viernes, 30 de marzo de 2012

ALONSO AMPUERO: SEMANA SANTA


Domingo de Ramos
La Pasión «por dentro»
Mt 27,11-54
 Al entrar en la Semana Santa la Iglesia nos proclama la Pasión de Jesucristo. Pero al escucharla o al leerla por nuestra cuenta hemos de evitar un peligro. Tenemos el riesgo de asistir a ella como espectadores que contemplan unos hechos sólo desde fuera. Porque lo que el Espíritu Santo pretende es hacernos conocer cómo Cristo ha vivido la Pasión «por dentro». Se trata de dejarnos iluminar esa interioridad de Cristo. Lo que nos salva no son los simples sufrimientos de Cristo, sino el amor con que los ha vivido, un amor que le ha llevado a dar la vida libremente por nosotros.
 De hecho, en la oración colecta del domingo pasado pedíamos a Dios Padre que «vivamos siempre de aquel mismo amor que llevó al Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo». La liturgia no es una representación teatral. Nos introduce en el misterio. Y al introducirnos en él no sólo nos hace capaces de contemplarlo en toda su riqueza, sino que el contacto con el misterio de Cristo nos transforma, pues Cristo mismo nos contagia su vida, sus actitudes y sentimientos. No podemos entrar en la Semana Santa ni vivirla con provecho si no estamos dispuestos a subir con Cristo a la cruz.
El relato de la Pasión según san Mateo subraya además cómo en ella se cumplen las Escrituras. Todo estaba predicho. Nada ocurre por casualidad. El plan del Padre se cumple. Y Cristo vive la Pasión en perfecta obediencia a la voluntad del Padre, «para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a su voluntad» (oración colecta). Cristo puede decir con las palabras del profeta: «El señor Dios me ha abierto el oído y yo no me he rebelado ni me he echado atrás» (primera lectura). Adán desobedeció la voluntad de Dios y nos trajo la ruina; Cristo obedece «hasta la muerte y muerte de cruz» y nos salva (segunda lectura). En su obediencia al Padre y en su amor a los hombres está nuestra salvación. Y esta salvación seguirá haciéndose presente hoy si nosotros prolongamos la entrega de Cristo, su obediencia al Padre y su amor a los hombres.

Jueves Santo
Hasta el extremo
Ex 12,1-14; 1Cor 11,23-26; Jn 13,1-15
«Los amó hasta el extremo». Estas palabras son la clave para entender el triduo pascual, la pasión y muerte de Jesús, la eucaristía... Todo ello es expresión y realización de ese amor hasta el extremo que lo ha dado todo sin reservarse nada, que se ha hecho esclavo por nosotros. Es ese amor el que está presente en cada misa y en cada sagrario: ¿cómo es posible la rutina o el aburrimiento?, ¿cómo permanecer indiferente ante ese amor que sobrepasa toda medida?
«Es la Pascua, el Paso del Señor». En cada misa es Cristo mismo quien pasa junto a nosotros, quien desea entrar –si le dejamos– para quedarse con nosotros. Pasa Cristo para hacernos pasar con Él de este mundo al Padre. Si la vivo bien, cada misa me introduce más en Dios, en su seno y en su corazón. La misa me introduce en el cielo, aunque siga viviendo aún sobre la tierra.
«Haced esto en memoria». Estas palabras son el encargo de perpetuar la eucaristía en el tiempo y el espacio. Pero no sólo. Incluyen el mandato de vivir la misa, de hacer presente en nuestra vida todo lo que ella es y significa: «Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis». La misa nos hace esclavos de nuestros hermanos y nos impulsa a amarlos hasta el extremo. «Él dio la vida por nosotros: también nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1Jn 3,16).

Viernes Santo
Mirar al Crucificado
Jn 18-19
«Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». Todo el relato de la pasión según san Juan –especialmente el prendimiento y el diálogo con Pilatos– manifiesta la soberanía y majestad de este Jesús que había dicho: «Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente» (Jn 10,18). Verdaderamente Jesús reina desde la cruz. Ahora se cumple lo que Él mismo había anunciado: «Yo cuando sea levantado de la tierra atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). La multitud inmensa de los redimidos es fruto de esta eficaz atracción del Crucificado.
«Está cumplido». Jesús ha llevado a cabo perfectamente la obra que el Padre le encomendó (Jn 17,4). Ha realizado el plan del padre, ha cumplido las Escrituras, nada ha quedado a medias. La redención es un hecho consumado y sólo falta que cada hombre acepte dejarse bañar por su sangre y acuda a beber el agua que brota de su costado abierto. En Cristo estamos salvados.
«Mirarán al que atravesaron». Si los que miraban la serpiente de bronce en el desierto quedaban curados (Nm 21,4-9), ¡cuánto más los que miran con fe al Hijo de Dios crucificado! (Jn 3,14-15). San Juan nos invita a esa mirada contemplativa llena de fe. Esta mirada de fe permite que se desencadene sobre nosotros el infinito amor salvador que se encuentra encerrado en el corazón del Redentor traspasado por nuestros pecados.

Vigilia Pascual
Ha resucitado
Rm 6,3-11; Sal 117; Mt 28,1-10; Mc 16,1-8; Lc 24,1-12
«HA RESUCITADO». Así, con mayúsculas, aparece en el Leccionario. Esta palabra es común a los tres sinópticos y aparece por tanto en los tres ciclos. Es la noticia. La Iglesia vive de ella. Millones de cristianos a lo largo de veinte siglos han vivido de ella. Es la noticia que ha cambiado la historia: el Crucificado vive, ha vencido la muerte y el mal. Es el grito que inunda esta noche santa como una luz potente que rasga las tinieblas. ¿En qué medida vivo yo de este anuncio? ¿En qué medida soy portavoz de esta noticia para los que aún no la conocen?
«Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios». La resurrección de Cristo es también la nuestra. Él no sólo ha destruido la muerte, sino también el pecado, que es la verdadera muerte y causa de ella. La resurrección de Cristo es capaz de levantarnos para hacernos llevar una vida de resucitados. Ya no somos esclavos del pecado. Podemos vivir desde ahora en la pertenencia a Dios, como Cristo. Podemos caminar en novedad de vida.
«La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular». Las lecturas del A.T. son una síntesis de la historia de la salvación, que culmina en Cristo. El Resucitado es la clave de todo. Todo se ilumina desde Él. Sin Él, todo permanece confuso y sin sentido. ¿Le permito yo que ilumine mi vida? ¿Soy capaz de acoger la presencia del Resucitado para entender toda mi vida como historia de salvación?

