sábado, 5 de abril de 2014

HAN URS VON BALTHASAR: V DOMINGO DE CUARESMA (A)

Yo mismo abriré vuestros sepulcros. A medida que se aproxima la pasión de Jesús, el tiempo de Cuaresma acrecienta la esperanza de los pecadores que hacen penitencia. Si el hombre está espiritualmente muerto por su culpa, el Dios vivo es más grande que la muerte, su poder más fuerte que cualquier corrupción terrena. En ningún pasaje de la Antigua Alianza está esto más enérgicamente expresado que en la visión de Ezequiel (primera lectura), donde el profeta ve los huesos dispersos por el suelo revestirse de carne y ponerse en pie formando una muchedumbre inmensa.Dios, dice el libro de la Sabiduría, no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes.Todo lo creó para que subsistiera (Sb 1,13s).Israel se ha precipitado en la muerte con su rechazo del Dios viviente, pero la vitalidad de Dios es más fuerte y puede volver la vida y la fuerza de los huesos muertos.

En la Antigua Alianza esto es sólo una profecía para el futuro del pueblo,pero se convertirá inopinadamente en realidad por la resurrección de Cristo.Ahora, en la segunda lectura, se trata de nosotros los cristianos, que ciertamente debemos morir, pero que, en virtud de la resurrección de Jesús y de su Espíritu Santo que habita en nosotros, tenemos la seguridad de que Dios, por este Espíritu, vivificará también nuestros cuerpos mortales. La condición dice la epístola, es que no nos dejemos conducir por la carne, es decir, por lo mundano y perecedero sino por el Espíritu de Dios Padre y de Cristo. Con este Espíritu habita ya en nosotros el germen de la vida eterna de Dios y tenemos ya la prenda, la entrada asegurada, por así decirlo, en la vida de Dios. El cristiano que hace penitencia por sus pecados, no puede hacerla con tristeza, sino con la secreta alegría del que sabe a ciencia cierta que va el encuentro de la vida

La resurrección de Lázaro es el último signo de Jesús antes de su pasión; y se convierte también en un motivo inmediato de su arresto (Jn 11,47-56). El que va al encuentro de la muerte, quiere antes ver la muerte cara a cara. Por eso deja expresamente morir a Lázaro, a pesar de los ruegos de sus amigas, Marta y María, Jesús quiere postrarse ante el sepulcro de su amigo, cerrado con una losa, y llorar conmovido, consternado, irritado (sea cual sea la traducción elegida) a causa del terrible poder de este último enemigo (1 Cor 16,26), que sólo puede ser vencido desde dentro, desde lo más profundo de sí mismo. Sin estas lágrimas ante el sepulcro de Lázaro, Jesús no sería el hombre que es. Pero enseguida todo se precipita: primero viene la orden de quitar la piedra ( a pesar de la objeción de Marta); después la oración dirigida al Padre -porque el Hijo implora la fuerza de lo alto siempre que hace un milagro: nunca se trata de magia, sino de una fuerza que le viene desde arriba -finalmente la orden: ¡Lázaro, sal fuera!. Su poder sobre la muerte es parte de su misión, pero no será aún pleno poder hasta que,exhalando el Espíritu Santo hacia Dios y hacia la Iglesia, muera en la cruz. Esta muerte no será ya el destino de los hijos de Adán, sino la manifestación de la suprema entrega de Dios a los hombres en Cristo. Sólo porque muere de esta muerte de amor obediente, puede Jesús designarse a sí mismo como la resurrección y la vida y pronunciar estas palabras que acaban con el poder de la muerte :El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá.

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