jueves, 30 de agosto de 2012

MiGUEL PASTORINO:LOS MAESTROS DEL SUPERMERCADO ESPIRITUAL

El fenómeno de las sectas no es algo nuevo, pero es una realidad siempre cambiante. Con el impacto del movimiento "Nueva Era" en la década del 90, el creciente relativismo cultural y religioso en el que se sumergen muchos sin advertirlo, y el consumismo religioso del mundo "auto-ayuda" que mezcla religión, psicología, ocultismo, magia y ciencia ficción sin escrúpulos, nos encontramos frente a un fenómeno que debería preocupar a pastores y fieles, dada la confusión a la que arrastran.


Una serie de "maestros" espirituales que se presentan como iluminados que ofrecen sabiduría y técnicas anti estrés, generando devoción hacia su misma persona, esconden una solapada propuesta religiosa, que, con un lenguaje vago e impreciso, proponen un verdadero catecismo esotérico cuya aceptación implicaría, al cristiano, la negación de la propia fe. Cada uno es libre de creer lo que quiera, es cierto, y de adherir a la religión que prefiera, pero tiene derecho a saber dónde se está metiendo y si esa pretendida espiritualidad que le venden es compatible con su fe cristiana.

Muchos de los nuevos "maestros" espirituales que no pertenecen a ninguna religión histórica ofrecen su sabiduría en un tono casi hipnótico, lleno de paz y excesiva dulzura. Luego de varios escándalos en Argentina, juicios y escraches en televisión, el "iluminado"Claudio María Domínguez, vinculado al escandaloso "Maestro Amor", ha venido al Uruguay para quedarse, y ya tiene su audición en Montecarlo, además de comenzar a brindar nuevamente conferencias ante los incautos que desconocen su vida y doctrina. Domínguez mantiene un discurso irracional, imposible de seguir, en que se mezcla a Sai Baba y la reencarnación con Jesucristo, la Madre Teresa de Calcuta, la lectura del aura, el pensamiento positivo y los extraterrestres... un cóctel difícil de digerir. En Argentina llegó a decir que aquellos casos en que ha habido niños abusados sexualmente y asesinados, fueron en realidad ellos mismos quienes, debido a su karmaO, han elegido ese destino. Más raro aún es escuchar elogios a enseñanzas semejantes.

Otro caso conocido en los medios fue el de Isha y su S
PA de la conciencia.  Además de las varias denuncias que han recibido, y los problemas que han tenido en otros países, nadie repara en su discurso religioso. Porque aunque dicen "no somos religión", alcanza la sola lectura de unas pocas páginas de su libro divulgativo "La revolución de la conciencia", para enterarnos de que somos dios, que todo es energía y que su líder es la divinidad en una forma más evolucionada que nosotros, con lo cual la obediencia de los maestros a su líder es análoga a la que se constata en toda secta destructiva.

Los libros de Brian Weiss, como "Muchas vidas, muchos maestros", pretenden enseñarnos la verdad "científica" sobre la reencarnación a través de la supuesta "terapia de vidas pasadas", y enseña que la Iglesia quitó las citas de la Biblia que hablaban sobre reencarnación. Un disparate tras otro se suceden con desparpajo y sin pudor alguno. Esta “terapia”, por supuesto, no cuenta con ningún aval científico, ni la Biblia jamás cobijó cita alguna sobre la reencarnación, ni la fe judía que precede históricamente a la cristiana, ni ésta después, creyeron en semejante doctrina. La fe católica y cristiana, por el contrario, nace de la profesión de fe en Jesús, el Cristo, muerto y resucitado, que abre las puertas de la Resurrección (cf. 1 Cor 15), por lo cual la fe en este acontecimiento es la piedra fundamental sobre la cual se levanta la Iglesia. La fe en la resurrección excluye del horizonte toda posibilidad reencarnacionista.

En estos días llegará al Uruguay el gurú Sri Sri Ravi Shankar, fundador de "El Arte de Vivir", que se define como "una asociación internacional  y servicio sin fines de lucro, dedicada a elevar los valores humanos", y ofrece cursos con técnicas de respiración tomadas del yoga como respuesta contra el estrés y como camino hacia la felicidad. Pero esto es solo la pantalla tras la cual puede reconocerse la religión que difunde su gurú, quién dice de sí mismo:
"Yo no le puedo decir a todo el mundo que soy Dios, ya que no todo el mundo podrá entenderlo".
Además de ofrecer los acostumbrados consejos para vivir mejor-, adoctrinan en la ley delkarma, presentan la reencarnación como verdad de fe y un panteísmo explícito, según el cual no hay un Dios personal sino una divinidad impersonal de la que todos formamos parte, por cuanto cada uno de nosotros puede decir también: "yo soy Dios".

¿No es eso religión? Entonces no son solamente cursos de respiración. Ravi Shankar hace lo  mismo que su controvertido maestro de la Meditación Trascendental, pero con mejores estrategias de mercadotecnia. Algo más: en estos días Ravi Shankar será honrado con el título de "ciudadano ilustre de Montevideo".

Hay cristianos incautos que al entrar en un curso tal de superación personal se están cambiando de religión sin advertirlo.  Un cristiano cree que Dios es uno en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y cree que Jesucristo es Dios-Hijo hecho hombre, y por lo tanto no es una energía, ni un maestro o un iluminado entre otros de su  mismo rango. Porque Jesucristo es el único salvador de toda la humanidad  y "no hay otro nombre dado a los hombres por el cual podamos ser salvados" (Hech 4,12). Para los cristianos Jesús no es un maestro más, sino la revelación definitiva de Dios a los hombres. Un cristiano no puede afirmar que cada persona es Dios, porque estaría negando su condición de criatura.

Un cristiano cree que la vida es una sola y después de la muerte se encuentra con Dios y hay vida eterna.  El Catecismo de la Iglesia Católica enseña al respecto (1012-1013): “La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin “el único curso de nuestra vida terrena”, ya no volveremos a otras vidas terrenas. Está establecido a los hombres que mueran una sola vez (Heb 9,27). No hay reencarnación después de la muerte.

La endeble experiencia de fe en Jesucristo, el desconocimiento de la propia fe, y el relativismo religioso en el que se cimenta el supermercado espiritual contemporáneo deja a muchos cristianos a merced de toda clase de engaños y supersticiones. Solo un regreso a las fuentes de la fe, que comporta también una formación crítica en los contenidos de la fe puede ser la respuesta ante la avalancha esotérica que ofrece felicidad en pociones mágicas. Podemos comprender por qué el Papa Benedicto XVI invita a toda la Iglesia a una nueva evangelización, y al año de la fe.

DIÁCONO JORGE NOVOA: SERVIDOR BUENO O HIPÓCRITA?

«Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a que  hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa.Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.
 «¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo?
Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: “Mi señor tarda”, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos,vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe,le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes.


Estar preparados? Aquí aparece sintetizada la enseñanza del Señor. Preparados para qué? El texto no deja lugar a dudas, para el encuentro con el Señor. Reparemos en algunos detalles importantes, a los efectos de poder prepararnos adecuadamente para el encuentro con el Señor.

Se sugiere que su realización pueda ser repentina, imprevista e inesperada ,dice el texto " en el momento que no penséis" . Todos sabemos que estamos orientados al encuentro con el  Señor,antes o después,  en la juventud, madurez o senectud, pero lo cierto es que llegará para todos, incluso para los que no lo reconocen o no creen en Él. La acentuación  de la enseñanza esta dada por la forma en que me preparo para ese encuentro .Soy consciente de ese momento en mi existencia y de su importancia?