Domingo de Resurrección
¡Ha resucitado!
Jn 20,1-9
«¡Ha resucitado!»: Es la noticia que hoy nos es gritada, proclamada. Esta es la noticia. Es la certeza que se nos da a conocer. La gran certeza, la que sostiene toda nuestra vida, la que le da sentido y valor. ¡Ha resucitado! No podemos seguir viviendo como si Cristo no hubiese resucitado, como si no estuviese vivo. No podemos seguir viviendo como si no le hubiera sido sometido todo. No podemos seguir viviendo como si Cristo no fuera el Señor, mi Señor. No podemos seguir viviendo «como si». Sólo cabe buscar con ansia al Resucitado, como María Magdalena o los apóstoles; o mejor, dejarse buscar y encontrar por Él.
«¡Ha resucitado!». También nosotros podemos ver, oír, tocar al Resucitado (1 Jn 1,1). No, no es un fantasma (cfr. Lc 24, 37-43). Es real, muy real. Cristo vive, quiere entrar en tu vida. Quiere transformarla. No, nuestra fe no se basa en simples palabras o doctrinas, por hermosas que sean. Se basa en un hecho, un acontecimiento. Sí, verdaderamente ha resucitado el Señor. Para ti, para mí, para cada uno de todos los hombres. Hoy puede ser decisivo para ti. Él quiere irrumpir en tu vida con su presencia iluminadora y omnipotente. Es a Él, el mismo que salió del sepulcro, a quien encuentras en la Eucaristía.
«¡Ha resucitado!». La noticia que hemos recibido hemos de gritarla a otros. Si de verdad hemos tocado a Cristo, tampoco nosotros podemos callar «lo que hemos visto y oído» (He 4,20). No somos sólo receptores. Cristo resucitado nos constituye en heraldos, pregoneros de esta noticia. Una noticia que es para todos. Una noticia que afecta a todos. Una noticia que puede cambiar cualquier vida: «Cristo ha resucitado, está vivo, para ti, te busca, tú eres importante para Él, ha muerto por ti, ha destruido la muerte, te infunde su vida divina, te abre las puertas del paraíso, tus problemas tienen solución, tu vida tiene sentido».

jueves, 29 de marzo de 2012

DIÁCONO JORGE NOVOA: ITINERARIO DE SU VOCACIÓN (2)


II- La búsqueda

Teresa busca una y otra vez, describe su actitud con una imagen maravillosa, dice: "inclinándome sin cesar como Magdalena sobre la tumba vacía…", por medio de ella podemos comprender lo árida que resultó por momentos su búsqueda. La tumba vacía… muestra la vivencia de una gran aspereza, que manifiesta permanentemente la ausencia de respuestas evidentes. Esta acción por la cual Teresa se inclina sobre la silenciosa tumba que no le responde, la va purificando, fortaleciendo su fe y su confianza en Dios. El silencio manifiesta la ausencia de la respuesta a la pregunta que la sacude, ¿por dónde realizaré estos deseos?.


"No creais que nado en consuelos. ¡oh , no! Mi consuelo es no tenerlo en la tierra"En el comienzo del Cántico Espiritual, San Juan de la Cruz expresa con gran maestría la experiencia espiritual del discípulo en la búsqueda del maestro. "¿ Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?" En esta búsqueda apasionada, Teresa crece en la confianza que brota de la fe, es decir, la fe se desborda en la confianza que le exige el amor.

Como Magdalena, Teresa busca una respuesta del Señor, "habla Señor que tu sierva escucha", pero el peso del silencio la hace penetrar en la aridez de la noche de la fe, en la que solamente puede caminar, iluminada por el tenue resplandor que despiden los ojos de Jesús. La presencia cercana de Jesús es la fuente inagotable de la que brota la confianza de Teresa, la tierra prometida es vivir en la compañia de Jesús, aún en tierra extranjera la vida es seguir "a zaga de su huella". La fe penetra en el silencioso lenguaje del sepulcro vacío. La prueba que se busca en el sepulcro vacío, es purificadora del amor humano que debe descansar sobre la oscura inevidencia de la fe. "Comprendo mejor que nunca cuanto nos ama el Señor cuando nos prueba" (Beata Isabel de la Trinidad).

Ella no se desalienta, aguarda a la puerta del sepulcro como el centinela a la aurora, con su lámpara llena de aceite el momento en que su amado la llame por su nombre. Amar es esperar (1 Cor 13), cuando el velo se corra, este tiempo que en muchos casos nos parece interminable, será solo un momento. El amor da forma a la espera, que por silenciosa ya no atemoriza el corazón de Teresa. Como enseña San Juan de la Cruz, es necesario buscar en "fe y amor". "Porque la fe son los pies con que el alma va a Dios, y el amor es la guía que le encamina".

El Santo Padre en la Novo Millenio Ineunte, reconoce que aún para los discípulos, "no fue fácil creer", las actitudes de los discípulos camino de Emaús, al igual que la de Tomás que quiere confirmar lo que le han dicho sus amigos introduciendo la mano en su costado son tan sólo las muestras de que "en realidad, aunque se viese y se tocase su cuerpo, sólo la fe podía franquear el misterio de aquel rostro[...] A Jesús no se llega verdaderamente más que por la fe, a través de un camino cuyas etapas nos presenta el Evangelio en la bien conocida escena de Cesarea de Filipo (cf. Mt 16,13-20)" (NMI n. 19).

Nuestras búsquedas, tienen, no en su intensidad, algunos elementos comunes a los que vivió Teresa, en virtud de que la fe es el lenguaje propio del creyente y la noche es su "habitat" natural. Para todos y cada uno "es necesaria una gracia de revelación que viene del Padre" (NMI n 20).

