jueves, 1 de junio de 2017

DIACONO JORGE NOVOA: CORAZÓN DE CRISTO :" HOGAR" QUE AVIVA LA FE

Junio, para nosotros que vivimos en el sur de Latinoamérica, anuncia la llegada del frío. El invierno siempre presenta un sesgo de nostalgia. Nuestro cuerpo vive bajo el peso de los abrigos que se multiplican para mitigar las bajas temperaturas. Vulgarmente expresaría cualquier hijo de este bendito sur  latinoamericano, que junio es un mes frío.

Cualquier estufa se torna un lugar de encuentro, a su alrededor se suceden las manos frotándose aceleradamente. Los rostros pálidos recobran su sonrisa, ella nos ofrece la calidez que el inhóspito ambiente se resiste a entregar. A las estufas a leña, 
también se las conoce  con el nombre de "hogar", en virtud de su forma, representan en miniatura  la forma de una casa, pero, también intentan emular el calor amable que nutre las relaciones de los miembros de la familia. Hay un dicho popular, cuesta un poco expresarlo en estas condiciones climáticas, pero, podemos intentarlo: "al mal tiempo buena cara".

El Invierno Espiritual

La vida espiritual sufre con el frío del invierno un cierto aletargamiento, somnolencia perezosa que prefiere el calor de la estufa, a la caminata inhóspita en dirección de la casa del Señor. Junio es un mes caluroso para los creyentes, habitualmente se celebran: "Pentecostés", "la Santísima Trinidad", "el Corpus" y el "Sagrado Corazón", hemos sido bendecidos por Dios, en medio del frío inhóspito, hay un fuego interior que renueva nuestras vidas. Entre los árboles que se visten de esterilidad surgen los cánticos en los Templos que glorifican la abundante cosecha de Dios.



El corazón de Cristo, "hogar" que aviva la fe

Los fieles se congregan en junio ante el Corazón de Cristo, que es el "hogar" de la fe, bajo su calidez se avivan las intenciones débiles, se fortalecen los corazones cansados, se mitigan los dolores profundos. Cuantas manos se unen en actitud de oración, que suplicantes claman a Jesús que bondadosamente les muestra su Corazón.

Contemplemos su imagen;
Jesús está de pie, no descansa, siempre camina con nosotros, está dispuesto según su promesa a ir dos leguas, a perdonar setenta veces siete, a dejarlo todo para ir a nuestro encuentro, a cargarnos sobre sus hombros, para permitirnos descansar sobre su Corazón.

Está deseoso de nuestra llegada a la Iglesia, quiere que lo visitemos; sabe de frío y hambre, no tenía un lugar donde reclinar su cabeza, conoce los insultos infames y los castigos injustos, recibió la traición de los sus amigos. Nada de lo que nos ocurre le es extraño.

Dios se ha hecho hombre. No superhéroe. Verdadero Dios y verdadero hombre, colaborando con José en la carpintería, obedeciendo a María su Madre. Ha caminado tiritando bajo el frío y se ha sentado a descansar del calor sofocante. En todo igual a nosotros, menos en el pecado. No pecó jamás, no tuvo necesidad para ser un verdadero hombre de vivir enemistado con su Padre, justamente, porque el pecado desfigura en el hombre lo que es ser verdadero hombre. El pecado destruye el cordón umbilical, impidiendo la comunicación vital con el origen mismo del Ser.

Está allí
de pie, dispuesto a partir conmigo o contigo para enfrentar todo lo que sea necesario. Desde nuestra oración, caminará con nosotros el camino de nuestros arrepentimientos. Visitará con nosotros al que hemos ofendido, silenciosamente preparará su corazón para que nos acoja, y fortalecerá el nuestro para que le pidamos perdón. Camina en medio de las reconciliaciones cotidianas tendiendo puentes solamente perceptibles por la fe.

Hemos aprendido en esas caminatas, en las que Él marcha delante nuestro, como un escudo protector, marcando las huellas, quitando las ramas que estorban nuestro caminar y permitiéndonos como a Moisés, ver su "espalda". Ver su paso en nuestra vida, siempre amenazada por la desesperación y reconocer su presencia consoladora en las distintas situaciones que vivimos, es una fuente de gozo permanente que brota del "hogar" que es su Corazón.

