jueves, 29 de abril de 2010

HANS URS VON BALTHASAR: V DOMINGO DE PASCUA (C)

Me queda poco de estar con vosotros. El evangelio de hoy anuncia ya la ascensión del Señor, el tiempo en que Jesús ya no estará visiblemente en su Iglesia. Pero Jesús enseña ya a sus discípulos como deberán comportarse entonces para que él permanezca a su lado de un modo invisible, pero eficaz y vivo. Esta enseñanza es tan breve como clara: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”: Es lo que Jesús llama un mandamiento nuevo, porque aunque en el Antiguo Testamento había muchos mandamientos, éste aún no podía haber sido formulado porque Jesús todavía no se había presentado como modelo del amor al prójimo. Ahora basta con mirarle a él para conocer y guardar el único mandamiento que nos da y que vale por todos. Ciertamente este mandamiento exige de todos nosotros: al igual que Jesús da su vida por nosotros, sus amigos, así también nosotros debemos poner toda nuestra vida al servicio del prójimo, que debe ser nuestro amigo. Pero este mandamiento nuevo y que vale por todos es también, como la quintaesencia el cristianismo, el que le garantiza su permanencia: esta será la señal por la que conocerán que sois discípulos míos. Esta y solamente ésta. Ninguna otra peculiaridad de la iglesia puede convencer al mundo de la verdad y de la necesidad de la persona y de la doctrina de Cristo. El amor vivido y repartido por los cristianos será la demostración de todas las doctrinas, de todos los dogmas y de todas las normas morales de la Iglesia de Cristo


Hay que pasar mucho. La primera lectura muestra que precisamente es este mandamiento nuevo de Jesús el que hace que la Iglesia que predica el evangelio tenga que pasar mucho. Loso hombres no están preparados para esto: porque buscan por lo general su propio interés espiritual o material, conocen ciertamente también algo algo que se asemeja al amor, pero que en la mayoría de los casos lleva en sí la marca del egoísmo y por eso mismo está rodeado de limitaciones y reservas. Pablo había tenido ocasión de constatarlo, en el viaje apostólico del que acaba de regresar, especialmente entre los judíos, que, para mantener sus fronteras, le habían cerrado la puerta. A su regreso puede contar que, por el contrario, “ Dios había abierto a los gentiles la puerta de la fe". La apertura de la puerta, la renuncia a las delimitaciones del amor, se describe aquí como una acción de la gracia divina, sin la que el hombre no tiene ninguna posibilidad de superar su limitación: Pero debe salir realmente de sí mismo a través de la puerta abierta para él.


Acamparé entre ellos. La segunda lectura muestra cómo el mandamiento nuevo que el Señor nos dejó produce su efecto allí donde un día determinará nuestra existencia. Si en el evangelio del amor mutuo es el testamento del Señor, al que le queda poco de estar con sus discípulos, y que mediante el amor permanece en su Iglesia de forma invisible, ésta presencia se hace ahora visible. La ciudad santa que desciende del cielo a la tierra, n es más que la manifestación visible de este eterno estra de Dios con los hombres. Los hombres no realizarán jamás por sí mismos esta convivencia, nunca conseguirán el regalo que Dios nos hace, así también la manifestación definitiva de este amor mostrará que Dios y el hombre están unidos en él, del mismo modo que ya en Cristo y la humanidad formaban una unidad, como él demostró con su amor " COMO YO OS HE AMADO".

martes, 27 de abril de 2010

HORACIO BOJORGE SI: PREPARACIÓN PARA LA CONFESIÓN

La Confesión, es:

Confesión de gratitud y alabanza

Confesión de pecados

Confesión de heridas, esclavitudes y luchas. No sólo pido al Señor perdón por mis pecados, también le pido fuerza para luchar, curación para mis heridas, liberación de mis esclavitudes, fortaleza en mis pruebas y fuerza contra las tentaciones.

Examen general de conciencia, para limpiarse y para confesarse mejor.

Presupongo que hay tres pensamientos en mí, es a saber, uno propio mío, que es el que sale de mi pura libertad y querer; y otros dos, que se me ocurren sin que yo lo pretenda y que vienen de afuera [de mi libertad y querer]: uno que viene del buen espíritu, y el otro del malo.

Del pensamiento. Hay dos maneras de merecer en el mal pensamiento que viene de fuera [de mi libertad y querer]: por ejemplo: me viene [=se me ocurre] un pensamiento de cometer un pecado mortal, al cual pensamiento resisto inmediatamente y queda vencido.

La segunda manera de merecer es, cuando me viene aquel mismo mal pensamiento, y yo lo resisto, y me vuelve a venir una y otra vez, y yo siempre resisto, hasta que el pensamiento va vencido; y esta segunda manera es de mayor merecimiento que la primera.

Venialmente se peca, cuando el mismo pensamiento de pecar mortalmente viene, y el hombre le da oído, demorándose algo en él o recibiendo algún deleite sensual, o donde haya alguna negligencia en rechazar al tal pensamiento.

Hay dos maneras de pecar mortalmente: la primera es, cuando el hombre da consentimiento al mal pensamiento, para obrar luego, así como ha consentido, o para ponerlo por obra si pudiese.

La segunda manera de pecar mortalmente es, cuando se pone en acto aquel pecado; y es mayor por tres razones: la primera, por mayor tiempo; la segunda, por mayor intención; la tercera, por mayor daño de las dos personas.

lunes, 26 de abril de 2010

MEDJUGORJE: 25 DE ABRIL DE 2010

''¡Queridos hijos! En este tiempo, cuando de manera especial oran y buscan mi intercesión, los invito, hijitos, a orar para que a través de sus oraciones, yo pueda ayudarles a que muchos corazones más se abran a mis mensajes. Oren por mis intenciones. Yo estoy con ustedes e intercedo ante Mi Hijo por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!''

Message, 25 April 2010
“Dear children! At this time, when in a special way you are praying and seeking my intercession, I call you, little children, to pray so that through your prayers I can help you to have all the more hearts be opened to my messages. Pray for my intentions. I am with you and I intercede before my Son for each of you. Thank you for having responded to my call.”

Messaggio, 25 Aprile 2010
"Cari figli, in questo tempo quando in modo particolare pregate e chiedete la mia intercessione, vi invito figlioli, pregate perchè attraverso le vostre preghiere possa aiutare quanti più cuori possibili ad aprirsi ai miei messaggi. Pregate per le mie intenzioni. Io sono con voi e intercedo presso mio Figlio per ciascuno di voi. Grazie per aver risposto alla mia chiamata."

Bostchaft, 25 April 2010
„Liebe Kinder! In dieser Zeit, in der ihr auf besondere Weise betet und meine Fürsprache sucht, rufe ich euch auf, meine lieben Kinder, betet, dass ich euch durch eure Gebete helfen kann, damit sich so viele Herzen wie möglich meinen Botschaften öffnen. Betet in meinen Anliegen. Ich bin bei euch und halte vor meinem Sohn für jeden von euch Fürsprache. Danke, dass ihr meinem Ruf gefolgt seid!“

Message, 25 Avril 2010
« Chers enfants, en ce temps où, d’une manière particulière, vous priez et recherchez mon intercession, je vous invite à prier, petits enfants, afin qu’à travers vos prières, je puisse vous aider pour que le plus de coeurs possible s’ouvrent à mes messages. Priez à mes intentions ! Je suis avec vous et j’intercède auprès de mon Fils pour chacun de vous. Merci d’avoir répondu à mon appel. »

Poruka, 25 Travanj 2010
“Draga djeco! U ovom vremenu kad na poseban način molite i tražite moj zagovor, pozivam vas dječice, molite da vam preko vaših molitava mogu pomoći da se što više srca otvori mojim porukama. Molite na moje nakane. Ja sam s vama i zagovaram pred mojim Sinom za svakoga od vas. Hvala vam što ste se odazvali mome pozivu.”

sábado, 24 de abril de 2010

HANS URS VON BALTHASAR¨: IV DOMINGO DE PASCUA

El evangelio del buen pastor contiene una promesa que supera toda medida, incluso se podría decir que supera toda previsión. A las ovejas de Jesús, a las que él conoce y que le siguen, se les asegura por tres veces su definitiva pertenencia a Él y al Padre.Y esto porque ellas ya ahora han recibido por anticipado la vida eterna.Porque lo que Jesús nos da aquí abajo con su vida, su pasión, su resurrección, su Iglesia y sus sacramentos es ya vida eterna.

El que la recibe y no la rechaza, jamás puede ya perecer, nadie puede ya arrebatarlo de mi mano; más aún: nadie puede arrebatarlo de la mano del Padre, del que Jesús dice que es más que él (porque es su origen), y sin embargo que él, el Hijo, es uno con este Padre más grande. Las ovejas, que están amparadas en esta unidad entre el Padre y el Hijo, poseen la vida eterna, ningún poder terreno, ni siquiera la muerte, puede hacerles nada. Sin embargo, aquí no se promete el cielo a todo el mundo, sino a aquellos que escuchan mi voz y siguen al pastor: una pequeñísima condición sine qua non para una consecuencia infinita, inmensamente grande. Conviene recordar aquí las palabras de san Pablo: Una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria (2 Co 4,17)

En la primera lectura se muestra que el hombre no se salva automáticamente. Hay que aceptar la palabara de Dios y de la Iglesia. Los judíos, a los que Pablo y Bernabé predican la palabra de Dios, están celosos por el gran éxito de su predicación, se burlan de ellos y responden con insultos a sus palabras, por lo que los apóstoles les dicen: Como no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Y explican a los judíos que estaba ya previsto desde siempre que de Israel debía salir una luz que llegara hasta el extremo de la tierra, que este viraje hacia los paganos se produce por tanto en el espíritu del verdadero Israel. El pueblo de Israel no debía querer poseer la salvación para él solo, pues ésta estaba destinada para todos los hombres: desear la salvación de una manera egoísta significa autoexcluirse del cielo. Pero también de los gentiles se dice:Los que estaban destinados a la vida eterna, creyeron, no en el sentido de una predestinación limitada - semejante a la predestinación no existe-, sino en el sentido de que también los gentiles deben aceptar personalmente la fe de vivir conforme a ella.

En la segunda lectura se nos ofrece una visión del cielo, donde se cumple la promesa que el Señor hace en el evangelio y donde todos los que lo han seguido en la tierra como sus ovejas aparecen como una muchedumbre inmensa de todos los pueblos delante del Cordero, su pastor, porque han sido rescatados por la sangre de su cruz y ahora son apacentados y conducidos por él hacia fuentes de aguas vivas. La vida que se les promete no es un estancamiento, sino algo que fluye eternamente; por eso lo que pertenecen al Señor ya no pasarán hambre ni sed.

viernes, 23 de abril de 2010

FRAY NELSON MEDINA . CURSO DE PNEUMAtOLOGÍA

El curso que pone fray Nelson Medina en su página, permitirá que puedas acercarte a conocer la presencia y acción del Espíritu Santo en ti, la Iglesia y el mundo . Lo recomiendo a nuestros visitantes para poder crecer en docilidad a sus mociones.

DÓCILES AL ESPÍRIU: SEÑOR Y DADOR DE VIDA

miércoles, 21 de abril de 2010

DIÁCONO JORGE NOVOA: ESCUELAS DE TIEMPO COMPLETO O LOS PADRES EN LAS CASAS?


Cómo ayudar para que lo niños no estén tanto en las calles? Cómo hacer para evitar el ausentismo escolar? Estas son algunas de las preguntas, que preocupan a una buena aparte de la sociedad. Las respuestas dadas no pretenden ser una solución mágica a los problemas, pero sí, ayudar a mejorar la situación de estos niños.

La escuela de tiempo completo, parece cobrar cada vez más fuerza, la argumentación es clara, los niños están mucho tiempo solos y al no tener a sus padres en la casa, por cuestiones laborales, se logrará ampliando el horario escolar cuidar a estos niños que están muy desprotegidos. Cualquiera convendrá en reconocer, que vale la pena invertir en Escuelas de tiempo completo.

En orden ayudar a la reflexión que la sociedad se da sobre ésta temática, me gustaría compartir unas líneas. No hay para los hijos, otra necesidad mayor que la de contar con sus padres más tiempo con ellos. El pluriempleo, los salarios miserables y los extensos horarios a cumplir para traer un magro salario a la casa, hacen que los padres estén ausentes de sus hogares más de la cuenta. Lo que se inició por el padre, también hoy se ha extendido a la madre, y los hijos carecen del aporte paterno-materno en la etapa de crecimiento y consolidación de su personalidad.

No será bueno que los padres tengan mejores salarios para que puedan ocupar su lugar en la educación de sus hijos? El estado que valora la escuela de tiempo completo, y considera la inversión adecuada, no valora esta alternativa, disponiendo de los recursos necesarios para que los padres están más tiempo con sus hijos?

Seguramente esto sería posible si conviniéramos en el papel irremplazable de la familia fundada en el matrimonio, entre varón y mujer, y en la misión irrenunciable que tienen los padres sobre la educación de sus hijos, pero, lo que parece claro en la teoría, en la práctica no toma la misma dirección. Las ideas que se proponen, sustituyen la misión de los padres, o tal vez, podríamos decir usurpan la tarea de los padres, porque en el fondo no reconocen en la familia la célula básica de la sociedad.

Resulta incomprensible, ver y reconocer los males, y no considerar como imperioso para cualquier sociedad enferma que quiera recobrar su salud, favorecer a la familia y su misión como educadora de personas. En las propuestas de los gobernantes de turno está ausente proponer soluciones que pasen por ayudar a las familias para que pueda realizar su misión.

Si descuidamos la vida familiar, los remedios alternativos que pretendan suplir su ausencia, o usurpar su misión, se tornaran una y otra vez ineficaces. Apostar por la familia, defender la misión de los padres, es construir el futuro de la Patria.

CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA: EL BIEN INALTERABLE DE LA FAMILIA Y EL MATRIMONIO

Sobre el bien inalterable del Matrimonio y la Familia
Declaración de la
99ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina


Al pueblo de Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

1. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1 Tm 2,4). Por eso estableció con el hombre un diálogo de salvación, que culminó en el encuentro con Jesucristo, Señor nuestro y compañero de camino. La Iglesia está llamada a extender este diálogo a la convivencia humana. El diálogo para ser fecundo debe ser claro, afable, sencillo y confiado. Todo esto lleva implícito el respeto a la persona que vive, siente y piensa de un modo diferente. Todos estamos llamados al amor de Dios. La claridad del diálogo exige un discernimiento en orden a reconocer la verdad, sobre la cual los pastores no podemos callar. Esto no supone menosprecio ni discriminación.

2. El ser humano ha sido creado a imagen de Dios. Esta imagen se refleja no sólo en la persona individual, sino que se proyecta en la complementariedad y reciprocidad del varón y la mujer, en la común dignidad, y en la unidad indisoluble de los dos, llamada desde siempre matrimonio. El matrimonio es la forma de vida en la que se realiza una comunión singular de personas, y ella otorga sentido plenamente humano al ejercicio de la función sexual. A la naturaleza misma del matrimonio pertenecen las cualidades mencionadas de distinción, complementariedad y reciprocidad de los sexos, y la riqueza admirable de su fecundidad. El matrimonio es un don de la creación. No hay una realidad análoga que se le pueda igualar. No es una unión cualquiera entre personas; tiene características propias e irrenunciables, que hacen del matrimonio la base de la familia y de la sociedad. Así fue reconocido en las grandes culturas del mundo. Así lo reconocen los tratados internacionales asumidos en nuestra Constitución Nacional (cf. art. 75, inc. 22). Así lo ha entendido siempre nuestro pueblo.

3. Corresponde a la autoridad pública tutelar el matrimonio entre el varón y la mujer con la protección de las leyes, para asegurar y favorecer su función irreemplazable y su contribución al bien común de la sociedad. Si se otorgase un reconocimiento legal a la unión entre personas del mismo sexo, o se las pusiera en un plano jurídico análogo al del matrimonio y la familia, el Estado actuaría erróneamente y entraría en contradicción con sus propios deberes al alterar los principios de la ley natural y del ordenamiento público de la sociedad argentina.

4. La unión de personas del mismo sexo carece de los elementos biológicos y antropológicos propios del matrimonio y de la familia. Está ausente de ella la dimensión conyugal y la apertura a la transmisión de la vida. En cambio, el matrimonio y la familia que se funda en él, es el hogar de las nuevas generaciones humanas. Desde su concepción, los niños tienen derecho inalienable a desarrollarse en el seno de sus madres, a nacer y crecer en el ámbito natural del matrimonio. En la vida familiar y en la relación con su padre y su madre, los niños descubren su propia identidad y alcanzan la autonomía personal.

5. Constatar una diferencia real no es discriminar. La naturaleza no discrimina cuando nos hace varón o mujer. Nuestro Código Civil no discrimina cuando exige el requisito de ser varón y mujer para contraer matrimonio; sólo reconoce una realidad natural. Las situaciones jurídicas de interés recíproco entre personas del mismo sexo pueden ser suficientemente tuteladas por el derecho común. Por consiguiente, sería una discriminación injusta contra el matrimonio y la familia otorgar al hecho privado de la unión entre personas del mismo sexo un estatuto de derecho público.

6. Apelamos a la conciencia de nuestros legisladores para que, al decidir sobreuna cuesti ón de tanta gravedad, tengan en cuenta estas verdades fundamentales, para el bien de la Patria y de sus futuras generaciones.

7. En este clima pascual, y al iniciar el sexenio 2010-2016 del Bicentenario de la Patria, exhortamos a nuestros fieles a orar intensamente a Dios Nuestro Señor para que ilumine a nuestros gobernantes y especialmente a los legisladores. Les pedimos también que no vacilen en expresarse en la defensa y promoción de los grandes valores que forjaron nuestra nacionalidad y constituyen la esperanza de la Patria.

99ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina
Pilar, El Cenáculo, 20 de abril de 2010

lunes, 19 de abril de 2010

DIÁCONO JORGE NOVOA: EL PLAN DE DIOS NO SE FRUSTRA (Hch 8,4-8)

ENCUENTROS CON JESÚS: 24 DE ABRIL 2010

El sábado próximo, 24 de abril, desde las 15 30 hs vendremos al encuentro de Jesús, para escucharlo, adorarlo y recuperar las fuerzas para seguir caminando.Cada mes desde hace 4 años, nuestra Capilla María Reina de la Paz abre sus puertas para recibir a hermanos de distintas comunidades,y a otros que están buscando respuestas a interrogantes en sus vidas. Somos testigos de la obra del Señor, y no podemos callar"lo que hemos victo y oído"...

Te invitamos y animamos a invitar a otros, incluso a los que están alejados, el Señor los busca y tú eres el instrumento elegido para atraerlos hacia Él.

El texto bíblico que animará el Encuentro, está tomado del evangelio según san Lucas cap 13,15-23.

"VENID QUE YA ESTÁ TODO PREPARADO.PERO TODOS A UNA EMPEZARON A EXCUSARSE" (Lc 13,17-18)

CAPILLA MARÍA REINA DE LA PAZ
24 de abril
15.30- Santo Rosario (Santísimo expuesto)
16.30-Encuentro con la Palabra
17.30- Paseo con el Santísimo Sacramento
19- Santa Misa
20- Oración con imposición de manos

Traer Biblia y Rosario. El retiro es gratuito..

BENEDICTO XVI: LA EUCARISTÍA, "MUCHO MÁS QUE UNA REUNIÓN FRATERNA"

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 15 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa Benedicto XVI ha dirigido hoy a los obispos de la Conferencia Episcopal de Brasil (Región Norte 2), a quienes recibió esta mañana en el Vaticano con motivo de su visita ad limina Apostolorum.
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Amados hermanos en el Episcopado,
Vuestra visita ad Limina tiene lugar en el clima de alabanza y júbilo pascual que envuelve a toda la Iglesia, adornada con los fulgores de la luz de Cristo Resucitado. En Él, la humanidad atravesó la muerte y completó la última etapa de su crecimiento penetrando en los Cielos (cf. Ef 2, 6). Ahora Jesús puede libremente volver sobre sus pasos y encontrarse como, cuando y donde quiera con sus hermanos. En su nombre, me complace acogeros, queridos pastores de la Iglesia de Dios peregrina en la Región Norte 2 de Brasil, con el saludo hecho por el Señor cuando se presentó vivo a los Apóstoles y compañeros: “La paz esté con vosotros” (Lc 24,36).

