domingo, 7 de marzo de 2021

IGNACE DE LA POTTERIE S.J: EL PRINCIPE DE ESTE MUNDO EN SAN JUAN


La existencia de demonio.El tema es muy actual, pero, como recordaba el padre Amorth, hay muchos que incluso dentro de la Iglesia no creen en la existencia del Diablo. Son muchos los exégetas que hasta definen la existencia del Demonio «un problema superado». Hace años un exégeta alemán, Hubert Haag, publicó un libro con un título significativo: Adiós al Diablo.

Para comprender mejor el "problema" de la existencia del Demonio, vale la pena examinar cómo habla Juan, el apóstol predilecto de Jesús, de Satanás. Veamos sus diferentes escritos: el Evangelio, las Cartas, el Apocalipsis.


Lo que caracteriza al Evangelio de Juan es que su teología es fundamentalmente una cristología: el Verbo se hizo hombre, y encuentra en esta tierra los poderes del Mal. En sus varios textos, Juan da cuatro nombres a este Mal personal: «el Diabio», «el Maligno, «el Príncipe de este mundo», «Satanás».

El tercer título demuestra que el mundo, lugar donde trabaja el Diablo, prácticamente está invadido por este poder oculto.

Comencemos a examinar el Evangelio de Juan. En el capítulo 8, versículo 44, hallamos un versículo, "El Diablo es homicida desde el principio", que se repite en las epístolas (cf. 1 Jn 3,8). Lo que nos envía al Génesis, aludiendo al pecado cometido en el jardín del Edén y luego al asesinato de Caín. Según san Juan, a Caín le empujó "algo" o "alguien". Como la "serpiente" empujó a Eva y Adán. En el Antiguo Testamento (Sabiduría 2, 24) se lee: «Por envidia del Diablo entró la muerte en el mundo». La misma explicación que da en Juan (1 Jn 3, 12).

Luego, cuando Juan narra la vida de Cristo, señala más de una vez que su antagonista principal es «el Príncipe de este mundo». Hay tres textos muy sugestivos. Juan en su Evangelio (12, 30-3 l), narrando el fin de la vida pública de Cristo, escribe: «Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será arrojado fuera». Jesús sabe que le matarán "representantes de Diablo" y que está llegando el enfrentamiento decisivo. Más adelante (Jn 14, 30) -se lee: «Viene el Príncipe de este mundo, que en mí no tiene nada». Tendrá un poder breve sólo durante el periodo de la Pasión. Luego, será derrotado. Tanto es así que durante la última cena Jesús tranquiliza a sus amigos: «Confiad: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). Arroja al Príncipe de este mundo fuera de su dominio. Con la Resurrección queda derrotado el poder del Diablo.

Pero el párrafo más elaborado de todo el cuarto Evangelio relativo al poder del Maligno se halla en el capítulo 8, versículos 43-44. En el gran debate entre Jesús y los judíos en el templo de Jerusalén, Cristo dice: «¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra. Vosotros tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en él. Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira». Al estar completamente cerrado a la verdad no hay ningún rayo de luz que penetre en él. Como le describe Dante (Divina Comedia, "infierno" 34, 28-29), a diferencia de la iconografía anterior, el Diablo está hundido en el hielo, no en el fuego, porque el frío (mejor que el calor) da idea de un ser ensimismado, encerrado en el hielo de la ausencia de relaciones con lo externo, con la realidad con Dios.

Para Juan la verdad es un hecho histórico, un acontecimiento, un evento de revelación. Al contrario del Diablo que habla de lo suyo propio, Jesucristo no hace nada por sí mismo: trae al mundo la verdad, el designio de Otro, de Dios su Padre. Y cumple su tarea a través de la Revelación de sí mismo, como Hijo Unigénito de Dios, revelando de este modo el proyecto salvífico del Padre. El Diablo en cambio, está completamente encerrado en sí mismo. Por esto"la verdad no estaba en él". Es la oscuridad total. Y Juan lo llama "Padre de la mentira".
Un personaje que represanta casi físicamente al Diablo es Judas. Jesús aludiendo al traidor (Jn 6,70) dice: "¿No he elegido yo a doce? Y uno de vosotros es un diablo".

En el evangelio de Juan es "demonizado" (Jn 13,1-3) quien se opone a Cristo, ya sean sus compatriotas que no le reconocen o Judas que lo traiciona. Judas es la "encarnación " del Diablo presente en el mundo para obstaculizar al Hijo de Dios.

Como narra durante la última cena, Jesús viene del Padre y vuelve al Padre. Justamente en este movimiento interviene el Diablo: Judas. "Tomando el bocado, se salió luego; era de noche" (Jn 13,30) Como comenta S. Agustín, Judas mismo era la noche. La oscuridad. El Diablo.

Veamos ahora las Epístolas. En su primera carta la más larga, Juan (3,10) dice que la Iglesia está formada " por hijos de Dios e hijos del diablo". Pero los representantes de los hijos del diablo son los anticristos" Es un término acuñado por Juan (3,4-8). El pecado por excelencia, el de los anticristos, es ir contra Jesucristo. Renegar de Jesucristo es diabólico. "habéis vencido al Maligno"" recuerda Juan a los fieles de Jesús (1 Jn 2,14). "La victoria que ha vencido al mundo es nuestra fe" (1 Jn 5,4).

