lunes, 6 de marzo de 2017

HORACIO BOJORGE SJ: NUESTRA TENTACIÓN Y LA TENTACIÓN DE JESÚS

Nuestra tentación y ‘la’ tentación de Jesús

1) Jesús, verdadero hombre, conoció ‘la’ tentación. Por eso, meditar en las tentaciones de Jesús nos ayuda a entender mejor la naturaleza de la tentación a la que le pedimos al Padre que no nos deje entrar.

a) ¿Quién tentó a Jesús?: el Tentador (Mt 4,3); Satanás (Mc 1,13), el Diablo (Mt 4,1 y Lc 4,2).

b) ¿Dónde y cuándo lo tentó?: en el desierto, durante toda su vida, y principalmente en su Pasión. Después del Bautismo en el Jordán y antes de comenzar su ministerio, el Espíritu Santo lo condujo a la confrontación con el Malo. Lo “levantó” dice San Mateo; lo “arrojó afuera”, dice Marcos; lo “condujo” dice Lucas (Mt 4,1; Mc1,12; Lc 4,1).

c) La Tentación aparece por lo tanto como algo a lo que el Espíritu Santo nos conduce, nos arroja y en la que nos guía. Jesús es llevado a la confrontación con el Tentador, pero también sostenido para que lo venza.

d) ¿Cómo lo tentó? Estamos al comienzo de su ministerio. El Tentador procura desviar a Jesús de su vocación mesiánica, de su misión de Siervo de Dios, proponiéndole un mesianismo político; buscar su propia gloria. Trata de desvirtuar su condición filial. Lo induce a desviarse de su vocación mesiánica, de la misión que le asignaba el Padre: Siervo que realizara su voluntad salvadora, con obediencia gozosa, por el camino del sufrimiento (Isa 53). Jesús rechazó y venció esa tentación (Mt 4,4.7.10).

2) Pero, aunque perdidoso, el Tentador volverá a tentarlo otras veces. Dice Lucas: “Acabado todo género de tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno” (Lc 4,13).

3) No ha de extrañarnos que habiendo rechazado victoriosamente la tentación, ésta vuelva otra vez y aún muchas veces. La tentación nos acompaña toda la vida y acompaña a la Iglesia en todos los tiempos de la historia. Ni debemos extrañarnos de que vuelva a asaltarnos el Tentador, directamente o por medio de sus servidores, cuando nos ve debilitados por persecuciones, tristezas, infortunios, enfermedades o la cercanía de la muerte.
4) Jesús sufrió muchas tentaciones durante su vida pública. Por ejemplo, cierta vez, después de la multiplicación de los panes, la muchedumbre lo buscaba para hacerlo rey (Jn 6, 15). Pero Jesús huyó de ellos porque querían cambiarle la misión del Padre e imponerle la misión política e intramundana de darles de comer (Jn 6,26-27).

5) Cierta vez, Él y sus discípulos tenían hambre y sin embargo Jesús no multiplicó los panes para sí ni para ellos, sino que la calmaron desgranando espigas de trigo crudo al borde de un sembrado (Mt 12,1-8). Sigue siendo hoy una tentación que la Iglesia rechaza, la de que los hombres, a veces incluso el poder político, pretendan limitar su tarea a la asistencia social y al bienestar intramundano.