jueves, 9 de marzo de 2017

SAN AGUSTÍN: PARA REZAR Y MEDITAR EN LA CUARESMA

CONFESIONES (LIBRO 1 CAPÍTULO V)

Decidme, Dios mío y Señor, por vuestra infinita misericordia, lo que Vos sois para mí. Responded diciendo a mi alma: Yo soy tu salud eterna. Mas decídselo de tal modo que lo oiga bien y lo entienda. He aquí, Señor, delante de Vos, los oídos de mi corazón abridlos Vos y decid a mi alma: Yo soy tu salud. Que al oír esta voz, yo correré siguiéndola, y me abrazaré con Vos. No me ocultéis la hermosura de vuestro rostro. Muera yo para verle, y no moriré dejándole de ver.

Estrecha es, Señor, la casa de mi alma, para que vengáis a ella; pues ensanchadla Vos. Está para caerse y amenaza ruina; pues reparadla Vos y fortalecedla. Tiene varias cosas que desagradan a vuestros ojos: bien lo conozco y confieso; pero ¿quién sino Vos puede limpiarla?, ¿o a quién sino a Vos he de clamar diciendo:Limpiadme, Señor, de las ocultas manchas de mis culpas, y no imputéis a vuestro siervo las ajenas?

Yo creo y tengo fe, y por eso hablo y me explico de este modo: bien lo sabéis Vos, Señor. ¿No es verdad, Dios mío, que habiéndoos confesado yo mis culpas y acusándome a mí mismo, Vos ya habéis perdonado las impiedades de mi corazón? No alego esto con ánimo de entrar a juicio con Vos, que sois la suma Verdad; pues no quiero engañarme a mí mismo lisonjeándome de ser justo; no sea que entonces se verifique en mí que mi propia iniquidad mintió y se engañó a sí misma. No quiero, pues, entrar en juicio con Vos; porque si Vos, Señor, atendéis a todas nuestras culpas, ¿quién podrá comparecer en vuestra presencia?

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