viernes, 24 de noviembre de 2017

SAN BERNARDO : INVOCA A MARÍA


Si se levanta la tempestad de las tentaciones, si caes en el escollo de las tristezas, eleva tus ojos a la Estrella del Mar: invoca a María!.
Si te golpean las olas de la soberbia, de la maledicencia, de la envidia, mira a la estella, invoca a María!

Si la cólera, la avaricia, la sensualidad de tus sentidos quieren hundir la barca de tu espíritu, que tus ojos vayan a esa estrella: invoca a María! 

Si ante el recuerdo desconsolador de tus muchos pecados y de la severidad de Dios, te sientes ir hacia el abismo del desaliento o de la desesperación, lánzale una mirada a la estrella, e invoca a la Madre de Dios. 

En medio de tus peligros, de tus angustia, de tus dudas, piensa en María, invoca a María! 

El pensar en Ella y el invocarla, sean dos cosas que no se parten nunca ni de tu corazón ni de tus labios. Y para estar más seguro de su protección no te olvides de imitar sus ejemplos. Siguiéndola no te pierdes en el camino! 

¡Implorándola no te desesperarás! ¡Pensando en Ella no te descarriarás!Si Ella te tiene de la mano no te puedes hundir.

Bajo su manto nada hay que temer.¡Bajo su guía no habrá cansancio, y con su favor llegarás felizmente al Puerto de la Patria Celestial

! Amén!!

jueves, 23 de noviembre de 2017

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO: ANTE EL NOMBRE DE MARÍA, TIEMBLAN LOS DEMONIOS

María tiene poder para defender a los que la invocan en las tentaciones del demonio


No sólo María santísima es reina del cielo y de los santos, sino que también ella tiene imperio sobre el infierno y los demonios por haberlos derrotado valientemente con su poder. Ya desde el principio de la Humanidad, Dios predijo a la serpiente infernal la victoria y el dominio que había de ejercer sobre él nuestra reina al anunciar que vendría al mundo una mujer que lo vencería: "Pondré enemistades entre ti y la mujer... Ella quebrantará tu cabeza" (Gn 3,15). ¿Y quién fue esta mujer su enemiga sino María, que con su preciosa humildad y vida santísima siempre venció y abatió su poder? "En aquella mujer fue prometida la Madre de nuestro Señor Jesucristo", dice san Cipriano. Y por eso argumenta que Dios no dijo "pongo", sino "pondré", para que no se pensara que se refería a Eva. Dice pondré enemistad entre ti y la mujer para demostrar que esta triunfadora de Satán no era la Eva allí presente, sino que debía de ser otra mujer hija suya que había de proporcionar a nuestros primeros padres mayor bien, dice san Vicente Ferrer, que aquellos de que nos habían privado al cometer el pecado original. María es, pues, esa mujer grandiosa y fuerte que ha vencido al demonio y le ha aplastado la cabeza abatiendo su soberbia, como lo dijo Dios: "Ella quebrantará tu cabeza". Cuestionan algunos si estas palabras se refieren a María o a Jesucristo, porque los Setenta traducen: "El quebrantará tu cabeza". Pero en cualquier caso, sea el Hijo por medio de la Madre o la Madre por virtud del Hijo, han desbaratado a Lucifer y, con gran despecho suyo, ha quedado aplastado y abatido por esta Virgen bendita, como dice san Bernardo. Por lo cual vencido en la batalla, como esclavo, se ve forzado a obedecer las órdenes de esta reina. "Bajo los pies de María, aplastado y triturado, sufre absoluta servidumbre". Dice san Bruno que Eva, al dejarse vencer de la serpiente nos acarreó tinieblas y muerte; pero la santísima Virgen, venciendo al demonio nos trajo la luz y la vida. Y lo amarró de modo que el enemigo no puede ni moverse ni hacer el menor mal a sus devotos.

Hermosa es la explicación que da Ricardo de San Lorenzo de aquellas palabras de los Proverbios: "En ella confía el corazón de su marido que no tendrá necesidad de botín" (Pr 31,11), y dice: "Confía en ella el corazón de su esposo, es decir, Cristo; y es que ella enriquece a su esposo con los despojos que le quita al diablo". "Dios ha confiado a María el corazón de Jesús a fin de que ella corra con el cuidado de hacerlo amar de los hombres". Así lo explica Cornelio a Lápide. Y de ese modo no le faltarán despojos, es decir, almas rescatadas que ella le consigue despojando al infierno, salvándolas de los demonios con su potente ayuda.

Ya se sabe que la palma es señal de la victoria; por eso nuestra reina está colocada en excelso trono a vista de todas las potestades como palma signo de victoria segura, que es lo que se pueden prometer todos los que se colocan bajo su amparo. "Extendí mis ramos como palma de Cadés" (Ecclo 24,18), es decir, para defender, como añade san Alberto Magno. "Hijos, parece decirnos María, cuando os asalta el enemigo recurrid a mí, miradme y confiad, porque en mí que os defiendo veréis también lograda vuestra victoria". Y es que recurrir a María es el medio segurísimo para vencer todas las asechanzas del infierno, porque ella, dice san Bernardino de Siena, tiene señorío sobre los demonios y el infierno, a quienes domeña y abate. Que por eso María es llamada terrible contra las potestades infernales como ejército bien disciplinado. "Terrible como ejército en orden de batalla" (Ct 6,3), porque sabe combinar muy bien su poder, su misericordia y sus plegarias para confundir a sus enemigos y en beneficio de sus devotos, que en las tentaciones invocan su potente socorro.

"Yo, como la vid, di frutos de suave aroma" (Ecclo 24,23). "Yo, como la vid -le hace decir el Espíritu Santo-, he dado frutos de suave fragancia". "Dicen -explica san Bernardo referente a este pasaje- que al florecer las viñas se ahuyentan los reptiles venenosos". Así también tienen que huir los demonios de las almas afortunadas que tienen aromas de la devoción de María. También por esto María es llamada "cedro": "Como cedro me he elevado en el Líbano" (Ecclo 24,17). No sólo porque así como el cedro es incorruptible, así María no sufrió la corrupción del pecado, sino también porque, como dice el cardenal Hugo a este respecto, como el cedro con su penetrante olor ahuyenta a las serpientes, así María con su santidad pone en fuga a los demonios.

En Israel, por medio del arca se ganaban las batallas. Así vencía Moisés a sus enemigos. "Al tiempo de elevar el arca decía Moisés: Levántate, Señor, y que sean dispersados tus enemigos" (Nm 10,35). Así fue conquistada Jericó, así fueron derrotados los filisteos. "Allí estaba el arca de Dios" (1Sm 14,18). Ya es sabido que el arca fue figura de María. "El arca que contenía el maná, o sea, Cristo, es la santísima Virgen que consigue la victoria sobre los malvados y los demonios". Y como en el arca se encontraba el maná, así en María se encuentra Jesús, del que igualmente fue figura el maná, por medio de este arca se obtiene la victoria sobre los enemigos de la tierra y del infierno. Por eso dice san Bernardino de Siena que cuando María, arca del Nuevo Testamento, fue elevada a ser reina del cielo, quedó muy débil y abatido el poderío del demonio sobre los hombres.