JOSÉ LUIS IRABURU: CONDICIONES PARA LA CONVERSIÓN


La conversión se realiza por obra del Espíritu Santo, y requiere siete convicciones humildes de la fe:
1. Vamos mal. Los falsos profetas aseguran «vamos bien, nada hay que temer; paz, paz». Los profetas verdaderos dicen lo contrario: «vamos mal, es necesario y urgente que nos convirtamos; si no, vendrán sobre nosotros males aún mayores que los que ahora estamos sufriendo» (Isaías 3; Jeremías 7; Oseas 2.8.14; Joel 2; Miqueas en 1Re 22).
2. Estamos sufriendo penalidades justas, consecuencias evidentes de nuestros pecados: apostasías en número creciente, carencia de vocaciones, etc. Nos merecemos todo eso y más: «eres justo, Señor, en cuanto has hecho con nosotros, porque hemos pecado y cometido iniquidad en todo, apartándonos en todo de tus preceptos» (cfr. Dan 3,26-45).
3. Son castigos medicinales los que, como consecuencias de nuestros pecados, la Providencia divina nos inflige. Y en esos mismos castigos la misericordia de Dios suaviza mucho su justicia: «no nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas» (Sal 102,10). Esto hay que tenerlo bien presente.
4. No tenemos remedio humano. No tenemos, por nosotros mismos, ni luz de discernimiento, ni fuerza para la conversión. Para superar los enormes males que nos abruman no nos valen ni métodos, ni estrategias, ni nuevas organizaciones de nuestra acción. Tampoco tenemos guías eficaces de la reforma que necesitamos: «hasta el profeta y el sacerdote vagan desorientados por el país» (Jer 14,18).
5. Pero Dios quiere y puede salvarnos. La Iglesia, después de haber mirado a un lado y a otro, buscando «de dónde me vendrá el auxilio», y, ya desesperada de toda ayuda humana, levanta al Señor su esperanza y la pone sólo en Él: «el auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Sal 120,1-2).
6. Es necesaria la oración de súplica. La Iglesia, en tiempos de aflicción, no encuentra salvación ni a derecha ni a izquierda, sino arriba, por la oración de súplica: «levántate, Señor, extiende tu brazo poderoso, ten piedad de nosotros, por pura gracia, por pura misericordia tuya, no nos desampares, acuérdate de nuestros padres y de tus promesas». Son las súplicas que una y otra vez se hacen en las Escrituras.
7. Para la gloria de Dios. Es la oración bíblica: «no nos abandones, Señor, no permitas la destrucción del Templo de tu gloria, no dejes que se acaben los himnos y cánticos que alaban tu Nombre santo. Restáuranos, Señor, por la gloria de tu Nombre, que se ve humillado por nuestros pecados y miserias. Sálvanos con el poder misericordioso de tu brazo. Seremos fieles a tu Alianza, y te alabaremos por los siglos de los siglos. Amén».
No hay posible conversión o reforma de la Iglesia –sin la cual no hay nueva evangelización– si estas siete actitudes, hoy tan debilitadas, o algunas de ellas, faltan. Pero si se dan, esperamos con absoluta certeza la salvación, la superación de los peores males, la conversión de personas y de pueblos, aunque parezca imposible. Pedir e intentar la conversión: ora et labora.

miércoles, 28 de marzo de 2012

JUAN PABLO II: "OS DARÉ UN CORAZÓN NUEVO"

1. El cántico que acaba de resonar en nuestros oídos y en nuestro corazón fue compuesto por uno de los profetas mayores de Israel. Se trata de Ezequiel, testigo de una de las épocas más trágicas que vivió el pueblo judío: la de la caída del reino de Judá y de su capital, Jerusalén, a la que siguió el amargo destierro en Babilonia (siglo VI a.C.). Del capítulo 36 de Ezequiel está tomado el pasaje que entró a formar parte de la oración cristiana de Laudes.

El contexto de esta página, transformada en himno por la liturgia, quiere captar el sentido profundo de la tragedia que vivió el pueblo en aquellos años. El pecado de idolatría había contaminado la tierra que el Señor dio en herencia a Israel. Ese pecado, más que otras causas, es responsable, en definitiva, de la pérdida de la patria y de la dispersión entre las naciones. En efecto, Dios no es indiferente ante el bien y el mal; entra misteriosamente en escena en la historia de la humanidad con su juicio que, antes o después, desenmascara el mal, defiende a las víctimas y señala la senda de la justicia.

2. Pero la meta de la acción de Dios nunca es la ruina, la mera condena, el aniquilamiento del pecador. El mismo profeta Ezequiel refiere estas palabras divinas: «¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado y no más bien en que se convierta de su conducta y viva? (...) Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere. Convertíos y viviréis» (Ez 18,23.32). A la luz de esas palabras se logra comprender el significado de nuestro cántico, lleno de esperanza y salvación.

Después de la purificación mediante la prueba y el sufrimiento, está a punto de surgir el alba de una nueva era, que ya había anunciado el profeta Jeremías cuando habló de una «nueva alianza» entre el Señor e Israel (cf. Jr 31,31-34). El mismo Ezequiel, en el capítulo 11 de su libro profético, había proclamado estas palabras divinas: «Yo les daré un corazón nuevo y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios» (Ez 11,19-20).

En nuestro cántico (cf. Ez 36,24-28), el profeta repite ese oráculo y lo completa con una precisión estupenda: el «espíritu nuevo» que Dios dará a los hijos de su pueblo será su Espíritu, el Espíritu de Dios mismo (cf. v. 27).

3. Así pues, no sólo se anuncia una purificación, expresada mediante el signo del agua que lava las inmundicias de la conciencia. No sólo está el aspecto, aun necesario, de la liberación del mal y del pecado (cf. v. 25). El acento del mensaje de Ezequiel está puesto sobre todo en otro aspecto mucho más sorprendente. En efecto, la humanidad está destinada a nacer a una nueva existencia. El primer símbolo es el del «corazón» que, en el lenguaje bíblico, remite a la interioridad, a la conciencia personal. De nuestro pecho será arrancado el «corazón de piedra», gélido e insensible, signo de la obstinación en el mal. Dios nos infundirá un «corazón de carne», es decir, un manantial de vida y de amor (cf. v. 26). En la nueva economía de gracia, en vez del espíritu vital, que en la creación nos había convertido en criaturas vivas (cf. Gn 2,7), se nos infundirá el Espíritu Santo, que nos sostiene, nos mueve y nos guía hacia la luz de la verdad y hacia «el amor de Dios en nuestros corazones» (Rm 5,5).

4. Así aparece la «nueva creación» que describe san Pablo (cf. 2 Co 5,17; Ga 6,15), cuando afirma la muerte en nosotros del «hombre viejo», del «cuerpo del pecado», porque «ya no somos esclavos del pecado», sino criaturas nuevas, transformadas por el Espíritu de Cristo resucitado: «Despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador» (Col 3,9-10; cf. Rm 6,6). El profeta Ezequiel anuncia un nuevo pueblo, que en el Nuevo Testamento será convocado por Dios mismo a través de la obra de su Hijo. Esta comunidad, cuyos miembros tienen «corazón de carne» y a los que se les ha infundido el «Espíritu», experimentará una presencia viva y operante de Dios mismo, el cual animará a los creyentes actuando en ellos con su gracia eficaz. «Quien guarda sus mandamientos -dice san Juan- permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio» (1 Jn 3,24).

5. Concluyamos nuestra meditación sobre el cántico de Ezequiel escuchando a san Cirilo de Jerusalén, el cual, en su Tercera catequesis bautismal, vislumbra en la página profética al pueblo del bautismo cristiano.

