miércoles, 5 de octubre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: CON LOS PIES EN LA TIERRA Y LA MIRADA EN EL CIELO...


Algunos matrimonios hoy se encuentran, con uno de los cónyuges lejos de la  vida de fe, y el otro, siente el peso de  no poder compartir con su "media naranja", lo que ha descubierto y reconoce como muy valioso. Incluso, el creyente "siente" que participando  de la vida de fe, asistiendo a la celebración eucarística, participando de algún retiro anual, o de una charla vinculada con las verdades de fe, abandona su casa y a su familia, y sabe, que esto no es querido por Dios.

La situación puede ser descrita de la siguiente manera: hay que buscar un equilibrio difícil de alcanzar sin tensiones. Estableceré algunos puntos de reflexión, pero y previo a ello, acepto que pueden darse algunos casos, en donde hay una cierta "huida del hogar", y la parroquia puede resultar un lugar atractivo. No creo que esto sea lo habitual, la huida tiene otros destinos.

Pero, lo que resulta importante es ciertamente reconocer que Dios cuenta contigo, como creyente, para poder ir acercándose a los miembros de tu familia.

Vivir la fe con compromiso, supone nutrirse de la Eucaristía, pudiendo participar de algún retiro anual y de alguna actividad que permita profundizar la fe. Esto supone tensiones que hay que vivir, en diálogo con la familia y en la  oración con Dios. No es una situación sencilla, he conocido cónyuges  alejados de Dios, que manifiestan al creyente, incluso presionándolo, su disconformidad  porque “disfrutarían” más del fin de semana, si pudieran no estar pendientes del horario de la Misa, o el hecho de tener que considerar, si el lugar elegido para  descansar o veranear  tiene cerca alguna Capilla o Parroquia.

Alejarse momentáneamente de la familia, para estas vivencias eclesiales, no supone abandonar a la familia. Si vivo la fe más coherentemente, mi familia será la principal beneficiaria. Al nutrir la  fe, los creyentes  buscan ser madres o  padres, esposos o esposas,  más fieles a su misión, padres y esposos más comprometidos en el ejercicio de la maternidad o paternidad.

En este camino, ellos suplican a Dios por los suyos, y le piden que los oriente adecuadamente, para ser instrumentos suyos. Al ir a fortalecer la fe, no se alejan, se introducen más en el compromiso con ellos. Y hacen una "apuesta", si se la puede llamar así, la de estar juntos al final del camino.

He conversado con incontables hermanos que viven esta tensión. Y sé, que les resulta por momentos “cuesta arriba”, pero bien vale esta carga amorosa. Están luchando por cosas grandes.

Leamos 1Cor 7,12ss, que responde a la problemática de los creyentes, que por el momento no encuentran “eco” en su cónyuge. Es de mucha utilidad leer desde el versículo 12 en adelante, me detengo en el  versículo 14: “ pues el marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente”. Y continúa en el versículo 16: ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?" 

De ello, dan testimonio, santa Mónica la madre de san Agustín , santa Rita, al igual que santa Isabel de Portugal, y tantos otros…


Tú puedes unirte y confiar. Dios cuenta contigo! Él en esta batalla está de tu parte, y si Dios está contigo, a qué puedes temerle. Bien vale descubrir que este gesto es  fruto de tu amor por ellos, del amor que comienza en la tierra, y quiere continuarse en el cielo. Con los pies en la tierra y la mirada puesta en el cielo…