martes, 31 de enero de 2012

PADRE MIGUEL PASTORINO: JESÚS LUZ DEL MUNDO (Jn 8)


Jesús se presenta como luz del mundo, y manifiesta públicamente, que el Padre lo ha enviado, "para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz".


P.MIGUEL A. TABET: NOCIÓN DE BIBLIA CATÓLICA

Según la teología católica, existen tres elementos que caracterizan esencialmente la noción de ‘Biblia’. En primer lugar, su unión indisoluble a la Tradición viva de la Iglesia[1], de modo que forma junto con ella «un único depósito sagrado de la Palabra de Dios» (DV10).

La misma formación de la Escritura constituye un momento singular del camino recorrido por la Tradición, ya que forma parte constitutiva de la misma. La Iglesia católica confiesa por esto que no es posible alcanzar exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado, y que ha de recibir y respetar la Tradición «con el mismo espíritu de devoción» que la Escritura (DV 9)[2]. La conciencia eclesial reconoce además que entre los varios carismas distribuidos por el Espíritu en la Iglesia para la interpretación de la Escritura, uno del todo específico corresponde a la autoridad magisterial, pues, si bien es verdad que «todos los miembros de la Iglesia tienen un papel en la interpretación de las Escrituras», en el ejercicio de su ministerio pastoral «los obispos, en cuanto sucesores de los apóstoles, son los primeros testigos y garantes de la Tradición viva en la cual las Escrituras son interpretadas en cada época»[3].

Un segundo aspecto que define la ‘Biblia católica’ concierne al modo en que se concibe la puesta por escrito de los libros que la forman, o lo que es lo mismo, al concepto de ‘inspiración bíblica’. Según la teología católica, el proceso de composición de los libros sagrados fue un proceso divino-humano en el que Dios y el autor humano intervinieron cada uno con la propia potencialidad creativa, de modo que, si por una parte Dios se debe considerar ‘Autor’ de la Sagrada Escritura, lo es en cuanto que inspira a los autores humanos: «Dios, actuando en ellos y por medio de ellos, hizo que éstos escribieran, como verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería», según la fórmula adoptada por el Concilio Vaticano II (cf DV 11).

De ahí que «todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo» (DV 11). Según la teología católica,en consecuencia, «las Sagradas Escrituras contienen la palabra de Dios y, por ser inspiradas, son en verdad la palabra de Dios» (DV 24). Por otra parte, los autores humanos son «verdaderos autores» de sus libros.

El tercer elemento que identifica la Biblia católica está vinculado al problema hermenéutico. En la teología católica, en efecto, se reconoce la existencia de dos principios fundamentales de interpretación, íntimamente vinculados e irrenunciables, radicados en el hecho de que «Dios ha hablado a los hombres en la Escritura a la manera humana» (DV 12).

Por esto, junto al fundamental quehacer hermenéutico de indagar lo que los autores humanos quisieron verdaderamente afirmar por medio de sus palabras teniendo en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura (a través del estudio de los géneros literarios y de las maneras de sentir, de hablar y de narrar en los tiempos remotos), hay otro principio no menos importante y sin el cual la Escritura quedaría como letra muerta: «La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita» (DV 12).

Esta afirmación implica tres exigencias fundamentales en la interpretación, señalados también en DV 12: a) prestar atención «al contenido y a la unidad de toda la Escritura», pues por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad del designio de Dios, del que Cristo Jesús es el centro; b) leer la Escritura en «la Tradición viva de toda la Iglesia», pues la Iglesia encierra en su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios; y c) estar atento «a la analogía de la fe» (cf Rm 12, 6) o «regla de verdad», es decir, a la cohesión de las verdades de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación .

1. Se trata de la Tradición que, derivada de los apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia
del Espíritu Santo. Sobre esta noción, cf la constitución dogmática Dei Verbum 7-9 (para este documento utilizaremos la sigla: DV).

2.No extraña por esto que la teología patrística y medieval designase generalmente con el solo término ‘Escritura’ la ‘Escritura leída en la Tradición’.

3.Pontificia Comisión Bíblica, Inst. La interpretación de la Biblia en la Iglesia: EB 1466. Este documento será citado con la sigla IBI.


(Recomendamos la lectura de los libros de Introducción del P.Miguel A Tabet)

domingo, 29 de enero de 2012

PADRE ALFREDO SAENZ: Cristo y el Dragón en el libro del Apocalipsis



En el telón de fondo aparecen los dos grandes protagonistas, por así decirlo. Ante todo Cristo, el Señor de la Historia. Porque no es otro que el Señor, el Kyrios, el Cordero, quien abre el libro sellado, manifestando así su dominio plenario sobre los acontecimientos históricos. Él es el Liturgo  que preside en el cielo el majestuoso culto de los ancianos, los ángeles y los seres vivientes. Es también el Guerrero, montado sobre blanco corcel, con su túnica salpicada en la sangre de su martirio victorioso, que galopa seguido por los ejércitos de los cielos, también en caballos blancos, y en cuyo muslo está grabado su nombre: Rey de Reyes y Señor de Señores.

Frente a Cristo, el Dragón, el demonio, el abanderado de las fuerzas del mal. Aquel que al comienzo no trepidó en gritar Non serviam, encabeza ahora la rebelión decisiva y terminal, escoltado en la demanda por dos auxiliares: la Bestia del Mar, que será el dominador en el plano político (en la Escritura el mar simboliza el orden temporal) y la Bestia de la Tierra, que llevará a cabo la falsificación del cristianismo (la tierra es el símbolo de la religión); ambas Bestias en estrecha conexión y alianza.

viernes, 27 de enero de 2012

JUAN PABLO II COMENTA EL SALMO 32




1 Aclamen, justos, al Señor:
es propio de los buenos alabarlo. 

2 Alaben al Señor con la cítara, 
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas; 
3 entonen para él un canto nuevo, 
toquen con arte, profiriendo aclamaciones. 

La Palabra creadora de Dios

4 Porque la palabra del Señor es recta 
y él obra siempre con lealtad; 
5 él ama la justicia y el derecho, 
y la tierra está llena de su amor.

6 La palabra del Señor hizo el cielo, 
y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales; 
7 él encierra en un cántaro las aguas del mar 
y pone en un depósito las olas del océano. 

8 Que toda la tierra tema al Señor, 
y tiemblen ante él los habitantes del mundo; 
9 porque él lo dijo, y el mundo existió, 
él dio una orden, y todo subsiste. 

Los planes de la Providencia divina

10 El Señor frustra el designio de las naciones 
y deshace los planes de los pueblos, 
11 pero el designio del Señor 
permanece para siempre, 
y sus planes, a lo largo de las generaciones.

12 ¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia! 

13 El Señor observa desde el cielo 
y contempla a todos los hombres; 
14 él mira desde su trono 
a todos los habitantes de la tierra; 
15 modela el corazón de cada uno 
y conoce a fondo todas sus acciones. 

16 El rey no vence por su mucha fuerza 
ni se libra el guerrero por su gran vigor; 
17 de nada sirven los caballos para la victoria:
a pesar de su fuerza no pueden salvar. 
18 Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, 
sobre los que esperan en su misericordia, 
19 para librar sus vidas de la muerte 
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.

