miércoles, 12 de agosto de 2015

DIÁCONO JORGE NOVOA: PUEDO COMULGAR?


La Eucaristía es el tesoro  que la Iglesia custodia a lo largo de los siglos: Jesucristo; cuerpo, alma, sangre y divinidad. Esta es nuestra fe católica. Herencia de siglos que mantiene su perenne verdad, el Señor está presente real y substancialmente en el Santísimo Sacramento del Altar.

La comunión con el Señor  como  fuente de  intimidad de todo discípulo, cual sarmientos unidos a la vid, nos nutre de la vida divina que nos alcanza el Resucitado. Comulgar. Aunque parece que la acción activa está de nuestra parte, en realidad, es Él quien nos hace uno (comunión) con Él. “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él” (Jn 6,56).

Para unirse al Señor por la santa Comunión, hay que estar preparados. No basta “querer”, debo revisar mi conciencia, la Iglesia pone a mi alcance el examen de conciencia, necesario para una buena preparación.

Si estamos en pecado mortal no debemos acercarnos a la comunión hasta realizar una adecuada confesión, no es verdad que la comunión perdona los pecados mortales, y no resulta necesario confesarse. El sacramento de la Confesión (Reconciliación) es el medio apropiado para prepararse adecuadamente. 

Dice el apóstol Pablo a los corintios:Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa” (I Cor 11,27-28).

Cada vez más, se encuentran creyentes, que participan en las eucaristías dominicales comulgando, algunos obrando por ignorancia, otros no, en los que hay impedimentos objetivos reales  para recibir la comunión.
En la vida espiritual (cristiana) estas realidades anuncian empantanamientos, NO HAY CRECIMENTO ESPIRITUAL, hay manifestaciones de formas de vida híbridas (cristiana y pagana) tal como ocurría en Corinto, donde Pablo manifiesta la incompatibilidad de la levadura vieja que está fermentando la harina nueva.

2 comentarios:

inés dijo...

La comunión espiritual cuando vamos a misa y no estamos preparados en conciencia es una manera de acercarnos con profunda fe al misterio de la eucaristía.
Jesús está vivo en nuestro corazón de bautizados y sólo El nos conoce en profundidad, más que nosotros mismos, no podemos dejar de asistir a la misa porque no podemos recibir la comunión, sino que es necesario que vayamos a misa para recibir la comunión que El quiera darnos: en la oración, la consagración del pan, la adoración, la comunidad reunida, la celebración , la alegría del Resucitado...y mucho más porque Dios es siempre más de lo que pensamos, sentimos, queremos, Dios es TODO.

JORGE dijo...

No comulgar es como ser invitado de honor en un banquete y decir "no voy a comer", causando desasociego a quien da el banquere y los invitados.

Y comer en ese banquere con las manos muy sucias nos producirá una infección intestinal que si no nos enfría... nos deja medio tibios.