En el bautismo -recuerda- se perdonan todos los pecados, incluidas las transgresiones más graves. Por eso, el obispo dice a sus oyentes: «Ten confianza, Jerusalén, el Señor eliminará tus iniquidades (cf. Sof 3,14-15). El Señor lavará vuestras inmundicias (...); "derramará sobre vosotros un agua pura que os purificará de todo pecado" (Ez 36,25). Los ángeles os rodean con júbilo y pronto cantarán: "¿Quién es la que sube inmaculada, apoyada en su amado?" (Ct 8,5). En efecto, se trata del alma que era esclava y ahora, ya libre, puede llamar hermano adoptivo a su Señor, el cual, acogiendo su propósito sincero, le dice: "¡Qué bella eres, amada mía!, ¡qué bella eres!" (Ct 4,1). (...) Así dice él, aludiendo a los frutos de una confesión hecha con buena conciencia (...). Quiera Dios que todos (...) mantengáis vivo el recuerdo de estas palabras y saquéis fruto de ellas traduciéndolas en obras santas para presentaros irreprensibles al místico Esposo, obteniendo así del Padre el perdón de los pecados» (n. 16: Le catechesi, Roma 1993, pp. 79-80).

domingo, 25 de marzo de 2012

BENEDICTO XVI EN MÉXICO

MENSAJE DE MEDJUGORJE 25 DE MARZO




“¡Queridos hijos! También hoy con alegría deseo darles mi bendición maternal e invitarlos a la oración. Que la oración se convierta en necesidad para ustedes, para que cada día crezcan más en santidad. Trabajen más en su conversión, porque están lejos hijitos. Gracias por haber respondido a mi llamado.”
Message 25 March 2012
“Dear children! Also today, with joy, I desire to give you my motherly blessing and to call you to prayer. May prayer become a need for you to grow more in holiness every day. Work more on your conversion because you are far away, little children. Thank you for having responded to my call.”

viernes, 23 de marzo de 2012

HANS URS VON BALTHASAR: V DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)


El que se ama a sí mismo, se pierde. Este evangelio, ciertamente impresionante, es preludio de la pasión. Algunos gentiles quieren ver a Jesús; su misión, que incluye más allá de los límites de Israel, a todas las naciones, solo culminará con su muerte: únicamente desde la cruz, como se dice al final del evangelio atraerá hacia él a todos los hombres. El grano de trigo tiene que morir, sino queda infecundo; Jesús dice esto pensando en él mismo, pero también, y con gran énfasis, en todos aquellos que quieren servirle y seguirle. Y ante esta muerte, cargando con el pecado del mundo, Jesús se turba y tiene miedo: la angustia del monte de los Olivos le hace preguntarse si no debería pedir al Padre que le liberase de semejante trance; pero sabe que la encarnación entera sólo tendrá sentido si soporta la hora, si bebe el cáliz; por eso dice: “ Padre, glorifica tu nombre”. La voz del Padre confirma que todo el plan de la salvación hasta la cruz y la resurrección es un única glorificación del amor divino misericordioso que ha triunfado sobre el mal , “el príncipe de este mundo”. Cada palabra de este evangelio está indisolublemente trenzada con todas las demás que en ella se hace visible toda la obra salvífica ante la inminencia de la cruz.


Aprendió, sufriendo a obedecer. Juan, en el evangelio, amortigua en cierto modo los acentos del sufrimiento; para él todo, hasta lo más oscuro, es ya manifestación de la gloria del amor. En la segunda lectura, de la carta a los Hebreos, se perciben por el contrario los acentos estridentes , dramáticos de la pasión, “ gritos y con lágrimas”, presentó oraciones y súplicas. Al Dios que podía salvarlo de la muerte. Por muy obediente que pueda ser, en la oscuridad del dolor y de la angustia, todo hombre, incluso Cristo, debe aprender de nuevo a obedecer. Todo hombre que sufre física o espiritualmente lo ha experimentado: lo que se cree poseer habitualmente, debe actualizarse, ha de reaprenderse, por así decirlo, desde el principio. Jesús gritó a su Padre y el texto dice que fue escuchado. Y ciertamente fue escuchado por el Padre, pero no entonces, sino solamente cuando llegó el momento de su resurrección de la muerte. Únicamente cuando el hijo hay sido llevado a la consumación podrá brillar abiertamente la luz del amor ya oculta en todo sufrimiento. Y solamente cuando todo haya sido sufrido hasta el extremo, se podrá considerar  fundada  esa alianza nueva de la que habla en la primera lectura.


Meteré mi ley en su pecho. Una nueva alianza ha sido sellada por Dios, después de que la primera fuera quebrantada. Mientras la soberanía de Dios era una soberanía basada en el poder, el Señor había sacado a los israelitas de Egipto, tomándolos de la mano, y los hombres no poseían una visión interior de la esencia del amor de Dios, era difícil, por no decir imposible, permanecer fiel a la alianza. Para ellos el amor que se le exigía era en cierto modo como un mandamiento, como una ley , y los hombres siempre propensos a transgredir las leyes para demostrar que son más fuertes que ellas. Pero cuando la ley del amor está dentro de sus corazones y aprenden a comprender desde dentro que Dios es amor, entonces la alianza se convierte en algo totalmente distinto, en una realidad interior, cada hombre la comprende ahora desde dentro, nadie tienen necesidad de aprenderla de otro, como se aprende en la escuela: Todos me conocerán, desde el pequeño al grande”.

RP. HORACIO BOJORGE: LA TRIPLE CAUSA DE LOS PECADOS


1) El deseo de la carne
2) El deseo de los ojos
3) El capricho de esta vida.

"No amen el mundo ni las cosas mundanas.
Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
Porque todo lo que hay en el mundo es
concupiscencia de la carne,
concupiscencia de los ojos y
soberbia de esta vida.

Todo esto no viene del Padre sino del mundo;
pero el mundo pasa, y con él sus deseos.
En cambio, el que cumple los deseos de Dios permanece eternamente" [1 Juan 2,15-17]

3-La causa de todo pecado es el deseo desordenado de sí mismo.
O sea amarse a sí mismo más que a Dios. Uno busca el propio bien sea como sea. Y busca lo que le parece bueno para sí mismo. Así que buscando su propio bien, termina corriendo detrás de las cosas que le parecen buenas para realizar su propio bien.

4-Al deseo le llamamos también apetito. Por ejemplo, el apetito de comer, pero también el apetito de riquezas, el apetito de honores. A todas las cosas que podemos apetecer o desear, las llamamos bienes. A la atracción que producen los bienes sobre nosotros, la llamamos pasión. La palabra pasión, viene del verbo padecer. Las cosas que consideramos buenas, nos apasionan, nos atraen, las deseamos. Los bienes nos mueven, nos atraen sufrimos esa atracción. Nos mueven o conmueven aunque no lo queramos. Las pasiones en sí mismas son buenas. Pero cuando se desordenan se hacen malas y se convierten en vicios.

Los vicios son hábitos malos. El hábito es la facilidad para obrar que proviene de la repetición de actos. Cuando uno repite actos buenos, se crean hábitos buenos que son las virtudes. Cuando uno repite actos malos, se crean hábitos malos, que se llaman vicios. Los hábitos actúan inconscientemente, y por eso a veces no nos damos cuenta de nuestros vicios más arraigados.

5-En la Sagrada Escritura y en lenguaje de la tradición católica, a los malos deseos, apetitos y pasiones, se les llama concupiscencias. San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales los llama afecciones desordenadas. Es bueno aprender el lenguaje que usa nuestra tradición católica.