Expresión de confianza

20 Nuestra alma espera en el Señor:
él es nuestra ayuda y nuestro escudo. 

21 Nuestro corazón se regocija en él:
nosotros confiamos en su santo Nombre.

22 Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, 
conforme a la esperanza que tenemos en ti. 

1. El salmo 32, dividido en 22 versículos, tantos cuantas son las letras del alfabeto hebraico, es un canto de alabanza al Señor del universo y de la historia. Está impregnado de alegría desde sus primeras palabras: "Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones" (vv. 1-3). Por tanto, esta aclamación (tern'ah) va acompañada de música y es expresión de una voz interior de fe y esperanza, de felicidad y confianza. El cántico es "nuevo", no sólo porque renueva la certeza en la presencia divina dentro de la creación y de las situaciones humanas, sino también porque anticipa la alabanza perfecta que se entonará el día de la salvación definitiva, cuando el reino de Dios llegue a su realización gloriosa.
San Basilio, considerando precisamente el cumplimiento final en Cristo, explica así este pasaje: "Habitualmente se llama "nuevo" a lo insólito o a lo que acaba de nacer. Si piensas en el modo de la encarnación del Señor, admirable y superior a cualquier imaginación, cantas necesariamente un cántico nuevo e insólito. Y si repasas con la mente la regeneración y la renovación de toda la humanidad, envejecida por el pecado, y anuncias los misterios de la resurrección, también entonces cantas un cántico nuevo e insólito" (Homilía sobre el salmo 32, 2: PG 29, 327). En resumidas cuentas, según san Basilio, la invitación del salmista, que dice: "Cantad al Señor un cántico nuevo", para los creyentes en Cristo significa: "Honrad a Dios, no según la costumbre antigua de la "letra", sino según la novedad del "espíritu". En efecto, quien no valora la Ley exteriormente, sino que reconoce su "espíritu", canta un "cántico nuevo"" (ib.).

2. El cuerpo central del himno está articulado en tres partes, que forman una trilogía de alabanza. En la primera (cf. vv. 6-9) se celebra la palabra creadora de Dios. La arquitectura admirable del universo, semejante a un templo cósmico, no surgió y ni se desarrolló a consecuencia de una lucha entre dioses, como sugerían ciertas cosmogonías del antiguo Oriente Próximo, sino sólo gracias a la eficacia de la palabra divina. Precisamente como enseña la primera página del Génesis: "Dijo Dios... Y así fue" (cf. Gn 1). En efecto, el salmista repite: "Porque él lo dijo, y existió; él lo mandó, y surgió" (Sal 32, 9).

El orante atribuye una importancia particular al control de las aguas marinas, porque en la Biblia son el signo del caos y el mal. El mundo, a pesar de sus límites, es conservado en el ser por el Creador, que, como recuerda el libro de Job, ordena al mar detenerse en la playa: "¡Llegarás hasta aquí, no más allá; aquí se romperá el orgullo de tus olas!" (Jb 38, 11).

3. El Señor es también el soberano de la historia humana, como se afirma en la segunda parte del salmo 32, en los versículos 10-15. Con vigorosa antítesis se oponen los proyectos de las potencias terrenas y el designio admirable que Dios está trazando en la historia. Los programas humanos, cuando quieren ser alternativos, introducen injusticia, mal y violencia, en contraposición con el proyecto divino de justicia y salvación. Y, a pesar de sus éxitos transitorios y aparentes, se reducen a simples maquinaciones, condenadas a la disolución y al fracaso.

En el libro bíblico de los Proverbios se afirma sintéticamente: "Muchos proyectos hay en el corazón del hombre, pero sólo el plan de Dios se realiza" (Pr 19, 21). De modo semejante, el salmista nos recuerda que Dios, desde el cielo, su morada trascendente, sigue todos los itinerarios de la humanidad, incluso los insensatos y absurdos, e intuye todos los secretos del corazón humano.

"Dondequiera que vayas, hagas lo que hagas, tanto en las tinieblas como a la luz del día, el ojo de Dios te mira", comenta san Basilio (Homilía sobre el salmo 32, 8: PG 29, 343). Feliz será el pueblo que, acogiendo la revelación divina, siga sus indicaciones de vida, avanzando por sus senderos en el camino de la historia. Al final sólo queda una cosa: "El plan del Señor subsiste por siempre; los proyectos de su corazón, de edad en edad" (Sal 32, 11).

4. La tercera y última parte del Salmo (vv. 16-22) vuelve a tratar, desde dos perspectivas nuevas, el tema del señorío único de Dios sobre la historia humana. Por una parte, invita ante todo a los poderosos a no engañarse confiando en la fuerza militar de los ejércitos y la caballería; por otra, a los fieles, a menudo oprimidos, hambrientos y al borde de la muerte, los exhorta a esperar en el Señor, que no permitirá que caigan en el abismo de la destrucción. Así, se revela la función también "catequística" de este salmo. Se transforma en una llamada a la fe en un Dios que no es indiferente a la arrogancia de los poderosos y se compadece de la debilidad de la humanidad, elevándola y sosteniéndola si tiene confianza, si se fía de él, y si eleva a él su súplica y su alabanza.

"La humildad de los que sirven a Dios -explica también san Basilio- muestra que esperan en su misericordia. En efecto, quien no confía en sus grandes empresas, ni espera ser justificado por sus obras, tiene como única esperanza de salvación la misericordia de Dios" (Homilía sobre el salmo 32, 10: PG 29, 347).

5. El Salmo concluye con una antífona que es también el final del conocido himno Te Deum: "Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti" (v. 22). La gracia divina y la esperanza humana se encuentran y se abrazan. Más aún, la fidelidad amorosa de Dios (según el valor del vocablo hebraico original usado aquí, hésed), como un manto, nos envuelve, calienta y protege, ofreciéndonos serenidad y proporcionando un fundamento seguro a nuestra fe y a nuestra esperanza.

miércoles, 25 de enero de 2012

MEDJUGORJE: MENSAJE 25 DE ENERO

  ¡Queridos hijos! Con alegría también hoy los invito a abrir sus corazones y a escuchar mi llamado. Yo deseo acercarlos de nuevo a mi Corazón Inmaculado, donde encontrarán refugio y paz. Ábranse a la oración, hasta que ésta se convierta en alegría para ustedes. A través de la oración, el Altísimo les dará abundancia de gracia y ustedes llegarán a ser mis manos extendidas en este mundo inquieto que anhela la paz. Hijitos, testimonien la fe con sus vidas y oren para que la fe crezca en sus corazones día tras día. Yo estoy con ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