También en el Apocalipsis, en fin, aparece el Demonio. Juan nos presenta a dos de las siete iglesias del Apocalipsis como el lugar donde está presente Satanás. La Iglesia de Esmirna es la sinagoga de Satán (2,9), en la Iglesia de Pérgamo está el trono de Satán (2,13). El Diablo desencadena una lucha en todo el mundo, persigue a la Mujer, que representa a la Iglesia, y también a María, la madre de Jesús (12,1-7). Pero es derrotado. Al final "la serpiente antigua, que es el diablo, Satanás[...] es arrojada en el abismo"( 20,2-3).El tiempo se concluye; es el triunfo definitivo de Cristo y de su Iglesia. Aparece el Hijo del hombre y la esposa del Cordero en la Jerusalén celeste que baja del cielo; es el cielo nuevo y la nueva tierra.

El Diablo, que era Príncipe de este mundo, ha perdido definitivamente su dominio. Lo ha tenido que ceder al Cordero, "El Señor de señores y Rey de reyes" (17,14); él es el verdadero Señor de este mundo, aquel por el que el mundo había sido creado.

lunes, 1 de marzo de 2021

DIÁCONO JORGE NOVOA: CUARESMA; LA PUREZA DEL CORAZÓN PREÁMBULO DE LA VISIÓN


La Cuaresma es un tiempo de gracia, que podemos sintetizarlo maravillosamente con la palabra conversión. Dios tomando la iniciativa, sale al encuentro del hombre y lo invita a penetrar en el recinto sagrado de su propio corazón. Esta invitación que Dios dirige amablemente al hombre, lo dispone para recibir la luz de su presencia, que quiere sanarlo y consolarlo.

Aquella invitación que Dios dirigió a Moisés se expresa nuevamente en cada corazón que Dios visita: quítate las sandalias, pues la tierra que pisas es santa. Este tiempo de gracia, queda invadido por la acción del Espíritu Santo que nos conduce al desierto de nuestro corazón para vivir un encuentro con Dios. Un encuentro de intimidad amorosa en el que Dios purifica nuestro corazón cumpliendo lo anunciado por el profeta Oseas: "La atraeré y la llevaré al desierto, y allí le hablaré a su corazón" (Os 2,14).

Dejémonos en este tiempo conducir por el Espíritu de Señor «al desierto», para experimentar la fragilidad de la criatura, pero también, la cercanía del Dios que nos salva. Recorramos el itinerario que va desde nuestro corazón humano hasta el Corazón de Cristo, y hagamos nuestro, el deseo de S.Agustín: "para que, creyendo, obedezcan a Dios; obedeciéndole, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su corazón; y purificando su corazón, comprendan lo que creen"(1).


San Agustín presenta la obediencia de la fe como luz para la vida creyente, Dios por esta acción va purificando la comprensión de lo que se cree. En este sentido la fe purifica el corazón. “Por lo tanto el primer principio de la purificación del corazón es la fe por la que se purifica la impureza del error, fe que, si se perfecciona por la caridad formada, causa la purificación perfecta(2) Porque la pureza del corazón es el preámbulo de la visión(3).

Desierto y corazón (4)
“En el desierto, el Señor tu Dios te llevaba como un padre lleva a su hijo, a lo largo de todo el camino que han recorrido hasta llegar a este lugar” (Dt 1,31). "En efecto, el desierto es un lugar de aridez y de muerte, sinónimo de soledad, pero también de dependencia de Dios, de recogimiento y retorno a lo esencial. La experiencia de desierto significa para el cristiano sentir en primera persona la propia pequeñez ante Dios"(5).

En la Sagrada Escritura cuando se habla del corazón, se va revelando un rico y profundo significado, y en este sentido, la puerta de acceso a la comprensión de este valioso contenido se encuentra en el libro de los salmos. La afirmación de que el hombre de corazón puro será admitido a la visón de Dios se consolida a lo largo de toda la Antigua Alianza, alcanzando con Jesús su cumbre en el llamado "Sermón del monte"(6) . Dios responde al interrogante que expresa el salmista: ¿Quién puede entrar en la visión de Dios? El hombre de manos inocentes y puro corazón. De allí que brote la exclamación; "dichosos los que viven en tu casa alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación" (Sl 83).

La cuaresma es conciencia de nuestra condición de peregrinos, con su consiguiente experiencia de finitud y fragilidad. El hombre debe preparar el corazón para la peregrinación y para ello, debe apoyarse totalmente en Dios. Esto le exige vivir una actitud de humildad, para reconocerse frágil e implorar de Dios el auxilio necesario, para no tomar equivocadamente otro camino, ni dejarse vencer por el abatimiento que trae el desaliento; " enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad; mantén mi corazón entero en el temor de tu nombre" (Sl 85). "¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme;"(Sl 50).

La obstinación del corazón empecatado
La actitud obstinada del Pueblo que abandona a Dios y permanece en el pecado, ha sido descrita como dureza del corazón (cardioesclerosis). Ella se consolida en el hombre, cuando éste, no escucha la voz de Señor. "Pero mi pueblo no escucho mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos" (Sl 80). La dureza del corazón, produce una ceguera tan cruel, que impide reconocer la presencia de Dios y su acción. Esta ceguera para el bien que Dios obra, va sumiendo el alma en una acidez(7)letal.

Dios por medio del salmista indica a su pueblo el camino que debe recorrer: "pueblo suyo, confiad en él, desahogad ante él vuestro corazón, que Dios es nuestro refugio" (Sl 61).