Vuestra presencia aquí tiene un sabor familiar, pues parece reproducir el final de la historia de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 33-35): habéis venido a contar lo que ha pasado por el camino hecho con Jesús por vuestras diócesis diseminadas en la inmensidad de la región amazónica, con sus parroquias y otras realidades que las componen, como los movimientos y nuevas comunidades y las comunidades eclesiales de base en comunión con su obispo (cf. Documento de Aparecida, 179). Nada podría alegrarme más que saberos en Cristo y con Cristo, como testimonian los informes diocesanos que me habéis enviado y que os agradezco. Estoy agradecido de modo particular a monseñor Jesus Maria por las palabras que acaba de dirigirme en nombre vuestro y del pueblo de Dios confiado a vosotros, confirmando su fidelidad y adhesión a Pedro. A vuestro regreso, aseguradles mi gratitud por estos sentimientos y mi Bendición, añadiendo: “Realmente el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón” (Lc 24,34).

En esta aparición, las palabras – si las hubo – se diluirían en la sorpresa de ver al Maestro vuelto a la vida, cuya presencia dice todo: Estaba muerto, mas ahora vivo y vosotros viviréis por Mi (cf. Ap 1,18). Y, por estar vivo y resucitado, Cristo puede convertirse en “pan vivo” (Jn 6, 51) para la humanidad. Por eso siento que el centro y la fuente permanente del ministerio petrino está en la Eucaristía, corazón de la vida cristiana, fuente y culmen de la misión evangelizadora de la Iglesia. Podéis así comprender la preocupación del Sucesor de Pedro por todo lo que pueda ofuscar el punto más original de la fe católica: hoy Jesucristo continua vivo y realmente presente en la hostia y en el cáliz consagrados.

Una menor atención que en ocasiones se ha prestado al culto del Santísimo Sacramento es indicio y causa de oscurecimiento del sentido cristiano del misterio, como sucede cuando en la Santa Misa ya no aparece como preeminente y operante Jesús, sino una comunidad atareada con muchas cosas en vez de estar en recogimiento y de dejarse atraer a lo Único necesario: su Señor. Al contrario, la actitud primaria y esencial del fiel cristiano que participa en la celebración litúrgica no es hacer, sino escuchar, abrirse, recibir… Es obvio que, en este caso, recibir no significa volverse pasivo o desinteresarse de lo que allí acontece, sino cooperar – porque nos volvemos capaces de actuar por la gracia de Dios – según “la auténtica naturaleza de la verdadera Iglesia, que es simultáneamente humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, empeñada en la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y sin embargo peregrina, pero de forma que lo que en ella es humano se debe ordenar y subordinar a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación, y el presente a la ciudad futura que buscamos” (Const. Sacrosanctum Concilium, 2). Si en la liturgia no emergiese la figura de Cristo, que está en su principio y que está realmente presente para hacerla válida, ya no tendríamos la liturgia cristiana, toda dependiente del Señor y toda suspendida de su presencia creadora.

¡Qué distantes están de todo esto cuantos, en nombre de la inculturación, caen en el sincretismo introduciendo ritos tomados de otras religiones o particularismos culturales en la celebración de la Santa Misa (cf. Redemptionis Sacramentum, 79)! El misterio eucarístico es un “don demasiado grande – escribía mi venerable predecesor el Papa Juan Pablo II – para soportar ambigüedades y reducciones”, particularmente cuando, “despojado de su valor sacrificial, es vivido como si en nada sobrepasase el sentido y el valor de un encuentro fraterno alrededor de la mesa” (Enc. Ecclesia de Eucharistia, 10). Subyacente a varias de las motivaciones aducidas, está una mentalidad incapaz de aceptar la posibilidad de una real intervención divina en este mundo en socorro del hombre. Este, sin embargo, “se descubre incapaz de rechazar por sí mismo los ataques del enemigo: cada uno se siente como prisionero con cadenas” (Const. Gaudium et spes, 13). La confesión de una intervención redentora de Dios para cambiar esta situación de alienación y de pecado es vista, por cuantos participan de la visión deísta, como integrista, y el mismo juicio se hace a propósito de un signo sacramental que hace presente el sacrificio redentor. Más aceptable, a sus ojos, sería la celebración de una señal que corresponda a un vago sentimiento de comunidad.

Pero el culto no puede nacer de nuestra fantasía; sería un grito en la oscuridad o una simple autoafirmación. La verdadera liturgia supone que Dios responda y nos muestre cómo podemos adorarlo. “La Iglesia puede celebrar y adorar el misterio de Cristo presente en la Eucaristía, precisamente porque el propio Cristo se dio primero a ella en el sacrificio de la Cruz” (Exort. ap. Sacramentum caritatis, 14). La Iglesia vive de esta presencia y tiene como razón de existir ampliar esta presencia en el mundo entero.

“¡Quédate con nosotros, Señor!” (cf. Lc 24, 29): están rezando los hijos e hijas de Brasil camino hacia el XVI Congreso Eucarístico Nacional, [que se celebrará] de aquí a un mes en Brasilia, que de este modo verá el jubileo áureo de su fundación enriquecido con el "oro" de la eternidad presente en el tiempo: Jesús Eucaristía. Que Él sea verdaderamente en corazón de Brasil, de donde venga la fuerza para que todos los hombres y mujeres brasileños se reconozcan y ayuden como hermanos, como miembros del Cristo total. Quien quiera vivir, tiene de dónde vivir. ¡Que se acerque, crea, entre a formar parte del Cuerpo de Cristo y será vivificado! Hoy y aquí, todo esto deseo a la esperanzada parcela de este Cuerpo que es la Región Norte 2, al conceder a cada uno de vosotros, extensiva a vuestros colaboradores y a todos los fieles cristianos, la Bendición Apostólica.

jueves, 15 de abril de 2010

JUAN PABLO II:" ME ENCONTRARON LOS QUE NO ME BUSCABAN...( Ro 10,20)

El apóstol Pablo, en la Carta a los Romanos, replantea con estupor un oráculo del libro de Isaías (cf. 65, 1), en el que Dios llega a decir por boca del profeta. «Me encontraron los que no me buscaban; me manifesté a quienes no preguntaban por mí» (Ro 10, 20). Pues bien, después de haber contemplado en las catequesis precedentes la gloria de la Trinidad en el cosmos y en la historia, queremos emprender ahora un itinerario interior a través de los caminos misteriosos por los que Dios sale al encuentro del hombre, para hacerle partícipe de su vida y de su gloria. Dios, de hecho, ama a la criatura plasmada a su imagen y, como el pastor atento de la parábola (cf. Lucas 15, 4-7), no se cansa de buscarla, incluso cuando se muestra indiferente o fastidiada por la luz divina, como la oveja que se ha separado de la grey y se ha perdido en lugares agrestes y llenos de riesgos.

