sábado, 19 de noviembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: ¿ERES TÚ REY?



Jesucristo rey del Universo! La liturgia concluye su año con la celebración de Cristo Rey, testificando la orientación de la Creación y la historia, que se  encaminan, como lo indica la Escritura de modo concluyente, a ponerse bajo la  realeza de Cristo: “Rey de reyes y Señor de señores”.

Cabe preguntarse si su realeza será una realidad únicamente escatológica? La "modernidad" detesta a los reyes. Debemos silenciar los aspectos esenciales de ésta celebración debido al mal ejemplo de los reyes de este mundo?

Los creyentes “gustan” servir a  su  Señor, viven y experimentan en la fe el misterio de su realeza. A pesar de las contrariedades propias de lo contingente, y de las debilidades pecaminosas de sus seguidores, Cristo reina,  y ciertamente, “su reino no tendrá fin”.

Pilato inquieto y preocupado, como tantos personajes actuales, le interroga acerca del Reino y su realeza. Y siendo que lo ve maltrecho, se desborda de curiosidad malsana. “Eres tú Rey?”(Jn 18,38). La realeza de Cristo comienza en el corazón del hombre. La pretensión de Cristo se introduce en la aparente contrariedad, no resuelta en el corazón de Pilato y en el de tantos hombres,que ejercen cargos de responsabilidad pública y se escandalizan con el modo que Cristo tiene de ejercer su reinado. 

Dice San Agustín: “Así el reino, que no era de este mundo, triunfaba del mundo soberbio, no luchando violentamente, sino sufriendo con humildad”. Habiendo probado que su reino no es de este mundo, añadió: "Ahora, pues, mi reino no es de aquí". No dice: No está aquí, porque aquí está su reino hasta el fin de los tiempos, conteniendo dentro de sí la mala yerba mezclada con el trigo hasta la siega; pero, sin embargo, no es de aquí, sino que peregrina en este mundo. 

Y añade San Juan Crisóstomo: “Pero aunque dice: "Mi reino no es de aquí", no priva al mundo de su providencia y de su gobierno, sino que quiere demostrar solamente que su reino no es humano ni perecedero.”

“Para esto he venido”(Jn 18,37). Expresión clara, terminante y tarea apremiante e inequívoca para su Iglesia. Ayudar a descubrir al Rey, que quiere reinar en el  corazón de todos los hombres. Si los cristianos viven ésta verdad, buscarán que pueda vivirse en las familias. Un reinado personal y familiar que tiende a propagarse socialmente, como a modo de círculos concéntricos, desde la realidad más interior a la más exterior. En nuestras casas, escuelas y realidades sociales.

No se debe avasallar a los que no creen, ni silenciar a Jesús, y el deseo que tiene de reinar en las almas, familias y sociedades. Aquí, no está en juego una estrategia pastoral, o un poder real o político al estilo de los poderes de este mundo. Está en juego la Verdad, la única que existe sobre el hombre, el mundo, su vocación y destino último.

Está clara la pretensión, no de ser un rey más, que descansa en el mausoleo de la historia, de los que se conservan algunos objetos que utilizó en el museo de la ciudad. Jesucristo es el Rey, y “su reino no tendrá fin”.
Concluyamos con San Agustín:

“¡Oh inefable poder de Dios, aun en los corazones de los que no le conocen! Esto no puede llamarse sino una voz secreta que silenciosamente resonaba en el alma de Pilato, repitiendo lo que tanto tiempo antes estaba escrito en los salmos: "No alteres el título de la inscripción". Pero, ¿qué decís, insensatos Pontífices? ¿Acaso no es esto una prueba de la verdad, de lo que Jesús dice: ¿Yo soy el rey de los judíos? ¿Si no puede corregirse lo que Pilato ha dicho, podrá alterarse lo que dijo la verdad? Si Pilato ha escrito lo que ha escrito, es porque el Señor ha dicho lo que ha dicho.” Bendito y alabado sea Jesucristo Rey del Universo!