martes, 8 de marzo de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: LLAMAR PADRE A DIOS, ABRE LAS PUERTAS DEL CIELO!!!

El Padrenuestro remite al corazón de la vida cristiana. Jesús a modo de introducción ha subrayado un aspecto que fundamenta adecuadamente la oración: no hay que usar muchas palabras ni hablar mucho, el Padre sabe lo que necesitamos, su respuesta no está referida directamente a nuestros discursos, no se trata de convencer a Dios.

La oración es el diálogo amoroso que se establece entre los hijos y el Padre, la oración cristiana es la consecuencia  de la condición filial. Porque soy hijo, me dirijo al Padre, y estoy atento a su Palabra.

El reconocimiento de la paternidad, como gracia de revelación, que Cristo nos ha dado a conocer y el Espíritu Santo nos invita vivir, se abre paso liberando nuestros corazones de las cadenas que le impiden vivir en la libertad de los hijos. 

El Padre en la oración me forma como hijo,  por la acción del Espíritu Santo, va corrigiendo mis súplicas, y me va enseñando a pedir lo que me quiere dar. De allí, que en la oración el Padre, misteriosamente me prepara para aquello que me otorgará, que puede incluso no coincidir con mi súplica. A medida que  se avanza en la relación, le conozco y crezco en la confianza, y puedo aceptar un designio distinto del que busco, porque el Padre, sabe lo que me vuelve más hijo, y lo que más conviene a mi condición.

Este es el tesoro escondido en el campo,según la indicación de Jesús, hay que venderlo todo, no se trata de "cosas" , se trata de vivir la condición filial. Ahora conocemos la llave que abre las puertas del cielo, la clave con la cual se ingresa en el Santuario Eterno, se nos ha revelado nuestra condición filial. La invocación de Dios como Padre, me familiariza, me vuelve de la familia de Dios. De allí, que dependerá, del ejercicio del don recibido, del reconocimiento de su paternidad y mi filiación mi camino de santificación. 

Debemos pedir a Jesús, que esta oración que enseñó a los apóstoles, nos la enseñe a nosotros, no en su formulación exterior, sino en su verdad más profunda. Que llamarlo Padre sea vivir la experiencia de los cielos abiertos, como cuando el Señor se bautizó, o en su Transfiguración delTabor, para que interiormente el Espíritu Santo, nos haga escuchar: "tú eres mi hijo".