Perseguido por Dios, el hombre ya advierte su presencia, ya es irradiado por la luz que está detrás, a sus espaldas, ya es interpelado por esa voz que le llama desde lejos. De este modo, comienza a buscar él mismo al Dios que le busca: buscado se pone en búsqueda; amado comienza a amar. Nosotros comenzamos hoy a pincelar esta sugerente intersección entre la iniciativa de Dios y la respuesta del hombre, descubriéndola como componente fundamental de la experiencia religiosa. En realidad, el eco de esta experiencia se siente también en algunas voces alejadas del cristianismo, signo del deseo de la humanidad entera de conocer a Dios y de ser objetivo de su benevolencia. Incluso un enemigo del pueblo bíblico de Israel, el rey babilónico Nabucodonosor, que en el año 587-586 a. C. destruyó la ciudad santa, Jerusalén, se dirigía a la divinidad con estas palabras: «¿Sin ti, Señor, ¿qué sería de este rey al que tú amas y al que has llamado por su nombre? ¿Cómo podría ser bueno ante tus ojos? ¡Tú guías su nombre, lo conduces por la senda recta! (.) Por tu gracia, Señor, de la que haces partícipes a todos en abundancia, haz que tu excelsa majestad sea misericordiosa y haz que el temor por tu divinidad habite en mi corazón. Dame lo que es bueno para ti, pues tú has plasmado mi vida» (cf. G. Pettinato, «Babilonia», Milán 1994, p. 182).

Nuestros hermanos musulmanes también testimonian una fe semejante, repitiendo con frecuencia, a lo largo de su existencia cotidiana, la invocación que se abre el libro del Corán y que celebra precisamente la senda por la que Dios, «Señor de lo creado, el Clemente, el Misericordioso»
guía a aquellos a los que infunde su gracia.

La gran tradición bíblica lleva al fiel a dirigirse con frecuencia a Dios para obtener de él la luz y la fuerza necesarias para realizar el bien. Así reza el salmista en el Salmo 119: «Enséñame, Señor, el camino de tus preceptos, yo lo quiero guardar en recompensa. Hazme entender, para guardar tu ley y observarla de todo corazón. Llévame por la senda de tus mandamientos porque mi complacencia tengo en ella. (.) Aparta mi mirada de las vanidades, por tu palabra vivifícame» (versículos 33-35. 37).

En la experiencia religiosa universal, y especialmente en la transmitida por la Biblia, encontramos, por tanto, la conciencia de la primacía de Dios que se pone en búsqueda del hombre para llevarle al horizonte de su luz y de su misterio. En un inicio está la Palabra que rompe el silencio de la nada, la «buena voluntad» de Dios (Lucas 2, 14) que nunca abandona a la criatura a su suerte.

Ciertamente este inicio absoluto no cancela la necesidad de la acción humana, no elimina el compromiso de una respuesta por parte del hombre, el cual es solicitado a dejarse alcanzar por Dios y a abrirle la puerta de su vida; es más, también tiene la posibilidad de cerrarse a estas
invitaciones. En este sentido, son realmente estupendas las palabras que el Apocalipsis pone en boca de Cristo: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo»» (Apocalipsis, 3, 20). Si Cristo no se pusiera en camino por las sendas del mundo, nosotros quedaríamos solitarios en nuestro pequeño horizonte. Por eso, es necesario abrirle la puerta, para que se siente a nuestra mesa, en comunión de vida y de amor.

El itinerario del encuentro entre Dios y el hombre tendrá lugar bajo la égida del amor. Por una parte el amor divino trinitario nos previene, nos envuelve, nos abre constantemente el camino que conduce a la casa paterna. Allí, el Padre nos espera para darnos su abrazo como en la parábola
evangélica del «hijo pródigo», o mejor del «Padre misericordioso» (cf. Lucas 15, 11-32). Por otra parte, a nosotros se nos pide el amor fraterno como respuesta al amor de Dios: «Queridos --nos exhorta Juan en su primera carta--, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros (...) Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1Juan 4, 11.16). Del abrazo entre el amor divino y el humano florecen la salvación, la vida, la alegría eterna.

SANDRO MAGISTER: LA PASIÓN DEL PAPA BENEDICTO

La pasión del Papa Benedicto. Seis acusaciones, una pregunta. La pedofilia es solamente la última de las armas apuntadas contra Joseph Ratzinger. Y cada vez él es atacado donde más ejercita su rol de guía. Uno por uno, los puntos críticos de este pontificado

por Sandro Magister

ROMA, 7 de abril de 2010 – El ataque que golpea al Papa Joseph Ratzinger con el arma del escándalo, ofrecido por sacerdotes de su Iglesia, es una constante de este pontificado.

Es una constante porque una y otra vez, en un terreno diferente, se golpea en Benedicto XVI justamente al hombre que ha obrado y obra, en ese mismo terreno, con más clarividencia, con más determinación y con más fruto.
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La tempestad que siguió a su exposición en Ratisbona, el 12 de diciembre de 2006, ha sido la primera de la serie. Se acusó a Benedicto XVI de ser enemigo del Islam y un partidario incendiario del desencuentro entre las civilizaciones. Justamente a él que con una lucidez y un coraje único había desvelado donde se fundamenta la raíz última de la violencia, en una idea de Dios mutilada por la racionalidad, y luego había dicho también cómo vencerla.

Las agresiones e inclusive los asesinatos que siguieron a sus palabras confirmaron dolorosamente la probidad de sus palabras. Pero que él había dado en el blanco ha sido confirmado sobre todo por los pasos de diálogo entre la Iglesia Católica y el Islam que se registraron a continuación – no contra, sino gracias a la exposición de Ratisbona –, de los cuales la carta al Papa de 138 sabios musulmanes y la visita a la Mezquita Azul de Estambul han sido los signos más evidentes y prometedores.

Con Benedicto XVI, el diálogo entre el cristianismo y el Islam, al igual que con las otras religiones, avanza hoy con una conciencia más nítida sobre lo que distingue - la fuerza de la fe - y sobre lo que puede unir - la ley natural escrita por Dios en el corazón de cada hombre.
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Una segunda oleada de acusaciones contra el Papa Benedicto lo presenta como un enemigo de la razón moderna, y en particular de su suprema expresión: la ciencia. La cima de esta campaña hostil fue alcanzada en enero de 2008, cuando los profesores obligaron al Papa a cancelar una visita a la principal universidad de su diócesis: la Universidad de Roma "La Sapienza".

Sin embargo – como antes en Ratisbona y luego en París, en el Collège des Bernardins el 12 de setiembre de 2008 – el discurso que el Papa intentó dirigir a la Universidad de Roma era una formidable defensa del nexo indisoluble entre fe y razón, entre verdad y libertad: "No vengo a imponer la fe, sino a alentar la valentía por la verdad".

La paradoja es que Benedicto XV es un gran "iluminista" en una época en la que la verdad tiene pocos defensores y la duda hace de patrón de ella, hasta pretender quitarle la palabra.

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Una tercera acusación arrojada sistemáticamente contra Benedicto XVI es la de ser un tradicionalista replegado en el pasado, enemigo de las novedades aportadas por el Concilio Vaticano II.

Su discurso a la curia romana, el 22 de diciembre de 2005, sobre la interpretación del Concilio y luego, en el 2007, la liberalización del rito antiguo de la Misa serían las pruebas con las que cuentan sus acusadores.

