miércoles, 25 de enero de 2017

DANIEL ROPS: SAULO APÓSTOL


Aquel a quien Cristo en persona se había tomado el trabajo de conquistar y vincularse,¿no había sido acaso, por esta misma circunstancia, designado para un destino nada común, para una misión particular?Saulo tuvo inmediatamente conciencia de ello, y durante toda su vida había de llevar esta convicción en su corazón. Cristo se había aparecido a Él, tan verdadero y tan real como, durante los cuarenta días que siguieron a la Resurrección, se había aparecido a Pedro, a Magdalena,  a Tomás y a los otros. Incluso lo había llamado por su nombre. Así, pues,él, Saulo era apóstol no en la forma que los Doce, pero tan legítimamente como ellos mismos, y con este título sólo a él reconoce la Iglesia entre todos los millares de santos.¡Cúantas veces había de reclamar este privilegio con una legítima arrogancia!

Con arrogancia, pero sin orgullo, porque sabía perfctamente que a él le corresponde la gloria. Aunque con mucha frecuencia exclamará: Soy apóstol!!! para afirmar la autenticidad de su misión, añadía inmediatamente con gran humildad: "Sólo soy el más pequeño de los apóstoles e  indigno de llevar este nombre porque he perseguido  a la Iglesia de Señor" (I Cor 15,9). sin embargo, el hecho mismo de que lo merece por esto que lo ha transformado, ¿no le pertenece, o no contribuirá a revestirlo con un carácter particular, a investirlo con una misión única? Ese Dios que lo apartó desde el vientre de su madre, que lo mandó por su gracia, que reveló en él a su Hijo (Gál 1,15,16), ¿no tendría determinadas intenciones con respecto a él, no le reservaría acaso una tarea nueva, no esperaría de él un sacrificio diferente?Apóstol, sí, pero no con las mismas intenciones que los otros. Tal es el sentido de esta afirmación que escribirá a sus amigos gálatas: "Más os hago saber, hermanos, que el Evangelio que os predico nada debe a la inspiración humana, porque ni lo  recibí ni aprendí de hombres, sino por revelación directa de Jesucristo" (Gal 1,11,12). A los otros apóstoles el Mesías los había reclutado en vida, tal como un hombre designa y forma a los hombre en quienes ve sus discípulos y herederos espirituales: él, Saulo, había sido elegido por un milagro fulminante.