exteriores ¡ni son tan cándidos para creer a tantos cuentos e historietas como corren acerca de la Santísima Virgen! Si se les recuerdan las admirables alabanzas que los Santos Padres tributan a María, responden que hablaban como oradores, en forma hiperbólica, o dan una falsa explicación de sus palabras. Esta clase de falsos devotos y gente orgullosa y mundana es mucho de temer: hace un daño incalculable a la devoción a la Santísima Virgen, alejado de Ella definitivamente a los pueblos so pretexto de desterrar abusos.

(Iremos dando a conocer en el correr del mes las otras 6 clases de falsos devotos)
Tomado de la obra : Tratado sobre la verdadera devoción a la Santísima Virgen

martes, 23 de agosto de 2016

SAN LUIS MARÍA GRIGNIÓN DE MONTFORT: LOS DEVOTOS INCONSTANTES


Los devotos inconstantes son los que honran a la Santísima Virgen a intervalos y como a saltos. Ahora fervorosos, ahora tibios... En un momento parecen dispuestos a emprenderlo todo por su servicio, poco después ya no son los mismos. Abrazan de momento todas las devociones a la Santísima Virgen y se inscriben en todas sus cofradías, pero luego no cumplen sus normas con fidelidad. Cambian como la luna. Y María los coloca debajo de sus pies junto a la medialuna, porque son volubles e indignos de ser contados entre los servidores de esta Virgen fiel, que se distinguen por la fidelidad y la constancia. Mas vale no recargarse con tantas oraciones y prácticas devotas y hacer menos pero con amor y fidelidad a pesar del mundo, del demonio y de la carne.

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO: INVOQUEMOS FRECUENTEMENTE A LA VIRGEN MARÍA


La santa Iglesia nos enseña a sus hijos con cuánta atención y confianza debemos recurrir a nuestra amorosa protectora, mandando que la honremos con culto muy especial. Por esto cada año se celebran muchas fiestas en su honor; un día a la semana está especialmente consagrado a obsequiar a María; en el Oficio divino, los sacerdotes y religiosos la invocan en representación de todo el pueblo cristiano; y todos los días a la mañana, al mediodía y al atardecer los devotos la saludan al toque del Angelus. En las públicas calamidades quiere la santa Iglesia que se recurra a la Madre de Dios con novenas, oraciones, procesiones y visitas a sus santuarios e imágenes. Esto es lo que pretende María de nosotros, que siempre la andemos buscando e invocando, no para mendigar de nosotros esos obsequios y honores, que son bien poca cosa para lo que se merece, sino para que al acrecentarse nuestra confianza y devoción pueda socorrernos y consolarnos mejor. "Ella busca -dice san Buenaventura- que se le acerquen sus devotos con veneración y confianza; a éstos los ama, los nutre y los recibe por hijos".

Dice el mismo santo que Ruth quiere decir "la que ve y se apresura", y ella fue figura de María porque viendo nuestras desgracias se apresura a socorrernos con toda su misericordia. A lo que se añade lo que dice Novarino: que María, viendo nuestras miserias, ansiosa y llena de amor y deseo de hacernos bien, se dispone a socorrernos; y como no es tacaña en derramar las gracias, como madre de misericordia, no se demora en desparramar entre sus hijos los tesoros de su generosidad.

¡Qué pronta está esta buena madre a ayudar a quien la invoca! Explicando Ricardo de san Lorenzo las palabras de la Sagrada Escritura: "Tus pechos, como dos gamitos mellizos", dice que María está pronta a dar la mística leche de su misericorida al que la pide, con la celeridad con que van los gamos veloces. Y dice: "A la más leve presión de un Ave María, derrama sobre quien la invoca oleadas de gracias". Así que, dice Novarino, María no corre, sino que vuela en auxilio de quien la invoca. Ella, dice el mismo autor, al ejercer la misericordia es semejante a Dios; como el Señor, al instante alivia al que le pide ayuda, porque es fiel a la promesa con que se ha comprometido: "Pedid y recibiréis", así María, en cuanto se siente invocada, al instante se presenta con su ayuda. Por esto mismo podemos entender quién es la mujer del Apocalipsis a quien se le dieron las alas del águila grande para volar al desierto (Ap 12,14). Ribera entiende que estas alas son el amor con que María voló a Dios. Pero el beato Amadeo dice a nuestro propósito que esas alas del águila son la celeridad con que María, superando la velocidad de los serafines, socorre siempre a sus hijos.

Por eso se lee en el Evangelio de San Lucas que cuando María fue a visitar a santa Isabel y a colmar de gracias a toda aquella familia no anduvo con demoras, sino que, como dice el Evangelio: "Se levantó María y se marchó con prontitud a la montaña" (Lc 1,39). Lo cual no se dice que hiciera a la vuelta. Por eso también se lee que las manos de María son como torneadas, porque, como dice Ricardo de San Lorenzo, así como labrar a torno es la manera más fácil y rápida, así María está más pronta que los demás santos a ayudar a sus devotos. Ella tiene supremos deseos de consolar a todos, y en cuanto se siente invocada, al instante, con sumo placer, acepta las plegarias y socorre al instante. Con razón, san Buenaventura llamaba a María "salvación de los que la invocan", queriendo decir que para salvarse basta invocar a esta Madre de Dios. Ella, al decir de San Lorenzo, se manifiesta siempre pronta a ayudar a quien la llama. Y es que, como dice Bernardino de Busto, más desea tan excelsa Señora darnos las gracias de lo que nosotros deseamos recibirlas.