"¡Cómo tiemblan ante María y su nombre poderosísimo los demonios en el infierno!", exclama san Buenaventura. El santo compara a estos enemigos con aquellos de los que habla Job: "Fuerzan de noche las casas... y si los sorprende la aurora la ven como las sombras de la muerte" (Jb 24,16-17). Los ladrones van a robar las casas de noche; pero si en eso les sorprende la aurora, huyen como si se les apareciera la sombra de la muerte. Lo mismo, dice san Buenaventura, sucede cuando los demonios entran en un alma si ésta se encuentra espiritualmente a oscuras. Pero en cuanto al alma le viene la gracia y la misericordia de María, esta hermosa aurora disipa las tinieblas y pone en huida a los enemigos infernales como se huye de la muerte. ¡Bienaventurado el que siempre, en las batallas con el infierno, invoca el hermosísimo nombre de María!

Dios reveló a santa Brígida que ha concedido tan gran poder a María para vencer a los demonios, que cuantas veces asaltan a un devoto de la Virgen que pide su ayuda, a la menor señal suya huyen despavoridos, prefiriendo que se le multipliquen los tormentos del infierno a verse dominados por el poder de María.

"Como lirio entre espinas, así es mi amiga entre las vírgenes" (Ct 2,2). Comentando estas palabras en que el esposo divino alaba a su amada esposa cuando la compara con la azucena entre espinas, que así es su amada entre todas, reflexiona Cornelio a Lápide y dice: "Así como la azucena es remedio contra las serpientes y sus venenos, así invocar a María es remedio especialísimo para vencer todas las tentaciones, sobre todo las de impureza, como lo comprueban quienes lo practican".

Decía san Juan Damasceno: "Oh Madre de Dios, teniendo una confianza invencible en ti, me salvaré. Perseguiré a mis enemigos teniendo por escudo tu protección y tu omnipotente auxilio". Lo mismo puede decir cada uno de nosotros que gozamos la dicha de ser los siervos de esta gran reina: Oh Madre de Dios, si espero en ti jamás seré vencido, porque defendido por ti perseguiré a mis enemigos, y oponiéndoles como escudo tu protección y tu auxilio omnipotente, los venceré. El monje Jacobo, doctor entre los padres griegos, hablando de María con el Señor, así le dice: "Tu, Señor mio, me has dado esta Madre como un arma potentísima para vencer infaliblemente a todos mis enemigos".

Se lee en el Antiguo Testamento que el Señor, desde Egipto hasta la tierra de promisión, guiaba a su pueblo durante el día con una nube en forma de columna, y por la noche con una columna de fuego (Ex 13,21). En esta nube en forma de columna y en esta columna en forma de fuego, dice Ricardo de San Lorenzo, está figurada María y sus dos oficios que ejercita constantemente para nuestro bien; como nube nos protege de los ardores de la divina justicia, y como fuego nos protege de los demonios. Es ella como columna de fuego, afirma el santo, porque como la cera se derrite ante el fuego, así los demonios pierden sus fuerzas ante el alma que con frecuencia se encomienda a María y trata devotamente de imitarla.

"¡Cómo tiemblan los demonios -afirma san Bernardo- con sólo oír el nombre de María!" "Al nombre de María se dobla toda rodilla. Y los demonios no solo temen, sino que al oír esta voz se estremecen de terror". "Así como los hombres -dice Tomás de Kempis- caen por tierra espantados cuando oyen el estampido de un trueno cercano, así caen derribados los demonios cuando oyen que se nombra a María". ¡Qué maravillosas victorias han obtenido sobre sus enemigos los devotos de María con sólo invocar su nombre! Así lo venció san Antonio de Padua; así el beato Enrique Susón; así tantos otros amantes de María. Refieren las relaciones de las misiones del Japón que a un cristiano se le presentaron muchos demonios en forma de animales feroces para amenazarlo y espantarlo, pero él les dijo: "No tengo armas con que asustaros; si lo permite el Altísimo, haced de mí lo que os plazca. Pero, eso sí, tengo en mi defensa los dulcísimos nombres de Jesús y de María". Apenas dijo esto cuando a la voz de estos nombres tremendos se abrió la tierra y se tragó a los espíritus soberbios. San Anselmo asegura con su experiencia haber visto y conocido a muchos que al nombrar a María se habían visto libres de los peligros.

"Glorioso y admirable es tu nombre, ¡oh María! -exclama san Buenaventura-. Los que lo pronuncian en la hora de la muerte no temen, pues los demonios, al oírlo, al punto dejan tranquila el alma". Muy glorioso y admirable es tu nombre, oh María; los que se acuerdan de pronunciarlo en la hora de la muerte no tienen ningún miedo al infierno, porque los demonios, en cuanto oyen que se nombra a María, al instante dejan en paz a esa alma. Y añade el santo que no temen tanto en la tierra los enemigos a un gran ejército bien armado, como las potestades del infierno al nombre de María y a su protección. "Tú, Señora -dice san Germán-, con la sola invocación de tu nombre potentísimo aseguras a tus siervos contra todos los asaltos del enemigo". ¡Ah! Si las criaturas tuvieran cuidado de invocar el nombre de María con toda confianza, en las tentaciones, ciertamente, nunca caerían. Sí, porque como dice el beato Alano, al oír este sublime nombre huye el demonio y se estremece el infierno. "Satán huye y tiembla el infierno cuando digo: Ave María". También reveló la misma reina a santa Brígida que hasta de los pecadores más perdidos y más alejados de Dios y más poseídos del demonio huye enseguida el enemigo en cuanto siente que ellos invocan en su ayuda con verdadera voluntad de enmendarse el poderosísimo nombre de ella. Pero añadió la Virgen que los demonios, si el alma no se enmienda y no arroja de sí el pecado con la contrición, pronto retornan y siguen poseyéndola.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: PONERLOS DELANTE DE JESÚS


Y el poder del Señor lo impulsaba a curar. Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo:

-«Hombre, tus pecados están perdonados.»

Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar:

-«¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados -dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.»
El, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios.
Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor:
-«Hoy hemos visto cosas admirables.»

Jesús manifiesta una potestad que los jefes religiosos consideran escandalosa, y que califican de blasfemia. Él se presenta perdonando los pecados. Ha venido para destruir el pecado , pero no al pecador, para éste trae la  liberación. Su presencia hace exclamar a algunos " hoy hemos visto cosas admirables". Allí donde  está el Señor, siempre hay " cosas admirables".