El cristiano se prepara para el encuentro con su Señor, viviendo cristianamente,  el ejercicio de la vida bautismal que hemos recibido nos dispone de la mejor forma para recibirlo. No se trata de hacer algún curso intensivo, o de imaginarnos una suerte de vigilancia permanente, a modo de guardia de un fuerte, para no ser sorprendidos. La imagen propuesta, ayuda a los efectos de reconocer lo imprevisto de su llegada, pero conocemos al que llegará de esa manera. No es un ladrón desconocido que nos asecha, es el buen pastor que nos carga sobre sus hombros.

Crecer en la fe, esperanza y caridad nos prepara para aguardar adecuadamente  al Señor, esto nos vuele, según la expresión del texto," siervos fieles y prudentes". El siervo fiel y prudente administra las bienes de su Señor, no los dilapida ni utiliza arbitrariamente, porque tendrá que dar cuentas a él. Incluso creciendo en la comprensión de nuestra tarea, sabemos que los hijos han recibido todo del Padre, y cuidan su obra amorosa, no como asalariados sino como herederos del reino.

Esta enseñanza nos permite comprometernos en rezar y ayudar a otros, para que se preparen para el encuentro. Muchos caminan en esta dirección sin estar preparados, no viven como hijos  sino como esclavos,  a merced de sus pasiones desordenadas, dilapidan los bienes de la hacienda del Señor, en sus propios caprichos y desenfrenos. El bien de la vida, la amistad, la familia y tantas cosas, de las que se sirven egoístamente para " usar y tirar", en lugar de servir a los bienes dados por el Señor nos servimos de ellos.

Pero la enseñanza también repara sobre una categoría interesante, aparecen representados aquí algunos creyentes, porque le llaman Señor y saben que vendrá, a los que llama hipócritas, pues debido a su demora viven indignamente su condición de seguidores. Cuantos piensan, de las cosas de Dios hablemos más adelante, y lo dejan para el período de la jubilación o para cuando estén enfermos. Hipócritas, simulan ser servidores de Señor, con su labios lo reconocen como tal, pero con sus vidas niegan ese reconocimiento.

Nos preparamos para tantas cosas en la vida, y a veces descuidamos prepararnos para la más importante, no reparamos que la mejor preparación es vivir cristianamente todos lo días, en las pequeñas y grandes cosas que El Padre quiera dispensarnos. Servidor bueno o hipócrita?

martes, 28 de agosto de 2012

ALONSO AMPUERO: LA LLAMADA DE MOISÉS (ÉXODO CAP. 3)


1-6: La llamada


En los versículos finales del capítulo anterior hemos comprobado que Dios no está dormido. Al decirnos que Dios oye los gemidos, se acuerda de su alianza, mira y conoce, percibimos que se dispone a intervenir. En este capítulo asistimos a la primera intervención «visible» del Señor. A lo largo de él y del siguiente Dios va a invadir progresivamente la personalidad de Moisés, hasta convertirle en instrumento suyo. Esto es lo que simboliza la zarza que arde sin consumirse: el fuego cambia todo lo que toca, transformándolo en fuego o en otra materia; pero aquí el fuego arde sin consumir, sin destruir: es una bella y expresiva imagen de la acción de Dios sobre el hombre...

Dios se manifiesta a Moisés. Pero ha tenido que esperar a este momento, a que Moisés perdiera pie, a que se encontrase en el desierto. Dios se manifiesta en el desierto, donde no hay nada, donde el hombre no tiene nada, donde no significa nada para nadie. «Para venir de todo al Todo, has de dejar del todo a todo» (San Juan de la Cruz).

«Quita las sandalias de tus pies». Dios llama a Moisés. Toma Él la iniciativa. Y le llama por su nombre. Le llama hacia Él. Hacia el «terreno sagrado». Por eso es preciso que se despoje. En ese terreno Moisés no es dueño, no domina. Debe seguir perdiendo pie. Debe abandonarse a la acción de Dios. Sólo así podrá ser transformado.

Moisés responde: «Heme aquí». Es la única respuesta adecuada ante un Dios que ha comenzado a tomar la iniciativa. «Aquí estoy». Es la repuesta de disponibilidad y acogida. Es la actitud de dejar hacer a Dios. Será la respuesta de Samuel (1Sam 3,4) y de Isaías (Is 6,8)... Será la respuesta de María (Lc 1,38) y de Cristo (Hb 10, 7).

«Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Dios «se identifica», «se presenta». El Dios que pretende invadir la existencia de Moisés no es un ser abstracto. Tampoco es desconocido. Es el Dios vivo y personal que ha estado en relación cercana con sus antepasados. Sus «credenciales» son lo que ya ha realizado en la vida de sus padres. Moisés entra en esa historia de gracia inaugurada desde antiguo. También nosotros nos incorporamos a ella: ¿no deberíamos prestar más atención a los que nos han precedido en el signo de la fe, a los santos, a la historia de la Iglesia, para fortalecer nuestra fe y aprender los modos de la acción de Dios?

«Moisés se cubrió el rostro». Un nuevo paso en el despojamiento de Moisés: su vista queda velada, entra en la noche de la fe. Con el rostro cubierto ya no puede hacer uso de lo más precioso -y a la vez más necesario- que el hombre tiene: la capacidad de ver. Con ello reconoce que en el «terreno sagrado» en que ha sido introducido, la visión natural es inadecuada. Necesita cubrirse el rostro, necesita dejarse conducir. Moisés se abandona a la obediencia de la fe (cfr. Rom 1,5; 16,26). Ahora ya sí podrá Dios comenzar a iluminarle sus planes de salvación (vv. 7-12) y su propio Nombre divino (vv. 13-14). «Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes» (San Juan de la Cruz).

7-12: El envío

Y de la experiencia de Dios arranca la misión. Ya vimos en el capítulo 2 cómo Moisés fracasó en su intentona liberadora porque la había emprendido por iniciativa propia. Ahora la emprenderá por iniciativa de Dios, que le envía. Y que le envía a partir de su encuentro vivo con Él. Moisés irá en nombre del Dios vivo que ha salido a su encuentro. Sólo quien tiene experiencia de Dios puede ser enviado en nombre de Dios. Sólo quien tiene experiencia de Dios puede aportar de verdad a los hombres algo que transcienda las fronteras de lo humano...

Ante todo, Dios hace a Moisés partícipe de sus planes: «He visto... he escuchado... conozco... He bajado para liberarle de la mano de los egipcios...» Moisés es levantado al nivel de los designios de Dios. Ya no es Moisés el que ve la situación penosa de sus hermanos (Ex 2,11) y actúa en consecuencia. Es Dios el que ve la opresión de su pueblo (Ex 3,7) y se hace cargo de ella; Moisés es llamado a entrar en la óptica de Dios y sólo desde ella es enviado a actuar.

Moisés es llamado a ser instrumento y colaborador de Dios. Dios ha comenzado a invadir su existencia y ésta ya sólo podrá entenderse desde Él. Dios dice: «He bajado a librar a mi pueblo...» (v. 8) y a continuación añade: «Ve... para que saques a mi pueblo...» (v. 10). Va a asumir no sólo los planes, sino la acción misma de Dios. Al «he bajado» de Dios corresponde el «ve» de Moisés. La acción de Dios se prolonga en la de Moisés, la dinamiza, la impulsa.

Pero Moisés no comprende tanto. De ahí su objeción: «¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?» (v. 11). ¡Ya no es aquel Moisés que se creía capaz de librar a su hermano hebreo o de poner paz entre sus hermanos! La expresión «¿quién soy yo?» denota un Moisés más realista, más conocedor de sí mismo, que reconoce la absoluta desproporción entre sus capacidades y la tarea que se le encomienda.