JULIO ALONSO AMPUERO: SAN PABLO


San Pablo, inicialmente llevaba el nombre hebreo de Saúl y pertenecía a la tribu de Benjamín. El nació en la ciudad Kalikiana de Tarso (Asia Menor), que se destacaba, en aquel tiempo, por su academia griega y la cultura de sus habitantes. Como oriundo de Tarso y originario de los judíos libres de la esclavitud romana, Pablo tenía los derechos del ciudadano romano. En Tarso, recibió su primera educación y allí mismo conoció la cultura pagana, ya que en su prédica y epístolas se encuentra claro el signo de haber conocido a los escritores paganos (Hch 17,28; I Cor. 15,33; Tito 1,12).
Su definitiva instrucción, la recibió en Jerusalén, en la famosa academia rabínica del renombrado maestro Gamaliel (Hch.22,3) que era considerado un gran conocedor de la Ley a pesar de pertenecer a la fracción farisea. Era un libre pensador (Hch. 5,34) y admirador de la sabiduría griega.
Allí mismo, según la costumbre hebrea, el joven Saúl aprendió a construir carpas, lo que le ayudó, a ganarse el sustento con su propio trabajo (Hch. 18,3; II Cor. 11,8; II Tes. 3,8). Aparentemente, el joven Saúl se preparaba para ser rabino, ya que inmediatamente después de terminar su educación, se mostró celoso de las tradiciones fariseas y perseguidor de la fe cristiana. Posiblemente por la designación del Sanedrín él fue testigo de la muerte del primer mártir Esteban (Hch. 7,58; 8,1) y luego recibió el poder oficial de perseguir a los cristianos, hasta fuera de los límites de la Palestina y Damasco (Hch. 5,1-2).
El Señor viendo en el, una vasija elegida para Él, en el camino a Damasco, y de una manera milagrosa, lo llamó al servicio apostólico. Durante ese viaje una luz intensa iluminó a Saúl y él cayó ciego a la tierra.
De la luz se escuchó la voz: "¿Saúl, Saúl, Saúl, porque me persigues? A la pregunta de Saúl: "¿Quién eres?" el Señor respondió: "Yo soy Jesús a quién persigues."
El Señor le mandó ir a Damasco, dónde se le indicaría que hacer. Los acompañantes de Saúl escucharon la voz de Cristo, pero no vieron la luz. Conducido a Damasco, el ciego Saúl fue instruido en la fe y al tercer día bautizado por Ananías. Desde ese tiempo él se hizo un esforzado predicador de la enseñanza, que anteriormente perseguía. Durante un tiempo fue a Arabia y luego volvió a Damasco para la prédica de Cristo.
El furor de judíos por su conversión a Cristo lo obligó a huir a Jerusalén (Hch. 9,23) en el año 38 después de Cristo, donde él se unió a los creyentes y conoció a los Apóstoles. Por el atentado a su vida de los helénicos, Saúl fue a su ciudad natal de Tarso. De allí, cerca del año 43, él fue llamado por Bernabé a Antioquía, para la prédica, y luego viajaron juntos a Jerusalén, trayendo ayuda a los indigentes (Hch. 11,30).
Poco después de su vuelta a Jerusalén, por mandato del Espíritu Santo, Saúl junto con Bernabé, comenzó su primer viaje apostólico, que duró desde año 45 al 49, atravesando toda la Isla de Chipre. Convierte a la fe al procónsul Sergio Pablo y desde ese tiempo comienza a llamarse Pablo.
Durante el viaje misionero de Pablo y Bernabé fueron fundadas las comunidades cristianas en las ciudades de Asia menor: Antioquía persa; Iconia; Listra y Derbia. En el año 49, San Pablo participó del Concilio Apostólico en Jerusalén, donde ardientemente negaba la necesidad de cumplir las ceremonias de la ley de Moisés, para los cristianos, convertidos del paganísmo.
Al volver a Antioquía, San Pablo, junto con Sila, hizo el segundo viaje apostólico. Primero visitó las iglesias de Asia Menor, previamente fundadas por él, luego pasó a Macedonia, donde fundó las comunidades de Filippos, Tesalónica y Veri. En Listra, San Pablo encontró a su discípulo Timoteo y desde Troada, continuó su viaje junto con él,el Apóstol Lucas.
De Macedonia San Pablo pasó a Grecia donde predicó en Atenas y Corinto, permaneciendo un año y medio. Desde allí envió dos epístolas a los Tesalonisenses. El segundo viaje duró del año 51 al 52.
En el año 54 o 55, San Pablo fue a Jerusalén, visitando en el camino a Efeso y Cesaréa, y desde Jerusalén llegó a Antioquía (Hch.17 y 18).
Después de una breve estadía en Antioquía San Pablo comenzó su tercer viaje apostólico (52-55), visitando primero como era su costumbre, a las iglesias fundadas previamente, luego se quedó en Efeso, donde durante dos años predicó cada día en la escuela de Tirán.
De allí escribió su epístola a los Galatas (a causa de la exacerbación de la fracción judaica) y su primera epístola a los Corintios (a causa de los desordenes surgidos allí y en respuesta a la carta de los Corintios a él). Una insurrección popular contra el Apóstol Pablo, dirigida por el orfebre Demetrio, obligó al Apóstol a dejar Efeso e irse a Macedonia (Hch. 1,9). En el camino él recibió la carta de Tito sobre el estado de la iglesia de Corinto y la influencia benéfica de su epístola. Por eso el envió con Tito, desde Macedonia, su segunda epístola a los Corintios. En poco tiempo, él llegó personalmente a Corinto y escribió desde allí su epístola a los Romanos, haciendo planes, de ir a Jerusalén, pasar por Roma, y más al Occidente.
Después de despedirse en Mileto de los presbíteros de Efeso, San Pablo llegó a Jerusalén, donde, a causa de un levantamiento popular contra él, fue arrestado por los romanos y puesto en prisión, primero por el procónsul Felix y luego por su sucesor Festo. Esto aconteció en el año 59 o 60.
En el año 61, San Pablo, como ciudadano romano y por su pedido fue enviado a Roma para que lo juzgue el César. Tuvo un naufragio cerca de la Isla de Malta y llegó a Roma recién en el verano del 62. Los gobernantes romanos le tenían una gran consideración y pudo predicar libremente. Con esto termina el relato de su vida en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Cap. 27 - 28). Desde Roma San Pablo escribió sus epístolas a los Filipenses (con el agradecimiento por la ayuda monetaria enviada a con Epafrodito); a los Colosenses; a los Efesios; al Filemón, habitante de Colosas (a causa de un esclavo Onésimo que huyó). Estas cuatro epístolas fueron escritas en el 63 y enviadas con Tíquico.
Los destinos subsiguientes del Apóstol Pablo no se conocen con exactitud. Algunos consideran que permaneció en Roma, y que por orden de Nerón, fue muerto como mártir en el año 64. Pero hay bases para pensar que luego de los dos años en prisión, le fue otorgada la libertad e hizo su 4º viaje apostólico.
A esto indican las epístolas pastorales a Timoteo y Tito. Después de su defensa ante el Senado y el Emperador, San Pablo fue liberado y viajó al Oriente. Quedando largo tiempo en la isla de Creta, dejó allí a su discípulo Tito, para la consagración de los presbíteros en todas las ciudades (Tito 1,15), lo que testifica asimismo, que el consagró a Tito como obispo de la iglesia de Creta.
Más tarde, en su epístola a Tito, el Apóstol Pablo le instruye como cumplir las obligaciones de obispo. De esta epístola se ve también, que él pensaba pasar el invierno del 64 en Nicopol, cerca de Tarso (Tito 3,12).
Durante la primavera del 65 visitó a las restantes iglesias de Asia Menor y en Mileto dejó a Trofimo enfermo. A causa de éste se produjo el levantamiento de Jerusalén contra el Apóstol, seguido de su primer arresto (II Tim. 4,20). No se sabe si pasó por Efeso, ya que dijo que los presbíteros de Efeso no verán más su cara (Hch. 20,25). Pero aparentemente en este tiempo consagró a Timoteo como obispo para Efeso.
Luego el Apóstol pasó por Troade(a), donde en casa de Carpo, dejó su vestimenta sacerdotal y los libros religiosos (II Tim. 4,13). Seguidamente, fue a Macedonia, escuchando sobre la turbulencia de Efeso, de las falsas enseñanzas y escribiendo su 1ª epístola a Timoteo. Permaneció algún tiempo en Corinto (II Tim. 4,20) e Italia y llegó hasta Roma, donde dejó a Pedro, continuando, ya en el 66 más hacia Occidente y llegando posiblemente a España.
Después de volver a Roma, fue encarcelado por segunda vez y así quedó hasta su muerte. Hay una tradición que dice, que en Roma, él predicó hasta en la corte de Nerón y convirtió a la fe de Cristo, a la concubina preferida del Emperador. Por eso fue juzgado. Por la Gracia de Dios, como dice él mismo, se salvó de las mandíbulas de los leones, o sea de ser devorado por las fieras en el circo, pero fue encarcelado.
En su segundo encarcelamiento él escribió en Efeso la 2ª Epístola a Timoteo, invitándolo a Roma, para despedirse, ya que presentía su muerte cercana. La tradición no dice, si tuvo tiempo Timoteo de ver a su maestro con vida, pero relata que el Apóstol no esperó mucho tiempo, su corona de mártir. Después de nueve meses de encarcelamiento, él fue muerto cerca de Roma por la espada - como ciudadano romano. Esto aconteció aproximadamente en el año 67 d.C. y en el 12 - décimo segundo - año del reinado de Nerón.

