martes, 8 de noviembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: DIOS NO TIENE NIETOS

Supongo que el título te habrá resultado sugestivo ¿Qué afirmamos al expresar que “Dios
no tiene nietos”? Te pido un poco de paciencia y atención. 

Podríamos plantearnos la hipótesis de la siguiente manera: “Los hijos de los creyentes, por serlo, no son nietos de Dios”. En la problemática de la trasmisión de la fe, a veces pensamos incorrectamente, y creemos que  comunicando a nuestros hijos los conocimientos que tenemos de nuestra religión, con ello será suficiente. Hay un aspecto doctrinal que necesita ser comunicado y valorado, nuestra fe posee un credo, pero el cristianismo no se reduce a una comunicación de ideas.  

Muchos hombres incrédulos tienen informaciones adecuadas sobre datos de la vida y las enseñanzas de Jesús. Saben que nació en Belén, y que su madre se llamaba María, conocen el modo de su muerte con bastantes detalles, pero y sin dudarlo, afirmamos que no lo conocen a Él. Los guardias  que conduce Judas al lugar donde se encuentra Jesús, antes de su Pasión, al enfrentarse con Él que les pregunta a quien buscan, le responden a Jesús el Nazareno. Se encuentran delante de Él, conocen su nombre, pero no lo conocen a Él. 

Jesús le dice a la mujer samaritana, que se encuentra junto al pozo: “Si conocieras quien es el que te pide de beber”. En la Sagrada Escritura, conocer es una relación vital que se establece entre las personas, este concepto no se reduce  en el mundo de la Biblia a una operación intelectual. 

El cristianismo brota de un encuentro con Cristo Resucitado. Podemos y debemos testimoniarles a nuestros hijos a Cristo con palabras y obras, para que se manifieste la Belleza de la vida cristiana, y ésta ejerza una suerte de atracción del corazón de los nuestros. Pero inevitablemente, tendrán ellos que vivir su encuentro con el Señor. Los hijos de los creyentes, por serlo, no son nietos de Dios, porque Dios no tiene nietos, tiene hijos, y para serlo, hay que aceptar personal y libremente la invitación a vivir la vida desde esta experiencia de la fe.   

El encuentro con el Señor, es un acontecimiento de gracia, que los padres preparamos con la oración  y nuestro propio testimonio. Podemos acompañarlos, aproximándonos con ellos hasta el umbral del pórtico que conduce al encuentro con el Señor, pero la palabra final sobre esta decisión la tienen ellos.

No debemos olvidar el auxilio de la Virgen, recurramos siempre a Ella, para que interceda en "la hora del Encuentro", y vele sobre nuestros corazones, preparándolos para la visita del Señor..

Jesús está Resucitado, este es el grito de la noche pascual, Él  se encuentra en medio de nosotros, “todos los días hasta el fin del mundo”. No estamos solos en la tarea de comunicar la fe,  pidamos al Señor la ayuda necesaria, para que complete la obra que ha iniciado. 

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