lunes, 30 de junio de 2014

SAN JUAN MARÍA VIANNEY: CELO POR LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS

Durante dos años y medio, el nuevo sacerdote sirvió como asistente de su protector, el padre Balley, en Ecully, pero cuando éste falleció en 1818 y designaron a un nuevo párroco, a Juan María lo destinaron como párroco al pequeño pueblo de Ars, distante unas 18 millas. “No hay mucho amor a Dios en aquella parro­quia —le dijo el vicario general— tú llevarás algo.”

La aldea, de 200 habitantes, tenía cuatro tabernas y era conocida por las alocadas fiestas y bailes que allí se hacían. Pero el sacerdote, ya de 31 años, se puso a trabajar. Muy tem­prano cada mañana se iba a la ruinosa iglesita y pasaba horas ante el altar derramando lágrimas y rogándole a Dios que convirtiera a la gente de su parroquia. Durante toda su vida, nunca dejó de elevar esta oración por las conversiones. La pasión por las almas lo definía y estaba dispuesto a sufrir lo que fuera si eso servía para que más personas se volvieran a Cristo. A su constante intercesión añadía una extrema penitencia: ayu­naba varios días seguidos y dormía en el suelo duro, sin calefacción alguna.Durante años vivió comiendo una sola vez al día: un plato de papas hervidas.

Al principio los feligreses eran indiferentes a lo que el padre Vianney predicaba. Sin embargo, era difícil hacer caso omiso de lo que decía por el buen ejemplo que daba: su oración era constante, su vida enteramente dedicada a Dios, y su dedicación al pueblo era genuina. Además, la repulsa que sentía por el pecado le impedía ceder. Cuando exhortaba a sus feligreses a que salieran de las tabernas y vinieran a la iglesia, no trabajaran los domingos y pusieran fin a los excesos de los bailes, enton­ces empezaron a escucharle, tocados por sus palabras. Las peregrinaciones que dirigía hacia santuarios locales y una magnífica procesión que organi­zaba cada año en honor de la fiesta de Corpus Christi eran para los luga­reños recordatorios concretos de que Dios se encontraba entre ellos. 

El sacerdote estaba convencido de que todos, incluso los campesinos que trabajaban la tierra, podían acer­carse a Dios. Promovía la devoción al Santísimo Sacramento y enseñaba a los aldeanos a examinarse la con­ciencia y rezar, diciéndoles: “Nuestro buen Dios no busca oraciones ni lar­gas ni hermosas, sino las que salen del fondo del corazón.” Por las noches, empezaban a doblar las campanas y la gente se congregaba para las oraciones vespertinas. El rezo colectivo de los pobladores comenzó a cambiar com­pletamente la atmósfera de la aldea de Ars, y empezaron a verse numerosas conversiones. “La gracia de Dios es tan poderosa —dijo uno de los aldea­nos— que pocos pueden resistirse.”

jueves, 26 de junio de 2014

SAGRADO CORAZÓN DE JÉSUS


166. El viernes siguiente al segundo domingo después de Pentecostés, la Iglesia celebra la solemnidad del sagrado Corazón de Jesús. Además de la celebración litúrgica, otras muchas expresiones de piedad tienen por objeto el Corazón de Cristo. No hay duda de que la devoción al Corazón del Salvador ha sido, y sigue siendo, una de las expresiones más difundidas y amadas de la piedad eclesial.
Entendida a la luz de la sagrada Escritura, la expresión "Corazón de Cristo" designa el misterio mismo de Cristo, la totalidad de su ser, su persona considerada en el núcleo más íntimo y esencial: Hijo de Dios, sabiduría increada, caridad infinita, principio de salvación y de santificación para toda la humanidad. El "Corazón de Cristo" es Cristo, Verbo encarnado y salvador, intrínsecamente ofrecido, en el Espíritu, con amor infinito divino-humano hacia el Padre y hacia los hombres sus hermanos.

167. Como han recordado frecuentemente los Romanos Pontífices, la devoción al Corazón de Cristo tiene un sólido fundamento en la Escritura.

Jesús, que es uno con el Padre (cfr. Jn 10,30), invita a sus discípulos a vivir en íntima comunión con Él, a asumir su persona y su palabra como norma de conducta, y se presenta a sí mismo como maestro "manso y humilde de corazón" (Mt 11,29). Se puede decir, en un cierto sentido, que la devoción al Corazón de Cristo es la traducción en términos cultuales de la mirada que, según las palabras proféticas y evangélicas, todas las generaciones cristianas dirigirán al que ha sido atravesado (cfr. Jn 19,37; Zc 12,10), esto es, al costado de Cristo atravesado por la lanza, del cual brotó sangre y agua (cfr. Jn 19,34), símbolo del "sacramento admirable de toda la Iglesia".


