
Este diario recoge una serie de conversaciones en "voz baja", de esas que se inician en el corazón y que luego se comparten con los amigos. Con el queremos prolongar en la Red los lindos momentos compartidos en CAMINO A ROMA (2006-2009 y 2011) y CONFESIONES (2008) programas radiales de Radio María en Uruguay, y SI TÚ SUPIERAS(2009-2013) que se emite por Radio Oriental...
jueves, 29 de enero de 2009
PADRE MIGUEL ANTONIO BARRIOLA

JAIME FUENTES: OBAMA LA PRIMERA MACANA
Me equivoqué por completo. Te faltó tiempo para autorizar a que se experimente con células madre tomadas de embriones −es decir, de niños aún no nacidos− y a financiar… ¿cuántos abortos en y fuera de los Estados Unidos?
¿Por qué la sociedad debe proteger a todo embrión?
Esta respuesta, obviamente no religiosa, es la que se encuentra en el número 472 del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. ¿No te hace pensar?...
Sinceramente,
J.F.
BENEDICTO XVI: ROMANOS 3,25

En Rm 3, 25, después de hablar de la "redención realizada por Cristo Jesús", san Pablo continúa con una fórmula misteriosa para nosotros. Dice así: Dios lo "exhibió como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe". Con la expresión "instrumento de propiciación", más bien extraña para nosotros, san Pablo alude al así llamado "propiciatorio" del templo antiguo, es decir, a la cubierta del arca de la alianza, que estaba pensada como punto de contacto entre Dios y el hombre, punto de la presencia misteriosa de Dios en el mundo de los hombres. Este "propiciatorio", en el gran día de la reconciliación —"yom kippur"— se asperjaba con la sangre de animales sacrificados, sangre que simbólicamente ponía los pecados del año transcurrido en contacto con Dios y, así, los pecados arrojados al abismo de la bondad divina quedaban como absorbidos por la fuerza de Dios, superados, perdonados. La vida volvía a comenzar.
San Pablo alude a este rito y dice que era expresión del deseo de que realmente se pudieran poner todas nuestras culpas en el abismo de la misericordia divina para hacerlas así desaparecer. Pero con la sangre de animales no se realiza este proceso. Era necesario un contacto más real entre la culpa humana y el amor divino. Este contacto tuvo lugar en la cruz de Cristo. Cristo, verdadero Hijo de Dios, que se hizo verdadero hombre, asumió en sí toda nuestra culpa. Él mismo es el lugar de contacto entre la miseria humana y la misericordia divina; en su corazón se deshace la masa triste del mal realizado por la humanidad y se renueva la vida.
Revelando este cambio, san Pablo nos dice: con la cruz de Cristo —el acto supremo del amor divino convertido en amor humano— terminó el antiguo culto con sacrificios de animales en el templo de Jerusalén. Este culto simbólico, culto de deseo, ha sido sustituido ahora por el culto real: el amor de Dios encarnado en Cristo y llevado a su plenitud en la muerte de cruz. Por tanto, no es una espiritualización del culto real, sino, al contrario: el culto real, el verdadero amor divino-humano, sustituye al culto simbólico y provisional. La cruz de Cristo, su amor con carne y sangre es el culto real, correspondiendo a la realidad de Dios y del hombre. Para san Pablo, la era del templo y de su culto había terminado ya antes de la destrucción exterior del templo: san Pablo se encuentra aquí en perfecta consonancia con las palabras de Jesús, que había anunciado el fin del templo y había anunciado otro templo "no hecho por manos humanas", el templo de su cuerpo resucitado (cf. Mc 14, 58; Jn 2, 19 ss).
miércoles, 28 de enero de 2009
DIÁCONO JORGE NOVOA: PUEDE LA TEOLOGÍA PRESCINDIR DE SANTO TOMÁS DE AQUINO?

martes, 27 de enero de 2009
MIGUEL A FUENTES IVE: Existe una postura clara y radical del magisterio de la iglesia acerca del sexo oral?
Al respecto debo decir lo siguiente:
1) Los actos preparatorios de los esposos que implican contacto oral con los genitales o contacto anal pero ordenados a terminar naturalmente el acto sexual (penetración natural y derramamiento del semen en la vagina) no deberían ser llamados "sexo anal" o "sexo oral", pues en el lenguaje común de la gente, tales expresiones se refieren habitualmente al acto completo antinatural (o sea con derramamiento de semen fuera de la vagina femenina), y en tal sentido no queda duda de su inmoralidad.
2) En cuanto actos preparatorios para realizar el acto conyugal completo y natural, los autores clásicos hablan poco, reservando sus precisiones para los confesores por el motivo que diré más adelante. Noldin, por ejemplo, dice: “Hay quienes condenan como pecado grave los actos muy obscenos entre los cónyuges, que son también más cercanos al peligro de polución. [Según ellos] Hay que alejarse de este género de actos como tocar con la boca o con la lengua los genitales y cosas similares. En verdad hay que distinguir dos elementos en estos actos. El primero es el peligro de polución. Esto es común a estos actos y a los demás actos imperfectos, aunque en éstos se de en mayor grado; por tanto no tienen mayor malicia por incluir este peligro. El otro elemento es la obscenidad y la repugnancia. Pero entre los casados no hay ni se puede realizar ninguna acción, que, por la sola repugnancia, sea tan intrínsecamente mala que nunca sea lícito hacerla. Por eso no faltan autores (Sánchez, Filiucci, Sporer, Ballerini, Berardi, etc.) que juzgan que estos actos deben ser considerados con la regla común que se aplica a todos los actos imperfectos. Por tanto, si por experiencia les constase a determinadas personas que tales actos no llevan a peligro próximo de polución, por lo menos no serían pecaminosos gravemente”. Más adelante añade: “Los actos imperfectos realizados entre casados que por su misma naturaleza se prevén unidos al peligro próximo de polución, o son una polución incoada, son pecado grave, si se buscan por sí mismos: pues la polución no es menos ilícita en los casados que en los solteros; por tanto es también para ellos ilícito lo que induce a peligro próximo de polución. Así, por ejemplo, los tactos mutuos y prolongados de los genitales, o la cópula incoada. Tales actos mutuos, que son por su misma naturaleza una polución incoada, sólo pueden permitirse, si se hacen en aquellas circunstancias, en que los cónyuges pueden pasar inmediatamente a la cópula conyugal” [por tanto cuando son realizados como actos inmediatamente preparatorios de la cópula conyugal] (Noldin, De usu matrimonii, Summa Theologiae moralis, Complementa, I. De sexto praecepto et de usu matrimonii, n. 94). Los principios serían:
a) No puede decirse que sean intrínsecamente malos (o sea por sí mismos).