domingo, 22 de enero de 2012

Confesiones: Andrés, de la oscuridad a la luz



Andrés es un joven de 28 años, su niñez está marcada por la incomprensión y el rechazo por medio de las burlas de sus compañeros de primaria. La adolescencia se torna ingobernable, cursa solamente un año de secundaria y comienza a trabajar con su padre. La agresión que experimenta en lo afectivo y en el mundo de las relaciones lo sumergen en la cultura de la música pesada, es el inicio de un camino de oscuridad que lo llevará, por el rock satánico, las drogas y todo tipo de relaciones violentas…Andrés como tantos, va cayendo en un pozo cada vez más profundo, para muchos está totalmente perdido..Para Jesús no lo estaba…. No dejes de escuchar este valiosísimo testimonio… http://www.badongo.com/es/file/8767262 (Baja en 8 minutos...)

sábado, 21 de enero de 2012

HANS URS VON BALTHASAR: TERCER DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

Jon 3,1-5.10 ; 1 Co 7,29-31 ; Mc 1,14-20
El tema de los tres textos es la urgencia de la conversión; ya no hay tiempo para nada más.
La predicación de Jonás. La primera lectura ha sido motivo de sorpresa para muchos. Jonás invita a la ciudad de Nínive a la conversión: Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada. La conversión se produce, la destrucción no. Está claro que lo que Dios quería era lograr esa conversión; en realidad la destrucción no le importaba. Y como se produjo la conversión deseada, no había necesidad de ninguna destrucción. Pero con la amenaza de destrucción Dios no pretende dar un simple susto a los habitantes de Nínive, la amenaza se pronuncia totalmente en serio y como tal la toman los ninivitas. Estos comprendieron quizá también su lado positivo: que Dios quiere siempre el bien y nunca la destrucción, y que solamente cuando no se produce la conversión, debe aniquilar el mal por amor al bien. La indignación del profeta a causa de la inconstancia de Yahvé se debe al carácter más bien irónico del libro de Jonás: ¿cómo puede un Dios amenazar con catástrofes y luego no llevarlas a cabo?
En la segunda lectura Pablo saca no pocas consecuencias de la brevedad del tiempo. No se trata de una espera inminente, sino más bien del carácter general del tiempo terrestre. Este tiempo es de por sí tan apremiante que nadie puede instalarse en él cómoda y despreocupadamente. Todos los estados de vida en la Iglesia deben sacar las consecuencias; el apóstol se refiere aquí sólo a los laicos: a todas sus actividades y formas de conducta se añade coeficiente negativo: llorar, como si no se llorase; estar casado, como si no se tuviese mujer; comprar como si no se poseyera nada, etc. Todos los bienes que poseemos y necesitamos en este mundo debemos poseerlos y utilizarlos con una indiferencia tal que en cualquier momento podamos renunciar a ellos, porque el tiempo apremia y la frágil figura de este mundo se termina. Todo nuestro vivir es emprestado y el tiempo nos ha sido dado con la condición de que en cualquier momento se nos puede privar de él.
El evangelio muestra las consecuencias del plazo anunciado también por Jesús como cumplido. Con este cumplimiento el reino de Dios se encuentra en el umbral del tiempo terrestre, y de este modo adquiere pleno sentido consagrarse enteramente, con toda la propia existencia, a esta realidad que comienza infaliblemente. Esto no se hace espontáneamente, se es llamado y equipado por Dios para ello. En este caso son cuatro los discípulos a los que Jesús invita a dejar su actividad mundana – y ellos obedecen a esta llamada sin hablar palabra – para ser equipados con la vocación que les corresponde en el reino de Dios: en lo sucesivo serán pescadores de hombres - pescar pueden ciertamente, ya que son pescadores de profesión-. Son éstas vocaciones ejemplares, pero no se trata propiamente de excepciones. También muchos cristianos que permanecen dentro de sus profesiones seculares, son llamados al servicio del reino que Jesús anuncia; éstos cristianos necesitan, para poder seguir esta llamada, precisamente la indiferencia de la que hablaba Pablo en la segunda lectura. Al igual que los hijos de Zebedeo dejan a su padre y a los jornaleros para seguir a Jesús, así también el cristiano permanece en el mundo debe dejar mucho de lo que le parece irrenunciable, si quiere seguir a Jesús seriamente. El que echa mano del arado y sigue mirando atrás, no vale para el reino de Dios (Lc 9,62).

lunes, 16 de enero de 2012

ANTONIO ROYO MARÍN: LAS VIRTUDES CARDINALES

El nombre de cardinales se deriva del latín cardo, cardinis, el quicio o gozne de la puerta; porque, en efecto, sobre ellas, como sobre quicios, gira y descansa toda la vida moral humana y cristiana.

Las virtudes cardinales son cuatro: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. La prudencia dirige el entendimiento práctico en sus determinaciones; la justicia perfecciona la voluntad para dar a cada uno lo que corresponde; la fortaleza refuerza el apetito irascible  para tolerar lo desagradable y acometer lo que debe hacerse  a pesar de las dificultades, y la templanza pone orden en el recto uso de las cosas placenteras y agradables.

El conjunto total de las virtudes infusas teologales y morales podría representarse gráficamente con una imagen astronómica, que estaría formada del siguiente modo:

      Tres  grandes estrellas o soles con luz propia: fe esperanza y caridad. Cuatro grandes planetas con su luz recibida del sol: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
   Muchas virtudes satélites relacionadas con sus respectivos planetas, como derivadas o anejas.

viernes, 13 de enero de 2012

MONS. DEMETRIO FERNANDEZ/ HUID DE LA FORNICACIÓN



La sexualidad humana vista con ojos limpios es el lenguaje y la expresión del amor verdadero, de un amor que no busca sólo su interés y su satisfacción, sino que es donación, entrega.