El texto de san Juan que narra la ostensión de las manos y del costado de Cristo a los discípulos (cfr. Jn 20,20) y la invitación dirigida por Cristo a Tomás, para que extendiera su mano y la metiera en su costado (cfr. Jn 20,27), han tenido también un influjo notable en el origen y en el desarrollo de la piedad eclesial al sagrado Corazón.


168. Estos textos, y otros que presentan a Cristo como Cordero pascual, victorioso, aunque también inmolado (cfr. Ap 5,6), fueron objeto de asidua meditación por parte de los Santos Padres, que desvelaron las riquezas doctrinales y con frecuencia invitaron a los fieles a penetrar en el misterio de Cristo por la puerta abierta de su costado. Así san Agustín: "La entrada es accesible: Cristo es la puerta. También se abrió para ti cuando su costado fue abierto por la lanza. Recuerda qué salió de allí; así mira por dónde puedes entrar. Del costado del Señor que colgaba y moría en la Cruz salió sangre y agua, cuando fue abierto por la lanza. En el agua está tu purificación, en la sangre tu redención".


169. La Edad Media fue una época especialmente fecunda para el desarrollo de la devoción al Corazón del Salvador. Hombres insignes por su doctrina y santidad, como san Bernardo (+1153), san Buenaventura (+1274), y místicos como santa Lutgarda (+1246), santa Matilde de Magdeburgo (+1282), las santas hermanas Matilde (+1299) y Gertrudis (+1302) del monasterio de Helfta, Ludolfo de Sajonia (+1378), santa Catalina de Siena (+1380), profundizaron en el misterio del Corazón de Cristo, en el que veían el "refugio" donde acogerse, la sede de la misericordia, el lugar del encuentro con Él, la fuente del amor infinito del Señor, la fuente de la cual brota el agua del Espíritu, la verdadera tierra prometida y el verdadero paraíso.


170. En la época moderna, el culto del Corazón de Salvador tuvo un nuevo desarrollo. En un momento en el que el jansenismo proclamaba los rigores de la justicia divina, la devoción al Corazón de Cristo fue un antídoto eficaz para suscitar en los fieles el amor al Señor y la confianza en su infinita misericordia, de la cual el Corazón es prenda y símbolo. San Francisco de Sales (+1622), que adoptó como norma de vida y apostolado la actitud fundamental del Corazón de Cristo, esto es, la humildad, la mansedumbre (cfr. Mt 11,29), el amor tierno y misericordioso; santa Margarita María de Alacoque (+1690), a quien el Señor mostró repetidas veces las riquezas de su Corazón; San Juan Eudes (+1680), promotor del culto litúrgico al sagrado Corazón; san Claudio de la Colombiere (+1682), San Juan Bosco (+1888) y otros santos, han sido insignes apóstoles de la devoción al sagrado Corazón.


171. Las formas de devoción al Corazón del Salvador son muy numerosas; algunas han sido explícitamente aprobadas y recomendadas con frecuencia por la Sede Apostólica. Entre éstas hay que recordar:

- la consagración personal, que, según Pío XI, "entre todas las prácticas del culto al sagrado Corazón es sin duda la principal";
- la consagración de la familia, mediante la que el núcleo familiar, partícipe ya por el sacramento del matrimonio del misterio de unidad y de amor entre Cristo y la Iglesia, se entrega al Señor para que reine en el corazón de cada uno de sus miembros;
- las Letanías del Corazón de Jesús, aprobadas en 1891 para toda la Iglesia, de contenido marcadamente bíblico y a las que se han concedido indulgencias;
- el acto de reparación, fórmula de oración con la que el fiel, consciente de la infinita bondad de Cristo, quiere implorar misericordia y reparar las ofensas cometidas de tantas maneras contra su Corazón;
- la práctica de los nueve primeros viernes de mes, que tiene su origen en la "gran promesa" hecha por Jesús a santa Margarita María de Alacoque. En una época en la que la comunión sacramental era muy rara entre los fieles, la práctica de los nueve primeros viernes de mes contribuyó significativamente a restablecer la frecuencia de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. En nuestros días, la devoción de los primeros viernes de mes, si se practica de un modo correcto, puede dar todavía indudable fruto espiritual. Es preciso, sin embargo, que se instruya de manera conveniente a los fieles: sobre el hecho de que no se debe poner en esta práctica una confianza que se convierta en una vana credulidad que, en orden a la salvación, anula las exigencias absolutamente necesarias de la fe operante y del propósito de llevar una vida conforme al Evangelio; sobre el valor absolutamente principal del domingo, la "fiesta primordial", que se debe caracterizar por la plena participación de los fieles en la celebración eucarística.