Sin embargo, Dios le responde: «Yo estaré contigo». Eso es todo. Esa es su seguridad y su garantía. Nada más... ¡y nada menos! El yo pequeño e insignificante de Moisés es apoyado y sostenido por el Yo infinito de Dios. Se puede decir que los dos están identificados en un único «yo» que tiene la fuerza y el alcance del Yo divino. Ahora entendemos mejor el «Ve» o el «Yo te envío» del versículo 10: Dios no le encarga esta misión como quedándose fuera; Dios va con él, de tal manera que las acciones de Moisés serán sobrehumanas, divinas; serán de Dios, de Dios en él, de Dios con él.

Es verdad que Dios le da una señal («esta será para ti la señal de que yo te envío») (v. 12), pero se trata de una señal futura, posterior a la realización de la misión: «Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte». Es decir, Moisés debe caminar en fe. Su única seguridad es Dios y su palabra. El signo vendrá después. No se trata de ver signos para creer, sino de creer para ver prodigios (cfr. Jn 2,23-25 y 4,46-53 comparados entre sí).

Un último detalle: Dios baja para hacer subir. «He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (v. 8). Es típico de toda acción de Dios abajarse hasta el hombre para levantarlo (Sal 113,5-8). Para ello es preciso liberar al hombre, pero con el fin de levantarlo hasta Él, de hacerle capaz de darle culto (v. 12). Esta será la dinámica de la encarnación: el Hijo de Dios se abaja hasta nuestra nada (Fil 2,6-7), pero ya no sube solo: levanta consigo a una multitud (cfr. Ef 4,8).

13-15: El nombre de Dios

Dios revela su nombre. No le basta entrar en contacto con Moisés. Quiere además dar a conocer algo de sí mismo. Es verdad que el hombre puede conocer a Dios (Éx 33,20), en cuanto que Dios es absolutamente libre y soberano y el hombre no puede establecer ningún control o dominio sobre Él conociendo su ser íntimo. Pero no es menos cierto que uno de los presupuestos fundamentales de toda la Biblia es que Dios se manifiesta a sí mismo y que el hombre puede conocer al menos algo de Dios.

En este sentido, una de las interpretaciones del nombre de Yahveh es que la expresión «Soy el que Soy» es una especie de evasiva. Dios es inefable. La infinita riqueza de su ser no puede ser encerrada en un nombre. De ahí que de algún modo se niegue a responder a la petición de Moisés. «Soy el que Soy» remite al misterio de Dios, un misterio al que el hombre puede levemente asomarse, pero no puede en absoluto agotar, ni menos dominar.

En el pasaje de Ex 33,18-23 Dios permite a Moisés ver sólo «sus espaldas», pero no su rostro. Algo atisba de Dios, pero no puede comprender su plenitud inagotable. «De Dios sabemos más lo que no es que lo que es» (Santo Tomás de Aquino). Nuestra búsqueda de Dios ha de ser insaciable, pero hemos de acercarnos a Él con los pies descalzos, como Moisés, con inmenso respeto a su misterio y con enorme humildad, reconociendo que Dios nos desborda por todas partes, que muchas de nuestras conceptualizaciones en realidad desfiguran y hasta profanan el misterio de Dios, que al hablar de Dios o de sus actuaciones casi siempre nos equivocamos. Como Job, deberíamos concluir: «Era yo el que empañaba tus designios con razones sin sentido. Sí, he hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro... Te conocía sólo de oidas... Por eso me retracto y me arrepiento...» (Job 42,3-6).

Y sin embargo, algo podemos conocer. Dios revela su nombre «Yo soy el que Soy» puede significar también «Soy el que está» contigo (cfr. v. 12); el que está con vosotros. Siendo inaccesible, inefable, incontrolable, Dios está presente. Se niega a encerrarse en una definición, pero se le percibe por su presencia, y una presencia que acompaña, que guía, que sostiene. El hombre no puede conocer la infinita trascendencia del Dios tres veces santo. Le basta conocer que está y que estará siempre. «Yo soy el que es y era y viene» (Ap 1,8). «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,10).

Y «Soy el que Soy» puede significar también «Soy el que seré»: es decir, Dios se irá dando a conocer no en un nombre abstracto, sino con las acciones maravillosas que irá realizando a lo largo de toda la historia del éxodo. Es ahí donde el pueblo conocerá de verdad quién es su Dios (Éx 6,7), su verdadera identidad, su «mano fuerte» (expresión que tanto se repetirá en los siguientes capítulos). De hecho, en el futuro Dios se remitirá constantemente a los prodigios realizados para hacerse identificar: «Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te he sacado de Egipto, de la casa de servidumbre» (Ex 20,2).

16-20: El plan de Dios

En estos versículos vemos cómo Dios hace partícipe a Moisés de sus planes. Los versículos 16-17 (misión confiada a Moisés) repiten casi literalmente los versículos 7-9 (designio de Dios): enviado en nombre del Señor, Moisés es introducido en los planes de Dios. La tarea que debe realizar no es de iniciativa suya y no puede ser llevada a cabo según unos planes propios. Dios trasforma a Moisés comunicándole sus propios planes.

Se diría que casi le detalla las etapas de su misión: «Reúne a los ancianos de Israel... diles... ellos escucharán tu voz... irás con los ancianos de Israel donde el rey de Egipto... le diréis...» Del principio al final se trata de realizar un plan que no es suyo. Le son indicadas las acciones que debe llevar a cabo y las palabras que debe transmitir. Moisés es totalmente y solamente el enviado de Dios, el profeta, el instrumento.

Pero lo que más llama la atención es que Dios le manifiesta incluso las dificultades que encontrará en su misión: «Ya sé yo que el rey de Egipto no os dejará ir...» Moisés queda así perfectamente equipado para su misión. Ni siquiera las dificultades deberán sorprenderle o desconcertarle. De antemano sabe que existirán. Y, lo que es más importante, sabe que Dios las tiene previstas, que forman parte incluso de su plan, que no escapan de la omnisciencia y de la omnipotencia del Señor. Dios cuenta con ellas para llevar a cabo su plan, que se realizará infaliblemente, irrevocablemente: «Yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con toda suerte de prodigios que obraré en medio de ellos y después os dejará salir». El plan de Dios se realizará ciertamente, pero no por el camino más recto... según la lógica humana.

21-22

Chocan estos versículos que suenan a venganza. Y sin embargo, nada tienen de eso, pues son iniciativa y acción de Dios mismo («Yo haré que este pueblo halle gracia...»). También forman parte de su plan. En realidad están anunciando una de las características de la acción de Dios que hace justicia volviendo del revés las situaciones: «Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos» (Lc 1,52-53). «Los últimos serán primeros y los primeros, serán últimos» (Mt 20,16).

domingo, 26 de agosto de 2012

JOHN H NEWMAN: AGUSTÍN, UNA SEÑALADA CONQUISTA DE LA GRACIA

Permitidme hablaros de otra señalada conquista de la gracia divina en edad tardía, y apreciaréis cómo hace Dios un confesor, un santo y doctor de su Iglesia a partir del pecado y la herejía juntos. No bastaba que el padre de las escuelas cristianas de Occidente, autor de mil obras y campeón de la gracia fuera un pobre esclavo de la carne, sino que era también víctima de un intelecto equivocado. El mismo que por encima de otros iba a exaltar la gracia de Dios experimentó como pocos la impotencia de la naturaleza. Agustín, que no tomaba en serio su alma ni se preguntaba cómo podría limpiase el pecado, se aplicó a disfrutar de la carne y el mundo mientras le duraba su juventud y la fuerza, aprendió a juzgar sobre todo lo verdadero y lo falso mediante su capricho personal y su fantasía, despreció a la Iglesia Católica, que hablaba demasiado de fe y sumisión, hizo de su propia razón la medida de todas las cosas, y se adhirió a una secta pretendidamente filosófica e ilustrada, ocupada en corregir las vulgares nociones católicas sobre Dios, Cristo, el pecado, y el camino de la salvación. En esta secta permaneció varios años, pero lo que pretendió no le satisfizo. Le agradó por un tiempo, hasta que descubrió entonces que no había encontrado la verdad y se preguntaba dónde hallaría y quién le llevaría hasta ella.