Impacta escuchar tan directamente esta palabra en la liturgia de este domingo. Parece dirigida especialmente a nuestro tiempo, donde la incitación a la fornicación es continua en los medios de comunicación, en el cine, en la TV, incluso hasta en algunas escuelas de secundaria, dentro de los programas escolares.
 
San Pablo se dirige a los corintios, una ciudad portuaria donde había de todo, también de lo malo. En el imperio romano, la honestidad y la castidad fue decayendo y las costumbres entre los jóvenes y adolescentes era en ciertos ambientes, sobre todo deportivos, una depravación. San Pablo se dirige directamente a los jóvenes y les exhorta: “Huid de la fornicación”, y les da una razón de peso: “¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo…que habita en vosotros? No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros” (1Co 6,20). Precisamente, una de las ideas que hoy más se gritan con ansia de libertad es la contraía: “Yo soy mía/mío, y con mi cuerpo hago lo que quiero”.
 
El Evangelio de Jesucristo tiene repercusiones en todos los ámbitos de la persona, también en el campo de la sexualidad. La sexualidad humana vista con ojos limpios es el lenguaje y la expresión del amor verdadero, de un amor que no busca sólo su interés y su satisfacción, sino que es donación, entrega. Un amor que busca la felicidad del otro y que está dispuesto al sacrificio y a la renuncia. Un amor que tiene su ámbito y su cauce en el matrimonio estable y bendecido por Dios.
 
La castidad es la virtud que educa la sexualidad, haciéndola humana y sacándola de su más brutal animalidad. Cuando la sexualidad está bien encauzada, la persona vive en armonía consigo misma y en armonía con los demás, evitando toda provocación o violencia. La castidad viene protegida por el pudor. Cuando la sexualidad está desorganizada es como una bomba de mano, que puede explotar en cualquier momento y herir al que la lleva consigo. Y esto sea dicho para todos los estados de vida: para la persona soltera, en la que no hay lugar para el ejercicio de la sexualidad, para la persona casada, que ha de saber administrar sus impulsos en aras del amor auténtico, para la persona consagrada, que vive su sexualidad sublimada en un amor más puro y oblativo.
 
“Huid de la fornicación”, nos dice san Pablo. Me ha llamado la atención un libro publicado estos días, en el que una candidata a miss Venezuela explica su experiencia reciente con un título que lo dice todo: “Virgen a los treinta”. Precisamente no alcanzó el título al que se presentaba por no aceptar la propuesta de la fornicación, que al parecer era una condición (no escrita) del concurso. En ella se ha cumplido esta palabra de san Pablo. Y el libro se ha convertido en bestseller (el más vendido) entre los jóvenes y las jóvenes de su entorno, de nuestro tiempo. Es posible llegar virgen al matrimonio, aunque el ambiente no sea favorable. Es posible vivir una consagración  total, de alma y cuerpo, al Señor como una ofrenda al Señor que beneficia a los demás. Es posible ser fiel al propio marido, a la propia mujer. Más aún, a eso invita la Palabra de Dios en este domingo, huyendo de la fornicación. Y la Palabra de Dios tiene fuerza para que se cumpla en nuestras vidas.
 
“Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo…glorificad a Dios con vuestro cuerpo!” Damos gloria a Dios no sólo con nuestros buenos pensamientos y deseos, con nuestra voluntad que busca someterse a la voluntad divina, purificando continuamente la intención. Damos gloria a Dios también con nuestro cuerpo. Dios nos ha amado también corporalmente, al hacerse carne el Hijo de Dios. El cristianismo es la religión de la redención de nuestra carne. Nuestro amor a Dios, a Jesucristo, pasa por nuestro cuerpo. La gracia de Dios es capaz de organizar nuestra sexualidad humana y hacerla progresivamente capaz de expresar el amor más auténtico, el único que hace feliz a toda persona humana.
 
Recibid mi afecto y mi bendición:
 
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

miércoles, 11 de enero de 2012

HANS URS VON BALTHASAR: SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

I S 3,3b-10.19; 1 Cor 6,13c-15ª.17-20;Jn 1,35-42

Las  primeras  vocaciones. L a escena del Evangelio de hoy se sitúa inmediatamente después de la narración del bautismo de Jesús, que comienza ahora su actividad apostólica. Pero Jesús no comienza enseguida a llamar a sus discípulos; el Bautista –la Antigua Alianza que concluye-, que sabe que es el precursor y el que ha de  preparar el camino, le envía los primeros discípulos. Uno se llama Andrés y el otro, cuyo nombre no se dice, es sin duda Juan, el propio evangelista. Seguir a Jesús significa aquí, en un sentido totalmente originario, “ir detrás de él”, sin que los discípulos sepan de momento que son enviados, que se les encomienda una misión. Pero esta situación no dura mucho, Jesús se vuelve y al ver que lo siguen les pregunta: “Qué buscáis?”. Ellos no pueden expresarlo con palabras y por eso responden: “Maestro, ¿dónde vives?.¿Dónde tienes tu casa para que podamos conocerte mejor? “Venid y lo veréis”. Se trata de una invitación a acompañarle, sin explicación previa; sólo el que le acompaña, verá. Y esto se confirma después: “lo acompañaron, vieron donde vivía y se quedaron aquel día con él”. Quedarse es en Juan sinónimo de la existencia definitiva en compañía de Jesús la expresión  de la fe y del amor. Tampoco el tercer discípulo, Simón, es llamado por Jesús, sino que es traído ante él casi a la fuerza por su hermano. Jesús se le queda mirando y le dice: Yo te conozco, “tú eres Simón, hijo de Juan”. Pero yo te necesito para otra cosa : te llamarás Cefas, Piedra, Pedro. Esto sucede ya, en el primer capítulo del evangelio, absoluta y definitivamente. Jesús no solamente tienen  necesidad del hombre entero, sino que necesita además a Pedro como piedra angular de todo lo que construirá en el futuro. En el último capítulo serás hasta tal punto la piedra angular, que deberá ser el fundamento de todo,  incluso del amor eclesial: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?

 Un relato vocacional. La primera lectura narra la vocación del primer profeta, el joven Samuel. Dios lo llama mientras el muchacho está durmiendo.  Samuel oye la llamada pero no sabe quién lo ha llamado. Aún no conocía Samuel al Señor. Por eso cuando se produce la primera y la segunda llamada va a donde está Elí, hasta que el sacerdote comprende finalmente que es el mismo Dios el que llama a Samuel y dice al muchacho: Si te llama alguien, responde: Habla, Señor, que tu siervo escucha. Esto es, visto desde el Nuevo Testamento, la mediación eclesial, sacerdotal, de la llamada de Dios. Ciertamente los jóvenes oyen una llamada, pero no están seguros, no pueden comprenderla ni interpretarla correctamente. Entonces interviene la Iglesia, el sacerdote, que sabe lo que es una auténtica vocación y una vocación sólo presunta. El Dios que llama confía en esta mediación. El sacerdote –como Elí en la Antigua Alianza- ha de poder discernir si es realmente Dios el que llama y, en caso afirmativo, educar para una perfecta audición de la palabra de Dios y para ponerse enteramente a su servicio.
La segunda lectura aclara que quien verdaderamente ha oído la llamada de Dios, y sacado la consecuencia para su vida,  no posee ya en propiedad. Ha sido comprado, se ha pagado un precio por él y pertenece al Señor como esclavo, en cuerpo y alma. Aquí se pone el acento en el cuerpo, del que el llamado ha sido desposeído, pues se ha convertido –di ce Pablo- en un miembro del cuerpo santo de Cristo; el que pecara en su propio cuerpo, mancillaría el cuerpo de Cristo. La expropiación que se produce en los relatos vocacionales precedentes no es parcial, sino total: el hombre entero, en cuerpo y alma, se pone al servicio de Dios, debe seguirle, ver y quedarse con él.

