Mostrando entradas con la etiqueta introducción al pensamiento de San Lucas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta introducción al pensamiento de San Lucas. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de abril de 2010

HORACIO BOJORGE SI: PREPARACIÓN PARA LA CONFESIÓN

La Confesión, es:

Confesión de gratitud y alabanza

Confesión de pecados

Confesión de heridas, esclavitudes y luchas. No sólo pido al Señor perdón por mis pecados, también le pido fuerza para luchar, curación para mis heridas, liberación de mis esclavitudes, fortaleza en mis pruebas y fuerza contra las tentaciones.

Examen general de conciencia, para limpiarse y para confesarse mejor.

Presupongo que hay tres pensamientos en mí, es a saber, uno propio mío, que es el que sale de mi pura libertad y querer; y otros dos, que se me ocurren sin que yo lo pretenda y que vienen de afuera [de mi libertad y querer]: uno que viene del buen espíritu, y el otro del malo.

Del pensamiento. Hay dos maneras de merecer en el mal pensamiento que viene de fuera [de mi libertad y querer]: por ejemplo: me viene [=se me ocurre] un pensamiento de cometer un pecado mortal, al cual pensamiento resisto inmediatamente y queda vencido.

La segunda manera de merecer es, cuando me viene aquel mismo mal pensamiento, y yo lo resisto, y me vuelve a venir una y otra vez, y yo siempre resisto, hasta que el pensamiento va vencido; y esta segunda manera es de mayor merecimiento que la primera.

Venialmente se peca, cuando el mismo pensamiento de pecar mortalmente viene, y el hombre le da oído, demorándose algo en él o recibiendo algún deleite sensual, o donde haya alguna negligencia en rechazar al tal pensamiento.

Hay dos maneras de pecar mortalmente: la primera es, cuando el hombre da consentimiento al mal pensamiento, para obrar luego, así como ha consentido, o para ponerlo por obra si pudiese.

La segunda manera de pecar mortalmente es, cuando se pone en acto aquel pecado; y es mayor por tres razones: la primera, por mayor tiempo; la segunda, por mayor intención; la tercera, por mayor daño de las dos personas.

jueves, 15 de octubre de 2009

JUAN PABLO II: INTRODUCCIÓN AL MENSAJE DEL EVANGELISTA LUCAS

Deseo considerar brevemente algunos aspectos del mensaje lucano, para que esa comunidad encuentre orientación y aliento en su camino espiritual y pastoral.

San Lucas, ministro de la palabra de Dios (cf. Lc 1, 2), nos introduce en el conocimiento de la luz discreta, y al mismo tiempo penetrante, que ella irradia iluminando la realidad y los acontecimientos de la historia. El tema de la palabra de Dios, hilo de oro que atraviesa los dos escritos que componen la obra lucana, unifica también las dos épocas que él contempló: el tiempo de Jesús y el de la Iglesia. Casi narrando la "historia de la palabra de Dios", el relato de san Lucas sigue su difusión desde Tierra Santa hasta los confines del mundo. El camino propuesto por el tercer evangelio está profundamente marcado por la escucha de esta palabra que, como semilla, se ha de acoger con bondad y prontitud de corazón, superando los obstáculos que le impiden echar raíces y dar fruto (cf. Lc 8, 4-15).

Un aspecto importante que san Lucas pone de relieve es el hecho de que la palabra de Dios también crece y se consolida misteriosamente a través del sufrimiento y en un ambiente de oposiciones y persecuciones (cf. Hch 4, 1-31; 5, 17-42; passim). La palabra que san Lucas indica está llamada a transformarse, para cada generación, en un acontecimiento espiritual capaz de renovar la existencia. La vida cristiana, suscitada y sostenida por el Espíritu, es diálogo interpersonal que se funda precisamente en la palabra que nos dirige el Dios vivo, pidiéndonos que la acojamos, sin reservas, en la mente y el corazón. Se trata, en definitiva, de convertirse en discípulos dispuestos a escuchar con sinceridad y disponibilidad al Señor, siguiendo el ejemplo de María de Betania, que "eligió la mejor parte", porque, "sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra" (cf. Lc 10, 38-42).