Jesús(8)en los relatos evangélicos, aparece juzgando severamente la situación en que se encuentra la mayoría de los miembros de su pueblo, duramente increpado con las palabras del Bautista, llamándolos "sepulcros blanqueados". Reconoce que este pueblo lo honra con sus labios, pero su corazón se encuentra muy lejos de él. La parábola de los viñadores homicidas, refleja claramente la incapacidad para reconocer la obra de Dios, expresada en esa respuesta negativa que se convierte en una interminable cadena de mal, que se va formando y trasmitiendo de generación en generación.

Del corazón que se aleja de Dios vienen "las intenciones malas, asesinatos, adulterios (y) fornicaciones" (Mt 15,19). Quien no percibe la presencia y acción de Dios, esta imposibilitado de conocer la verdad sobre el hombre y la obra redentora de Dios. La ceguera para con Dios, se convierte en ceguera con el hermano, y el corazón endurecido se convierte en amo de su hermano en lugar de ser su servidor.

El faraón(9)en las Escrituras Santas es un ejemplo arquetípico del “endurecimiento del corazón”. Una y otra vez, el Señor nos dirige esta Palabra "ojalá escuchéis hoy mi voz no endurezcáis el corazón" (Sl 94).
La pureza de corazón es el preámbulo de la visión

El Maestro divino proclama "bienaventurados" los limpios de corazón, canonizando a quienes tienen una gran rectitud interior, libre de prejuicios y condicionamientos socioculturales imperantes y, por tanto, dispuestos a cumplir en todo la voluntad divina. Quién es el puro de corazón? Cristo es el puro de corazón, y nos enseña de palabra y obra a vivir esta realidad. Obedeciéndole aprendemos a filializar nuestro corazón, por este camino se alcanza la pureza del corazón. Un corazón puro es un corazón de hijo.

Él proclama bienaventurados a los que no se contentan con la pureza exterior o ritual, sino que buscan la absoluta rectitud interior que excluye la mentira y la doble intención. “Muy insensatos son los que buscan a Dios con los ojos del cuerpo, sabiendo que sólo se le puede ver con el corazón. Así está escrito en otro lugar: Buscad al Señor con sencillez de corazón. Porque corazón limpio es lo mismo que corazón sencillo, y como es necesario tener sanos los ojos para ver la luz natural, así no puede verse a Dios si no está purificado aquello con que podemos percibirle>>(10)

"A los "limpios de corazón" se les promete que verán a Dios cara a cara y que serán semejantes a él (cf 1 Co 13,12; 1 Jn 3,2).. Ya desde ahora, esta pureza nos concede ver según Dios, recibir al otro como "prójimo"; nos permite considerar el cuerpo humano, el nuestro y el del prójimo, como un templo del Espíritu Santo, una manifestación de la belleza divina"(11). Dios bendice a los "sinceros de corazón "( Sl 124) revelándoles su rostro en medio de las situaciones de la vida, manifestándose como luz que testifica la Verdad. "Amanece la luz pare el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre" (Sl 96)

“Aquel cuyo oído del corazón es ya puro, más agudo y sensible, percibe el sonido (de la voz del Señor). Me refiero a la contemplación del universo por la cual alcanzamos a conocer el poder de Dios. Guiado por esto, el alma penetra allí donde Dios mora. La escritura lo llama tiniebla. Significa como queda dicho, lo incognoscible, lo invisible. Una vez allí, contempla el tabernáculo, no hecho por mano del hombre...”(12). La comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cf. Rm 5,5), para hacer de todos nosotros “un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32)(13).


1- S. Agustín, fid. et symb. 10,25.
2-Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica IIa IIe c VII a.2.

3-Catecismo de la Iglesia Católica n 2519.

4- Diccionario del Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1977,p.153-154.Gr. Kardia, heb. leb. En el NT, el término designa a veces la sede de las fuerzas vitales; tiene generalmente un sentido metafórico. No significa exclusivamente la sede afectiva, sino que se refiere a la fuente de diversas manifestaciones del hombre: el lugar escondido, por oposición al rostro o a los labios, la fuente de los pensamientos intelectuales, de la fe, de la comprensión, del endurecimiento; es el centro de las opciones decisivas, de la conciencia moral, de la ley no escrita y del encuentro Dios, que es el único que puede llegar hasta el fondo.

El corazón se anima a la voz de Cristo (Lc 24,32); el Espíritu del Hijo que habita en él (II Cor 1,22; Ef 3,17) revela al hombre el amor de Dios (Rom 5,5; Gál 4,6) y le hace gritar:”Abbà, Padre”.El corazón del creyente no teme está purificado por la sangre de Cristo, por la que se hace un corazón puro, fuerte y en paz. X. Léon Dufour,

5- Juan Pablo II, Mensaje de cuaresma 1988.

6-El Sermón del Monte presenta una síntesis acabada del esbozo iniciado en los Salmos (ver Catecismo Nros 2518-2519.

7- Para penetrar en un diagnóstico espiritual claro y preciso, ver los dos libros del P. Horacio Bojorge sobre la acedia. Se lo puede encontrar en www.multimedios.org.

8- Jesús reconoce la presencia de esta enfermedad espiritual en la historia de Israel: :"... Se le acercaron unos fariseos con propósito de tentarle y le preguntaron:' ¿Es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa?' El respondió: '¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra?' Y dijo: 'Por eso dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre'. Ellos le replicaron: 'Entonces, ¿cómo es que Moisés ordenó dar libelo de divorcio al repudiar?' Díjoles El:'Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así'"(Mt. 19, 3 ss; cf. Mc 10, 2 ss).