EL EVANGELIO EN TIEMPOS DE FACEBOOK


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 11 enero 2012 (ZENIT.org).- Facebook, la red social de internet más popular del mundo no tiene manitas con el dedo hacia abajo, sí en cambio las figuras o thumbs con el pulgar hacia arriba. Aquí las relaciones se pueden ‘romper’ sin que la otra persona se entere.
Es una curiosidad del network, indicada ayer en un artículo del diario vaticano L'Osservatore Romano, firmado por Cristian Martini Grimaldi.
Para hacer amistad hay que clicar un botón y quien recibe el pedido si está de acuerdo, hace lo mismo.
Entretanto cuando uno en Facebook borra a un amigo de su lista de amistades, no necesita el consentimiento del otro, pero además este otro ni siquiera se entera.
¿Es posible que nuestras amistades sean reputadas tan frágiles como para sucumbir si uno recibe una cancelación de amistad virtual a través de un feedback negativo?
"Será un caso –indica el articulista- pero corresponde al más antiguo principio de amor hacia el prójimo que la humanidad haya conocido. "Todo lo que quieres que los hombres hagan contigo, también tú házselo a ellos; esta es de hecho la ley de los profetas".
¿Qué sucedería, se pregunta, si todos los inscritos en Facebook comenzaran a recibir notificación de la pérdida de amigos? Se correría el riesgo de desencadenar una serie de venganzas por las cuales muchos borrarían a amigos de amigos, etc.
Menos suscritos se transforman en menos clic y por lo tanto en menos poder para el network. Quien ideó Facebook, indica el artículo del diario vaticano, pensó bien en no darnos los instrumentos que nos podrían poner en dicha tentación.
Facebook, un sistema en internet al que se accede como en cualquier página web y en la que la persona se inscribe, tiene millones de usuarios que primero se aceptan como amigos y entonces se pueden envían mensajes, fotos, cartas, etc.
Quien está inscrito en Facebook, va a una ventanita de la página y pone el nombre de algún amigo que conoce o que considera importante contactar, o del cual perdió contacto y le envía su solicitud de amistad.
El artículo considera que los programadores de Facebook instruidos por los administradores y pensadores que crearon el sistema, han inspirado el corazón de su máquina de hacer o encontrar amigos, en la más antigua receta para una sana economía: difundir el mayor optimismo posible.
Originalmente era un sitio para estudiantes de la Universidad de Harvard, pero actualmente está abierto a cualquier persona que tenga una cuenta de correo electrónico y que navegue en internet.
En julio de 2010, Facebook tenía 500 millones de miembros, y traducciones a 70 idiomas. En noviembre de 2011, alcanzó los 800 millones de usuarios.
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sábado, 7 de enero de 2012

DIÁC. JORGE NOVOA: SE SALVARÁN MIS HIJOS?

Cuántas veces, los padres católicos sufren profundas tribulaciones al constatar el alejamiento de sus hijos de la vida de fe o su total prescindencia. Esta dolorosa experiencia, es muchas veces acompañada por opciones de vida que van minando de preocupación y pesimismo el horizonte. Divorcios, hijos de distintos matrimonios, alcoholismo, drogas, enfermedades, etc… Los padres católicos sufren hondamente este Calvario moderno que viven sus hijos o nietos, por una fe que no se pudo comunicar adecuadamente y que ha sido desterrada de las opciones de vida sin el menor interés.

Recuerdo que una noche me desperté sobresaltado con un pensamiento lacerante: ¿se salvarán mis hijos? Y si se condenan? Que tremendo!!! ¿Es posible que alguien decida cambiar el banquete de la eternidad con Dios por las migajas de una vida tan breve?

Dios nos ha confiado a nuestros hijos que están llamados a ser sus hijos, no somos dueños de sus vidas sino colaboradores de la obra de Dios. Ciertamente que son nuestros, pero lo son más de Dios. Él, está más “interesado” que nosotros de su salvación y los está perfectamente, en cuanto sus intenciones no están minadas por sombras como las nuestras. ¡Qué maravilla es poder descubrir y vivir, el desafío de acompañar a nuestros hijos en este camino que tiene por meta la eternidad! ¡Qué gozo embarga nuestra alma, al saber que están llamados a ser ciudadanos del cielo!

Este pensamiento para nada nos invita a desentendernos de su suerte, por el contrario nos compromete en las opciones que les comunicamos en la niñez y adolescencia. Los padres saben, como buenos artesanos, que el momento de modelar es muy importante, la obra debe realizarse cuando todavía la arcilla se encuentra fresca . Pero el modelo, es único e irrepetible, como una pieza de valor incalculable, deben buscar y permitir, que vaya lentamente emergiendo la verdadera imagen que está esculpiendo el artesano Divino ¡Qué tremenda responsabilidad y al mismo tiempo que maravillosa tarea!¿Acaso pueden los padres encontrar una misión superior? ¡Con cuánto amor y respeto deben acercarse al misterio que oculta y manifiesta esta valiosa joya! ¡Qué sublime dignidad se cierne sobre su cabeza!

Dios no se desentiende del camino que te propone. Él necesita de tu compromiso. No estás solo en el Mundo, ni abandonado. El Padre vela por sus hijos y te sostiene a ti en tu fragilidad. No dejes que te destruyan los pensamientos que vienen del mal espíritu. Dios está haciendo todo lo posible para que tus hijos se salven. No bajes los brazos. Él no dejará que se pierdan los dolores de tu corazón. Renueva tu compromiso de servir a la obra que Dios está realizando.

¿Puede un corazón atribulado no recurrir a María Santísima? ¿No conoce ella tus preocupaciones? No tuvo ella que caminar en la oscuridad de la fe, en medio de los gritos que clamaban por la muerte de su Hijo ¿No tomará ella tus clamores como suyos y los presentará delante de Dios?

martes, 3 de enero de 2012

MEDJUGORJE MENSAJE 2 DE ENERO DE 2012



“Queridos hijos, mientras con preocupación maternal miro sus corazones, veo en ellos dolor y sufrimiento. Veo un pasado herido y una búsqueda continua. Veo a mis hijos que desean ser felices, pero no saben cómo. ¡Ábranse al Padre! Ese es el camino a la felicidad, el camino por el que deseo guiarlos. Dios Padre jamás deja solos a sus hijos, menos aún en el dolor y en la desesperación. Cuando lo comprendan y lo acepten serán felices. Su búsqueda terminará. Amarán y no tendrán temor. Su vida será esperanza y verdad, que es mi Hijo. ¡Les agradezco! Les pido: oren por quienes mi Hijo ha elegido. No deben juzgarlos, porque todos serán juzgados”
Message January 2, 2012

MIGUEL A. FUENTES. ¿Qué es la bilocación?



