lunes, 5 de marzo de 2012

PRÓLOGO DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

El prólogo al Evangelio de Lucas (Lc 1,1-4) es un elegante parágrafo con el que Lucas introduce y presenta su obra, escrito al estilo de los grandes historiadores greco-romanos y en el que expone su método y su objetivo al escribir el libro. Él es el único de los cuatro evangelistas que comienza el libro con un prólogo en el que explica sus pretensiones y el modo de realizarlas.

El evangelio según san Marcos, comienza en realidad en plena acción; la introducción propiamente dicha no ocupa ni una línea. San Mateo da inicio a su narración, con una genealogía, según modelos veterotestamentarios; ya esta mera forma sitúa al escrito de Mt en relación con la literatura palestinense. El evangelio según San Juan abre con una composición de estilo hímnico. Al principio del libro de los Hechos de los Apóstoles, la segunda parte de la obra de Lucas, otro prólogo, más breve, nos remite al primero (Hch 1,1-2).

El prólogo desde el punto de vista gramatical y literario consta de un solo período, algunas traducciones modernas rompen la longitud del párrafo, para facilitar su lectura; pero esto desvirtúa el carácter literario de la composición. Aunque presenta elementos parecidos, en Lc 3,1-2 y en Hch 1,1-2, aunque con una calidad literaria inferior, es evidente que la impronta lucana, despliega en ellos su propia capacidad literaria dentro de los moldes de la época.

Esta comparación con un escrito de Flavio Josefo, historiador de la época, iluminará el entorno cultural. Al estudiar el prólogo, no se debe pasar por alto su equilibrada composición, tanto en la prótasis (vv.1-2) como en la apódosis (vv 3,4) (apódosis= retribución; es la proposición en que se completa el sentido de otra proposición condicional llamada prótasis). Este paralelismo aparece mejor en el texto griego, las traducciones no logran siempre plasmar el equilibrio. También aparecen una serie de contrastes de tipo formal entre "muchos" y "yo", entre "componer un relato ordenado" y "escribírtelo por su orden"

Ante todo Lucas anuncia que va a hablar de “los acontecimientos que han tenido lugar entre nosotros” (v. 1). Con estas palabras alude fundamentalmente a los hechos de la vida de Jesús, aunque también se incluyen obviamente los acontecimientos de la historia de la Iglesia, tal como son narrados en los Hechos de los Apóstoles. No es Lucas el primero que se ocupa en narrar estos sucesos (v. 3a). Existen otros que lo han hecho antes que él (es lógico pensar en el evangelio de Marcos). Lucas, un cristiano de la tercera generación, ha elaborado “lo que transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra” (v. 2); es decir, ha recogido en parte las tradiciones presentes en los evangelios de Marcos y Mateo, reflexionando sobre lo que se decía de Jesús y de su obra en la antigua comunidad cristiana. Sobre esta base de historia (“los acontecimientos que han tenido lugar entre nosotros”) y de tradición (“lo que transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra”) Lucas ha compuesto su evangelio en una forma original y cuidadosa, con un fondo religioso innegable y una expresión literaria de gran belleza. A continuación define su método: se ha informado “con todo cuidado” y ha pretendido escribir “con orden”. El no es testigo ocular de lo que narra, pero se ha informado cuidadosamente para contarlo todo con exactitud. La lectura de su obra nos hará comprender que se trata más bien de un orden didáctico que cronológico, de la exposición pensada y reflexionada de los acontecimientos y de la enseñanza de Jesús. Lucas dedica su libro a Teófilo (cf. Hch 1,2), según la costumbre de los escritos helenísticos. Naturalmente que Lucas tiene en mente un público más amplio y lo que pretende es confirmar las enseñanzas que han recibido sus destinatarios, representados en Teófilo (v. 4).

Lc escribe como miembro de la tercera generación, de ahí que subraya cuidadosamente la distancia con respecto a "los acontecimientos" y "los testigos oculares y servidores de la Palabra". Lc enuncia claramente su propia contribución, ha realizado su trabajo a base de una investigación personal sobre la actividad de Jesús y su continuación. Lc reivindica tres cualidades para su investigación : integridad ("todo"), exactitud ("cuidadosamente") y exhaustividad (" desde los orígenes").

Cuando dice “me pareció” no excluye la acción de Dios; porque Dios es quien prepara la voluntad de los hombres. No es una imitación servil, está en relación con los moldes estilísticos de la época, pero su lenguaje tiene una serie de matices peculiares, que no se pueden entender sino en términos de un relato del acontecimiento Cristo. No se limita exclusivamente a contar los hechos, como si fuera un historiador profano, ni a dar una interpretación de los acontecimientos desde una neutralidad distante. Los hechos que narra, son los de la historia de la salvación, tienen un pasado que cae de lleno dentro de las promesas anunciadas por Dios en la AA. Su propósito es escribir, no repetir, un relato de la actividad de Jesús y de su continuación.

En el prólogo encontramos, por tanto, los diversos elementos que componen el evangelio de Lucas y que tienen que ser tenidos en cuenta al momento de leerlo e interpretarlo. Como punto de partida están los hechos de la historia de Jesús, a través de los cuales Dios nos ha ofrecido su rostro y su palabra. Como interpretación de estos hechos aceptamos la experiencia de la iglesia primitiva que los ha reflexionado y los ha trasmitido. El punto final es el trabajo literario de Lucas que ha dado orden a todo el relato. La Dei Verbum en el n. 19 menciona estos tres momentos en la historia de la formación de los evangelios: (1) hechos y dichos de Jesús, (2) nueva inteligencia de la iglesia apostólica que medita, celebra y anuncia el misterio de Cristo y (3) la obra de síntesis, selección y redacción de los evangelistas al momento de escribir.

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