b) Se deben juzgar con los mismos criterios de todos los actos preparatorios.
c) Pero al tener la característica de una intensidad -excitación- mayor que cualquier otra caricia, pueden representar un peligro próximo de derrame del semen fuera de su lugar natural, por lo que, quienes quieren recurrir a ellos deben estar seguros de su capacidad de dominar ese riesgo;
d) Por lo que dice que como actos preparatorios al menos no son pecado grave en sí mismos.
3) Pero algo distinto es decir que sean recomendables. Si se nos pide "consejo", habría que "desaconsejarlos". Dice el Prof. Christofer Welch, profesor de moral sexual en el John Paul II, de Washington, sobre el sexo oral:
No hace falta mencionar que un cónyuge que se siente disconforme con tal conducta jamás debería ser presionado a realizarla (una vez más, por la razón que sea, son generalmente los maridos los que presionan a sus esposas). La presión sobre un cónyuge para que realice actos con los que él o ella se sienten disconformes incluso si no son objetivamente malos indica una falta de respeto por ese cónyuge. Es una clara indicación de que se ha cruzado ampliamente la línea que separa el amor genuino de la búsqueda de sí mismo” (Christopher West, Good News about Sex & Marriage, Servant Books, Ohaio 2000, pp. 92-94. El libro es prologado y muy alabado por Mons. Charles Chaput, arzobispo de Denver).
Y más duro es con los actos con contacto anal:
“Nuevamente todo depende de lo que se entienda por tal término. Un marido jamás debería eyacular intencionalmente en ningún lugar que no sea la vagina de su esposa. No hay nada inherentemente malo con la penetración anal como acto preparatorio de la cópula normal. Sin embargo, hay algunas consideraciones de salud y estética que no pueden ser descuidadas.
Pido perdón por la franqueza, pero la penetración vaginal a continuación de la penetración anal sería tan insalubre como para requerir una completa limpieza anti bacterial del pene del marido para evitar riesgos a la salud. Además hay otras consideraciones de salud. El ano y el recto sencillamente no están designados biológicamente para acomodarse al pene. La penetración de éste puede causar traumas en las paredes rectales (por ejemplo rasgaduras y contusiones). No son pocas las personas enredadas en “sexo anal” que tienen problemas intestinales.
Además, la función execratoria del recto plantea algunas cuestiones estéticas elementales. ¿Qué simboliza la penetración anal? ¿Es esto un acto de belleza? ¿Es verdadero amor el someter a la propia esposa a riesgos de salud? ¿Por qué querría una pareja la penetración anal como actos preparatorios de una cópula normal? ¿Qué deseo intenta satisfacer? Desde el momento en que la penetración anal es en tantos sentidos una parodia de la copula vaginal, he planteado la siguiente cuestión a aquellos que se sienten atraídos por esta forma de acto preparatorio: ¿por qué no saltear simplemente este paso con todos sus riesgos para la salud y suciedad y gozar al acto real con su cónyuge según el designio de Dios?”
4) En este sentido debe entenderse la expresión de Noldin: "al menos no serían pecado grave"; es decir, fácilmente pueden ser pecado venial, e incluso mortal, si bien no por sí mismos (de lo contrario, en ningún caso podrían ser lícitos, cosa que el autor admite por lo menos en abstracto), sí por la facilidad de degradarse a sí mismo y al cónyuge, y la dificultad de que los cónyuges cuenten con ese grado de pureza necesario para realizar tales actos sin desviarse del amor y del respeto. No se pueden prohibir, pero tampoco se pueden recomendar. Queda en juego la responsabilidad que cada cónyuge tiene ante Dios de respetar su propio cuerpo y el de la persona amada así como su dignidad.
5) De aquí se comprende la delicadeza que siempre ha tenido la Iglesia en estos temas, hablando de los mismos lo menos posible, salvo cuando hay que contestar alguna duda o perplejidad de conciencia de algún fiel, porque es muy fácil que se preste a abusos y que se abra una puerta a ese paso tan corto "de lo sublime al ridículo" como dice el autor recién citado.
6) Considero más adecuado que tanto los directores espirituales a quienes se pide consejo como los laicos casados que aconsejan a otros laicos casados o los preparan para el matrimonio, aconsejen buscar otros medios de expresar el amor y de prepararse para el acto conyugal.
El Teólogo Responde
Responsable: P. Miguel Ángel Fuentes, IVE
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lunes, 26 de enero de 2009
CARD. ANTONIO CAÑIZARES: ESCALADA DEL GOBIERNO SOCIALISTA ESPAÑOL CONTRA LA FAMILIA

-En una cultura como la que se impone en España, en Europa y en todo Occidente, con una fuerte carga ideológica secularista, ¿puede afirmarse que es en el ámbito de la familia donde este secularismo se manifiesta de modo más evidente y agresivo?