172. La devoción al sagrado Corazón constituye una gran expresión histórica de la piedad de la Iglesia hacia Jesucristo, su esposo y señor; requiere una actitud de fondo, constituida por la conversión y la reparación, por el amor y la gratitud, por el empeño apostólico y la consagración a Cristo y a su obra de salvación. Por esto, la Sede Apostólica y los Obispos la recomiendan, y promueven su renovación: en las expresiones del lenguaje y en las imágenes, en la toma de conciencia de sus raíces bíblicas y su vinculación con las verdades principales de la fe, en la afirmación de la primacía del amor a Dios y al prójimo, como contenido esencial de la misma devoción.

173. La piedad popular tiende a identificar una devoción con su representación iconográfica. Esto es algo normal, que sin duda tiene elementos positivos, pero puede también dar lugar a ciertos inconvenientes: un tipo de imágenes que no responda ya al gusto de los fieles, puede ocasionar un menor aprecio del objeto de la devoción, independientemente de su fundamento teológico y de contenido histórico salvífico.

Así ha sucedido con la devoción al sagrado Corazón: ciertas láminas con imágenes a veces dulzonas, inadecuadas para expresar el robusto contenido teológico, no favorecen el acercamiento de los fieles al misterio del Corazón del Salvador.

En nuestro tiempo se ha visto con agrado la tendencia a representar el sagrado Corazón remitiéndose al momento de la Crucifixión, en la que se manifiesta en grado máximo el amor de Cristo. El sagrado Corazón es Cristo crucificado, con el costado abierto por la lanza, del que brotan sangre y agua (cfr. Jn 19,34)

MEDJUGORJE 25 JUNIO 2014


Medjugorje-Gospa“Queridos hijos! El Altísimo me da la gracia de poder estar aún con ustedes y de guiarlos en la oración hacia el camino de la paz. Vuestro corazón y vuestra alma tienen sed de paz y de amor, de Dios y de Su alegría. Por eso, hijitos, oren, oren, oren y en la oración descubrirán la sabiduría del vivir. Yo  los bendigo a todos e intercedo por cada uno de ustedes ante mi Hijo Jesús. Gracias por haber respondido a mi llamado.

ENCUENTROS CON JESÚS 28 DE JUNIO


“Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?”



ENCUENTROS CON JESÚS

SÁBADO 28 DE JUNIO –16 hs

 

MARÍA REINA DE LA PAZ



Este sábado, como todos los cuartos sábados de mes, nos encontramos para adorar, cantar y bendecir el nombre del Señor. Jesús en la parábola del trigo y la cizaña nos ayuda a comprender su acción y la del enemigo.

Este sábado juega nuestro equipo un nuevo partido del mundial, y he dicidido ofrecerle al Señor este pequeño sacrificio, no lo veré, lo ofreceré por mi familia, los enfermos, mis difuntos o los que están alejados. Pon tus intenciones! Jugá el verdadero partido! Te animo a que le ofrezcas esta renuncia, para  gloria de Dios y salvación de la almas.


16 hs- Adoración y Santo Rosario

Bendición maternal con la imagen de la Gospa.


17 hs- Predicación de la Palabra de Dios

Trigo y cizaña crecerán juntas hasta el último día...


18 hs- Paseo con el Santísimo Sacramento

Oramos por los enfermos


19 hs- Santa Misa

Preside Padre Sebastián

Luego de la Misa habrá oración con imposición de manos.

miércoles, 18 de junio de 2014

FRAY NELSON MEDINA O.P: CATEQUESIS SOBRE SANACIÓN INTERIOR (2)

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DEL SEÑOR (Corpus Christi)


El jueves siguiente a la solemnidad de la santísima Trinidad (en algunos lugares el domingo siguiente), la Iglesia celebra la solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre del Señor. La fiesta, extendida en 1269 por el Papa Urbano IV a toda la Iglesia latina, por una parte constituyó una respuesta de fe y de culto a doctrinas heréticas acerca del misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, por otra parte fue la culminación de un movimiento de ardiente devoción hacia el augusto Sacramento del altar.


La piedad popular favoreció el proceso que instituyó la fiesta del Corpus Christi; a su vez, esta fue causa y motivo de la aparición de nuevas formas de piedad eucarística en el pueblo de Dios.