La bilocación es la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares diferentes. Se han dado numerosos casos en la vida de los santos. Los más notables son: el Papa San Clemente, San Francisco de Asís, San Antonio de Padua, Santa Ludwina, San Francisco Javier, San Martín de Porres, San José de Cupertino, San Alfonso de Ligorio, San Juan Bosco y, recientemente, el Beato Padre Pío de Pietrelcina.

No hay ningún otro fenómeno de la mística que cause tantas dificultades como éste para poder explicarlo satisfactoriamente. Se han formulado muchas teorías al respecto pero todavía, ninguna de ellas ha logrado producir una luz definitiva en torno a éste fenómeno.

Santo Tomás de Aquino enseña que la presencia de un mismo cuerpo en dos lugares diferentes al mismo tiempo es contradictoria porque la materia ocupa unas dimensiones específicas y no las puede ocupar en diferentes lugares simultáneamente.

Pero si puede ocurrir que mientras un cuerpo está en un lugar en otro lugar esté una representación o figura aparente del mismo. Esta representación puede darse 'sobrenaturalmente' (por intervención divina) o 'preternaturalmente' (por intervención diabólica). Esta explicación no ofrece ninguna dificultad y es una de las formas más aceptadas para explicar este fenómeno.


Bilocaciones Sobrenaturales: Los fenómenos de bilocación sobrenatural se dan por una representación sensible, hecha milagrosamente por Dios, en uno de los lugares de la bilocación. La bilocación puede ser de dos maneras: o puramente en espíritu o bien en cuerpo y alma, es decir la persona completa.

Cuando se realiza únicamente en espíritu y va acompañada de aparición, la presencia de la persona es física en el punto de partida, y es puramente representativa en donde tiene lugar la aparición, o sea, donde el espíritu se representa visiblemente revestido de un cuerpo.

Cuando la bilocación se hace en cuerpo y alma, la presencia de la persona es física allí donde el cuerpo y el alma se presentan y aparecen de una manera visible, y es representativa en el sitio que la persona abandona.

En el primer caso, el cuerpo que el espíritu toma para hacerse visible a lo lejos representa a la persona que físicamente está en otra parte. En el segundo caso, el cuerpo que parece permanecer en el lugar de origen, y que las personas creen que no se ha movido para nada, no es más que una representación de la persona hecha por el ministerio de un ángel (o de otro modo desconocido por nosotros), mientras que la verdadera persona se ha trasladado en cuerpo y alma a la otra parte.

Esta doble presencia, representativa en un lado, y física, del otro, es esencial a la bilocación de cualquier manera que se verifique, ya sea en cuerpo y alma, o sea puramente en espíritu, pero de manera visible. También se debe insistir en que esta doble presencia de la que hablamos, la una física, la otra representativa, supone necesariamente, para constituir verdadera bilocación, la traslación, es decir, el paso de la persona de un lugar a otro, ya sea en cuerpo y alma, ya al menos en espíritu.


Bilocaciones Preternaturales: El fenómeno bilocativo puede tener a veces, sin duda ninguna, un origen preternatural o diabólico. El demonio puede perfectamente -permitiéndolo Dios- encargarse de realizar la representación de la persona 'bilocada' en uno de los lugares de la bilocación. 'El contexto y las circunstancias que acompañan a esas bilocaciones será el criterio diferencial para distinguirlas de las sobrenaturales, de acuerdo con las normas y reglas del discernimiento de los espíritus.'(Cf. P. Serafín en su libro Principios de la Teología Mística p. 430.)


Un ejemplo de la bilocación sobrenatural fue lo sucedido a San José de Cupertino: San José de Cupertino asistió a la muerte de su madre en su pueblo natal sin abandonar el convento de Asís donde residía. Estando ella a punto de expirar gritó con gran acento de dolor: '¡Oh Fray José, hijo mío, ya no te veré más!' Al instante apareció una gran luz que iluminó la habitación, y la moribunda, viendo a su hijo, gritó de nuevo llena de júbilo: '¡Oh Fray José, hijo mío!'. Al mismo tiempo el bienaventurado se encontraba en Asís; salía llorando de su celda, encaminándose a la Iglesia a orar. El padre guardián le encontró y le preguntó la causa de su llanto. Su respuesta fue: 'Mi pobre madre acaba de morir'. La carta que llegó muy pronto confirmó la noticia; pero también se supo que el Santo había asistido personalmente a su madre moribunda. Todos estos hechos constan en el proceso de beatificación.

Este don, como muchos otros dones extraordinarios, es un regalo de Dios que la Iglesia trata de entender y explicar pero que, ante el misterio de la acción de Dios, las palabras se hacen cortas e insuficientes. Nos basta el asentimiento de la fe, y el saber que para Dios no hay nada imposible.

Como todos los dones, la bilocación no es para beneficio del que lo experimenta sino más bien para el beneficio de las almas de los demás, ya que siempre cuando se manifiesta este don es para auxiliar a alguien que está en necesidad.





Bibliografía:
1. 'Teología de la Perfección Cristiana'. Antonio Royo Marín O.P. Biblioteca de autores Cristianos (BAC).
2. 'Mysteries, Marvels, Miracles in the Lives of the Saints'. By Joan Carroll Cruz. Tan Books and Publishers.

lunes, 2 de enero de 2012

BENEDICTO XVI . LA PAZ ES LA SUMA Y SÍNTESIS DE TODAS LAS BENDICIONES


Queridos hermanos y hermanas

En el primer día del año, la liturgia hace resonar en toda la Iglesia extendida por el mundo la antigua bendición sacerdotal que hemos escuchado en la primera lectura: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz» (Nm 6,24-26). Esta bendición fue confiada por Dios, a través de Moisés, a Aarón y a sus hijos, es decir, a los sacerdotes del pueblo de Israel. Es un triple deseo lleno de luz, que brota de la repetición del nombre de Dios, el Señor, y de la imagen de su rostro. En efecto, para ser bendecidos hay que estar en la presencia de Dios, recibir sobre sí su Nombre y permanecer bajo el cono de luz que parte de su rostro, en el espacio iluminado por su mirada, que difunde gracia y paz.

Esta es también la experiencia que han tenido los pastores de Belén, que aparecen de nuevo en el Evangelio de hoy. Han tenido la experiencia de encontrarse en la presencia de Dios, de su bendición, no en la sala de un palacio majestuoso, delante de un gran soberano, sino en un establo, delante de un «niño acostado en el pesebre» (Lc 2,16). Ese niño, precisamente, irradia una luz nueva, que resplandece en la oscuridad de la noche, como podemos ver en tantas pinturas que representan el Nacimiento de Cristo. 

La bendición, en efecto, viene de él: de su nombre, Jesús, que significa «Dios salva», y de su rostro humano, en el que Dios, el Omnipotente Señor del cielo y de la tierra, ha querido encarnarse, esconder su gloria bajo el velo de nuestra carne, para revelarnos plenamente su bondad (cf. Tt 3,4).

