martes, 27 de diciembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: LOS CAMINOS DE DIOS

Todos los medios de comunicación están pendientes de la decisión que tomará el senado romano en
estos días. El emperador reunido con sus más cercanos asesores está evaluando la conveniencia de las leyes promulgadas. El mundo está expectante, todos miran a Roma; se han hecho presentes los más importantes y destacados medios de prensa del orbe entero.

Ciertamente, si congeláramos esta escena, que ha intentado recrear la atención del mundo para con la capital del imperio, y entrando en ella, le preguntáramos a un hombre cualquiera de ese tiempo, ¿dónde se está gestando el futuro de la humanidad? ¿quién lo está decidiendo?

Nuestra pregunta suscitaría en él, un asombro similar al que experimentaron los discípulos camino de Emaús ante la demanda de Jesús: “¿qué ha ocurrido?” La respuesta claramente apuntaría hacia el Imperio Romano: allí se están resolviendo los destinos de la humanidad. Allí está el poder que regirá al mundo. Los destinos de todos los hombres están en las manos del emperador romano y su senado que bosqueja cómo disponer del mundo según su proyecto.

Al mismo tiempo, en una parte alejada de ese mismo imperio, dos mujeres se encuentran en uno de los tantos pueblitos polvorientos de Israel. Una, llamada María; la otra, su prima Isabel. Las dos llevan en sus vientres a dos personajes de la historia grande: Isabel, a Juan Bautista; María, a Jesús. La lectura de la realidad aparece harto distinta para quien se coloque desde esta perspectiva. El mundo no ha quedado en manos del azar, no depende en su destino último de la prepotencia de quien ejerce el poder arbitrariamente. No está bajo la amenaza del capricho; no es un hijo abandonado de un padre prófugo. El Creador “no olvida la obra de sus manos.” Y en virtud de su Amor, cumple plenamente con la promesa que había realizado desde el momento de la caída del hombre en el paraíso.

Dios está confundiendo los proyectos de los fuertes con la disponibilidad y el amor de los débiles. Dos mujeres a la vera del camino son las portadoras de los destinos de la humanidad de todos los tiempos. En sus conversaciones sencillas, Dios está tejiendo la historia de la salvación. Su acción está en medio de ellas, se torna palpable, es motivo de gozo para el niño que lleva en el vientre Isabel. Ante la “Madre del Señor”, Juan Bautista salta de gozo. Así como David viene danzando delante del Arca de la presencia que vuelve a estar en medio de su Pueblo, Juan Bautista salta de gozo delante del Arca de la Nueva y Eterna Alianza que deposita al Señor Dios en medio de su Pueblo. María es saludada por ser la portadora, como el Arca, de la presencia de Dios, para convertirse en el primer sagrario, que custodia con la valentía de la fe, el proyecto de Dios que se está realizando.

¿Quiénes son los débiles desde la perspectiva del mundo? María, José, Isabel, Zacarías, Juan Bautista, los pastores fieles, Ana, Simeón; eran llamados despectivamente “anawin”, es decir, los pobres del Señor. Para vivir confiadamente, es necesario pedir la gracia de la mirada de estos “limpios de corazón”: ¡así es como se ve a Dios y su proyecto!

“No tengan miedo” nos dice el Señor. “Dios está con nosotros” cumpliendo su proyecto según su promesa. Si el futuro se abre lleno de incertidumbres busquemos purificar nuestro corazón para mirar desde la esperanza: ¡desde los ojos de Dios!
Diác. Jorge Novoa

sábado, 10 de diciembre de 2016

HANS URS VON BALTHASAR: TERCER DOMINGO DEL ADVIENTO (A)


Eres tú? El que Juan Bautista tenga que soportar en la cárcel esta oscuridad que Dios le impone, forma parte de su futuro testimonio de sangre. El había esperado un hombre poderoso, que bautiza con Espíritu Santo y fuego. Y en el evangelio aparece ahora un hombre dulce que “no apaga el pabilo vacilante”. Jesús clama su inquietud mostrándole que la profecía se cumple en él: en milagros discretos que aumentan la fe que persevera: “dichoso el que no se sienta defraudado por mí” 

Quizá sea precisamente esta oscuridad impuesta al testigo, la razón por la que Jesús le alaba ante la multitud: Juan se ha entendido a sí mismo como lo que realmente es, como el mensajero enviado delante de Jesús, el que le ha preparado el camino. Juan se ha designado a sí mismo como la simple voz que grita en el desierto, anunciando el milagro de lo nuevo que ha de venir; y efectivamente: el más pequeño en el reino que viene es más grande que él, que se ha considerado como perteneciente a lo antiguo y que sin embargo, como amigo del Esposo, precisamente por tener la humildad de ceder el sitio y eclipsarse, ha sido iluminado por la luz de la nueva gracia. En los iconos aparece como María, la Madre, que procede también de la Antigua Alianza y como él pasa a la Nueva, a derecha e izquierda del Juez del mundo.

