
Este relato viene a continuación de la profecía sobre la destrucción de Jerusalén. Jesús está en el Templo, sabemos del celo que tiene por la casa de su Padre, que será, según su enseñanza, casa de oración. Allí los hombres elevan al Padre sus plegarias personal y comunitariamente, el recinto está consagrado al servicio de Dios y no debe ser profanado. La reprensión claramente va dirigida a los jefes religiosos, hay en el pasaje un "vosotros" (sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo) que el mismo texto luego indica, que lo buscaban para matarlo. Son ellos los que han vuelto la casa de oración en cueva de bandidos, son los creyentes los que sufren estas tentaciones.
El texto aparece contraponiendo el designio divino para el Templo, ser casa de oración, volviéndola por las mezquindades humanas, cueva de bandidos. San Ambrosio comenta: " El Señor no quiere que sea el templo casa de mercaderes, sino de santidad; ni tampoco que se vendan, sino que se den gratuitamente las funciones del ministerio sacerdotal." En el Templo debe respirarse gratuidad, santidad y oración.
El corazón del creyente debe ser "casa de oración", lugar de encuentro con el Padre, en sencillez y humildad, porque cuando hay corrupción, se vuelve "cueva de bandidos", alberga venganzas, codicias, vanidades y tantas tragedias interiores, que profanan lo santo y escandalizan a los sencillos. San Gregorio, interpretándolo en sentido místico, dice " que así como el templo de Dios se encuentra en la ciudad, así en el pueblo fiel se encuentra la vida de los religiosos. Y muchas veces sucede que algunos toman el hábito religioso, y mientras llenan las funciones de las sagradas órdenes, hacen del ministerio de la santa religión un comercio de asuntos terrenales"
Casa de oración o cueva de bandidos? Una respuesta que debemos dar al Señor, sobre nuestra comunidad, familia y sobre nuestro corazón. Qué albergan en su interior estas realidades?
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