En realidad, la Tradición a la que Benedicto XVI es fiel es la de la gran historia de la Iglesia, desde los orígenes hasta hoy, lo cual no tiene nada que ver con una formalista adhesión al pasado. En el citado discurso a la curia, para ejemplificar la "reforma en la continuidad" representada por el Vaticano II, el Papa ha planteado la cuestión de la libertad religiosa. Para afirmarla en modo pleno – ha explicado – el Concilio ha debido retornar a los orígenes de la Iglesia, a los primeros mártires, a ese "patrimonio profundo" de la Tradición cristiana que se había extraviado en los siglos más recientes y que ha sido reencontrada también gracias a la crítica de la razón iluminista.

En cuanto a la liturgia, si hay un auténtico continuador del gran movimiento litúrgico que floreció en la Iglesia entre el siglo XIX y el siglo XX, desde Prosper Guéranger a Romano Guardini, éste es precisamente Ratzinger.
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Un cuarto terreno de ataque es contiguo al anterior. Se acusa a Benedicto XVI de haber ahondado el ecumenismo, de anteponer el abrazo con los lefebvrianos al diálogo con las otras confesiones cristianas.

Pero los hechos dicen lo contrario. Desde el momento que Ratzinger es Papa, el camino de reconciliación con las Iglesias de Oriente ha dado pasos extraordinarios hacia adelante, tanto con las Iglesias bizantinas que tienen como cabeza al patriarcado ecuménico de Constantinopla, como – es la novedad más sorprendente – con el patriarcado de Moscú.

Y si ha acontecido esto, es precisamente por la reavivada fidelidad a la gran Tradición – comenzando por la del primer milenio – que distingue a este Papa, más del alma de las Iglesias de Oriente.

Sobre la vertiente de Occidente, es también el amor de la Tradición lo que impulsa a personas y grupos de la Comunión Anglicana a solicitar el ingreso a la Iglesia de Roma.

Respecto a los lefebvrianos, lo que obstaculiza su reingreso a la Iglesia es justamente su estar atados a formas pasadas de Iglesia y de doctrina erróneamente identificadas con la Tradición perenne. La revocación de la excomunión a sus cuatro obispos, en enero de 2009, no ha modificado en nada el estado de cisma en el cual ellos permanecen, de la misma manera que la revocación en 1964 de las excomuniones entre Roma y Constantinopla no ha sanado el cisma entre Oriente y Occidente, pero ha posibilitado un diálogo que culmina en la unidad.
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Entre los cuatro obispos lefebvristas a los que Benedicto XVI ha revocado la excomunión estaba el inglés Richard Williamson, antisemita y negador del Shoah [Holocausto]. En el rito antiguo permitido, hay una oración para que los judíos "reconozcan a Jesucristo salvador de todos los hombres".

Estos y otros hechos han contribuido a alimentar una persistente protesta del mundo judío contra el actual Papa, con notables aristas de radicalidad. Y un quinto terreno de acusación.

La última arma de esta protesta ha sido un pasaje del sermón pronunciado en la basílica de San Pedro, el Viernes Santo en presencia del Papa, por el predicador de la casa pontificia, el padre Raniero Cantalamessa. El pasaje cuestionado era una cita de una carta escrita por un judío, pero no obstante esto la polémica se ha orientado exclusivamente contra el Papa.

Ahora bien, nada es más contradictorio que acusar a Benedicto XVI de enemistad con los judíos.

Porque ningún otro Papa, antes que él, se ha esforzado tanto en avanzar para definir una visión positiva del vínculo entre cristianismo y judaísmo, quedando en pie la división capital sobre el reconocimiento o no de Jesús como Hijo de Dios. En el primer tomo de su "Jesús de Nazaret", publicado en el 2007 – y próximo a ser completado por el segundo tomo –, Benedicto XVI ha redactado a propósito de ello páginas luminosas, en diálogo con un rabino americano que todavía vive.

Y numerosos judíos ven efectivamente en Ratzinger a un amigo. Pero en los medios de comunicación internacionales hay otra cosa. Allí está casi solitario el "fuego amigo" que resuena estruendosamente, por parte de judíos que golpean al Papa que más los comprende y los ama.
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Por último, una sexta pieza acusatoria – actualísima – contra Ratzinger es de haber "encubierto" el escándalo de los sacerdotes que han abusado sexualmente de niños.

También aquí la acusación atropella justamente al hombre que ha hecho más que nadie, en la jerarquía de la Iglesia, para sanar este escándalo.

Con efectos positivos que aquí y allá ya se pueden mensurar. En particular en Estados Unidos, donde la incidencia del fenómeno entre el clero católico ha disminuido netamente en los últimos años.

Pero allí donde, como en Irlanda, la llaga está todavía abierta, siempre ha sido Benedicto XVI quien impuso a la Iglesia de ese país ponerse en estado penitencial, a lo largo de un severo camino trazado por él en una carta pastoral del 19 de marzo pasado que no tiene precedentes.

De hecho, la campaña internacional contra la pedofilia tiene hoy un único y verdadero blanco: el Papa. Los casos descubiertos del pasado son en cada momento los que se calcula pueden ser utilizados en contra de él, tanto cuando era arzobispo de Munich, como cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, más el apéndice de Ratisbona, durante los años en que el hermano del Papa, Georg, dirigía el coro de niños de la catedral.
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Los seis campos de acusación contra Benedicto XVI, hasta aquí mencionados, plantean una pregunta.

¿Por qué este Papa es atacado de este modo, desde afuera de la Iglesia pero también desde adentro, a pesar de su evidente inocencia respecto a las acusaciones?

Un principio de respuesta es que él es atacado sistemáticamente precisamente por lo que hace, por lo que dice, por lo que es.
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Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.

miércoles, 14 de abril de 2010

DIÁCONO JORGE NOVOA: EN LA NOCHE DE NICODEMO


Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo:«Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él.»Jesús le contestó: «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba.» Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?» Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu.» [Nicodemo volvió a preguntarle: «¿Cómo puede ser eso?» Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas?

"La Palabra de Dios es una invitación a nosotros para comulgar juntos en la Verdad...La Palabra de Dios es, finalmente, Dios mismo, lo más vivo, lo más entrañable de su ser: su Hijo unigénito, de la misma naturaleza que Él, enviado por Él al mundo para redimirlo, y así nos lo dice desde el cielo, dirigiéndose a la Palabra, que mora en la tierra: Este es mi Hijo amado,¡escuchadle!(Mt 17,5)".

Los encuentros que Jesús tiene con distintos personajes, y que aparecen narrados en los Evangelios, no son meras historias de hechos pasados que nada tienen que ver con nosotros. Son los misterios de la vida de Cristo que se vuelven experiencia en la vida de los cristianos. Ellos rápidamente nos interpelan; como a Pedro, Jesús nos pregunta: ¿Me amas? (Jn 21,15). El Señor siempre pregunta en el Amor, aún después de la traición, aún después del abandono. El amor es curativo, al confesarlo comienza sanando nuestros males, va disipando en nosotros el temor descubriéndonos su rostro misericordioso. Inmediatamente podemos responder afirmativamente al Señor, y en realidad, este sí, encubre una serie de condicionamientos que no se expresan, y que ocultan mucha oscuridad que se resiste a dejarse amar por el Señor.