Qué contraste! Sus palabras y obras llenan de admiración o escandalizan, suscitando la pregunta central a la que no podemos renunciar: quién es éste? Ésta  es  también hoy la interrogante central. La Iglesia manifiesta siempre la pretensión de Jesús de perdonar los pecados y ejerce en su nombre esta potestad.

San Cirilo comenta : "Oh fariseos, vosotros decís: ¿quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios? Os respondo: ¿Quién puede conocer los secretos del corazón, sino sólo Dios? El dice por medio de sus profetas ( Jer 17,10). "Yo soy el Señor, que escudriña los corazones y reconozco las entrañas".

Qué buscan? Quieren ponerlo "delante de Jesús". El texto narra la curación del paralítico, los hombres que lo cargan saben perfectamente lo que quieren, y aunque se presentan obstáculos, los irán sorteando. Al llegar al lugar encuentran que hay mucha gente, y se hace imposible acceder a la casa, donde se encuentra Jesús, con el enfermo en su lecho, entonces deciden subirlo por el techo y descolgarlo.

Orar por los enfermos siempre será: " ponerlos delante de  Jesús", los que llevan al enfermo tienen fe, del enfermo lo desconocemos, ellos intercederán con esta acción delante del Señor.  La Iglesia siempre llevará a la humanidad doliente delante del médico de los cuerpos y almas.

Nosotros somos invitados a llevar a los hombres a Jesús, hoy el hombre moderno sufre  diversas postraciones,   de las que necesita liberarse, y aunque lo intenta evadiéndose, en le silencio de la noche experimenta la imposibilidad de darse a sí mismo la salud que necesita. Y busca, sin mucho horizonte, en distintas realidades la liberación, y experimenta la mentira, el engaño, el fraude y la desconfianza. Y el Señor que lo atrae en su búsqueda, necesita de los creyentes para que lo " pongan delante de Él". Podría hacerlo sin nosotros, y seguramente lo hace, pero también quiere hacerlo con nosotros. Estás dispuesto, te animas ?

Dice  san Ambrosio:" Grande es el Señor que, por los méritos de unos, perdona a otros; y mientras prueba a unos, perdona a otros sus errores? Cómo  puede suceder, respecto de ti, que eres hombre, que tu compañero no tenga valimiento, cuando respecto de Dios, un simple esclavo tiene derecho de presentar sus méritos, y alcanzar el perdón? Si desconfías del perdón de tus graves pecados, encomiéndate a las oraciones de otros, acude a la Iglesia para que rueguen por ti, a fin de que el Señor te perdone por sus méritos lo que pudiera negarte a ti."

"Cosas admirables" obra el Señor en muchos enfermos restituyéndoles la salud física, pero mayor es el milagro de la fe, por el que sana las almas liberándolas de tantas formas de postración que produce el mal. "Cosas admirables ".veremos si nos comprometemos a llevar a los hombres "delante del Señor".

martes, 21 de noviembre de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: ¿ERES TÚ REY?



Jesucristo rey del Universo! La liturgia concluye su año con la celebración de Cristo Rey, testificando la orientación de la Creación y la historia, que se  encaminan, como lo indica la Escritura de modo concluyente, a ponerse bajo la  realeza de Cristo: “Rey de reyes y Señor de señores”.

Cabe preguntarse si su realeza será una realidad únicamente escatológica? La "modernidad" detesta a los reyes. Debemos silenciar los aspectos esenciales de ésta celebración debido al mal ejemplo de los reyes de este mundo?

Los creyentes “gustan” servir a  su  Señor, viven y experimentan en la fe el misterio de su realeza. A pesar de las contrariedades propias de lo contingente, y de las debilidades pecaminosas de sus seguidores, Cristo reina,  y ciertamente, “su reino no tendrá fin”.

Pilato inquieto y preocupado, como tantos personajes actuales, le interroga acerca del Reino y su realeza. Y siendo que lo ve maltrecho, se desborda de curiosidad malsana. “Eres tú Rey?”(Jn 18,38). La realeza de Cristo comienza en el corazón del hombre. La pretensión de Cristo se introduce en la aparente contrariedad, no resuelta en el corazón de Pilato y en el de tantos hombres,que ejercen cargos de responsabilidad pública y se escandalizan con el modo que Cristo tiene de ejercer su reinado. 

Dice San Agustín: “Así el reino, que no era de este mundo, triunfaba del mundo soberbio, no luchando violentamente, sino sufriendo con humildad”. Habiendo probado que su reino no es de este mundo, añadió: "Ahora, pues, mi reino no es de aquí". No dice: No está aquí, porque aquí está su reino hasta el fin de los tiempos, conteniendo dentro de sí la mala yerba mezclada con el trigo hasta la siega; pero, sin embargo, no es de aquí, sino que peregrina en este mundo. 

Y añade San Juan Crisóstomo: “Pero aunque dice: "Mi reino no es de aquí", no priva al mundo de su providencia y de su gobierno, sino que quiere demostrar solamente que su reino no es humano ni perecedero.”

“Para esto he venido”(Jn 18,37). Expresión clara, terminante y tarea apremiante e inequívoca para su Iglesia. Ayudar a descubrir al Rey, que quiere reinar en el  corazón de todos los hombres. Si los cristianos viven ésta verdad, buscarán que pueda vivirse en las familias. Un reinado personal y familiar que tiende a propagarse socialmente, como a modo de círculos concéntricos, desde la realidad más interior a la más exterior. En nuestras casas, escuelas y realidades sociales.

No se debe avasallar a los que no creen, ni silenciar a Jesús, y el deseo que tiene de reinar en las almas, familias y sociedades. Aquí, no está en juego una estrategia pastoral, o un poder real o político al estilo de los poderes de este mundo. Está en juego la Verdad, la única que existe sobre el hombre, el mundo, su vocación y destino último.

Está clara la pretensión, no de ser un rey más, que descansa en el mausoleo de la historia, de los que se conservan algunos objetos que utilizó en el museo de la ciudad. Jesucristo es el Rey, y “su reino no tendrá fin”.
Concluyamos con San Agustín:

“¡Oh inefable poder de Dios, aun en los corazones de los que no le conocen! Esto no puede llamarse sino una voz secreta que silenciosamente resonaba en el alma de Pilato, repitiendo lo que tanto tiempo antes estaba escrito en los salmos: "No alteres el título de la inscripción". Pero, ¿qué decís, insensatos Pontífices? ¿Acaso no es esto una prueba de la verdad, de lo que Jesús dice: ¿Yo soy el rey de los judíos? ¿Si no puede corregirse lo que Pilato ha dicho, podrá alterarse lo que dijo la verdad? Si Pilato ha escrito lo que ha escrito, es porque el Señor ha dicho lo que ha dicho.” Bendito y alabado sea Jesucristo Rey del Universo!