¿Por qué no entró enseguida en la Iglesia Católica?. Porque aunque no veía la verdad en ningún otro sitio, aún no estaba seguro de que se encontraba allí. Imaginaba algo como estrechez e irracionalidad en la doctrina católica, sencillamente porque no poseía el don de la fe. Un gran conflicto se inició en su interior: el conflicto de la naturaleza con la gracia, de la naturaleza -la carne y la falsa razón- contra la conciencia y la voz del espíritu divino, que le invitaban a cosas mejores. A pesar de hallarse todavía en pecado, Dios le visitaba y concedía los frutos de influencias saludables que a la larga iban a salvarle. Pasó el tiempo; y mirándole como su ángel guardián podía hacerlo, se diría que a pesar de mucha resistencia a la gracia y encontrarse todavía alejado de Dios, el favor divino se abría paso en su alma, y él se aproximaba a la Iglesia. No lo sabía, no era capaz de examinarse a sí mismo, pero un intenso interés hacia él y una alegría particular crecía entre los habitantes del cielo. Finalmente entró en contacto con un gran santo, y aunque al principio pretendía no reconocerle como tal, su atención se detuvo en él, y no pudo evitar de aproximársele más y más. Comenzó a observarle, a pensar en él, a preguntarse si aquel hombre virtuoso era feliz. Aparecía con frecuencia en la Iglesia para oírle predicar, y un día se animó a pedirle consejo sobre el camino que buscaba. Se le planteó entonces un conflicto final con la carne.

Era duro, muy duro, abandonar por siempre satisfacciones de años. ¿Cómo podría arrancarse del atractivo pecado y andar el camino severo que lleva al cielo?. Pero la gracia de Dios le atrajo con mayor fuerza, y le convenció a la vez que le vencía. Convenció a su razón y prevaleció sobre él. Y el que sin ella habría vivido y muerto como hijo de las tinieblas, llegó a ser bajo su poder admirable un ejemplo vivo de santidad y verdad.

¿Verdad que este hombre se encontraba mejor equipado que cualquier otro para persuadir a sus hermanos, como él mismo había sido persuadido, y predicar la doctrina que antes había despreciado?

No es que el pecado sea mejor que la obediencia, o el pecador sea mejor que el justo. Pero Dios, en su misericordia, usa el pecado contra el pecado mismo, convierte las faltas pasadas en un beneficio presente; mientras borra el pecado y debilita su poder, lo deja en el penitente de modo que éste, conocedor de sus artimañas, sepa atacarlo con eficacia cuando lo descubre en otros hombres; mientras Dios con su gracia limpia el alma como si nunca se hubiera manchado, le concede con ternura y compasión hacia los demás pecadores y una experiencia sobre cómo ayudarlos, mayores que si nunca hubiera pecado; finalmente, en esos casos extraordinarios a los que me he referido, nos presenta, para nuestra instrucción y consuelo, lo que puede obrar a favor del hombre más culpable que acuda sinceramente a El en busca de perdón y remedio. La magnanimidad y el poder de la gracia no conocen límite. El hecho de sentir dolor por nuestros pecados y suplicar el perdón de Dios es como una señal presente en nuestros corazones de que Él nos concederá los dones que le pedimos. En su poder está hacer lo que desea en el espíritu del hombre, porque es infinitamente más poderoso que el malvado espíritu al que se ha vendido el pecador, y puede expulsarle del alma.
(Tomado de Discursos sobre la fe; Ediciones Rialp, S.A, pág.80-83)

sábado, 25 de agosto de 2012

RANIERO CANTALAMESSA: EL CONCILIO VATICANO II VUELVE A DESCUBRIR LOS CARIMAS


En uno de los documentos más importantes del concilio Vaticano II, se lee:


El l mismo Espíritu Santo no solamente santifica y dirige al dpueblo de Dios por los sacramentos y los ministerios y lo enriquece con las virtudes, sino que "distribuyéndolas a cada uno según quiere" (1 Cor 12,11), reparte entre los fieles gracias de todo género, incluso especiales, con que los dispone y prepara para realizar variedad de obras y de oficios provechosos para la renovación y una más amplia edificación de la Iglesia según aquellas palabras: "A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad" (1 Cor 12,7). Estos carísmas, tanto los extraordinarios como los más sencillos y comunes, por el hecho de que son muy conformes y útiles a las necesidades de la Iglesia, hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo"

Para valorar adecuadamente el alcance renovador de este texto, hay que saber lo que pasó, en realidad, con los carismas después de su tumultosa aparición en los comienzos de la Iglesia. Los carismas no desaparecieron de la vida de la Iglesia, sino más bien de su teología. Si recorremos la historia de la Iglesia, recordando las diferentes listas de carismas enumeradas en el Nuevo Testamento, tenemos que llegar a la conclusión de que, exceptuando quizá el "don de lenguas" y el "don de interpretarlas", ninguno de los carismas se perdió del todo. La historia de la Iglesia está llena de evangelizadores carismáticos, de dondes de sabiduría y conocimiento (baste pensar en los doctores de la Iglesia), de historias de curaciones milagrosas, de hombres dotados de espíritu de profecía o de discernimiento de los espíritus, por no hablarde otros dones como visiones, arrobamientos, éxtasis, iluminaciones, que también se cuentan entre los carismas.

La historia está salpicada también de "despertares" carismáticos, es decir, de épocas que se han caracterizado por unas manifestaciones particulares intensas de dones y operaciones del Espíritu: la época de los mártires; la explosión del monacato (que es un fenómeno carismático, antes que ascético); la primera evangelización de Europa; la misión entre los pueblos eslavos, que fue marcada por abundantes dones y carismas; el movimiento franciscano y el increíble florecimiento de las órdenes religiosas, cada una de las cuales se remite con razón al "carisma" de su fundador. Pío XII no se equivocó al afirmar que en la Iglesia nunca han faltado, ni podrán faltar, "personas dotadas de dones prodigiosos". Así como nadie puede impedir que el viento sople donde quiere, del mismo modo nadie puede impedir que el Espíritu derrame sus dones como quiere.

Entonces, ¿dónde está la novedad que nos permite hablar de un despertar de los carismas en nuestro siglo? ¿Qué era lo que faltaba antes? Lo que ocurrió fue que los carismas, cuyo sentido era la comunidad, la utilidad común y la organización de la iglesia, fueron progresivamente confinados al ámbito privado y personal. Ya no entraban en la formación de la Iglesia, que se consideraba "más que garantizada por la existencia de la sagrada jerarquía".

La identidad personal de Jesús en los Evangelios nace de dos relaciones fundamentales: su relación de Hijo con respecto al Padre, caracterizada por la obediencia, y su relación con el Espíritu, de la que viene la autoridad, la libertad y el poder en su misión. El Espíritu carismático -que le confiere la unción mesiánica para llevar la Buena Nueva a los pobres y sanar a los corazones afligidos, con el que expulsa a los demonios y que le hace "sobresaltarse" de gozo en la oración - no es, por tanto, un accesorio en la misión de Jesús: es algo constitutivo.