-Cardenal Antonio Cañizares: Pienso que no es la familia el ámbito donde se genera ese secularismo, sino que es el ámbito que más lo está sufriendo. La familia en España es en concreto una familia cristiana, aun cuando no sea practicante. Aún cuando esté muy sacudida por los vientos de la secularización, por todo el poder mediático que difunde una ideología relativista. Hay unos recursos en la familia española todavía muy valiosos y estamos aún a tiempo de que recupere su verdad. Pero es cierto también que la familia española, por las presiones de ese poder mediático, por las legislaciones tan agresivas en su contra, está sufriendo un fuerte relativismo, que estriba en vivir fuera de la verdad que la constituye, con lo cual las personas caen muchas veces en situaciones lamentables.
-Sus declaraciones han descargado fuertes responsabilidades en el Gobierno socialista por lo que sucede con la familia.
-Cardenal Antonio Cañizares: En los últimos años hemos asistido a una escalada contra la familia por parte del Gobierno socialista ayudado por otras fuerzas políticas y otros poderes o grupos como el del imperio gay o el de ciertas ideologías y organizaciones feministas, que intentan imponer la ideología de género. España ocupa uno de los últimos lugares de Europa en política familiar, el de menos ayuda a la familia; es, junto con Grecia, la nación europea con más bajo índice de natalidad, donde la población juvenil más a decrecido en los últimos 25 años y donde más se ha incrementado el número de abortos en los últimos diez años; ocupa el tercer lugar en el crecimiento de rupturas matrimoniales en la última década. Y, simultáneamente, ha ido más lejos que ningún otro país de la Comunidad Europea en materia legislativa contraria y dañosa para la familia.
Una vez más hay que decir que el futuro de la familia depende de que ésta pueda vivir su verdad, de que supere el relativismo al que se le empuja. La familia podrá ser educadora y transmisora de la fe si supera ese relativismo. Si no lo supera, continuará en una crisis, crisis de fe que arraiga en una crisis de verdad, porque no tiene fundamento principal para apoyarse y vivir con toda esperanza lo que es.
BENEDICTO XVI: COLOSENSE Y EFESIOS CARTAS GEMELAS ;La fuerza de la Iglesia viene de Cristo
Más importante aún es constatar que sólo en estas dos cartas se confirma el título de "cabeza",kefalé, dado a Jesucristo. Y este título se emplea en un doble nivel. En un primer sentido, Cristo es considerado como cabeza de la Iglesia (cf. Col 2, 18-19 y Ef 4, 15-16). Esto significa dos cosas: ante todo, que él es el gobernante, el dirigente, el responsable que guía a la comunidad cristiana como su líder y su Señor (cf. Col 1, 18: "Él es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia"); y el otro significado es que él es como la cabeza que forma y vivifica todos los miembros del cuerpo al que gobierna (de hecho, según Col 2, 19 es necesario "mantenerse unido a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, recibe nutrición y cohesión"): es decir, no es sólo uno que manda, sino uno que orgánicamente está conectado con nosotros, del que también viene la fuerza para actuar de modo recto.
En ambos casos, se considera a la Iglesia sometida a Cristo, tanto para seguir su conducción superior —los mandamientos—, como para acoger todos los flujos vitales que de él proceden. Sus mandamientos no son sólo palabras, mandatos, sino que son fuerzas vitales que vienen de él y nos ayudan.
Esta idea se desarrolla particularmente en Efesios, donde incluso los ministerios de la Iglesia, en lugar de ser reconducidos al Espíritu Santo (como 1Co 12), se confieren por Cristo resucitado: es él quien "dio a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros" (Ef 4, 11). Y es por él que "todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas, (...) realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor" (Ef 4, 16). Cristo, de hecho, tiende a "presentársela (a la Iglesia) resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada" (Ef 5, 27). Con esto nos dice que es precisamente su amor la fuerza con la que construye la Iglesia, con la que guía a la Iglesia, con la que también da la dirección correcta a la Iglesia.
Por tanto el primer significado es Cristo Cabeza de la Iglesia: sea en cuanto a la conducción, sea sobre todo en cuanto a la inspiración y vitalización orgánica en virtud de su amor. Después, en un segundo sentido, Cristo es considerado no sólo como cabeza de la Iglesia, sino como cabeza de las potencias celestiales y de todo el cosmos. Así en Colosenses leemos que Cristo "una vez despojados los principados y las potestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal" (Col 2, 15). Análogamente en Efesios encontramos que con su resurrección, Dios puso a Cristo "por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación y de todo cuanto tiene nombre no sólo en este mundo sino también en el venidero" (Ef 1, 21). Con estas palabras, las doscartas nos entregan un mensaje altamente positivo y fecundo: Cristo no tiene que temer a ningún posible competidor, porque es superior a cualquier forma de poder que intente humillar al hombre. Sólo él "nos ha amado y se ha entregado a sí mismo por nosotros" (Ef 5, 2). Por eso, si estamos unidos a Cristo, no debemos temer a ningún enemigo y ninguna adversidad; pero esto significa también que debemos permanecer bien unidos a él, sin soltar la presa.
El anuncio de que Cristo era el único vencedor y que quien estaba con Cristo no tenía que temer a nadie, aparecía como una verdadera liberación para el mundo pagano, que creía en un mundo lleno de espíritus, en gran parte peligrosos y contra los cuales había que defenderse. Lo mismo vale también para el paganismo de hoy, porque también los actuales seguidores de estas ideologías ven el mundo lleno de poderes peligrosos. A estos es necesario anunciar que Cristo es el vencedor, de modo que quien está con Cristo, quien permanece unido a él, no debe temer a nada ni a nadie. Me parece que esto es importante también para nosotros, que debemos aprender a afrontar todos los miedos, porque él está por encima de toda dominación, es el verdadero Señor del mundo.