RP.HORACIO BOJORGE: VIVA CRISTO REY!!!


  Que Dios sea el Rey del universo no es ninguna novedad. Puesto que Él lo ha Creado y es todopoderoso, y todos los reyes están en la palma de su mano y hace con ellos lo que quiere.

            Lo grande, lo misterioso de esta fiesta es que Dios ha querido ser Rey del Universo como Hombre. Que el Rey del Universo es un Hombre como nosotros. Y que por lo tanto, uno de nuestra naturaleza y de nuestra raza es Soberano, Rey y Señor del Universo.

            Esto resulta por demás novedoso y sorprendente cuando medimos la distancia que hay entre la pequeñez de un hombre y la fugacidad de su vida sobre la tierra por un lado y la grandeza y duración del universo por el otro.

            En estos días hemos meditado sobre la grandeza y duración del universo. La luz viaja a 300.000 Kms./seg. Nos llega desde el Sol en 8 minutos y algo. Desde la otra estrella más cercana, Alfa del Centauro, en 30 años/luz. En ir y volver de ella a caballo de un rayo de luz se nos irían 60 años de vida. Las demás estrellas, serían inalcanzables en una vida humana. Las dimensiones y duración de estrellas y galaxias, es inimaginable. )Quién puede imaginar lo que son, tanto como duración cuanto como distancia, 360 millones de años luz? A esa distancia y después de ese tiempo, podemos ver hoy la explosión de una Galaxia. Estamos algo atrasados de noticias.

            Esa inmensidad nos habla de la Grandeza, del Poder y de la Eternidad del Verbo Creador de Dios. Dijo y fueron hechas. El Universo, la Creación, en su grandeza, o en la estructura atómica de la materia, o en la perfección de la organización de un ser viviente y del equilibrio ecológico en el jardín Tierra... Todo eso es como un Dedo que señala hacia el Creador. Como un signo que nos habla de Él. El Hombre es el único ser material capaz de entender lo que ese dedo apunta y lo que ese signo significa. El único ser material que puede no sólo conocer sino hablar con ese Ser Creador y dirigirse a él en la Oración, la Alabanza y la Súplica. Y sin embargo muchos hombres, mirando ese dedo, están como el perro bobo, al que se le señala la pieza y se queda mirando el dedo. Pienso en algunos programas científicos de Quality o Infinito, o del National Geographic...

            Hay una misteriosa resistencia en no querer ser únicos en el universo. Hay como una desesperada búsqueda de otras creaturas que nos releven del privilegio de ser los únicos seres inteligentes y capaces de conocer a Dios. Un inmenso campo de antenas ausculta el cielo tratando de captar alguna voz de una creatura inteligente. En treinta años o más de escucha, nada se ha oído. Mientras tanto, Dios ha hablado por medio de su Hijo, aquí en la tierra... Y: )Quién ha escuchado nuestra voz?

            En la intención de Dios, el Hombre tenía que ser el Ser capaz de conocerlo y escuchar su voz, capaz de dialogar con él y amarlo. El hombre tenía que ser el diputado de la materia, ciega, muda, inerte, tonta, que la pusiera en vibración con el canto del gloria. Sin nuestra alabanza, el universo material entero estaría mudo. Es cierto que los ángeles cantan, pero ellos no pertenecen al mundo material, como nosotros. No pueden representarlo, ni su alabanza pone en movimiento porciones de materia. Nuestro cuerpo, en cambio, es como un instrumento musical, en donde nuestro espíritu hace resonar y pone en vibración acordes materiales que se expanden como ondas hacia el infinito. Así como la luz de las estrellas nos llega como un hilo de luz desde distancias inimaginables, la voz de nuestra alabanza llega a los rincones inalcanzables del cosmos y viajará, seguirá viajando por el universo aún después de haber nosotros dejado esta morada terrenal y haber llegado a la patria futura. Y como un eco que se repite chocando en los muros lejanísimos del Universo, nuestro canto de alabanza seguirá resonando y repitiéndose como un eco, de esos que se multiplica, reflejado en una pieza de espejos, centuplicándose por los siglos de los siglos y poniendo en vibración toda la materia. (Oh efecto inimaginable de nuestra débil voz humana con la que hemos hecho vibrar, como caja de resonancia, este cuerpo mortal, y contagiado desde él con su vibración, al universo entero! Este cuerpo que no está hecho para la lujuria, sino para ser caja de resonancia del himno de Su Gloria. (Por Él, con Él y en Él... !

            Sin nuestra alabanza, el Universo entero estaría mudo. Date cuenta (oh Hombre! de tu dignidad. Eres el diputado de la materia para conocer, reconocer, amar, alabar y proclamar con todo tu cuerpo la Gloria del Creador. Eres como un Angel de la Materia inanimada. Y el universo inmenso y duradero se dice en tu voz débil y efímera, se dice como himno de Gloria. Es en tu voz, donde "los cielos proclaman la Gloria de Dios".

            Todo tu ser está en intercambio de comunión con la materia, por la respiración, por la alimentación, hasta por la corrupción de la muerte. Amasado de tierra, eres la única porción de tierra que está animada de un soplo divino. Y por eso llamado a ser soberano del Universo: su Rey.

            (Qué lógica conexión existe entre el misterio de la Encarnación al que nos introducirá el inminente próximo adviento y este misterio del Reino de Jesús sobre el Universo, material y humano! Por la Encarnación, el Dios-Rey-divino instaura el reino del Dios-Rey-humano.

            En Jesús, Hombre verdadero, se realiza el designio del Comienzo, frustrado por el pecado de Adán. El Hombre llega a ser en Jesús el Cristo, Rey del Universo, como el Padre quería.

            Ese Hombre reina por el Amor. Su reino es de amor. Por eso no se impone sobre los que dicen: No queremos que reine sobre nosotros. (Y cuántos son hoy los hombres que lo dicen! (Toda nuestra cultura actual! Nuestra cultura apóstata se ha venido sacudiendo a Dios como un yugo. Lo sacó de sus escuelas, de sus universidades, de su historia y de su filosofía, de sus leyes, de sus gobiernos, de sus costumbres, de sus conversaciones, de sus signos y símbolos, de su lenguaje... No quiere ningún signo exterior que se lo recuerde... No quiere, tampoco y mucho menos, que le digamos que, sin embargo: Él está ahí... Y es Rey. Y que lo es no como el Dios deísta sino como el Hombre Jesús, Verbo hecho carne.

            Esta cultura moderna y postmoderna es la que quiere establecer frente al Reino de Cristo, otro Reino. El Reino del Hombre endiosado en lugar de Cristo. Esta es la cultura del Anti-Cristo. Parodia del Reino de Cristo.