9- “También está escrito que “Dios endureció el corazón del faraón” (Ex 9,12) y ¿ cómo le podríamos condenar, si es por fuerza divina como se obstinó y endureció su corazón? Por lo demás, el apóstol se expresa casi en los mismos términos cuando dice:”Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, los entregó Dios a su mente réproba” (Rom 1,28)... Pero si es cierto lo que dice la escritura, y que Dios abandona a sus pasiones ala que libremente se esclaviza en ellas, no se endureció el Faraón porque Dios así lo quisiera, ni la vida indecente s producto de la virtud. San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, p.82.

10- San Agustín, Obras de San agustín XII, BAC Nª 121.

11-CIC n 2519.

12- San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, Sígueme, Salamanca,1993, p. 106
13- NMI, 42.

miércoles, 24 de febrero de 2021

GIACOMO BIFFI: LA CUARESMA UNA AVENTURA DEL ESPÍRITU

Hoy iniciamos una aventura: una aventura del espíritu, que puede ser más emocionante y es ciertamente más seria y decisiva que cualquier aventura exterior. Justamente en estos términos debemos afrontar la experiencia cuaresmal, que una vez más nos propone la Iglesia, y que comenzamos desde este Miércoles de Ceniza.

La Cuaresma es un "camino": un camino que comienza desde la oscuridad y llega a la luz; un camino que comienza con pensamientos melancólicos sobre la muerte y la destrucción aparente del hombre ("recuerda que eres polvo y al polvo regresarás") y arriba al anuncio de la vida resucitada que iluminará de alegría y de esperanza la noche de Pascua; un camino que en la partida nos ofrece el programa áspero de la penitencia para hacernos después llegar a la serenidad de una transformación de nuestro interior, como reflejo de la gran renovación de los corazones y del universo obtenida para nosotros por el sacrificio y el triunfo de Cristo.

Este es el "camino de Dios", y va en sentido contrario a aquel al que trata de seducirnos el "mundo"; el "mundo", comprende aquí en el sentido de "principado de Satanás" (Cf. Jn 12, 31).

El Enemigo del hombre y de la verdad - "homicida" y "mentiroso", como lo llama Jesús (Cf. Jn.8, 44)- primero nos encandila con los espejismos apetecibles del placer sin ley, de la prevaricación que parece querer asimilarse a la omnipotencia del Creador, de insólitos y afectados paraísos terrestres. Pero después nos dirige y nos incita hacia el disgusto, la desesperación, la disgregación física, la muerte sin consolación: de la ilusión a la desilusión, ese es su recorrido.

Dios que nos ama, en cambio, nos lleva de nuestra oscuridad a su luz; nos mueve de la consideración amarga de nuestras culpas, del confesar y del llorar, y de la incontestable endeblez, a la espera de un estado de felicidad sin fin, hacia el cual somos encaminados con la vida cristiana.

Bien mirado, este paso hacia la gratificadora certeza del perdón obtenido, de los pensamientos de muerte a la exultación de poder alcanzar la verdadera vida, recoge y reproduce el dinamismo que es propio del Sacramento del Bautismo.

Y, a decir verdad, nosotros sabemos que la Cuaresma es precisamente un itinerario "bautismal". Lo es ante todo para aquellos que se preparan de hecho a ser regenerados por el agua y el Espíritu Santo en la noche de Pascua (ellos son los catecúmenos, por los cuales elevamos especiales oraciones); pero también para todos nosotros que en estas semanas debemos redescubrir nuestra historia de Redención.

El Bautismo es un tema perenne en la espiritualidad de los discípulos de Jesús, su riqueza es imborrable y siempre activa, y la guardamos en la profundidad de nuestro ser. Pero en este tiempo nuestro, este tema asume una nueva actualidad.

Estamos llamados, ahora como nunca antes, a la comparación con tantos hermanos en la humanidad que no son cristianos; y es importante que hagamos emerger y robustecer nuestra propia identidad. Más todavía, estamos envueltos por una mentalidad ilustrada que todo lo reduce a la pura naturaleza, y así no deja espacio a Cristo y a su acción de rescate y renovación. 

Frecuentemente nos vemos enfrentados nada menos que con el retorno de la vieja mentalidad pagana, por tanto no se distingue más al creyente del no creyente, y ahora se llega incluso a no hacer mucha diferencia entre los hombres y los animales.Es urgente entonces que regresemos a la plena consciencia de nuestra dignidad y de nuestras riquezas. 

Dios nos concede un nuevo nacimiento en el Bautismo Así podemos reconocer en Él a un Padre deseoso de hacernos partícipes de su herencia de amor, de luz, de alegría.El Bautismo, incorporándonos a Cristo, nos permite volver a recorrer su mismo itinerario victorioso y vivificante: "Fuimos, pues, con él sepultados por el Bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva" (Rom 6,4) 

El Bautismo nos confiere el "sacerdocio real", nos agrega a la "nación santa", nos introduce en el "Pueblo que Dios se ha adquirido" (Cf. 1Pe.2,9); por lo tanto nos hace pertenecer a la Santa Iglesia Católica. 

He aquí entonces el programa de esta Cuaresma.Se trata de renovar nuestro Bautismo, en toda su verdad y en toda su belleza. Debemos limpiar aquello que lo ofusca y cortar aquello que lo aprisiona y le impide fructificar.Una superficialidad o una ausencia de una cultura religiosa, o al menos catequética, escondiendo a nuestra mirada las sublimes realidades bautismales, lo ofuscan. Las incoherencias, las componendas, las infidelidades lo tienen encadenado en la inercia. 