María, la virgen, esposa de José, que Dios ha elegido desde el primer instante de su existencia para ser la madre de su Hijo hecho hombre, ha sido la primera en ser colmada de esta bendición. Ella es, como la saluda santa Isabel, «bendita entre las mujeres» (Lc 1,42). Toda su vida está bajo la luz del Señor, en radio de acción del nombre y el rostro de Dios encarnado en Jesús, el «fruto bendito de su vientre». Así nos la presenta el Evangelio de Lucas: completamente dedicada a conservar y meditar en su corazón todo lo que se refiere a su hijo Jesús (cf. Lc 2,19.51). El misterio de su maternidad divina, que celebramos hoy, contiene de manera sobreabundante aquel don de gracia que toda maternidad humana lleva consigo, de modo que la fecundidad del vientre se ha asociado siempre a la bendición de Dios. La Madre de Dios es la primera bendecida y es ella quien lleva la bendición; es la mujer que ha acogido en ella a Jesús y lo ha dado a luz para toda la familia humana. Como reza la Liturgia: «Y, sin perder la gloria de su virginidad, derramó sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo, Señor nuestro» (Prefacio I de Santa María Virgen).

María es madre y modelo de la Iglesia, que acoge en la fe la Palabra divina y se ofrece a Dios como «tierra fecunda» en la que él puede seguir cumpliendo su misterio de salvación. También la Iglesia participa en el misterio de la maternidad divina mediante la predicación, que esparce por el mundo la semilla del Evangelio, y mediante los sacramentos, que comunican a los hombres la gracia y la vida divina. La Iglesia vive de modo particular esta maternidad en el sacramento del Bautismo, cuando engendra los hijos de Dios por el agua y el Espíritu Santo, el cual exclama en cada uno de ellos: «Abbà, Padre» (Ga 4,6). La Iglesia, al igual que María, es mediadora de la bendición de Dios para el mundo: la recibe acogiendo a Jesús y la transmite llevando a Jesús. Él es la misericordia y la paz que el mundo no se puede dar por sí mismo y que es tan necesaria siempre, o más que el pan.

Queridos amigos, la paz, en su sentido más pleno y alto, es la suma y la síntesis de todas las bendiciones. Por eso, cuando dos personas amigas se encuentran se saludan deseándose mutuamente la paz. También la Iglesia, en el primer día del año, invoca de modo especial este bien supremo, y, como la Virgen María, lo hace mostrando a todos a Jesús, ya que, como afirma el apóstol Pablo, «él es nuestra paz» (Ef 2,14), y al mismo tiempo es el «camino» por el que los hombres y los pueblos pueden alcanzar esta meta, a la que todos aspiramos. Así pues, llevando en el corazón este deseo profundo, me alegra acogeros y saludaros a todos los que habéis venido a esta Basílica de San Pedro en esta XLV Jornada Mundial de la Paz: Señores Cardenales; Embajadores de tantos países amigos que, como nunca en esta ocasión comparten conmigo y con la Santa Sede la voluntad de renovar el compromiso por la promoción de la paz en el mundo; el Presidente del Consejo Pontificio «Justicia y Paz», que junto al Secretario y los colaboradores trabajan de modo especial para esta finalidad; los demás Obispos y 

Autoridades presentes; los representantes de Asociaciones y Movimientos eclesiales y todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, de modo particular los que trabajáis en el campo de la educación de los jóvenes. En efecto, como ya sabéis, en mi Mensaje de este año he seguido la perspectiva educativa.

«Educar a los jóvenes en la justicia y la paz» es la tarea que atañe a cada generación y, gracias a Dios, la familia humana, después de las tragedias de las dos grandes guerras mundiales, ha mostrado tener cada vez más consciente de ello, como lo demuestra, por una parte declaraciones e iniciativas internaciones y, por otra, la consolidación en los últimos decenios entre los mismos jóvenes de muchas y diferentes formas de compromiso social en este campo. Para la Comunidad eclesial, educar para la paz forma parte de la misión que ha recibido de Cristo, forma parte integrante de la evangelización, porque el Evangelio de Cristo es también el Evangelio de la justicia y la paz. Pero la Iglesia en los últimos tiempos se ha hecho portavoz de una exigencia que implica a las conciencias más sensibles y responsables por la suerte de la humanidad: la exigencia de responder a un desafío tan decisivo como es el de la educación. 

¿Por qué «desafío»? Al menos por dos motivos: en primer lugar, porque en la era actual, caracterizada fuertemente por la mentalidad tecnológica, querer no solo instruir sino educar no se puede presuponer, sino que es una opción; en segundo lugar, porque la cultura relativista plantea una cuestión radical: ¿Tiene sentido todavía educar? Y, después, ¿educar para qué?

Lógicamente no podemos abordar ahora estas preguntas de fondo, a las que ya he tratado de responder en otras ocasiones. En cambio, quisiera subrayar que, frente a las sombras que hoy oscurecen el horizonte del mundo, asumir la responsabilidad de educar a los jóvenes en el conocimiento de la verdad y en los valores fundamentales, significa mirar al futuro con esperanza. En este compromiso por una educación integral, entra también la formación para la justicia y la paz. Los muchachos y las muchachas actuales crecen en un mundo que se ha hecho, por decirlo así, más pequeño, en donde los contactos entre las diferentes culturas y tradiciones son constantes, aunque no siempre dirigidos. Para ellos es hoy más que nunca indispensable aprender el valor y el método de la convivencia pacífica, del respeto recíproco, del diálogo y la comprensión. Por naturaleza, los jóvenes están abiertos a estas actitudes, pero precisamente la realidad social en la que crecen los puede llevar a pensar y actuar de manera contraria, incluso intolerante y violenta. Solo una sólida educación de sus conciencias los puede proteger de estos riesgos y hacerlos capaces de luchar siempre y solo contando con la fuerza de la verdad y el bien. Esta educación parte de la familia y se desarrolla en la escuela y en las demás experiencias formativas. Se trata esencialmente de ayudar a los niños, los muchachos, los adolescentes, a desarrollar una personalidad que combine un profundo sentido de justicia con el respeto del otro, con la capacidad de afrontar los conflictos sin prepotencia, con la fuerza interior de dar testimonio del bien también cuando supone sacrificio, con el perdón y la reconciliación. Así podrán llegar a ser hombres y mujeres verdaderamente pacíficos y constructores de paz.

En esta labor educativa de las nuevas generaciones, una responsabilidad particular corresponde también a las comunidades religiosas. Todo itinerario de formación religiosa auténtica acompaña a la persona, desde su más tierna edad, a conocer a Dios, a amarlo y hacer su voluntad. Dios es amor, es justo y pacífico, y quien quiere honrarlo debe sobre todo comportarse como un hijo que sigue el ejemplo del padre. Un salmo afirma: «El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos … El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia» (Sal103,6.8). Como Jesús nos ha demostrado con el testimonio de su vida, justicia y misericordia conviven en Dios perfectamente. En Jesús «misericordia y fidelidad» se encuentran, «la justicia y la paz» se besan (cf. Sal 85,11). En estos días la Iglesia celebra el gran misterio de la encarnación: la verdad de Dios ha brotado de la tierra y la justicia mira desde el cielo, la tierra ha dado su fruto (cf. Sal 85,12.13). Dios nos ha hablado en su Hijo Jesús. Escuchemos lo que nos dice Dios: Él «anuncia la paz» (Sal 85,9). La Virgen María hoy nos lo indica, nos muestra el camino: ¡Sigámosla! Y tú, Madre Santa de Dios, acompáñanos con tu protección. Amén.

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