            Pero Cristo Reina. No hemos de temer. El Señor ha entronizado a su Rey en Sion su Monte Santo. )Por qué se confabulan las naciones y los reyes murmuran contra el Señor y su Rey? Rompamos su coyunda, sacudamos su yugo.El Señor desde el cielo sonríe, El Señor se burla de ellos, los quebranta como vasos de barro con su cetro de hierro (Salmo 2).

            Mi corazón espera el día en que veré otra Humanidad. Una Humanidad distinta a ésta dentro de la cual me tocó vivir en mi efímera vida mortal. Aquella Humanidad sentirá lo que se adelantan a profetizar en mi corazón el Espíritu y la Esposa: enjuiciará estos siglos y llorará el error de los hombres de esta cultura. Desde lo más hondo de su corazón lanzará la oración de su profundo anhelo: (Ven Señor Jesús! (Ven Rey del Universo! Ven a reinar sobre nosotros como has reinado dentro de nosotros en tus fieles! (Qué necios fueron nuestros antepasados que no quisieron que Tú los gobernaras con tu yugo suave y tu carga ligera! (Ellos! (que no podían ni siquiera gobernarse a sí mismo y dominar sus pasiones! (Ellos a los que tiranizaban los caprichos de su corazón! (Ellos pensaron que podían gobernarse a sí mismos y gobernar a otros, e incluso gobernar el mundo, instalando el Reino del Hombre sobre el Hombre! Así fue como instalaron la tiranía mentirosa del Anticristo para destronarte a Ti y arrebatarte el Reino que te ha dado el Padre!

            Nosotros hemos conocido ese reino atroz. Ya no creemos en ese ídolo, en esas ideologías 'cristianas' que quisieron suplantar a Jesús el Cristo haciéndolo manipulable por el Hombre. Nosotros somos los desengañados de las ideologías del Anti-Cristo, del Anti-Jesús. Del Antifaz fraudulento. (Ven Tú, Señor, ven en persona a reinar sobre nosotros, pues nosotros reconocemos el poder y el honor y la gloria que te ha dado el Padre para siempre! (Nosotros reconocemos que somos tu herencia y la porción de tu heredad para siempre!
           
            Muchísimos mártires del siglo veinte murieron gritando ¡viva Cristo Rey! No era una consigna, no era un programa, no era un lema. Nadie puede prever lo que dirá en esa hora. Quizás el que premedite frases heroicas sólo atine a implorar ¡no me maten!

            El grito de ¡Viva Cristo Rey!, por lo tanto, no es un grito humano. Es un don, una gracia del Espíritu Santo que lo proclama en Espíritu y en Verdad a través de la boca de los mejores hijos del Padre celestial, sacrificados como Corderos inocentes. Por su boca, es el Espíritu Santo quien lo grita a un mundo que no quiere que Cristo reine sobre ellos.

Yo sueño en ese día en que Jesús será aclamado y elegido por unanimidad (por lo menos por mayoría absoluta, porque la generación perversa e incrédula no pasará antes de su venida). Ese día, el Reino que le ha dado el Padre será reconocido y convalidado desde abajo, por todos los redimidos, como lo es ahora por nosotros. Y ese día el Padre verá a la Humanidad que creó y redimió con la sangre de su Hijo y verá "que es buena" como me consuela a mí imaginándola, y la bendecirá.

lunes, 20 de noviembre de 2017

IGNACE DE LA POTTERIE S.J: EL PRINCIPE DE ESTE MUNDO EN SAN JUAN


La existencia de demonio.El tema es muy actual, pero, como recordaba el padre Amorth, hay muchos que incluso dentro de la Iglesia no creen en la existencia del Diablo. Son muchos los exégetas que hasta definen la existencia del Demonio «un problema superado». Hace años un exégeta alemán, Hubert Haag, publicó un libro con un título significativo: Adiós al Diablo.

Para comprender mejor el "problema" de la existencia del Demonio, vale la pena examinar cómo habla Juan, el apóstol predilecto de Jesús, de Satanás. Veamos sus diferentes escritos: el Evangelio, las Cartas, el Apocalipsis.

Lo que caracteriza al Evangelio de Juan es que su teología es fundamentalmente una cristología: el Verbo se hizo hombre, y encuentra en esta tierra los poderes del Mal. En sus varios textos, Juan da cuatro nombres a este Mal personal: «el Diabio», «el Maligno, «el Príncipe de este mundo», «Satanás».

El tercer título demuestra que el mundo, lugar donde trabaja el Diablo, prácticamente está invadido por este poder oculto.

Comencemos a examinar el Evangelio de Juan. En el capítulo 8, versículo 44, hallamos un versículo, "El Diablo es homicida desde el principio", que se repite en las epístolas (cf. 1 Jn 3,8). Lo que nos envía al Génesis, aludiendo al pecado cometido en el jardín del Edén y luego al asesinato de Caín. Según san Juan, a Caín le empujó "algo" o "alguien". Como la "serpiente" empujó a Eva y Adán. En el Antiguo Testamento (Sabiduría 2, 24) se lee: «Por envidia del Diablo entró la muerte en el mundo». La misma explicación que da en Juan (1 Jn 3, 12).

Luego, cuando Juan narra la vida de Cristo, señala más de una vez que su antagonista principal es «el Príncipe de este mundo». Hay tres textos muy sugestivos. Juan en su Evangelio (12, 30-3 l), narrando el fin de la vida pública de Cristo, escribe: «Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será arrojado fuera». Jesús sabe que le matarán "representantes de Diablo" y que está llegando el enfrentamiento decisivo. Más adelante (Jn 14, 30) -se lee: «Viene el Príncipe de este mundo, que en mí no tiene nada». Tendrá un poder breve sólo durante el periodo de la Pasión. Luego, será derrotado. Tanto es así que durante la última cena Jesús tranquiliza a sus amigos: «Confiad: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). Arroja al Príncipe de este mundo fuera de su dominio. Con la Resurrección queda derrotado el poder del Diablo.

Pero el párrafo más elaborado de todo el cuarto Evangelio relativo al poder del Maligno se halla en el capítulo 8, versículos 43-44. En el gran debate entre Jesús y los judíos en el templo de Jerusalén, Cristo dice: «¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra. Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en él. Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira». Al estar completamente cerrado a la verdad no hay ningún rayo de luz que penetre en él. Como le describe Dante (Divina Comedia, "infierno" 34, 28-29), a diferencia de la iconografía anterior, el Diablo está hundido en el hielo, no en el fuego, porque el frío (mejor que el calor) da idea de un ser ensimismado, encerrado en el hielo de la ausencia de relaciones con lo externo, con la realidad con Dios.

