martes, 16 de agosto de 2011

HABLEMOS DE LAS PASIONES (II)

Estamos empleando la acepción de pasión en el sentido filosófico: como fuerzas de suyo indiferentes que hay que saber encauzar por los caminos del bien.

San Juan de la Cruz sigue la clasificación de Boecio: gozo, esperanza, dolor y temor.

También conocemos la clásica descripción escolástica de las once pasiones, seis pertenecientes al apetito concupiscible (en el trabajo anterior las llamábamos: sencillas) el bien (y la belleza) que tiene fuerza de atracción engendra tres movimientos pasionales; su simple aparición engendra el amor; si se trata de un bien futuro, da origen al deseo, si se le posee ya presente, produce el gozo.

Por el contrario, el mal, que es de suyo repulsivo, su mera aparición produce el odio; si es futuro produce un movimiento de fuga (aversión), si es presente produce tristeza.

En el apetito irascible, el bien, si es de posible adquisición, engendra la esperanza; si imposible produce la desesperación. Y de semejante manera, el mal arduo ausente, si es superable enciende la audacia; si es insuperable, nos invade el temor. Finalmente el mal arduo produce la ira.

Dada la importancia de las pasiones para la vida física, intelectual y moral del hombre, tenemos que educarlas convenientemente, apartándola del mal y poniéndola al servicio del bien…(continuará)

Para enriquecernos leer : Teología de la perfección cristiana. Royo Marín O.P

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