jueves, 2 de agosto de 2012

DIACONO JORGE NOVOA: EN LAS MANOS DEL ALFARERO DIVINO ( Jr 18, 1-6)

Palabra del Señor que recibió Jeremías:
-«Levántate y baja al taller del alfarero, y allí te comunicaré mi palabra.»
Bajé al taller del alfarero, que estaba trabajando en el torno. A veces, le salía mal una vasija de barro que estaba haciendo, y volvía a hacer otra vasija, según le parecía al alfarero. Entonces me vino la palabra del Señor:
-«¿Y no podré yo trataros a vosotros, casa de Israel, como este alfarero? -oráculo del Señor-. Mirad: como está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel.»

El profeta es el hombre de la Palabra, está íntimamente vinculado a ella, debe  servirla humildemente y comunicarla con fidelidad.Los profetas nos comunican la palabra de Dios, son conocidos como la boca de Dios, por ellos, Dios le habla a su pueblo. En la comunicación que Dios realiza  por medio de ellos,  también intervienen gestos, con ellos enfatizan las palabras o permiten visualizar el mensaje: andar desnudo, raparse la cabeza, etc.

El texto del alfarero es uno de ellos, en esta oportunidad, el profeta es el destinatario de este mensaje  de Dios. La acción del alfarero, es la elocuente manifestación de la acción de Dios para con su pueblo. Israel es la obra del alfarero  divino, se encuentra en sus manos.

Cada uno de nosotros está en las manos de Dios, no estamos librados al azar, amenazados por una fuerza misteriosa que puede hacer con nosotros lo que le plazca. No. Estamos en las manos de Dios. El mundo y su destino último están en las manos de Dios. Jesucristo ha sellado con su Pascua  el destino último de la humanidad.

Nosotros también somos greda amasada con amor por el alfarero divino, amasada con el amor de la cruz, amasada con la esperanza de la resurrección. Y, ciertamente, pueden en nuestra existencia aparecer momentos dolorosos, de fracaso, frustración y desorientación, que nos llenan el horizonte de pesimismo o desesperanza. La palabra  del texto llena  nuestra existencia de la promesa de Dios, "si quieres  puedes recomenzar de nuevo". Nos dice el Señor: yo puedo hacer  hoy tu vida de un modo nuevo. Él  quiere que confiadamente nos pongamos en sus manos.

Cuántos proyectos teníamos que se han hecho añicos? Cuántos planes laborales, sociales, familiares vimos irremediablemente fracasar? Dios tiene un proyecto y lo quiere compartir conmigo. Es preciso entregarse, como la greda en las manos del alfarero. Decía "Madre Teresa: "soy  tan solo un lápiz en las manos de Dios". Jesús mi alfarero...

2 comentarios:

Puro y Eterno Amor dijo...

Gracias Senor que estoy en tu santisimas manos.
Mil gracias por tu post...precioso!!!

Bendiciones.

Anónimo dijo...

Senor yo soy ese barro me he convertido en algo que tu no planiastes para mi pero yo me abandono a tus pies amasame con tus pies porque de verdad nesesito ser otra completamente; escucha, JESUS,esta sierva tuya que te nesesita,para vivir,y para ser una nueva mujer,espiritual.