miércoles, 4 de marzo de 2015

DIÁCONO JORGE NOVOA: LOS OTROS NUEVE , DÓNDE ESTÁN?

En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
–Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.
Al verlos, les dijo:
–Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
–¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?
Y le dijo:
–Levántate, vete: tu fe te ha salvado.


El texto de hoy presenta la súplica de diez leprosos, que vienen a ENCONTRARSE CON JESÚS, seguramente han escuchado sobre los milagros que realiza y sabiendo que pasará cerca, deciden verlo y suplicarle.

La lepra aislaba, y sembraba sobre la persona que la padecía, una discriminación muy cruel, incluso en la mentalidad de la época , la enfermedad era consecuencia del pecado, por ello los discípulos le preguntron al ver un ciego de nacimiento :"quién pecó, él o sus padres?",  el pecado personal es posterior al nacimiento, pero éste padece un mal físico desde su nacimiento. Se visualiza la mentalidad que veía en la enfermedad una consecuencia del pecado.

Jesús se compadece del sufrimiento humano, no guarda distancias, la lepra lo exigía, pero Él hace que las distancias desaparezcan, toma  la iniciativa y acercándose a los leprosos los sana. Jesús nunca  se aleja de los que sufren. Ellos, según el texto, "gritan" a lo lejos, cuantos pueden ver reflejadas sus súplicas en estos gritos de los leprosos, o cuántos permanecen a distancia pensando que sus vidas no son dignas de la cercanía de Jesús!! Nada atrae más su presencia que nuestra pobreza, debilidad, enfermedad e indigencia. Él tiene un corazón compasivo y misericordioso que se acelera reconociendo al afligido o abandonado.Hace falta una sola cosa, elevar nuestras súplicas a Él, que está deseoso de abrazarte, para comunicarte su amor.

Él les dará una orden, que todos cumplen, "vayan al sacerdote..." Y en ese camino reciben la salud, quedan sanos. Todos cumplen la orden pero sólo uno vuelve a agradecer. Cuántas veces pedimos al Señor "cosas" que necesitamos! Y luego, nos olvidamos de agradecer, ya no lo buscamos nuevamente como lo hicimos en la primera situación, sino que tomamos en otra dirección.

El corazón de los hijos rebosa de gratitud. Estamos, en medio de  un sinnúmero  de razones para agradecer. A veces no reconocemos al dador de todo bien, y otras, vamos a agradecer al instrumento olvidándonos del Señor.

Vas frecuentemente a su encuentro para pedirle "cosas" que necesitas? Lo reconoces, actuando de los modos más diversos, e incluso si la respuesta no coincide con tu súplica, la aceptas y le das gracias?

Todos padecemos alguna lepra, interior, espiritual, que nos hace poner distancias, cerrándonos sobre nosotros mismos. Algunos padecen la desconfianza, como mal, que cerca y destruye el alma. Jesús te invita a confiar, las gracias que quiere concederte son proporcionales a la confianza que tú le tengas. Déjalo que te sane de la lepra de la desconfianza, el resentimiento y la desesperanza...

Tal vez tu país haya reducido la lepra a niveles ínfimos, o quizá haya desaparecido totalmente, pero hoy existen estas lepras del alma que destruyen las vidas de quienes las padecen y sus entornos.

Qué debemos hacer? Invitarlos a que vayan a Jesús, ayudarlos a que encuentren el camino, facilitarles el acceso a un encuentro con Él, Aquel que sanó en su vida pública a los leprosos, si tú le pides con humildad, no te escuchará?

Libera Señor nuestros corazones de la ingratitud, y sánanos de las lepras que padecemos en el alma. Eres el que volvió o de los nueve ingratos que no regresaron ? Todavía puedes, aunque te parezca demasiado tarde, volver a agradecerle. Él te está aguardando. Gracias, Señor...

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