Ni la muchedumbre de nuestros pecados debe disminuir nuestra confianza de ser oídos por María. Cuando ante ella nos postramos, encontramos a la madre de misericordia, y para la misericordia sólo hay lugar si encuentra miserias que aliviar. Por lo que como una amorosa madre no siente repugnancia de curar al hijo leproso, aunque la cura fuera molesta y nauseabunda, así nuestra maravillosa Madre no nos abandona cuando recurrimos a ella, por muy grande que sea la podredumbre de nuestros pecados que ella tiene que curar. Esta idea es de Ricardo de San Lorenzo.

Esto mismo quiso dar a entender María apareciéndose a santa Gertrudis con el manto extendido para acoger a todos los que a ella acudían. Y vio la santa, a la vez, que todos los ángeles se dedican a defender a los devotos de María de las tentaciones diabólicas.

lunes, 22 de agosto de 2016

DIÁC. JORGE NOVOA: TÚ HAS DECLARADO A MARÍA REINA DE TU FAMILIA?

En la octava de la Asunción de María celebramos a nuestra Señora como Reina, esta fiesta inicialmente se celebraba el 31 de mayo, hoy aparece íntimamente vinculada a la solemnidad de la Asunción y por ello, luego de Concilio Vaticano II, la celebramos el 22 de agosto.

En ella meditamos sobre la coronación de nuestra Madre por las personas divinas. La Iglesia nos invita a meditar sobre este misterio, María luego de su peregrinación, fue llevada al cielo en cuerpo y alma, y coronada como Reina y Señora de todo lo creado. Su realeza es el corolario de su misión. ¿Y qué otra cosa significa el continuo recurso a María sino un buscar entre sus brazos, en Ella, por Ella y con Ella, a Cristo nuestro Salvador, a quien los hombres en los desalientos y peligros de aquí abajo tienen el deber y experimentan sin cesar la necesidad de dirigirse como a puerto de salvación y fuente trascendente de vida?

“Porque María es siempre camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con Ella no puede menos de terminar en un encuentro con Cristo mismo”.

María es la Reina, signo que contempla Juan en el cielo, y que aparece narrado en el libro del Apocalipsis, la Mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies y coronada de doce estrellas ( Ap.12). Esta mirada de la fe que nos propone la santa Iglesia Católica, abre para ti como miembro de su pueblo, un interrogante que debes responder: La personas divinas han coronado a María como reina: ¿tú lo has hecho?¿ Has coronado como reina a la Madre de Cristo?

Esta ea la oración que dirigía Pio XII en 1954 :

"Desde lo hondo de esta tierra de lágrimas, en que la humanidad dolorida se arrastra trabajosamente… en medio de las olas de este nuestro mar perennemente agitado por los vientos de las pasiones… elevamos los ojos a ti, oh María amadísima, para reanimarnos contemplando tu gloria y para saludarte como Reina y Señora de los cielos y de la tierra, como reina y Señora nuestra.
Con legítimo orgullo de hijos queremos exaltar tu realeza y reconocerla como debida por la excelencia suma de todo tu ser, dulcísima y verdadera Madre de Aquel, que es Rey por derecho propio, por herencia y por conquista.


Reina, Madre y Señora, señalándonos el camino de la santidad, dirigiéndonos, a fin de que nunca nos apartemos de él. Lo mismo que ejerces en lo alto del Cielo tu primacía sobre las milicias angélicas, que te aclaman como soberana suya, sobre las legiones de los Santos, que se deleitan con la contemplación de tu fúlgida belleza… así también reina sobre todo el género humano, particularmente abriendo las sendas de la fe a cuantos todavía no conocen a tu hijo divino.
Reina sobre la Iglesia, que profesa y celebra tu suave dominio y acude a ti como a remedio seguro en medio de las adversidades de nuestro tiempo. Mas reina especialmente sobre aquella parte de la Iglesia que está perseguida y oprimida, dándole fortaleza para soportar las contrariedades, constancia para no ceder a injustas presiones…luz para no caer en las asechanzas del enemigo… firmeza para resistir a los ataques manifiestos y en todo momento fidelidad inquebrantable a tu Reino. 

Reina sobre las inteligencias, a fin de que busquen solamente la verdad… sobre las voluntades, a fin de que persigan solamente el bien… sobre los corazones a fin de que amen únicamente lo que tu misma amas .


Reina sobre los individuos y sobre las familias, al igual que sobre las sociedades y naciones… sobre las asambleas de los poderosos, sobre los consejos de los sabios, lo mismo que sobre las sencillas aspiraciones de los humildes.


Reina en las calles y en las plazas, en las ciudades y en las aldeas, en los valles y en las montañas, en el aire, en la tierra y en el mar… y recibe la piadosa plegaria de cuantos saben que tu reino es reino de misericordia, donde toda súplica encuentra acogida, todo dolor consuelo, toda desgracia alivio, toda enfermedad salud, y donde, como a una simple señal de tus suavísimas manos, de la muerte misma brota alegre vida.


Alcánzanos que quienes ahora te aclamamos en todas partes del mundo y te reconocen como Reina y Señora, para que podamos un día en el cielo gozar de la plenitud de tu Hijo divino, el cual con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos . Amén".