lunes, 17 de agosto de 2015

DIÁCONO JORGE NOVOA: CORAZONES EMBOTADOS

«Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje ( griego: kraipale) por la embriaguez (griego: methe)  y por las preocupaciones de la vida (griego: merimmais biotikais), y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra.

Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.»



Este texto exhorta a la vigilancia y advierte sobre lo perjudicial que será no prepararse adecuadamente. Qué significa la expresión que aparece , corazones pesados o llenos ?

Cuándo nuestros corazones corren el riesgo de volverse  pesados? Este texto se ubica a continuación del anuncio apocalíptico del fin, presentado en medio de una gran  inestabilidad, y se insiste en la necesidad de vigilar y orar. Nuestros corazones por un apego desordenado a los bienes materiales, pueden llenarse de las consecuencias del pecado, y ello, nos incapacita para vigilar, porque sufrimos esta suerte de embotamiento del corazón.

Hay tres realidades que causan este mal, son:  el  libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida. Según la contraposición, vigilar y orar, versus la pesantez del corazón, comprende los desórdenes morales ( embriaguez y libertinaje) y el agobio bajo el cual vivimos las circunstancias de la vida (preocupaciones) que impiden vigilar y orar.



Si no nos gobernamos,  si no actuamos con sobriedad, nuestra mente se embota y las pasiones se desordenan, la razón se ofusca y el corazón se aletarga bajo el reinado del pecado en nuestra existencia. Comenta san Basilio, "  así que debemos huir del pecado como huyen los animales de los pastos mortíferos; pero debemos buscar la justicia como buscan ellos las yerbas nutritivas; por esto dice: "Mirad por vosotros", esto es, para que podáis distinguir lo saludable de lo nocivo".Hay realidades nocivas,  que nos impiden velar y orar, de ellas hay que "guardarse", porque producen el embotamiento de la razón y el debilitamiento de la voluntad.

Vigilar, a veces se torna complejo, porque muchas veces vivimos situaciones límites y juzgamos que lo mejor es evadirnos, durmiendo o entreteniéndonos, y no queremos pensar ni mirar de frente la situación. Estas evasiones nos llevan a callejones sin salida.

 Orar se torna vital para encontrar luz y fortaleza, para apoyarnos en su cercana presencia, que nos conforta y anima. No es la hora de un poder oculto que actuará contra nosotros arbitrariamente, es el DÍA DEL SEÑOR, que no tomará por sorpresa a los que lo aguardan, pero que sorprenderá a los duermen en el disfrute desordenado de los bienes, que le castran su oración y le invitan a dormir.

Si  la oración y vigilancia se debilitan, revisemos la vida de fe que llevamos, sabemos que la oración nutre nuestra espera, y nos sostiene en los prolongados silencios, con la firme certeza del cumplimiento de la promesa del Señor.

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