Tampoco en la vida de la comunidad cristiana los carismas eran hechos privados, una añadidura o un lujo: eran los que, junto con la autoridad apostólica, dibujaban el perfil de la comunidad. La comunidad vivía de las mismas dos relaciones fundamentales de Jesús: con el Padre, sentido como Abbá, y con el Espíritu, que daba libertad y poder. Pero no lo hacía independientemente de Jesús, como si éste fuera sólo un modelo, sino teniendo en él la fuente de todo y participando en su relación única con el Padre y con el Espíritu.

La tesis según la cual la Iglesia primitiva es una comunidad preferentemente carismática, en la que la misión del apóstol se limita a organizar los carismas que, por sí solos, proveen, con su interacción, a la vida y a la expansión de la comunidad, no se sostiene. Quien diga esto, comete un erro fundamental de método. Sitúa en el origen, convirtiéndola en algo absoluto, la visión paulina de una comunidad esencialmente carismática, y después considera todo el desarrollo posterior de la comunidad cristiana como un progresivo abandono y un "debilitamiento" de esa visión, que se concluiría con el triunfo del "proto-catolicismo" en las cartas pastorales.

Dicho esto, hay que reconocer, sin embargo, que muy pronto, por varios motivos, el equilibrio entre ambas situaciones -la del ministerio y la del carisma- se perdió a favor del ministerio. El carisma empieza a ser conferido con la ordenación, y ya está. Un elemento determinante fue el surgir de las primeras falsas doctrinas, sobre todo las doctrinas gnósticas. Fue este hecho lo que hizo inclinar cada vez más el fiel de la balanza hacia los que ejercían el ministerio, es decir, los pastores. Otro acontecimiento fue la crisis del movimiento profético difundido por Montano en Asia Menor en el siglo II, que sirvió para desacreditar aún más un cierto tipo de entusiasmo carismático colectivo.

De este hecho fundamental derivan todas las consecuencias negativas respecto a los carismas. Los carismas empiezan a ser marginados de la vida de la Iglesia. Se tiene noticia, todavía durante algún tiempo, de que algunos de ellos persisten, aquí y allí. San Ireneo, por ejemplo, dice que en su época sigue habiendo "muchos hermanos de la Iglesia que tienen carismas proféticos, hablan todas las lenguas, manifiestan los secretos de los hombres por su bien y explican los misterios de Dios". Pero es un fenómeno que se va agotando. Desaparecen sobre todo esos carismas cuyo ejercicio estaba en el culto y la vida de la comunidad, como el hablar inspirado y profético y la glosolalia. La profecia se reduce al carisma del magisterio, que consiste en interpretar la revelación de manera auténtica e infalible.

Otra consecuencia inevitable es la clericalización de los carismas. Ligados a la santidad personal, acaban por ser asociados casi siempre a los representantes habituales de la misma, a saber: los pastores, los monjes, los religiosos. Desde el ámbito de la eclesiología, los carismas pasan al de la hagiografía.

JUAN PABLO II: LA MISIÓN DE LOS ÁNGELES



1. Según la Sagrada Escritura, los ángeles, en cuanto criaturas puramente espirituales, se presentan a la reflexión de nuestra mente como una especial realización de la 'imagen de Dios', Espíritu perfectísimo, como Jesús recuerda a la mujer samaritana con las palabras; 'Dios es espíritu' (Jn 4, 24).Los ángeles son, desde este punto de vista, las criaturas más cercanas al modelo divino. El nombre que la Sagrada Escritura les atribuye indica que lo que más cuenta en la Revelación es la verdad sobre las tareas de los ángeles respecto a los hombres: ángel (angelus) quiere decir, en efecto, 'mensajero'. El término hebreo 'malak' -mélk-, usado en el Antiguo Testamento, significa más propiamente 'delegado' o 'embajador'.Los ángeles, criaturas espirituales, tienen función de mediación y de ministerio en las relaciones entre Dios y los hombres. Bajo este aspecto la Carta a los Hebreos dirá que a Cristo se le ha dado un 'nombre', y por tanto un ministerio de mediación, muy superior al de los ángeles (Cfr. Heb 1, 4).

2. El Antiguo Testamento subraya sobre todo la especial participación de los ángeles en la celebración de la gloria que el Creador recibe como tributo de alabanza por parte del mundo creado.Los Salmos de modo especial se hacen intérpretes de esa voz cuando proclaman, p.e.: 'Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo, todos sus ángeles.' (Sal 148, 1-2).De modo semejante en el Salmo 102: 'Bendecid a Yahvéh vosotros sus ángeles, que sois poderosos y cumplís sus órdenes, prontos a la voz de su palabra' (Sal 102, 20). Este último versículo del Salmo 102 indica que los ángeles toman parte, a su manera, en el gobierno de Dios sobre la creación, como 'poderosos ejecutores de sus órdenes' según el plan establecido por la Divina Providencia.A los ángeles está confiado en particular un cuidado y solicitud especiales por los hombres, en favor de los cuales presentan a Dios sus peticiones y oraciones, como nos recuerda, p.e., el Libro de Tobías (Cfr. especialmente Tob 3, 17 y 12, 12), mientras el Salmo 90 proclama: 'a sus ángeles ha dado órdenes. te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra'(Cfr. Sal 90, 1-12). Siguiendo el libro de Daniel, se puede afirmar que las funciones de los ángeles como embajadores del Dios vivo se extienden no sólo a cada uno de los hombres y a aquellos que tienen funciones especiales, sino también a enteras naciones (Dan 10, 13-21).

3. El Nuevo Testamento puso de relieve las tareas de los ángeles respecto a la misión de Cristo como Mesías y, ante todo, con relación al misterio de la encarnación del Hijo de Dios, como constatamos en la narración de la anunciación del nacimiento de Juan Bautista (Cfr. Lc 1, 11), de Cristo mismo (Cfr. Lc 1, 26), en las explicaciones y disposiciones dadas a María y José (Cfr. Lc 1, 30-37; Mt 1, 20-21), en las indicaciones dadas a los pastores la noche del nacimiento del Señor (Cfr. Lc 2, 9-15), en la protección del recién nacido ante el peligro de la persecución de Herodes (Cfr. Mt 2, 13).Más adelante los Evangelios hablan de la presencia de los ángeles durante el ayuno de Jesús en el desierto a lo largo de 40 días (Cfr. Mt 4, 11) y durante la oración en Getsemaní (Cfr. Lc 22, 43). Después de la resurrección de Cristo será también un ángel, que se aparece en forma de un joven, quien dirá a las mujeres que habían acudido al sepulcro y estaban sorprendidas por el hecho de encontrarlo vacío: 'No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no está aquí. Pero id a decir a sus discípulos. '(Mc 16, 6-7). María Magdalena, que se ve privilegiada por una aparición personal de Jesús, ve también a dos ángeles (Jn 20, 12-17; cfr. también Lc 24, 4). Los ángeles 'se presentan' a los Apóstoles después de la desaparición de Cristo para decirles: 'Hombres de Galilea, ¿qué estáis mirando al cielo?. Ese Jesús que ha sido arrebatado de entre vosotros al cielo, vendrá como le habéis visto ir al cielo' (Hech 1, 11).Son los ángeles de la vida, de la pasión y de la gloria de Cristo. Los ángeles de Aquel que, como escribe San Pedro, 'está a la diestra de Dios, después de haber ido al cielo, una vez sometidos a El ángeles, potestades y poderes' (1 Pe 3, 22).

