sábado, 12 de noviembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: EL PARALÍTICO DE BETESDA (JN 5,1-18)


Estamos habituados a escuchar que el Señor sana desde dentro hacia fuera, desde el corazón hasta alcanzar todos nuestros actos, y así plantearnos que debe haber coherencia entre lo que pensamos y hacemos, entre nuestros pensamientos y obras. Muchas situaciones no resueltas en el plano de las relaciones personales tienen su origen, en realidades oscuras que anidan en nuestro corazón: rencores, envidias,odios, etc...

También es cierto que el Señor obra de modo inverso, recordemos el pasaje de la curación del inválido junto a la piscina de Betesda, narrado en el capítulo 5 del evangelio según San Juan. Allí, el Señor se compadece de los enfermos, su mirada se posa sobre esa muchedumbre, que el relato enumera diciéndonos que se encontraban allí: "cojos, ciegos y paralíticos".El Señor percibe una humanidad doliente, ubicada al "costado", fuera del Templo, esperando la "agitación de  las aguas" de la piscina. Porque, de entrar en primer lugar alcanzaría la curación. Nuestro Señor dialoga con el paralítico que estaba aguardando la agitación de las aguas, llevaba muchos años de infructuosa espera, porque su mal, le impedía entrar en la piscina, antes que a los otros. 

Quieres curarte? pregunta Jesús. El paralítico, es entre aquellos enfermos, el más pobre entre los pobres, como diría Santa Teresa de Calcuta. Como él mismo lo narra, otros siempre entran antes que él. La mirada del Señor es compasiva y misericordiosa, al llegar al Templo, ha reparado en los enfermos, y entre ellos, en aquel que aparece mas necesitado. Este hombre no esperaba que Jesús le devolviera la salud, dado que su respuesta a la pregunta del maestro fue: "no tengo quien me entre en la piscina".

Jesús está frente a él, hablando sobre su curación, y éste sigue poniendo su esperanza en la agitación de las aguas.Incluso luego de obrado el milagro responde a la requisitoria de los judíos, desconocer el nombre de quien lo ha sanado.Jesús quiere sanar su corazón, y para ello sana su mal físico.Ha iniciado un camino desde el exterior hacia el interior.

Así comentará San agustín el pasaje:

"Es mucho más el que Jesucristo curase las enfermedades de las almas, que el que sanase las enfermedades de los cuerpos que habrían de morir. Pero como esta alma no conocía a Aquél por quien habría de ser curada, y como tenía los ojos de la carne para ver las cosas corporales, y aún no tenía sanos los ojos del alma para que pudiese conocer a Dios -aunque oculto-; hizo lo que podía ser visto para que se curase lo que no podía verse. Entró en aquel lugar en donde había muchos enfermos, y de ellos eligió uno para curarlo..."

Luego lo encontrará en el Templo para sanarlo definitivamente y liberarlo del mal radical que es el pecado. Jesús sana también desde el exterior hacia el interior.Aquí ya ejerce su misión, Jesús es el buen Pastor, ha encontrado a esta ovejas en su pórtico (puerta de las ovejas), están derrengadas, heridas (Ez 36) y aunque todavía no lo reconocen como tal,Él ya ejerce su misión con ellos, reparando en sus males y ofreciéndoles la salvación...

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