Durante siglos, la celebración del Corpus Christi fue el principal punto de confluencia de la piedad popular a la Eucaristía. En los siglos XVI-XVII, la fe, reavivada por la necesidad de responder a las negaciones del movimiento protestante, y la cultura – arte, literatura, folclore – han contribuido a dar vida a muchas y significativas expresiones de la piedad popular para con el misterio de la Eucaristía.

161. La devoción eucarística, tan arraigada en el pueblo cristiano, debe ser educada para que capte dos realidades de fondo:

- que el punto de referencia supremo de la piedad eucarística es la Pascua del Señor; la Pascua, según la visión de los Padres, es la fiesta de la Eucaristía, como, por otra parte, la Eucaristía es ante todo celebración de la Pascua, es decir, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús;

- que toda forma de devoción eucarística tiene una relación esencial con el Sacrificio eucarístico, ya porque dispone a su celebración, ya porque prolonga las actitudes cultuales y existenciales suscitadas por ella.

A causa precisamente de esto, el Rituale Romanum advierte: "Los fieles, cuando veneran a Cristo, presente en el Sacramento, recuerden que esta presencia deriva del Sacrificio y tiende a la comunión, sacramental y espiritual".

162. La procesión de la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo es, por así decir, la "forma tipo" de las procesiones eucarísticas. Prolonga la celebración de la Eucaristía: inmediatamente después de la Misa, la Hostia que ha sido consagrada en dicha Misa se conduce fuera de la iglesia para que el pueblo cristiano "dé un testimonio público de fe y de veneración al Santísimo Sacramento".

Los fieles comprenden y aman los valores que contiene la procesión del Corpus Christi: se sienten "Pueblo de Dios" que camina con su Señor, proclamando la fe en Él, que se ha hecho verdaderamente el "Dios con nosotros".

Con todo, es necesario que en las procesiones eucarísticas se observen las normas que regulan su desarrollo, en particular las que garantizan la dignidad y la reverencia debidas al santísimo Sacramento; y también es necesario que los elementos típicos de la piedad popular, como el adorno de las calles y de las ventanas, la ofrenda de flores, los altares donde se colocará el Santísimo en las estaciones del recorrido, los cantos y las oraciones "muevan a todos a manifestar su fe en Cristo, atendiendo únicamente a la alabanza del Señor", y ajenos a toda forma de emulación.

163. Las procesiones eucarísticas concluyen, normalmente, con la bendición del santísimo Sacramento. En el caso concreto de la procesión del Corpus Christi, la bendición constituye la conclusión solemne de toda la celebración: en lugar de la bendición sacerdotal acostumbrada, se imparte la bendición con el santísimo Sacramento.
Es importante que los fieles comprendan que la bendición con el santísimo Sacramento no es una forma de piedad eucarística aislada, sino el momento conclusivo de un encuentro cultual suficientemente amplio. Por eso, la normativa litúrgica prohíbe "la exposición realizada únicamente para impartir la bendición".

La adoración eucarística

164. La adoración del santísimo Sacramento es una expresión particularmente extendida del culto a la Eucaristía, al cual la Iglesia exhorta a los Pastores y fieles.

Su forma primigenia se puede remontar a la adoración que el Jueves Santo sigue a la celebración de la Misa en la cena del Señor y a la reserva de las sagradas Especies. Esta resulta muy significativa del vínculo que existe entre la celebración del memorial del sacrificio del Señor y su presencia permanente en las Especies consagradas. La reserva de las Especies sagradas, motivada sobre todo por la necesidad de poder disponer de las mismas en cualquier momento, para administrar el Viático a los enfermos, hizo nacer en los fieles la loable costumbre de recogerse en oración ante el sagrario, para adorar a Cristo presente en el Sacramento.

De hecho, "la fe en la presencia real del Señor conduce de un modo natural a la manifestación externa y pública de esta misma fe (...) La piedad que mueve a los fieles a postrarse ante la santa Eucaristía, les atrae para participar de una manera más profunda en el misterio pascual y a responder con gratitud al don de aquel que mediante su humanidad infunde incesantemente la vida divina en los miembros de su Cuerpo. Al detenerse junto a Cristo Señor, disfrutan su íntima familiaridad, y ante Él abren su corazón rogando por ellos y por sus seres queridos y rezan por la paz y la salvación del mundo. Al ofrecer toda su vida con Cristo al Padre en el Espíritu Santo, alcanzan de este maravilloso intercambio un aumento de fe, de esperanza y de caridad. De esta manera cultivan las disposiciones adecuadas para celebrar, con la devoción que es conveniente, el memorial del Señor y recibir frecuentemente el Pan que nos ha dado el Padre".