Para Juan la verdad es un hecho histórico, un acontecimiento, un evento de revelación. Al contrario del Diablo que habla de lo suyo propio, Jesucristo no hace nada por sí mismo: trae al mundo la verdad, el designio de Otro, de Dios su Padre. Y cumple su tarea a través de la Revelación de sí mismo, como Hijo Unigénito de Dios, revelando de este modo el proyecto salvífico del Padre. El Diablo en cambio, está completamente encerrado en sí mismo. Por esto"la verdad no estaba en él". Es la oscuridad total. Y Juan lo llama "Padre de la mentira".
Un personaje que represanta casi físicamente al Diablo es Judas. Jesús aludiendo al traidor (Jn 6,70) dice: "¿No he elegido yo a doce? Y uno de vosotros es un diablo".

En el evangelio de Juan es "demonizado" (Jn 13,1-3) quien se opone a Cristo, ya sean sus compatriotas que no le reconocen o Judas que lo traiciona. Judas es la "encarnación " del Diablo presente en el mundo para obstaculizar al Hijo de Dios.

Como narra durante la última cena, Jesús viene del Padre y vuelve al Padre. Justamente en este movimiento interviene el Diablo: Judas. "Tomando el bocado, se salió luego; era de noche" (Jn 13,30) Como comenta S. Agustín, Judas mismo era la noche. La oscuridad. El Diablo.

Veamos ahora las Epístolas. En su primera carta la más larga, Juan (3,10) dice que la Iglesia está formada " por hijos de Dios e hijos del diablo". Pero los representantes de los hijos del diablo son los anticristos" Es un término acuñado por Juan (3,4-8). El pecado por excelencia, el de los anticristos, es ir contra Jesucristo. Renegar de Jesucristo es diabólico. "habéis vencido al Maligno"" recuerda Juan a los fieles de Jesús (1 Jn 2,14). "La victoria que ha vencido al mundo es nuestra fe" (1 Jn 5,4).

También en el Apocalipsis, en fin, aparece el Demonio. Juan nos presenta a dos de las siete iglesias del Apocalipsis como el lugar donde está presente Satanás. La Iglesia de Esmirna es la sinagoga de Satán (2,9), en la Iglesia de Pérgamo está el trono de Satán (2,13). El Diablo desencadena una lucha en todo el mundo, persigue a la Mujer, que representa a la Iglesia, y también a María, la madre de Jesús (12,1-7). Pero es derrotado. Al final "la serpiente antigua, que es el diablo, Satanás[...] es arrojada en el abismo"( 20,2-3).El tiempo se concluye; es el triunfo definitivo de Cristo y de su Iglesia. Aparece el Hijo del hombre y la esposa del Cordero en la Jerusalén celeste que baja del cielo; es el cielo nuevo y la nueva tierra.

El Diablo, que era Príncipe de este mundo, ha perdido definitivamente su dominio. Lo ha tenido que ceder al Cordero, "El Señor de señores y Rey de reyes" (17,14); él es el verdadero Señor de este mundo, aquel por el que el mundo había sido creado.

JOHN HENRY NEWMAN : MARÍA ES LA VIRGEN PODEROSA

Este gran universo, que contemplamos día y noche, al cual llamamos mundo natural,está gobernado por leyes fijas que su Creador le ha dado, y por medio de esas leyes maravillosas está defendido de cualquier degeneración sustancial. 

 Puede ocurrir que una parte de este mundo se rebele contra otra, puede también suceder que se produzcan en él cambios internos, pero,visto en su conjunto, está constituido así para durar indefinidamente. Por eso, el salmista dice:" Ha establecido el mundo, que jamás será quebrantado". 

Así es el mundo de la naturaleza; pero existe otro mundo todavía más maravilloso. Existe una fuerza,un poder, que cambia y domina este mundo visible, que suspende y altera sus leyes; es el mundo de los ángeles y de los santos, de la Iglesia Santa y de sus hijos; y el arma de la que se vale para dominar esas leyes es el poder de la oración.

 Por medio de la oración se puede hacer todo lo que de manera natural es imposible. Noé oro, y Dios dijo que nunca habría otro diluvio que anegase la raza humana. Moisés oro, y entonces cayeron sobre la tierra de Egipto las diez plagas. Josué oró, y el sol se detuvo en su camino. Samuel oró, y retumbó el trueno y la lluvia cayó en los campos de trigo.Eliseo oró, y cayó fuego del cielo. Eliseo oró, y el muerto volvió a la vida. Ezequías oró, y el numeroso ejercito de los Asirios fue derrotado y pereció. 

Por eso la Santísima Virgen es llamada Poderosa, y a veces también todo-poderosa, porque posee, más que nadie, más que todos los ángeles, más que todos los santos, este grande y poderoso don de la oración. Nadie hay que tenga el acceso al Todopoderoso que tiene su Madre; nadie tiene tanto mérito como Ella. Su Hijo no puede negarle nada de lo que Ella le pida; de ahí le viene el poder que Ella tiene.

Siendo Ella defensora de la Iglesia,  ni lo de arriba ni lo de abajo, ni hombres ni espíritus, ni grandes monarcas, ni las malas intenciones, ni la violencia de los inadaptados, pueden llegar a hacernos daño; la vida humana es corta, pero María Reina en lo alto: es Reina para siempre .

JULIO ALONSO AMPUERO: DONES Y CARISMAS (Hechos de los Apóstoles)

En este mismo sentido hemos de entender los diversos dones y carismas que aparecen en el libro de los Hechos. Con ellos el Señor sostiene y conforta –de manera evidente y sobrehumana– a una Iglesia empeñada en la misión –también sobrehumana– de llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra.

Ya hemos hablado de los milagros de curaciones y resurrecciones obradas por Dios a través de los apóstoles. También vimos en el capítulo anterior el don de la profecía. Pero se mencionan otros.

Cuando se elige a los siete se pide que sean hombres llenos de Espíritu de sabiduría (6,3), don que aparece especialmente resaltado en la posterior actuación de Esteban (6,10); con él defiende la fe y da testimonio del Señor (7,2ss).

Un don especial de conocimiento de los corazones es otorgado a Pedro para conocer el fraude de Ananías y Safira (5,3ss).

También encontramos el don de la fe. No nos referimos a la fe dogmática, sino a esa fe de la que Jesús había hablado como capaz de mover montañas (Mt 21,21) y de hacer obras mayores que las suyas propias (Jn 14,12); se trata de esa fe que confía ciegamente en el Señor aun en circunstancias especialmente difíciles y es capaz de realizar obras que superan toda posibilidad humana. Tal es la fe de Pedro y Juan cuando curan al tullido de nacimiento (3,16).

Encontramos también el don de lenguas (2,4.11; 10,46; 19,6), que es ante todo una oración de alabanza y glorificación de Dios, aunque puede también contener un mensaje para la comunidad que ha de ser interpretado (cf 1 Cor 14).

