
Mediante esta imagen, el Evangelio nos da hoy un criterio de discernimiento, una lección de prudencia sobrenatural. Para juzgar a un hombre, un movimiento, una doctrina, no debemos dejarnos llevar por sus apariencias o sus declaraciones. No debemos fijarnos en sus palabras, sino hemos de mirar sus obras y sus realizaciones. “Cada árbol se conoce por sus frutos”, nos recuerda Jesús.
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