Hay varias clases de concupiscencias o malos deseos, como nos dice San Juan: 1) concupiscencia de la carne y 2) concupiscencia de los ojos. Estas dos concupiscencias dan lugar a 3) la "soberbia de esta vida". La soberbia de esta vida es la voluntad torcida de los que viven solamente para esta vida.


6.- Hay un deseo bueno, que llamamos natural. Es el deseo de los bienes que tocan a la conservación o sustentación de la naturaleza del hombre.

De esos bienes naturales, algunos son necesarios para la conservación del individuo y de su cuerpo: el alimento, la bebida y otros semejantes, como el vestido y el abrigo. Otros de esos bienes naturales, son necesarios para la conservación de la especie humana, como los bienes sexuales, y los que tienen que ver con la generación y educación de la prole. Cuando el apetito de estos bienes, llamados bienes naturales, se desordena, se habla de "concupiscencia de la carne". Se le llama también intemperancia, o sea: falta de templanza, o de moderación en el uso de los bienes alimenticios o sexuales. Estos desórdenes, dan lugar respectivamente a los pecados de gula y de lujuria.

7.- Hay otro deseo, que en la tradición se ha llamado: animal, en el sentido de anímico, o sea, deseo del alma.
Este deseo es el que se refiere a los bienes que percibimos a través de la imaginación. Es decir, bienes que no son reclamados directamente por los movimientos de la carne, (como ser el apetito de comer o el apetito sexual), sino que nos vienen a través de la imaginación: ser aprobados, queridos, estimados, considerados, tenidos en cuenta. A este tipo de bienes pertenece la buena fama, la gloria, el prestigio. A esta esfera de lo que apetece el alma, y no el cuerpo, pertenecen los bienes que hacen que uno sea "bien visto", "mirado" "admirado", "atractivo", "atrayente":

Lo que uno es:

las cualidades personales físicas, como la belleza, la silueta o el vestido; las espirituales, el saber, la educación y la cultura, los títulos académicos, un oficio... el buen temperamento y carácter

Lo que uno tiene
- el dinero y todo lo que puede adquirirse con él
- la casa, el auto.

Al desorden del deseo de estos bienes se le llama concupiscencia de los ojos: deseo desordenado de ver y de ser visto y de los bienes que hacen aparentar y aparecer. Diríamos que son los bienes que nos muestra y nos hace desear desordenadamente la propaganda.

La "concupiscencia de los ojos". se llama así porque: es el apetito de los ojos de la imaginación, con la que se ven estos bienes.
* son bienes cuyo deseo se excita después de verlos o imaginarlos y no a partir de una necesidad de la naturaleza, como son los otros. Son bienes de orden social y de la convivencia y del "querer tener y/o ser vistos". A esta concupiscencia de los ojos corresponden los pecados capitales de vanidad, avaricia, envidia.

8.- Por fin, el desorden del apetito del bien supremo del hombre, es la llamada soberbia de esta vida. La soberbia es el apetito desordenado de la propia excelencia. Es el quererse a sí mismo más que a Dios y en lugar de Dios.

Nosotros le llamamos también capricho, por dos motivos: uno porque lo describe bien; y otro porque lo hace reconocible para muchos que se imaginan que la soberbia es algo tan espantoso y monstruoso que no puede ser algo común y frecuente, y menos que menos un mal del que uno pueda estar padeciendo: "¡¿soberbio YO?!" . Sin embargo, vemos que el capricho, es el primer defecto que asoma desde temprano en el niño. Al soberbio se le llama adecuadamente caprichoso, porque el soberbio está aferrado a su voluntad de tal manera que no quiere hacer la voluntad de Dios, sino que Dios venga a hacer la voluntad de él. No quiere servir a Dios, sino que Dios lo sirva a él. No quiere obedecer a Dios, sino que Dios lo obedezca. El soberbio, reza el Padre nuestro al revés: "glorificado sea mi nombre, venga mi reino, hágase mi voluntad". El soberbio es por lo tanto: egoísta, egocéntrico y ególatra.Y la soberbia es pecado capital. Porque de este desorden provienen todos los demás.

9.- Cuando no se pueden realizar las concupiscencias o deseos desordenados, entonces se ponen de manifiesto dos pecados capitales más: ira y tristeza. Porque cuando el soberbio o el caprichoso ve contrariada su voluntad, se enoja o se entristece.

Y como el soberbio, que se pone a sí mismo como centro, entra en competencia y en rivalidad con Dios, el bien de Dios le parece un mal. Se entristece por el bien de Dios, o se entristece por no ser él Dios. Y eso es la envidia o acedia. Este es el pecado de Satanás o del Angel Rebelde. Y es el pecado de todos los que se enojan contra Dios, porque no les ha concedido algún deseo: soberbia y envidia. Capricho y rabieta.

10.- Así quedan explicados los siete pecados capitales, a partir de las tres concupiscencias de que nos habla San Juan. A las tres concupiscencias, San Juan opone, como remedio:
* el amor a Dios, contra el desordenado amor de sí mismo;
* la pobreza, austeridad o templanza contra la gula, la lujuria y toda clase de intemperancia;
* el desprecio del mundo contra la vanidad y la avaricia;
* la humildad contra la soberbia.
De modo que a cada pecado capital se opone una virtud o varias.

martes, 20 de marzo de 2012

VIAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI A MÉXICO


9.30     Salida en avión desde el aeropuerto internacional Leonardo da Vinci de Roma/ Fiumicino hacia León/Guanajuato. 

Encuentro de Benedicto XVI con los periodistas durante el vuelo hacia México/ León

16.30 Ceremonia de bienvenida en el aeropuerto internacional de Guanajuato      
Discurso del Santo Padre
  
Sábado 24 de marzo de 2012

8.00     Santa Misa en privado en la Capilla del Colegio Miraflores         
18.00   Visita de cortesía al Presidente Federal en la Casa del Conde Rul de Guanajuato       
18.45   Saludo a los niños en la Plaza de la Paz de Guanajuato  Saludo del Santo Padre


Domingo 25 de marzo de 2012

10.00   Santa Misa en el Parque del Bicentenario de León    Homilía del Santo Padre
            Rezo del Angelus Domini            Palabras del Santo Padre
18.00            Celebración de las Vísperas con los obispos de México y de América Latina en la Catedral de la Madre Santísima de la Luz de León     Discurso del Santo Padre
 

Lunes 26 de marzo de 2012

9.00            Ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional de Guanajuato      
                Discurso del Santo Padre
9.30     Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Guanajuato hacia Santiago de Cuba

Fuente: Infomed

DIÁCONO JORGE NOVOA: CUARESMA, LA FILIALIZACIÓN DEL CORAZÓN


La Cuaresma es un tiempo litúrgico en el que la Iglesia quiere preparar nuestro corazón para la Pascua, les propongo que esta Cuaresma sea un itinerario para filializar el corazón. Ella nutre su espiritualidad en las enseñanzas bíblicas, aparece su nombre vinculado al número cuarenta que tiene fuertes reminiscencias bíblicas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Cuarenta son los años que peregrinó Israel, desde la esclavitud de Egipto hacia la tierra prometida, peregrinación que tuvo su origen en la acción de Dios que liberó a su pueblo con “mano fuerte y brazo extendido”. También el número cuarenta, aparece en la Antigua Alianza en la vida del profeta Elías. El ministerio público de Jesús es precedido por el acontecimiento vivido en las tentaciones del desierto, cuyo período la Sagrada Escritura establece con el número cuarenta.