Que en esta Cuaresma sea más asidua y más comprometida la contemplación de la Palabra de Cristo, para que el Bautismo resplandezca como merece ante nuestra mente. Convirtámonos de una conducta culpable o incluso solamente mediocre, para que el Bautismo pueda verdaderamente desarrollar toda su espléndida eficacia de gracia, de caridad actuante, de alegría del alma.

jueves, 18 de febrero de 2021

CARDENAL NEWMAN: IRRADIAR A CRISTO

¡Oh, Jesús!
 

Ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de tu espíritu y vida. Penétrame y aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya. Ilumina por mi medio y de tal manera toma posesión de mí, que cada alma con la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma.

Que al verme no me vea a mí, sino a Tí en mí. Permanece en mí. Así resplanderceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás. Mi luz toda de Tí vendrá, Jesús; ni el más leve rayo será mío. Serás Tú el que iluminarás a otros por mi medio.

Sugiéreme la alabanza que más te agrada, iluminando a otros a mi alrededor. Que no te pregone con palabras sino con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor que mi corazón saca de Tí.
                                                                                     Amén

miércoles, 17 de febrero de 2021

DIÁCONO JORGE NOVOA :TU PADRE VE EN LO SECRETO ( Mt 6,1-6.616-18)

El texto evangélico que se encuentra en san Mateo, y que abre el tiempo de Cuaresma, contiene a modo de antífona esta afirmación: "tu Padre que ve en lo secreto". Jesús ha revelado el rostro del Padre, ha dicho, " el que me ve a mí ve al Padre",y  también nos ha dado a conocer su voluntad. Este texto, advierte sobre una relación que se puede establecer, entre aquellos que se denominan "hijos", aunque con sus comportamientos niegan y desconocen al Padre.

Hay un vivir que manifiesta desconocer al Padre, y  que se expresa con distintos verbos, intentaremos sintetizarlos con la expresión:"vivir de cara a los hombres". Vivir de cara a los hombres ,encuentra su opuesto en vivir de cara al Padre. Muchos buscan ser "vistos","reconocidos", "aprobados", "saludados" por los hombres, y viven para estos "reconocimientos humanos". Falsifican la vida de hijos, y sus obras no son agradables al Padre porque buscan "reconocimientos  humanos". Disfrazados de hijos son "asalariados del mundo",
se sacian en el banquete de la "gloria de este mundo"y  no viven para el  Padre que a su tiempo los recompensará.

La vida de los hijos está oculta a los ojos de las "glorias" que otorga este mundo. El texto siempre remarca la necesidad de vivir de cara, a este "ver en lo secreto" del Padre. Podríamos reconocer este escenario del hombre como su propio corazón. El Padre ve tu corazón, y sabe cuales son sus motivaciones profundas. Allí está el origen del diálogo filial, hay que encontrarse con la mirada del Padre en lo profundo del corazón, allí donde están las motivaciones que permanecen ocultas a los hombres. El Padre  nos engendra como hijos desde  esta mirada al Corazón, de no reconocerla, seguiremos mendigando reconocimientos humanos aunque estemos activamente participando en la vida de la Iglesia.

Cómo conocer lo que agrada al Padre? Jesús nos ha revelado el camino de la filialización del corazón, que no es otro que el de la obediencia al designio del Padre. Nada queda excluido de esta realidad, no se trata de " tareas" importantes o humildes , se trata de la conversión del corazón, si ella nace del encuentro con la mirada del Padre, manifestada en Jesús de Nazaret o de la falsificación que el mundo propone.

Este vivir de cara a los hombres, por oposición a vivir de cara al Padre, es la corrupción del cristianismo, que reza el Padrenuestro, pero obra para la gloria de este mundo.

Seguramente alguno preguntará, entonces los hombres y el mundo no nos ayudan en nuestro camino de ser" hijos"? Si vivimos en presencia del Padre, ubicaremos al mundo y los  hombres  en su justo lugar, y les serviremos sin servilismos, y sabremos vivir sus halagos y fracasos en paz. Somos nosotros los que debemos responder a esta invitación que nos hace Jesús, nosotros debemos convertirnos, es decir, volvernos al Padre, a su mirada y recompensa.

Algunos piensan la recompensa en términos comerciales. Qué me podrá dar el Padre? No existe nada, que el Padre no pueda dar, pero lo más importante es que se dará ÉL mismo. Me introducirá cada vez más en el gozo de ser su hijo. Le conoceré, entendiendo el verbo en sentido bíblico, más perfectamente , y me engendrará espiritualmente como hijo y hermano, para siempre desde la eternidad.

BENEDICTO XVI: LA IMPOSICIÓN DE LAS CENIZAS


En todas las comunidades parroquiales se realiza hoy un gesto austero y simbólico: la imposición de las cenizas, y este rito es acompañado por dos fórmulas llenas de significado que constituyen un apremiante llamamiento a reconocerse pecadores y a volver a Dios. La primera fórmula dice: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás” (Cf. Génesis 3, 19). Estas palabras, tomadas del libro del Génesis, evocan la condición humana sometida al signo de la caducidad y de la limitación, y quieren llevarnos a poner únicamente la esperanza en Dios.