No tiene zapatos,
está descalzo, nada cubre su piel, no se ha guardado nada, todo nos lo ha entregado, todo lo que su Padre le confió nos lo comunicó. Sus pies son de hombre y sus huellas tienen destino de eternidad. Hoy está Resucitado, sus pies descalzos nos recuerdan esta situación actual, su cuerpo ha sido glorificado, su humanidad está glorificada.


Sus pies descalzos también evocan el punto de partida, desde el pesebre en Belén, un lugar pobre y austero, ha bajado para vivir entre los hombres y toda su vida ha sido un camino de retorno a la casa del Padre. En su peregrinar, soportó el cansancio de las jornadas agotadoras de Nazaret a Jerusalén. Sus pies supieron de caminos en mal estado, de dolores "eternos". Su llanto sobre Jerusalén se prolonga en la historia del mundo, cuando un creyente, deseando con un amor que viene de Dios, bendecir, es expulsado. "Cuantas veces quiso y no pudo", por el rechazo del hombre soberbio.

Cuántos dicen hoy; no te necesito, no necesito el llanto de los creyentes. Jesús, también camina hoy descalzo en una ciudad que lo rechaza, ante tantas higueras estériles, siente el dolor del amor que no es correspondido. En medio de una sed insaciable de amor, el hombre le da a beber el vinagre de la ingratitud.


Sus vestimentas son de color blanco y rojo, ambas expresan con claridad su existencia. Una pureza de vida en lo cotidiano, consagrada por entero a cumplir la voluntad de su Padre. Con una entrega oculta y generosa todos los días en Nazaret, delante de María y José, con sus parientes y amigos, una pureza de intención, dirigida por su Corazón misericordioso. El rojo manifiesta el amor más fuerte que la muerte, nada lo detuvo en su entrega. Su sangre derramada en el madero de la cruz manifiesta su “amor hasta el extremo”

El blanco expresa la limpieza de su Corazón, "bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios", un Corazón sin doblez no debe dejar lugar para el rencor. El rencor es el óxido del corazón, que lo destruye lenta e inexorablemente desde dentro. Jesús nos advierte contra todas las formas de corrosión del amor, el color blanco de las vestiduras de Jesús nos recuerda el Bautismo. La vida nueva, llena de amistad con Dios y los hermanos, en comunión íntima, como miembro activo de su Pueblo, la Iglesia.

Su mano derecha bendice, se dispone bondadosamente en nuestra dirección, "no quiere apagar la mecha humeante ni quebrara la caña cascada", quiere rescatar cualquier signo de vida. Él quiere bendecir tu vida y la mía, nuestras casas, emprendimientos y sueños. Quiere en nuestras manos bendecir a otros, dar alimento al hambriento y consolar al que sufre. Su mano es amiga, acogedora y solidaria. Siempre abierta en señal de solicitud. Tiene las marcas de su entrega, hecha hasta el extremo, en ellas aparecen los signos visibles de su Amor. Hoy son signos de su victoria.

La mano izquierda indica su Corazón como si fuera una gran señal de tránsito, nos invita a tomar esta dirección. La meta de nuestra existencia es su Amor. Un amor compasivo, que se inclina ante la miseria humana. Un amor fiel hasta la muerte y muerte de cruz. Es un Corazón humilde y manso, que quiere invitarte a descansar apoyando tu cabeza sobre el. Él te interpela al mostrártelo, acaso no percibes cuanto te ama? Quiere que busques consuelo y descanso en su presencia. Pídele a Jesús que cambie tu corazón por el suyo. Implórale la gracia, en este mes de junio, de peregrinar desde tu corazón, tan lleno de piedras que lo hacen pesado, hacia el suyo, lugar de tu paz

El Señor Jesús vaya delante de ustedes
para guiarlos
y detrás de ustedes
para protegerlos.

En los momentos en que se sientan cansados o abatidos
Él los  haga descansar sobre su Corazón.

Que les muestre su rostro y el de su Madre 

y les  conceda ir en Paz.
Amén

No hay comentarios: