sábado, 7 de febrero de 2015

HANS URS VON BALTHASAR: QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

Para eso he venido. Este evangelio nos muestra que el trabajo que Jesús  hizo sobre la tierra era tarea que, dada la situación espiritual y religiosa  del país, era imposible de llevar a cabo y la que no obstante él se entrega con todas sus fuerzas. Cuando cura a la suegra de Pedro, la población entera se agolpa a la puerta de la casa; entonces cura a muchos enfermos y expulsa a muchos demonios. Jesús  se levanta de madrugada para poder por fin orar a solas. Pero sus discípulos le siguen y cuando le encuentran le  dicen  : Todo el mundo te busca. Le buscaban los mismos  de la noche  anterior . Jesús no se excusa diciendo que ahora quiere rezar, sino que evita encontrarse de nuevo con la multitud alegando otro trabajo: en las aldeas cercanas, para predicar también allí, que para eso he venido. Y las aldeas son sólo el comienzo: así recorrió toda Galilea. El auténtico apóstol cristiano puede tomar ejemplo del celo incansable de Jesús: aunque la tarea que tenga ante sí le parezca irrealizable desde el punto de vista humano, trabajará tanto como le permitan sus fuerzas; el resto será completado por su sufrimiento o al menos por su obediencia interior. Pero esta interioridad nunca puede ser una excusa para no hacer todo lo que pueda.

Esclavo de todos. Pablo, en la segunda lectura, sigue el ejemplo del Señor en la medida de lo posible. Ha recibido de Dios la tarea de anunciar el evangelio, y eso es para él un deber, no lo hace por su propio gusto. Pablo  puede, para mostrar a Dios su libre obediencia, renunciar a su paga, pero nada le exime del deber estricto de comprometerse en la tarea que le ha sido confiada. No se presenta como el gran señor que está en posesión de la verdad, sino como el esclavo que está al servicio de todos. El apóstol dice que se hace esclavo de los judíos ( se introduce en la mentalidad judía para hablar a los judíos del Mesías), esclavo de los paganos (para anunciarles al redentor del mundo) y finalmente  esclavo de los débiles 8aunque él se considera fuerte) para ganar también para Cristo, en la medida de lo posible, a los poco inteligentes, a los inseguros, indecisos y versátiles. No se olvida a nadie: me he hecho todo a todos, y esto no con la seguridad del que es ya partícipe de la promesa del evangelio, sino con la esperanza del que participa también él en lo que anuncia a los demás.

Como un servicio (militar): así define el pobre Job, en la primera lectura, la vida del hombre sobre la tierra. El hombre no es un señor, sino un esclavo que “suspira por la sombra”; no es un amo (el amo es Dios), sino un “jornalero”. Se trata de una característica general de la efímera vida del hombre. Cristo y su apóstol no contradicen esta descripción de la vida humana. Sólo que la inquietud, la desazón de que habla Job, se ha convertido en la Nueva Alianza en el celo indomeñable de trabajar por Dios y su reino, ya se realice esto mediante una actividad exter ior  o mediante la oración. Porque también la oración es un compromiso del cristiano por el  mundo, y  ciertamente tan fecundo o incluso más fecundo que la actividad externa.

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