Fue de noche

En estos balbuceos iniciales con el Señor, vamos como Nicodemo, ocultándonos por lo que representamos para los demás. Brotan en nuestra mente los comentarios que surgirán si esto se hace público y nos interrogamos diciendo: ¿Qué van a pensar de mí? Sentimos miedo o vergüenza de ser vistos con el Señor. Ir por la noche (Jn 3,2) a ver a Jesús, manifiesta la ausencia de una respuesta. La noche oculta nuestro rostro, también nuestro destino, en la noche trágica del huerto de los Olivos, Jesús recibe la respuesta de un beso (Mt 26,48) que lo traiciona. El beso más amargo que la historia conoció y que indicó al autor de la vida, como un ladrón nocturno.

Vivir en la noche, supone sentirse cómodo en esa especie de anonimato, en donde los rostros sombríos se tornan desconocidos. La noche se resiste a la luz, no quiere que se iluminen sus secretas intenciones.

¿ Cuántas vidas de fe se ocultan por temor o vergüenza? ¿Cuántas veces nuestra vida de fe ha sido reprendida por una voz desconocida (el enemigo), invitándonos a ocultarnos en la noche?

Hay que pedir al Señor la gracia del testimonio, es un gran desafío vencer el anonimato en la vida de fe. El Señor nos ha enviado, fortalecidos por el Espíritu Santo, para que seamos sus testigos. Ningún ámbito de la vida queda al margen del testimonio que debemos dar del Señor, en su doble vertiente: anuncio explícito y testimonio de vida. Debemos iluminar con la fe las realidades de la vida cotidiana y elevarlas como ofrenda al Señor.

Nicodemo está frente a Jesús. Ha ido hasta Él, movido tal vez por un sin fin de motivos: curiosidad, búsqueda, intuición, reconocimiento de una cierta presencia de Dios en Jesús ( nadie puede hacer lo que tú haces si Dios… Jn3,2), estos elementos que se encuentran en su corazón son los que deben salir de la oscuridad, para ponerse delante de la luz que todo lo penetra.

En el corazón de Nicodemo a partir de aquella noche se ha desatado una batalla, algo lo ha atraído, un débil rayo que ha penetrado por algún resquicio de su existencia ha comenzado a invadirlo totalmente. La oscuridad de Nicodemo contrasta con la luz que viene de Jesús. Él está allí esperando que Nicodemo se deje amar. Podemos decir con San Agustín "¡Señor, Señor! ¿Con qué modos y de qué manera te insinuaste en aquel corazón?".

Nicodemo para ir (Jn 3,2), ha tenido que vencer la resistencia que siempre se hace presente, si uno quiere ver a Jesús. Como buen maestro de la ley, es un entendido en las cosas de Dios, ha tenido que aceptar una palabra distinta y distante de la que él lleva. Una palabra que le habla de un Dios al que cree conocer. En su acercamiento a Jesús le llama maestro. Nosotros podríamos decir, y lo escuchamos bastante a menudo; hombre bueno, idealista grande; el joven rico, yendo mas allá, lo cualifica llamándolo "maestro bueno". Pero en todas esta afirmaciones hay algo fundamental que esta ausente, ninguna de ellas lo involucra totalmente, aún Nicodemo no puede llamarlo como María de Magdala, "mi maestro" (Jn 20,16), tampoco surge de su corazón la confesión de Tomás al verlo resucitado, "Dios mío y Señor mío" (Jn 20,28).

En nuestras noches, muchas veces se oculta esa ausencia de vínculo. El modo por el cual lo llamamos se asienta en nuestra fe. Ella moldea en nuestro corazón esa forma íntima de llamar a Jesús.

Tal vez, alguno de nosotros ha salido de la oscuridad de su vida para ir a ver a Jesús, con todo el peso que ello comporta, venciendo el miedo, la vergüenza y toda la presión ambiental que nos propone una infinita gama de entretenimientos para liberarnos de la trivial tarea de buscarle un sentido a nuestra vida. Y a pesar de no poder percibirlo, ese primer movimiento ha venido de Dios. Es Él quien toma la iniciativa, es su presencia silenciosa en nuestra existencia la que nos ha movido, Él Padre nos atrae hacia Jesús. Está en medio de nosotros y actúa. Una voz interior (Espíritu Santo) nos lo indica (Jn 1,29) como el dedo de Juan Bautista, ve hacia Él. "Como un imán, por la fuerza de su misión, se sitúa en el centro para que todo, voluntaria o involuntariamente, sea atraído a Él (Jn 12,32) para salvación o condenación " (TD 3, p.3).

Nicodemo tiene, como tantos "maestros", lo que hemos dado en llamar: un "cómo" resistente (Jn 3,4.9). A pesar de que acepta ser llamado maestro, ejercicio por el cual guía a otros, "no sabe" (Jn 3,10), podría caberle a él perfectamente la advertencia del Señor, de estar en las cosas de Dios, como "ciego que guía a otro ciego". Ese "cómo" con el que iniciará todas sus preguntas, oficia de escudo protector ante la irrupción de Dios en su vida. Por otra parte, cualquiera puede argumentar que Nicodemo es un hombre creyente, cabe la pregunta ¿de qué se protege?

Nicodemo se resiste a un Dios que se manifiesta así, es al modo de manifestarse de Dios. Su respuesta e incomprensión hacen presente la resistencia de Israel. También María como hija predilecta de Sión utilizará la misma palabra para comenzar su pregunta. «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?»(Lc 1,35).

¿Dónde está, entre Nicodemo y María, la diferencia? La diferencia se encuentra en la respuesta, mientras que Nicodemo persiste en su resistencia, cuestionando el modo de manifestarse de Dios y esto lo hace obstinadamente, María responde aceptando al Dios que viene de ese modo.

Estas actitudes arquetípicas, expresadas en María y Nicodemo, permanentemente se hallan presente en los interminables encuentros que Jesús tiene con los hombres. Dios visita en su pueblo a sus hijos, invitándolos a volver a la casa paterna, y estos en muchas oportunidades no reconocen en estos hechos la presencia de Dios. Intentan someter la acción de Dios a la comprensión de su inteligencia humana.

El Dios que Nicodemo lleva en su corazón nunca lo sorprende. Él es capaz de realizar si fuera necesario un mapa, marcando las rutas de Dios y aclarando sus trayectos. Se lo puede caricaturizar diciendo, que se parece bastante a uno de esos tantos recorridos que realizan nuestros ómnibus (colectivos, bus), siempre transitan por el mismo lugar. De no ser así, surge la sospecha, ¿esto no es de Dios? Nicodemo ha reconocido algo de Dios presente en las cosas que Jesús obra, pero, aún no ha reconocido a Jesús como Dios, permanece sin aceptar su testimonio (Jn 3,11-21).

En nuestras vidas hay vestigios de este comportamiento, muchas veces queremos que Dios nos adelante el recorrido que va a realizar. Más de una vez, escuchamos este reproche, ¿cómo me pudo ocurrir esto? Esta expresión es especialmente utilizada cuando no reconocemos la presencia de Dios en aquello que nos toca vivir.