En estos acontecimientos hay grandes verdades reveladas por Dios para nuestra vida cotidiana que debemos recordar, con todo lo que significa esta palabra: “pasando nuevamente por el corazón”.Te propongo unas breves meditaciones para este tiempo cuaresmal, con la intención de ayudarte a “volver el corazón a Dios”.

 Dios es nuestro único fundamento

Abraham recibió la invitación de Dios para dejar su tierra y salir en dirección de un lugar que le mostraría, a esta invitación también añadió Dios la promesa de una extensa descendencia, cosa difícil de creer debido a la edad de Abraham y su esposa, y a la esterilidad de la misma. Dios anunció a Abraham que su vida presente y futura dependía enteramente él. Dios quiere ser el único fundamento de la vida de Abraham.


Es Dios el fundamento de tu vida? Confías en sus promesas, y obedeces a sus propuesta? Estás dispuesta/o a salir de tus “dominios”,de esos “lugares” afectivos, sociales, laborales, etc …que te dan seguridad y confianza pero que te apartan de Dios. Es Jesús, por ser Dios, tu maestro a quien escuchas y obedeces?

Hay que partir de la tierra de las esclavitudes, del pecado, los vicios y el sin-sentido. Hay que aceptar renunciar a lo que me gusta si me aparta de Dios.

Dios tiene para ti una tierra prometida, pero para alcanzarla debes partir…Estás dispuesta/o? Qué debes dejar y a qué debes renunciar para aceptar la invitación que Dios te realiza en esta Cuaresma?
(La imagen es obra del Pbro. Ricardo Ramos párroco de Tierra Santa)

viernes, 16 de marzo de 2012

HANS URS VON BALTHASAR: IV DOMINGO DE CUARESMA (CICLO B)

El que no cree ya está condenado. El evangelio nos da la oportunidad, en este tiempo de penitencia, de revisar nuestra idea del juicio divino. La afirmación decisiva es que el que desprecia el amor divino se  condena a sí mismo. Dios no tiene ningún interés de condenar al hombre; Dios es puro amor, un amor que llega hasta el extremo de entregar su Hijo al mundo por amor; Dios  no puede ya darnos más. La cuestión es si nosotros aceptamos ese amor, de suerte que puede tinieblas. En este caso detestamos la luz, detestamos  el  verdadero amor y afirmamos nuestro egoísmo de una u otra forma (el amor puramente sensual es  también egoísmo). Si hacemos esto, ya estamos condenados, no por Dios, sino por nosotros mismos.

Las buenas obras que él determinó practicásemos. La lectura del Nuevo Testamento nos muestra una vez más el gran amor de Dios por nosotros, pecadores, pues nos ha resucitado con Cristo y nos ha concedido un sitio con él en el cielo. Pero nosotros no hemos conquistado este sitio, sino que n os ha sido dado por el amor y la gracia de Dios. Y sin embargo no por ello pasamos automáticamente a ser partícipes de la vida eterna, sino que debemos apropiarnos del don que Dios nos hace con nuestras buenas obras. Pero tampoco tenemos necesidad  de inventarnos trabajosamente  estas buenas obras,  el  apóstol nos dice que Dios las determinó de ante mano para que nosotros las practicásemos; El nos muestra mediante nuestra conciencia, mediante su revelación,  mediante la Iglesia y mediante nuestros semejantes lo que debemos hacer y en qué sentido debemos hacerlo. Es posible que practicar estas obras determinadas de antemano nos cueste algo, pero tenemos que darnos cuenta de que la superación que se nos exige es también una gracia ofrecida por el amor de Dios, por lo que debemos realizar nuestras obras en paz y gratitud.

La primera lectura nos muestra de una forma nueva lo que ocurre con el juicio de Dios y con su gracia. En ella se recuerda la enorme paciencia que Dios  tuvo al principio con el Israel infiel, hasta que finalmente el desprecio y la burla de que eran objeto los mensajeros y profetas de Dios  por parte de  Israel llegó a tal punto que ya no hubo remedio: la única salida que quedaba era la destrucción total de Jerusalén y la deportación a Babilonia. Y sin embargo  éste no es  fin del destino del pueblo: el exilio no durará  siempre surgirá la esperanza de un salvador terrestre –el  rey Ciro- que como instrumento de la providencia   permitirá a los desterrados volver a su patria. Estamos todavía en la Antigua Alianza y la gracias de Dios aún no se ha consumado, por lo que a partir  de aquí no podemos deducir lo que le sucederá finalmente al que menosprecia la gracias suprema de Dios ofrecida en Jesucristo. Nos queda solo la esperanza ciega de que Dios tendrá al final misericordia incluso de los más obstinados  y de que su luz brillará hasta en lo más profundo de las tinieblas.

jueves, 15 de marzo de 2012

DIÁCONO JORGE NOVOA: AL MAL, ÚNICAMENTE LO VENCE EL BIEN



 Estimados hermanos, escuchando el video, he percibido un error, fruto del pasar de los años, y quiero corregirlo.. Al mencionar el primer escrito del NT, digo Corintios, cuando lo correcto es Tesaloniceses. Gracias. Diác. Jorge Novoa

HAN URS von BALTHASAR: SOLO DIOS PUEDE ABRIR EL CAMINO HACIA DIOS


Sólo Dios puede abrir el camino hacia Dios y sólo por este camino la oración cristiana puede encaminarse y alcanzar a Dios; de otro modo, se va del mundo y se clava en el vacío, y cae en la tentación de tomar a ese vacío por Dios o a Dios por la nada.

Pues Dios no es un objeto mundano, tampoco supramundano, que pueda ser alcanzado y conquistado siguiendo una preparación técnoca suficiente, en una especie de viaje a la luna espiritual: Dios es libertad infinita que se abre y se hace accesible por propia iniciativa.

Y Él no solo nos dirige su Palabra, sino que la hace habitar entre nosotros. Por tanto, la Palabra que proviene de Dios se transforma en la Palabra que retorna a Él. El sendero entre Dios y nosotros se abre y se mueve en ambas direcciones: " Yo soy el camino, la verdad y la vida". Yo he venido al mundo como la luz, para que nadie que crea en mí permanezca en tinieblas" (Jn 14,6; 12,46)

HORACIO BOJORGE: EL INDIFERENTE:¿ ES INDIFERENTE?