Incluso todo el cosmos le está sometido, y en él converge como en su propia cabeza. Son célebres las palabras de la carta a los Efesios que habla del proyecto de Dios de "recapitular en Cristo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra" (1, 10). Análogamente en la carta a los Colosensesse lee que "en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles" (1, 16) y que "mediante la sangre de su cruz ha reconciliado por él y para él todas las cosas, lo que hay en la tierra y en los cielos" (1, 20). Así pues, no existe, por una parte, el gran mundo material y por otra esta pequeña realidad de la historia de nuestra tierra, el mundo de las personas: todo es uno en Cristo. Él es la cabeza del cosmos; también el cosmos ha sido creado por él, ha sido creado para nosotros en cuanto que estamos unidos a él. Es una visión racional y personalista del universo. Y añadiría que una visión más universalista que esta no era posible concebir, y esta confluye sólo en Cristo resucitado. Cristo es el Pantokrátor, al que están sometidas todas las cosas: el pensamiento va hacia el Cristo Pantocrátor, que llena el ábside de las iglesias bizantinas, a veces representado sentado en lo alto sobre el mundo entero, o incluso encima de un arco iris para indicar su equiparación con Dios mismo, a cuya diestra está sentado (cf. Ef 1, 20; Col 3, 1), y, por tanto, a su inigualable función de conductor de los destinos humanos.
Una visión de este tipo es concebible sólo por parte de la Iglesia, no en el sentido de que quiera apropiarse indebidamente de lo que no le pertenece, sino en otro doble sentido: por una parte la Iglesia reconoce que Cristo es más grande que ella, dado que su señorío se extiende también más allá de sus fronteras; por otra, sólo la Iglesia está calificada como Cuerpo de Cristo, no el cosmos. Todo esto significa que debemos considerar positivamente las realidades terrenas, porque Cristo las recapitula en sí, y, al mismo tiempo, debemos vivir en plenitud nuestra identidad eclesial específica, que es la más homogénea a la identidad de Cristo mismo.
Hay también un concepto especial, que es típico de estas dos cartas, y es el concepto de "misterio". Una vez se habla del "misterio de la voluntad" de Dios (Ef 1, 9) y otras veces del "misterio de Cristo" (Ef 3, 4; Col 4, 3) o incluso del "misterio de Dios, que es Cristo, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia" (Col 2, 2-3). Hace referencia al inescrutable designio divino sobre la suerte del hombre, de los pueblos y del mundo. Con este lenguaje las dos Cartas nos dicen que es en Cristo donde se encuentra el cumplimiento de este misterio. Si estamos con Cristo, aunque no podamos comprender intelectualmente todo, sabemos que estamos en el núcleo del "misterio" y en el camino de la verdad. Él está en su totalidad, y no sólo un aspecto de su persona o un momento de su existencia, el que reúne en sí la plenitud del insondable plan divino de la salvación. En él toma forma la que se llama "multiforme sabiduría de Dios" (Ef 3, 10), ya que en él "habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad" (Col 2, 9). De ahora en adelante, por tanto, no es posible pensar y adorar el beneplácito de Dios, su disposición soberana, sin confrontarnos personalmente con Cristo en persona, en quien el "misterio" se encarna y puede ser percibido tangiblemente. Se llega así a contemplar la "inescrutable riqueza de Cristo" (Ef 3, 8), que está más allá de toda comprensión humana. No es que Dios no haya dejado las huellas de su paso, puesto que el mismo Cristo es huella de Dios, su impronta máxima; sino que uno se da cuenta de "cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad" de este misterio "que sobrepasa todo conocimiento" (Ef 3, 19). Las meras categorías intelectuales aquí resultan insuficientes, y reconociendo que muchas cosas están más allá de nuestras capacidades racionales, debemos confiar en la contemplación humilde y gozosa no sólo de la mente sino también del corazón. Los Padres de la Iglesia, por otro lado, nos dicen que el amor comprende mucho más que la sola razón.
Una última palabra hay que decir sobre el concepto, ya señalado antes, concerniente a la Iglesia como esposa de Cristo. En la segunda carta a los Corintios el apóstol san Pablo había comparado la comunidad cristiana a una novia, escribiendo así: "Celoso estoy de vosotros con celos de Dios. Pues os tengo desposados con un solo esposo para presentaros cual casta virgen a Cristo" (2 Co 11, 2). La carta a los Efesios desarrolla esta imagen, precisando que la Iglesia no es sólo una esposa prometida, sino esposa real de Cristo. Él, por así decirlo, la ha conquistado para sí, y lo ha hecho al precio de su vida: como dice el texto, "se ha entregado a sí mismo por ella" (Ef5, 25). ¿Qué demostración de amor puede ser más grande que ésta? Pero, además, él está preocupado por su belleza; no sólo por la ya adquirida por el bautismo, sino también por aquella que debe crecer cada día gracias a una vida intachable, "sin arruga ni mancha", en su comportamiento moral (cf. Ef 5, 26-27). De aquí a la común experiencia del matrimonio cristiano el paso es breve; más aún, ni siquiera está claro cuál es para el autor de la carta el punto de referencia inicial: si es la relación Cristo-Iglesia, desde cuya luz hay que concebir la unión entre el hombre y la mujer, o si más bien es el dato de la experiencia de la unión conyugal, desde cuya luz hay que concebir la relación entre Cristo y la Iglesia. Pero ambos aspectos se iluminan recíprocamente: aprendemos qué es el matrimonio a la luz de la comunión de Cristo y de la Iglesia, aprendemos cómo Cristo se une a nosotros pensando en el misterio del matrimonio. En todo caso, nuestra carta se pone casi a medio camino entre el profeta Oseas, que indicaba la relación entre Dios y su pueblo en términos de bodas ya celebradas (cf. Os 2, 4.16.21), y el vidente del Apocalipsis, que anunciará el encuentro escatológico entre la Iglesia y el Cordero como unas bodas gozosas e indefectibles (cf. Ap 19, 7-9; 21, 9).
