martes, 6 de agosto de 2013

DIÁCONO JORGE NOVOA: MUJER GRANDE ES TU FE!!!


Una mujer cananea, pagana, se acerca a Jesús para implorar su auxilio. La escena genera cierto desconcierto. Jesús aparece con dureza en las respuetas que comunica primero a sus apóstoles, que le piden la atienda, y luego a ella. Reparemos en la mujer cananea.

Ella enfrenta una situación grave, su hija está “ terriblemente  atormentada por un demonio”, esto la angustia, y sin reparar en ciertas imposibilidades, persevera en su petición a Jesús. Ella es pagana pero manifiesta una gran confianza en el Señor, persevera desde el rechazo inicial a la aceptación final.

San Jerónimo resalta tres virtudes de la cananea: la fe, paciencia y humildad.  “La fe, porque creía que el Señor podía curar a su hija. La paciencia, porque cuantas veces era despreciada, otras tantas persevera en sus súplicas. La humildad, porque no se compara ella sólo a los perros, sino a los cachorrillos. Sé -dice- que no me merezco el pan de los hijos, ni puedo tomar sus alimentos enteros, ni sentarme a la mesa con el Padre; pero me contento con lo que da a los cachorrillos, a fin de llegar, mediante mi humildad, hasta la mesa donde se sirve el pan entero”.

“Queridos amigos, también nosotros estamos llamados a crecer en la fe, a abrirnos y acoger con libertad el don de Dios, a tener confianza y gritar también a Jesús "¡danos la fe, ayúdanos a encontrar el camino!". Es el camino que Jesús ha hecho hacer a sus discípulos, a la mujer cananea y a todos los hombres de todo tiempo y pueblo, a cada uno de nosotros. La fe nos abre al conocimiento y a acoger la identidad real de Jesús, su novedad y su unicidad, su Palabra como fuente de vida, para vivir una relación personal con Él”. (Benedicto XVI).

Posee una fe verdadera, reconocida y valorada por Jesús que  alcanzó para su hija la liberación. Los discípulos han presenciado el obrar intrépido de una fe que no se detiene ante las adversidades.  Sería bueno revisar nuestra fe, paciencia y humildad,  e imitar a la mujer cananea, pidiendo la gracia al Señor, para perseverar  en el ejercicio de estas virtudes.

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