4. Si pasamos a la nueva venida de Cristo, es decir, a la 'parusía', hallamos que todos los sinópticos hacen notar que 'el Hijo del hombre. vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles' (así Mc 8, 38, Mt 16, 27 y 25, 31, en la descripción del juicio final; y Lc 9, 26; cfr. también San Pablo, 2 Tes 1, 7).Se puede, por tanto, decir que los ángeles, como espíritus puros, no sólo participan en el modo que les es propio de la santidad del mismo Dios, sino que en los momentos clave, rodean a Cristo y lo acompañan en el cumplimiento de su misión salvífica respecto a los hombres. De igual modo también toda la Tradición y el Magisterio ordinario de la Iglesia ha atribuido a lo largo de los siglos a los ángeles este carácter particular y esta función de ministerio mesiánico.

viernes, 24 de agosto de 2012

ENCUENTROS CON JESÚS 25 DE AGOSTO 2012

 ENCUENTROS CON JESÚS
(TRIBUTO EN HONOR A MARÍA REINA DE LA PAZ)
                          25 DE AGOSTO

El tema del perdón siempre resulta urticante, Jesús no elude la complejidad del tema en virtud de su importancia para la vida cristiana.

Meditaremos el texto del diálogo que Jesús mantiene con Pedro y que sintetizamos en esta frase, que muestra claramente la exigencia del amor : "Setenta veces siete"
Para crecer en el amor a Dios y al prójimo hay que vivir el perdón y sus exigencias.
Te esperamos, retiro abierto y gratuito.

16 hs- Santo Rosario en honor de María Reina de la Paz (lectura de los mensajes)
16.40- Predicación Diác. Jorge Novoa.
17.20- Paseo con el Santísimo Sacramento.
18.00. Santa Misa (preside padre Sebastián).
Paseo con la imagen de la Reina de la Paz.
19.00. Oración con imposición de manos.

Anima musicalmente ministerio Hinneni (José Luis y alicia)

CAPILLA MARÍA REINA DE LA PAZ
25 DE AGOSTO- 16 HS- Bv Batlle y Ordoñez y Morelli (2 cuadras de 8 de octubre)

DIÁCONO JORGE NOVOA: "VEN Y LO VERÁS"

Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.»
Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»


Nos encontramos con la narración del encuentro de Jesús con Natanael, descripto por Él, como "un  israelita en quien no hay engaño". En este encuentro  de Natanael, tiene un  papel importante Felipe, será quien lo lleve hacia Jesús.

Felipe es uno de los tantos instrumento que el Señor utiliza para acercarnos a Él, sabemos que nadie puede ir a Jesús si el Padre no lo atrae, y que confesarlo como Señor y Salvador, es la obra del Espíritu Santo en nosotros,  pero también conocemos su acción por los testimonios de estos hombres y mujeres que lo han encontrado. Ser testigos del Señor, y confesarlo públicamente es algo que brota espontáneamente del amor que nos une.

Natanael inicialmente se desconcierta al escuchar su origen, Nazaret, " acaso puede salir algo bueno..." Conocer su ciudad de origen,o a María y José, para muchos desconcierta, se escandalizan porque muchos consideran  que la región habitada por gente humilde, es incapaz de "dar a luz" alguna personalidad interesante.

"Acaso puede salir algo bueno"... Es la "medida" de los que no conocen los caminos de Dios, para Él no hay imposibles. Para tener un santo, necesita un pecador. Seguramente es impactante la sabiduría de Jesús, y esto los desconcierta, piensan únicamente en lo que pueden hacer los hombres, y no reconocen a Nazaret como tierra de tanta sabiduría. Dirá la Santísima Virgen en el Magnificat, " dispersó a los soberbios de corazón y ... enaltece a los humildes". El Padre ha preparado la tierra de Nazaret, arándola para la llegada de su Hijo, ya están en ella María y José.

La invitación  de Felipe ," ven y lo veras",es una  invitación que se complementa con una afirmación, no dice, tal vez lo veas, afirma " lo verás".Jesús imprimió esto en el corazón de Felipe,  la afirmación es arriesgada, pero lo "visto y oído" permite este tipo de aseveraciones. La Iglesia, como testigos de lo que ha "visto y oído" aparece invitándote de esta manera, "ven y lo verás".

Se torna necesario vencer los prejuicios, muchas veces difundidos en los medios de comunicación, con falsas imágenes de Dios. Aquí está el núcleo eclesial, hay que encontrarse con Jesús, de aquí nace la pertenencia a la Iglesia, sin encuentro con Él, la adhesión es frágil  y rápidamente vulnerable.

Felipe se sorprende del conocimiento que Jesús tiene de él, le pregunta¿de dónde me conoces? Jesús nos conoce personalmente a cada uno, sabe que hay en el corazón del hombre, no juzga por  las apariencias, ve nuestro corazón.

"Ven y lo verás" dice la invitación que está dirigida a ti, seguramente el que te ha invitado no se llama Felipe, pero sea cual sea su nombre,quiere llevarte hacia Jesús

jueves, 23 de agosto de 2012

DIÁCONO JORGE NOVOA: EL BANQUETE ESTÁ PRONTO Y TÚ ESTÁS INVITADO (Mt 22,2-22)

«El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró  el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir.
Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: “Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda.”Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio;y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron.
Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
Entonces dice a sus siervos: “La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.”
Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
«Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?” El se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: “Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.”
Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.»


La imagen del banquete, es recurrente en las Sagradas Escrituras, el anfitrión es el Padre, presentado  aquí  cono rey, Él  quiere  participarnos de la boda de su hijo, en el Apocalipsis, se hablará de las bodas del Cordero. Se presenta una semejanza entre el reino de los cielos y un banquete, una comparación que permite vincular lo que conocemos ( el banquete) con lo desconocido (el reino de los cielos).

Observemos a los principales personajes de la parábola evangélica, miremos al rey, nos comparte su gozo, quiere compartirlo por medio de la celebración del banquete, es el anfitrión que alimentará a su pueblo. El reino es una buena nueva para la humanidad, los hombres son llamados a compartir la alegría del Padre, por la boda del Hijo con la humanidad.

El rey tiene servidores que van a invitar a los hombres  para participar del banquete, es él quien los envía, son comisionados para una misión que tiene su origen en él. Los instrumentos del Señor, deben ser fieles al encargo recibido, lo que comunican es motivo de alegría para los destinatarios, pero lo es también para ellos. Sus vidas deben estar impregnadas por esta buena noticia que viven y comunican.

El juicio del rey ante las respuestas negativas de los destinatarios, es concluyente, los encuentra indignos de ser parte del banquete. El juicio del Señor es inapelable, Israel no se gozo del banquete que su Señor le proponían en Jesucristo, no quiso ser parte de las bodas del Cordero. El Padre, ante la negativa de los invitados, no suspende la fiesta, sino que ahora extiende la invitación a otros."Sabemos que él conoce la realidad de que hay puestos que quedan vacíos, la respuesta negativa, el desinterés por él y su cercanía. Los puestos vacíos en el banquete nupcial del Señor, con o sin excusas,son para nosotros, ya desde hace tiempo, no una parábola sino una realidad actual."

El rey expulsa a un comensal que no tenía el vestido de fiesta. San Gregorio Magno, trata de esclarecer de quienes se trata o a quienes retrata esta imagen y concluye que son los que tienen fe pero no caridad. En cambio san Agustín entiende que son los que no buscan la gloria del Señor sino la propia.Era amigo, porque lo habían invitado y por la fe había entrado, pero el vestido que manifiesta su caridad estaba sucio e impresentable, y como dice Santiago en su carta," una fe sin obras es una fe muerta".

Miremos a los invitados , que de diversa manera rechazan la invitación del Señor a participar del banquete del reino. Unos no quisieron ir, otros se fueron a sus negocios o los asuntos dé su interés, finalmente otros respondieron matando a los mensajeros. Claramente se observa la diversidad de las respuestas a la invitación del Señor: indiferencia, intereses particulares y finalmente odio contra  Dios o las cosas o personas que lo representan.Los tres grupos representados con diversa forma  e intensidad están presentes en el mundo actual.

