martes, 25 de septiembre de 2012

DIÁCONO JORGE NOVOA: HAY QUE OÍR LA PALABRA Y VIVIRLA

Se presentaron donde él su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.» Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen.»

La gente se agolpaba para escuchar a Jesús, sus parientes aunque intentaban verlo, no  podían  llegar hasta Él, a causa de la multitud  que lo rodeaba, la designación de hermanos no supone afirmar que la Santísima Virgen María tuviera otros hijos. La Sagrada Escritura brinda sólidos indicios para pensar que la palabra “hermano” puede abarcar también en el griego del Nuevo Testamento (adelphos), tanto como en la lengua hebrea y aramea (ah), una gama de significados mucho más amplia que la de hijos de los mismos padres. No existen testimonios de la antigüedad que hablen de los hermanos de Jesús, y sí muy tempranamente la Iglesia, enseña sobre la virginidad perpetua  de María.

La respuesta de Jesús, puede resultar a primera vista desconcertante, es que niega su relación con María su Madre? Jesús establece por la fe unos nuevos lazos familiares, ellos no se originan por " la carne y la sangre", dos realidades serán centrales para los miembros de la comunidad : a) escuchar la Palabra b) y cumplirla.

Dios ha dirigido su palabra amorosa a la humanidad, Israel es el primogénito depositario de esta realidad, con distintos instrumentos les ha comunicado su designio salvífico de modo ininterrumpido. El pueblo de Dios,desde el comienzo ha sido invitado por Él, a una total apertura y disponibilidad, " escucha Israel". Ella alcanza su plenitud en la disponibilidad de la Virgen María, la servidora humilde del Señor, de modo que lo característico en la vida de la Virgen, fue escuchar la Palabra y vivirla. Las exigencias de Jesús, se cumplen de modo perfecto en la la Madre del Señor.

Ella como Madre de los creyentes, ha sido saludada como bendita, porque ha creído, ha hecho suyo el mensaje enviado por Dios con una disponibilidad incondicional. Ha recibido la Palabra y la ha meditado en su corazón, volviéndose  un relicario que conservó los tesoros  de la sabiduría divina para los hombres. Jesús con su respuesta, está lejos de distanciarse de su Madre, muy por el contrario,  de esta exigencia su Madre es modelo.

La Palabra de Dios es alimento para nuestra vida, luz para nuestro camino y consuelo para nuestras penas, cada día debemos escuchar al Señor que nos habla a través de su Palabra. Y a imitación de la Virgen debemos meditarla en nuestro corazón, permitiéndole resonar en nuestro interior, para saborearla y servirla.

Santiago en su carta advierte sobre los que llama, " oyentes olvidadizos", porque han escuchado, pero no viven las exigencias de la Palabra pronunciada. Ella alcanza sus oídos pero no lo hace con sus corazones, permanece como un libro, no como la Palabra del Dios Vivo.

Pidámosle  al Espíritu Santo que nos introduzca en toda su Verdad, Bondad y Belleza, que nos abra el corazón para escuchar al Señor, dándonos el valor necesario para seguirlo.

1 comentario:

Diego dijo...

María es la mujer de la escucha. Lo vemos en el encuentro con el ángel y lo volvemos a ver en todas las escenas de su vida, desde las bodas de Caná hasta la cruz y hasta el día de Pentecostés... En el momento del anuncio del ángel podemos ver ya la actitud de escucha, una escucha verdadera, una escucha dispuesta a interiorizar: no dice simplemente "sí", sino que asimila la Palabra, acoge en sí la Palabra. Y después sigue la verdadera obediencia, como una Palabra ya interiorizada, es decir, transformada en Palabra en mí y para mí,... Así la Palabra se convierte en encarnación.
Papa Benedicto XVI
Discurso del 26/02/2009 al clero diocesano de Roma.