martes, 24 de marzo de 2015

MONS. HÉCTOR AGUER. DÍA DEL NIÑO POR NACER


“El establecimiento del 25 de marzo como el Día del Niño por Nacer ha sido realmente una muy feliz ocurrencia porque nos permite, una vez al año por lo menos, poner atención en este hecho admirable de cómo surge un ser humano”.


A nosotros nos fascina, nos asombra, nos admira ver a un bebé recién nacido pero quien conoce, a través de las imágenes que hoy día son de fácil acceso, todo el proceso de gestación desde el instante de la concepción, eso sí que es para admirarse. El salmo 138, en la Biblia, alude, precisamente, al modo maravilloso de cómo el ser humano es tejido en las entrañas de su madre.Por eso, el Día del Niño por Nacer es una ocasión para reflexionar acerca del valor de la vida humana, del respeto que se debe al ser humano desde el instante mismo de la concepción.

Todos sabemos lo que significa el aborto, la crueldad del acto abortivo, porque pensamos, tal vez, en un bebé en el seno de su madre en el cuarto o quinto mes de gestación, pero como al embrión no se lo ve, porque es tan pequeño que no se lo ve puede pasar inadvertido y puede considerarse banal su eliminación.

Tal es así que, de hecho, en la mentalidad común, en los fenómenos culturales que se van imponiendo y que se convierten finalmente en legislación, pareciera que no existe el debido respeto al embrión humano, a pesar de todas las certezas científicas que nos demuestran que desde el instante mismo de la concepción, cuando se constituye el cigoto, allí está toda la información genética que señala la identidad de una persona y que va a desarrollarse no solo hasta el nacimiento, sino hasta el fin natural de la vida.

Por eso tenemos que llamar la atención sobre ciertos hechos que se van convirtiendo en habituales en la cultura actual y que significan un desprecio de la vida humana en ese estadio inicial de su desarrollo que es el embrión.
Podemos mencionar, por ejemplo, los procesos de procreación artificial. Hay muchas personas que ven por ese medio cristalizada su intención de tener un hijo, su vocación paterna o materna. Se dice que un tercio de las mujeres que recurren a estos métodos de procreación artificial consiguen tener un hijo, pero no se dice qué cantidad de embriones se pierden en el camino. Son miles y miles los embriones que se pierden en esas técnicas de fecundación in vitro y, a veces, son expresamente descartados.

Me refiero al descarte de embriones sobrantes, pero también a la selección de embriones. Sabemos que ahora, con los estudios genéticos se puede calificar de sospechoso a un embrión de resultar finalmente no ser normal, o de tener alguna discapacidad y entonces se lo descarta. Es, otra vez, el triunfo de la mentalidad eugenésica. Hay gente exquisita que, hoy, puede llegar a elegir el sexo de su hijo, el color de pelo o de ojos, porque existen bancos de espermas y de óvulos. Entonces se pueden buscar todas las combinaciones posibles. Esto significa un desprecio de la condición humana del embrión.

También podríamos hablar del congelamiento de embriones que parece una técnica inocente, pero que puede provocar graves daños y ha llevado a un callejón sin salida. Un hecho que no se sabe cómo resolver: millones y millones de seres humanos congelados en distintos centros, que cada tanto deben ser tirados, literalmente tirados, porque no se los puede conservar más tiempo porque hay que renovar los stocks o liberar y limpiar los depósitos. Se los trata como si fueran un objeto, una cosa.

Hablamos también de anticonceptivos pero no se suele distinguir al anticonceptivo del interceptivo. Se llaman así, interceptivos, por ejemplo, el DIU y la píldora del día después, porque interfieren en el proceso de anidación e impiden que el embrión pueda anidar en el seño de su madre e iniciar así su desarrollo hasta el nacimiento.

No podemos olvidar lo que ha ocurrido recientemente: la decisión del Presidente de los Estados Unidos que ha vuelto a conceder fondos a las organizaciones que promueven el aborto en los países en vías de desarrollo y también ha liberado las restricciones que se habían impuesto anteriormente a la investigación sobre embriones humanos, concretamente a la extracción de células troncales del embrión humano.

Las investigaciones científicas más recientes y autorizadas sostienen que, en realidad, las células troncales adultas son las que ofrecen los mejores resultados para emplearlas en ciertas terapias contra ciertas enfermedades.

Lo grave es que se considera al embrión humano como un objeto y no se advierte que el ser humano, desde el instante de la concepción, no puede ser medio o instrumento para otra cosa sino que es alguien que tiene sentido por sí mismo y que es amado por Dios por él mismo, en razón de él mismo. No podría llegar nunca a ser una persona humana sino lo fuera desde el comienzo, porque no es un embrión vegetal, no es un embrión animal, sino que es un embrión humano y como tal tiene la dignidad que corresponde al hombre, que es un ser personal: fin y no medio.

Por todo esto tenemos que crear conciencia y difundirla acerca del valor de la vida humana desde el inicio de la concepción.A causa de lo que ocurre en estos tiempos, me parece que vamos a tener que complementar el 25 de marzo con otra fecha. El 25 de marzo se eligió como Día del Niño por Nacer porque es el Día de la Encarnación, es el día de la Anunciación del Ángel a María: cuando Jesús comenzó a ser un niño por nacer, y lo fue durante nueve meses en el seno de la Virgen Santísima. Pero vamos a tener que completar esa fecha con otra del calendario cristiano; yo propondría el 28 de diciembre, que es el Día de los Santos Mártires Inocentes.

Tendríamos que conmemorar, de esa manera, a estos mártires anónimos del Siglo XX y del Siglo XXI, los niños por nacer que son descartados como si no fueran, como si no existieran. Dios nos libre de que esto se imponga definitivamente en la conciencia de los hombres de hoy”.

No hay comentarios: