martes, 20 de septiembre de 2016

EL CORDERO DE DIOS QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO



El título mesiánico “Cordero de Dios” aparece dos veces en el cuarto evangelio (1,29.36) y constituye uno de los títulos más importantes de la cristología joánica. Indudablemente la frase recuerda la teología del misterioso “Siervo sufriente de Yahvé” que siendo inocente carga sobre sí el pecado de la humanidad (Is 42,1-4; 52,13-53,12). La imagen del “cordero” evoca naturalmente al cordero inmolado la noche de pascua, como signo y expresión de la liberación que Dios ha obrado en favor del pueblo.

Este fragmento nos resume el testimonio que Juan Bautista da de Jesús  cuyo centro es  esta frase: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (v. 29). Hay que notar que la proclamación de Juan habla de “pecado del mundo”, en singular. ¿Qué es este pecado? Digamos que es el comportamiento equivocado fundamental. El pecado del mundo, en el evangelio de Juan, no hace referencia a un pecado particular[1] o a la suma de todos los pecados de la humanidad, sino a la dureza radical del ser humano que rechaza el proyecto de Dios manifestado en Jesucristo, la mentalidad errónea del mundo que se enfrenta y se opone a Dios. Lo que Juan llama “el pecado del mundo” es un concepto teológico que alude a esa realidad misteriosa que se encuentra a la raíz de todo pecado personal y social y que el cuarto evangelio equipara a la incredulidad como rechazo consciente de la luz manifestada en Cristo.

Jesús quita “el pecado” del mundo  con su pasión. Ella ya está presente a través de la luz de su  palabra y de la fuerza del Espíritu que él dona a quienes llegan a creer. A través de la escucha obediente y vital del evangelio y de la apertura del corazón a la fuerza de Dios, llegamos a experimentar la liberación de las tinieblas de la mente y del corazón. Todos nuestros pecados son reflejo y expresión de ese “pecado del mundo” del que sólo Jesús Mesías puede liberarnos, a través de la luz de su evangelio y de su amor sin límite.

Algunos autores piensan que Juan, hablando en arameo, usó la expresión talja yhwh, en donde talja puede significar tanto “cordero” como “siervo”. A modo de hipótesis, podemos tal vez suponer que cuando el evangelio se escribió en griego se prefirió el sentido de cordero. Juan Bautista designa a Cristo con la palabra aramea "talja" (vv. 29 y 35). Con ello anunciaba que Cristo era, en efecto, ese servidor que, al inaugurar los tiempos mesiánicos, iba a recuperar un Espíritu que permitiría no volver a pecar. Este "Siervo" iba a "quitar" realmente el pecado del mundo (v. 29). Pero "talja", como anunciamos al principio, puede traducirse también por cordero. El evangelista privilegia,  el tema del Cordero pascual y divino, por su papel de expiación (Ap. 14, 1-5; 7, 15; 22, 3; Jn. 19, 36; cf. Act. 8, 32; 1 Pe. 1, 18-19). 



[1]  Juan sabe  que existen pecados personales, y lo ha expresado claramente  en 20,23, por tanto sabe muy bien que hay diversas y múltiples actitudes equivocadas.