lunes, 16 de enero de 2012

ANTONIO ROYO MARÍN: LAS VIRTUDES CARDINALES

El nombre de cardinales se deriva del latín cardo, cardinis, el quicio o gozne de la puerta; porque, en efecto, sobre ellas, como sobre quicios, gira y descansa toda la vida moral humana y cristiana.

Las virtudes cardinales son cuatro: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. La prudencia dirige el entendimiento práctico en sus determinaciones; la justicia perfecciona la voluntad para dar a cada uno lo que corresponde; la fortaleza refuerza el apetito irascible  para tolerar lo desagradable y acometer lo que debe hacerse  a pesar de las dificultades, y la templanza pone orden en el recto uso de las cosas placenteras y agradables.

El conjunto total de las virtudes infusas teologales y morales podría representarse gráficamente con una imagen astronómica, que estaría formada del siguiente modo:

      Tres  grandes estrellas o soles con luz propia: fe esperanza y caridad. Cuatro grandes planetas con su luz recibida del sol: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
   Muchas virtudes satélites relacionadas con sus respectivos planetas, como derivadas o anejas.

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