jueves, 24 de agosto de 2017

GIACOMO BIFFI: SAN AGUSTÍN

Agustín -con sus escritos admirables, con su figura de Pastor ejemplar y, ante todo, con su inquieta actitud de búsqueda de Dios- sigue siendo para todos un maestro que siempre vale la pena escuchar.


"Fuimos bautizados, y se disipó en nosotros la inquietud de la vida pasada" (Confesiones 9, 6, 4). Con estas palabras simples y breves, Agustín evoca la conclusión de una larga y enmarañada aventura interior. El renacimiento "del agua y del Espíritu" tiene lugar durante la Vigilia pascual, la noche entre el 24 y el 25 de abril del año 387, en el baptisterio octagonal que Ambrosio, el gran obispo de Milán, recientemente había terminado de erigir.

Finalmente había llegado "a casa", porque había llegado al conocimiento vivo del Señor Jesús y a la comunión con Él; lo cual, aún en los años más turbios y confusos, había sido el anhelo casi inconsciente de todo su ser.

En su larga dispersión, en medio de la diversidad de las opiniones, y en la maraña de los vicios, había mantenido una especie de inconsciente atracción hacia la persona de Cristo. "Aquel nombre de mi Salvador, de tu Hijo, mi corazón aún tierno lo había absorbido en la leche misma de mi madre, y lo conservaba en lo profundo. Así que cualquier obra en la que Él faltase, así fuese docta y limpia y verdadera, no podía conquistarme totalmente" (Confesiones 3,4,8)

Uno de los momentos decisivos de su conversión se produce cuando se da cuenta de que Cristo no es un personaje literario o una idea filosófica, sino que es el Señor vivo que palpita, respira, enseña y ama en la liturgia y en la vida de la Iglesia, su Esposa y su Cuerpo. Por lo tanto, no es con la investigación erudita y solitaria del intelectual como se puede llegar a Él, sino con la cordial participación en el misterio eclesial, que no es otro que el misterio del Hijo de Dios crucificado y resucitado que se entrega a los suyos.

En tal comunión de vida, el individuo se trasciende a sí mismo y verdaderamente realiza de manera integral su naturaleza humana como ha sido querida y pensada por el Padre desde toda la eternidad: "Nos hemos transformado en Cristo. En efecto, si Él es la cabeza y nosotros los miembros, el hombre total es Él y nosotros" (Tract. In Ioan. 21, 8), dice audazmente Agustín.

Esta activa pertenencia eclesial, sean cuales fueren las virtudes y la santidad de los hombres de Iglesia, funda la certeza salvífica de los creyentes. "Lo he dicho frecuentemente y lo repito insistentemente - dice el obispo de Hipona a los fieles "cualquier cosa que seamos nosotros, vosotros estáis seguros, tenéis a Dios por Padre y a la Iglesia por madre" (Contra litt. Pet. 3, 9, 10).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Jorge, como todo lo que esta en tu blog es hermoso; me gustaría agregar este comentario extraído de mi clase sobre Teoría General del Derecho, el cual dice:
San Agustín creo la primera Filosofía de la Historia del Hombre. Decía que los hombres tocados por la gracia de Dios, forman una única sociedad en la que el amor por lo eterno y la felicidad a través de la búsqueda del bien supremo constituyen sus pilares en la vida, esta sociedad no es otra que la ciudad de Dios. En cambio los que no viven en la fe, sino en la búsqueda de los bienes materiales como mero instrumento para alcanzar estatus social, reconocimiento y una paz ficticia y momentánea, se alejan progresivamente de Dios y viven pura y exclusivamente en una ciudad terrena.
Más los hombres que viven en Cristo esperan en los bienes futuros y eternos según la promesa de este; y usan estos bienes terrenales como pasajeros o viajeros, que están solo en esta vida de paso. Los bienes materiales no los prenden ni los desvían del camino que lleva a Dios, sino que los sustentan para tolerar con mas facilidad y no aumentar las cargas del cuerpo corruptible, que apesga el alma.
Casi puedo dar un testimonio personal con lo anterior, ya que con la gracia de Dios pude encontrar la luz y darme cuenta que lo que decía San Agustín allá por los años 365 DC Es totalmente actual. Bien aventurados los que compartimos y somos parte del pueblo de la ciudad Divina y Bendito seas señor por darme este discernimiento justo en este tiempo. Amén Aleluya Amén.
Marcelo Raúl Conci
Colonia Tirolesa Cba.

Rodrigo dijo...

"Tu Señor nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti", casualmente estaba googleando para ver si existían diaconos bajo la OSA y me encuentro con este blogspot, desgraciadamente no pude escuchar ningún programa porque Juan Pablo nunca me paso la página pero bueeeno, no faltara oportunidad para escucharlo supongo, sere breve para proseguir con mi busqueda, un cariño grande y siempre para adelante, por qué a quien temeremos si llevamos la Palabra a todos quienes la necesitan, que es en definitiva el mundo por entero,