La segunda fórmula se remonta a las palabras pronunciadas por Jesús al inicio de su ministerio itinerante: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Marcos 1, 15). Es una invitación a hacer de la adhesión firme y confiada al Evangelio el fundamento de la renovación personal y comunitaria. La vida del cristiano es vida de fe, fundamentada en la Palabra de Dios y alimentada por ella. En las pruebas de la vida y en cada tentación, el secreto en la victoria consiste en escuchar la Palabra de verdad y en rechazar con decisión la mentira del mal. Éste es el programa auténtico y central del tiempo del Cuaresma: escuchar la Palabra de vedad, vivir, hablar y hacer la verdad, rechazar la mentira que envenena a la humanidad y que es la puerta de todos los males. Es urgente, por tanto, volver a escuchar, en estos cuarenta días, el Evangelio, la Palabra del Señor, Palabra de verdad, para que en todo cristiano, en cada uno de nosotros, se refuerce la conciencia de la verdad que le ha dado, que nos ha dado, para vivirla y ser sus testigos. La Cuaresma nos estimula a dejar que la Palabra de Dios penetre en nuestra vida y a conocer de este modo la verdad fundamental: quiénes somos, de dónde venimos, adónde tenemos que ir, cuál es el camino que hay que tomar en la vida. De este modo, el período de Cuaresma nos ofrece un camino ascético y litúrgico que, ayudándonos a abrir los ojos ante nuestra debilidad, nos hace abrir el corazón al amor misericordioso de Cristo.



El camino cuaresmal, al acercarnos a Dios, nos permite mirar con nuevos ojos a los hermanos y a sus necesidades. Quien comienza a ver a Dios, a contemplar el rostro de Cristo, ve con otros ojos al hermano, descubre al hermano, su bien, su mal, sus necesidades. Por este motivo, la Cuaresma, como tiempo de escucha de la verdad, es un momento propicio para convertirse al amor, pues la verdad profunda, la verdad de Dios, es al mismo tiempo amor. Un amor que sepa asumir la actitud de compasión y de misericordia del Señor, como he querido recordar en el Mensaje para la Cuaresma, que tiene por tema las palabras del Evangelio: “Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas” (Mateo 9, 36).



Consciente de su misión en el mundo, la Iglesia no deja de proclamar el amor misericordioso de Cristo, que sigue dirigiendo la mirada conmovida a los hombres y los pueblos de todos los tiempos: “Ante los terribles desafíos de la pobreza de gran parte de la humanidad --escribía en el citado Mensaje cuaresmal--, la indiferencia y el encerrarse en el propio egoísmo aparecen como un contraste intolerable frente a la ”mirada” de Cristo. El ayuno y la limosna, que, junto con la oración, la Iglesia propone de modo especial en el período de Cuaresma, son una ocasión propicia para conformarnos con esa –mirada-” (párrafo 3), la mirada de Cristo, y para vernos a nosotros mismos, a la humanidad, a los demás, con su mirada. Con esto espíritu, entramos en el clima austero y orante de la Cuaresma, que es precisamente un clima de amor por el hermano.



Que sean días de reflexión y de intensa oración, en los que nos dejemos guiar por la Palabra de Dios, que la liturgia nos propone abundantemente. Que la Cuaresma sea, además, un tiempo de ayuno, de penitencia y de vigilancia sobre nosotros mismos, conscientes de que la lucha contra el pecado no termina nunca, pues la tentación es una realidad de todos los días y la fragilidad y los espejismos son experiencias de todos. Que la Cuaresma sea, por último, a través de la limosna, hacer el bien a los demás, que sea una ocasión sincera para compartir los dones recibidos con los hermanos para prestar atención a las necesidades de los más pobres y abandonados.

Que en este camino de penitencia nos acompañe María, la Madre del Redentor, que es maestra de escucha y de fiel adhesión a Dios. Que la Virgen María nos ayude a celebrar, purificados y renovados en la mente y en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de Cristo. Con estos sentimientos deseo a todos una buena y fecunda Cuaresma”.

jueves, 11 de febrero de 2021

ORACIÓN ATRIBUIDA A SANTA BERNARDITA

Por la pobreza en la que vivieron papá y mamá, por los fracasos que tuvimos, porque se arruinó el molino, por haber tenido que cuidar niños, vigilar huertos frutales y ovejas; y por mi constante cansancio... te doy gracias, Jesús.
Te doy las gracias, Dios mío, por el fiscal y por el comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del padre Peyremale...
No sabré cómo agradecerte, si no es en el paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste. Por la bofetada recibida, y por las burlas y ofensas sufridas; por aquellos que me tenían por loca, y por aquellos que veían en mí a una impostora; por alguien que trataba de hacer un negocio..., te doy las gracias, Madre.
Por la ortografía que jamás aprendí, por la mala memoria que siempre tuve, por mi ignorancia y por mi estupidez, te doy las gracias.
Te doy las gracias porque, si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, tú lo hubieses elegido...
Porque mi madre haya muerto lejos. Por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó "hermana María Bernarda"..., te doy las gracias.
Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que me colmaste de amargura...
Porque la madre Josefa anunciase que no sirvo para nada, te doy las gracias. Por el sarcasmo de la madre maestra, por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación... te doy gracias.
Gracias por haber sido como soy, porque la madre Teresa pudiese decir de mí: " Jamás le cedáis lo suficiente"...
Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos, y que otras hermanas pudieran decir: "Qué suerte que no soy Bernardita"...
Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevarla a la cárcel porque te vi a ti, Madre... Agradezco que fui una Bernardita tan pobre y tan miserable que, cuando me veían, la gente decía: "¿Esa cosa es ella?" la Bernardita que la gente miraba como si fuese el animal más exótico...
Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto... por mi enfermedad, que arde como el fuego y quema como el humo, por mis huesos podridos, por mis sudores y fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento... te doy las gracias, Dios mío.
Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por tus noches y por tus relámpagos, por tus rayos... por todo. Por ti mismo, cuando estuviste presente y cuando faltaste... te doy las gracias, Jesús.