El desierto se rogocijará. En la primera lectura de Isaías describe la transformación del desierto en tierra fértil como consecuencia de la venida de Dios. Mirad a vuestro Dios. El desierto es el mundo que Dios no ha visitado todavía; pero ahora Dios viene. El hombre es ciego, sordo, cojo, y mudo, cuando todavía no ha sido visitado por Dios. Pero ahora los sentidos se abren y los miembros se sueltan. Los ídolos que se adoraban en lugar del Dios vivo eran, tal y como nos lo describen los salmos y los libros sapienciales, ciegos, sordos, cojos y mudos; y sus adoradores eran semejantes a ellos. Estaban alejados del Dios vivo, pero ahora “vuelven los rescatados del Señor”, son liberados de la muerte espiritual y renacen a la verdadera viva. Es a esto precisamente a lo que alude Jesús en el evangelio cuando describe la acción.

Paciencia. Pero el retorno a Dios con motivo de su venida a nosotros, exige- como indica Santiago en la segunda lectura- la espera paciente. El labrador y la actitud paciente que normalmente le caracterizan, se nos ponen como ejemplo. El labrador aguarda pacientemente el fruto de la tierra, que, como dice Jesús en una parábola, crece por sí solo, sin que él sepa cómo (Mc 4,27). No atrae la lluvia con magia, espera pacientemente la lluvia temprana y tardía. Santiago sabe que la paciencia cristiana no es una espera ociosa, sino que exige un fortalecimiento del corazón, y esto no en un entrenamiento autógeno, sino porque la venida del Señor está próxima. Paciencia significa no precipitar nada, no acelerar nada artificialmente, sin dejar venir sobre nosotros todo lo que Dios ha dispuesto (Is 28,16). Saber que el juez está ya a la puerta, no nos da derecho a abrirla bruscamente.Con gran sabiduría, a los cristianos impacientes,que no pueden esperar con paciencia la venida del Señor, se les dice que tomen como ejemplo a los profetas y su paciencia perseverante.Con el mismo derecho se podría invocar el ejemplo de la paciencia de María en su Adviento. La mujer encinta no puede ni debe precipitarse. También la Iglesia está encinta, pero no se sabe cuándo le llegará el momento de dar a luz.

jueves, 8 de diciembre de 2016

DOGMA DE FE: INMACULADA CONCEPCIÓN


LA DEFINICION DOGMÁTICA

El Papa Pío IX, en la Bula Ineffabilis Deus, del 8 de diciem­bre de 1854 definió solemnemente el dogma de la Inmaculada concepción de María con estas palabras:

"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina ,"que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer ins­tante de su concepción, fue, por singular gracia y privilegio 1, Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios y, Por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles" (Dz. 1641).

EXPLICACION DEL CONTENIDO DEL DOGMA
Repasemos cada una de las proposiciones de la defini­ción.

El primer instante de la concepción de María
En la concepción de María, engendrada por sus padres, hay que distinguir la concepción activa, es decir la acción de engendrar por parte de San Joaquín y de Santa Ana, y la concepción pasiva, o sea, el resultado de la acción de engen­drar o el ser mismo de María, fruto de esa acción. El dogma se refiere a la concepción pasiva, enseñando que desde el pri­mer instante en que es constituida como persona, lo es sin mancha alguna de pecado.

Contrariamente a lo que afirmaban algunos teólogos en épo­cas pasadas ‑para salvar la universalidad del pecado origi­nal‑, que habiendo contraído el pecado estuvo sometida a él por un instante, para ser luego inmediatamente después santi­ficada por Dios en el seno de su madre.

Inmune de toda mancha de culpa original
Es dogma de fe que el pecado original se transmite a todos los hombres por generación natural, de tal modo que todos son concebidos en pecado (cfr. Conc. de Trento: DZ 791). Ahora bien, como María fue inmune de la culpa, al ser concebida sin pecado, no tuvo esa culpa y, por ello, tampoco tenía las consecuencias de esa falta. Esto supone tres cosas: l) la ausencia de toda mancha de pecado; 2) la presencia de la gracia santificante con las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo y, 3) la ausencia de inclinación al mal. Esta mala inclinación es llamada Fomes peccati.

Estos tres puntos se dieron en María:
1)Ausencia de cualquier mancha de pecado. Ella fue inmune al reato de la culpa y de la pena debidas al pecado original, en virtud de que nunca tuvo ese pecado;

2) Llena de gracia santificante. Por lo anterior, al no tener pecado, el alma de María estuvo llena de la gracia santificante, desde el primer instante de su ser, y poseía las virtudes infu­sas y los dones que acompañan ese estado de santidad;

3) Ausencia de la inclinación al mal. El pecado, que consiste en la aversión a Dios y en el amor desordenado a las criaturas provoca la inclinación al mal. En María esto no se dio, puesto que jamás tuvo pecado alguno.

jueves, 24 de noviembre de 2016

MISIONEROS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO: QUÉ ES ADORAR?