Los hombres son indiferentes para las cosas de Dios, pero no lo son para otras que atrapan su atención, qué se oculta detrás de la indiferencia? Es indiferente el indiferente? El padre Bojorge, dice que la indiferencia es un estado espiritual, que evangélicamente supone decir, que está en un espíritu impuro,  es decir en un espíritu de signo opuesto y contrario, al Espíritu de Dios. Este desinterés por Cristo tiene coordenadas en el Nuevo Testamento para discernir.

Es fácil reconocer a los que tienen intereses, que les impiden vivir una vida de fe y caridad activa. Juzgan que sus emprendimientos son lo primero y más importante en sus vidas y desplazan la fe y sus consecuencias.

El tercer grupo ha regado la tierra de mártires, con persecuciones sangrientas, pero también existen las silenciosas, que se desarrollan culturalmente con todo tipo de presiones, estas aparecen designas por la palabra secularismo.

El banquete está pronto y tú estás invitado, depende ti la respuesta. Indiferente ,demasiado ocupado en mis interese personales, aversión a la fe y su comportamientos o pseudocatolicismo, aguado, penetrado por el liberalismo o el modernismo o la  filantropía que se disfraza de caridad ...

MONSEÑOR JAIME FUENTES: LA MISA DISCRIMINADA


  El verbo discriminar, según la Academia, tiene dos sentidos: seleccionar excluyendo es el primero; y, el otro,  dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.

Si una persona o una institución discrimina, es objeto de merecidas sanciones. Si lo hace un organismo estatal, por motivos religiosos para más datos, ¿no pasa nada?

El viernes pasado di una conferencia en el Argentino Hotel de Piriápolis. Se trataba de un encuentro de familias, al que asistieron 150 matrimonios. Originalmente, esta actividad iba a tener lugar en el Parque de Vacaciones de UTE, a pocos kilómetros de Minas: hace meses, el Parque había ofrecido un buen precio y habían concertado realizar ahí el evento. Hasta aquí, todo normal.

Pero no fue así. Cuando los matrimonios organizadores ya tenían todo decidido, programado y anunciado, reciben una comunicación que venía desde la Dirección misma de UTE en Montevideo, en la que decían que no, que no se podía realizar esa actividad en el Parque. ¿Cuál era el motivo?

En el programa del encuentro, a una determinada hora estaba incluida la posibilidad de asistir a Misa, que se iba a celebrar en alguno de los varios locales que tiene el Parque. La Gerencia, como es natural, no había puesto ninguna objeción: iban a ocupar el hotel 300 personas durante un fin de semana, y sería una muy buena entrada económica; si quieren ofrecer sesiones de lectura del Corán o hacer meditación trascendental o celebrar Misa, ¿qué más da?

Se ve que sí, que da. Ante la negativa de los superiores, la Gerencia del Parque se preocupó de pensar en otras alternativas (contratar ómnibus por cuenta suya para que pudieran venir a Misa a Minas, por ejemplo), tan bien intencionadas como insólitas, si se piensa con un poco de sentido común. Lo que estaba firme, por órdenes de arriba, era que Misa, en el Parque, no.

Los organizadores se movieron, le dijeron chau al Parque  y contrataron el Argentino Hotel, encantado de poner a disposición lo mejor para recibir a 150 matrimonios.¿Es o no es discriminación por motivos religiosos lo que hizo UTE? ¿Intervendrá la Justicia?

Un recuerdo para terminar. En 1998, durante la visita del papa Juan Pablo II a Cuba, el P. José Luis Ponte y yo (él había ido enviado por una revista española; yo, por radio Nuevo tiempo), celebramos Misa en el hotel Habana Libre, donde funcionaba la sala de prensa. Sólo recibimos facilidades, por parte del hotel, para prepararla y celebrarla. Además de periodistas, asistieron varias empleadas y empleados del hotel que, al terminar la Misa, no paraban de darnos las gracias: estaban felices. Fue en el hotel Habana Libre, repito.       

lunes, 20 de agosto de 2012

HANS URS VON BALTHASAR: EL JOVEN RICO

Vende lo que tienes. La historia de joven rico que no quiere renunciar a sus bienes y la de los discípulos que han dejado todo para seguir a Cristo forman una unidad en el Evangelio. Entre los dos episodios aparecen las palabras de Jesús sobre la dificultad de los ricos para entrar en el reino de Dios ¿Quiénes son esos ricos para Jesús? Los que se apegan a sus posesiones y riquezas. La cuantía de las riquezas carece de importancia. Puede haber ricos que no están apegados a sus bienes (Jesús conoció seguramente a algunos de ellos; presumiblemente las mujeres que le ayudaban con sus bienes eran familias acomodadas: Lc 8,3), del mismo modo que puede también haber pobres que no están dispuestos a renunciar a lo poco que tienen. Cuando ve que el joven rico no está dispuesto a renunciar a sus bienes, Jesús habla primero de dificultar, y después, con la imagen del ojo de la aguja, de imposibilidad práctica de entrar en el Reino de Dios para el que no esté dispuesto a renunciar a sus riquezas, para, finalmente, ante el espanto de sus discípulos, confiar todo al poder soberano de Dios. Y cuando Pedro afirma que él y los demás discípulos han dejado todo para seguirle, Jesús radicaliza la cuestión en varios aspectos: en primer lugar enumerando las personas y los bienes que es preciso dejar, después subrayando que esas personas y esos bienes se han de dejar "por mí y por el Evangelio" – por tanto: no por menosprecio de los bienes terrenales, sino postergándolos por un motivo concreto-, y finalmente mediante la cláusula con persecuciones: el que se desprende de sus bienes no llega necesariamente a un puerto seguro, el "céntuplo" que recibirá se promete sólo para la vida futura.El seguimiento del que ha hablado Pedro consiste en esto: cruz en este mundo, resurrección en el más allá.

ORACIÓN DE SAN BERNARDO A LA VIRGEN MARÍA


Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a aparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente. Amén.

domingo, 19 de agosto de 2012

JUAN PABLO II: LA CAÍDA DE LOS ÁNGELES MALOS


La caída de los ángeles malos (23.VII.86)

1. Proseguimos hoy nuestra catequesis sobre los ángeles, cuya existencia, querida por un acto del amor eterno de Dios, profesamos (.).En la perfección de su naturaleza espiritual, los ángeles están llamados desde el principio, en razón de su inteligencia, a conocer la verdad y a amar el bien que conocen en la verdad de modo mucho más pleno y perfecto que cuanto es posible al hombre. Este amor es el acto de una voluntad libre, por lo cual también para los ángeles la libertad significa posibilidad de hacer una elección en favor o en contra del Bien que ellos conocen, esto es, Dios mismo.Hay que repetir aquí lo que ya hemos recordado a su debido tiempo a propósito del hombre: creando a los seres libres, Dios quiere que en el mundo se realice aquel amor verdadero que sólo es posible sobre la base de la libertad. El quiso, pues, que la criatura, constituida a imagen y semejanza de su Creador, pudiera de la forma más plena posible, volverse semejante a El: Dios, que 'es amor'. Creando a los espíritus puros, como seres libres, Dios, en su Providencia, no podía no prever también la posibilidad del pecado de los ángeles. Pero precisamente porque la Providencia es eterna sabiduría que ama, Dios supo sacar de la historia de este pecado, incomparablemente más radical, en cuanto pecado de un espíritu puro, el definitivo bien de todo el cosmos creado

2. De hecho, como dice claramente la Revelación, el mundo de los espíritus puros aparece dividido en buenos y malos. Pues bien, esta división no se obró por la creación de Dios, sino en base a la propia libertad de la naturaleza espiritual de cada uno de ellos. Se realizó mediante la elección que para los seres puramente espirituales posee un carácter incomparablemente más radical que la del hombre y es irreversible, dado el grado de intuición y de penetración del bien, del que está dotada su inteligencia.A este respecto se debe decir también que los espíritus puros han sido sometidos a una prueba de Carácter moral. Fue una opción decisiva, concerniente ante todo a Dios mismo, un Dios conocido de modo más esencial y directo que lo que es posible al hombre, un Dios que había hecho a estos seres espirituales el don, antes que al hombre, de participar en su naturaleza divina.