165. La adoración del santísimo Sacramento, en la que confluyen formas litúrgicas y expresiones de piedad popular entre las que no es fácil establecer claramente los límites, puede realizarse de diversas maneras:

- la simple visita al santísimo Sacramento reservado en el sagrario: breve encuentro con Cristo, motivado por la fe en su presencia y caracterizado por la oración silenciosa;

- adoración ante el santísimo Sacramento expuesto, según las normas litúrgicas, en la custodia o en la píxide, de forma prolongada o breve;

- la denominada Adoración perpetua o la de las Cuarenta Horas, que comprometen a toda una comunidad religiosa, a una asociación eucarística o a una comunidad parroquial, y dan ocasión a numerosas expresiones de piedad eucarística.


En estos momentos de adoración se debe ayudar a los fieles para que empleen la Sagrada Escritura como incomparable libro de oración, para que empleen cantos y oraciones adecuadas, para que se familiaricen con algunos modelos sencillos de la Liturgia de las Horas, para que sigan el ritmo del Año litúrgico, para que permanezcan en oración silenciosa. De este modo comprenderán progresivamente que durante la adoración del santísimo Sacramento no se deben realizar otras prácticas devocionales en honor de la Virgen María y de los Santos. Sin embargo, dado el estrecho vínculo que une a María con Cristo, el rezo del Rosario podría ayudar a dar a la oración una profunda orientación

viernes, 13 de junio de 2014

SANTO CURA DE ARS: SOBRE LA VIRGEN MARÍA


La Santa Virgen está entre su Hijo y nosotros. Aunque seamos pecadores, ella está llena de ternura y de compasión hacia nosotros. El niño que más lágrimas ha costado a su madre es el más querido. ¿No corre una madre siempre hacia el más débil y expuesto? Un médico en un hospital, ¿no presta más atención a los más enfermos?"

* El hombre había sido creado para el cielo. El demonio rompió la escalera que conducía a él. Nuestro Señor, por su pasión, ha construido otra para nosotros. La santísima Virgen está en lo alto de la escalera y la sostiene con sus manos".

* María, no me dejes ni un instante, estate siempre a mi lado. Volvamos a ella con confianza, y estaremos seguros de que, por miserables que seamos, ella obtendrá la gracia de nuestra conversión.


María es tan buena que no deja de echar una mirada de compasión al pecador. Siempre está esperando que le invoquemos. En el corazón de María no hay más que misericordia".

martes, 10 de junio de 2014

DIÁCONO JORGE NOVOA: DEL GIRO ANTROPOLÓGICO A LA PUERTA GIRATORIA

Hace pocos días, conversaba con un grupo de padres que se sentían decepcionados,  y en algunos casos desorientados, por las respuestas y comportamientos de sus hijos. Uno de ellos, refería lo triste que era constatar, las respuestas que recibían con su madre, ante algunos requerimientos. La presencia en la mesa familiar, la visita a un familiar enfermo o la simple compañía de un hermano para con su hermana, eran algunos de los tantos desvelos y dolores, que confesaban los padres de estos jóvenes tener y no poder solucionar.

Los sueños que se promueven en las jóvenes generaciones, por los medios de comunicación, son luego de transitados, caminos de frustración. Esta sociedad de consumo, esconde debajo de la alfombra los escombros que produce, un dato indicativo es el aumento considerable  del índice de suicidios entre los jóvenes de AL.  Estamos en una sociedad de consumo, que promete la felicidad en la posesión de los bienes, y que presenta como saldo final la depresión.

Qué es lo que está ocurriendo? Parece una pregunta simple y necesaria, ciertamente, no hay respuestas sencillas, porque el problema es serio. Tan serio como el divorcio, el aborto, la infidelidad y la violencia doméstica. Y lamentablemente, son motivo de un trato superficial, marcado por intereses egoístas o  económicos, que alimentan proyectos de leyes en los parlamentos, con la trágica consecuencia social de ir delineando una cultura  emergente, que en sus prácticas retorna al paganismo.El Cristianismo en oposición al paganismo, ha revelado el hombre al hombre.