Qué es adorar

Es la relación connatural del hombre con Dios, de la creatura inteligente con su Creador. Los hombres y los ángeles deben adorar a Dios. En el cielo, todos, las almas bienaventuradas de los santos y los santos ángeles, adoran a Dios. Cada vez que adoramos nos unimos al cielo y traemos nuestro pequeño cielo a la tierra.
La adoración es el único culto debido solamente a Dios. Cuando Satanás pretendió tentarlo a Jesús en el desierto le ofreció todos los reinos, todo el poder de este mundo si él lo adoraba. Satanás, en su soberbia de locura, pretende la adoración debida a Dios. Jesús le respondió con la Escritura: “Sólo a Dios adorarás y a Él rendirás culto”. 

Jesucristo, al comer la Pascua judía con los suyos, aquella noche en la que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, dando gracias bendijo al Padre y lo pasó a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed todos de él, esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros”, al final de la cena, tomó el cáliz de vino, volvió a dar gracias y a bendecir al Padre y pasándolo a los discípulos dijo: “Tomad y bebed todos de él, este es el cáliz de mi sangre. Sangre de la Alianza Nueva y Eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.”
Él dijo sobre el pan: “Esto es mi cuerpo”, y sobre el vino: “Esta es mi sangre”. Pero, no sólo eso, agrego también: “Haced esto en conmemoración mía”. Les dio a los apóstoles el mandato, “haced esto”, el mandato de hacer lo mismo, de repetir el gesto y las palabras sacramentales. Nacía así la Eucaristía y el sacerdocio ministerial.
Cada vez que el sacerdote pronuncia las palabras consagratorias es Jesucristo quien lo ha hecho y se hace presente su cuerpo y su sangre, su Persona Divina. Porque Jesucristo es Dios verdadero y hombre verdadero. Siendo Jesucristo Dios y estando presente en la Eucaristía, entonces se le debe adoración.
En la Eucaristía adoramos a Dios en Jesucristo, y Dios es Uno y Trino, porque en Dios no hay divisiones. Jesucristo es Uno con el Padre y el Espíritu Santo y, como enseña el Concilio de Trento, está verdaderamente, realmente, substancialmente presente en la Eucaristía.
La Iglesia cree y confiesa que «en el augusto sacramento de la Eucaristía, después de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y substancialmente nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles» (Trento 1551: Dz 874/1636).
La divina Presencia real del Señor, éste es el fundamento primero de la devoción y del culto al Santísimo Sacramento. Ahí está Cristo, el Señor, Dios y hombre verdadero, mereciendo absolutamente nuestra adoración y suscitándola por la acción del Espíritu Santo. No está, pues, fundada la piedad eucarística en un puro sentimiento, sino precisamente en la fe. Otras devociones, quizá, suelen llevar en su ejercicio una mayor estimulación de los sentidos –por ejemplo, el servicio de caridad a los pobres–; pero la devoción eucarística, precisamente ella, se fundamenta muy exclusivamente en la fe, en la pura fe sobre el Mysterium fidei («præstet fidessupplementum sensuum defectui»: que la fe conforte la debilidad del sentido; Pange lingua).
Por tanto, «este culto de adoración se apoya en una razón seria y sólida, ya que la Eucaristía es a la vez sacrificio y sacramento, y se distingue de los demás en que no sólo comunica la gracia, sino que encierra de un modo estable al mismo Autor de ella.
«Cuando la Iglesia nos manda adorar a Cristo, escondido bajo los velos eucarísticos, y pedirle los dones espirituales y temporales que en todo tiempo necesitamos, manifiesta la viva fe con que cree que su divino Esposo está bajo dichos velos, le expresa su gratitud y goza de su íntima familiaridad» (Mediator Dei 164).
El culto eucarístico, ordenado a los cuatro fines del santo Sacrificio, es culto dirigido al glorioso Hijo encarnado, que vive y reina con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Es, pues, un culto que presta a la santísima Trinidad la adoración que se le debe (+Dominicæ Cenæ 3).
La Eucaristía es el mayor tesoro de la Iglesia ofrecido a todos para que todos puedan recibir por ella gracias abundantes y bendiciones. La Eucaristía es el sacramento del sacrificio de Cristo del que hacemos memoria y actualizamos en cada Misa y es también su presencia viva entre nosotros. Adorar es entrar en íntima relación con el Señor presente en el Santísimo Sacramento.
Adorar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento es la respuesta de fe y de amor hacia Aquel que siendo Dios se hizo hombre, hacia nuestro Salvador que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros y que sigue amándonos de amor eterno. Es el reconocimiento de la misericordia y majestad del Señor, que eligió el Santísimo Sacramento para quedarse con nosotros hasta el fin de mundo.
El cristiano, adorando a Cristo reconoce que Él es Dios, y el católico adorándolo ante el Santísimo Sacramento confiesa su presencia real y verdadera y substancial en la Eucarística. Los católicos que adoran no sólo cumplen con un acto sublime de devoción sino que también dan testimonio del tesoro más grande que tiene la Iglesia, el don de Dios mismo, el don que hace el Padre del Hijo, el don de Cristo de sí mismo, el don que viene por el Espíritu: la Eucaristía.
El culto eucarístico siempre es de adoración. Aún la comunión sacramental implica necesariamente la adoración. Esto lo recuerda el Santo Padre Benedicto XVI enSacramentum Caritatis cuando cita a san Agustín: “nadie coma de esta carne sin antes adorarla…pecaríamos si no la adoráramos” (SC 66). En otro sentido, la adoración también es comunión, no sacramental pero sí espiritual. Si la comunión sacramental es ante todo un encuentro con la Persona de mi Salvador y Creador, la adoración eucarística es una prolongación de ese encuentro. Adorar es una forma sublime de permanecer en el amor del Señor.
Por tanto, vemos que la adoración no es algo facultativo, optativo, que se puede o no hacer, no es una devoción más, sino que es necesaria, es dulce obligación de amor. El Santo Padre Benedicto XVI nos recordaba que la adoración no es un lujo sino una prioridad.

