viernes, 17 de febrero de 2017

DIÁCONO JORGE NOVOA: ESCUCHAR A LA MADRE ES ESCUCHAR AL PADRE


La Virgen visita la tierra con un mensaje del cielo. La Iglesia Católica a lo largo de la historia, con la seriedad que la caracteriza, ha estudiado las presuntas apariciones de la santísima Virgen María en distintas partes del mundo.


Muchas están hoy aprobadas: como Fátima, Lourdes y Guadalupe, por mencionar algunas, otras han sido rechazadas como falsas, y otras están a estudio de las autoridades competentes, como Medjugorje o Salta. Obviamente, no todas se encuentran en la misma situación. Cómo deben comportarse los católicos ante las apariciones de la Virgen aprobadas por la Iglesia?

La Virgen es portadora de abundantes gracias para la humanidad, ésta es la característica de sus visitas, sus mensajes y santuarios, se vuelven lugares para el arrepentimiento y la conversión. Se constituyen como potentes focos de oración, como selvas que oxigenan el planeta, los santuarios marianos son irradiación de salud y Vida eterna.

La Madre siempre es portadora de un mensaje para la humanidad, un mensaje que tiene su origen en Dios, no se trata de una decisión personal de la Virgen, o una suerte de “golpe de estado” dado por Ella, contra la voluntad de las personas divinas. Su presencia y mensajes son gracias que el Padre envía y comunica por la Madre de su Hijo. Los bienaventurados en el cielo tienen absoluta comunión con la voluntad divina.

Si en la Cruz, se nos ha revelado su misión maternal, su presencia entre nosotros, es el ejercicio de esa realidad. Ciertamente que son revelaciones privadas, pero la actitud de indiferencia ante ellas, cuando no de rechazo, puede encerrar la ausencia del vínculo al que alude el pasaje del calvario. El texto de Jn 19, concluye diciendo que el discípulo la llevó a su casa, otros prefieren traducir “y el discípulo la hizo propia”, ésta traducción más acorde nos muestra que no se trata de un preocupación puramente material, sino de una nueva misión, que incluye la preocupación material, pero que tiene un alcance más profundo.

“Hacerla propia”, es aceptarla por Madre y vivir con Ella esta relación, de allí que un hijo no debe pasar indiferentemente ante el mensaje de su Madre que tiene su origen en el cielo. Escuchar a la Madre es escuchar al Padre, Ella es el eco de su Voz, actuar con indiferencia ante las palabras de la Madre es obrar con cierta insensatez.

Concluimos con estas palabras de San Juan Pablo II, en el libro  en Cruzando el umbral de la esperanza:

"El modo en que María participa en la victoria de Cristo yo lo he conocido sobre todo por la experiencia de mi nación. De boca del cardenal Stefan Wyszynski sabía también que su predecesor, el cardenal August Hlond, al morir, pronunció estas significativas palabras: «La victoria, si llega, llegará por medio de María.» Durante mi ministerio pastoral en Polonia, fui testigo del modo en que aquellas palabras se iban realizando.


Mientras entraba en los problemas de la Iglesia universal, al ser elegido Papa, llevaba en mí una convicción semejante: que también en esta dimensión universal, la victoria, si llega, será alcanzada por María. Cristo vencerá por medio de Ella, porque Él quiere que las victorias de la Iglesia en el mundo contemporáneo y en el mundo del futuro estén unidas a Ella.

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