3. En el caso de los espíritus puros la elección decisiva concernía ante todo a Dios mismo, primero y sumo Bien, aceptado y rechazado de un modo más esencial y directo del que pueda acontecer en el radio de acción de la libre voluntad del hombre. Los espíritus puros tienen un conocimiento de Dios incomparablemente más perfecto que el hombre, porque con el poder de su inteligencia, no condicionada ni limitada por la mediación del conocimiento sensible, ven hasta el fondo la grandeza del Ser infinito, de la primera Verdad, del sumo Bien. A esta sublime capacidad de conocimiento de los espíritus puros Dios ofreció el misterio de su divinidad haciéndoles participes, mediante la gracia, de su infinita gloria.Precisamente en su condición de seres de naturaliza espiritual, había en su inteligencia la capacidad, el deseo de esta elevación sobrenatural a la que Dios les había llamado, para hacer de ellos, mucho antes que del hombre, 'partícipes de la naturaleza divina', partícipes de la vida íntima de Aquel que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, de Aquel que, en la comunión de las tres Divinas Personas, 'es Amor'.Dios había admitido a todos los espíritus puros, antes y en mayor grado que al hombre, a la eterna comunión de Amor

.4. La opción realizada sobre la base de la verdad de Dios, conocida deforma superior dada la lucidez de sus inteligencias, ha dividido también el mundo de los espíritus puros en buenos y malos.Los buenos han elegido a Dios como Bien supremo y definitivo, conocido a la luz de la inteligencia iluminada por la Revelación. Haber escogido a Dios significa que se han vuelto a El con toda la fuerza interior de su libertad, fuerza que es amor. Dios se ha convertido en el objetivo total y definitivo de su existencia espiritual.Los otros, en cambio, han vuelto la espalda a Dios contra la verdad del conocimiento que señalaba en Él el Bien total y definitivo. Han hecho una elección contra la revelación del misterio de Dios, contra su gracia, que los hacía partícipes de la Trinidad y de la eterna amistad con Dios, en la comunión con El mediante el amor. Basándose en su libertad creada, han realizado una opción radical e irreversible, al igual que la de los ángeles buenos, pero diametralmente opuesta: en lugar de una aceptación de Dios, plena de amor, le han opuesto un rechazo inspirado por un falso sentido de autosuficiencia, de aversión y hasta de odio, que se ha convertido en rebelión.

5. Cómo comprender esta oposición y rebelión a Dios en seres dotados de una inteligencia tan viva y enriquecidos con tanta luz? ¿Cuál puede ser el motivo de esta radical e irreversible opción contra Dios, de un odio tan profundo que puede aparecer como fruto de la locura?.Los Padres de la Iglesia y los teólogos no dudan en hablar de 'ceguera', producida por la supervaloración de la perfección del propio ser, impulsada hasta el punto develar la supremacía de Dios que exigía, en cambio, un acto de dócil y obediente sumisión. Todo esto parece expresado de modo conciso en las palabras '"No te servir !2, 20), que manifiestan el radical e irreversible rechazo de tomar parte en la edificación del reino de Dios en el mundo creado. 'Satanás', el espíritu rebelde, quiere su propio reino, no el de Dios, y se yergue como el primer 'adversario' del Creador, como opositor de la providencia, como antagonista de la amorosa sabiduría de Dios.De la rebelión y del pecado de Satanás, como también del pecado del hombre, debemos concluir acogiendo la sabia experiencia de la Escritura, que afirma: 'En el orgullo está la perdición' (Tob 4, 14).

jueves, 16 de agosto de 2012

DIACONO JORGE NOVOA: "SETENTA VECES SIETE"

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
-Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?
Jesús le contesta:
-No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola:
-Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
-Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.
El Señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
-Págame lo que me debes.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
-Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
-¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.


La enseñanza de Jesús se centra sobre el tema del perdón, y resulta tan clara, que no admite dudas al respecto. El texto nos presenta la pregunta de Pedro sobre el perdón, y la parábola que reafirma la respuesta que dio Jesús a Pedro.

La pregunta de Pedro, parecer no poner en cuestión el perdón, pero quiere saber si a esta acción hay que ponerle límites, de allí ,que aparezca "el cuantas veces". La ofensa es real y también la decisión de perdonar, pero hasta cuando debo hacerlo. La respuesta de Jesús, va al fundamento, no se trata de un caso de números, se trata de reconocer el perdón como expresión del amor.
Y aquí, hay que dar un paso más, no es solamente un compromiso moral lo que  se asume al perdonar, es expresión del amor redentor de Cristo, es la actuación de este amor en los que le siguen.

Jesús, pudo perfectamente interpelarlo de la siguiente manera: cuál es ese amor que tienes,que le pone límites a tu perdón? Es que tu amor es cuantificable en sus posibilidades? Si así lo es, no es expresión de la comunión que tienes conmigo y de la vida que has recibido. No es expresión de mi amor redentor.La respuesta de Jesús es obvia, "hay que perdonar siempre",  a eso refiere el setenta veces siete.

En el texto del diálogo con Pedro, para otorgar el perdón no se presenta ninguna condición, aunque la parábola que esclarece la enseñanza, se observa a los dos deudores, suplicando el perdón, por lo cual, nunca debería negarse el perdón al  que se encuentra arrepentido. Es claro que el perdón,como expresión del amor redentor de Cristo, debe ser una disposición habitual del corazón creyente.

La parábola profundiza  otros aspectos, todos somos pecadores y por lo tanto, beneficiarios del perdón del Padre, esta es la obra de reconciliación del Hijo, vivida en nosotros por la acción del Espíritu Santo. Hemos sido perdonados, y por lo tanto beneficiarios de una acción que es obra de la compasión del acreedor. Incluso al que se le han perdonado 10000 talentos no perdona la deuda de 100 dracmas. Ciertamente, no hay modo de comparar nuestras ofensas para con Dios, con las ofensas que tienen con nosotros los hombres.  Siempre el ser perdonado por Dios y experimentar su amor, posibilita y exige el perdón de las ofensas a los hermanos.


Incorporado por Jesús en las enseñanzas del padrenuestro, muchas veces se torna una materia pendiente : "perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos  a los que nos ofenden". 

Una palabra más sobre el perdón, si por Cristo hemos nacido de nuevo, según el diálogo con Nicodemo, y si San Pablo nos invita a vivir como nuevas criaturas, el perdón es parte del lenguaje de lo nuevo que Cristo ha hecho en nuestras vidas.

 Es cierto que hay heridas profundas y crueles, que duelen y lastiman profundamente, por ello, es necesario comprender que todo perdón que comporta estas características, supone un proceso, un tiempo, en el que la gracia nos ayuda a enfrentar el dolor, y nos libera de sus consecuencias trágicas, como son, el rencor, odio, sed de venganza o la justicia por mano propia. El perdón me libera de la cárcel del rencor, y  del óxido que impregna el corazón destruyéndolo lentamente.

Perdonar es aprender nuevamente a caminar, por unos senderos poco transitados, pero llenos de esperanza. En los momentos que te sientas fatigado de vivir laS exigencias del perdón, allí te lo encontrarás a Él , que te cargará sobre sus brazos. En estos senderos está Él, por ello es posible vivir el perdón.