Quien adora da testimonio de amor, del amor recibido y de amor correspondido, y además da testimonio de su fe.

Ante el misterio inefable huelgan palabras, sólo silencio adorante, sólo presencia que le habla a otra presencia. Sólo el ser creado ante el Ser, ante el único Yo soy, de donde viene su vida. Es el estupor de quien sabe que ¡Dios está aquí! ¡Verdaderamente aquí!
FUENTE: http://adoracionperpetua.info

lunes, 21 de noviembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: BAJA ZAQUEO, HOY VOY A ENTRAR EN TU CASA...

Zaqueo vivía inmerso en su rutina, y el nombre de Jesús, comenzó a sobrevolar su existencia. Sabiendo que iba a pasar por un lugar, fue a verlo, y como había mucha gente, lo aguardó sobre un Sicómoro..

Podés escuchar y bajar la Catequesis, que se emitión por Radio María en Uruguay..

RETIRO ESPIRITUAL 26 DE NOVIEMBRE

La vasija que estaba haciendo se estropeó como barro en manos del alfarero, y éste volvió a empezar, transformándola en otra diferente, como mejor le pareció al Alfarero (Jr 18,4)

Vivimos desconcertados y doloridos por diversas situaciones de la vida, cuantos sueños se frustran, y nos dejan como testigos impotentes de sus ocasos. El Alfarero Divino quiere modelarnos, somos"obra de Dios", hechura suya, amasados por sus manos. Una obra única, irrepetible, fruto de su Amor y su paciencia.
Te esperamos!

Sábado 26 de noviembre de 2016-16 hs
(retiro abierto y gratuito)
Parroquia María Reina de la Paz
Montevideo-Uruguay

16- Santo Rosario
Bendición con la imagen de la Gospa
17- Predicación 
18.15 Paseo con el Santísimo Sacramento
19- Santa Misa

Confesiones a lo largo del Retiro,y luego de la santa Misa habrá oración con imposición de manos.

DIÁCONO JORGE NOVOA: ADVIENTO, TIEMPO DE LA VISITA DE DIOS

sábado, 12 de noviembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: EL PARALÍTICO DE BETESDA (JN 5,1-18)


Estamos habituados a escuchar que el Señor sana desde dentro hacia fuera, desde el corazón hasta alcanzar todos nuestros actos, y así plantearnos que debe haber coherencia entre lo que pensamos y hacemos, entre nuestros pensamientos y obras. Muchas situaciones no resueltas en el plano de las relaciones personales tienen su origen, en realidades oscuras que anidan en nuestro corazón: rencores, envidias,odios, etc...

También es cierto que el Señor obra de modo inverso, recordemos el pasaje de la curación del inválido junto a la piscina de Betesda, narrado en el capítulo 5 del evangelio según San Juan. Allí, el Señor se compadece de los enfermos, su mirada se posa sobre esa muchedumbre, que el relato enumera diciéndonos que se encontraban allí: "cojos, ciegos y paralíticos".El Señor percibe una humanidad doliente, ubicada al "costado", fuera del Templo, esperando la "agitación de  las aguas" de la piscina. Porque, de entrar en primer lugar alcanzaría la curación. Nuestro Señor dialoga con el paralítico que estaba aguardando la agitación de las aguas, llevaba muchos años de infructuosa espera, porque su mal, le impedía entrar en la piscina, antes que a los otros. 

Quieres curarte? pregunta Jesús. El paralítico, es entre aquellos enfermos, el más pobre entre los pobres, como diría Santa Teresa de Calcuta. Como él mismo lo narra, otros siempre entran antes que él. La mirada del Señor es compasiva y misericordiosa, al llegar al Templo, ha reparado en los enfermos, y entre ellos, en aquel que aparece mas necesitado. Este hombre no esperaba que Jesús le devolviera la salud, dado que su respuesta a la pregunta del maestro fue: "no tengo quien me entre en la piscina".