La matriz cultural cristiana, daba a los hombres, independientemente que practicaran o no la fe católica, una escala de valores que dignificaban a la persona humana y fortalecían la misión de la familia en la construcción de la sociedad. Educaba para la libertad, actuando en el plano del conocimiento intelectual  y en la práctica de las virtudes. ¡Cuánta inteligencia desperdiciada por negligencia en una vida de ocio exacerbada! ¡Qué poco se valora el esfuerzo en la educación! Se engorda la inteligencia con información, pero no se educa la voluntad.
Lo que ha entrado en crisis es la antropología, y misteriosamente en una época marcada por el giro antropológico. Parece una paradoja, pero lo cierto, es que el giro se ha tornado en una puerta giratoria que no se detiene, impidiéndole al hombre salir, si no  está muy atento. " Quizá una de las más vistosas debilidades de la civilización actual esté en una inadecuada visión del hombre. La nuestra es, sin duda, la época en que más se ha escrito y hablado sobre el hombre, la época de los humanismos y del antropocentrismo. Sin embargo, paradójicamente, es también la época de las más hondas angustias del hombre respecto de su identidad y destino, del rebajamiento del hombre a niveles antes insospechados, época de valores humanos conculcados como jamás lo fueron antes¿Cómo se explica esa paradoja? Podemos decir que es la paradoja inexorable del humanismo ateo. Es el drama del hombre amputado de una dimensión esencial de su ser -el Absoluto- y puesto así frente a la peor reducción del mismo ser. La constitución pastoral Gaudium et spes toca el fondo del problema cuando dice: «El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado» (n. 22)"." [1].
El pensamiento y la civilización moderna, en cambio, en el grado en que se emancipan de la benéfica influencia de la religión de Cristo, han originado el naufragio del Yo, aun dando pruebas de una tendencia individualista, fomentada por el predominio del subjetivismo. Se da de hecho que el epílogo de esa civilización señala la absorción de la persona humana en un Yo trascendental, anónimo, en el terreno filosófico, y el sacrificio del individuo a las exigencias de la estatolatría o del partido de masa, en el terreno político o social" . "Por el contrario el hombres intrínsecamente, y no por un revestimiento exterior, es "imagen de Dios" y está en total relación a él; y así, excluir a Dios, aunque solo sea metodológicamente, de la perspectiva sobre el hombre, quiere decir desnaturalizar al hombre y no captarlo en su verdad (cfr GS 36). Más todavía, por este camino se llega a una contradicción existencial. Somos adoradores por constitución; privados ideológicamente del verdadero Dios, necesariamente dirigimos hacia otro lado nuestros impulsos latreúticos y nos disponemos a adorar a las criaturas y al hombre como a la primera de todas
En esta situación, lo que más se ha resentido es la comprensión justa del sentido de la vida para utilizar adecuadamente nuestra libertad. El hombre de hoy,  que está tan centrado sobre sí mismo, parece clamar por una ayuda para salir de esta situación.

Sin embargo, se aferra al relativismo en todas su expresiones, y ciertamente que esto hace su eclosión en el ámbito familiar. El relativismo moral es en el plano existencial una plaga que avanza, aún más devastadoramente que el Sida.  El relativismo atenta contra una válida interpretación de la existencia humana, porque considera intolerante la postura de aquel que busca y cree en la Verdad. Pensar que se puede comprender la verdad esencial es visto como intolerante, porque ello atenta contra el subjetivismo imperante.  El relativismo ético ha provocado la rápida transformación de las costumbres, y es objeto de impulsos destructores que minan los mismos fundamentos culturales.

Ante un panorama así, es propio del mal espíritu invitarnos a no luchar, a bajar los brazos, a plegarnos a todos lo que dicen: "no hay salida". Pero, el Señor ha trazado con su Pascua el signo indeleble de que la vida y el amor vencen en toda situación de muerte. El Señor Jesús, se detiene frente a nuestras casas, nuestras culturas, colegios, partidos políticos y nos invita a perseverar en la lucha a favor de la Verdad.  Solamente la Verdad nos hará libres.


[1] Ya en 1979, Juan Pablo II proféticamente, presentaba esta situación en el discurso inaugural de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano, en Puebla de los Ángeles, Mexico.  "