(Algunos  consideran que esta oración no fue escrita por la santa, sino por Marcelle Auclair, quien al escribir la vida de la santa, expresó en esta oración lo que estaba presente en su vida. Otros consideran que es una recopilación de frases suyas esparcidas por distintos lugares)

ALEXIS CARREL MÉDICO: MI VIAJE A LOURDES


Alexis Carrel premio Nobel de Medicina, y ateo; quiso reírse de lo que ocurría en Lourdes. Fue allí para demostrar que todo era una patraña, que aquello era mentira, que aquello era todo un fraude. Y así subió al tren de una peregrinación que iba a Lourdes.

En el tren iba una mujer enferma, que se llamaba Marie Ferrand Bayllie, en el viaje  su salud emperó y estaba a punto de morir. Piden un médico, y Alexis Carrel va a ver a aquella mujer, al parecer, era una peritonitis. Carrel vaticina que no llegará a Lourdes. No hay nada que hacer, sentenció. Está desahuciada. 

Comenta: -Bueno, si esta mujer se cura en Lourdes, entonces yo creería en Lourdes.

Dios le tomó la palabra. Aquella mujer llegó a Lourdes. Y ante los ojos atónitos de Alexis Carrel instantáneamente se curó de su enfermedad. Él cumple su palabra y se convierte. Tiene un libro muy bonito, que se llama Mi viaje a Lourdes, donde cuenta su conversión.  De esta experiencia de fe nació esta bellísima oración del médico, ahora creyente.

«Virgen Santa, socorro de los desgraciados que te imploran humildemente, sálvame. Creo que Tú has querido responder a mi duda con un gran milagro. No lo comprendo, y dudo todavía. Pero mi gran deseo y el objeto supremo de todas mis aspiraciones es ahora creer, creer apasionadamente y ciegamente, sin discutir ni criticar nunca más.

 Tu nombre es más bello que el sol de la mañana. Acoge al inquieto pecador que, con el corazón turbado y la frente surcada por las arrugas, se agita corriendo tras las quimeras. Bajo los profundos y duros consejos de mi orgullo intelectual yace, desgraciadamente ahogado todavía, un sueño, el más seductor de todos los sueños: el de creer en Ti y de amarte como aman los monjes de alma pura».

Puedes leer más acerca del tema en la siguiente dirección: http://www.arbil.org/90alex.htm

viernes, 5 de febrero de 2021

HANS URS VON BALTHASAR: QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

Para eso he venido. Este evangelio nos muestra que el trabajo que Jesús  hizo sobre la tierra era tarea que, dada la situación espiritual y religiosa  del país, era imposible de llevar a cabo y la que no obstante él se entrega con todas sus fuerzas. Cuando cura a la suegra de Pedro, la población entera se agolpa a la puerta de la casa; entonces cura a muchos enfermos y expulsa a muchos demonios. Jesús  se levanta de madrugada para poder por fin orar a solas. Pero sus discípulos le siguen y cuando le encuentran le  dicen  : Todo el mundo te busca. Le buscaban los mismos  de la noche  anterior . Jesús no se excusa diciendo que ahora quiere rezar, sino que evita encontrarse de nuevo con la multitud alegando otro trabajo: en las aldeas cercanas, para predicar también allí, que para eso he venido. Y las aldeas son sólo el comienzo: así recorrió toda Galilea. El auténtico apóstol cristiano puede tomar ejemplo del celo incansable de Jesús: aunque la tarea que tenga ante sí le parezca irrealizable desde el punto de vista humano, trabajará tanto como le permitan sus fuerzas; el resto será completado por su sufrimiento o al menos por su obediencia interior. Pero esta interioridad nunca puede ser una excusa para no hacer todo lo que pueda.

Esclavo de todos. Pablo, en la segunda lectura, sigue el ejemplo del Señor en la medida de lo posible. Ha recibido de Dios la tarea de anunciar el evangelio, y eso es para él un deber, no lo hace por su propio gusto. Pablo  puede, para mostrar a Dios su libre obediencia, renunciar a su paga, pero nada le exime del deber estricto de comprometerse en la tarea que le ha sido confiada. No se presenta como el gran Señor que está en posesión de la verdad, sino como el esclavo que está al servicio de todos. El Apóstol dice que se hace esclavo de los judíos ( se introduce en la mentalidad judía para hablar a los judíos del Mesías), esclavo de los paganos (para anunciarles al redentor del mundo) y finalmente  esclavo de los débiles 8(aunque él se considera fuerte) para ganar también para Cristo, en la medida de lo posible, a los poco inteligentes, a los inseguros, indecisos y versátiles. No se olvida a nadie: me he hecho todo a todos, y esto no con la seguridad del que es ya partícipe de la promesa del Evangelio, sino con la esperanza del que participa también en lo que anuncia a los demás.

Como un servicio (militar): así define el pobre Job, en la primera lectura, la vida del hombre sobre la tierra. El hombre no es un señor, sino un esclavo que “suspira por la sombra”; no es un amo (el amo es Dios), sino un “jornalero”. Se trata de una característica general de la efímera vida del hombre. Cristo y su apóstol no contradicen esta descripción de la vida humana. Sólo que la inquietud, la desazón de que habla Job, se ha convertido en la Nueva Alianza en el celo indomeñable de trabajar por Dios y su reino, ya se realice esto mediante una actividad exter ior  o mediante la oración. Porque también la oración es un compromiso del cristiano por el  mundo, y  ciertamente tan fecundo o incluso más fecundo que la actividad externa.

miércoles, 3 de febrero de 2021

LEONARDO CASTELLANI: EL PROBLEMA DEL MAL

La principal objeción contra la idea de que Cristo fue humano es el problema del mal. Los maniqueos y todos los que de ellos derivaron hasta hoy día. Santo Tomás resolvió el problema. San Agustín ya había dado la solución en una fórmula un poco obscura. Dijo: "Si Dios no fuera tan poderoso y tan bueno qué puede convertir el mal en bien, no lo hubiera dejado existir": Santo Tomás, con mucho trabajo, dio la solución completa a la teoría del mal, que es muy larga, pero voy a decir tres conceptos principales.