Jesús está frente a él, hablando sobre su curación, y éste sigue poniendo su esperanza en la agitación de las aguas.Incluso luego de obrado el milagro responde a la requisitoria de los judíos, desconocer el nombre de quien lo ha sanado.Jesús quiere sanar su corazón, y para ello sana su mal físico.Ha iniciado un camino desde el exterior hacia el interior.

Así comentará San agustín el pasaje:

"Es mucho más el que Jesucristo curase las enfermedades de las almas, que el que sanase las enfermedades de los cuerpos que habrían de morir. Pero como esta alma no conocía a Aquél por quien habría de ser curada, y como tenía los ojos de la carne para ver las cosas corporales, y aún no tenía sanos los ojos del alma para que pudiese conocer a Dios -aunque oculto-; hizo lo que podía ser visto para que se curase lo que no podía verse. Entró en aquel lugar en donde había muchos enfermos, y de ellos eligió uno para curarlo..."

Luego lo encontrará en el Templo para sanarlo definitivamente y liberarlo del mal radical que es el pecado. Jesús sana también desde el exterior hacia el interior.Aquí ya ejerce su misión, Jesús es el buen Pastor, ha encontrado a esta ovejas en su pórtico (puerta de las ovejas), están derrengadas, heridas (Ez 36) y aunque todavía no lo reconocen como tal,Él ya ejerce su misión con ellos, reparando en sus males y ofreciéndoles la salvación...

jueves, 10 de noviembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: DEL GIRO ANTROPOLÓGICO A LA PUERTA GIRATORIA

Hace pocos días, conversaba con un grupo de padres que se sentían decepcionados, y en algunos casos desorientados, por las respuestas y comportamientos de sus hijos. Uno de ellos, refería lo triste que era constatar, las respuestas que recibían con su madre, ante algunos requerimientos. La presencia en mesa familiar, la visita a un familiar enfermo o la simple compañía de un hermano para con su hermana, eran algunos de los tantos desvelos y dolores, que confesaban los padres de estos jóvenes tener y no poder solucionar.

Los sueños que se promueven a las jóvenes generaciones, por los medios de comunicación, son luego de transitados, caminos de frustración. Esta sociedad de consumo, esconde debajo de la alfombra los escombros que produce, un dato indicativo es el aumento considerable del índice de suicidios entre los jóvenes de AL. Estamos en una sociedad de consumo, que promete la felicidad en la posesión de los bienes, y que presenta como saldo final la depresión. 


Qué es lo que está ocurriendo? Parece una pregunta simple y necesaria, ciertamente, no hay respuestas sencillas, porque el problema es serio. Tan serio como el divorcio, el aborto, la infidelidad y la violencia doméstica. Y lamentablemente, son motivo de un trato superficial, marcado por intereses egoístas o económicos, que alimentan proyectos de leyes en los parlamentos, con la trágica consecuencia social de ir delineando una cultura emergente que en sus prácticas retorna al paganismo.

La matriz cultural cristiana, daba a los hombres, independientemente que practicaran o no la fe católica, una escala de valores que dignificaban a la persona humana y fortalecían la misión de la familia en la construcción de la sociedad. Educaba para la libertad, actuando en el plano del conocimiento intelectual y en la práctica de las virtudes. ¡Cuánta inteligencia desperdiciada por negligencia en una vida de ocio exacerbada! ¡Qué poco se valora el esfuerzo en la educación! Se engorda la inteligencia pero no se educa la voluntad.

Lo que ha entrado en crisis es la antropología, y misteriosamente en una época marcada por el giro antropológico. Parece una paradoja, pero lo cierto, es que el giro se ha tornado en una puerta giratoria que no se detiene, impidiéndole al hombre salir, si no está muy atento. En esta situación, lo que más se ha resentido es la comprensión justa del sentido de la vida para utilizar adecuadamente nuestra libertad. El hombre de hoy, que está tan centrado sobre sí mismo, parece clamar por una ayuda para salir de esta situación. 

Sin embargo, se aferra al relativismo en todas su expresiones, y ciertamente que esto hace su eclosión en el ámbito familiar. El relativismo moral es en el plano existencial una plaga que avanza, aún más devastadoramente que le Sida. El relativismo atenta contra una válida interpretación de la existencia humana, porque considera intolerante la postura de aquel que busca y cree en la Verdad. Pensar que se puede comprender la verdad esencial es visto como intolerante, porque ello atenta contra el subjetivismo imperante. El relativismo ético ha provocado la rápida transformación de las costumbres, y es objeto de impulsos destructores que minan los mismo fundamentos culturales.