Del mismo modo, cuando es necesario, el Señor guía a los suyos sirviéndose de visiones y sueños (10,3.9ss; 16,9-10).

Y don especial del Espíritu parece también la capacidad de detectar el espíritu del mal y vencerlo con el poder de Cristo en el caso de Simón el mago (8,9-24), del mago Elimas (13,6-12) o de la muchacha poseída de espíritu adivino (16,16-18).

domingo, 19 de noviembre de 2017

SAN AGUSTÍN: EN LA ORACIÓN TODA LA PERSONA SE COMPROMETE


"Aquellos que rezan hacen de los miembros de su cuerpo lo que debe hacer todo suplicante: inclinan las rodillas, abren las manos y también se apoyan sobre la tierra o si hacen alguna otra acción visible, aunque su voluntad sea invisible y la intención del corazón sea evidente a Dios, no lo hacen porque Dios tenga necesidad de estos signos para conocer el ánimo del hombre, sino porque es el hombre el que con estos medios se excita siempre más a sí mismo para rezar y gemir con mayor humildad y fervor.

Y no sé cómo suceda pero es cierto que, mientras tales actitudes del cuerpo no pueden asumirse si no son precedidas de un movimiento del espíritu, cuando son repetidas exterior y visiblemente, aumenta y crece màs la tendencia invisible interior que las produce; también así sucede con el afecto del corazón que fue necesario para cumplirlas, y después que son hechas, aumenta. Y si alguien es detenido o impedido, no por esto el hombre interior deja de rezar y se postra delante de Dios en las profundidades de su corazón, donde se siente compungido" (El cuidado de los muertos 5)

viernes, 17 de noviembre de 2017

CARDENAL NEWMAN: IRRADIAR A CRISTO

¡Oh, Jesús!
 

Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de tu espíritu y vida. Penétrame y aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya. Ilumina por mi medio y de tal manera toma posesión de mí, que cada alma con la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma.

Que al verme no me vea a mí, sino a Tí en mí. Permanece en mí. Así resplanderceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás. Mi luz toda de Tí vendrá, Jesús; ni el más leve rayo será mío. Serás Tú el que iluminarás a otros por mi medio.

Sugiéreme la alabanza que más te agrada, iluminando a otros a mi alrededor. Que no te pregone con palabras sino con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor que mi corazón saca de Tí.
                                                                                     Amén

RP. HORACIO BOJORGE SJ: EL DEMONIO DE LA ACEDIA (7)

martes, 14 de noviembre de 2017

BENEDICTO XVI: SANTA GERTRUDIS LA GRANDE

Jesús es bajado de la CruzSanta Gertrudis la Grande, de quien quiero hablaros hoy, nos lleva también esta semana al monasterio de Helfta, donde nacieron algunas obras maestras de la literatura religiosa femenina latino-alemana. A este mundo pertenece Gertrudis, una de las místicas más famosas, la única mujer de Alemania que recibió el apelativo de «Grande», por su talla cultural y evangélica: con su vida y su pensamiento influyó de modo singular en la espiritualidad cristiana. Es una mujer excepcional, dotada de particulares talentos naturales y de extraordinarios dones de gracia, de profundísima humildad y ardiente celo por la salvación del prójimo, de íntima comunión con Dios en la contemplación y de prontitud a la hora de socorrer a los necesitados. 

En Helfta se confronta, por decirlo así, sistemáticamente con su maestra Matilde de Hackeborn, de la que hablé en la audiencia del miércoles pasado; entra en relación con Matilde de Magdeburgo, otra mística medieval; crece bajo el cuidado maternal, dulce y exigente, de la abadesa Gertrudis. De estas tres hermanas adquiere tesoros de experiencia y sabiduría; los elabora en una síntesis propia, recorriendo su itinerario religioso con una confianza ilimitada en el Señor. Expresa la riqueza de la espiritualidad no sólo de su mundo monástico, sino también y sobre todo del bíblico, litúrgico, patrístico y benedictino, con un sello personalísimo y con gran eficacia comunicativa.

Nace el 6 de enero de 1256, fiesta de la Epifanía, pero no se sabe nada ni de sus padres ni del lugar de su nacimiento. Gertrudis escribe que el Señor mismo le desvela el sentido de su primer desarraigo: «La he elegido como morada mía porque me complace que todo lo que hay de amable en ella sea obra mía (…). Precisamente por esta razón la alejé de todos sus parientes, para que nadie la amara por razón de consanguinidad y yo fuera el único motivo del afecto que se le tiene» (Le rivelazioni, I, 16, Siena 1994, pp. 76-77).

A los cinco años de edad, en 1261, entra en el monasterio, como era habitual en aquella época, para la formación y el estudio. Allí transcurre toda su existencia, de la cual ella misma señala las etapas más significativas. En sus memorias recuerda que el Señor la previno con longánima paciencia e infinita misericordia, olvidando los años de la infancia, la adolescencia y la juventud, transcurridos «en tal ofuscamiento de la mente que habría sido capaz (…) de pensar, decir o hacer sin ningún remordimiento todo lo que me hubiese gustado y donde hubiera podido, si tú no me hubieses prevenido, tanto con un horror innato del mal y una inclinación natural por el bien, como con la vigilancia externa de los demás. Me habría comportado como una pagana (…) y esto aunque tú quisiste que desde la infancia, es decir, desde que yo tenía cinco años, habitara en el santuario bendito de la religión para que allí me educaran entre tus amigos más devotos» (ib., II, 23, 140 s).

Gertrudis es una estudiante extraordinaria; aprende todo lo que se puede aprender de las ciencias del trivio y del cuadrivio, la formación de su tiempo; se siente fascinada por el saber y se entrega al estudio profano con ardor y tenacidad, consiguiendo éxitos escolares más allá de cualquier expectativa. Si bien no sabemos nada de sus orígenes, ella nos dice mucho de sus pasiones juveniles: la cautivan la literatura, la música y el canto, así como el arte de la miniatura; tiene un carácter fuerte, decidido, inmediato, impulsivo; con frecuencia dice que es negligente; reconoce sus defectos y pide humildemente perdón por ellos. Con humildad pide consejo y oraciones por su conversión. Hay rasgos de su temperamento y defectos que la acompañarán hasta el final, tanto que asombran a algunas personas que se preguntan cómo podía sentir preferencia por ella el Señor.

