domingo, 11 de mayo de 2014

BENEDICTO XVI. ORACIÓN EN LA CAPILLA DE LAS APARICIONES DE FATIMA


Coronada con la bala que hirió a Juan Pablo II

FÁTIMA, Publicamos la oración que pronunció el Papa emérito Benedicto XVI al llegar a Fátima, durante su visita a la Capilla de las Apariciones del Santuario de Nuestra Señora.

Señora Nuestra y Madre de todos los hombres y mujeres,
aquí estoy, como un hijo que viene a visitar a su Madre
y lo hace en compañía de una multitud de hermanos y hermanas.

Como sucesor de Pedro, a quien se le ha confiado la misión
de presidir al servicio de la caridad en la Iglesia de Cristo
y de confirmar a todos en la fe y en la esperanza,
quiero presentar a tu Corazón inmaculado
las alegrías y las esperanzas además de los problemas y los sufrimientos
de cada uno de estos hijos e hijas tuyos que se encuentran en la Cova de Iría
o que nos acompañan desde lejos.

Madre amabilísima, tu conoces a cada uno por su nombre,
con su rostro y su historia, y quieres a todos
con la benevolencia materna que brota del corazón mismo de Dios Amor.
A todos te los confío y consagro.
María Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra,

El venerable Papa Juan Pablo II, que te visitó tres veces, aquí en Fátima,
y dio gracias a esa "mano invisible" que lo libró de la muerte
en el atentado del 13 de mayo,
en la Plaza de San Pedro, hace casi treinta años, quiso ofrecer al Santuario de Fátima
un proyectil que le hirió gravemente y fue incrustado en tu corona de Reina de la Paz.

Es de profundo consuelo saber que tu estás coronada
no sólo con la plata y el oro de nuestras alegrías y esperanzas,
sino también con el "proyectil" de nuestras preocupaciones y sufrimientos.

Agradezco, Madre querida, las oraciones y los sacrificios que los Pastorcillos
de Fátima elevaban por el Papa,
llevados por los sentimientos que tú les inspiraste en las apariciones.
Agradezco también a todos aquellos que, cada día,
rezan por el sucesor de Pedro y por sus intenciones
para que el Papa sea fuerte en la fe,
audaz en la esperanza y celoso en el amor.
Madre querida por todos nosotros entrego aquí en tu Santuario de Fátima,
la Rosa de Oro que he traído de Roma,
como homenaje de gratitud del Papa
por las maravillas que el Omnipotente ha realizado por tu mediación
en los corazones de tantos peregrinos que vienen a esta tu casa materna.

Estoy seguro de que los Pastorcillos de Fátima
los beatos Francisco y Jacinta
y la sierva de Dios Lucía de Jesús
nos acompañan en esta hora de súplica y de júbilo.

[Traducción del original portugués por Inma Álvarez
© Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]

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