Habría aún mucho que decir, pero me parece que, de cuanto he expuesto, se puede entender que estas dos cartas son una gran catequesis, de la que podemos aprender no sólo cómo ser buenos cristianos, sino también cómo llegar a ser realmente hombres. Si empezamos a entender que el cosmos es la huella de Cristo, aprendemos nuestra relación recta con el cosmos, con todos los problemas de su conservación. Aprendemos a verlo con la razón, pero con una razón movida por el amor, y con la humildad y el respeto que permiten actuar de forma correcta. Y si pensamos que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, que Cristo se ha dado a sí mismo por ella, aprendemos cómo vivir con Cristo el amor recíproco, el amor que nos une a Dios y que nos hace ver al otro como imagen de Cristo, como Cristo mismo. Oremos al Señor para que nos ayude a meditar bien la Sagrada Escritura, su Palabra, y aprender así realmente a vivir bien.
jueves, 22 de enero de 2009
FRAY NELSON MEDINA: LA MÚSICA CRISTIANA Y LAS HEREJÍAS POR OMISIÓN

FUENTE http://fraynelson.com/blog
domingo, 18 de enero de 2009
G.K.CHESTERTON: ACERCA DEL MOVIMIENTO MEDIEVAL

Acerca de los movimientos medievales hay dos hechos en los que se debe hacer hincapié. No son, desde luego, contradictorios; antes quizá sean respuestas a falacias contrarias. En primer lugar, a pesar de todo lo que algún tiempo se dijo acerca de la superstición de
No fue un compromiso con el mundo, ni una rendición a paganos o herejes, ni siquiera una mera petición de ayuda externa, aún cuando de hecho los pidió prestados. En tanto que llegaba a la luz del día común, era semejante a la acción de una planta que por su propia inclinación impulsa a las hojas hacia la luz del sol, distinto de la acción de uno que se limita a no impedir que la luz de día penetre en la prisión. En breve, ello fue lo que técnicamente se denominaba un desarrollo doctrinal
JUAN BACIGALUPPI: BILL GATES Y LA PORNOGRAFÍA SEXUAL
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SANTA TERESITA DE LISIEUX

No te inquiete la labor
sábado, 17 de enero de 2009
Monseñor HÉCTOR AGUER: EL JUEGO: PASIÓN Y RIESGO


Al publicar este artículo de Monseñor Héctor Aguer, arzobispo de la Plata, nos enteramos de la designación de este valiente pastor, para el Pontificio Consejo para la Cultura, imploramos el auxilio de la Virgen María, para que lo asista en su nuevo servicio.
El juego constituye una dimensión esencial de la vida humana. Con razón, el homo sapiens ha sido llamado también homo ludens. Para justificar esta apariencia menos seria de nuestra actividad, Santo Tomás de Aquino emplea un argumento humanista: así como el descanso físico repone del cansancio, el juego alivia la fatiga del espíritu, la atención de la inteligencia y el esfuerzo de la voluntad. En la tradición clásica y cristiana se lo vincula con el valor espiritual del ocio, con el sentido de la fiesta y la sensibilidad para percibir lo sagrado. Es verdad que existe también un falsificación del espíritu lúdico. La diversión, cuando procede de la incapacidad de sosiego, de “habitar consigo mismo”, se multiplica convulsivamente para cubrir el vacío existencial, el desarraigo del espíritu; se convierte así en lo contrario del verdadero ocio, de aquel que ponderaban los antiguos como actividad característica del hombre libre.
Se pueden mencionar también otras deformaciones. Nadie duda del valor del deporte, reconocido plenamente por la espiritualidad cristiana. Pero en nuestros días se verifica una tendencia a hacer de la vida corporal un valor absoluto; se promueve el culto de la perfección física y el éxito deportivo brinda acceso al dinero y a la adoración de las multitudes. Nosotros solemos reconocer al fútbol como pasión nacional. En muchos casos se trata de una pasión desordenada. El “Mundial” ofrece un ejemplo elocuente: durante un mes absorbe el interés del país, modifica las agendas, promueve un dudoso patriotismo y desencadena reacciones insensatas y arrebatos irracionales. Por no hablar de la delincuencia encaramada en los tablones, y de sus protectores.
La madurez humana y el equilibrio de la personalidad implican la vivencia justa, virtuosa, de estas realidades. Así como es necesaria la moderación en la comida y la bebida, en la vida sexual y en el afán de sobresalir, existe también una templanza propia del homo ludens. Aristóteles la llamó “eutrapelia”: la virtud de quien encuentra solaz en un humor que no se excede y es capaz de volverse a las cosas joviales o recreativas sin perder la debida circunspección ni infringir los límites morales. La persona que sabe ubicarse como conviene al momento y se distrae moderadamente, dista tanto del bufón, el hincha fanático y el play-boy como del agrio, amargado y cejijunto.
Hablando del juego, es oportuno dedicar unos párrafos a la cuestión del juego por dinero. La moral cristiana lo consideró siempre ambiguo y peligroso, acicate de la codicia y de las peores pasiones. Algunos autores lo descalifican como intrínsecamente malo. San Francisco de Sales, tan suave en sus juicios, llegó a escribir: “Los juegos de dados, naipes y otros semejantes, en que la ganancia depende por la mayor parte de la suerte, son recreaciones no sólo peligrosas, sino absoluta y esencialmente malas y reprensibles, y por eso las prohíben las leyes...; tales juegos, aunque se llaman recreación y para esto se juegan, no lo son, sino ocupación violenta, pues en ellos está el espíritu tenso con atención continua y agitado por inquietudes, aprensiones y cuidados. ¿Hay atención más triste, opaca y melancólica que la de los jugadores? Ni se puede hablar del juego, ni reír, ni aun toser sin que se desesperen”.
