viernes, 3 de febrero de 2017

P. ELIÉCER SÁLESMAN: SAN BLAS (OBISPO-316 dC)


Blas significa "arma de la divinidad". San Blas fue obispo de Sebaste, Armenia al sur de Rusia.

Al principio ejercía la medicina, y aprovechaba la gran influencia que le daba su calidad de excelente médico para hablarles a sus pacientes en favor de Jesucristo y de su santa religión, y conseguir así muchos adeptos para el cristianismo.

Al conocer su gran santidad, el pueblo lo eligió obispo. Cuando estalló la persecución de Diocleciano, se fue san Blas a esconderse en una cueva de la montaña, y desde allí dirigía y animaba a los cristianos perseguidos y por la noche bajaba a escondidas a la ciudad a ayudar y a socorrer y consolar a los que estaban en las cárceles, y a llevar la Sagrada Eucaristía.

Cuenta la tradición que a la cueva donde estaba escondido el santo, llegaban las fieras heridas o enfermas y él las curaba. Y estos animales venían en gran cantidad a visitarlo cariñosamente. Pero un día el vio que por la cuesta arriba llegaban los cazadores del gobierno y entonces espantó a las fieras y así las libro de ser víctimas de la cacería.

Entonces los cazadores, en venganza, se lo llevaron preso. Su llegada a la ciudad fue una verdadera apoteosis, o paseo triunfal, pues todas las gentes, aún las que no pertenecían a nuestra religión, salieron aclamarlo como a un verdadero santo y un gran benefactor y amigo de todos.

El gobernador le ofreció muchos regalos y ventajas temporales si dejaba la religión de Jesucristo, y si se pasaba a la religión pagana, pero san Blas proclamó que él sería amigo de Jesús y de su religión hasta el último momento de su vida.

Entonces fue apaleado brutalmente y desgarraron con garfios sus espaldas. Pero durante todo ese feroz martirio, el santo no profirió una sola queja. Él rezaba por los verdugos y para que todos los cristianos perseveraran en la fe.

EL MILAGRO QUE LO HIZO FAMOSO
Luego de ser tomado como prisionero, el despótico emperador Dioclesiano, viendo que el santo no dejaba de proclamar su fe en Dios, decretó que le cortaran la cabeza. Y cuando lo llevaban al sitio de su martirio iba bendiciendo por el camino a la inmensa multitud que lo miraba lleno de admiración. Y su bendición obtenía la curación de muchos.

Pero hubo una curación que entusiasmó a todos. Una pobre mujer tenía a su hijo agonizando porque se le había atravesado una espina de pescado en la garganta. Corrió hacia un sitio por sonde debía pasar el santo. Se arrodilló y le presentó al enfermito que se ahogaba. San Blas le colocó las manos sobre la cabeza y rezó por él. Inmediatamente la espina desapareció y el niño recobró su salud. El pueblo lo proclamó entusiasmado.

Lo decapitaron por el año 316. Y después de su muerte empezó a obtener muchos milagros de Dios en favor de los que le rezaban. Se hizo tan popular que en sólo Italia llegó a tener 35 templo dedicados a él. Su país, Armenia, se hizo cristiano pocos años después de su martirio.

Era invocado como patrono de los cazadores y las personas le tenían gran fe como eficaz protector contra las enfermedades de la garganta. El 3 de febrero bendecían dos velas en honor de san Blás y las colocaban en la garganta de las personas diciendo: "Por intercesión de san Blas, te libre Dios de todos los males de la garganta". Cuando los niñitos se enfermaban de la garganta, las mamás repetían: "San Blas bendito, que se ahoga el angelito".

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