viernes, 6 de junio de 2014

PAPA FRANCISCO: DON DE LA PIEDAD

Hoy queremos detenernos sobre un don del Espíritu Santo que tantas veces es entendido mal o considerado de manera superficial, y que en cambio toca el corazón de nuestra identidad y de nuestra vida cristiana: se trata del don de la piedad.
Es necesario aclarar enseguida que este don no se identifica con tener compasión de alguien, o tener piedad del prójimo, pero indica nuestra pertenencia a Dios y nuestra relación profunda con Él, una relación que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con Él, también en los momentos más difíciles y complicados.
Esta relación con el Señor no se debe entender como un deber o una imposición, es una relación que viene desde adentro.
Se trata en de una relación vivida con el corazón: es nuestra amistad con Dios, que nos la dona Jesús, una amistad que cambia nuestra vida y nos llena de entusiasmo y de alegría. Por este motivo, el don de la piedad despierta en nosotros sobre todo la gratitud y la alabanza.
Este es de hecho el sentido más auténtico de nuestro culto y de nuestra adoración. Cuando el Espíritu Santo nos hace percibir la presencia del Señor y todo su amor por nosotros, nos calienta el corazón y nos mueve casi naturalmente a la oración y a la celebración. Piedad, por lo tanto es sinónimo de auténtico espíritu religioso, de confianza filial con Dios, de aquella capacidad de rezarle con amor y simplicidad que es propio de las personas humildes de corazón.
Si el don de la piedad nos hace crecer en la relación y en la comunión con Dios y nos lleva a vivir como hijos suyos, al mismo tiempo nos ayuda a derramar este amor también sobre los otros y a reconocerlos como hermanos. Y entonces sí, que seremos movidos por sentimientos no de 'piadosidad' -no de falsa piedad- hacia quienes tenemos a nuestro lado y a quienes encontramos cada día.
Y digo no de 'piadosidad', porque algunos piensan que tener piedad es cerrar los ojos poner cara de imagencita, hacer teatro de ser como un santo, como lo dice un refán en piamontés:(...)
Seremos capaces de alegrarnos con quien está en la alegría, de llorar con quien llora, de estar cerca de quien está solo y angustiado, de corregir a quien está en el error, de consolar a quien está afligido, de acoger y socorrer a quien está en la necesidad.
Hay na relación entre el don de la piedad y la mitezza el don de la piedad que nos da el Espíritu Santo, hace mansos
Queridos amigos, en la carta a los Romanos el apóstol Pablo afirma: “Todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para caer en el miedo, pero han recibido el Espíritu que les vuelve hijos adoptivos, por medio de quien gritamos: “¡Abbá, Padre!”. Pidamos al Señor que el don de su Espíritu puede vencer nuestro temor y nuestras incertezas, y también a nuestro espíritu inquieto e impaciente. Y pueda volvernos testimonios alegres de Dios y de su amor. Adorando al señor en la verdad y en el servicio al prójimo, con la mansedumbre que el Espíritu Santo nos da en la alegría

SALVADOR CARRILLO ALDAY: PENTECOSTÉS


Encuentro con Jesús.
"Recibid el Espíritu Santo" (Juan 20,22). ¿Qué fue lo que obró en ellos? Inmediatamente obró en ellos un encuentro diferente con Jesús.Habían tenido contacto y encuentros con Jesús muchas veces en su vida. Pero tuvieron un encuentro fuerte y más profundo con "Jesús plenamente glorificado", un encuentro personal con El.

El Papa Juan Pablo II ha repetido: "Es necesario tener un encuentro vivo y palpitante con el Señor". Y el Espíritu Santo lo primero que hace cuando viene es propiciar un encuentro nuevo con Cristo. Y de ahí nacen tantísimos testimonios de: "Yo encontré al Señor" o "el Señor me encontró" "¡Ah! Pero si ya estaba bautizado". "Ya estás confirmado". "¿Cuántas comuniones ha hecho en la vida?" "¿Eres Obispo?" "Y ahora que has tenido un encuentro nuevo con el Señor. ¡Pues así es!"

¡Qué diéramos nosotros porque nos concediera hoy, mañana, pasado mañana, ese encuentro diferente con un Cristo vivo, todo misericordia, todo compasión, todo amor! ¡Porque a nosotros nos ama entrañablemente!


La Transformación Interior.

El encuentro nuevo con Cristo inmediatamente produce una transformación interior de la persona que es muy dolorosa. Siendo una gracia de Dios muy grande, la transformación interior es muy dolorosa, porque cambiar de vida siempre duele. Y al cambio profundo de vida uno le tiene pavor. "¿Cómo, a estas alturas, puede cambiar la conducta profunda de mi vida? Mi experiencia personal, mis gustos, mis pecados, el estado de felicidad querida por mí, pero dañosa para mí. ¿Cómo deshacerme de eso? Imposible". Pero si dejamos que el Espíritu Santo haga la operación, que haga la cirugía de primer grado, el beneficio será una liberación total como nunca la habíamos tenido y una liberación radical. Es el cambio de vida que vale la pena.
Según la terminología del profeta Ezequiel 36, 26-27: "Os daré un corazón nuevo, un Espíritu nuevo, os quitaré el corazón de carne, y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros mi Espíritu para que cumpláis mis mandamientos".
Los efectos de un bautismo en el Espíritu Santo son grandiosos.
¿Cuántas veces comulgamos en la vida? El regalo máximo que Jesús hace en una comunión es darnos y bautizarnos con el Espíritu Santo. Si Jesús nos da muchas cosas y muchas gracias en la comunión, la máxima gracia es comunicarnos el Espíritu Santo, bautizarnos con el Espíritu Santo, si es que no nos ponemos impermeables.