Ante un panorama así, es propio del mal espíritu invitarnos a no luchar, a bajar los brazos, a plegarnos a todos lo que dicen: "no hay salida". Pero, el Señor ha trazado con su Pascua el signo indeleble, de que la vida y el amor vencen en toda situación de muerte. El Señor Jesús, se detiene frente a nuestras casas, nuestras culturas, colegios, partidos políticos y nos invita a perseverar en la lucha a favor de la Verdad. Únicamente la Verdad nos hará libres, y por lo que conocemos hasta hoy, solamente Jesús ha dicho ser el Camino, la Verdad y la Vida.

martes, 8 de noviembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: DIOS NO TIENE NIETOS

Supongo que el título te habrá resultado sugestivo ¿Qué afirmamos al expresar que “Dios
no tiene nietos”? Te pido un poco de paciencia y atención. 

Podríamos plantearnos la hipótesis de la siguiente manera: Los hijos de los creyentes, por serlo, son nietos de Dios? En la problemática de la trasmisión de la fe, a veces pensamos incorrectamente, y creemos que  comunicando a nuestros hijos los conocimientos que tenemos sobre nuestra religión, que ello será suficiente. Hay un aspecto doctrinal que necesita ser comunicado y valorado, nuestra fe posee un credo, pero el cristianismo no se reduce a una comunicación de ideas.  

Muchos hombres incrédulos tienen informaciones adecuadas sobre datos de la vida y las enseñanzas de Jesús. Saben que nació en Belén, y que su madre se llamaba María, conocen el modo de su muerte con bastantes detalles, pero y sin dudarlo, afirmamos que no lo conocen a Él. Los guardias  que conduce Judas al lugar donde se encuentra Jesús, antes de su Pasión, al enfrentarse con Él que les pregunta a quien buscan, le responden a Jesús el Nazareno. Se encuentran delante de Él, conocen su nombre, pero no lo conocen a Él. 

Jesús le dice a la mujer samaritana, que se encuentra junto al pozo: “Si conocieras quien es el que te pide de beber”. En la Sagrada Escritura, conocer es una relación vital que se establece entre las personas, este concepto no se reduce  en el mundo de la Biblia a una operación intelectual. 

El cristianismo brota de un encuentro con Cristo Resucitado. Podemos y debemos testimoniarles a nuestros hijos a Cristo con palabras y obras, para que se manifieste la Belleza de la vida cristiana, y ésta ejerza una suerte de atracción del corazón de los nuestros. Pero inevitablemente, tendrán ellos que vivir su encuentro con el Señor. Los hijos de los creyentes, por serlo, no son nietos de Dios, porque Dios no tiene nietos, tiene hijos, y para serlo, hay que aceptar personal y libremente la invitación a vivir la vida desde esta experiencia de la fe.   

El encuentro con el Señor, es un acontecimiento de gracia, que los padres preparamos con la oración  y nuestro propio testimonio. Podemos acompañarlos, aproximándonos con ellos hasta el umbral del pórtico que conduce al encuentro con el Señor, pero la palabra final sobre esta decisión la tienen ellos.

No debemos olvidar el auxilio de la Virgen, recurramos siempre a Ella, para que interceda en "la hora del Encuentro", y vele sobre nuestros corazones, preparándolos para la visita del Señor..

Jesús está Resucitado, este es el grito de la noche pascual, Él  se encuentra en medio de nosotros, “todos los días hasta el fin del mundo”. No estamos solos en la tarea de comunicar la fe,  pidamos al Señor la ayuda necesaria, para que complete la obra que ha iniciado. 

VIRGEN DE LOS 33 PATRONA DEL URUGUAY


Su figura, nombre e historia, forman parte del imaginario del pueblo uruguayo, su Santuario integra nuestro Patrimonio Nacional. Es la Patrona de nuestro país y un símbolo qué, en su permanencia, solidifica los orígenes culturales, raciales e históricos del Uruguay.

Su talla data del siglo XVIII por los guaraníes y fue confiada a Antonio Díaz, indio de Santo Domingo de Soriano, de quién recibió su primera capilla en el Pintado. Fundadora de la Villa de San Fernando de la Florida en 1825, vio a pie a los Treinta y Tres Orientales con la bandera tricolor, al gobierno provisorio y a la asamblea que declara nuestra independencia.

Fue honrada a lo largo del tiempo con distintas coronas, una obsequiada por Manuel Oribe y otra con alhajas de las mujeres orientales.Declarada Patrona de la República Oriental del Uruguay por el Papa Juan XXIII, fue coronada solemnemente en la Piedra Alta en 1961. El Papa Juan Pablo II la honró en Tres Cruces y peregrinó hasta ella en Florida.

Su Santuario – Catedral, que se levanta ante la Plaza de la Asamblea, está enriquecido con delicadas pinturas que representan el nacimiento de Jesús, Pentecostés y la Asunción y Coronación de María. Se destacan sus puertas de bronce, obra de Belloni.

jueves, 3 de noviembre de 2016

DIÁCONOJORGE NOVOA: LA IGLESIA CATÓLICA SERÁ MARIANA O NO SERÁ CATÓLICA...

La devoción a la Virgen María es señal de catolicidad. La Iglesia Católica, también la tradición ortodoxa, ha enseñado a sus hijos a amar y honrar a nuestra Madre, tal verdad se halla presente en la catequesis, en la vida familiar y en la piedad del pueblo creyente en sus distintas manifestaciones. Los santos han vivido y enseñado esta verdad, también el Magisterio de la Iglesia la ha comunicado con claridad. Este patrimonio católico, es fruto del conocimiento que el Espíritu Santo revela sobre Aquella sierva humilde y silenciosa, Madre de Dios y madre nuestra.

Incluso podríamos afirmar que la Iglesia Católica será Mariana o no será católica, es un sello distintivo de la fe católica, es claro que somos “los hijos de la Mujer”(Ap 12) a los que el Dragón quiere destruir, somos de su linaje, redimidos por la preciosa sangre de su Hijo, y por mandato suyo, la hemos recibido al pie de la cruz como Madre (Jn 19).

El Concilio Vaticano II la ha presentado como "un miembro supereminente y del todo singular", incluso al invocarla como Madre de la Iglesia y como Reina de todo lo creado, resalta particularmente su misión de icono, realidad que debe ser contemplada siempre para descubrir en su verdad, lo que debemos ser como Iglesia.


“La Virgen santísima no sólo al nacimiento del Redentor, sino también a la vida de su Cuerpo místico a lo largo de los siglos y hasta el ésxaton: en la Iglesia, María «colaboró» y «colabora» (cf. Lumen gentium, 53 y 63) en la obra de la salvación.”



Von Balthasar habla de cinco principios que constituyen la estructura fundamental de la Iglesia: el principio petrino, el paulino, joánico,jacobeo y el principio mariano que los abarca a todos.

La  que aporta María es que Ella es “prototipo” de la Iglesia, “modelo” suyo, desde el comienzo de su misión, es decir, desde el acontecimiento de la Anunciación. “María precede a todos los demás y, obviamente, al mismo Pedro y a los apóstoles”. “El perfil mariano es anterior al petrino  … y es más alto y preeminente, más rico en implicaciones personales y comunitarias”. El principio mariano es, en distintos aspectos, más fundamental que el principio petrino.

Las notas de la Iglesia son: una, santa, católica y apostólica. Cómo entender la presencia de la Virgen a la luz de estas realidades esenciales? En Ella, la luminosidad de las notas se irradian con plenitud de intensidad, en María alcanzan su plenitud, la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad. Sería deseable, aunque resulte ahora imposible, el meditar sobre cada una de las notas, y como la Virgen en su existencia y misión las manifiesta. Ella como “servidora” del Señor, en la Comunidad primitiva visibilizó y sirvió a la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad de la Iglesia. Puede la Iglesia Católica ser lo que debe ser, si María no ocupa en Ella el lugar que le corresponde?


Nadie como Ella, realizó tan perfectamente la misión encomendada, incluso su existencia al igual que la de su Hijo, permaneció oculta a los ojos de los hombres. “No conocemos a su Madre...?” resuena en uno de los textos evangélicos, y hoy nosotros podemos afirmar , que realmente la desconocían, el misterio de su grandeza permanece abierto, la profundidad de su obediencia y amor, permiten aguardar que el Espíritu Santo nos conduzca a profundizar en nuevas aristas de su grandeza.Y nosotros que la conocemos, que diremos? Es grande la resposabilidad tenemos a los ojos del Señor.


Este patrimonio católico, a veces amenazado por la protestantización de cierta teología católica, será defendido por el Pueblo creyente, debido a su estrecho e indisoluble vínculo con la Madre del Señor  Ante ciertos agravios a su virginidad perpetua, muchas veces provenientes de “cátedras ilustradas”, la fe católica permanece fiel a sus raíces, y respira la verdad de su historia.

Escuchemos las iluminadoras palabras del beato cardenal Newman: " La Iglesia y Satanás estaban de acuerdo en esto: el Hijo y la Madre van juntos; la experiencia de tres siglos ha confirmado sus testimonios, pues los católicos que han honrado a la Madre siguen adorando al Hijo, mientras que los protestantes, que han dejado de confesar al Hijo, empezaron a burlarse de la Madre... Exaltar a María es honrar a Jesús"(1).La Iglesia Católica será Mariana o no será Católica...

1. John H Newman, Rosa Mística, Palabra, 1982, 21-22 pp.

martes, 1 de noviembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA:LOS SANTOS, UN TESORO EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA

Cuando entramos en contacto con la vida de la Iglesia, y descubrimos en ella a los santos, quedamos cautivados al contemplar la belleza que se percibe en sus vidas. Ellos esparcen la fragancia del "buen olor de Cristo".

Como enseña la Sagrada Escritura: "Si Cristo es la víctima, nosotros somos la fragancia que sube del sacrificio hacia Dios, y la perciben tanto los que se salvan como los que se pierden. Para los que se pierden es olor de muerte que lleva a la muerte; para los que se salvan, fragancia de vida que conduce a la vida (II Cor 15-16).

