lunes, 25 de febrero de 2013

DIÁCONO JORGE NOVOA: SEAN COMPASIVOS...


«Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo.» (Lc 6,36)

Es
tamos en el contexto del Sermón del Monte, se revela ahora a los hombres, "la plenitud de la ley", el origen del obrar de los hijos de Dios, es la compasión (misericordia) del Padre, otras traducciones utilizan la expresión misericordia. Se nos invitaba, en los versículos anteriores, a ser hijos del Padre, que " es bueno aún con los malos".La condición filial exige la irradiación de la misericordia del Padre, inicialmente recibida por nosotros de ÉL, y luego entregada, por nosotros a los demás.

Como dijo san San Ambrosio, "Practica, pues, la misericordia para que merezcas la gracia".Dios se nos revela, en la Persona de Jesucristo, como amor misericordioso: Como amor gratuito, personal y entrañable para nosotros.

La plenitud de la ley, revelada por el Hijo, irrumpe en la historia de la humanidad con el rostro misericordioso del Padre.Jesús justifica su conducta hacia los pecadores diciendo que así actúa el Padre celestial. A sus detractores les recuerda la palabra de Dios en los profetas: «Misericordia quiero, y no sacrificios» (Mt 9, 13). La misericordia hacia la infidelidad del pueblo, la hesed, es el rasgo más sobresaliente del Dios de la Alianza y llena la Biblia de un extremo a otro. Un Salmo lo repite en forma de letanía, explicando con ella todos los eventos de la historia de Israel: «Porque eterna es su misericordia» (Sal 136).

Ser misericordiosos se presenta así como un aspecto esencial del ser «a imagen y semejanza de Dios». Recuerda el padre Cantalamessa: "En la Biblia, la palabra misericordia se presenta con dos significados fundamentales: el primero indica la actitud de la parte más fuerte (en la alianza, Dios mismo) hacia la parte más débil y se expresa habitualmente en el perdón de las infidelidades y de las culpas; el segundo indica la actitud hacia la necesidad del otro y se expresa en las llamadas obras de misericordia. (En este segundo sentido el término se repite con frecuencia en el libro de Tobías). Existe, por así decirlo, una misericordia del corazón y una misericordia de las manos".

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