Estaba comiendo en la mesa del Rey de Francia (San Luis de Francia); estaba muy pensativo en la mesa; hasta que de pronto dio un puñetazo y dijo: "esto es decisivo contra los maniqueos".

Las proposiciones de Sto. Tomás son las siguientes:

1. El mal no es una sustancia, sino una privación. Es la privación de algo debido en alguna cosa. Por ejemplo un ciego no tiene una cosa que debe tener, que es la vista. Una piedra, por ejemplo, no tiene una privación sino una negación de la vista. Hay tres cosas diferentes que son: la sustancia, la privación y la negación.

2. La segunda proposición es: por lo tanto, el mal no tiene causa eficiente, sino causa deficiente. Es decir, que si Dios no causa el mal ¿quién lo causa? Lo causa la deficiencia de los ángeles y de los hombres. Igualmente el pecado es deficiencia del recto orden de la Creación. El desencaminamiento recto de las acciones es el pecado. El mal no lo puede causar Dios. Ha permitido que el hombre fuera libre. Y así vino el pecado de los ángeles que desviaron el camino para el cual habían sido creados y se desviaron de la razón misma y quisieron ser lo que nunca podían ser. Así cayeron. De manera que no tiene causa el mal; es una deficiencia en una acción de una criatura. También es una deficiencia en las cosas, como la enfermedad, que es una deficiencia de la salud.

3. El mal está en el ser como en un sujeto. El mal no puede existir solo; debe existir algo que lo soporte, que lo sostenga. Es decir que el mal está siempre en alguna naturaleza o en alguna sustancia, inerte o viviente. Esa es la solución del problema del mal de Sto. Tomás, de manera que no se puede achacarle a Dios el origen del mal.

martes, 2 de febrero de 2021

SAN BLAS (OBISPO-316 dC)

 
Blas significa "arma de la divinidad". San Blas fue obispo de Sebaste, Armenia .
 
Al principio ejercía la medicina, y aprovechaba la gran influencia que le daba su calidad de excelente médico para hablarles a sus pacientes en favor de Jesucristo y de su santa religión, y conseguir así muchos adeptos para el cristianismo.
 
Al conocer su gran santidad, el pueblo lo eligió obispo. Hizo vida eremítica en una cueva en el bosque del monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal. Cuando estalló la persecución del Emperador, san Blas se recluyó en una cueva de la montaña, y desde allí dirigía y animaba a los cristianos perseguidos y por las noches bajaba a escondidas a la ciudad a ayudar, socorrer y consolar a los que estaban en las cárceles, y a llevar la Sagrada Eucaristía.
 
Cuenta la tradición que a la cueva donde estaba escondido el santo, llegaban las animales heridos y él los curaba. Pero un día, Blás vio que llegaban cerca de la cueva cazadores del gobierno, y entonces espantó a los animales para librarlos de la cacería.
 
Entonces los cazadores, en venganza, se lo llevaron preso. Su llegada a la ciudad fue una verdadera apoteosis, el pueblo, aún los que no compartían la fe , salieron aclamarlo como a un verdadero santo y un gran benefactor y amigo de todos.
 
El gobernador le ofreció favores temporales si renegaba y abandonaba la religión de Jesucristo, y si se pasaba a la religión pagana, pero san Blas proclamó que él sería amigo de Jesús hasta el último momento de su vida.
 
Entonces fue apaleado brutalmente y desgarraron con garfios sus espaldas. Sufrió un feroz martirio. Él rezaba por sus verdugos y para que todos los cristianos perseveraran en la fe.
 
EL MILAGRO QUE LO HIZO FAMOSO
Luego de ser tomado como prisionero, el despótico emperador Dioclesiano, viendo que el santo no dejaba de proclamar su fe en Dios, decretó que le cortaran la cabeza. Y cuando lo llevaban al sitio del martirio iba bendiciendo por el camino a la inmensa multitud que lo acompañaba lleno de admiración. Y su bendición obtenía la curación de muchos.
 
Había entre ellos una pobre mujer que tenía a su hijo agonizando porque se le había atravesado una espina de pescado en la garganta. Corrió hacia el sitio por donde debía pasar el santo. Se arrodilló y le presentó a su hijo que se ahogaba.
 
San Blas le colocó las manos sobre la cabeza y rezó por él. Inmediatamente la espina desapareció y el niño recobró su salud.
 
Lo decapitaron por el año 316. Y después de su muerte se le atribuyeron muchos milagros de Dios en favor de los que le rezaban. Se hizo tan popular que en sólo Italia llegó a tener 35 templo dedicados a él. Es patrono de la República del Paraguay, de numerosas localidades españolas y de Dubrovnic (Croacia).
 
Era invocado como patrono de los cazadores y las personas le tenían gran fe como eficaz protector contra las enfermedades de la garganta. El 3 de febrero se bendicen dos velas en honor de san Blás y al colocarlas en la garganta se lo invoca diciendo: "Por intercesión de san Blas, te libre Dios de todos los males de la garganta".