EL INDIFERENTE: ¿ES INDIFERENTE?
La indiferencia religiosa como estado espiritual a la luz de Marcos 1, 21-28
 P. HORACIO BOJORGE, SJ


martes, 13 de marzo de 2012

MONS. JOSÉ IGNACIO MUNILLA: QUÉ ES ADORAR?


Estamos en una cultura pragmática en la que fácilmente despreciamos todo aquello que no tenga una practicidad inmediata y palpable. Cuando alguien invoca los valores espirituales, no es extraño que se le responda: “¡Eso no nos da de comer!”, o expresiones similares. ¿Para qué sirve “adorar”? ¿Qué sentido tiene ponerse de rodillas ante una custodia, con la cantidad de cosas que tenemos que hacer cada día?


En primer lugar conviene que recordemos que la adoración es connatural al ser humano. Lo normal es que la criatura adore al Creador. De hecho, aspiramos a que ése sea nuestro “quehacer” por toda la eternidad, en el Cielo, donde ángeles y santos adoran ya al Dios que hizo cielo y tierra.
Imaginemos una chaqueta caída en el suelo… Si alguien recogiese esa prenda de vestir sujetándola desde el extremo de una de sus mangas, o desde uno de sus bolsillos, el resultado sería un notable desbarajuste. La chaqueta debe ser prendida desde los hombros, para colgarla adecuadamente en su percha.


Con la adoración ocurre algo similar: adorar es coger la vida “por los hombros”, y no “por la manga”. Quien pone a Dios en la cumbre de los valores de su existencia, observa que “todo lo demás” pasa a ocupar el lugar que le corresponde. Adorando a Dios se aprende a relativizar todas las cosas que, aún siendo importantes, no deben ocupar el lugar central, que no les corresponde. La educación en la adoración es totalmente necesaria para el vencimiento de las tentaciones de idolatría, en todas sus versiones y facetas: “Al Señor tu Dios adorarás y solo a Él darás culto” (Mt 4, 10).


Una presencia determinante
Recuerdo haber escuchado a un misionero el siguiente relato, del cual había sido él mismo protagonista: Para preparar a los niños a su primera comunión, les había juntado en la capilla de su misión, en plena sabana africana. Ante el tabernáculo, les hablaba con entusiasmo sobre una de las maravillas de nuestra fe: la presencia real de Cristo en la Eucaristía… “¡Dios está aquí! ¡Se ha quedado entre nosotros para que no estemos nunca solos” –les decía a los niños, señalándoles el sagrario-. Aquellos niños escuchaban con viva atención y con honda impresión. Uno de ellos, de los más pequeños, levantaba su mano con insistencia, pidiendo el uso de la palabra para aclarar sus dudas. Llegado su turno, dirigía al misionero una inocente pregunta, que éste no olvidaría en su vida: “Y tú por las noches, ¿te vas a la cama y le dejas a Jesús aquí solo...?”


En nuestro examen de conciencia es necesario que revisemos si la distribución de nuestro tiempo a lo largo de la jornada, corresponde a la fe que profesamos. Por ejemplo, ¿tiene sentido que dediquemos mucho más tiempo a la pantalla televisiva que al sagrario? ¿Qué cabe decir de quienes afirmamos creer en la presencia del Señor en la Eucaristía, y sin embargo, hacemos tan poco por procurar su compañía? Vale la pena cualquier sacrificio, ya sea grande o pequeño, por encontrar un rato junto al Amor de los amores. No somos nosotros quienes “le hacemos un favor” al adorarle; es Él quien nos regala sus dones, cuando acudimos a visitarle.

MONS. SEBASTIÁN TALTAVULL ANGLADA: JESÚS CON LOS ENERMOS



Jesús con los enfermos

Llama fuertemente la atención que tanto la predicación como la actuación de Jesús tenga una referencia constante: el tiempo que dedica a los enfermos. El evangelio de Marcos es un claro ejemplo de ello desde su inicio cuando atractivamente nos presenta una jornada de Jesús. Primero ha elegido a sus primeros discípulos y ya los hace testimonios de la misión prioritaria que deberán llevar a cabo. Está muy claro a qué y a quién Jesús dedica su tiempo haciendo de él un buen uso en bien de los demás, especialmente de los más pobres.

El marco de la enfermedad del cuerpo y de espíritu es por lo que Jesús muestra una atención preferente. Son los enfermos quienes reciben la primera atención y el encuentro sanador de Jesús con ellos constituye la buena y nueva noticia. La clave de lectura de lo que sucede, sin embargo, es la confianza con la que se acercan a él pidiendo salud. Y no sólo eso, Jesús se avanza a hacer la pregunta: «¿Quieres curarte?» y lo da por cumplido cuando dice: «¡Tu fe te ha salvado!» La sanación comprende muchos aspectos que sólo una persona que vive la bienaventuranza de la limpieza de corazón puede entender.

En el encuentro con Jesús se experimenta realmente que quien cree jamás está solo y que el secreto está en la evidencia de encontrarse con Alguien que le ama. Este amor preferente de Jesús marca su fama entre la gente y es el atractivo que se contagia. He aquí el motivo por el que la misión que nos ha encomendado a sus seguidores pide asumir también sus mismas preferencias. ¿Cuál es nuestra respuesta al reto de tantas personas que en este momento sufren enfermedad, están solas, angustiadas, deprimidas y reclaman nuestra atención?

El acompañamiento de los enfermos espontáneamente como compromiso individual o de forma organizada desde las instancias eclesiales es hoy más que nunca una prioridad pastoral perenne que toca la fibra más delicada del tiempo que dedicamos a las personas, más aún cuando es Jesús mismo quien se identifica con ellos y dice «estaba enfermo y me visitaste». 


Esta interpelación cuestiona a menudo el uso que hacemos de nuestro tiempo, sobre todo cuando, junto con la oración, debemos de organizarlo cada día más según las preferencias de Jesús.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona

domingo, 11 de marzo de 2012

MONSEÑOR JOSEFINO RAMÍREZ: LA PARTE BUENA

                                                         STA. MAGDALENA , 22 DE 7 1993
Querido Padre Tomás;

Ayer ofrecí la Santa Misa por las Misioneras de la Caridad. Recordé la primera vez que encontré a la Madre Teresa de Calcuta. Cuando ella vino a Manila a establecer su comunidad, me pidieron que celebrara Misa para ella y sus hermanas.