Una nueva lectura de la Palabra de Dios.

Los apóstoles el día de Pentecostés recibieron el Espíritu Santo una gracia muy particular y comenzaron una nueva lectura de la Palabra de Dios. Una lectura hasta ese momento desconocida para ellos. Tal vez algunos ni siquiera leían la Palabra de Dios; pero sí la leyeron el día de Pentecostés. El Espíritu Santo les comunicó una manera nueva de leer la Palabra de Dios. Les dio un carisma de leer la Palabra de Dios con anteojos pascuales, con anteojos de Cristo.
No hay ningún libro donde podamos conocer mejor a Jesús, que en Los cuatro Evangelios escritos par el mismo Espíritu Santo.


La Eucaristía

Es notable como en Hechos 2,41 termina diciendo que 3,000 almas unieron a los apóstoles aquel día y en el versículo 42 nos dice que acudían asiduamente a la fracción del pan.
Aparece desde el primer día de la vida de la Iglesia la celebración de la fracción del pan. Fue el Espíritu de Dios quien hizo comprender a los apóstoles el gran misterio de la presencia real de Jesús en un pedazo de pan y en un poco de vine después de pronunciadas las palabras que Jesús pronunció en la Ultima Cena.
Justamente con el Sacramento de la Eucaristía está el Sacramento de la Reconciliación, del perdón de los pecados.


Los Carismas

Fue un enriquecimiento de carismas para construir la Iglesia. Los carismas son dones del Espíritu de Dios en orden a la construcción de la Iglesia. Y su lista no tiene fin. Si nosotros recogiéramos los carismas de los que habla el Testamento, encontraríamos una lista de 30 ó 40. Pero los carismas del Espíritu Santo no se limitan a este número. El Espíritu Santo da y dio a los apóstoles ante todo los grandes carismas en sus mentes para comprender a Jesús y para comprender el Evangelio.
¡Qué diéramos nosotros para que el Espíritu Santo iluminara nuestra mente para llevar el Evangelio a todas las personas que dependen de nosotros! Palabra de conocimiento, palabra de sabiduría y discernimiento. Y luego otros grandes carismas; sobre todo, el gran carisma de la evangelización.
El Espíritu Santo cambia y transforma al hombre quien no puede callar el testimonio que debe dar de Jesús. La Iglesia de hay debe ser una Iglesia evangelizadora. Y el Evangelio, la Buena Nueva, con letras mayúsculas no es una cosa, no son realidades, es una persona, el Evangelio con "E" mayúscula es la persona de Cristo.
No nos cansemos de evangelizar y una vez que hayamos evangelizado y proclamado al Señor hagamos también muchas otras cosas. Pero el tema céntrico de la evangelización es la proclamación de quién es el Señor Jesús.
Todo el mundo de los carismas del Espíritu Santo son un regalo. No me limitó al don de lenguas, al don de visiones, al don de profecías, sino que quiero subrayar toda la gama de carismas del Espíritu, que se requiere para construir la Iglesia.


La Iglesia

El nacimiento de la comunidad cristiana, el nacimiento de la Iglesia.
No puede haber comunidad cristiana fervorosa, animada, si no es por la animación del Espíritu de Dios. No se debe suponer las cosas porque es un vicio muy común y corriente. "Yo supongo que recibí el Espíritu Santo en el Bautismo" "Yo supongo que lo recibí en la Confirmación". "Yo supongo que lo recibí en el sacerdocio".
Claro que lo recibiste: pero el Espíritu Santo es "dynamismo", es fuerza, es vigor, es vida.
El problema no está en el Espíritu Santo que habita en ti, sino en el recipiente que lo recibe y necesitamos quitar de nosotros esas placas de cemento armado, que impiden que el Espíritu Santo, que está en nosotros, pueda actuar libremente.
La Iglesia es producto de la acción poderosa del Padre que da a Jesús su Espíritu Santo. Ese Jesús envía a los apóstoles y los apóstoles hablan, proclaman el testimonio. Si los apóstoles no hubieran proclamado, aun cuando hubieran estado llenísimos de Espíritu Santo no nace la Iglesia.
La Iglesia no nació únicamente porque vino el Espíritu Santo; sino porque los apóstoles proclamaron la Palabra de Dios. Tenemos una tarea bellísima. Todos nosotros, nuestra máxima tarea, es la tarea de Jesús: proclamar en el mundo el Reino de los Cielos. Proclamar en el mundo el mensaje de Jesús.
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