De estudiante pasa a consagrarse totalmente a Dios en la vida monástica y durante veinte años no sucede nada excepcional: el estudio y la oración son su actividad principal. Destaca entre sus hermanas por sus dotes; es tenaz en consolidar su cultura en varios campos. Pero durante el Adviento de 1280 comienza a sentir disgusto de todo esto, se percata de su vanidad y el 27 de enero de 1281, pocos días antes de la fiesta de la Purificación de la Virgen, por la noche, hacia la hora de Completas, el Señor ilumina sus densas tinieblas. Con suavidad y dulzura calma la turbación que la angustia, turbación que Gertrudis ve incluso como un don de Dios «para abatir esa torre de vanidad y de curiosidad que, aun llevando —¡ay de mí!— el nombre y el hábito de religiosa, yo había ido levantando con mi soberbia, a fin de que pudiera encontrar así al menos el camino para mostrarme tu salvación» (ib., II, 1, p. 87). Tiene la visión de un joven que la guía a superar la maraña de espinas que oprime su alma, tomándola de la mano. En aquella mano Gertrudis reconoce «la preciosa huella de las llagas que han anulado todos los actos de acusación de nuestros enemigos» (ib., II, 1, p. 89), reconoce a Aquel que en la cruz nos salvó con su sangre, Jesús.

Desde ese momento se intensifica su vida de comunión íntima con el Señor, sobre todo en los tiempos litúrgicos más significativos —Adviento-Navidad, Cuaresma-Pascua, fiestas de la Virgen— incluso cuando no podía acudir al coro por estar enferma. Es el mismo humus litúrgico de Matilde, su maestra, que Gertrudis, sin embargo, describe con imágenes, símbolos y términos más sencillos y claros, más realistas, con referencias más directas a la Biblia, a los Padres, al mundo benedictino.

Su biógrafa indica dos direcciones de la que podríamos definir su particular «conversión»: en los estudios, con el paso radical de los estudios humanistas profanos a los teológicos, y en la observancia monástica, con el paso de la vida que ella define negligente a la vida de oración intensa, mística, con un excepcional celo misionero. El Señor, que la había elegido desde el seno materno y desde pequeña la había hecho participar en el banquete de la vida monástica, la llama con su gracia «de las cosas externas a la vida interior y de las ocupaciones terrenas al amor de las cosas espirituales». Gertrudis comprende que estaba alejada de él, en la región de la desemejanza, como dice ella siguiendo a san Agustín; que se ha dedicado con demasiada avidez a los estudios liberales, a la sabiduría humana, descuidando la ciencia espiritual, privándose del gusto de la verdadera sabiduría; conducida ahora al monte de la contemplación, donde deja al hombre viejo para revestirse del nuevo. «De gramática se convierte en teóloga, con la incansable y atenta lectura de todos los libros sagrados que podía tener o procurarse, llenaba su corazón de las más útiles y dulces sentencias de la Sagrada Escritura. Por eso, tenía siempre lista alguna palabra inspirada y de edificación con la cual satisfacer a quien venía a consultarla, junto con los textos escriturísticos más adecuados para confutar cualquier opinión equivocada y cerrar la boca a sus opositores» (ib., I, 1, p. 25).

Gertrudis transforma todo eso en apostolado: se dedica a escribir y divulgar la verdad de fe con claridad y sencillez, gracia y persuasión, sirviendo con amor y fidelidad a la Iglesia, hasta tal punto que era útil y grata a los teólogos y a las personas piadosas. De esta intensa actividad suya nos queda poco, entre otras razones por las vicisitudes que llevaron a la destrucción del monasterio de Helfta. 

Además del Heraldo del amor divino o Las revelaciones, nos quedan los Ejercicios espirituales, una rara joya de la literatura mística espiritual.

En la observancia religiosa —dice su biógrafa— nuestra santa es «una sólida columna (…), firmísima propugnadora de la justicia y de la verdad» (ib., I, 1, p. 26). Con las palabras y el ejemplo suscita en los demás gran fervor. A las oraciones y las penitencias de la regla monástica añade otras con tal devoción y abandono confiado en Dios, que suscita en quien se encuentra con ella la conciencia de estar en presencia del Señor. Y, de hecho, Dios mismo le hace comprender que la ha llamado a ser instrumento de su gracia. Gertrudis se siente indigna de este inmenso tesoro divino y confiesa que no lo ha custodiado y valorizado. Exclama: «¡Ay de mí! Si tú me hubieses dado por tu recuerdo, indigna como soy, incluso un solo hilo de estopa, habría tenido que mirarlo con mayor respeto y reverencia de la que he tenido por estos dones tuyos» (ib., II, 5, p. 100). Pero, reconociendo su pobreza y su indignidad, se adhiere a la voluntad de Dios, «porque —afirma— he aprovechado tan poco tus gracias que no puedo decidirme a creer que se me hayan dado para mí sola, al no poder nadie frustrar tu eterna sabiduría. Haz, pues, oh Dador de todo bien que me has otorgado gratuitamente dones tan inmerecidos, que, leyendo este escrito, el corazón de al menos uno de tus amigos se conmueva al pensar que el celo de las almas te ha inducido a dejar durante tanto tiempo una gema de valor tan inestimable en medio del fango abominable de mi corazón» (Ib., II, 5, p. 100 s).

Estima en particular dos favores, más que cualquier otro, como Gertrudis misma escribe: «Los estigmas de tus salutíferas llagas que me imprimiste, como joyas preciosas, en el corazón, y la profunda y saludable herida de amor con la que lo marcaste. Tú me inundaste con tus dones de tanta dicha que, aunque tuviera que vivir mil años sin ninguna consolación ni interna ni externa, su recuerdo bastaría para confortarme, iluminarme y colmarme de gratitud. Quisiste también introducirme en la inestimable intimidad de tu amistad, abriéndome de distintos modos el sagrario nobilísimo de tu divinidad que es tu Corazón divino (…). A este cúmulo de beneficios añadiste el de darme por Abogada a la santísima Virgen María, Madre tuya, y de haberme encomendado a menudo a su afecto como el más fiel de los esposos podría encomendar a su propia madre a su amada esposa» (Ib., ii, 23, p. 145).

Orientada hacia la comunión sin fin, concluye su vida terrena el 17 de noviembre de 1301 ó 1302, a la edad de cerca de 46 años. En el séptimo Ejercicio, el de la preparación a la muerte, santa Gertrudis escribe: «Oh Jesús, a quien amo inmensamente, quédate siempre conmigo, para que mi corazón permanezca contigo y tu amor persevere conmigo sin posibilidad de división y tú bendigas mi tránsito, para que mi espíritu, liberado de los lazos de la carne, pueda inmediatamente encontrar descanso en ti. Amén» (Ejercicios, Milán 2006, p. 148).

Me parece obvio que estas no son sólo cosas del pasado, históricas, sino que la existencia de santa Gertrudis sigue siendo una escuela de vida cristiana, de camino recto, y nos muestra que el centro de una vida feliz, de una vida verdadera, es la amistad con Jesús, el Señor. Y esta amistad se aprende en el amor a la Sagrada Escritura, en al amor a la liturgia, en la fe profunda, en el amor a María, para conocer cada vez más realmente a Dios mismo y así la verdadera felicidad, la meta de nuestra vida. Gracias.