Los caminos que ellos recorren buscando cumplir la voluntad de Dios, y la obra que Él realiza en ellos por su gracia, nos deja admirados. Nos hemos encontrado con la belleza, ella siempre arrebata el corazón del hombre, poseedora de un esplendor propio, es portadora de un mensaje del cielo: la santidad.

Nos surgen espontáneamente algunas preguntas: ¿qué núcleo íntimo ha sido alcanzado en estos hombres y mujeres que ha producido en ellos este cambio tan radical? ¿Qué sostiene la entrega en medio de los actos rutinarios de cada día?

En la Sagrada Escritura, la palabra griega "Kairos", designa al tiempo pero como momento de Dios. Es la acción salvífica de Dios que "pasa ". Tiene como todas las acciones de Dios, la eficacia de alcanzar el núcleo de la realidad que toca, a su "paso" nada queda igual. Dios puede utilizar una infinita gama de medios para manifestarse,  por mencionar solamente algunos: "la zarza que no se consume","la brisa de la mañana", la voz nocturna que llama a Eliseo. Estas manifestaciones de Dios realizadas en la Antigua Alianza, preparaban "la visita" que se realizaría por el Hijo en la plenitud de los tiempos. Ellas estaban orientadas hacia el potente "sígueme" de Jesús.

 En el Hijo unigénito, Dios visita a su pueblo, no de un modo provisional. Él "pone su morada" entre los hombres para sellar definitivamente la Nueva Alianza. Basta recordar a Nicodemo (el Maestro de la ley) (Jn 2), la mujer Samaritana (Jn 3) o al Centurión (Jn 3), relatos que expresan la singularidad del "paso" de Dios que se hace presente en Jesús. 

Dos ejemplos

S. Francisco de Asís, hoy exaltado por su relación con la naturaleza y por la actitud armoniosa que mantenía frente a toda la creación, es presentado muchas veces corriendo por los prados (Hermano sol hermana luna) o conversando con un lobo    ( no el hecho en sí, pero su presentación a mí me parece un tanto cargada de sentimentalismo), como características generales que muestran la vida del santo en el modo de su entrega  a Dios. 

Pero, hay un hecho en su vida, que realmente impacta, y es el protagonizado con su padre. Este le recrimina sus actitudes y le hace ver, que todo se lo debe a él, incluso lo que lleva puesto. Francisco se quita la ropa, se la entrega y sale caminando desnudo por el pueblo. Esto realmente impresiona. Aquí sí, algo lo ha alcanzado en su núcleo más intimo, y ya nada podrá ser igual. ¿Cuál es el motor que mueve a ésta decisión?

Madre Teresa de Calcuta sale de aquel Colegio de la India en el cual educaba a jóvenes de una casta influyente y se va tras la compañía de los leprosos, que llevan en su cuello un cencerro para alertar a los demás de su presencia peligrosa. Una presencia enferma, desfigurada y poco agradable. ¿Qué ha ocurrido en ese corazón? ¿Cuál es el motor que ha puesto en movimiento esta decisión?

Caminemos un paso más, y luego de tomada esta decisión, ¿qué es lo que la sostiene? ¿Qué permite sostener una entrega tan radical, cuando la rutina comienza a llenar de polvo todos los rincones de la existencia? Cuando parece que a nuestro alrededor nada cambia.

Al servicio del amor de Jesucristo
El motor que los mueve y sostiene es una persona, Jesucristo. Han participado de esa experiencia maravillosa que anida en el corazón de la Iglesia: han visto y oído a Jesucristo. Es la presencia de Jesús la que nutre todas sus acciones, han sido alcanzados por el amor del Señor. Solo el amor de Cristo puede sostener una entrega tan generosa.

Esta vivencia es la que expresa San Pablo en su carta a los romanos; ¿quién nos separará del amor de Cristo? ¿Acaso las pruebas, la aflicción, la persecución, el hambre, la falta de todo, los peligros o la espada? (Rom. 8,35-36). Habiendo encontrado la perla escondida en el campo, venden todo lo que tienen para ponerse al servicio de ese amor. El apóstol de las Gentes expresa el dinamismo  de la caridad  en su II Cor 5,14, diciendo; el amor de Cristo nos urge.

Si miramos a estos hombres, comprendemos que sus emprendimientos no están asentados sobre ellos mismos, se manifiesta claramente la desproporción que hay entra la obra y los instrumentos. Se apoyan en alguien más fuerte. La fuerza que reciben gratuitamente y que les da la mayor de las seguridades, es el amor de Cristo. Nada hay tan seguro como el amor del Señor.

San Agustín, en sus Confesiones, describe magistralmente la saciedad que produce encontrarse con el amor del Creador y como, esto lo mueve en el deseo de alabarlo.

"¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y abráseme en tu paz."

Este es el secreto escondido en el corazón de la Iglesia: han visto al Señor, y cada día se apoyan más en la seguridad de su amor. Han gustado su presencia y viven pendientes de cumplir su voluntad. Este canto de amor que entonan con su existencia, resuena en el corazón del mundo llenándolo de oxígeno. Nada puede apartarnos del amor del Señor.