No es fácil cultivar la eutrapelia en este campo preciso de la moralidad. Según el Catecismo, el juego es decididamente inmoral cuando se somete a la suerte aquello que en justicia debía dedicarse a otros fines, cuando la persona arriesga lo que corresponde dedicar a la atención de sus necesidades o las de su familia. Esta turbia actividad era, en otras épocas, prohibida por las leyes; hoy, en cambio, se la fomenta. La oferta es amplísima: loto, prode, quiniela, bingo, quini-seis, loterías varias, casinos (terrestres y flotantes), la engañifa de las máquinas tragamonedas. La fiebre privatizadora avanzó exitosamente sobre este sector, con el beneplácito de las autoridades. Se suele justificar la multiplicación de sitios e instrumentos de apuestas porque un porcentaje del mucho dinero acumulado se destina a fines benéficos. Puede aplicarse también al tratamiento de los ludópatas. Un pequeño bien que procede de un gran mal. Todo el mundo sabe, además, que una bruma sospechosa se cierne sobre el negocio del juego.
Mirando al bien común, habría que considerar con cuidado cuál es el mejor camino para limitar, en lo posible, este negocio que progresa atizando la pasión del juego. ¡Cuánta gente se ilusiona con la posibilidad de un rápido enriquecimiento, por un golpe de azar! En la coyuntura social que vive hoy la Argentina, cuando no abunda el empleo digno y no se acierta a instrumentar los medios para promover una cultura del trabajo, la difusión de los juegos de azar contribuye a extender un clima de escapismo, de huida de las responsabilidades personales y, en definitiva, de frivolidad. Las Vegas y Montecarlo no son modelos deseables de un estilo de vida. Conviene recordarlo cuando ya se advierte entre nosotros, como lamentable espectáculo, el contraste entre la ostentación y el despilfarro de los ricos -cada vez menos, probablemente-, y la creciente pobreza y marginalidad que invaden el paisaje suburbano y se adentran en la ciudad. Una versión rioplatense de la parábola evangélica del epulón y del mendigo Lázaro.
+ HÉCTOR AGUER
Arzobispo de La Plata
jueves, 15 de enero de 2009
IGNACIO DE LA POTTERIE S.J: GNOSIS: NI HISTORIA, NI MISTERIO

Hace algunos meses, en diciembre de 1994, la revista Letture publicó un artículo de Gianfranco Ravasi: "Las mil vidas de Jesús", dicho autor volvió a proponer el tema en las páginas del diario italiano "Il sole 24Ore"; y ese mismo día, en el diario de los obispos italianos Avvenire, apareció otro artículo suyo: "Jesús muy judío y poco cristiano".
El artículo de Letture, como siempre rico en citas bibliográficas, estaba construido, sin embargo, sobre un profundo equívoco, lo que puede suscitar en el lector común perplejidad. Después de examinar los muchos intentos de escribir vidas de Jesús de los últimos cien años (por ejemplo, las de Ricciotti, Papini,Renan - meditada por Gianfranco Ravasi en italiano -, Daniel Rops, etc), parece negar, usando un tono irónico, la posibilidad de lanzar también la realidad histórica de Jesús.
Desde hace más de cien años el problema principal en la lectura de los Evangelios es el de la ruptura entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Una ruptura que se remonta a la escuela del racionalismo alemán, según la cual el Jesús que presentan los Evangelios casi ya no es una figura histórica. Es, pues, necesario distinguir entre el Jesús que vivió de verdad en Palestina en torno a los primeros años de nuestra era y el que aparece en las narraciones de los evangelistas: estos últimos no fueron, según esta escuela, testigos, y los Evangelios nacieron de mitos helenistas.
A más de un siglo de distancia podemos decir hoy, como recordó el cardenal Ratzinger en "La interpretación en conflicto", que "es con este convencimiento de base como Bultmann - y con él la mayoría de los exégetas modernos- lee la Biblia".
La concepción del protestante Bultmann, padre del racionalismo, sigue condicionando a menudo la interpretación de los Evangelios. Un día en Roma oí a un prestigioso discípulo de Bultmann hacer esta síntesis: "El Jesús de la historia en científicamente inalcanzable y teológicamente irrelevante".
Según el autor del artículo de Letture, los evangelios se presentan como una vida de Jesús. Pero este es "un género literario imposible". Y explica que, desde Bultmann en adelante, los "biblistas serios" no aceptan hacer vidas de Jesús. "Los neo-testamentaristas se niegan a escribir una biografía de Jesús de Nazaret y se contentan de perfiles teológicos o de status questionis".
Pero aquí existe una equivocación fundamental. Es evidentemente imposible escribir una vida de Jesús haciendo una biografía en sentido moderno, con fechas concretas y siguiendo los itinerarios exactos que recorrió. Pero esto no quiere decir que los Evangelios no narren la historia de Jesús. Hoy nos hallamos frente a una dicotomía muy peligrosa, y que hay que delimitar bien para poder rebatir.
Cuando se habla sobre Jesús unos quieren hacer sólo historia, aplicando las rigurosas exigencias del método histórico-científico; otros, en cambio, reducen todo a su mensaje, al kerygma (anuncio). Las dos posiciones son incorrectas.
Examinemos en primer lugar la equivocación en que caen los primeros, los que sólo quieren hacer una investigación científica sobre el Jesús histórico. Veamos algunos ejemplos, que aparecieron en las librerías ( en inglés). John Crossan es autor de El Jesús histórico, La vida de un campesino judío mediterráneo. Y John P. Meier ha escrito Un judío marginal. Redefiniendo al Jesús histórico. Se trata de dos libros voluminosos, cada uno de más de 400 páginas. Escribe Meier en la introducción: "Imaginemos que tenemos cuatro especialistas bien preparados a nivel histórico: un católico, un protestante, un judío y un agnóstico. Y que trabajen juntos para decir quién es Jesús. El resultado, concluye sería que " el Jesús histórico es un judío marginal", sin gran importancia. Es curioso que una prestigiosa revista católica, la Reveu Biblique (1992), haya escrito de ese libro: "Se recordará como el acontecimiento más significativo del siglo XX en la historia de los estudios bíblicos católicos". El perfil que nos da de Jesús es el de un pobre palestino que hizo hablar de sí. Para la historia, obviamente, el misterio ligado a su persona no existe.
