miércoles, 14 de septiembre de 2016

DIÁCONO JORGE NOVOA: TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO

Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.



Dios muestra en alto el lugar de la salvación, yo no es Moisés el que levanta la serpiente , ahora es levantado el Hijo del hombre. Esta expresión, no refiere a la condición humana del Señor, sino a ese personaje misterioso, que aparece presentado en el Profeta Daniel (7,14 ), que vendrá con potestad de juez sobre las nubes del cielo y todo ojo lo verá, haciendo alusión al alcance universal de su juicio.

Los hombres , al igual que en el relato de Moisés, son invitados a dirigir su mirada hacia el Señor en la cruz, para encontrarse allí con la salvación. La fe nos permite acceder, según lo expresado por San Pablo,  a la sabiduría y fuerza de Dios. Este acontecimiento resulta desconcertante para la  lógica  humana, sigue siendo "escándalo" y " locura" para los que no creen,  sin fe no se ve. Qué es lo que no ven? Ven al crucificado pero no alcanzan a encontrarse con la salvación que Dios nos ofrece.

La fe nos introduce, por la comprensión y vivencia del misterio de la cruz, en la vida eterna. Ella es una clave de comprensión para la existencia del creyente, no debemos prescindir de leer la vida desde su verdad, de hacerlo, vemos al crucificado pero no la salvación amorosa de Dios. Jesús queda reducido a un hombre bueno ajusticiado injustamente.

El juicio de Dios es salvífico, él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. En la entrega amorosa del Señor se ha expresado la voluntad salvífica  de Dios, esto es lo que Dios quiere, por ello ha enviado al mundo a su Hijo. Esta acción amorosa del Señor es una invitación que el Padre dirige personalmente a cada uno de nosotros, es como si nos dijera, la mesa está servida y tú eres mi invitado,quieres  sentarte a mi mesa?Ciertamente que Jesús es el Salvador ,pero es mí Salvador?

La expresión de san Agustín esclarece nuestra meditación: el que te creó sin ti, no te salvará sin ti. La salvación como expresión del amor del Padre por su hijos y del Hijo por sus hermanos, es siempre invitación, llamada amorosa que se irradia desde la cruz.

El Señor transitó en solitario el camino de la cruz, el consuelo del Padre y el de su Madre lo asistieron, pero al Gólgota subió solo, abandonado y en medio del silencio del cielo. El camino de la cruz ahora es transitado por los suyos, sabemos que sigue siendo un lugar de sufrimientos  e incomprensión, pero ahora es habitado por Él, ya no reina la soledad, porque allí los suyos perciben su presencia.

La cruz  es de diversa magnitud, las hay pequeñas y también grandes, sabemos que en nuestra existencia se hará presente en alguna circunstancia, ella aparece en las enfermedades, muertes, sufrimientos físicos y morales , calumnias y mentiras, injusticias y en tantas otras realidades que hay que enfrentar. La fe nos enseña a encontrarnos allí con el Señor. En el camino de la fe, este será nuestro desafío,  le reconoceremos presente en esas circunstancias?Aceptaremos vivirlas unidos a ÉL ,sostenidos por su Amor?

Por el Señor,que nos enseña a cargar la cruz llegaremos al cielo, ella irradia luz sobre nuestras vidas, tratando de ayudarnos a disipar las tinieblas. Gracias Señor por tu Cruz, por el amor que ella irradia, por tantos testigos del amor manifestado en la Cruz. Gracias porque al pie de la Cruz nos dejaste a María por madre,para que nos enseñe a vivir las exigencias del amor manifestadas en la Cruz.