El cientismo, el naturalismo y el racionalismo entre otras corrientes del pensamiento moderno y post-moderno, presentan ésta dificultad, Dios debe manejarse con sus parámetros, con sus reglas, de no ser así, no existe. Las leyes que rigen a estos sistemas de pensamiento deben contener a Dios. Los que van detrás de estas posturas,deberían aprender de aquellos modestos animales que junto al pesebre saludaban la irrupción de Dios en el mundo.

La historia de Jesús con Nicodemo suscita algunas preguntas ¿qué ocurrió con aquel hombre que fue por la noche a ver a Jesús?, ¿ en el corazón de Nicodemo triunfó la noche? .En este caso se puede develar la incógnita. Nicodemo es uno de los dos que piden para bajar el cuerpo muerto de Jesús de la Cruz (Jn 19,39).

Ya poco importa que esto ocurra en Jerusalén, donde habitualmente matan a los" profetas" (Lc 13,34), que sea el lugar de residencia de las autoridades político-religiosas que fueron las que lo condenaron. Nicodemo ha pasado por encima de todas esas dificultades, se ha dejado sorprender una vez más por ese Dios del que Jesús le habló aquella noche. Sabe que el amor de Dios es capaz de una entrega así, eso lo ha alentado a ir más allá de sí, lo ha fortalecido para ir saliendo de la noche. Resuena en su corazón el eco de aquellas palabras de Jesús: "tienes que nacer de lo alto". (Jn 3,7)

Nicodemo en su peregrinar comprendió que el nacimiento de los discípulos del Señor estaba unido a la cruz. Al testimonio de un amor más fuerte que la muerte, al testimonio de un amor hasta el extremo. Había logrado reconocer que todas estas realidades estaban en Jesús. Llevaba en sus manos mirra y aloe, para ungir y dignamente sepultar a Jesús. Cuantos recuerdos se agolparían en la mente de Nicodemo, pero evidentemente lo ocurrido aquella noche tendría un lugar especial. Aquel modo anónimo, por la hora de su llegada y el temor de ser visto con Jesús, lo encontraba ahora como testigo de la entrega del amor de Dios.

La sombra de la Cruz se posaba sobre él como una antorcha luminosa que iba respondiendo a sus preguntas. Estas iban desapareciendo, había pasado de la resistencia de Israel a la aceptación de María. Estar allí no era una carga sino un privilegio, tal vez sin saberlo desde aquella noche, Dios lo había estado preparando, para vencer ese modo anónimo de estar presente ante la Cruz de Jesús.

Tal vez estas preguntas puedan ayudarnos a meditar:

1- ¿Percibimos su presencia? ¿Nos ponemos frente a Él?

2- ¿Cuáles son las resistencias que vencimos para ir para ir hacia ÉL?

3- ¿Cúal es nuestro "cómo" resistente?

4- ¿Cuál es la imagen de Dios que hay en mí corazón?

5- ¿Cómo es mi historia con Jesús?

6- ¿Cómo vivo mi peregrinación?

7- ¿Ante la Cruz del Señor soy un anónimo?



[1] Jorge Novoa, http://www.feyrazon.org

martes, 13 de abril de 2010

GENEALOGÍA DE JESÚS EN LUCAS

¿Cuál sería este contenido? El cardenal Danielou lo ha señalado con precisión: «Mostrar que el nacimiento de Jesús no es un acontecimiento fortuito, perdido dentro de la historia humana, sino la realización de un designio de Dios al que estaba ordenado todo el Antiguo Testamento». Dentro de este enfoque, Mateo -que se dirige a los judíos en su evangelio- trataría de probar que en Jesús se cumplen las promesas hechas a Abrahán y David. Lucas -que escribe directamente para paganos y convertidos- bajará desde Cristo hasta Adán, para demostrar que Jesús vino a salvar, no sólo a los hijos de Abrahán, sino a toda la posteridad de Adán. A esta luz las listas evangélicas dejan de ser aburridas y se convierten en conmovedoras e incluso en apasionantes.


Escribe Guardini:

¡Qué elocuentes son estos nombres! A través de ellos surgen de las tinieblas del pasado más remoto las figuras de los tiempos primitivos. Adán. penetrado por la nostalgia de la felicidad perdida del paraíso; Matusalén, el muy anciano; Noé. rodeado del terrible fragor del diluvio; Abrahán, al que Dios hizo salir de su país y de su familia para que formase una alianza con él; Isaac, el hijo del milagro, que le fue devuelto desde el altar del sacrificio; Jacob, el nieto que luchó con el ángel de Dios... ¡Qué corte de gigantes del espíritu escoltan la espalda de este recién nacido!


Pero no sólo hay luz en esa lista. Lo verdaderamente conmovedor de esta genealogía es que ninguno de los dos evangelistas ha «limpiado» la estirpe de Jesús. Cuando hoy alguien exhibe su árbol genealógico trata de ocultarlo, por lo menos, de no sacar a primer plano las «manchas» que en él pudiera haber; se oculta el hijo ilegitimo y mucho más el matrimonio vergonzoso. No obran así los evangelistas. En la lista aparece -y casi subrayado- Farés, hijo incestuoso de Judá; Salomón, hijo adulterino de David.


Y digo que casi lo subrayan porque no era frecuente que en las genealogías hebreas aparecieran mujeres; aquí aparecen cuatro y las cuatro con historias tristes. Tres de ellas son extranjeras (una cananea, una moabita, otra hitita) y para los hebreos era una infidelidad el matrimonio con extranjeros. Tres de ellas son pecadoras. Sólo Ruth pone una nota de pureza. No se oculta el terrible nombre de Tamar, nuera de Judá, que, deseando vengarse de él, se vistió de cortesana y esperó a su suegro en una oscura encrucijada. De aquel encuentro incestuoso nacerían dos ascendientes de Cristo: Farés y Zara. Y el evangelista no lo oculta. Y aparece el nombre de Rajab, pagana como Ruth. y «mesonera», es decir, ramera de profesión. De ella engendró Salomón a Booz.


Y no se dice -hubiera sido tan sencillo- «David engendró a Salomón de Betsabé», sino, abiertamente, «de la mujer de Urías». Parece como si el evangelista tuviera especial interés en recordarnos la historia del pecado de David que se enamoró de la mujer de uno de sus generales, que tuvo con ella un hijo y que, para ocultar su pecado, hizo matar con refinamiento cruel al esposo deshonrado.


¿Por qué este casi descaro en mostrar lo que cualquiera de nosotros hubiera ocultado con un velo pudoroso? No es afán de magnificar la ascendencia de Cristo, como ingenuamente pensaban los racionalistas del siglo pasado; tampoco es simple ignorancia. Los evangelistas al subrayar esos datos están haciendo teología, están poniendo el dedo en una tremenda verdad que algunos piadosos querrían ocultar pero que es exaltante para todo hombre de fe: Cristo entró en la raza humana tal y como la raza humana es, puso un pórtico de pureza total en el penúltimo escalón -su madre Inmaculada- pero aceptó, en todo el resto de su progenie, la realidad humana total que él venia a salvar.