El otro extremo en el que se cae es el de reducir todo al Kerygma. En este caso se elimina la historia, y la importancia de Jesús está únicamente en el anuncio teológico : el Evangelio es sólo un "Theoloúgumenon". Es la tesis del libro de Jacques Duquesne, Jesús, que ha suscitado gran estupor en Francia y del que se han vendido casi 300.000 ejemplares. Duquesne divide su libro en las diversas fases que marcan la vida de Jesús. Desde el principio se comprende que postura toma el autor. La infancia de Jesús que narran los Evangelios, evidentemente no es histórica: no es serio tomar en serio el anuncio que un ángel hizo a una pobre muchacha judía. Además, por lo que se refiere a los milagros no existen pruebas. Y nadie estuvo presente en la resurrección, por lo que no puede documentar. La única importancia de Jesús, explica Duquesne, es el mensaje ( el Theoloúgumenon) que nos dejó y al que quien quiera puede dar su adhesión.
Estas dos posturas ejemplifican el debate en el que se han enzarzado muchos exégetas contemporáneos: o bien de Jesús se hace una historia poco interesante ( en el fondo no era más que un judío marginal), o bien se reduce su mensaje a pura literatura.
En suma a los exégetas les cuesta aceptar que a través de los Evangelios nos podemos remontar al Jesús histórico. Y sin embargo, en el Concilio Vaticano II, el papa Pablo VI hizo introducir, con su autoridad, una frase en la Constitución Dei Verbum. Está en el párrafo 19, donde se lee que la Iglesia " afirma sin dudar la historicidad de los Evangelios". Una frase que aparece también y con relieve en el reciente Catecismo de la Iglesia católica (n.126).
Esta frase confirma que, si no se pueden hacer vidas de Jesús, se puede, sin embargo, llegar al Jesús de la historia, ya que en los Evangelios se narran hechos reales, que sucedieron verdaderamente ( esto vale tanto para la concepción virginal de Jesús, como para sus milagros, y así mismo para su resurrección física, contrariamente a lo que afirma Duquesne, Meier y otros).
En el origen de la tradición evangélica no hay mitos helenistas, sino testigos: " Lo que oímos, lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos os lo anunciamos ahora" (1 Jn 11,2).
Hechos reales que efectivamente acontecieron, aunque a veces no estén narrados con todo detalle. Hechos de los que se escribe después de la resurrección de Jesús, es decir, después de que el Señor hizo comprender a sus hermanos el sentido de todo lo que habían vivido durante aquellos tres años de vida común. Es por ello por lo que de estos hechos reales los Evangelios nos comunican, por lo menos en bosquejo, también el sentido. Como escribía san Gregorio Magno, para comprender la Biblia "hay que pasar de la historia al misterio". Muy a menudo los exégetas modernos anulan lo uno y lo otro.
miércoles, 14 de enero de 2009
SANTO TOMÁS DE AQUINO (28 DE ENERO)
Nace en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, Italia, en 1225.
Es el último hijo varón de una numerosa familia de doce hijos. Su padre se llamaba Landulfo de Aquino.
Alto, grueso, bien proporcionado, frente despejada, porte distinguido, una gran amabilidad en el trato, y mucha delicadeza de sentimientos.
Cerca del Castillo donde nació estaba el famoso convento de los monjes Benedictinos llamado Monte Casino. Allí lo llevaron a hacer sus primeros años de estudios.
Los monjes le enseñaron a meditar en silencio. Es el más piadoso, meditabundo y silencioso de todos los alumnos del convento. Lo que lee o estudia lo aprende de memoria con una facilidad portentosa.
Continúa sus estudios por cinco años en la Universidad de Nápoles. Allí supera a todos sus compañeros en memoria e inteligencia. Conoce a los Padres Dominicos y se entusiasma por esa Comunidad. Quiere entrar de religioso pero su familia se opone. El religiosos huye hacia Alemania, pero por el camino lo sorprenden sus hermanos que viajan acompañados de un escuadrón de militares y lo ponen preso. No logran quitarle el hábito de dominico, pero lo encierran en una prisión del castillo de Rocaseca..
Tomás aprovecha su encierro de dos años en la prisión para aprenderse de memoria muchísimas frases de la S. Biblia y para estudiar muy a fondo el mejor tratado de Teología que había en ese tiempo, y que después él explicará muy bien en la Universidad.
Sus hermanos al ver que por más que le ruegan y lo amenazan no logran quitarle la idea de seguir de religioso, le envían a una mujer de mala vida para que lo haga pecar. Tomás toma en sus manos un tizón encendido y se lanza contra la mala mujer, amenazándola con quemarle el rostro si se atreve a acercársele. Ella sale huyendo y así al vencer él las pasiones de la carne, logró la Iglesia Católica conseguir un gran santo. Si este joven no hubiera sabido vencer la tentación de la impureza, no tendríamos hoy a este gran Doctor de la Iglesia.
Esa noche contempló en sueños una visión Celestial que venía a felicitarlo y le traía una estola o banda blanca, en señal de la virtud de la pureza que le concedía Nuestro Señor.
Liberado ya de la prisión lo enviaron a Colonia, Alemania, a estudiar con el más sabio Padre Dominico de ese tiempo: San Alberto Magno. Al principio los compañeros no imaginaban la inteligencia que tenía Tomás, y al verlo tan robusto y siempre tan silencioso en las discusiones le pusieron de apodo: "El buey mudo". Pero un día uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó al sabio profesor. San Alberto al leerlos les dijo a los demás estudiantes: "Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero". Y así sucedió en verdad después.
Sus compañeros de ese tiempo dejaron este comentario: "La ciencia de Tomás es muy grande, pero su piedad es más grande todavía. Pasa horas y horas rezando, y en la Misa, después de la elevación, parece que estuviera en el Paraíso. Y hasta se le llena el rostro de resplandores de vez en cuando mientras celebra la Eucaristía.