Después de la Misa tuve el privilegio de hablar en privado con la Madre Teresa. Ahí fue cuando me conto la historia de su comunidad. La Hermana Agnus, una monja pequeña y morena de la India, fue su primera discípula. Al principio, hubieron pocas hermanas junto a la Madre Teresa, aunque eran muchas las personas necesitadas. Desde los ancianos y enfermos que morían en la calle, hasta los bebes y niños abandonados que no tenían a nadie que se ocuparan de ellos. La Madre Teresa quería llegar a todos. La pregunta era: cómo hacerlo con tan pocas seguidoras? No había suficiente tiempo durante el día para atender a todos aquellos necesitados. La Madre y las hermanas oraron a fin de saber qué hacer. La respuesta fue sorprendente. Dios quería algo muy especial además de sus oraciones regulares. Aún cuando parecía que no alcanzaban las horas del día, Dios quería algo mas, El quería que la comunidad reservara una hora extra cada día para que todas juntas vivieran una hora santa en la presencia de su Hijo, expuesto en el Santísimo Sacramento.

La Madre Teresa declara que esta hora santa diaria es la causa y la razón por la que su comunidad ha florecido. La comunidad creció a más de 3.000, mediante el poder y la gracia recibida en la hora santa diaria. La madre Teresa se multiplico y ahora está presente en todo el mundo por medio de sus hermanas. Debido a que estuvo dispuesta a dedicar un tiempo para unirse a "la vid", ahora puede alcanzar y abrazar al mundo entero.

En el sermón de la última cena Jesús dijo que permanecieran unidos a Él en el Santísimo Sacramento, ese daría mucho fruto (Jn 15,5). El fruto apostólico de la Madre Teresa y sus hermanas continuan asombrando al mundo.

Su historia me inspiro a hacer lo mismo que ella hizo. Había estado leyendo sobre el apostolado de la Adoración Perpetua, y como el Padre Martín le estaba promoviendo con éxito en los Estados Unidos y otros países. Yo también quería que se difundiera por toda Filipinas.
Por eso funde la comunidad llamada "Los Discípulos Eucarísticos de San Pio X" Día y noche, sin descanso, ellos se acercan al Santísimo en amante adoración. Primero rezaron para que el Padre Martín, pudiera venir a Filipinas, y así empezar el gran apostolado para establecer la adoración perpetua en las Parroquias. Luego rezaron para que se extendiera por todo el país. En este momento hay 500 capillas, ahora Los Discípulos Eucarísticos oran para que podamos cumplir con nuestro objetivo de lograr en 1000 parroquias, capillas de adoración perpetua.

Estos dos ejemplos, el de Madre Teresa y el de los Discípulos Eucarísticos, demuestran la verdad de lo que Jesús dijo en el Evangelio de hoy "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas, y hay necesidad de pocas, o mejor de una sola. María eligió la parte buena que no le será quitada". (Lc 10,41,42)

La parte buena es estar con Jesús en el Santísimo Sacramento. El mejor tiempo invertido en la tierra, querido amigo, es el tiempo que pasas junto a tu mejor amigo: Jesús en el Santísimo Sacramento. Y es la forma más segura de dar mucho fruto apostólico. 

Fraternalmente tuyo en su Amor Eucarístico

sábado, 10 de marzo de 2012

DIÁCONO JORGE NOVOA: PREDICACIÓN DE SAN PABLO EN EL AREÓPAGO DE ATENAS (Hch 17,16-33)


San Pablo en su infatigable misión de evangelizar llega hasta Atenas, cuna de la cultura en la antiguedad, su palabra resuena en el Areopago con el poder de Dios. Allí se encuentra con la indiferencia humana. Hoy vivimos en medio de muchos "areopagos modernos", que necesitan escuchar la buena nueva de Jesucristo Resucitado.

viernes, 9 de marzo de 2012

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT: LOS DEVOTOS ESCRUPOLOSOS



Los devotos escrupulosos son personas que temen deshonrar al Hijo al honrar a la Madre, rebajar al Uno al honrar a la Otra. No pueden tolerar que se tributen a la Santísima Virgen las justísimas alabanzas que le prodigaron los Santos Padres. Toleran penosamente que haya más personas arrodilladas ante un altar de María que delante del Santísimo Sacramento, ¡como si esto fuera contrario a aquello o si los que oran a la Santísima Virgen, no orasen a Jesucristo por medio de Ella! No quieren que se hable con tanta frecuencia de la Madre de Dios ni que los fieles acudan a Ella tantas veces.

jueves, 8 de marzo de 2012

HANS URS VON BALTHASAR :III DOMINGO DE CUARESMA

Destruid este templo. En medio de la Cuaresma se narra la purificación del templo, para que reflexionemos sobre lo que es verdadero culto a Dios y la verdadera  casa de Dios. El evangelio de por qué obra con tanto celo:  el verdadero Templo, el de su cuerpo,  destruido por los hombres, será  reconstruido en  tres días. Hasta que esto no suceda (la muerte y la resurrección están todavía por venir), la antigua casa de Dios ha de servir únicamente para la oración. El Dios de la Antigua Alianza no podía tolerar a dioses extranjeros a su lado, sobre todo no podía tolerar al Dios Mamón.  Las dos lecturas aclaran lo dicho en parte en el evangelio: la primera, el primer acento principal, y la segunda, el segundo.

Porque soy un Dios celoso. La gran autorrevelación de Dios de la Alianza, en la primera lectura , tiene dos partes, en la primera parte, Dios,  que ha demostrado su vitalidad y su poder haciendo  salir a Israel de Egipto, se presenta como el único Dios, por eso ha de reservarse para sí toda adoración  y castigar el culto tributado a los ídolos. En la segunda parte exige al pueblo con el que pacta la alianza que se comporte, en los diez mandamientos, como corresponde a una alianza pactada con la única y suprema majestad. Todos estos mandamientos no son prescripciones del derecho natural o preceptos puramente morales (aunque puedan ser  también  eso), sino exigencias de cómo ha de comportarse el hombre en la alianza con Dios. Ha sido incluida la lista en la ley del sábado, que en este contexto indica ante todo que entre los días de los hombres uno está reservado para el descanso, día que está caracterizado como propiedad privada de Dios y obliga a los hombres, con el descanso del trabajo cotidiano, a ser conscientes permanentemente de  ellos.

Los judíos exigen signos. La segunda lectura aclara el segundo motivo principal del evangelio, en el que los judíos exigen un prueba del poder de Jesús:¿Qué signos nos muestras para obrar así? La exigencia de signos para creer es rechazada por Jesús y al mismo tiempo escuchada, mediante la única señal que se les dará: Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres día y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra (Mt 12,38-40) Exactamente lo mismo que en el evangelio: el Templo destruido y reconstruido. El único signo que Dios da es para los hombres  lo necio, lo débil,la cruz: se requiere la fe para poderlo captar , mientras  que los judíos quieren primero ver para después creer. Por eso el signo que se les dá aparece como un escándalo, mientras para los llamados a la fe es; Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios  , que se manifiesta en el signo único y supremo de la muerte y resurrección de Jesús.