A los 27 años, en 1252, ya es profesor de la famosísima Universidad de París. Sus clases de teología y filosofía son las más concurridas de la Universidad. El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en todos los asuntos de importancia. Y en la Universidad es tan grande el prestigio que tiene y su ascendiente sobre los demás, que cuando se traba una enorme discusión acerca de la Eucaristía y no logran ponerse de acuerdo, al fin los bandos aceptan que sea Tomás de Aquino el que haga de árbitro y diga la última palabra, y lo que él dice es aceptado por todos sin excepción.
En 1259 el Sumo Pontífice lo llama a Italia y por siete años recorre el país predicando y enseñando, y es encargado de dirigir el colegio Pontificio de Roma para jóvenes que se preparan para puestos de importancia especial.
En 4 años escribe su obra más famosa: "La Suma Teológica", obra portentosa en 14 tomos, donde a base de Sagrada Escritura, de filosofía y teología y doctrina de los santos va explicando todas las enseñanzas católicas. Es lo más profundo que se haya escrito en la Iglesia Católica.
En Italia la gente se agolpaba para escucharle con gran respeto como a un enviado de Dios, y lloraban de emoción al oírle predicar acerca de la Pasión de Cristo, y se emocionaban de alegría cuando les hablaba de la Resurrección de Jesús y de la Vida Eterna que nos espera.
El Romano Pontífice le encargó que escribiera los himnos para la Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, y compuso entonces el Pangelingua y el Tantumergo y varios otros bellísimos cantos de la Eucaristía (dicen que el Santo Padre encargó a Santo Tomás y a San Buenaventura que cada uno escribiera unos himnos, pero que mientras oía leer los himnos tan bellos que había compuesto Santo Tomás, San Buenaventrua fue rompiendo los que él mismo había redactado, porque los otros le parecían más hermosos). Después de haber escrito tratados hermosísimos acerca de Jesús en la Eucaristía, sintió Tomás que Jesús le decía en una visión: "Tomás, has hablado bien de Mi. ¿Qué quieres a cambio?". Y el santo le respondió: "Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más".
De tal manera se concentraba en los temas que tenía que tratar, que un día estando almorzando con el rey, de pronto dio un puñetazo a la mesa y exclamó: "Ya encontré la respuesta para tal y tal pregunta". Después tuvo que presentar excusas al rey por estar pensando en otros temas distintos a los que estaban tratando los demás en la conversación.
Pocos meses antes de morir tuvo una visión acerca de lo sobrenatural y celestial, y desde entonces dejó de escribir. Preguntado por el Hermano Reginaldo acerca de la causa por la cual ya no escribía más, exclamó: "Es que, comparando con lo que vi en aquella visión, lo que he escrito es muy poca cosa".
Santo Tomás logró que la filosofía de Aristóteles llegara a ser parte de las enseñanzas de los católicos. Este santo ha sido el más famoso profesor de filosofía que ha tenido la Iglesia.
Tan importantes son sus escritos que en el Concilio de Trento (o sea la reunión de los obispos del mundo), los tres libros de consulta que había sobre la mesa principal eran: la Sagrada Biblia, los Decretos de los Papas, y la Suma Teológica de Santo Tomás.
Decía nuestro santo que él había aprendido más, arrodillándose delante del crucifijo, que en la lectura de los libros. Su secretario Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía más de sus oraciones que de su ingenio. Este hombre de Dios rezaba mucho y con gran fervor para que Dios le iluminara y le hiciera conocer las verdades que debía explicar al pueblo.
Su humildad: Cumplía exactamente aquel consejo de San Pablo: "Consideren superiores a los demás". Siempre consideraba que los otros eran mejores que él. Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con total calma; jamás se dejó llevar por la cólera aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente y nunca se le oyó decir alguna cosa que pudiera ofender a alguno. Su lema en el trato era aquel mandato de Jesús: "Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros".
Su devoción por la Virgen María era muy grande. En el margen de sus cuadernos escribía: "Dios te salve María". Y compuso un tratado acerca del Ave María.
Su muerte: El Sumo Pontífice lo envió al Concilio de Lyon, pero por el camino se sintió mal y fue recibido en el monasterio de los monjes cistercienses de Fosanova. Cuando le llevaron por última vez la Sagrada Comunión exclamó: "Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que pagaste con tu sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente".
Murió el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años.
Fue declarado santo en 1323 apenas 50 años después de muerto. Y sus restos fueron llevados solemnemente a la Catedral de Tolouse un 28 de enero. Por eso se celebra en este día su fiesta.
Ojalá repitamos frecuentemente aquella oración bíblica que Santo Tomás le decía al Señor, para pedirle el don de la Sabiduría. Dice así:
"Oh Dios misericordioso: envíame la Sabiduría que asiste junto a Ti.
Mira que soy un ser débil,
demasiado pequeño para lograr conocer qué es lo que más te agrada a Ti.
Sin la sabiduría que procede de Ti, no seré estimado en nada.
Contigo está la sabiduría que te asistió cuando creabas el mundo,
la sabiduría que nos enseña qué es lo más grato a tus ojos
y lo que más nos conviene hacer.
Envíame tu sabiduría desde el cielo
para que me asista en mis trabajos
y me ilumine qué es lo que más te agrada en cada momento.
Que ella me guíe prudentemente en todas mis obras" (Sab. 9, 1-11) Amen.
FUENTE: http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Tomás_de_Aquino.htm
martes, 13 de enero de 2009
TESTIMONIO SOBRE GRACIAS CONCEDIDA POR MEDIACIÓN DE JUAN PABLO II
http://www.vicariatusurbis.org/Beatificazione/spagnolo/homepage.htm
Septiembre, 2008
Soy ortodoxa.
España,
Octubre, 2008
Nuestra conversión.
por Antonella y Massimo